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Crítica: Imperios de las Arenas, de Javier Sánchez y Arturo Sánchez, HRM Ediciones

Imperios de las arenasLa historia de Roma viene a ser también la historia de sus enemigos. Y si Roma tuvo un enemigo a lo largo de su historia, exceptuando, esos sí, el desafío de Aníbal el Cartaginés, no fueron otros que los imperios de Oriente, ya fueran estos el parto arsácida o el persa sasánida. De ahí que la editorial HRM Ediciones publicara en el año 2017 Imperios de las Arenas, Roma y Persia frente a frente, una obra que repasa las relaciones principalmente militares entre Roma y Persia en la Edad Antigua.

Aunque el libro se centra en las relaciones entre estos dos vastos imperios, inicia su análisis con un breve tratamiento del Imperio Seléucida, estado heredero de las conquistas de Alejandro Magno que tuvo una estrecha relación con el auge del los partos en Oriente. Así, pues, el primer capítulo analiza la geografía y las estructuras de gobierno seléucidas, para dar paso al análisis del ejército romano republicano.

A partir de allí los autores repasan la historia del imperio parto, dedicándole un capítulo al reino del Ponto y al enfrentamiento entre Mitridates VI Eupator con Roma, para pasar seguidamente a tratar, ahora sí, la contienda que confrontó durante siglos a Oriente y Occidente, una lucha primero entre romanos y partos y después entre romanos y persas sasánidas.

La monografía de 384 páginas publicada por HMR Ediciones, editorial especializada en temas militares, está escrita por Javier Sánchez y Arturo Sánchez, el primero doctor en Ciencias de la Antigüedad y licenciado en filología clásica y el segundo licenciado en historia especializado en historia antigua, que han dado a la obra un toque de difusión en el relato que se agradece, acrecentado por la utilización de imágenes y de diversos mapas a todo color en las láminas centrales del libro.

Los autores se dividen la redacción de los nueve capítulos con una estructura pormenorizada. Es por ello que el libro se convierte en una introducción a un aspecto de la historia del Oriente antiguo a tener en cuenta.

Sin embargo la división de los capítulos entre ambos autores provoca una cierta repetición de temas entre los diferentes apartados y el índice revela una cierta incongruencia entre los temas escogidos y el propio título del libro. Por desgracia también, la edición del libro no es la más correcta y la redacción tampoco, provocando en diversos casos un desapego al lector.

Imperios de las arenas es una oportunidad para sumergirse en un periodo de la historia, el enfrentamiento entre persas y romanos, poco habitual en la bibliografía en español, si bien tiene diversas incoherencias y erratas que hacen que la propuesta no llegue a ser lo que podría.

Título: Imperios de las arenas: Persia y Roma frente a frente
Autor: Javier Sánchez Gracia y Arturo Sánchez Sanz
Editorial: HRM ediciones
Género: Historia militar
Fecha publicación: 3 de abril de 2017
Tema: Historia Antigua
Páginas: 384
Formato: 21,5×14 cm, tapa blanda con solapas; incluye cuadernillo 8 páginas a color
ISBN: 978-84-946070-5-9
Precio: 24,95€

Artículo: Maximino el Tracio. El primer emperador soldado (II)

El descontento estalló, finalmente, a finales de marzo del año 238 en la ciudad de Thysdrus (El Djem), en la provincia de África proconsular, donde jóvenes pertenecientes “a nobles y ricas familias de Cartago” se rebelaron contra las duras exacciones impuestas allí por el procurador provincial. El incidente acabó con la muerte del magistrado imperial a manos de los siervos de los jóvenes amotinados. Los líderes de la revuelta conscientes de la gravedad de sus actos, que solo podían comportarles la represalia de las autoridades imperiales, optaron por nombrar emperador al gobernador de la provincia, Marco Antonio Gordiano (Gordiano I). Este era un senador perteneciente a una rica familia originaria seguramente de Asia Menor, de la provincia de Galatia o bien de Capadocia, cuya carrera política no había destacado demasiado hasta el momento, a pesar de su avanzada edad, que rondaba los 80 años.

Ciudad romana de Cartago en el siglo II dC
Ciudad romana de Cartago en el siglo II d.C.

Aunque Gordiano fue reacio en un principio a aceptar la dignidad imperial, consciente del alto riesgo que esta acción comportaba, acabó por acceder a las demandas de la multitud, estableciéndose en la ciudad de Cartago y nombrando a su hijo, del mismo nombre, co-emperador (Gordiano II). Su situación, sin embargo, no era la más favorable, ya que los Gordianos no disponían de fuerzas militares a su cargo en la provincia, por lo que su candidatura a la púrpura imperial carecía de un apoyo militar sólido.

Gordiano I notificó al Senado y al pueblo romano, a través del envío de cartas, los sucesos que habían llevado a su proclamación como emperador. Poco después, a principios de abril del año 238, el Senado confirmó el nombramiento de los Gordianos y declaró a Maximino y a su hijo enemigos públicos, tras lo cual nombró, de entre sus miembros, a un grupo de 20 senadores, los vigintiviri rei publicae curandae, para asegurar la defensa de Italia en ausencia de los Gordianos. En Roma la noticia de la proclamación de los nuevos emperadores provocó un gran desorden, durante el cual se dio muerte a varios de los hombres de Maximino, entre ellos a Vitaliano, el prefecto del pretorio y a Sabino, prefecto de la ciudad.

No sabemos con seguridad a favor de qué pretendiente se pronunciaron las diversas provincias romanas. Aún así parece que las orientales se decantarían por los Gordianos, mientras que la mayoría de las provincias de carácter militar optaron por Maximino. Una de ellas fue Numidia, gobernada por un tal Capeliano. Parece que este gobernador estaba enfrentado desde hacía tiempo con el mayor de los Gordianos por una cuestión legal. Para desgracia de este último Capeliano estaba al frente de la legión III Augusta, la única destacada en el litoral norteafricano, y de las tropas auxiliares asociadas a ella, con las que se dirigió hacia la ciudad de Cartago.

A mediados de abril del año 238 el ejército de Capeliano se enfrentó a las fuerzas reclutadas de forma apresurada por los Gordianos, constituidas por las milicias de la provincia, a las que venció ante las murallas de la ciudad. Gordiano II murió en el combate, mientras que su padre se suicidó ahorcándose al ser informado de la derrota y de la entrada de Capeliano en Cartago.

La desaparición de los Gordianos, sin embargo, no puso punto y final a la convulsa situación que su nombramiento como emperadores había propiciado, si bien dejaba al Senado romano en una posición extremadamente comprometida, ya que la cámara y con ella la población de Roma habían mostrado abiertamente su oposición a Maximino. De esta forma, cuando a finales de abril o principios de mayo llegó a la capital la noticia de la muerte de los dos Gordianos, el Senado optó por persistir en su actitud de rebeldía, deificando a los dos Gordianos y eligiendo de entre los vigintiviri, nombrados semanas antes, a dos de sus miembros, Marco Clodio Pupieno Máximo y Décimo Caelio Calvino Balbino, a los que nombró augustos, ambos con igual poder y rango, permaneciendo los restantes 18 candidatos como consejeros de los nuevos emperadores.

Pupieno y Balbino pertenecían ambos a las más alta aristocracia romana y tenían, en el momento de su nombramiento como augustos, más de 60 años, por lo que su elección se ha interpretado como una solución de compromiso entre las diversas facciones del Senado ante la amenaza que representaba Maximino. Según Herodiano y la Historia Augusta el mismo día que Pupieno y Balbino fueron proclamados augustos, el pueblo romano forzó a los nuevos emperadores a reconocer como césar a Marco Antonio Gordiano (Gordiano III), nieto del primer Gordiano y sobrino del segundo, un joven de 13 años que vivía en aquellos momentos en Roma. Parece que su proclamación se debería o bien a la intervención de los familiares y amigos de Gordiano I o a la actuación de una facción senatorial opuesta a los dos nuevos emperadores, Pupieno y Balbino.

Monedas de los emperadores Pupieno y Balbino
Monedas de los emperadores Pupieno y Balbino

La situación vendría a complicarse todavía más ya que poco después del reconocimiento de Gordiano III como césar, se inició un enfrentamiento entre la plebe de Roma y la guardia pretoriana, provocado por el asesinato de diversos miembros de la guardia que atendían a una reunión del Senado. La lucha se prolongó durante diversos días y comportó la destrucción de gran parte de la ciudad. Aunque no sabemos cómo finalizó la contienda, parece que los pretorianos se acabaron atrincherando en su campamento (castra praetoria) situado en las afueras de Roma y que se rindieron después de que la plebe cortara su suministro de agua.

De esta manera la autoridad de Maximino, tras tres años de campañas militares en el norte, se veía desafiada no solo en las provincias sino también en la capital, en la que en poco más de un mes se habían reconocido hasta a cinco emperadores diferentes. Así, pues, cuando, a mediados de abril del 238, Maximino tuvo noticias de la proclamación de los Gordianos y de su reconocimiento por parte del Senado, decidió, tras reunirse con sus consejeros, marchar sobre Roma al frente de sus tropas.

La situación era aún potencialmente controlable por parte de Maximino, ya que hemos de recordar que ni en Roma ni en África sus adversarios disponían de tropas capaces de enfrentarse a las veteranas legiones que él mismo comandaba en el norte. Maximino, sin embargo, no lo tuvo fácil en su marcha hacia la capital ya que no solo se vio obligado a hacer frente a las duras condiciones en los Alpes en esa época del año, sino también a la falta de suministros, debido a que el Senado había ordenado almacenar en el interior de las ciudades todos los víveres y provisiones que hubiera en los campos para que Maximino no pudiera hacerse con ellos en su recorrido hacia Roma y había enviado magistrados a todas las regiones para defenderlas y dificultar su marcha a través de ellas.

Gordiano III

El acontecimiento que, sin embargo, sellaría el destino de Maximino fue la resistencia que opuso la ciudad de Aquilea ante su avance. Sus habitantes habían reparado apresuradamente las murallas de la ciudad para resistir a las fuerzas de Maximino y su defensa estaba a cargo de Rutilio Pudente Crispino y Tulio Menófilo, dos consulares elegidos y enviados allí por el Senado. Dirigida de esta forma la ciudad cerró las puertas ante la llegada de las tropas de avanzada enemigas.

Maximino, que aún estaba en camino con el grueso de sus fuerzas, envío una embajada constituida por un tribuno originario de la propia Aquilea y diversos centuriones para negociar la rendición de la ciudad. Los enviados, situados al pie de la muralla, comunicaron a los habitantes de Aquilea que Maximino “les ordenaba deponer las armas pacíficamente y recibirlo como amigo, no como enemigo”. Parece que la proposición persuadió a parte de los habitantes de la ciudad y que solo el apremio de Crispino y Menófilo evitó que las puertas de Aquilea se abrieran a las tropas de Maximino.

La negativa de los aquileanos hizo enfurecer a Maximino que aceleró la marcha hacia la ciudad. Al llegar a ella decidió tomarla antes de proseguir su avance hacia Roma. Tras un breve descanso para las tropas dio inicio el asedio. Se produjeron varios asaltos, según Herodiano, prácticamente diarios. Aún así, los aquileanos resistían, defendiéndose con el uso de una substancia “mezcla de pez y aceite con azufre y asfalto” que caliente se lanzaba desde las murallas sobre los atacantes, y utilizando “antorchas empapadas igualmente con pez y resina, y provistas de una punta de flecha en el extremo” que una vez encendidas eran lanzadas contra los máquinas de asedio de Maximino y que al clavarse en ellas las incendiaban. La demora del emperador ante la ciudad de Aquilea permitió a Pupieno, encargado por el Senado de las operaciones militares contra Maximino, desplazarse hasta la ciudad de Rávena.

La firme resistencia de la ciudad de Aquilea hizo perder los estribos a Maximino que llegó a castigar a varios oficiales por su falta de ánimo e interés a la hora de atacar la ciudad. Las exigencias y la dura disciplina impuestas por Maximino acabaron afectando el ánimo de sus hombres, que tras cuatro semanas de infructuoso asedio y desmoralizados por el hambre y el cansancio se amotinaron. Según Herodiano y la Historia Augusta a principios de junio del año 238 diversos hombres de la II legión Pártica, preocupados por la seguridad de sus familias, que habían dejado en el campamento situado en el monte Albano cercano a Roma, se dirigieron a la tienda de Maximino, y arrancaron el retrato del emperador de los estandartes con ayuda de los pretorianos. “En el momento en que Maximino salía de la tienda en compañía de su hijo, seguramente con la intención de hablarles, les dieron muerte al instante”, matando también al prefecto del pretorio y a todos los consejeros afectos a Maximino. “Finalmente, después de exponer sus cuerpos a los insultos y vejaciones de todo el que quiso, los dejaron para pasto de perros y aves. Las cabezas de Maximino y de su hijo, sin embargo, fueron enviadas a Roma”.

Antigua Aquileya
Antigua Aquileya

No todas las unidades del ejército aprobaron, sin embargo, la acción, como fue el caso de las de origen panonio y tracio, las tropas que habían entregado el poder a Maximino en el año 235, aunque finalmente y a disgusto acabaron aceptando los hechos consumados. Poco después los soldados, en son de paz, se acercaron a las murallas de Aquilea para informar de la muerte de Maximino. Tras reconocer la autoridad de Pupieno, Balbino y Gordiano III se les abrieron las puertas de la ciudad y fueron abastecidos con todos los víveres que requerían.

La desaparición de Maximino no comportó, sin embargo, una mejoría en la situación política que vivía el Imperio. Pupieno y Balbino murieron meses después a manos de la guardia imperial y el reinado del joven Gordiano III tan solo perduró hasta el año 244, muriendo al ser derrotado por los persas o bien a manos de su sucesor Filipo el Árabe. De esta forma, con la muerte primero de Alejandro Severo (235) y más tarde de Maximino el Tracio (238), se iniciaba un periodo de inestabilidad política y de crisis económica y social en la historia de Roma que se prolongaría durante 50 años y que llevaría al Imperio romano a refundar sus estructuras políticas, sociales y económicas para hacer frente al nuevo contexto histórico al que se enfrentaba.

BIBLIOGRAFÍA ARTÍCULO Maximino el Tracio. El primer emperador soldado

Herodiano, Historia del Imperio romano después de Marco Aurelio, Planeta-De-Agostini, Barcelona, 1996.

Historia Augusta, Picón, V. y Cascón, A. (eds.), Akal, Madrid, 1989.

Daryaee, T.; Sassanian Persia, The Rise and Fall of an Empire, I.B. Tauris, Londres, 2009.

Dignas B. y Winter, E., Rome and Persia in Late Antiquity, Neighbours and Rivals, Cambridge University Press, Cambridge, 2008.

Drinkwater, J., “Maximinus to Diocletian and the “crisis”, en The Cambridge Ancient History, The Crisis of Empire A.D 193-337, vol. XII, Bowman, A. K.; Garnsey, P. y Cameron A. (eds.), Cambridge University Press, Cambridge 2008.

Drinkwater, J., The Alamanni and Rome 213-496, Oxford University Press, Oxford, 2007.

Frye, R. N., “The Political History of Iran under the Sasanians”, en The Cambridge History of Iran, The Seleucid, Parthian and Sasanian periods, vol 3(1), ed. Ehsan Yarshater, Cambridge University Press, Cambridge 2006.

Meijer, F., Emperors don’t die in bed, Routledge, Abingdon-Nueva York, 2004.

Potter, D. S., The Roman Empire at Bay AD 180-395, Routledge, Londres-Nueva York, 2004

Roldán, J. M.; Blázquez, J. M.; del Castillo, A., El Imperio romano (siglos I-III), Historia de Roma, Tomo II, Cátedra, Madrid, 1989.

Southern, P., The Roman Empire from Severus to Constantine, Routledge, Londres-Nueva York, 2001.

Wolfram, H., The Roman Empire and Its Germanic Peoples, University of California Press, Los Angeles, 1997.
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Jorge Pisa

Crítica mini-serie TV: San Agustín (2010)

La resaca de la Semana Santa televisiva extiende su sombra sobre BlogCulturalia con la crítica de la miniserie San Agustín, otra de las producciones ambientadas en la antigua Roma que pueblan innumerables canales durante este periodo festivo.

San Agustín es la quinta entrega de una serie titulada Imperium, que consta de otros capítulos dedicados a Augusto, el primer emperador (2003), Nerón (2004), San Pedro (2005) y Pompeya (20. La miniserie dedicada a san Agustín está dirigida por el canadiense Christian Duguay con experiencia en biopics como Juana de Arco (1999), Hitler: El reinado del mal (2003), Pío XII, bajo el cielo de Roma (2010), Anna Karenina (2013) o Los Medici: Señores de Florencia (2016 -2019).

La miniserie se centra tan solo en algunos episodios de la biografía de san Agustín ya que esta es muy amplia, de ahí que se divida en tres tramas. La primera está ambientada en el año 430 d.C., cuando la ciudad de Hipona es asediada por los vándalos de Geiserico; la segunda se ubica en la juventud de Agustín y su aprendizaje como abogado en Cartago, su posterior actividad política y su conversión al cristianismo de la mano de San Ambrosio en Milán, capital en aquel momento del Imperio romano; la tercera se sitúa también en Cartago y relata, de una forma más breve, el debate público que se lleva a cabo entre cristianos y los (considerados) herejes donatistas.

Lo primero que destaca de la serie es la época en la que está ambientada. Salimos del Alto Imperio romano y de la omnipresente dinastía Julio-Claudia y nos trasladamos a los siglos IV y V d.C., al Bajo Imperio. Ya solo por eso la serie tiene mérito y más si pensamos que aspira a un relato realista e histórico del período, aunque a veces no lo consiga del todo.

Como la serie relata varias etapas de la vida de san Agustín, el personaje está interpretado por diversos actores. Matteo Urzia encarna a un joven Agustín; Alessandro Preziosi da vida a un Agustín más maduro y finalmente el gran Franco Nero interpreta a un Agustín de avanzada edad.

San Agustin_miniserie_1

Como os decía, la miniserie se interesa por la juventud de San Agustín y sobre todo por su evolución personal y espiritual, o lo que es lo mismo, su progreso desde creencias paganas hasta su conversión al cristianismo. En este relato el papel de su madre Mónica (Monica Guerritore) es el contrapunto intensamente cristiano al personaje principal, una relación que marcó profundamente la vida de san Agustín. La serie también muestra la relación de este con la esclava Khalida, interpretada por la atractiva Serena Rossi. Entre estos dos personajes femeninos se construye la vida personal de Agustín.

La segunda trama importante de la serie es la que nos sitúa en la ciudad norteafricana de Hipona, de la que Agustín era obispo en el año 430, en el momento de la llegada de los invasores vándalos. Esta es seguramente la trama más imaginativa de la serie. Del enfrentamiento militar entre romanos y vándalos casi no se nos muestra nada, debido esto seguramente a la falta de presupuesto de la producción. Pero es que además la historia de amor entre Lucila (Katy Louise Saunders), sobrina de Agustín y Fabio Domicio (Sebastian Ströbel), centurión romano a cargo de las defensas de Hipona además de ser poco creíble y algo presentista, hace tensionar la trama de forma poco realista. Tampoco es demasiado creíble la defensa de Agustín de la colaboración entre romanos y vándalos, motivada, seguramente, por el énfasis de la serie en la idea de la multiculturalidad en la Antigua Roma (hemos de pensar que es una serie europea). En esta segunda trama destaca, también, la actuación de Alexander Held, que interpreta a Valerio, el gobernador de la provincia que mantiene una relación de amistad y odio con San Agustín.

La propuesta es, sin embargo, demasiado extensa en su duración y el ritmo no es el más adecuado, si bien, es entendible ya que la serie se interesa por la evolución íntima y espiritual de san Agustín, un tema que requiere un tempo propio de narración algo más lento. Por esa razón los diálogos adquieren relevancia, ya que nos permiten entender la evolución del pensamiento de san Agustín. Sin embargo, sobra, por ejemplo, el episodio del debate entre cristianos y donatistas, ya que no aporta nada a la serie, tan solo el motivo del enfrentamiento entre Agustín y el centurión Fabio Domicio y aumenta la tensión dramática en la relación entre este y Lucila.

Como decía, la serie hace un esfuerzo por mostrarnos la época de forma realista, en la que no aparecen las escenas con tintes de decadencia moral y espiritual a las que estamos tan acostumbrados cuando el cine y la televisión tratan estas épocas, por lo que se ha de felicitar a la producción. De ahí que la serie no haga excesivo hincapié en las omnipresentes escenas de orgías y bacanales para mostrarnos la decadencia romana. Aparecen, sí, en la época de juventud de san Agustín, pero parece que el aspirante a santo y Padre de la Iglesia llevó una vida algo disoluta en esa etapa de su vida.

También destaca la magnificencia de la ambientación con escenarios que, si bien no son muy variados, sí que están muy conseguidos y un vestuario que ayuda al espectador a introducirse bien en la época.

San Agustín es una mini-serie que vale la pena ver si te interesa este género y la época en la que transcurre su relato, es decir, la historia del Bajo Imperio y los primeros tiempos del cristianismo. San Agustín narra al espectador la vida de un santo destacadísimo de la Iglesia Cristiana de aquella época sin vapulear la historia y sin fantasear en demasía. Una buena oportunidad, y las hay más bien pocas, de disfrutar de una historia ubicada temporalmente en la tardo antigüedad que nos permite conocer una época muy desconocida por el amplio público.

Título: San Agustín
Año: 2010
Duración: 200 min (2 capítulos)
País: Italia, Alemania, Polonia
Dirección: Christian Duguay
Guión: Francesco Arlanch, Sebastian Henckel-Donnersmarck
Música: Andrea Guerra
Fotografía: Fabrizio Lucci
Reparto: Alessandro Preziosi, Monica Guerritore, Gerald Alexander Held, Johannes Brandrup, Wenanty Nosul, Katy Louise Saunders, Serena Rossi, Sebastian Ströbel, Dietrich Hollinderbäumer, Aglaia Szyszkowitz, Götz Otto, Franco Nero, Vincenzo Alfieri, Sonia Aquino, Dominic Atherton
Producción: Lux Vide, Rai Fiction, EOS Entertainment, Grupa Filmowa Baltmedia
Género: Mini-serie de TV | Drama | Antigua Roma | Cristianismo
NOTA CULTURALIA: 6,9
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Jorge Pisa

Publicación: Nerón, El esplendor y la derrota, de Margaret George, Ediciones B

Nerón, El esplendor y la derrota, de Margaret George_portadaHoy os presentamos una novela histórica reciente, de abril del año pasado, Nerón, El esplendor y la derrota, de Margaret George, un libro que culmina la historia de Nerón, el emperador que vio arder Roma.

Nerón Augusto, junto a Popea, dirige el Imperio romano, en una era de esplendor cultural y artístico sin precedentes. Aún no tiene sucesor, pero su poder es absoluto. Sin embargo, en el décimo año de su reinado, un incendio arrasa la capital del Imperio. Los rumores sobre la relación de Nerón con el fuego empiezan a crear malestar entre el pueblo y los políticos. Nerón sabe que su destino está ligado al de Roma y a su promesa de reconstruirla como la ciudad que deslumbrará al mundo. Pero hay quien ve peligrosa su gloria y falsos amigos y espías conspiran en su contra. Nerón sabe que, si sobrevive, será el primer miembro de su familia en escapar a la red de traiciones de la corte romana. Si no lo logra, también sabe que es el último de su dinastía.

Después de Las confesiones del joven Nerón, llega el cierre de la impresionante historia de uno de los emperadores más popular y odiado de la historia de Roma.

Título: Nerón: El esplendor y la derrota
Autora: Margaret George
Editorial: Ediciones B
Colección: Histórica
Fecha publicación: abril de 2019
Formato: Tapa dura con sobrecubierta / 165 X 239 mm
Número de páginas: 648
ISBN: 9788466665728
Temática: Novela histórica
Precio:
• Tapa dura: 22,90€
• eBook: 9,99€

Artículo: Maximino el Tracio. El primer emperador soldado (I)

Maximino el Tracio (235-238) fue el primer emperador de origen humilde que accedió al poder en Roma. Su reinado, si bien de corta duración, dio inicio a la etapa de la historia romana conocida como la Crisis del Siglo III (235-284), “en la cual se hicieron patentes todas las contradicciones políticas, económicas y sociales que arrastraba desde sus inicios el Estado romano”.

Busto Maximino el Tracio
Busto Maximino el Tracio

Su figura, como la de muchos de los emperadores de este período, no ha suscitado demasiado interés por parte de los estudiosos de la historia romana ni por parte del público en general. Es por eso que vale la pena profundizar, al menos un poco, en una época que si bien es ampliamente desconocida por aquellos interesados, de alguna forma, en la historia de la antigua Roma, nos muestra la evolución de uno de los mayores imperios del pasado y sin duda alguna uno de los más duraderos, en un momento de transición y de profundos cambios que llevarían, tras un largo y penoso trayecto, a la instauración del dominado bajo imperial (284-476 d.C.) que marcaría la fase final de la historia del Imperio romano.

El reinado de Maximino estuvo precedido, por otra parte, por el final de la dinastía severiana, que gobernó el Imperio romano entre los años 193 y 235, por lo que iniciaremos este artículo exponiendo los acontecimientos que llevaron a la muerte de Alejandro Severo, su último representante, y a la proclamación de Maximino como emperador.

El final del gobierno de Alejandro Severo.

Los últimos años de reinado del joven emperador Alejandro Severo (222-235) se caracterizaron por un aumento de la inestabilidad en las fronteras del Imperio romano, tanto en el limes reno-danubiano como en Oriente.

En el año 230 Ardashir, el rey persa sasánida atacó territorio romano, invadiendo Armenia y las provincias de Siria y Capadocia. El último enfrentamiento en Oriente se había producido hacía más de diez años (216-218), cuando el emperador Caracalla invadió territorio parto. La ofensiva romana acabó con la muerte del propio emperador y la firma de una paz vergonzosa por parte de su sucesor Macrino, que comportó el pago de una indemnización de doscientos millones de sestercios a los persas.

El ataque de Ardashir obligó, pues, a Alejandro Severo a dirigirse en el año 232 hacia Oriente para reorganizar las defensas romanas e iniciar un contraataque. El fin de las hostilidades se produjo en el verano del año 233, abandonando los persas los territorios que habían invadido y recuperándose el status quo anterior a la guerra. Aunque las fuentes históricas no son unánimes al respecto, parece que no hubo un claro vencedor de este primer enfrentamiento entre romanos y sasánidas.

Busto Alejandro Severo
Busto Alejandro Severo

El ejército romano se retiró entonces a Antioquía, en la provincia de Siria, con la voluntad de pasar en esa ciudad el invierno. Allí le llegaron a Alejandro noticias de que “los germanos habían cruzado el Rin y el Danubio y estaban devastando el imperio romano; atacaban las guarniciones de las riberas y las ciudades y aldeas con numerosas fuerzas. Por ello los territorios ilirios, limítrofes y vecinos de Italia, estaban en una situación de extremo peligro”. Estas incursiones en la frontera norte del imperio estaban protagonizadas por la confederación tribal germánica de los alamanes (alamanni) que, debido al traslado de parte de las tropas romanas que defendían el limes del Rin y el Danubio hacia Oriente, aprovechaban para devastar y saquear territorio imperial. Estas noticias indignaron a las tropas ilirias que integraban parte el ejército de Alejandro Severo, angustiadas por la suerte sufrida por sus familias y sus tierras, indefensas tras su marcha.

Ante este nuevo peligro el emperador decidió volver a Occidente, no sin antes organizar la defensa de la frontera oriental, ya que aunque se había expulsado a los persas de territorio romano, aún no se había firmado ningún acuerdo de paz con ellos. Alejandro regresó a Roma en el año 233, ciudad donde celebró un triunfo por sus campañas en Oriente. No fue hasta finales de ese mismo año o principios del siguiente cuando el emperador inició su campaña contra los alamanes, concentrando las fuerzas romanas en la ciudad de Moguntiacum (Mainz). y ponteando el río “Rin con barcos encadenados unos a otros a modo de puente con la idea de facilitar el paso a los soldados”.

A finales del mismo año 233 el ejército imperial había conseguido expulsar a los invasores alamanes de territorio romano. Las cosas, sin embargo, se complicaban para Alejandro ya que entre las tropas corrieron rumores de que el emperador no quería proseguir la campaña en territorio germano, sino que estaba dispuesto a pagar a los bárbaros a cambio de la paz. Hemos de entender, sin embargo, la intención de la autoridad imperial como la aplicación de la tradicional política romana en la zona, la cual a través del pago de subsidios y de la entrega de víveres intentaba sacar provecho de la desunión y de las diferencias entre las tribus germanas, estableciendo, asimismo, la supremacía romana más allá de sus fronteras sin necesidad de arriesgar grandes cantidades de hombres y de recursos en el intento.

Según Herodiano, las tropas romanas no lo entendieron así. Parece que el ejército ya había mostrado su disgusto por la forma tan poco meritoria en la que el emperador había conducido la campaña contra los persas, y por la gran influencia que sobre él tenía su madre Julia Mamea, que acompañaba a su hijo en el campo de batalla. A todo ello se sumaba el hecho de que entre las tropas de Alejandro se hallaban los contingentes ilirios cuyo territorio había sufrido las incursiones de los germanos, y que se sentían traicionados por el hecho de que el emperador quisiera llegar a un acuerdo con ellos en vez de luchar.

Esta situación provocó malestar entre las tropas, lo que llevó al amotinamiento de parte del ejército y al nombramiento de un nuevo emperador en la persona de Julio Vero Maximino, el oficial a cargo de los reclutas. La acción cogió desprevenido a Alejandro y a su séquito que no supo reaccionar a tiempo y calmar los ánimos de los soldados. Maximino, después de haber sido aclamado por todo el ejército, envió a un tribuno y a varios centuriones a la tienda de Alejandro Severo que acabaron con la vida del joven augusto, de su madre y de aquellos acompañantes que se resistieron.

Mapa Imperio romano 230 d.C.
Mapa Imperio romano 230 d.C.

Maximino. El primer emperador soldado.

Maximino era de origen humilde. Su familia era descendiente, seguramente, de soldados romanos asentados en la región del Danubio a principios del siglo II. Herodiano y la Historia Augusta nos informan de que en su adolescencia Maximino había sido pastor. Al destacar de joven por su estatura y su fuerza se alistó en el ejército, según la Historia Augusta, en una unidad de caballería. Las fuentes antiguas, claramente prosenatoriales, hacen referencia, no obstante, a los orígenes bárbaros o semibárbaros de Maximino, una falsa acusación que nos muestra el desprecio que el Senado siempre mostró hacia él, que no podemos olvidar, fue el primer emperador que no pertenecía a las clases superiores de la sociedad romana.

Aunque Maximino no llegaba al poder en un momento apacible, tampoco dio muestras de estar capacitado para hacer frente a los diversos problemas que afrontaba el imperio en aquellos momentos. A partir del estudio de sus efigies en las monedas se ha determinado que Maximino debería de estar cerca de los 50 años cuando accedió al poder, por lo que seguramente habría iniciado su carrera militar en tiempos de Septimio Severo (193-211), ascendiendo a la oficialidad a través de diversos cargos ecuestres. En el momento de su proclamación como emperador Maximino detentaba el cargo de praefectus tironibus, o encargado de supervisar el entrenamiento de los reclutas. Hasta entonces solo el emperador Macrino (217-218) había accedido al poder imperial con una carrera de rango ecuestre. Su gobierno había durado poco más de un año. El resto de emperadores pertenecían al rango senatorial. Este hecho, sumado a los pretendidos orígenes bárbaros de Maximino, permitía a los senadores considerar con cierto desprecio al nuevo augusto.

Maximino, consciente del rechazo que su condición humilde y que su acceso al poder de forma violenta le podían ocasionar, decidió no acudir a Roma tras su proclamación como augusto para obtener el reconocimiento oficial por parte del Senado, un procedimiento, por otra parte, habitual, sino que optó por continuar con la campaña en el norte contra las bandas de invasores alamanes, cuyos ataques habían motivado la reunión del ejército por parte de Alejandro Severo. Por el contrario Maximino decidió enviar a la capital cuadros que mostraban el desarrollo de la guerra, para que fueran expuestos públicamente frente a la Curia, el edificio donde se reunía el Senado. Algunos historiadores han detectado en esta actitud de Maximino el desdén que el emperador sentía hacia una cámara que, integrada por los miembros de la élite política y social romana, no lo consideraban, como sabemos, el candidato idóneo. Aún así, a finales del año 235 y en su ausencia, Maximino fue reconocido oficialmente por el Senado, obligado, en definitiva, debido a que no existían ni en Roma ni en Italia tropas suficientes con las que oponerse al nuevo emperador.

El cambio de régimen comportó la muerte o el relevo del séquito imperial, si bien parece que en esta ocasión no se produjo una matanza generalizada del entorno de Alejandro Severo, ya que algunos de sus consejeros más próximos sobrevivieron, aunque fueron relegados del poder. La proclamación de Maximino, sin embargo, no aglutinó en torno a la figura del nuevo emperador la adhesión de todo el ejército, hecho que se materializó en la trama de dos conspiraciones en contra su persona. La primera de ellas la lideró C. Petronio Magno, noble de rango consular que apoyado por un grupo de oficiales y senadores persuadió a parte de las tropas para acabar con Maximino. Los conspiradores pretendían utilizar para ello el puente de barcos que Alejandro Severo había ordenado construir sobre el Rin. Según parece Magno había convencido a un grupo de soldados encargados de la protección del puente para destruirlo después de que Maximino lo cruzara en su avance contra los germanos. De esta forma se podría acabar fácilmente con él en la otra orilla o dejarlo a merced del enemigo, mientras el propio Magno ocupaba el poder. La conspiración llegó, no obstante, a oídos de Maximino, que condenó a muerte a aquellos implicados en la conjura sin juicio previo, confiscando sus propiedades.

La segunda conspiración estuvo protagonizada por la unidad de arqueros osroenos que Alejandro Severo había traído consigo desde Oriente. Estos, apenados por la muerte del joven emperador y dirigidos por un tal Macedón, nombraron augusto, según parece en contra de su voluntad, a Titio Cuartino, el cual había sido licenciado del ejército por el propio Maximino. Parece que Macedón cambió súbitamente de parecer y aprovechando que Cuartino estaba durmiendo en su tienda, lo asesinó, pensando que así sería recompensado por el emperador. Por desgracia para Macedón la respuesta de Maximino fue la contraria, ya que fue ejecutado acusado de capitanear el motín y de asesinar al propio Cuartino.

Estas dos conspiraciones contra su persona afectaron al carácter de Maximino, que a partir de entonces aumentó su desconfianza hacia los demás, especialmente hacia los senadores. Según Herodiano y la Historia Augusta el carácter del emperador fue a partir de entonces más feroz y cruel “como les ocurre a las fieras, que se irritan más cuando son heridas”.

Senado romano
Senado romano

Finalmente, mediado el verano del año 235, Maximino inició la campaña contra los alamanes. Las fuerzas romanas cruzaron el Rin al sur de la ciudad de Mainz y atravesaron la zona de los Agri Decumates enfrentándose a los germanos en su propio terreno. Herodiano nos informa de que Maximino devastó el territorio enemigo, destruyendo las cosechas e incendiando las aldeas tras permitir que el ejército las saqueara. Según este mismo autor romanos y germanos se enfrentaron en una zona pantanosa. El combate comportó importantes bajas para ambos bandos, si bien, según Herodiano, las germanas fueron superiores.

Las operaciones militares contra los alamanes se prolongaron durante los años 235 y 236, y fueron dirigidas, seguramente, desde la base de Castra Regina (Regensburg), en la provincia de Recia (Raetia). El emperador recibió a finales del año 235 el título de Germanicus Maximus. Al año siguiente Maximino se dirigió hacia la provincia de Panonia, donde luchó contra dacios y sármatas, estableciendo su nueva base de operaciones en la ciudad de Sirmio (Sirmium). En el año 236 obtuvo los títulos de Sarmaticus y Dacicus. Fue entonces cuando nombró césar a su hijo, Cayo Julio Vero Máximo, aunque aún era muy joven, con el objetivo de consolidar y dar continuidad a su régimen. La lucha contra sármatas y dacios continuó en el año 237, mientras que la campaña militar del 238 parece que iba a ser dirigida contra godos y carpos, pueblos que durante ese año habían atacado las ciudades griegas de Olbia y Tiras, ambas en territorio romano, causando allí graves daños.

Aunque no existe unanimidad al respecto, la prolongada actividad militar desarrollada por Maximino en la frontera del Rin y el Danubio, ha permitido a algunos historiadores confirmar la gravedad de la amenaza germana a la que se había visto obligado a hacer frente Alejandro Severo antes de ser asesinado en el año 235. Las cosas, sin embargo, no mejoraban para el imperio, ya que en el año 236 los persas reanudaron sus ataques sobre territorio romano, tomando importantes ciudades como Nisibis, Carrhae o Hatra.

Estas, sin embargo, no fueron las únicas dificultades a las que tuvo que hacer frente Maximino. Según Herodiano el emperador había prometido a las tropas que promovieron inicialmente su acceso al poder no tan solo un cuantioso donativo, sino también el aumento de su paga, medidas que, seguramente, extendió más tarde al resto del ejército, una pesada carga económica que acabaría comprometiendo su breve reinado.

El ofrecimiento de Maximino no era, no obstante, diferente a las concesiones realizadas por emperadores anteriores. Era habitual, así, que un nuevo augusto concediese un donativo a los soldados como celebración de su acceso al poder. Tampoco era extraño que se aumentara la paga a los soldados, ya que la ley de las monedas hacía tiempo que se estaba devaluando. Ambas medidas servían, además, para que el emperador se ganara la fidelidad del ejército, un requisito de capital importancia para asegurar su permanencia en el poder.

Así, pues, los problemas financieros de Maximino comenzaron a la hora de cumplir la promesa que había contraído con sus propios soldados. Hacía tiempo que el tesoro imperial arrastraba una situación bastante delicada. A los enormes gastos militares del reinado de Marco Aurelio y las reducidas conquistas llevadas a cabo por Septimio Severo, se sumaban las exigencias económicas de la campaña militar de Alejandro Severo en Oriente, que no habían comportado ni grandes victorias ni cuantiosos botines, y las poco lucrativas operaciones militares de Maximino dirigidas contra los germanos que comportaban, por el contrario, un elevado gasto para el tesoro imperial.

Esta comprometida situación económica obligó a Maximino a aumentar la presión fiscal sobre los habitantes del imperio, de lo cual lo acusan las fuentes antiguas. Como era previsible algunas de las medidas que Maximino puso en marcha para aumentar los ingresos con los que hacer frente a sus obligaciones al frente del imperio afectaron negativamente a su imagen. Entre ellas se halla la reducción de las distribuciones gratuitas en Roma de grano y de otros productos, decisión que sin duda hizo aumentar el rencor entre la población de la capital con menos recursos. Parece, además, que Maximino fue incapaz o bien de cumplir sus promesas con los soldados o al menos de hacerlo de la forma inmediata que estos esperaban, por lo que su popularidad en el ejército y, por tanto, la lealtad entre sus hombres, también disminuyó. No hemos de olvidar, tampoco, que la consideración de Maximino en el Senado no era, ni mucho menos, la más idónea, por lo que su posición se fue haciendo cada vez más precaria.
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Jorge Pisa

Enlace Maximino el Tracio. El primer emperador soldado (II)

Crítica: Scipio Africanus, Greater than Napoleon, B.H. Liddell Hart, Da Capo Press

Scipio Africanus_Greater than Napoleon_1La Historia de Roma está repleta de grandes personajes que pueblan las hazañas políticas y militares de la época. Uno de ellos es Escipión Africano (236 – 183 a.C.) el general romano que venció a Aníbal el cartaginés en uno de los momentos más críticos de la historia de la República romana. Este conflicto, la Segunda Guerra Púnica, que enfrentó a cartagineses y romanos, marcaría la historia posterior de Roma y sería el inicio de la creación de un imperio que dominaría el mediterráneo hasta el siglo V d.C.

La editorial Da Capo Press reeditaba el pasado 2004 Scipio Africanus, Greater than Napoleon, una biografía militar de Escipión el Africano escrita en el año 1926 por el historiador militar británico B. H. Liddell Hart, obra en la que el autor realizaba una biografía militar del personaje y de su época. La monografía de Liddell Hart es una de aquellas obras de importancia por el esfuerzo de estudio histórico que realizaba y por la capacidad de análisis político y, sobre todo, militar que llevó a cabo el autor.

Si la biografía comienza realizando una breve descripción de la juventud del Africano, breve ya que de esa etapa de su vida han llegado escasas noticias históricas, bien pronto el autor se sitúa en el contexto de la Segunda Guerra Púnica y la dirección de las operaciones militares de Escipión en la península Ibérica, tras la trágica muerte de sus familiares Gneo y Publio Cornelio Escipión.

El libro centra, pues, su análisis principalmente militar en el periodo de la Segunda Guerra Púnica, en la que Escipión no solo dio muestras de su gran capacidad militar, sino que fue capaz de decantar el conflicto en favor de la victoria romana, la que le daría el sobrenombre de el africano, con el que lo conocería la posteridad. Liddell Hart analiza el conflicto en suelo ibérico y su posterior continuación en territorio italiano y africano.

El autor se interesa principalmente en sus habilidades militares, que compara constantemente con otros generales ilustres, ya sean el propio Aníbal Barca, Alejandro Magno, Julio César, el sueco Gustavo Adolfo, o Napoleón, de ahí el título del libro. Liddell Hart lleva a cabo un relato comprensible para el público en general y no demasiado extenso, si hemos de pensar que el libro consta de 281 páginas. Es en este ámbito en el que más se nota el hacer de los historiadores de principios del siglo XX, que desplegaban un estilo y objetivos académicos muy concretos.

Mapa Segunda Guerra Punica

Tras analizar el desarrollo de la Segunda Guerra Púnica y la victoria final de Escipión sobre Aníbal en la batalla de Zama (202 a.C.), en el norte de África, Liddell Hart prosigue la biografía del Africano examinando su posterior carrera política, en la que el general romano no demostró las mismas aptitudes que en el campo de batalla. Es seguramente esta época la menos conocida y lustrosa del personaje.

La monografía prosigue con el análisis de la campaña en Oriente de Escipión el Africano y su hermano Lucio contra las fuerzas del rey seléucida Antíoco III, las acusaciones de corrupción que planearon sobre su gestión económica en dicho conflicto y el agrio retiro final de Escipión de la vida política, para finalizar con un capítulo de valoración final de la figura histórica y militar del Africano.

Hemos de tener en cuenta que el libro está escrito originalmente en el año 1926, una época en la que la historia académica no se realizaba de la forma tan técnica como se lleva a cabo actualmente. Asimismo, el autor tiene un objetivo principal que se deja sentir a lo largo de sus páginas, que no es otro que el de ensalzar la figura de Escipión, ya sea confrontándolo con personajes históricos contemporáneos, como su enemigo político Catón el viejo, o comparándolo con generales posteriores.

Por otra parte, Liddell Hart se interesa principalmente por el período de la Segunda Guerra Púnica, y no demuestra tanto interés por épocas posteriores de la biografía del personaje, como su enfrentameinto con Antíoco III o el retiro final de Escipión, hecho que afecta el valor global de la monografía.

Scipio Africanus, Greater than Napoleon es un estudio de aproximación a la figura de Escipión el Africano muy propia de la época en la que se escribió. Aún así, es una obra de agradable lectura, aunque no actualizada, sobre un personaje y una ápoca que cambiaron para siempre la historia de Roma.

Título: Scipio Africanus. Greater Than Napoleon
Autor: B.H. Liddell Hart
Editorial: Da Capo Press
Fecha publicación: 2004 (1ª edición, 1926)
Número de páginas: 281
Idioma: inglés
ISBN-13: 9780786740703
Género: No ficción / Biografía / Militar / Historia de Roma
Precio:
• Tapa dura: 33,39€
• Tapa blanda: 14,56€
• Ebbok: 8,99$
NOTA CULTURALIA: 8
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Jorge Pisa

Crítica literaria: Masada will not fall again, a Novel, de Sophie Greenspan, University of Nebraska Press

Masada will not fall again_A NovelHoy os referenciamos en Culturalia un libro algo diferente a lo habitual en nuestro site. La primera razón es que está escrito en inglés y la segunda es que es una novela histórica destinada a un público infantil. El libro en cuestión es Masada will not fall again, a Novel, y su autora es Sophie Greenspan.

Masada will not fall again es la poderosa epopeya que habla de judíos que preferían la libertad a la vida misma. Su historia se centra en la sombría fortaleza de Masada en el desierto de Judea después de la conquista de Jerusalén y la destrucción del Templo Sagrado por los romanos en el año 70 d.C. Aquí, en una última posición, fariseos, saduceos y esenios dejaron de lado las diferencias que habían debilitado su resistencia ante los romanos y se unieron en su celo por Dios y el país”.

Nos puede sorprender algo que una novela juvenil, que nos relata la acción principalmente desde la perspectiva de los personajes más jóvenes, se centre en un episodio tan trágico de la historia del pueblo judío. Su autora fue la primera locutora de habla inglesa de la emisora “Voice of Israel” y nos ofrece en esta novela publicada en el año 1973, una historia muy vívida de la última resistencia de los judíos en Masada, allá por el año 73 d.C., bajo gobierno del emperador romano Vespasiano.

La trama no se interesa especialmente por la acción militar romana, que queda, como es lógico, en un segundo plano, sino que nos relata el día a día de la comunidad judía de Masada y su trágico final. El lector de la novela conocerá a los diversos personajes, mayoritariamente jóvenes: Eleazar ben Ya’ir, el comandante de la resistencia judía; Yeshu el esenio de Qumrán, la pareja formada por Adin y Ohada, recién llegada a la fortaleza desde Babilonia; la joven Urzillah; el alejandrino Justus y su mujer Sara y, evidentemente, las aventuras y correrías de los más jóvenes Iddo, Aviel y Yitzhak.

La novela no intenta tampoco hacer una reflexión del momento histórico, esto es, el conflicto entre Roma y los judíos, ni del episodio vivido en Masada, sino que nos intenta explicar de una forma breve y vívida, la novela consta de tan solo 168 páginas, los últimos momentos de la resistencia judía a través de algunos de sus protagonistas. Menos aún hace falta resaltar que desde un punto de vista pro-judio.

El libro se lee de una forma complaciente, a lo que ayuda un ritmo veloz en el que la acción avanza rápidamente, sin particularizaciones excesivas, es una novela juvenil, y sin demasiados diálogos, lo que ayuda a proveer celeridad al relato.

El texto está, además, acompañado de ilustraciones realizadas por Unada G. Gliewe, con experiencia en la ilustración de libros infantiles, lo que ayudará a los más jóvenes a hacerse una idea más clara de los acontecimientos narrados en la novela. El libro dispone de un glosario final que puede servir al lector para comprender mejor los mundos hebreo y romano antiguo.

Una ocasión para revivir, desde el punto de vista de la narrativa juvenil, uno de los episodios más trágicos y conocidos de la historia hebrea.

Título: Masada will not fall again, A Novel
Autora: Sophie Greenspan
Ilustraciones: Unada G. Gliewe
Editorial: University of Nebraska Press
Tapa blanda: 184 páginas
Editor: University of Nebraska Press
Fecha de publicación: 1 de marzo de 2019
Idioma: Inglés
Precio:
• Paperback: 17,95€
• Ebook (EPUB): 17,95€

NOTA CULTURALIA: 6,9
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Jorge Pisa

Título: El fatal destino de Roma. Cambio climático y enfermedad en el fin de un imperio, Kyle Harper, Ed. Crítica

El fatal destino de Roma_portadaHoy volvemos a recomendaros en Culturalia un libro de historia de Roma que se fija en algunas de las posibles causas del fin del Imperio romano. Su título es El fatal destino de Roma, Cambio climático y enfermedad en el fin de un imperio y su autor es Kyle Harper, que nos proporciona una visión totalmente nueva de uno de los momentos más importantes de nuestra civilización

Kyle Harper nos ofrece una nueva visión de la decadencia y caída del Imperio romano, que nos descubre el papel determinante que el cambio climático y las enfermedades infecciosas tuvieron en su ruina. Partiendo de la época de Marco Aurelio, el autor nos conduce hasta el momento en que un imperio asediado no pudo resistir el embate conjunto de una «pequeña edad glacial» y de la peste bubónica. Kyle Harper, que combina la erudición histórica con el método científico, nos conduce a una reflexión que enlaza una nueva forma de ver la historia con los problemas del presente.

La recepción del libro por parte de los especialistas ha sido entusiasta: desde Peter Brown, que lo califica de «historia a lo grande», hasta Walter Scheidel, que lo valora como «un auténtico hito en el estudio del mundo romano, apasionante, innovador y hasta revolucionario».

Kyle Harper es profesor, vicepresidente y rector del departamento Classics and Letters de la Universidad de Oklahoma. Es autor de Slavery in the Late Roman World, AD 275 – 425 (2011), y de From Shame to Sin: The Christian Transformation of Sexual Morality in Late Antiquity (2013).

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Título: El fatal destino de Roma. Cambio climático y enfermedad en el fin de un imperio
Autor: Kyle Harper
Editorial: Editorial Crítica
Temática: Historia antigua / Imperio romano
Colección: Serie Mayor
Número de páginas: 512
Fecha de publicación: 17 de enero de 2019
ISBN: 978-84-9199-063-5
Formato:
• Tapa dura con sobrecubierta: 27,90€
• eBook (Epub 2): 14,99€

Publicación: El oro del gladiador, de Andrea Schacht, ed. Anaya

El oro del gladiador_Andrea Schacht_destacado (2)Hoy damos cuenta en BlogCulturalia de una novela histórica ambientada en la antigua Roma dirigida a los más pequeños (y jóvenes). La novela se titula El oro del gladiador y su autora es Andrea Schacht, de la cual tan solo se ha publicado esta obra en castellano. Sin duda una forma amena y divulgativa de acercar a los más jóvenes a la historia y al conocimiento del mundo antiguo.

El gladiador Globulus ha fallecido en un espectáculo en el Coliseo, y la fortuna que guardaba está en un lugar desconocido. Unos jóvenes amigos del gladiador harán todo lo posible para localizar el tesoro escondido, e impedir así que el jefe de la escuela de gladiadores robe el preciado botín. Los jóvenes detectives, no obstante, se encontrarán con más de una sorpresa en el camino, ya que no todo ha ocurrido como ellos creían en un principio.
Una novela de intriga que acerca a los jóvenes lectores el mundo de la antigua Roma de una manera accesible y entretenida. En sus páginas no solo conoceremos sus aventuras, sino también datos reales sobre la época que encontraremos en el texto y en las notas de vocabulario.

Andrea Schacht nació en Alemania en 1956. Estudió Ingeniería y Administración de Empresas. En 1992 comenzó a dedicarse en exclusiva a la escritura, y la mayoría de sus libros son de temática histórica, especialmente ambientados en la Edad Media y el Imperio Romano. En muchas de sus novelas, los gatos juegan un papel importante. En la actualidad vive en Frankfurt con su gata Mira y su marido.

Título: El oro del gladiador
Autora: Andrea Schacht
Editorial: Anaya
Número de páginas: 208
Formato: Papel
Tamaño: 15 x 22 cm
ISBN: 978-84-667-7453-6
Encuadernación: Cartonado
Fecha de publicación: 09-11-2009
Colección: Narrativa infantil
Precio: 13 €

Crítica literaria: Yo, Julia, de Santiago Posteguillo, Ed. Planeta.

portada_yo-julia_santiago-posteguilloUn poco tarde, lo sabemos, pero hoy reseñamos en nuestro site Yo, Julia, una novela histórica que se distingue, así de un primer vistazo, por dos razones. La primera porque está ambientada en la Antigüedad y su protagonista principal es una mujer, algo ni mucho menos habitual en este género. La segunda porque es la última novela de Santiago Posteguillo y además su primer premio Planeta, que no es poco.

Posteguillo tras el éxito cosechado con sus trilogías sobre Escipión el Africano y Trajano, emprende un rumbo nuevo centrándose en un nuevo personaje, Julia Domna, mujer del emperador Septimio Severo y emperatriz de Roma a finales del siglo II y principios del siglo III d.C.

La novela se centra en el ascenso al poder de Severo tras la muerte del emperador Cómodo, en el que no estará solo, sino acompañado de una mujer de origen sirio que alberga una gran ambición de poder. Su único objetivo será que su marido sea proclamado emperador y crear una nueva dinastía imperial, la dinastía de los Severos.

Todo apunta maneras, aunque no siempre se alcanzan. Posteguillo hace bien en escoger un período y unos personajes no tan trillados como los habituales. Esto siempre lo hemos valorado en Culturalia. Eso le da, seguro, grandes posibilidades para confeccionar los personajes y las tramas. Pero creo que esa posibilidad no ha sido explotada al 100%. Quiero decir que el personaje de Julia Domna, desconocida por el amplio público, se acaba haciendo repetitivo a lo largo de la novela: una mujer con un solo objetivo que la hace comportarse siempre de la misma forma. El resto de los personajes se difuminarán, más o menos, ante su presencia.

La trama se inicia durante los últimos años del gobierno de Cómodo, y avanza con los de Pértinax y Didio Juliano, para finalizar en la guerra civil que enfrentó a Severo, Níger y Albino. Posteguillo no acaba de conseguir una prosa del todo adictiva, y algunas veces se hace, también, algo tediosa. Acierta por otra parte al presentarnos la historia desde las distintas perspectivas de los diversos personajes enfrentados, tanto masculinos como femeninos, y construyendo la acción con capítulos y subcapítulos cortos, lo que hace más aliviada la lectura de sus 698 páginas.

La emperatriz Julia Domna (193 – 211)

Pero aunque la novela hace referencia a Julia Domna, una mujer, gran parte de la acción, y de las páginas del libro, está protagonizada por hombres, entre ellos su marido. Hemos de pensar que si bien la novela está escrita en el siglo XXI, la trama transcurre en una sociedad masculina y patriarcal, en la que las mujeres no acostumbraban a tener demasiado contacto con el poder.

De ahí que también sea algo chocante el hecho de hacer a Julia Domna el gran cerebro político de la historia. Todas las decisiones importantes son tomadas, o mejor dicho, insinuadas por ella, y solo después ejecutadas por su marido o por los miembros de su familia, algo que no me parece demasiado realista. Aquí queda patente la pretensión demasiado “reivindicativa” del autor, que poco tiene que ver con la época que nos intenta evocar.

Sin embargo, el global de la trama es más que correcta y sorprendente en diversos momentos, tanto que obliga al autor a incorporar alguna nota a pie de página para convencer al lector de la veracidad de lo que está narrando, algo muy poco habitual en las novelas del género.

Por otra parte, Posteguillo utiliza como capítulos introductorios a las diversas secciones del libro el supuesto “Diario secreto de Galeno que permite al lector ampliar algo más el punto de vista del avance de la trama, a la par que nos posibilita conocer, aunque sea solo en la ficción, la personalidad y las inquietudes de uno de las más famosos médicos de la historia.

Además, la portada del libro es muy impactante y nos muestra a una Julia Domna que más que hacer referencia a la mujer real de los siglos III y IV nos presenta a una bella joven de tez morena, más parecida a una modelo del siglo XXI. El marketing y las tendencias actuales en la elaboración de portadas de libros tiene mucho que decir al respecto.

Yo, Julia es una propuesta arriesgada: un personajes femenino y una época no referenciada por la mayoría del público. Y aunque se ha convertido en un éxito literario (premio Planeta) y seguro, de ventas, no acaba de ser una novela histórica redonda. Aún así hará las delicias de todos aquellos que quieran sumergirse en el exotismo de la historia romana y quieran conocer la vida de uno de aquellos personajes que no por desconocido fue menos importante en la época en la que vivió.

Título: Yo, Julia
Autor: Santiago Posteguillo
Editorial: Editorial Planeta
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos
Serie: Volumen independiente
Temática: Novela histórica
Páginas: 704
Fecha de publicación: 06/11/2018
Formato
Tapa dura con sobrecubierta: 22.90 €
EBook (Epub 2): 12,34 €
NOTA CULTURALIA: 7
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Jorge Pisa