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Crítica teatral: Calígula, en el Teatre Grec

Este año BlogCulturalia ha estado algo ausente del Festival Grec, debido en parte a la programación y en parte a la fuerte carga de trabajo pendiente. Prueba de ello es que la crítica de Calígula, programada en el Teatre Grec los días 20 a 23 de julio, la publicamos el 23 de agosto (vaya, que tarde!!).

En esta ocasión, criticamos una obra con un claro adn culturalia, esto es, una pieza teatral ambientada en la Roma imperial, escrita por Albert Camús, dirigida por Mario Gas e interpretada, entre otros, por Pablo Derqui, Borja Espinosa, Pep Ferrer y Mónica López, y que reflexiona sobre el poder y  la tiranía.

Suetonio dejó para la posteridad un retrato del tercer emperador romano, Cayo Julio César Augusto Germánico, más conocido como, Calígula. El escritor Albert Camus, uno de los autores imprescindibles de la Francia del siglo XX y premio Nobel de Literatura en 1957, partió de este retrato para crear una pieza teatral que es, de hecho, un conjunto de obras integradas en una sola. Su protagonista se enfrenta al absurdo de la existencia (uno de los temas clave en la obra de Camus) tras la muerte de su hermana y amante, Drusila, y en un intento de demostrar la mortalidad e infelicidad humanas, somete a sus súbditos a todo tipo de horrores y persecuciones.

La versión de Calígula de Mario Gas tiene elementos a favor y elementos en contra. Entre los primeros está el envejecimiento del texto, una reflexión sobre la naturaleza humana y el poder que profundiza en estos temas posiblemente en demasía para los gustos del público actual. Camús analiza la figura del emperador Calígula, de la que extrae un caso sobre el que dilucidar el límite del poder y la naturaleza de la tiranía, en un contexto, el del Imperio romano, ejemplo por antonomasia del poder absoluto. Una reflexión plasmada sobre el escenario con un ritmo pesado, que a veces parece que más que avanzar se extiende en espiral, volviendo una y otra vez a las mismas reflexiones. Mario Gas no ha sabido, por tanto, insuflarle a la representación la vitalidad necesaria, lo que hace que la obra padezca por ello.

Calígula_Grec_2017Un elemento que tampoco ayuda demasiado es la escenografía, que representa en plano inclinado lo que podría ser la porción de la fachada de un coliseo o teatro romano. Si bien la apuesta sorprende inicialmente, provee a la representación de un grado de frialdad que contagia al espectáculo.

Por el contrario, en el ámbito de las interpretaciones la cosa mejora. Y en este apartado destaca la figura de Pablo Derqui, cuya fisonomía y capacidad interpretativa se amolda a la perfección a la del emperador romano loco por excelencia. Derqui afina su interpretación para dar vida a un emperador afectado por la muerte de su hermana Drusila, hecho este que afecta a su buen juicio y su capacidad para juzgar la realidad que le rodea, y que lo convierte en el tirano que el cine y las novelas, y la obra de Suetonio, nos han dado a conocer, que actuará con la intención de conocer el límite del poder y de la propia existencia humana.

A su lado el resto del reparto interpreta a los cortesanos cercanos a Calígula, entre ellos Pep Ferrer, Borja Espinosa y Mónica López, que dan vida a los principales personajes secundarios, destacando entre ellos la actuación de esta última como Cesonia, la última mujer de Calígula.

Y por fin, el elemento que más polémica y comentarios negativos ha generado en esta nueva versión del Calígula de Camús, y que no es otro que la inclusión de la música de David Bowie y de personajes cinematográficos como The Joker y La Máscara en la escena de la performance llevada a cabo por el propio Calígula y sus más allegados. Pues bien, esta es posiblemente la escena de la obra que más energía provee a la representación, acertada tanto en referencia a las fuentes antiguas, que ya nos hablan de las “actuaciones afeminadas” del emperador, como por la actualidad musical del momento, con la reciente muerte de David Bowie. Un claro acierto, sí señor, a pesar de las valoraciones negativas que ha recibido la apuesta.

Calígula es una obra que reflexiona sobre el poder y sus límites, pero que lo hace fuera de perspectiva, una apuesta atrevida en algunos momentos, pero que se hace demasiado lenta y sesuda para el público del siglo XXI, o al menos para una parte de él y que podremos volver a contemplar, aquellos que no han tenido la oportunidad durante este Festival Grec, a partir de l0 de noviembre en el teatre Romea.

“Calígula” se representó en el Teatre Grec en el marco del Festival Grec de Barcelona del 20 al 23 de julio de 2017.

Autor: Albert Camus
Traducción: Borja Sitjà
Dramaturgia y dirección: Mario Gas
Interpretación: Pablo Derqui, Borja Espinosa, Pep Ferrer, Mónica López, Pep Molina, Anabel Moreno, Ricardo Moya, Bernat Quintana y Xavier Ripoll
Escenografía: Paco Azorín
Iluminación: Quico Gutiérrez
Espacio sonoro y composiciones musicales: Orestes Gas

NOTA CULTURALIA: 7
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Jorge Pisa

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Crítica teatral: Les bruixes de Salem, en el Teatre Grec

El Festival Grec 2016 inició el pasado 1 de julio su singladura estival programando en el Teatre Grec Les Bruixes de Salem, la versión de la obra de Arthur Miller dirigida por Andrés Lima que pretende hacernos reflexionar acerca de la caza de brujas y sobre el uso de la represión por parte del poder establecido.

Las brujas de Salem, alude a un episodio de histeria colectiva registrado en Salem (Massachusetts) en 1692. Una pequeña comunidad rural con unas normas religiosas y de conducta especialmente estrictas se ve sacudida por un rumor: una de las chicas del pueblo es víctima de un maleficio. La sospecha de que hay brujas en la comunidad y los enfrentamientos entre colonos por la posesión de tierras acabarán causando la cruel condena a muerte de cerca de veinticinco personas, la mayor parte de ellas eran mujeres”.

El Grec comienza con uno de sus platos fuertes, ya sea por el centenario del nacimiento de Arthur Miller celebrado el año pasado, por la fuerza de un texto que examina la caza de brujas, tanto la histórica y religiosa como la anticomunista llevada a cabo en los EE.UU. en los años 50 y por el reparto de la obra, en el que destacan, entre otros, Lluís Homar, Borja Espinosa, Nora Navas, Carles Canut, Albert Prat y Carles Martínez.

La obra se enmarca en un Festival Grec que desde hace años muestra un manifiesto adn político, nada de extrañar en un momento en el que tanto España como el resto de Europa aún siguen sufriendo las consecuencias del desenfreno político y económico de los últimos años. Y pretende llegar al espectador con un historia intensa de la que, sin embargo, no se ha sabido extraer el máximo provecho.

Les bruixes de Salem
Nada que decir sobre el autor y el texto, excepto evidenciar la valentía de Miller a la hora de criticar la represión macartista en el mismo momento en que esta se estaba produciendo, y la composición de una obra que nos relata un episodio histórico (bajo un tamiz teatral) ocurrido en los EE.UU. del siglo XVII, en el que el miedo, la mentira y la represión turbaron la paz de una comunidad religiosa puritana. Miller además, compuso un texto con una honda intensidad teatral y con múltiples aristas argumentales que se manifiestan sobre el escenario. La adaptación de Andrés Lima ha enriquecido en parte la representación del texto, sumando referencias a la vida de Miller y a la voluntad existente en la escritura de la obra.

Aún así, la propuesta peca de una sobrada extensión (150 minutos sin descanso) y sobre todo de una falta de tono en gran parte de la representación, hecho este que solo se soluciona, en parte, en la segunda mitad de la obra. Parece, pues, que ni la dirección ni el esfuerzo de los actores han podido evitar una falta de “espíritu” en una obra que justamente reposa en ese punto. A esto se suma algún que otro error de casting en casos como el de Carles Martínez, que no hace creíble su personaje de inquisidor arrepentido, y sobre todo del elenco más joven, en el que Albert Prat, Anna Moliner o Nausicaa Bonnin parecen no estar a la altura de lo que exigen sus personajes, en algunos casos claves para comprender el verdadero trasfondo del relato.

La escenografía, aunque muestra fuerza creativa, es algo confusa en los primeros actos de la obra, en los que al público le puede costar situarse espacialmente. La cosa cambia a mejor con la llegada de Lluís Homar a escena. Si en los primeros actos Homar ejerce como mero presentador de la obra, en la segunda parte se incorpora en el relato dando vida al gobernador de la provincia y principal juez en el caso. Es en este momento en el que la obra alza el vuelo y podemos observar lo inquino de cualquier inquisición y el grado de bajeza y de sugestión que el miedo pueden provocar en cualquier comunidad humana.

Sin embargo la obra no logra, salvo en algunas ocasiones, alcanzar la tensión dramática requerida, aunque sí que dispone de momentos en los que la angustia recorre, seguro, las vísceras del público presente, al confundirse sus miedos y sus juicios de valor con los que se nos plantean sobre el escenario.

Aún así, Les Bruixes de Salem no deja a nadie indiferente a la salida del teatro, algo que nos demuestra que los clásicos siempre hablan, de una forma u otra, con nosotros y nos hacen reflexionar sobre realidades que aunque aparentemente alejadas de nuestro tiempo, nos amenazan desde los profundos abismos del miedo y la pasión humanas.

Les bruixes de Salem” se representa en el Teatre Grec del 1 al 5 de julio de 2016.

Autoría: Arthur Miller
Dirección: Andrés Lima
Traducción: Eduardo Mendoza
Interpretación: Lluís Homar, Borja Espinosa, Nora Navas, Nausicaa Bonnin, Carles Canut, Albert Prat, Carles Martínez, Míriam Alamany, Carme Sansa, Miquel Gelabert, Anna Moliner, Marta Closas, Joana Vilapuig, Núria Golla y Yolanda Sey
Música original: Jaume Manresa
Espacio sonoro: Jaume Manresa y Jordi Ballbé
Escenografía y vestuario: Beatriz San Juan
Caracterización: Toni Santos
Iluminación: Valentín Álvarez

Horarios: todos los días a las 22:00 horas
Precio: 18 – 30 €
Idioma: catalán
Duración: 150 minutos

NOTA CULTURALIA: 7
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Jorge Pisa

Crítica teatral: Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano, en el Teatre Romea

Como suele ser habitual, aquellos disfrutes de los que más esperamos son los que habitualmente más nos decepcionan. Y este es el caso de Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano, la obra de teatro estrenada en el Teatre Romea el pasado 16 de julio en el marco del Festival Grec de Barcelona, escrita por Alberto Iglesias y Mario Gas, dirigida por este último e interpretada en su papel principal por Josep Maria Pou.

Parece, pues, así, que la expectación que uno tiene por el estreno de una obra, las más de las veces juega en su contra. En este caso, a un plantel de primera y una temática interesante, se le sumaba su paso por el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y una escenografía que, a simple vista, suscitaba grandes expectativas. Pero parece que el resultado final recorre un sendero que no es el que uno esperaba transitar.

Sócrates será juzgado y condenado por sus conciudadanos tras haber denunciado la corrupción en Atenas y haber advertido sobre el papel supersticioso y manipulador de la religión oficial. Acusado de despreciar a los dioses y corromper a la juventud, se negó a huir, como le proponían sus discípulos, cuando fue condenado a ingerir una copa de cicuta. Y su muerte acabó convertida en una de las más famosas de la historia”.

La obra de Gas e Iglesias se convierte en el panegírico de un personaje histórico que renace sobre el escenario para recordarnos los males de la antigua democracia griega, y como corolario, los achaques y perversiones que envenenan a la nuestra. Pero el fresco escénico resulta ser demasiado frío y distante en la recreación del personaje. Sócrates se nos mostrará tan perfecto que se nos queda demasiado lejos, hecho este que impide a los espectadores familiarizarse con el protagonista e incluso con sus reflexiones.

A la obra además, le falta algo de ritmo y de profundización en el contexto histórico al que hace referencia. Sócrates se nos aparece en solitario, con sus ideas y reflexiones, pero separado, en parte de la realidad que le hizo ser Sócrates. Es de imaginar que esto es debido a la voluntad de facilitar la comprensión del público y de convertirla en una reflexión mucho más actual.

Asimismo la obra minusvalora a la mayoría de los actores que aparecen sobre el escenario. Tal como se desarrolla la representación, con dos a tres actores el esfuerzo interpretativo hubiera quedado más que completo. Y por último, la obra infrautiliza también el escenario, esto es, la disposición de los asientos de un espacio de reunión que debería enmarcar, al menos, un duelo dialéctico entre los diferentes personajes. Algo que el texto no apoya, ya que lo que presenciaremos principalmente son los monólogos de Pou-Sócrates, que se acaban imponiendo sobre todo lo demás. Toda una serie de yerros en la creación y la dirección que atenúan las posibilidades de éxito del proyecto.

Si hasta aquí he hablado, según mi opinión, de lo que no funciona en la obra, me toca ahora hablar de lo que sí que lo hace. Y en una primera acotación ha de quedar bien claro que las interpretaciones están a un nivel mucho más que notable, aunque esto tan solo se pueda decir de algunos actores, ya que los secundarios actúan tan poco que es difícil valorar su interpretación. Aún así, en varias ocasiones la representación es más académica que teatral, lo que no le hace sumar positivos a la obra.

En lo que respecta a las escenas, es digno destacar la defensa que Sócrates hace de sí mismo ante el tribunal, en la que se ha sabido reflejar la forma de razonamiento característica del filósofo ateniense, y la escena que protagoniza Jantipa (Amparo Pamplona), la mujer del Sócrates, uno de los escasos momentos que nos acercará al aspecto más humano del pensador griego.

Como ven, Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano no es lo que podría haber sido, sobre todo si tenemos en cuenta la valía de los profesionales que están encima y detrás del escenario. Aún así, la obra nos permite ser conscientes de que los problemas sociales, económicos y políticos a los que se enfrentaban los griegos de hace 2.500 años son, más o menos, los mismos a los que nos enfrentamos nosotros. Si bien, hemos de tener presente que Sócrates no solo culpaba a los políticos y a los codiciosos del mal gobierno de la ciudad, sino que acusaba a todos aquellos que consideraban la riqueza y la ostentación un objetivo vital superior que el de la búsqueda de la verdad, algo que, por desgracia, nos inculparía a la mayoría de nosotros en nuestra incapacidad para distinguir de forma egoísta, entre lo que es bueno para uno mismo y lo que es bueno para todos.

Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano” se representa en el Teatre Romea del 16 de julio al 2 de agosto de 2015.

Autor: Mario Gas y Alberto Iglesias
Dirección: Mario Gas
Reparto: Josep Maria Pou, Carles Canut, Amparo Pamplona, Pep Molina, Borja Espinosa, Ramon Pujol y Guillem Motos
Escenografía: Paco Azorín
Iluminación: Txema Orriols
Espacio sonoro: Àlex Polls
Sastrería: Rosario Macías
Producción: Grec 2015 Festival de Barcelona, Teatre Romea y Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida

Horarios: de martes a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 18:30 y las 21:30 horas y domingos a las 18:30 horas.
Duración: 90 minutos
Idioma: catalán
Precio: 18-28 €

NOTA CULTURALIA: 6
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Jorge Pisa

“Nedant cap a la Mar de la Xina” en el Almeria Teatre: La iguana mató a la estrella teatral.

Parece ser que no hay pareja si no somos uno y uno sumando.
Hasta aquí la aritmética emocional comúnmente aceptada.
Veamos cuál es el resultado si el cálculo se alarga en el tiempo a causa de la incapacidad de los sumandos de “mejorar adecuadamente”.

Paul Berrondo anuncia su llegada al tentador binomio de la dirección escénica y la dramaturgia con un apetitoso bocado de realidad cotidiana roído por la pasión confesa hacia “La noche de la Iguana” de Tennessee Williams.

Y lo que cuenta en este ilusionado debut resplandece al inicio del espectáculo con un impacto deslumbrante: Sus criaturas son bulliciosas (un Borja Espinosa de generosa prestancia carismática; Maria Ribera transpirando una mosquita muerta que zumba con gracia) y la forma de relacionarse ambas es directa, refrescante y natural. Berrondo se aplica a fondo en esta parte y nos da un escenario conjunto donde público y actores convivimos pagando facturas a medias, haciendo planes y postergando cenas por dejadez doméstica. La historia de una pareja de actores que se irá desmembrando al no saber combinar triunfo profesional y oscuridad sentimental no por ser de lo más trillada tiene que parecernos prescindible cuando está contada desde la autenticidad y haciendo del desenfado escénico (los personajes se llaman igual que los actores que los interpretan; sus primeros encuentros rebosan agradecida espontaneidad producto del trabajo concienzudo; el músico ejerce como maestro de ceremonias a la vez que de comparsa constante) el gran mérito de “Nedant cap a la Mar de la Xina”.

Sucede, empero, que cuando Berrondo decide valerse del trágico y perverso Tennessee, el fulgor narrativo va apagándose al no alcanzar los intérpretes el nivel que requiere este nuevo contexto dramatúrgico. Si bien él logra mantener el tipo, ella va hundiéndose paulatinamente por una insipidez emergente.

Inclinándose la balanza entonces por las concesiones a esa “Iguana” castradora, la parte más cercana de esta “natación orientalista” va diluyéndose en la lejanía. Y es que esa porción de pequeñas vidas que nos ofrece la tropa de Paul para hincar el diente es tan sabrosa que no les perdonamos ni que nos la envuelvan ni que pretendan que nos la comamos en casa.

Por Juan Marea

“Nedant cap a la Mar de la Xina” se representa en el Almeria Teatre de Barcelona hasta el 17 de noviembre.
http://www.almeriateatre.com/

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 Maria y Borja a punto de restar.

Paul Berrondo, director y autor de “Nedant cap a la Mar de la Xina”: “Uno debe atarse a sí mismo poniéndose límites.”

Paul se confiesa un gran cinéfilo. A Paul le fascina Tennessee Williams. Y, además, Paul hace teatro.

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Paul mirando a Oriente. (Fotografía: Nuria Gómez)

¿Qué es “Nadando hacia el Mar de China”?

Pues una historia de amor y desamor como las que vivimos todos continuamente hecha muy artesanalmente y con mucho cariño. Desde la honestidad y el amor con el que entendemos nosotros el teatro.

¿Dónde lleva ese mar?

A un lugar al que se llega después de un arduo trabajo consigo mismo habiendo pasado por sitios propios muy oscuros. El último donde uno puede acceder. Y es muy inhóspito. Es como cuando los elefantes acuden a su cementerio. Dejo a la imaginación del espectador situarlo donde desee.

En esta obra, tus personajes interpretan “La noche de la iguana” de Tennessee Williams y el argumento es muy similar al de “Ha nacido una estrella” de George Cukor.

Para escribir el texto, leí una docena de obras de teatro en las que inspirarme pero no encontraba lo que buscaba. Hasta que una noche vi “Ha nacido una estrella” (“A Star is born”) y se me ocurrió contar la relación de una pareja que se quiere muchísimo pero que nunca podrá llegar a encontrarse. En la película, los dos personajes eran actores de cine. Yo los trasladé al mundo del teatro, que conozco perfectamente. Por otra parte, “La noche de la iguana” (“The Night of the Iguana”) me rondaba muy cerca y me pareció que el personaje del Reverendo Shannon (interpretado por Richard Burton) tenía un paralelismo brutal con el personaje de “Norman Maine” (James Mason) de la película de Cukor. Ambos son totalmente destructivos y los uní.

¿Es responsable el otro de nuestros problemas?

En absoluto. No podemos culpar a la pareja de nuestros males porque en realidad todo parte de uno mismo. Por mucho que Borja, el protagonista, quiera nunca podrá salir de ese demonio que tiene: su carácter autodestructivo.

Pero Borja es quien da precisamente a Maria su gran oportunidad laboral. ¿Esa lucidez no es capaz de aplicarla a su propia vida?

Él es un tío muy lúcido en lo suyo, muy intuitivo en su trabajo. Pero no sabe usar la razón. También tiene una gran carencia de inteligencia emocional. El drama de esta historia es que le ganan sus circunstancias, su propio carácter.

La obra se estructura en dos niveles narrativos: la historia de una pareja y cómo sus integrantes representan en el escenario fragmentos de “La noche de la iguana”.

Alternamos la relación de ambos, contada de una forma “casual”, con la puesta en escena de “La iguana”, que es más clásica. El personaje de “Hannah Jelkes” que interpreta Maria es la antítesis de ella misma. Eso me gustaba porque me permitía remarcar la diferencia entre su mundo real y el metateatral en el que también se mueve con él. En cambio el personaje que interpreta Borja, que es “Shannon”, es tan cercano a él mismo que ambos parecen uno. Algunos espectadores llegan a confundirlos.

El arranque del espectáculo tiene un aire espontáneo que hace que el público se sienta muy a gusto.

Necesitábamos esa frescura y ligereza iniciales para poder meternos luego en un terreno mucho más pantanoso. Así los personajes podían calar en el espectador y este empatizar con ellos y entrar en el juego teatral que los dibuja.

El reverendo está capturado. ¿Es un requisito previo para que pueda finalmente nadar hacia el Mar de China?

Hay un momento de la obra en que él pregunta a ella. “¿Por qué hay que atar a la gente? ¿Por qué no dejar que las cosas fluyan y sean como tienen que ser?” Y ella, desde la razón, le contesta que a veces hay que poner límites aunque no queramos. Uno se ata a sí mismo poniéndose límites y pasándose las cuerdas que necesita para no poder irse corriendo a ese mar.

¿Qué límites te has puesto como creador a la hora de llevar a cabo este proyecto?

Me he dejado llevar mucho por mis impulsos y por cómo entiendo yo el teatro. Solo me he puesto los límites que me atraen como espectador. Lo único que he pretendido ha sido explicar una historia y que se entendiera. Que fuese un espectáculo o no era una cuestión secundaria. Luego descubrí que este último aspecto era necesario para que el producto resultase más agradable a la mente del público.

Habéis trabajado el texto a partir de las improvisaciones del reparto. ¿Ha sido fácil nadar todos en una misma dirección?

Esa ha sido mi labor. Yo escribí la base, dibujé cada escena, por dónde los actores debían navegar. Así pudimos después reescribir la obra entre todos.

¿Qué destacas de los actores, Borja Espinosa y Maria Ribera?

Esta es la primera obra que dirijo y los dos se me han abierto en canal. Ha sido muy gratificante para mí y me ha dado mucha confianza. Ambos trabajan de manera muy diferente pero hemos conseguido encontrar un nexo de unión basado en la escucha del uno por el otro.

Hay un tercer personaje, el músico Jordi Busquets.

Propuse a Jordi que participara en nuestro proyecto como músico y como me gusta mucho la energía que desprende en el escenario decidimos incorporarlo también como actor. Es el juglar que da los “titulares” de la historia y con su soplido indica a los protagonistas que los desarrollen. Como un mago que, después de colocar a los personajes en su sitio, les insufla de un aire de vida.

¿Qué es el Teatro para ti?

El alimento del alma. Lo que te permite realmente alimentar el estómago porque te da una capacidad de búsqueda de vida que hace que puedas ir más allá.

¿Cómo ves el panorama teatral actual?

En él proliferan propuestas de pequeño formato como la nuestra producidas con muy pocos medios. El público dice que son muy ingeniosas porque en ellas se aprieta la imaginación pero eso tiene un doble rasero: ¡Acaba siendo teatro amateur porque acabamos haciéndolo por amor al teatro sin poder comer de ello! Y los artistas deberíamos poder comer con nuestro arte.

En la escena final, ella cierra una puerta, la misma por la que entró al principio.

Ese momento es mágico: acaba la obra y es un falso final. Me encanta que cada uno se imagine algo distinto sobre lo que aguarda a Maria tras esa puerta. Todo creador, una vez que ha hecho su obra, debería poder dejarla a la imaginación del espectador que la mira.

Paul recibe a sus compañeros. Y China queda lejísimos.

por Juan Marea

“Nedant cap a la Mar de la Xina” se representa en el Almeria Teatre de Barcelona hasta el 17 de noviembre.

http://www.almeriateatre.com/

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La iguana es crepuscular y apasionada. (Fotografía de Alba Aránega)

Crítica teatral: George Kaplan, en la Sala Beckett.

George_Kaplan_en_la_Sala_Beckett_de_Baracelona_Festival_GrecSi les he de ser sincero una de las propuestas del Grec que más me ha interesado este año ha sido George Kaplan, representada en la Sala Beckett, una obra de Frédéric Sonntag que con un toque juvenil y espontaneo nos habla de la comunicación, de los intentos de comunicar y de las tentativas de apropiarse de la información y retorcerla con el objetivo de favorecer intereses privados. En resumen, una obra inserta inteligentemente en el gran debate que ha generado el desarrollo de la comunicación propiciado por los avances tecnológicos, y la potenciación de los sesgos y filtros que sufre la información “objetiva” que consumimos a diario a través de los medios de comunicación convencionales, internet y de un cada vez mayor número de dispositivos.

George Kaplan nos habla de todo ello y la hace de una forma eficaz e inteligente, algo que se ha de agradecer a su autor Frédéric Sonntag y a la producción de la Sala Beckett. La obra está dividida en tres escenas relacionadas entre sí por un nexo que no es otro que el nombre propio que da título a la obra, George Kaplan, que hace referencia al film Con la muerte en los talones, uno de los grandes clásicos dirigidos en el año 1959 por Alfred Hitchcock y que narraba las intrigas que experimentaba Roger O. Thornhill (Cary Grant) al ser confundido con George Kaplan, una identidad falsa utilizada por la CIA en una investigación de contraespionaje.

Esta excusa permite a Sonntag presentarnos las citadas tres escenas: la primera la de un grupo vinculado al movimiento 15M llamado George Kaplan que pretende, aunque sin demasiado éxito, crear un movimiento de contestación social, económica y política a nivel mundial; la segunda nos traslada a la sede de trabajo de una organización en la que diversos guionistas y un novelista están trabajando en la creación de una trama construida a partir de un nombre clave, George Kaplan; finalmente en la última escena un grupo de poder al estilo Bilderberg intenta apoderarse o más bien de adaptar una amenaza comunicativa inminente llamada George Kaplan, para utilizarla como arma o cortina de humo con la que impulsar sus propios intereses.

kaplan 12La obra adopta el estilo de una tragicomedia, una obra de carácter realista que reflexiona sobre la comunicación y el uso de la información que hacemos cada uno de nosotros y, claro está, también las grandes organizaciones y grupos de presión. En ella la primera escena, la más cómica, nos muestra el esfuerzo infructuoso de un grupo activo de base indignada para llegar a un mínimo de consenso para desarrollar su proyecto revolucionario. Impagables algunas de las situaciones que nos recuerdan, sin duda, las imágenes del 15M y sus inacabables asambleas que llevaba o han llevado a más bien poco. Algo descriptivo de un movimiento en fase de configuración pero que parece preñado de futuro.

Por el contrario la segunda y sobre todo la tercera escena nos advierten del peligro que corre el mundo debido a las ansias y a los ingentes medios a disposición de los grupos de poder que les permiten apropiarse y hacer fluir la información para controlar, de hecho, nuestra percepción de la realidad. Una amenaza que tiñe cada vez más de oscuridad la información que nos llega a través de los medios de comunicación.

El objetivo se consigue con un texto contundente y actual en el que están presentes los miedos y la desconfianza del propio autor, que consigue hacer llegar al público. A ello ayuda un montaje ágil en el que una gran mesa de reunión y algunos pocos complementos más modelan una realidad escénica en constante mutación y unos actores que de forma camaleónica van adoptando diversas personalidades y roles a lo largo de la representación. Cada uno de ellos tiene su momento para mostrar ya sea su veteranía, este es el caso de Jordi Figueras o Sandra Monclús, o su frescura y sus capacidades, como en el caso de Sara Espígul, Borja Espinosa o Francesc Ferrer, lo que conforma una actuación coral de primera.

George Kaplan nos plantea una cuestión árida y problemática relacionada con la comunicación y con los flujos de información, una cuestión que sin duda da forma a la era digital en la que vivimos, y que si bien posibilita grandes logros en todos los ámbitos también permite la usurpación y el dominio por parte de aquellos con menos escrúpulos pero mayores posibilidades. Un acierto sin duda de la Sala Beckett y del Festival Grec y un éxito basado en lo actual e idóneo de la temática que aborda y que si lo pensamos bien nos afecta a todos, de una forma u otra.

George Kaplan” se representa en la Sala Beckett del 4 al 28 de julio de 2013.

Autor: Frédéric Sonntag
Traducción: Carles Batlle
Dirección: Toni Casares
reparto: Sara Espígul, Borja Espinosa, Francesc Ferrer, Jordi Figueras y Sandra Monclús
Escenografía: Luis Martí y Paula Bosch
Vestuario y caracteritzación: Gimena González
Iluminación: Luis Martí
Espacio sonoro y visual: Ramon Ciércoles y Mar Orfila
Producción: Sala Beckett/Obrador Internacional de Dramatúrgia, Grec 2013 Festival de Barcelona y Theater Konstanz (Alemania)

Horarios: de martes a sábado a las 21:30 horas; domingos a las 18:30 horas.
Precio: 20 €
Duración: 1 hora y 35 minutos
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Escrito por Jorge Pisa Sánchez

Crítica teatral: Una història catalana, en el TNC.

Foto_historia_catalana_12_13_cartellA_David_Ruano_TNCEl TNC recupera Una història catalana, una obra de Jordi Casanovas estrenada durante la temporada 2010/2011 dentro del marco del Projecte T6 en la clausurada temporalmente Sala Tallersel primer capítulo de la trilogía con la cual el autor analiza la realidad catalana desde los tiempos de la transición al periodo de la Cataluña post-olímpica.

Parece, pues, que la buena fortuna de Casanovas y de la sala FlyHard alcanza a todas las propuestas que emanan del espacio en cuestión. No solo diversos espectáculos estrenados en la sala han alcanzado a representarse en otros teatros, entre ellos Smiley en el Club Coliseum o La terra oblidada en la Sala Atrium, sino que el Lliure y el TNC apuestan por los textos escritos por Casanovas, como en el caso de Pàtria, cuyas representaciones se prorrogaron en el Teatre Poliorama o la obra a la que hace referencia esta crítica, Una història catalana, escrita y dirigida por el propio Casanovas, que disfruta de una segunda vida actualizada, como si hubiera alcanzado la mayoría de edad, en la Sala Gran del TNC.

Una història catalana realiza un análisis del pasado reciente de la historia de Catalunya, a través de un triple encuadre: Un pueblo de montaña del Pallars que quiere aprovechar la llegada de la democracia y la modernidad para desarrollar económicamente la región; la experiencia sur-americana de un revolucionario catalán en Nicaragua y la voluntad de un quinqui barcelonés de apartarse de la ilegalidad y convertirse en un “honrado” hombre de negocios. Las tres historias, que en un principio nos pueden parecer independientes, se irán entrelazando a medida que avanza la obra, para llevarnos a un final combinado que prefigura el drama de la Catalunya actual.

Foto_historia_catalana_12_13_9_A.HerreraA_David_Ruano_TNCCasanovas, fiel a su estilo creativo, construye un texto adherido, como una segunda piel, a la realidad cotidiana del momento en el que están ambientadas las tres historias. Si en Pàtria intentaba examinar el contexto social y político que ha llevado a la convulsa situación que vive Cataluña en la actualidad, en su intento de desprenderse de todos los males pretendidamente ocasionados por el dominio español ejercido desde Madrid, Una història catalana pretende analizar el trayecto que ha llevado a ello. En este caso no desde un punto de vista político sino desde un enfoque más cotidiano, el experimentado por la gente de a pie, por aquellos que como decía el ex-presidente Pujolviven y trabajan en Catalunya“.

Por eso el abanico de personajes y realidades de la obra es amplio: los habitantes de un pueblo de montaña aferrados a mitos, costumbres y odios ancestrales; la actividad revolucionaria de un emigrante catalán en Latinoamérica o las ansias de enriquecimiento e integración de los emigrantes y de los hijos de emigrantes de origen español que llegaron a Cataluña a partir de la década de los años 60. Unas historias personales que, como en la vida real, se mezclan, se entrelazan en su quehacer diario, construyendo una realidad social, económica y política compleja que desafía las visiones monolíticas de políticos (y no políticos) de uno y otro bando que se obstinan en no querer ver la realidad plural y diversa que muestra Cataluña en la actualidad.

Casanovas desarrolla, pues, su propuesta a partir de una actuación coral en la que los diez actores y actrices que componen el reparto de la obra irán adoptando identidades diferentes en relación a la triple contextualidad escénica que posee la obra. Todo ello enmarcado en un escenario totalmente vacío y oscuro que se iluminará y amueblará dependiendo del episodio al que corresponde en cada momento la representación. Así, pues, las interpretaciones de cada uno de los actores son tan diversas como las realidades que encarnan, que se basan también, en las diferencias idiomáticas, desde el catalán cerrado de los habitantes de un pueblo de montaña, el castellano hablado por un revolucionario catalán en Nicaragua o el catalán/castellano propio de un inmigrante español criado en el barrio de la Mina de Barcelona.

Foto_historia_catalana_12_13_12A_David_Ruano_TNCLa obra consta de tres actos y dos pausas que suman un total de casi tres horas de representación. Una estructuración escénica que posibilita la existencia de un final del segundo acto memorable (de los más impactantes a los que uno ha asistido) por la deconstrucción de la realidad escénica que comporta y por el uso del tema The Ecstacy Of Gold, del muchas veces insuperable Ennio Morricone, que le transmite al momento un clímax avanzado y que introduce musicalmente la crueldad que reinará en la última parte de la obra.

Casanovas, sin embargo, crea una obra demasiado larga que peca, además, justamente en su parte final, de un desarrollo algo extravagante que desbarata el realismo que marcaba, en gran medida, el avance de la obra, en favor de un desenlace tipo western, que sorprende y desconcierta al mismo tiempo. Un final que fuerza, incluso, al espectador a cambiar de perspectiva, oséase, de butaca, como si de esta forma se materializara la transmutación que sufre la obra que se está contemplando.

Una obra, pues, que impacta por momentos pero que pierde fuelle a medida que avanza su representación, debido, sobre todo, a la hipérbole de su tramo final, que recuerda en parte al hiperdramatismo de Sopar amb batalla, otra de las obras de Casanovas estrenada en el Versus teatre, y que nos muestra, al menos en parte, la naturaleza de la dramaturgia del autor.

Si bien, Una història catalana apuesta por una acertada presentación de los variado de la realidad social e histórica catalana, pierde parte de su sentido en su plasmación textual y escénica. Hará falta, para una valoración final del proyecto estructurado, como saben, en una trilogía, esperar a ver su tercera entrega que llevará el título de Vilafranca, y que sin duda marcará lo acertado de un propósito difícil e incierto, aunque bienintencionado.

Una història catalana” se representa en la Sala Gran del TNC del 27 de febrero al 7 de abril de 2013.

Autor: Jordi Casanovas
Dirección: Jordi Casanovas
Reparto: Lluïsa Castell, David Marcé, Pep Cruz, Borja Espinosa, Andrés Herrera, Alícia Pérez, Vicky Luengo, Lurdes Barba, David Bagés y Mariona Ribas
Escenografía: Sebastià Brosa y Elisenda Pérez
Vestuario: Albert Pascual
Iluminación: David Bofarull
Sonido: Damien Bazin y Roc Mateu
Caracterización: Lucho Soriano
Asesoramiento lingüístico: Noëlia Motlló (OLLPP-UdL) y Ramon Sistac (OLLPP-UdL)
Producción: Teatre Nacional de Catalunya

Horarios: de miércoles a viernes a las 20:00 horas; sábados a las 21:30 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: de 19,05 a 38,09 €

Duración de la obra:
Primera parte: 1 hora
Entreacto: 10 minutos
Segunda parte: 1 hora
Entreacto: 20 minutos
Tercera parte: 50 minutos

Crítica teatral: Una vella, coneguda olor, en el TNC.


Cada uno de los barrios de una ciudad tiene una personalidad y un carácter propios, parecidos a los que posee una persona cualquiera. Así, pues, si nos preguntaran por alguno de los barrios con más personalidad de Barcelona, uno pensaría rápidamente en el Raval. El TNC nos propone un pequeño homenaje a este barrio con la programación de Una vella, coneguda olor de Josep M. Benet y Jornet, la primera parte de una trilogía que nos habla de Barcelona o más concretamente de una de las posibles Barcelonas, una ciudad y un barrio con un olor inconfundible.

Benet i Jornet escribió Una vella, coneguda olor en el año 1962 con la pretensión de realizar una fotografía teatral del barrio en el que había nacido y crecido, de aquí el “sentido de realidad” que posee la obra. Un retrato de un barrio popular y de sus habitantes que nos muestra el día a día de un grupo de vecinos que comparten sus vidas y los espacios comunes, los patios interiores de sus viviendas.

Un barrio, sin embargo, que no es percibido igual por todos sus habitantes. Maria (Sara Espígul), su protagonista, podríamos decir, principal, se siente abrumada por él. El lugar donde vive la mantiene aprisionada en un mundo de simpleza, de vulgaridad y de cotidianeidad insoportable para ella, que durante algunos años consiguió escapar de él, al menos parcialmente, al ser admitida en un colegio religioso de pago fuera del Raval. Su aparente libertad, sin embargo, terminó con la muerte de su padre y con el inicio de las penurias económicas que le siguieron. Por eso Maria quiere huir del encarcelamiento que representa su vida en el barrio, en el que se siente una extraña y en el que se ve obligada a convivir con una familia y unos vecinos con los que no puede compartir nada. Su única salida es Joan (Pau Roca) un joven vecino con estudios que trabaja en una entidad bancaria, aunque esta opción le exigirá demasiado.

Una vella, coneguda olor es, pues, una fiel fotografía que se materializa en el escenario. De nuevo el Teatre Nacional nos sorprende con la recreación “híper-realista” de una escenografía, en este caso de un patio de vecinos del barrio del Raval de los años sesenta. Todos los detalles en él son perfectos: los balcones, las cortinas, la ropa tendida, los trastos, las baldosas… Un escenario ideal para mostrarnos la vida diaria y privada de un barrio a punto de desaparecer afectado por el Plan Porcioles. Un barrio que en breve dejaría de ser él mismo para ser otra cosa. Un capítulo de la historia de una ciudad que se suma a muchos otros que con el paso del tiempo han ido transformando la piel de Barcelona: el derribo de las murallas, el Pla Cerdà, la especulación de los años 60, la Barcelona olímpica, el Plan 22@, todos ellos hitos de la historia de una ciudad que como un ser viviente se modifica, se transforma y evoluciona. Y también una oportunidad para Maria para liberarse de la tiranía del barrio que la oprime.

Para dar vida a los vecinos del Raval la obra necesita de dos generaciones de actores y actrices, los unos con más experiencia y los otros con una nueva mirada. Entre los primeros están Mercè Aránega, que destaca sin duda en la representación, Imma Colomer, Maife Gil, Fina Rius y Quimet Pla, no se resignan a que los echen de su barrio e intentarán organizarse y defenderse ante la amenaza. Los más jóvenes Sara Espígul, Gemma Martínez, Pau Roca y Pep Ambrós, están construyendo sus vidas y para ello han de vivir y experimentar de forma egoísta sus propias experiencias. Aquí es donde observamos la fotografía de los comportamientos: Mercè, la madre de Maria, que necesita y demanda el apoyo de su hija; Manel, el hermano con prometida pero que necesita saciar sus necesidades carnales antes de la boda con prostitutas (estamos hablando, recuerden, de la época franquista); Eulàlia, la vecina cotilla, que necesita saber todo lo que pasa a su alrededor y explicarlo, también, todo; Joan, el joven oficinista que quiere prosperar en la vida; Teresa, la hija del comerciante del barrio llena de arrogancia o Quimet, el escritor anónimo (puede que el mismo Benet i Jornet) que se documenta para escribir su obra… Dos generaciones que viven de forma diferente el final del barrio, los unos con tristeza y beligerancia, los otros con alegría o sin darle excesiva importancia.

Una interpretación totalmente adaptada a la esencia de la obra. Una suma de esfuerzos teatrales que acaban dando la impresión de que hemos presenciado un tiempo “en suspensión” de la vida de un barrio humilde, popular y con carácter; que hemos asistido, en definitiva, a un episodio cotidiano de la historia del Raval, del que salimos con la sensación de no haber ido al teatro sino de habernos quedado a charlar con los vecinos y de haber conocido, de primera mano, el día a día de un barrio repleto de sueños, de deseos y de proyectos dispuestos a ser derribados por la vida misma. Parece, pues, como si hubiéramos desempolvado un viejo álbum de fotos y nos hubiéramos dedicado a recordar el ayer, dejando fluir nuestros recuerdos.

Benet i Jornet sabe, pues, mostrarnos la esencia de un barrio, de “un entonces”, de una Barcelona y de un pasado que no era pasado cuando se escribió y que fue vivido muy de cerca por el autor. Una vella, coneguda olor es eso, es recuerdo del ayer y de las personas que existieron en él, un ejercicio de memoria histórica realizado con una precisión de miniaturista.

Una vella, coneguda olor” se representa en la Sala Petita del TNC del 29 de septiembre al 27 de noviembre de 2011.

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Autor: Josep M. Benet y Jornet
Dirección: Sergi Belbel
Reparto: Pep Ambrós, Mercè Aránega, Imma Colomer, Sara Espígul, Borja Espinosa, Maife Gil, Gemma Martínez, Quimet Pla, Fina Rius y Pau Roca
Con las voces de: Jordi Boixaderas, Camilo Garcia, Maria Jesús Lleonart y Jan Pol Roig Paloma
Escenografía: Max Glaenzel con la colaboración de Estel Cristià
Vestuario: Mercè Paloma
Iluminación: Kiko Planas (aai)
Música: Òscar Roig
Banda sonora: José A. Gutiérrez
Caracterización: Toni Santos
Producción: Teatre Nacional de Catalunya y Centre d’Arts Escèniques de Terrassa

Horarios: miércoles y viernes a las 20:00 horas; jueves a las 17:00 horas; sábado a las 17:00 horas y 21:30 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: 10-26 €
Duración de la obra:
1 hora y 25 minutos
Idioma:
catalán
Coloquio: viernes 7 de octubre
Espectáculo recomendado a partir de 12 años
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Estreno teatral: Els últims dies de Clark K., en la Sala Flyhard.


El próximo jueves 24 de febrero la sala Flyhard estrena Els últims dies de Clark K. una obra escrita por Alberto Ramos y dirigida por Jordi Casanovas y que cuenta con las interpretaciones de Borja Espinosa, Sergi Bittán, Laia Martí y Alícia Puertas.

A estas alturas ya todo el mundo sabe que él es el alter ego de en Superman. Lois se lo confirma. Es por eso que empieza a tener serias dudas de si el amor de Lois y el interés de todos quienes tiene alrededor sólo se mantiene gracias a que es un superhéroe. Este problema existencial no sería tan importante si no descubriéramos que Clark Kent y Superman, realmente, no son una misma persona. Los dos han mantenido vivo el equívoco, ninguno de ellos ha denunciado al otro y, los dos, efectivamente, son pareja de Lois, sin que ella lo sepa.

Clark y Superman tendrán que luchar para mantener un equilibrio que está a punto de romperse. Si no lo consiguen, descubrirán qué es más duro: aparentar ser superhéroe cuando eres alguien más bien torpe o mirar de convertirse en humano cuando se es perfecto.

El montaje combina el humor que genera el equívoco con los dramas que tienen que vivir los dos protagonistas y, sobre todo, Lois, que no comprende los cambios anímicos que sufre su pareja.

Els últims dies de Clark K. es la segunda producción que estrena la sala Flyhard, después de la buena acogida que registró su inauguración con Un home am bulleres de pasta, que consolida la línea de programación con textos contemporáneos, catalanes, con temas próximos a los espectadores de ahora y con ganas de divertir, hacer reir y hacernos llevar hacia casa una buena excusa para debatir.

Els últims dies de Clark K., es la primera obra escrita por Alberto Ramos licenciado en Publicidad y guionista y fue finalista del primer Premio Bubok de Creación Literaria, una tragicomedia cotidiana que esconde una reflexión sobre lo irreconciliable del amor y la verdad en nuestra sociedad. Una sociedad donde la identidad individual no es más que una convención impersonal y transferible.

Els últims dies de Clark K.” se representará en la Sala Flyhard del 24 de febrero al 14 de marzo de 2011.
ESPECTÁCULO PRORROGADO HASTA EL PRÓXIMO 18 DE ABRIL DE 2011.

Autor: Alberto Ramos
Dirección y Espacio Escénico: Jordi Casanovas
Intérpretes: Borja Espinosa, Sergi Bittán, Laia Martí y Alícia Puertas
Producción: Marina Fita
Fotografía: Roser Blanch
Producción: FlyHard Produccions

Horarios: Jueves, sábado y lunes a las 21:00 horas y los viernes a las 22:30 horas.
No habrá función los días:
25 de marzo y 1, 2 y 9 de abril de 2011.
Precio: 5 €.
Idioma: catalán.
Duración de la obra: 80 minutos.