Es esta una propuesta que se propone actualizar el texto de Tirso de Molina que creó uno de los mitos literarios espaƱoles mĆ”s universales, el Don Juan Tenorio. Un delicado texto que juega deliciosamente con el idioma y con la rima y que es un deleite para los oĆdos, una joya literaria en sĆ misma, aunque difĆcil de adaptar a los tiempos actuales.
La escenografĆa tampoco ayuda a la comprensión de la adaptación, presidiendo en medio del escenario una gran estructura rectangular que hace las veces de mesa, tĆ”lamo, sepultura e, incluso, de rostra para las recriminaciones femeninas, pero que no ayuda a la representación.
Albertà ha intentado dar una nueva forma algo mÔs moderna, que no mucho, a un clÔsico del Siglo de Oro, pero, por desgracia no parece haber alcanzado el acierto de su intento anterior con la versión de El gran mercado del mundo de Calderón de la Barca, estrenada en el TNC en el año 2019.
AĆŗn asĆ, El burlador de Sevilla nos permite deleitarnos del fino uso de la lengua que Tirso de Molina fraguó en sus obras, que representa un valor quasi-arqueológico literaria y teatralmente y que vale la pena disfrutar por su excelencia y por la fina ironĆa que acompaƱa a las palabras tejidas por el autor.
Y respecto al personaje, que mĆ”s decir, ya que las gestas amorosas de Don Juan Tenorio se precipitan, en la actualidad, hacia el abismo del comportamiento machista y tóxico, algo que desnaturaliza la recepción de la obra y nos hace pensar en cómo ha cambiado nuestra sociedad al respecto… aunque Gira, il mondo gira…
«El burlador de Sevilla» se representa en el Teatre Grec del 3 al 4 de julio de 2022.
Versión y dirección: Xavier AlbertĆ Dramaturgia: Albert Arribas Interpretación: JonĆ”s Alonso, Miguel Ćngel Amor, Cristina Arias, Mikel Arostegui Tolivar, Rafa Castejón, Antonio Comas, Alba EnrĆquez, Lara Grube, Ćlvaro de Juan, Arturo Querejeta, Isabel Rodes, David Soto Giganto, Jorge Varandela EscenografĆa: Max Glaenzel Iluminación: Juan Gómez-Cornejo Vestuario: Marian GarcĆa Milla Espacio sonoro: Mariano GarcĆa
El TNC estrenó el pasado 21 de abril Els homes i els dies, una propuesta arriesgada que trata la vida y las reflexiones del escritor catalÔn David Vilaseca, vertidas en un dietario que abarca su vida desde los 23 a los 46 años.
Ā«Xavier AlbertĆ dirige la adaptación teatral de Josep Maria Miró de Els homes i els dies que convierte al yo, los miedos, el sexo y otras vivencias personales en literatura de alto vuelo. La novela es la autobiografĆa póstuma de David Vilaseca, donde encontramos una voz poderosa y una literatura provocadora y estimulanteĀ».
De ahĆ que la representación tenga mĆ”s de monólogo, en el que el protagonista interactĆŗa con el resto de los personajes o con los recuerdos que de ellos tenĆa cuando escribĆa su dietario. Por ello, son las reflexiones del propio Vilaseca sobre sĆ mismo, su vida y el mundo en el que le ha tocado vivir, las que nutren la esencia de la dramaturgia.
El resultado final es un escenario-composición donde se muestran los claros-oscuros de la existencia humana en el que todos y todas nos movemos a lo largo de la vida y que confirma que lo mÔs importante no son los logros y los fracasos que nos acontecen en la vida, si no la actitud que cada uno de nosotros tomamos ante ella.
Una propuesta muy interesante para re-descubrir un mundo que dejamos atrƔs hace tiempo, pero que siempre, mientras vivamos, estarƔ presente en nuestras vidas.
Llega al TNC, en medio de la pandemia, uno de los momentos de la temporada teatral, con el estreno el pasado 11 de febrero de La nit de la iguana, uno de los textos mƔs reconocidos de Tennessee Williams, estrenado en el aƱo 1961 y que dirige de lleno nuestra mirada hacia el declive y la crisis vital.
Lo primero que sorprende de la versión de Carlota Subirós cuando uno entra a la Sala Gran del TNC es la exuberante escenografĆa, obra de Max Glaenzel, que nos muestra la terraza del hotel mejicano en el que se desarrolla el drama humano en el que nos embarca el dramaturgo estadounidense. Y este no es otro que el anĆ”lisis de la insolvencia vital de los protagonistas de la obra.
La versión de Subirós es valiente, como lo ha de ser cualquier adaptación de Williams, en la que destaca, como decĆa, una escenografĆa pletórica y las interpretaciones del reparto. El texto estĆ” fabricado para el lucimiento del protagonista principal, el reverendo Shannon, interpretado por Joan Carreras, que provee al carĆ”cter de una naturaleza quebradiza de alto voltaje. Nora Navas no acaba de perfilar del todo su personaje de viuda Faulk; MĆ rcia Cisteró configura, por su parte, una interpretación plĆ”cidamente apasionada y LluĆs Soler cumple en la encarnación de un personaje secundario pero importante para el relato de la obra.
Ā”El terror que se desencadenó hace casi veinte aƱos vuelve a repetirse! Ā”Dos personas distintas!, Ā”Un escenario diferente! La lĆnea entre el bien y el mal vuelve a cruzarse⦠El monstruo interior ha despertado. El camino hacia la libertad estĆ” plagado de trampas⦠”Comienza Paraules Encadenades!
Un psicópata ha secuestrado a una psicóloga a la que mantiene amordazada y atada a una silla. Le ha anunciado los planes que tiene para ella y no son nada halagüeƱos. La chica esta en inferioridad de condiciones y tendrĆ” que usar su ingenio para sobrevivir. Va a dar comienzo el juego del gato y el ratón, va a empezar el terror…
Mima Riera interpreta a la psicóloga secuestrada, una actriz con amplia experiencia en el teatro y en pelĆculas, y que da credibilidad al papel de atrapada, en inferiores condiciones, pero no desarmada y con una gran fortaleza interior.
Si te gustan las pelĆculas de psicópata que mantiene secuestrada a su vĆctima y establecen una conversación con vĆnculos, en que el desastre esta siempre latente, no lo dudes. No hay sustos, ni efectos, pero si tensión dosificada y latente, muy poco espacio para el humor aunque algo hay para aligerar los nervios, pero no te vas aburrir. Paraules encadenades es una caja de sorpresas (a veces demasiadas), una montaƱa rusa que te puede explotar en la cara. Una obra dura y sin concesiones, sin buen rollito. Y que incluso nos harĆ” pensar en las relaciones de pareja. Dos personas y su interior, la balanza entre el bien y el mal, entre la cordura y la locura, es muy fina e intercambiable, o eso nos puede parecer.
«Paraules encadenades» se representa en La Villarroel hasta el próximo 6 de agosto de 2017.
Horarios: de martes a sÔbado a las 20:30 horas y domingos a las 18:00 horas Precio: 24⬠Idioma: catalÔn Duración: 1 hora y 30 minutos NOTA CULTURALIA: 8
Hasta el próximo 5 de junio el Teatre Lliure de GrĆ cia programa Maria Estuard, una de las obras escritas por el dramaturgo e historiador alemĆ”n Friedrich Schiller, que repasa los Ćŗltimos dĆas de la vida de la reina de Escocia Maria Estuardo y el entramado de intrigas e intereses polĆticos que llevaron a su muerte.
La propuesta del Lliure, liderada por Sergi Belbel, nos plantea un entorno polĆtico-histórico clĆ”sico, que no es otro que el de la lucha por el poder, en el caso de la obra de Schiller, el disputado por dos grandes reinas, la escocesa MarĆa Estuardo y la inglesa Isabel I.
La obra, que posee una marcada influencia shakesperiana, estĆ” planteada en una nueva lectura que contempla tan solo la presencia de siete de los personajes originales. De esta forma Maria Estuard, nos lleva des del principio a la raĆz del conflicto polĆtico y humano que se vierte sobre el escenario, y que no es otro que el enfrentamiento entre dos reinas, y dos mujeres, por laĀ idea del poder y de la legalidad, en un momento, el siglo XVI, en el que la lucha por la imposición de la autoridad real y la disputa religiosa entre católicos y protestantes se extendĆa por Inglaterra y por gran parte de Europa.
Este conflicto entre reinas desatado sobre el escenario nos permite, asĆmismo, reflexionar sobre el contexto polĆtico que vivimos actualmente tanto en CataluƱa como a nivel nacional, ya sea la situación que ha llevado a la repetición de las elecciones en el Parlamento espaƱol, como sobre la tentativa en CataluƱa de crear un nuevo estado independiente, desacreditada desde su mismo inicio por su propia naturaleza claramente partidista.
Maria Estuard es una nueva muestra de lo acertado, a veces, de la programación del Teatre Lliure, y de la capacidad de los clÔsicos de proporcionarnos elementos y cavilaciones vÔlidas para interpretar la realidad que rodea nuestras existencias.
A nadie se le escapa lo importante que es el dinero en la sociedad en la que vivimos, ni lo sorprendente que serĆa que hallĆ”ramos cantidades ingentes de dinero en nuestro hogar sin una causa u origen aparente. Seguramente nuestro comportamiento y nuestros hĆ”bitos se verĆan seriamente afacetados por este inesperado hallazgo. Esta es la idea que subyace a Caiguts del cel, una comedia con toques de fantasĆa trĆ”gica que se representa en el Teatre Condalhasta el 22 de noviembre.
Ā«La vida tranquila y feliz de una pareja pequeƱoburguesa de mediana edad se ve trastornada bruscamente cuando, un buen dĆa, sin motivo ni explicación aparente, empieza a aparecer dinero dentro del comedor de su casa. La situación se lĆa cuando se ven implicados la mujer de la limpieza de la pareja, que es extranjera, y un peculiar vecino muy inquietante. Y todo, para llegar a un final absolutamente inesperadoĀ».
Caiguts del cel es principalmente una comedia que parece escrita para ser interpretada por un un actor como Jordi Bosch. La propuesta posee de esta forma los ingredientes necesarios para hacer reĆr, y pasar un buen rato, al pĆŗblico: una situación que mezcla fantasĆa y misterio; el salón de una vivienda con su inexcusable sillón y una suma de situaciones y despropósitos relacionados con un dinero que comienza a aparecer enigmĆ”ticamente y que por supuesto afectarĆ” a las tranquilas existencias de los protagonistas.
Si hasta aquĆ todo parece que camina hacĆa buen puerto, la materialización del proyecto no acaba de ser todo lo acertada que deberĆa. Para empezar parece que el casting no es el mĆ”s apropiado para la obra. Si Bosch consigue fĆ”cilmente hacerse creĆble, como siempre, en un papel cómico, su pareja artĆstica, Emma Vilarasau parece no estar en el tono correcto, lo que hace que la quĆmica entre los dos personajes se resienta. Los secundarios tienen un papel bastante reducido en el global de la obra, si bien Carles MartĆnez estĆ” uno o dos tonos de voz por arriba de lo que su personaje requiere, aunque su vis cómica se hace evidente a lo largo de la representación. Por Ćŗltimo Anna Barrachina estĆ” mĆ”s que correcta en su papel de Ā«asistentaĀ» rusa.
«Fedra, enamorada de su hijastro Hipólito y empujada por su confidente, Enona, confiesa su pasión. Herida por el rechazo de Hipólito, ella no puede esconder sus sentimientos ante su esposo y rey de Atenas, Teseo. Azotada por un profundo sentimiento de culpa, Fedra se adentra en un infierno personal. Su pasión desbordante e irrefrenable la conducirÔ, a ella y al resto de personajes, a un trÔgico destino».
Con la Fedra de Racine, dirigida por Belbel y acompaƱada por un nutrido cuerpo de contrastados actores y actrices, asistimos al atropello de pasiones, deseos y tumultos que tan del gusto era de los antiguos, y que a los espectadores del siglo XX les queda, puede, algo lejos, si no es en lo que se refiere a la creatividad artĆstica, la puesta en escena y el registro de las interpretaciones. En el caso que nos toca, no todo estĆ” a la misma altura.
Hay que ser conscientes, por otra parte, de que la interpretación de la obra se embellece, a la par que se dificulta, con la plasmación de los originales versos alejandrinos escritos por Racine, adaptados por el propio Belbel, que parecen aĆŗn no asumidos en la declamación por los actores, algo comprensible la noche del estreno, y que a veces complica la comprensión de un texto riquĆsimo y complejo por sĆ mismo.
De todo ello podemos resumir que, si bien la forma es muy bella, al espectÔculo le falta precisión y aroma interpretativos. Esperemos que su propia desenvoltura en el tiempo sea lo necesariamente corregidora para llegar a la simbiosis dramÔtica que requiere el espectador, no por otra Fedra nos habla de las pasiones, en este caso la amorosa y la sexual, del sentimiento de culpa, del amor no correspondido, de los tabús que acompañan a la civilización y de las consecuencias trÔgicas de nuestros hechos, sean estos los que sean, algo que desde siempre y por siempre acompañarÔn al ser humano en su singladura existencial.
Uno siempre echa de menos, en algĆŗn momento de la temporada, la representación de una obra de Tennessee Williams, o lo que es lo mismo, una reflexión sobre el alma humana amargada, para variar, por la propia materialización de la existencia. El azar teatral, sin embargo, nos habĆa dejado, desde que a finales del 2010 finalizaron las representaciones de Gata sobre teulada de zinc calenta en el Lliure, sin poder disfrutar sobre los escenarios barceloneses de la exquisitez irreverente del autor americano. Por lo que era inconcebible pensar ni un solo momento en dejar escapar una oportunidad como la que nos ofrece el TNC con la adaptación de La rosa tatuada, una de las obras mĆ”s conocidas del autor, dirigida por Carlota Subirós Bosch e interpretada en los papeles principales por Clara Segura y Bruno Oro.
Y la ocasión es sin duda recomendable debido a la consistencia del texto, a la simbologĆa que atesora y a que, como decĆa antes, es un Tennessee Williams de primera fila. La historia, seguro, ya la conocen. La familia Delle Rose, de origen siciliano, vive una placida existencia en el sur de los Estados Unidos. Ćl, Rosario, trabaja como transportista de plĆ”tanos y de otras mercancĆas no tan legales para una compaƱĆa frutĆcola; ella, Serafina, trabaja en casa como modista. Ambos han creado un hogar donde predomina el amor y la plenitud de la pasión sexual, de la cual ha nacido su hija Rosa. Todo ello acaba inesperadamente con la muerte de Rosario durante uno de sus transportes. La morada de los Delle Rose queda sumida en el duelo y la desesperación mĆ”s profunda al no aceptar Serafina el trĆ”gico final de su marido, un dolor que, ademĆ”s, le hace perder el hijo del que estĆ” embarazada.
El paso del tiempo no consigue, sin embargo, que la cordura regrese al hogar de los Delle Rose. Serafina vive recluida en su casa, dominada por las cenizas de su difunto marido y por la imagen de la Madre de Dios, sin dirigirle la palabra a los vecinos e imponiendo una reclusión casi absoluta a su hija. Una situación que se complicarĆ” aĆŗn mĆ”s al descubrir Serafina la posible infidelidad en el pasado de su marido y cuando tanto ella como su hija entren en contacto de nuevo con el mundo sexual de los hombres, hecho propiciado por la llegada accidental de Alvaro Mangiacavallo, un transportista de fruta que posee un gran parecido fĆsico con Rosario y por el conocimiento por parte de Rosa de un chico en el baile del instituto.
La rosa tatuada nos permite echar una mirada no tan solo a la sociedad norte-americana de los años 50, y mÔs concretamente a la población europea emigrada al nuevo continente, sino que nos posibilita al mismo tiempo atisbar parte de la personalidad del autor del texto. Por lo que respecta a lo primero la obra nos introduce en el hogar de una familia de origen siciliano de la costa sur de los Estados Unidos, y nos muestra la interrelación de los miembros de esta con la sociedad americana conservadora del momento. Aquà hallamos un primer choque cultural entre tradiciones y formas de pensar europeo-católico-mediterrÔneas y las propias de la cultura anglo-norteamericana.
Todo ello acentuado por el comportamiento Ā«insanoĀ» de Serafina tras la muerte de su marido, que provocarĆ” rumores en la comunidad. Sin embargo, la llegada de Alvaro harĆ” nacer de nuevo en ella el deseo. Una pasión basada en parecidos y en necesidades que les servirĆ” a ambos para lograr una nueva oportunidad y reconducir sus vidas. Una pasión, ademĆ”s, simbolizada en la obra a partir de la rosa, ya sea esta la tatuada en el pecho de Rosario, la sobrenatural rosa que aparece y desaparece en el de Serafina, o la omnipresencia del nombre, del sĆmbolo y del color de la rosa a lo largo de toda la representación.
Por lo que respecta a la personalidad del dramaturgo podemos detectar en la obra la familiaridad de Williams con la enfermedad mental que sufrió su propia hermana, con la cual mantenĆa una relación muy cercana y su turbulenta vida sexual y sentimental en los Estados Unidos profundamente conservadores de los aƱos 50.
En el apartado de las interpretaciones la obra ofrece una oportunidad inmejorable a la actriz principal de la historia, que no es otra que Clara Segura, que hace suyo un personaje, el de Serafina Delle Rose, de forma magistral. En el apartado masculino, sin embargo, Bruno Oro no acaba de darle a su papel el registro necesario, (un registro tennessewilliano, dirĆa yo), por lo que la quĆmica entre los dos personajes principales no acaba de estallar como deberĆa hacerlo. Ambos estĆ”n rodeados por el buen hacer de una troupe de actores y personajes entre los que hallamos, entre otros, a AlĆcia GonzĆ”lez LaĆ”, Oriol GenĆs, Antònia Jaume, Marta Ossó o Teresa Urroz. La dirección de Carlota Subirós alimenta, por otra parte, la naturalidad de las interpretaciones para dar la mayor viveza al dramatismo de la historia y la inmaterialidad del contexto escenogrĆ”fico.
AsĆ, pues, la voluntad del prĆncipe Conti generarĆ” el enfrentamiento entre dos formas de entender el teatro y la vida: la alta cultura que representa Elomire y el teatro mĆ”s popular y de entretenimiento que defiende Valere.
El resto de actores quedan relegados, decisión del propio autor de la obra, a un segundo plano, del que solo se liberarĆ”n en parte en el segundo acto de la obra. Tan solo la actuación de Carles MartĆnez, que interpreta a Bejart, el hombre de confianza de Elomire, consigue individualizarse en esta neblina actoral de carĆ”cter unamuniano, hecho que le permite tomar algo mĆ”s de presencia en el desarrollo de la representación.
Y la temĆ”tica, como les decĆa, no deja de ser interesante en la propia trama y en su traslación al mundo en el que hoy vivimos. ĀæEl arte por ser arte ha de mantener siempre un carĆ”cter elevado? ĀæExiste alguna forma de que la alta cultura, representada por los aburridos dramas que escribe Elomire, pueda agradar a una población que busca principalmente entretenimiento en los sectores de la cultura como el teatro, el cine o la literatura? ĀæEl arte, el entretenimiento y el consumo popular pueden llegar a entenderse, o el resultado siempre serĆ” una traición artĆstica y una concesión hacia lo popular, hacia lo comercial?
La BĆŖte, como les decĆa, es una reflexión sobre el teatro desde el mismo teatro, pero al mismo tiempo es un deleite: por su texto en verso, por su humor elevado, por sus magnĆficas interpretaciones; por un decorado espectacular de pequeƱo formato y porque pone sobre el escenario, y nunca mejor dicho, el debate sobre la cultura.
āLa BĆŖteā se representa en el TNC del 24 de octubre al 25 de noviembre de 2012.
Autor: David Hirson
Traducción: Joan Sellent
Dirección: Sergi Belbel
Reparto: Jordi Boixaderas, Carles MartĆnez, Gemma MartĆnez, Pepo Blasco, MĆriam Alamany, Manuel Veiga, Anna Briansó, Jordi Bosch, Abel Folk y Queralt Casasayas
EscenografĆa: Max Glaenzel
Vestuario: Maria Araujo
Iluminación: Kiko Planas
Sonido: Jordi Bonet
Movimiento: Anna Briansó
Caracterización: Toni Santos
Producción: Teatre Nacional de Catalunya y Bitò Produccions
Macbeth es una de las obras Ā«de referenciaĀ» de Shakespeare y, por extensión, del teatro universal. Una circunstancia que ha motivado la realización de una gran variedad de versiones de la pieza a las mĆ”s diversas circunstancias y contextos sociales, polĆticos e históricos.
Macbeth nos habla sobre la ambición, sobre los instintos humanos que subyacen a cualquier tipo de cultura, de aquellos que por esta razón nos hacen humanos y, por ello, se convierte en un clÔsico, en una obra vÔlida en cualquier tiempo, ya sea el mÔs vetusto de los pasados como el mÔs flamante de los futuros. Y Rigola acondiciona la obra a la situación en la que vivimos, en la que la ambición de unos pocos ha llevado, como en el argumento de la obra, a la destrucción y a la muerte, ya sea de personas, de formas de pensar o de sistemas de organización.
Por desgracia, los elementos mĆ”s mitigados por los efectos de la adaptación de Rigola han sido el interpretativo y el argumentativo. El resultado es una obra difĆcil de seguir e incluso de entender, si es la primera vez que el espectador se enfrenta al texto. La suma de escritos, propios y nuevos, y la interpretación estĆ”tica o descontextualizada de los actores en diversos momentos de la representación, buscada por el director, hace que el seguimiento de la obra sea difĆcil. Rigola juega incluso con los formatos, ya sea a la hora de declamar el texto como en el estilo de la representación. De allĆ nace la dualidad de escenografĆas que diferencia el primer y el segundo acto, invadiendo este Ćŗltimo de un blanco irreal y fantasmagórico que envuelve los cuerpos desnudos de sus principales protagonistas, que se embadurnan de la sangre, propia y ajena, que han provocado o provocarĆ” su ambición.
Rigola, deja algo de lado el hecho de que el teatro, tal como se concibe en la actualidad, es un producto cultural y comercial y que ha de llegar al pĆŗblico de una forma asequible, ya que si no la creación artĆstica puede llegar a morir prematuramente sin haber alcanzado sus objetivos, ya sea por parte de los autores o por parte de los destinatarios o consumidores. La versión del Macbeth de Rigola es una obra de complicada digestión que fuerza al espectador a masticarla concienzudamente y a realizar una ardua deglución teatral.