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“Estripar la terra” de La Companyia La Padrina: Rasclets de plàstic

“Aquest és un moment molt delicat.” Una de les advertències que més sonen darrerament per ennuegar les ganes d’experimentar, de canviar, de créixer. La fan servir com a amenaça els poderosos. La repetim nosaltres com si es tractés d’un mantra i així afavorim la covardia a guanyar la batalla.

Josep Maria Miró se serveix d’aquest manifest lapidari per articular una nova teranyina entorn d’una mosca que bada (l’home que lluita per reinsertar-se) i l’aranya amatent i sense miraments (amb dos caps: dos treballadors municipals mediocres que busquen amb ànsia un cap de turc). I presentat l’animalari, juga a detallar-ne l’assetjament feroç.

Miró sap angoixar els seus espectadors posant-los entre les cordes de la quotidianitat i fent-los patir per l’efecte implacable que causen les “capelletes” socials: si al “Principi d’Arquimedes” ens deixava sense alè, ara mira de repetir la fórmula sense ni tan sols dissimular. Però l’experiència li surt a mitges: D’una banda perquè no aprofita la riquesa que li ofereixen els nous personatges i el context on es mouen, de l’altra perquè minimitza aquella ambigüitat que tan bon resultat li va donar entre clor i pares talibans.

A “Estripar la terra” coneixerem el malestar conseqüent a l’arribada al grup laboral d’un nou membre quan la seva eficiència i actitud participativa posen en evidència la corrupció i l’enquistament. El tema és sucós i molt oportú en una terra cega com la nostra on de reis bornis sembla que n’hi ha a grapats.

L’obra planteja també la dicotomia entre el món professional que se sent amenaçat i l’amateurisme desinteressat com a substitutiu conjuntural. Tot plegat en un context tan obertament proper que la proposta admet una lectura gairebé simbòlica de Catalunya i el seu entossudiment de fer país que sovint passa per destruir el ciutadà que no hi dóna el perfil.

Un cop que Miró ha presentat aquests paràmetres temàtics, i mitjançant una introducció inquietant de la trama, acaba triant la història de suspens que no afegeix res de nou al panorama i que recorda massa el seu anterior èxit. A més, el dubte que en aquest fonamentava la història, aquí desapareix ja que tots sabem que l’acusat (magnífic David Marcé: vulnerable i ferotge ensems) s’ho ha buscat amb escreix.

Miró dirigeix també. I ofereix una posada en escena funcional on la intriga esdevé la reina. Els efectes sonors en són còmplices dòcils i el seus altres actors compleixen amb la resignació de saber que els personatges no constitueixen, al capdavall, més que elements circumstancials. Però nosaltres ens hem quedat amb les ganes perquè la terra demanava, més que estripar-la, travessar-la!

per Juan Marea

“Estripar la terra” es representa a La Seca-Espai Brossa fins al 27 de juliol.
http://www.laseca.cat/ca/obra/73/estripar-la-terra–josep-maria-miro/

Terra

 

Arnau Puig teixint.

Crítica teatral: La rosa tatuada, en el TNC.

LA_ROSA_TATUADA_cartellUno siempre echa de menos, en algún momento de la temporada, la representación de una obra de Tennessee Williams, o lo que es lo mismo, una reflexión sobre el alma humana amargada, para variar, por la propia materialización de la existencia. El azar teatral, sin embargo, nos había dejado, desde que a finales del 2010 finalizaron las representaciones de Gata sobre teulada de zinc calenta en el Lliure, sin poder disfrutar sobre los escenarios barceloneses de la exquisitez irreverente del autor americano. Por lo que era inconcebible pensar ni un solo momento en dejar escapar una oportunidad como la que nos ofrece el TNC con la adaptación de La rosa tatuada, una de las obras más conocidas del autor, dirigida por Carlota Subirós Bosch e interpretada en los papeles principales por Clara Segura y Bruno Oro.

Y la ocasión es sin duda recomendable debido a la consistencia del texto, a la simbología que atesora y a que, como decía antes, es un Tennessee Williams de primera fila. La historia, seguro, ya la conocen. La familia Delle Rose, de origen siciliano, vive una placida existencia en el sur de los Estados Unidos. Él, Rosario, trabaja como transportista de plátanos y de otras mercancías no tan legales para una compañía frutícola; ella, Serafina, trabaja en casa como modista. Ambos han creado un hogar donde predomina el amor y la plenitud de la pasión sexual, de la cual ha nacido su hija Rosa. Todo ello acaba inesperadamente con la muerte de Rosario durante uno de sus transportes. La morada de los Delle Rose queda sumida en el duelo y la desesperación más profunda al no aceptar Serafina el trágico final de su marido, un dolor que, además, le hace perder el hijo del que está embarazada.

El paso del tiempo no consigue, sin embargo, que la cordura regrese al hogar de los Delle Rose. Serafina vive recluida en su casa, dominada por las cenizas de su difunto marido y por la imagen de la Madre de Dios, sin dirigirle la palabra a los vecinos e imponiendo una reclusión casi absoluta a su hija. Una situación que se complicará aún más al descubrir Serafina la posible infidelidad en el pasado de su marido y cuando tanto ella como su hija entren en contacto de nuevo con el mundo sexual de los hombres, hecho propiciado por la llegada accidental de Alvaro Mangiacavallo, un transportista de fruta que posee un gran parecido físico con Rosario y por el conocimiento por parte de Rosa de un chico en el baile del instituto.

La rosa tatuada nos permite echar una mirada no tan solo a la sociedad norte-americana de los años 50, y más concretamente a la población europea emigrada al nuevo continente, sino que nos posibilita al mismo tiempo atisbar parte de la personalidad del autor del texto. Por lo que respecta a lo primero la obra nos introduce en el hogar de una familia de origen siciliano de la costa sur de los Estados Unidos, y nos muestra la interrelación de los miembros de esta con la sociedad americana conservadora del momento. Aquí hallamos un primer choque cultural entre tradiciones y formas de pensar europeo-católico-mediterráneas y las propias de la cultura anglo-norteamericana.

_DSC1881Todo ello acentuado por el comportamiento “insano” de Serafina tras la muerte de su marido, que provocará rumores en la comunidad. Sin embargo, la llegada de Alvaro hará nacer de nuevo en ella el deseo. Una pasión basada en parecidos y en necesidades que les servirá a ambos para lograr una nueva oportunidad y reconducir sus vidas. Una pasión, además, simbolizada en la obra a partir de la rosa, ya sea esta la tatuada en el pecho de Rosario, la sobrenatural rosa que aparece y desaparece en el de Serafina, o la omnipresencia del nombre, del símbolo y del color de la rosa a lo largo de toda la representación.

Por lo que respecta a la personalidad del dramaturgo podemos detectar en la obra la familiaridad de Williams con la enfermedad mental que sufrió su propia hermana, con la cual mantenía una relación muy cercana y su turbulenta vida sexual y sentimental en los Estados Unidos profundamente conservadores de los años 50.

En el apartado de las interpretaciones la obra ofrece una oportunidad inmejorable a la actriz principal de la historia, que no es otra que Clara Segura, que hace suyo un personaje, el de Serafina Delle Rose, de forma magistral. En el apartado masculino, sin embargo, Bruno Oro no acaba de darle a su papel el registro necesario, (un registro tennessewilliano, diría yo), por lo que la química entre los dos personajes principales no acaba de estallar como debería hacerlo. Ambos están rodeados por el buen hacer de una troupe de actores y personajes entre los que hallamos, entre otros, a Alícia González Laá, Oriol Genís, Antònia Jaume, Marta Ossó o Teresa Urroz. La dirección de Carlota Subirós alimenta, por otra parte, la naturalidad de las interpretaciones para dar la mayor viveza al dramatismo de la historia y la inmaterialidad del contexto escenográfico.

Si nos fijamos, pues, en la composición de la obra observamos el atrevimiento que comporta la elección de la escenografía, en la cual la vivienda de los Delle Rose se materializa como un cubículo que gira sobre sí mismo y sobre el que se proyectan imágenes y coloridos a lo largo de la obra. Si bien esta apuesta sorprende por su audacia artística, el aislamiento de la vivienda sobre un escenario vacío enorme hace difícil captar el contexto espacial y social de la obra, dejándola en un limbo difícil de concretar para el espectador. A esto se suma la opción por una iluminación de poca intensidad y el uso de tonalidades musicales de ritmo étnico, con el objetivo de darle un toque más intimista a la representación y apelar a aquello más emocional que uno lleva dentro.

Representar un Tennessee Williams es algo siempre dificultoso y el TNC sale en parte airoso de su intento gracias, sobre todo, a la espléndida e íntima interpretación de Clara Segura. Aún así, y como les decía, La rosa tatuada es una oportunidad lustrada para degustar la artesanía de los sentimientos propia de un autor que analizaba en cada una de sus obras la complicada trabazón de sentimientos que todos llevamos dentro, ya sea en los Estados Unidos de los años 50 o en la Cataluña de principios del siglo XXI.

La rosa tatuada” se representa en el TNC del 12 de diciembre de 2013 al 2 de febrero de 2014.

Autor: Tennessee Williams
Traducción y dirección: Carlota Subirós
Reparto: Clara Segura, Bruno Oro, Pepo Blasco, Rosa Cadafalch, Màrcia Cisteró, Montse Esteve, Oriol Genís, Alícia González Laa, Antònia Jaume, David Marcé, Marta Ossó y Teresa Urroz
Escenografía: Max Glaenzel
Vestuario: Marta Rafa
Iluminación: Mingo Albir
Sonido: Damien Bazin
Caracterización: Àngels Salinas
Producción: Teatre Nacional de Catalunya

Horarios: de miércoles a sábado a las 20:00 horas y domingos a las 18:00 horas (domingo 5 de enero no hay función).
Precio: de 14 a 28 €
Duración:
  Primera parte 1 hora y 45 minutos
Entreacto de 15 minutos
Segunda parte 45 minutos.
Idioma: catalán
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Jorge Pisa Sánchez

Crítica teatral: “Shopping and Fucking” de la Compañía Ferran Vilajosana-Oriol Rovira: Bajarse a la vida


A callarse todos. Y a desesperarse. Porque la sociedad de consumo nos reclama y no se conforma con guiñarnos el ojo, sino que quiere aplastarnos sin derecho a reclamación ni mucho menos a devolvernos dinero alguno.

Tampoco el sexo nos liberará del pesar de sentirnos adquiridos, utilizados y finalmente vaciados. Ni hablar: Suframos lo indecible relacionándonos mal unos con otros a golpe de coito mal ejecutado y de intentar alejar con ello cualquier pretensión de realizarnos emocionalmente.

ImageVacío interior a punto de liberarse.

Con “Shopping &Fucking” de Mark Ravenhill nos vamos todos, personajes, actores y espectadores, de compras y follamos compulsivamente para sentirnos mejor. A un gran centro comercial donde los productos de oferta son un puñado de jóvenes desnortados aunque con las ideas muy claras. Ahí radica uno de los grandes aciertos de la pieza: La marginalidad en la que viven sumidos la perseverante Lulu (espléndida Clara Lago), el disciplinado Mark (impecable David Marcé), el apasionado Robbie (vigoroso Ferran Vilajosana) y el coherente Gary (conmovedor Quim Àvila) y acrecentada por la mirada adulta de un embaucador-pigmalión Brian (contundente aunque algo histriónico Mingo Ràfols) se ve frenada y finalmente anulada por una actitud determinante de todos aquellos frente a la adversidad repleta de entusiasmo vital. Del bueno. Que rezuma por debajo de una estrafalaria trama en la que parece que todas las catástrofes sociales tenían hora simultánea. Esto sí que es una gozada. Porque el texto se vale de materiales efectistas (tan a menudo malogrados en otras propuestas superficiales) para llegar a un fondo de autenticidad individual gracias al apoyo del grupo.

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Un grupo repleto de individuos

En esta especie de cruce entre la “Perversidad sexual en Chicago” de David Mamet (por su enfoque del sexo desbocado como catalizador de la frustración existencial cotidiana) y “Bajarse al moro” de Alonso de Santos (ese espíritu solidario de animosa supervivencia), asistimos con impaciencia a los vaivenes del acontecer diario de estos perdedores-ganadores, impregnándonos de la comicidad de sus momentos más trágicos (como la vida misma, ¡qué caray!). Oriol Rovira, director del espectáculo, apuesta fuerte por la dirección de actores y gana a pesar de una puesta en escena funcional que hubiese agradecido cierto riesgo: Al arranque de la historia (impecable en el ritmo), vamos sumando momentos como el del monólogo de Lago sobre la barrita de chocolate o su disertación sobre la globalización a partir de la comida envasada en monorraciones (que, además, prueban la excepcional actriz teatral que es) que se mezclan con escenas estremecedoras por su dramatismo y crudeza (la sodomización exigida como parte de una terapia y religiosamente ejecutada de manera ejemplar por los tres actores jóvenes restantes; el encuentro en el probador de ropa donde Marcé y Àvila intentan convencerse de que están enamorados). Y cuando emerge el final feliz (algo tardío, puesto que la obra adolece de cierta reiteración de escenas que perjudican parcialmente el ritmo de la obra) para sorpresa de todos, no solo lo aceptamos. También lo elogiamos.

Nos los llevamos a todos. Y no hará falta que nos los envuelvan.

 por Juan Marea

Teatre Tantarantana
c/ de les Flors, 22 de Barcelona
del 2 al 19 de mayo
Autor: Mark Ravenhill
Dirección y traducción: Oriol Rovira
Actores: Clara Lago,David Marcé, Ferran Vilajosana, Mingo Ràfols, Quim Àvila
Diseño de escenografía y vestuario: LaCol
Diseño de iluminación: Isidro Ortiz
Espacio sonoro: Blai Barba
Caracterización: Anna Álvarez

Crítica teatral: Una història catalana, en el TNC.

Foto_historia_catalana_12_13_cartellA_David_Ruano_TNCEl TNC recupera Una història catalana, una obra de Jordi Casanovas estrenada durante la temporada 2010/2011 dentro del marco del Projecte T6 en la clausurada temporalmente Sala Tallersel primer capítulo de la trilogía con la cual el autor analiza la realidad catalana desde los tiempos de la transición al periodo de la Cataluña post-olímpica.

Parece, pues, que la buena fortuna de Casanovas y de la sala FlyHard alcanza a todas las propuestas que emanan del espacio en cuestión. No solo diversos espectáculos estrenados en la sala han alcanzado a representarse en otros teatros, entre ellos Smiley en el Club Coliseum o La terra oblidada en la Sala Atrium, sino que el Lliure y el TNC apuestan por los textos escritos por Casanovas, como en el caso de Pàtria, cuyas representaciones se prorrogaron en el Teatre Poliorama o la obra a la que hace referencia esta crítica, Una història catalana, escrita y dirigida por el propio Casanovas, que disfruta de una segunda vida actualizada, como si hubiera alcanzado la mayoría de edad, en la Sala Gran del TNC.

Una història catalana realiza un análisis del pasado reciente de la historia de Catalunya, a través de un triple encuadre: Un pueblo de montaña del Pallars que quiere aprovechar la llegada de la democracia y la modernidad para desarrollar económicamente la región; la experiencia sur-americana de un revolucionario catalán en Nicaragua y la voluntad de un quinqui barcelonés de apartarse de la ilegalidad y convertirse en un “honrado” hombre de negocios. Las tres historias, que en un principio nos pueden parecer independientes, se irán entrelazando a medida que avanza la obra, para llevarnos a un final combinado que prefigura el drama de la Catalunya actual.

Foto_historia_catalana_12_13_9_A.HerreraA_David_Ruano_TNCCasanovas, fiel a su estilo creativo, construye un texto adherido, como una segunda piel, a la realidad cotidiana del momento en el que están ambientadas las tres historias. Si en Pàtria intentaba examinar el contexto social y político que ha llevado a la convulsa situación que vive Cataluña en la actualidad, en su intento de desprenderse de todos los males pretendidamente ocasionados por el dominio español ejercido desde Madrid, Una història catalana pretende analizar el trayecto que ha llevado a ello. En este caso no desde un punto de vista político sino desde un enfoque más cotidiano, el experimentado por la gente de a pie, por aquellos que como decía el ex-presidente Pujolviven y trabajan en Catalunya“.

Por eso el abanico de personajes y realidades de la obra es amplio: los habitantes de un pueblo de montaña aferrados a mitos, costumbres y odios ancestrales; la actividad revolucionaria de un emigrante catalán en Latinoamérica o las ansias de enriquecimiento e integración de los emigrantes y de los hijos de emigrantes de origen español que llegaron a Cataluña a partir de la década de los años 60. Unas historias personales que, como en la vida real, se mezclan, se entrelazan en su quehacer diario, construyendo una realidad social, económica y política compleja que desafía las visiones monolíticas de políticos (y no políticos) de uno y otro bando que se obstinan en no querer ver la realidad plural y diversa que muestra Cataluña en la actualidad.

Casanovas desarrolla, pues, su propuesta a partir de una actuación coral en la que los diez actores y actrices que componen el reparto de la obra irán adoptando identidades diferentes en relación a la triple contextualidad escénica que posee la obra. Todo ello enmarcado en un escenario totalmente vacío y oscuro que se iluminará y amueblará dependiendo del episodio al que corresponde en cada momento la representación. Así, pues, las interpretaciones de cada uno de los actores son tan diversas como las realidades que encarnan, que se basan también, en las diferencias idiomáticas, desde el catalán cerrado de los habitantes de un pueblo de montaña, el castellano hablado por un revolucionario catalán en Nicaragua o el catalán/castellano propio de un inmigrante español criado en el barrio de la Mina de Barcelona.

Foto_historia_catalana_12_13_12A_David_Ruano_TNCLa obra consta de tres actos y dos pausas que suman un total de casi tres horas de representación. Una estructuración escénica que posibilita la existencia de un final del segundo acto memorable (de los más impactantes a los que uno ha asistido) por la deconstrucción de la realidad escénica que comporta y por el uso del tema The Ecstacy Of Gold, del muchas veces insuperable Ennio Morricone, que le transmite al momento un clímax avanzado y que introduce musicalmente la crueldad que reinará en la última parte de la obra.

Casanovas, sin embargo, crea una obra demasiado larga que peca, además, justamente en su parte final, de un desarrollo algo extravagante que desbarata el realismo que marcaba, en gran medida, el avance de la obra, en favor de un desenlace tipo western, que sorprende y desconcierta al mismo tiempo. Un final que fuerza, incluso, al espectador a cambiar de perspectiva, oséase, de butaca, como si de esta forma se materializara la transmutación que sufre la obra que se está contemplando.

Una obra, pues, que impacta por momentos pero que pierde fuelle a medida que avanza su representación, debido, sobre todo, a la hipérbole de su tramo final, que recuerda en parte al hiperdramatismo de Sopar amb batalla, otra de las obras de Casanovas estrenada en el Versus teatre, y que nos muestra, al menos en parte, la naturaleza de la dramaturgia del autor.

Si bien, Una història catalana apuesta por una acertada presentación de los variado de la realidad social e histórica catalana, pierde parte de su sentido en su plasmación textual y escénica. Hará falta, para una valoración final del proyecto estructurado, como saben, en una trilogía, esperar a ver su tercera entrega que llevará el título de Vilafranca, y que sin duda marcará lo acertado de un propósito difícil e incierto, aunque bienintencionado.

Una història catalana” se representa en la Sala Gran del TNC del 27 de febrero al 7 de abril de 2013.

Autor: Jordi Casanovas
Dirección: Jordi Casanovas
Reparto: Lluïsa Castell, David Marcé, Pep Cruz, Borja Espinosa, Andrés Herrera, Alícia Pérez, Vicky Luengo, Lurdes Barba, David Bagés y Mariona Ribas
Escenografía: Sebastià Brosa y Elisenda Pérez
Vestuario: Albert Pascual
Iluminación: David Bofarull
Sonido: Damien Bazin y Roc Mateu
Caracterización: Lucho Soriano
Asesoramiento lingüístico: Noëlia Motlló (OLLPP-UdL) y Ramon Sistac (OLLPP-UdL)
Producción: Teatre Nacional de Catalunya

Horarios: de miércoles a viernes a las 20:00 horas; sábados a las 21:30 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: de 19,05 a 38,09 €

Duración de la obra:
Primera parte: 1 hora
Entreacto: 10 minutos
Segunda parte: 1 hora
Entreacto: 20 minutos
Tercera parte: 50 minutos