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Crítica teatral: Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano, en el Teatre Romea

Como suele ser habitual, aquellos disfrutes de los que más esperamos son los que habitualmente más nos decepcionan. Y este es el caso de Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano, la obra de teatro estrenada en el Teatre Romea el pasado 16 de julio en el marco del Festival Grec de Barcelona, escrita por Alberto Iglesias y Mario Gas, dirigida por este último e interpretada en su papel principal por Josep Maria Pou.

Parece, pues, así, que la expectación que uno tiene por el estreno de una obra, las más de las veces juega en su contra. En este caso, a un plantel de primera y una temática interesante, se le sumaba su paso por el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y una escenografía que, a simple vista, suscitaba grandes expectativas. Pero parece que el resultado final recorre un sendero que no es el que uno esperaba transitar.

Sócrates será juzgado y condenado por sus conciudadanos tras haber denunciado la corrupción en Atenas y haber advertido sobre el papel supersticioso y manipulador de la religión oficial. Acusado de despreciar a los dioses y corromper a la juventud, se negó a huir, como le proponían sus discípulos, cuando fue condenado a ingerir una copa de cicuta. Y su muerte acabó convertida en una de las más famosas de la historia”.

La obra de Gas e Iglesias se convierte en el panegírico de un personaje histórico que renace sobre el escenario para recordarnos los males de la antigua democracia griega, y como corolario, los achaques y perversiones que envenenan a la nuestra. Pero el fresco escénico resulta ser demasiado frío y distante en la recreación del personaje. Sócrates se nos mostrará tan perfecto que se nos queda demasiado lejos, hecho este que impide a los espectadores familiarizarse con el protagonista e incluso con sus reflexiones.

A la obra además, le falta algo de ritmo y de profundización en el contexto histórico al que hace referencia. Sócrates se nos aparece en solitario, con sus ideas y reflexiones, pero separado, en parte de la realidad que le hizo ser Sócrates. Es de imaginar que esto es debido a la voluntad de facilitar la comprensión del público y de convertirla en una reflexión mucho más actual.

Asimismo la obra minusvalora a la mayoría de los actores que aparecen sobre el escenario. Tal como se desarrolla la representación, con dos a tres actores el esfuerzo interpretativo hubiera quedado más que completo. Y por último, la obra infrautiliza también el escenario, esto es, la disposición de los asientos de un espacio de reunión que debería enmarcar, al menos, un duelo dialéctico entre los diferentes personajes. Algo que el texto no apoya, ya que lo que presenciaremos principalmente son los monólogos de Pou-Sócrates, que se acaban imponiendo sobre todo lo demás. Toda una serie de yerros en la creación y la dirección que atenúan las posibilidades de éxito del proyecto.

Si hasta aquí he hablado, según mi opinión, de lo que no funciona en la obra, me toca ahora hablar de lo que sí que lo hace. Y en una primera acotación ha de quedar bien claro que las interpretaciones están a un nivel mucho más que notable, aunque esto tan solo se pueda decir de algunos actores, ya que los secundarios actúan tan poco que es difícil valorar su interpretación. Aún así, en varias ocasiones la representación es más académica que teatral, lo que no le hace sumar positivos a la obra.

En lo que respecta a las escenas, es digno destacar la defensa que Sócrates hace de sí mismo ante el tribunal, en la que se ha sabido reflejar la forma de razonamiento característica del filósofo ateniense, y la escena que protagoniza Jantipa (Amparo Pamplona), la mujer del Sócrates, uno de los escasos momentos que nos acercará al aspecto más humano del pensador griego.

Como ven, Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano no es lo que podría haber sido, sobre todo si tenemos en cuenta la valía de los profesionales que están encima y detrás del escenario. Aún así, la obra nos permite ser conscientes de que los problemas sociales, económicos y políticos a los que se enfrentaban los griegos de hace 2.500 años son, más o menos, los mismos a los que nos enfrentamos nosotros. Si bien, hemos de tener presente que Sócrates no solo culpaba a los políticos y a los codiciosos del mal gobierno de la ciudad, sino que acusaba a todos aquellos que consideraban la riqueza y la ostentación un objetivo vital superior que el de la búsqueda de la verdad, algo que, por desgracia, nos inculparía a la mayoría de nosotros en nuestra incapacidad para distinguir de forma egoísta, entre lo que es bueno para uno mismo y lo que es bueno para todos.

Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano” se representa en el Teatre Romea del 16 de julio al 2 de agosto de 2015.

Autor: Mario Gas y Alberto Iglesias
Dirección: Mario Gas
Reparto: Josep Maria Pou, Carles Canut, Amparo Pamplona, Pep Molina, Borja Espinosa, Ramon Pujol y Guillem Motos
Escenografía: Paco Azorín
Iluminación: Txema Orriols
Espacio sonoro: Àlex Polls
Sastrería: Rosario Macías
Producción: Grec 2015 Festival de Barcelona, Teatre Romea y Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida

Horarios: de martes a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 18:30 y las 21:30 horas y domingos a las 18:30 horas.
Duración: 90 minutos
Idioma: catalán
Precio: 18-28 €

NOTA CULTURALIA: 6
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Jorge Pisa

Crítica teatral: “Contra el progrés”, “Contra la democràcia” y “Contra l’amor”: Y a favor del espectáculo

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Somos contrarios a aquello que dicen que nos hace libres

Contra el inmovilismo vivimos mejor. Porque somos nómadas. De pensamiento y acción. Pero no, esto no es un alegato para pasar a la lucha.¡De ninguna manera! Se trata de una invitación a dudar de la firmeza de los pilares en que se asienta nuestro modo de vida coetáneo.

El dramaturgo Esteve Soler nos abre paso con su trilogía “Contra el progrés”, “Contra la democràcia” y “Contra l’amor”. Nos toca a nosotros adentrarnos en esta jungla compuesta de breves historias excitantes que pisamos con decidida actitud aún a riesgo de hundirnos inevitablemente en su frondosidad.

Porque Soler maneja con habilidad la capacidad de seducción del espectador y le da aquello que más necesita: artillería para que aprenda a reírse de sí mismo y del entorno social. Para que se estremezca con su poder de aniquilación a la hora de relacionarse con los demás. Y para que reconozca sin acritud la absurdidad de la industrialización, la dificultad de vivir en comunidad, el sinsentido de la pareja que folla y que no sabe amarse.

Soler planta unas lianas hechas de humor ácido, plasticidad argumental y con compañeros de viaje (los actores) que son entregados bufones versátiles.

Cada una de estas provocaciones escénicas se desmembra en una colección de gags breves en los que el surrealismo se alía con la crítica despiadada y los títeres que por ahí deambulan alardean con gracia escénica de su decapitación. Todo ello servido con un sentido de la intriga excepcionalmente medido que los directores, Joan Maria Segura y Carles Fernández Giua, suministran con certero tesón.

Las fieras de esta selva son temibles: un atropellado moribundo acusado de incívico por pretender ser atendido; una maestra poseída por el espíritu malsano del cuento que lee sin piedad a sus maltratados alumnos; un político exterminador de ciudades movido por el despecho sentimental; unos padres inductores del suicidio de su hijo adolescente después de repetidos intentos de asesinarlo; una princesa casadera que ataca dulcemente el amor maternofilial; o un seleccionador de actrices pornográficas destrozado por el abandono de su amada.

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¡Enamorémonos despiadadamente!

El triple espectáculo que va desgranándose en el escenario de La Seca-Espai Brossa de Barcelona alcanza sus cotas más elevadas cuando apuesta por la inquietud: episodios como el enigma vecinal de la realidad desconocida más allá del piso 6º, la historia de amor posapocalíptica de dos astronautas, la confesión de una mujer musulmana a través de la ayuda de un bienintencionado intérprete y la estancia en el hotel que rompe parejas son directamente magistrales por la originalidad de su trama, los giros de la historia, el ritmo con que se desarrollan y las interpretaciones de los actores, entre los que sobresale un inconmensurable y omnipresente Dani Arrébola seguido de cerca por una entusiasta Eva Cartañà, un carismático Guillem Motos, una deliciosamente ambigua Txell Botey, una elegante Laia Martí y un cómico Xavi Idáñez.

Y después de tantas aventuras será una gozada volver a nuestras vidas con el souvenir de sabernos más fuertes.

Por Juan Marea

“Contra l’amor”
Dirección: Carles Fernández Giua; Actores: Dani Arrébola, Eva Cartañà, Laia Martí y Guillem Motos; Espacio escénico: Alfonso Ferri; Diseño de sonido y adaptaciones musicales: Lucas Ariel Vallejos; Caracterización: Toni Santos

“Contra el progrés”
Dirección: Joan Maria Segura; Actores: Dani Arrébola, Txell Botey y Xavi Idáñez; Espacio escénico: Fortià Coromina; Diseño de sonido: Xavier Mestres

Contra la Democràcia
Dirección: Actores: Dani Arrébola, Eva Cartañá, Laia Martí y Guillem Motos; Espacio escénico: Eugenio Szwarcer; Diseño de sonido: Lucas Ariel Vallejos

La Seca-Espai Brossa de Barcelona
c/ dels Flassaders, 40
Sala Joan Brossa
Del 11 de abril al 12 de mayo de 2013
Horarios:
“Contra l’amor”(de miércoles a sábado; 21 h. Domingo: 19 h. (excepto los domingos que se representa la trilogía)
“Contra el progrés”, “Contra la democràcia” y “Contra l’amor”: domingos 21 de abril, 5 y 12 de mayo a las 17 h
Precios: 20 €; miércoles, día del espectador: 12 €; Trilogía: 26 €

Crítica teatral: La terra oblidada, en la Sala Atrium.

La.terra.oblidada_1Es cierto que la vida nos depara siempre caminos que nos alejan de algún sitio, ya sea del pasado, de la casa familiar o de las personas y de los lugares que han sido importantes para nosotros. De todo ello es de lo que habla La terra oblidada, una producción reestrenada el pasado 27 de febrero en la Sala Atrium y producida por la compañía de teatro Arcadia en su momento para otro espacio teatral destacado de Barcelona, la sala FlyHard.

Lo que nos narra La terra oblidada es una historia intensa y actual, en la que no están presentes los grandes y a veces deslumbrantes sentimientos de los clásicos pero que habla al público de tú a tú, tan cerca de los espectadores que más que una obra de teatro parece, en muchos momentos, un episodio cotidiano captado por cualquiera de nosotros en un momento cualquiera. Una denominación de origen, claro está, típicamente Flyhardiana.

Todo comienza con la decisión de un padre de dejar de hablar a sus hijos. Un padre impedido desde hace tiempo por la enfermedad, destrozado por la amargura acumulada a lo largo de toda una vida. Un hombre de campo que ha luchado siempre por mantener e incluso ampliar las tierras de labranza que heredó y que en su intento ha descuidado a la familia, a su padre, a su mujer y a sus hijos. Estos últimos han optado, los más afortunados, por abandonar la casa familiar e iniciar nuevas vidas en la ciudad. La menos afortunada, la hija mediana, por quedarse en el pueblo y hacerse cargo de su padre una vez que su madre murió. El mutismo del padre, que aunque necesitado de la asistencia de sus hijos opta por no comunicarse con ellos, hará que la familia se reúna de nuevo en casa, y que las disputas, los recelos y las recriminaciones vuelvan a estallar entre ellos.

La.terra.oblidada_2La terra oblidada ya obtuvo un gran éxito el año pasado en la Sala FlyHard. Algo que se entiende al asistir a la representación de la obra, de unos 70 minutos de duración. Un espectáculo que reflexiona sobre la familia y la enfermedad y cómo tanto una como la otra persisten a lo largo del tiempo. En su estudio de los lazos familiares Llàtzer Garcia, al frente de la compañía Arcadia, opta por una presentación sencilla y natural, en la que desaparece casi por completo, como arte de magia, la sensación de cuarta pared y el público se ve sumido en una realidad familiar cruda, que se irá convirtiendo en durísima a medida que avanza la obra.

Una obra que no deja indiferente, ya que todos los espectadores, bien de forma directa o a través de conocidos o familiares, ha vivido situaciones parecidas a las mostradas en el escenario de la Sala Atrium, transformado en el salón de la casa familiar, en las que los lazos familiares más que generar un entorno de amor y de amparo, producen una atmósfera envenenada que marca de por vida a todos aquellos que se ven atrapados en ella. En este caso un universo de simplicidad campesina y de menosprecio humano que ha hecho explotar en mil pedazos a una familia después de la muerte de la madre, el único lazo real que los unía a todos.

LaTerraOblidada_cartell(1)La obra se construye con muy poco (que a veces es mucho!). Con un texto bien escrito, con unas interpretaciones intensas y realistas y con una situación dura, dramática y a veces asfixiante, que es la clave de la obra. La autoría y dirección corren a cargo, como les decía, de Llàtzer Garcia, que sabe darle a todo un asunto un toque hiperrealista y afilado, en el que casi todas las frases hieren en algún momento. Las interpretaciones, de fondo, corren a cargo de Marta Aran, Muguet Franc, Guillem Motos, Laura Pujolàs i Gal Soler, y consiguen trasformar el escenario de la Sala Atrium en un verdadero infierno familiar, en el que todas las rivalidades, las carencias y los anhelos, explotan a fuego lento. Es difícil destacar la interpretación de alguno de los actores y actrices en este obra, en la que todos conocen a la perfección como han de desarrollar sus papeles. Si bien, y aunque sea por razón de edad, déjenme subrayar la interpretación de Gal Soler, basada no en la palabra, sino en los gestos y en la expresión facial y corporal (casi hasta el final de la obra), para dar vida a una persona amargada y que ha tensado hasta el límite el núcleo existencial de la familia.

Les puedo asegurar que La terra oblidada llega muy adentro y, lo que es mejor, de una forma no adulterada. La obra no necesita de ningún ingrediente exquisito y ostentoso, sino que comunica de forma directa y a un ritmo franco. Podríamos decir que trasmite de corazón a corazón, con los riesgos emotivos para el público que ello comporta.

Vale la pena, de esta forma, destacar la labor de un espacio pequeño como la Sala Atrium, que centra su actividad en la programación de calidad y que no realiza excéntricos viajes escénicos, sino que se interesa por la realidad cotidiana, a veces positiva y a veces no tanto, que en muchos casos, vivimos día a día.

La terra oblidada” se representa en la Sala Atrium del 27 de febrero al 10 de marzo de 2013.

Texto: Llàtzer Garcia
Dirección: Llàtzer Garcia
Intérpretes: Marta Aran, Muguet Franc, Guillem Motos, Laura Pujolàs y Gal Soler
Ayudante de dirección: Javier J. Moyano
Espacio escénico y vestuario: Albert Pascual
Producción: FlyHard Produccions S.L.
Producción ejecutiva: Roser Blanch

Horarios: de miércoles a sábado a las 21:00 horas y domingo a las 19:00 horas.
Precio: 19 €
Idioma: catalán

Escrito por Jorge Pisa Sánchez

Estrena teatral: La terra oblidada, a la Sala FlyHard

El proper 23 de febrer s’estrenarà a la Sala FlyHard La terra oblidada, la nova proposta de la companyia Arcàdia centrada en les relacions familiars difícils i els conflictes que allunyen germans i pares, una història dura que no té res a veure amb les comèdies que la companyia ha representat fins ara.

Marta, Maria i Isaac són tres germans que no tenen una bona relació amb el seu pare, un home malalt que ja fa temps que es troba en una cadira de rodes i que ara ha emmudit. Els germans decideixen visitar-lo amb les seves millors intencions per aconseguir que torni a parlar o, si més no, entendre el motiu del seu silenci. Les hores passen i l’home continua sense dir res, una situació que farà desesperar els nois al mateix temps que tornarà a obrir velles ferides entre ells, conflictes que semblaven oblidats però que en aquests instants estan lluny de solucionar-se.

La terra oblidada és el darrer espectacle d’Arcàdia, una companyia teatral nascuda l’estiu del 2009 amb l’objectiu de crear nous textos teatrals que ells mateixos representen. Malgrat que la companyia s’ha caracteritzat, des dels seus inicis, per portar a escena espectacles eminentment humorístics, a la Sala FlyHard estrenaran un drama familiar signat per Llàtzer Garcia més seriós del que en ells és habitual, una obra protagonitzada per Marta Aran, Muguet Franc, Josep Mota, Guillem Motos i Mima Riera.

La terra oblidada es representarà a la Sala FlyHard del 23 de febrer al 12 de març de 2012.

Text: Llàtzer Garcia
Direcció: Llàtzer Garcia
Intèrprets: Marta Aran, Muguet Franc, Josep Mota, Guillem Motos, Mima Riera
Ajudant de direcció: Javier J. Moyano
Espai escènic i vestuari: Albert Pascual
Producció: FlyHard Produccions S.L.
Producció executiva: Roser Blanch

Horaris: dilluns, dijous i divendres a les 21:00 hores, dissabte a les 22:30 hores
Preu: 5 – 10 €, a decidir a taquilla
Idioma: català