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Crítica teatral: El professor Bernhardi, en el TNC

El pasado 10 de febrero se estrenó en el TNC El professor Bernhardi, una de las obras de teatro más relevante, seguro, de esta temporada, y que propone un dilema ético, religioso y social ambientado en la Austria de las primeras décadas del siglo XX. Una propuesta escrita por Arthur Schnitzler, dirigida por Xavier Albertí e interpretada por Lluís Homar, Joel Joan, Pep Cruz, Rubèn de Eguía, Manel Barceló y Albert Pérez.

“En un hospital universitario, la decisión de un médico desencadena una serie de consecuencias que harán tambalear todos los estamentos políticos y religiosos de un país obligado a posicionarse. Una adaptación de este clásico extraordinario de 1912, prohibido durante muchos años en Austria”.

El professor Bernhardi es una propuesta integral que parte de un acto en particular, la negación a un capellán de dar la extremaunción a una moribunda católica en un centro hospitalario. A partir de este hecho la obra de Schnitzler, autor austríaco de finales del siglo XIX y principios del XX, polémico por los temas que trataba en sus textos dramáticos, da paso a un debate sobre la sociedad austríaca del momento, que se iba encaminando hacia la Primera Guerra Mundial. Así, pues, lo que en un primer momento puede parecer al espectador una simple decisión compasiva tomada por el Profesor Bernhardi (Lluís Homar), no tarda en traspasar los límites de la Institución médica en la que acontece, provocando un debate político de gran calado.

Arthur Schnitzler se permite de esta forma no solo polemizar sobre los fundamentos religiosos de la sociedad austríaca de principios del siglo XX, mucho más ostentosos, claro está, que los actuales, sino que también nos muestra los estragos que el antisemitismo estaba provocando en la Europa de aquellos años; los usos miserables de la política o los intereses propios de la prensa, a veces alejados del propio esclarecimiento de la verdad.

 el-professor-bernhardi_tnc_2.El professor Bernhardi es, además, una obra intensa, que requiere de esfuerzo y concentración por parte del espectador, que ha de estar atento a todo lo que se dice sobre el escenario para no perder el hilo del avance de la historia. Una obra de ingeniería textual creada por el propio Schnitzler y favorecida por una versión y una traducción magníficas realizadas por Feliu Formosa y Lluïsa Cunillé, y por una dirección férrea de Albertí, en un texto en el cual destacan diversos de los diálogos, en especial los mantenidos entre Bernhardi y el Dr. Flint (Manel Barceló), ministro de Culto y Educación o el que se desarrolla entre el mismo Bernhardi y el capellán al que se le niega dar la extremaunción a una de las internas del centro, encarnado por Albert Prat.

En el apartado de las interpretaciones nos encontramos con un reparto amplio y de una calidad de Champions. La pieza clave sobre la que se construye la obra es la de Lluis Homar que interpreta de forma majestuosa al profesor Bernhardi, obstinado en considerar su acción como un acto puramente privado exento de cualquier componente político o ideológico. La actuación de Homar se complementa de forma admirable con las de Joel Joan que da vida al doctor Ebenwald, personaje que prefigura en la obra el infierno del nazismo; y la de Manel Barceló que encarna al gran político que se aprovechará de la polvareda provocada por los actos del profesor Bernhardi para consolidar su posición en el Parlamento.

Es de destacar, también, una escenografía simple a la vez que descriptiva y en la que destaca un espacio central cerrado por paneles y puertas de vidrio, cuyo ambiente se irá enrareciendo a medida que avanza la representación, como señal inequívoca de la progresiva complicación de la situación descrita en la obra.

El professor Bernhardi es, pues, un desafío escénico que el TNC ofrece a todos aquellos a los que les gusta el teatro que genera debate. Un intenso esfuerzo teatral que finaliza con un premio para el espectador, el de haber disfrutado de una de las grandes obras teatrales de esta temporada en Barcelona.

El professor Bernhardi” se representa en el TNC hasta el 20 de marzo de 2016.

Autor: Arthur Schnitzler
Dirección: Xavier Albertí
Reparto: Lluís Homar, Joel Joan, Pep Cruz, Joan Negrié, Albert Pérez, Roger Casamajor, Rubèn de Eguía, Guillem Gefaell, Sílvia Ricart, Manel Barceló, Jordi Andújar, Albert Prat, Oriol Genís y Jacob Torres
Traducción: Feliu Formosa
Adaptación: Lluïsa Cunillé
Escenografía: Lluc Castells y Jose Novoa
Vestuario: María Araujo
Iluminación: Ignasi Camprodon
Sonido: Jordi Bonet
Caracterización: Toni Santos
Realización de vestuari: I.T.
Producción: Teatre Nacional de Catalunya

Horarios: de miércoles a sábado a las 20:00 horas y los domingos a las 18:00 horas
Precio: de 12 a 28 €
Duración: 2 horas 50 minutos (Incluye una pausa de 20 minutos)
Idioma: catalán

NOTA CULTURALIA: 9,5
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Jorge Pisa

Crítica teatral: El carrer Franklin, en el TNC

El Festival Grec ha programado este año diversos espectáculos de carácter reivindicativo, siguiendo una senda ya marcada el año pasado. Una de estas propuestas es El carrer Franklin en el TNC, una obra dirigida por Josep Maria Miró, con texto de Lluïsa Cunillé e interpretada por Xavier Albertí, Montse Esteve, Oriol Genís, Lina Lambert i Xavier Pujolràs.

“La calle de Franklin se está quedando desierta debido a la oleada de desahucios que afecta a la ciudad. Un vecino travestido que da clases de música y su marido, de profesión taxista, han sido las últimas víctimas de una fiebre que ni siquiera su cuñada y hermana, una activista que recorre una ciudad medio vacía megáfono en mano, ha podido detener. Mientras tanto, la vecina, una inglesa sobrina de la difunta Margaret Thatcher, acaba de recibir parte de sus cenizas… Nada falta en esta historia alocada y ácida, ni siquiera un gobernador del Banco de España a quien nadie escucha y que busca desesperadamente una carta perdida que puede traerle problemas”.

El teatro de nuevo se pone a recorrer las calles para hablar de las injusticias que se producen en ella. Y en este caso lo hace a través de la comedia y la farsa. Lo primero que verán los espectadores que acudan al teatro son los tristes efectos de un desahucio, esto es, los bienes de una familia expuestos en la calle. Una vez llamada su atención a través de una realidad cada vez más habitual en los medios de comunicación, iremos conociendo a los afectados, que parecen unir en sus personas las contradicciones del mundo en el que vivimos: un hombre travestido; el presidente de una asociación de taxistas sin miembro alguno; la líder de una Ong sin socios que la respalden; una familiar de Margaret Thatcher venida a menos o el torpe gobernador del Banco de España.

Franklin_alta-2905La obra más que una historia nos presenta una situación en la que la realidad triste de un desahucio y sus funestas consecuencias, se mezclan con la sátira y la farsa que resulta de la suma de los protagonistas. Por tanto, lo que destaca más, junto a la escenografía, que nos muestra un tramo de calle ocupada por los muebles y las personas que antes formaban un hogar, son las interpretaciones de los actores y actrices.

Es por esta razón que el trabajo de los actores tiene un mayor peso específico en esta obra. En este marco interpretativo destaca Xavier Albertí, que da vida a el/la locuaz transvestido/a afectado/a por el desahucio, con dotes musicales con las que se gana la vida. Oriol Genís interpreta, con su tono habitual, a un presidente del Banco de España algo perdido y despistado y Xavier Pujolràs encarna a un taxista que tiene en su mano la oportunidad para variar su suerte. En el apartado femenino Lina Lambert da vida a una fría y distante familiar de la Dama de hierro británica en riesgo también de desahucio y Montse Esteve interpreta a la activista a la que la crisis ha dejado sin apoyo y, por lo tanto, sin eficacia.

La trama se traslada fácilmente a la realidad que viven muchos catalanes y españoles hoy en día, en una sociedad que le ha puesto precio a todo, incluso al hogar y a la vida misma, y en la que fracasar puede costar muy caro. Pero esta realidad la vemos deformada como a través de un caleidoscopio, ideado por Lluïsa Cunillé, en el que las formas aparecen desfiguradas y las imágenes acaban concretándose de forma extraña y sobre todo cómica, aunque la tragedia, como uno puede suponer al ver la temática de la que trata la obra, también está presente. Como también lo está la música, ya que de una forma igualmente caleidoscópica, la mayoría de los personajes interpretarán algún tema musical, como elemento que ayuda al público a definirlos.

El carrer Franklin es una oportunidad de reflexionar sobre un tema trágico de una forma cómica, o tragicómica, un esfuerzo casi titánico para su autora y para el director de la obra, Josep Maria Miró, que al menos puede servir de revancha, al permitir, al menos en la obra, que todos reciban su merecido ya sea en el interior de un frigorífico o tomando en la calle una reconfortable taza de té.

El carrer Franklin” se representa en el TNC del 2 al 19 de julio de 2015

Autora: Lluïsa Cunillé
Dirección: Josep Maria Miró
Reparto: Xavier Albertí, Montse Esteve, Oriol Genís, Lina Lambert y Xavier Pujolràs
Escenografía: Enric Planas
Vestuario: Albert Pascual
Iluminación: David Bofarull (aai)
Sonido: Santi López
Caracterización: Lucho Soriano
Producción: Teatre Nacional de Catalunya y Grec 2015 Festival de Barcelona

Horarios: de miércoles a sábado a las 20:00 horas y domingo a las 18:00 horas
Precio: 11,5 a 23 €
Idioma: catalán
Duración: 1 hora y 10 minutos

NOTA CULTURALIA: 7
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Jorge Pisa

Crítica teatral: L’art de la comedia, en el TNC

L'art de la comediaYa saben que al teatro le gusta tratar sobre muchas cosas, a veces inmerecidas, y en no pocas ocasiones le place reflexionar sobre sí mismo y su acomodamiento en la vida política, social, y económica. Una de estas ocasiones la representa L’art de la comedia, de Eduardo de Filippo, que el TNC estrenó el pasado 12 de febrero, dirigida por Lluís Homar e interpretada por él mismo, Victòria Pagès, Joan Carreras, Lluís Villanueva y Andreu Benito entre otros.

“En una ciudad de provincias italiana, el nuevo prefecto se dispone a recibir a las visitas de su primer día de trabajo. Para distraerse un rato, aceptará escuchar al director de una troupe ambulante que ha perdido su teatrillo debido a un incendio, y que pretende invitarle a asistir a su espectáculo para que el nuevo dirigente, con su presencia, demuestre a la ciudadanía que ese arte aún tiene una gran importancia social. Tras una apasionada controversia en la que político y humorista harán patentes sus desavenencias, el artista se llevará por error la lista de visitas del prefecto, y saldrá por la puerta amenazando con hacer que su familia teatral convierta esa sala de audiencias en una zona de incertidumbre”

Como ven una idea bien labrada que permite a Filippo tratar sobre la ligazón entre la política y el teatro (intensa a veces, vilipendiada otras) y sobre las diferencias que existen entre la realidad y la figuración, en un momento en el que la relación en este país entre el gobierno y la cultura se ve contaminada por una política desubicada que incluye la subida del IVA cultural al 21% con las nocivas consecuencias que esta medida ha provocado en el sector. El TNC, Homar y Filippo se alían de esta forma para dar un espaldarazo al teatro igualándolo a la política y aún más, a la misma realidad, ya que nunca sabremos con certeza, aunque lo podamos intuir, si la retahíla de personajes y situaciones que desfilan ante el nuevo prefecto son personas reales o personajes ficticios, lo que crea la fuente de humor, crítica y reflexión que posee la obra.

Sin embargo, L’art de la comedia, que juega en su título con la inversión del término Commedia dell’arte, no es una obra equilibrada del todo, lo que la convierte en una propuesta irregular. La obra se divide, así de primeras, en dos grandes secciones. La primera, como presentación, nos permite presenciar la conversación entre Campese (un bravo Homar) y el prefecto De Caro (Carreras), en la que veremos cuál es la opinión de cada uno sobre la relación entre el teatro y la política. Un acto este que se extiende en demasía, es en parte iterativo y le roba parte del ritmo a la obra.

L'art de la comedia2A lo largo de la segunda parte podremos observar como toda una serie de personajes hilarantes y/o con ideas descabelladas, se suceden al otro lado del escritorio del prefecto, desquiciando progresivamente a la autoridad, que no podrá saber nunca si lo que está pasando ante sus ojos es realidad o ficción, algo que en sí mismo habla de lo sublime del artificio teatral. En esta segunda parte, por desgracia, la representación es muy irregular y la comicidad a veces escasa, excepto en la historia narrada por Mosén Salvati (Andreu Benito) que le sabe dar a su historia el humor que necesita el personaje.

Como prueba del artificio teatral la propuesta de Homar ha optado por permitir al público ver el truco existente en la obra misma, a través de un escenario y de un vestuario que se van construyendo poco a poco con la ayuda de los integrantes de la compañía, una opción que sorprende inicialmente al espectador, pero que después se convierte en un recurso algo repetitivo y acaba dejando un escenario extraño y difuso. Por lo que respecta al trabajo de los actores y actrices, se debe destacar a Homar y Carreras en la primera parte de la representación, y a Benito en la segunda, aportando a la obra el único acto de verdadera comicidad a la representación.

L’art de la comedia es, por otra parte, una obra que se entiende en un autor como Filippo que vivió toda su vida en el seno del teatro, ya fuera en la compañía familiar o, posteriormente, en sus propias compañías, circunstancia que no solo le permitió dominar la ficción propia del teatro, sino conocer en su misma persona la relación de este con la política y con la vida.

Como ven L’art de la comedia nos permite, de nuevo, reflexionar sobre el teatro, en esta ocasión sobre su vinculación con la política y la subvención pública, y la consideración que la autoridad tiene de la cultura y, más concretamente, de la profesión teatral. Puede ser que muchas cosas hayan cambiado desde la redacción de esta obra en el año 1964, aunque parece que la cultura siempre queda en un segundo lugar en referencia a las cosas importantes de esta vida. Un acierto, un error… todo depende del punto de vista des del que se mire.

L’art de la comèdia” se representa en el TNC del 12 de febrero al 12 de abril de 2015.

Autor: Eduardo de Filippo
Dirección: Lluís Homar
Traducción: Xavier Albertí
Reparto: Lluís Homar, Pau Viñals, Victòria Pagès, Joan Carreras, Lluís Villanueva, Roger Casamajor, Andreu Benito, Mar Ulldemolins, Oscar Valsecchi, Eduard Muntada y Quimet Pla
Escenografía: Lluc Castells y Jose Novoa
Vestuario: Nina Pawlowsky
Iluminación: Ignasi Camprodon
Sonido: Jordi Bonet
Caracterización: Toni Santos

Horarios: miércoles y viernes a las 20:00 horas; jueves a las 17:00 horas; sábados a las 17:00 y a las 21:30 horas y domingos a las 18:00 horas
Precio: 28 € / Disponibilidad de descuentos
Idioma: catalán
Duración: 2 horas y 10 minutos

NOTA CULTURALIA: 7 SOBRE 10
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Jorge Pisa

Crítica teatral: Terra Baixa, en el Teatre Borràs.

Terra Baixa_poster BorrasLluís Homar y Terra baixa mantienen un vínculo teatral que los une, seguramente de forma primordial, desde los inicios de su carrera. A los 17 años Homar ya participó en una producción de la obra en los Lluïsos d’Horta; un año más tarde, en 1975, intervino en la adaptación dirigida por Josep Montanyès; más adelante, en 1990, participó de nuevo en la versión llevada a los escenarios por Fabià Puigserver en el Mercat de les Flors. Asimismo Homar adaptó parte del texto de Guimerà en su propuesta teatral de 2002 Et diré sempre la veritat, y ahora, en el 2014, nos presenta una Terra baixa deglutida y asimilada después de años de experiencia profesional sobre los escenarios, un proyecto de madurez en el que Homar se funde de forma íntima con uno de los textos más relevantes del teatro catalán.

“En Terra baixa Homar asume todos los papeles de la obra solo en el escenario: ya no es tan sólo el ingenuo Manelic, que baja de la tierra alta al barrizal de las pasiones humanas más turbulentas, sino que también es Marta e incluso el “senyor Sebastià”, es decir, Caperucita y el Lobo al mismo tiempo. La obra concentra en un actor la universalidad del clásico catalán”.

Miró y Homar nos presentan una nueva versión de Terra baixa desde una perspectiva contemporánea y personal. Un reto que fuerza al actor a representar los papeles principales de la obra a partir de su maestría profesional y del acierto en la dirección y en la puesta en escena. Del primero se puede y se debe destacar casi todo. Homar muestra sobre el escenario una capacidad interpretativa “fuera de serie”, que le permite encarnar a Sebastià, Nuri, Manelic y Marta manteniendo siempre su identidad física e interpretativa sobre el escenario. Esto es, no esperemos ver a Homar caracterizado y descaracterizado como cada uno de los personajes a los que interpreta. Tan solo veremos al actor sobre el escenario, sin cambios de maquillaje ni de vestuario, o muy leves, identificando a cada uno de los personajes a través de la entonación de su voz y del texto de la obra. De ahí que Homar, el actor, no desaparezca nunca de la escena pero que al mismo tiempo se transfigure en cada uno de los personajes a los que da vida.

Terra Baixa_2El éxito de la obra no reside tan solo en la maestría del actor sobre el escenario. Tras el proyecto se esconde la mano de un director, Miró, que ha permitido a Homar, materializar un proyecto espléndido llevado a cabo desde una sintonía total entre director y actor. A todo ello se suma una puesta en escena original, rompedora y minimalista que nos demuestra lo importante que es acompañar un gran texto y una gran actuación con una idea escénica con la capacidad de resaltar el conjunto. En este caso destaca la oposición entre el escenario inicial de tonalidad blanca de la terra baixa y lo agreste y salvaje de la escenografía de la terra alta, la originaria de Manelic, que irá invadiendo la escena poco a poco. Una propuesta salpimentada, además, con el efecto causado por los temas musicales susurrados a capela por Sílvia Pérez Cruz, que le dan a la obra el sentido carnal necesario para intensificar el desarrollo de la representación.

Terra baixa es un icono del teatro catalán y de la obra de su autor, Àngel Guimerà, y nos permite convencernos de la maestría de Homar y del equipo de Bitó produccions a la hora de plasmar un proyecto escénico nuevo y original sobre las añejas raíces de un clásico. Pero además nos permite ser conscientes del mundo en el que vivimos en la actualidad, en el que parece que nunca nos libraremos de aquellos que pretenden apoderarse de todo, ya sea de la sensualidad de la indefensa Marta, de la inocencia de Manelic o de los sueños de felicidad y de futuro de todos y cada uno de nosotros, sus desventurados descendientes.

Terra baixa” se representa en el Teatre Borràs del 13 de noviembre de 2014 al 11 de enero de 2015.

Autor: Àngel Guimerà
Adaptación: Pau Miró y Lluís Homar
Idea original e intérprete: Lluís Homar
Dirección: Pau Miró
Escenografía y vestuario: Lluc Castells
Diseño de luces: Xavier Albertí y David Bofarull
Diseño de sonido: Damien Bazin y Lucas Ariel Vallejos
Composición musical y voz: Sílvia Pérez Cruz
Producción: Temporada Alta, El Canal –Centre d’Arts Escèniques Salt/ Girona y Lluís Homar
Distribución: Bitò Produccions

Horarios: de martes a viernes a las 20:30 horas-, sábados a las 18:30 y a las 21:00 horas y domingos a las 18:30 horas.
Precio: 25 y 28 €
Duración: 1 hora aproximadamente
Idioma: catalán
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Jorge Pisa

“Esperança Dinamita” de Le Croupier: Con las cartas marcadas de ternura

Con el coño, se gana dinero reivindica Aina Sánchez en El Molino. Y, desde algún rincón de las profundidades (porque para las cupletistas no hay Cielo), se insinúa Esperança Dinamita. Los espectadores, lejos de quedarse atónitos, ningunean su sonrojo y tararean encandilados. Y, con todo ello, el Paralelo recupera estos días tímidamente su picardía escénica.

El grupo Le Croupier cuelga los hábitos del pop de cantautor para orquestar un homenaje a las varietés de principios del siglo pasado y les sale un espectáculo ameno, amable y casi aristocrático: El material que manejan desprende una golosa naftalina para modernos y viejos carrozones (que también los hay); sus artífices proyectan simpatía en el referencial teatro; y la elegancia con que se van ensamblando los números musicales y el documental pillín sobre la Ambigua Artificiera otorga a la propuesta una consideración de refinado producto.

Pocas veces una vedette que brilló por su ausencia da tanto que hablar: Xavier Albertí sienta cátedra sobre el embriagador veneno que exhalaban los cuplés de la época; Pep Anton Codina cotillea sobre la vocación demasiado artística de quienes los gemían y hasta el tal Chris McFly glosa la trasnacionalidad de la Esperancita Incendiaria.

En el escenario, la banda liderada por el resultón Carles Cors y bendecida por el encanto de Aina desgrana con generosidad todo un catálogo de odas a la fauna humana que por estos lugares merodeaba entonces: Mientras que Carles es mariquita distinguida, enanito superdotado o pastor de bastón bien firme, Aina aparece como rutilante starlette con su pícara mirada, su procaz lengua y una garganta de entusiastas gorgoritos (deliciosa en “Pastura, pastura, pastor”). Pero hasta que se planta en el escenario una volcánica Mont Plans poniéndonos a todos a raya de irresistibles polvitos mágicos no nos estremecemos: Esa mezcla de patetismo y erupción que invoca en su extraordinaria interpretación nos dan la mejor idea de lo que el music hall pudo ser a los que por aquel entonces distábamos mucho de poder estar aquí ahora… Y, para que la sangre no llegue al río, la entrañable Merche Mar nos lo suaviza con su honestidad escénica.

Por Juan Marea

“Esperança Dinamita” se representa en El Molino de Barcelona hasta el 30 de noviembre.
http://www.lecroupier.cat/
http://www.elmolinobcn.com/es/

Crítica teatral: Terra de ningú, en el TNC.

_DSC3561_EditEl estreno de un Pinter siempre es una buena ocasión para ir al teatro sobre todo si en su puesta en escena hallamos el despliegue de medios del TNC y a actores de la talla de Josep Maria Pou y Lluis Homar sobre el escenario, y más si nos hallamos ante una de sus obras más inquietantes, como es el caso de Terra de ningú, una reflexión existencial repleta de interrogantes y reservas.

Terra de ningú nos presenta una situación, claustrofóbica por momentos y arcana en muchos otros. La acción da inicio de forma abrupta, como si en verdad la representación ya hubiera comenzado antes de presentarla al público. De repente vemos entrar a dos personas, las cuales parece que acaban de conocerse hace poco. La conversación que mantienen está marcada por lo extraño de la misma y regada extensamente con alcohol. Una charla extraña a la que parece que el público no puede acceder del todo, excepto a través de sus pinceladas de poesía y de sus toques de humor.

El espacio donde se desarrolla la acción es el majestuoso salón de la casa de uno de ellos. El invitado, Spooner (Lluís Homar), que no comparte el mismo nivel social que su anfitrión, Hirst (Josep Maria Pou), un literato enriquecido gracias al éxito, lo ha seguido hasta allí. Su diálogo es interrumpido en algún momento por los amigos/secretarios/criados del primero, Briggs (David Selves) y Foster (Ramon Pujol). Ambos parecen no estar complacidos con la irrupción del extraño en la casa. Al final el alcohol deja fuera combate al anfitrión que debe abandonar la sala ayudado por uno de sus criados.

Spooner se ha quedado a dormir, no sabemos por qué, encerrado en el salón de la casa. Después se almorzar volverá a encontrarse con su anfitrión, esta vez sobrio, que lo confunde con un antiguo amigo de juventud (bien, puede que en verdad lo fuera). Y da inicio una nueva conversación en la que la poesía, la ofensa, la caballerosidad y el alcohol vuelven a ser sus componentes. Todo ello en lo que parece ser una tierra de nadie.

_DSC3592_EditTerra de ningú nos presenta una situación, una atmósfera, que parece que está fuera de la realidad. Un espacio ocupado por varias personas que parece que no tiene substancia, como no la tienen los pensamientos o la memoria. En él, estas cuatro personas interactúan y conversan entre ellas aunque parece que nada de ello tenga demasiado sentido, como si el espacio colmase de irrealidad a todo lo que pasa o existe en él. De aquí que podamos decir que la obra, dirigida por Xavier Albertí, nos adentra, gracias a su asombroso texto, en un limbo misterioso del que al espectador le costará salir o hallar un sentido cierto o al menos real. Algo con lo que el autor, Pinter, jugó conscientemente.

Terra de ningú, parece así, un juego escénico, una composición en el que los fantasmas, los miedos y los anhelos de Pinter toman forma, aunque tenue y borrosa, como con la voluntad de mostrarnos tan solo una parte de su interior, una que ciertamente no podamos discernir del todo, como una invitación a poner de nuestra parte lo que no hallamos sobre el escenario.

La adaptación de Albertí está hecha con el buen gusto propio del TNC. Un espacio, el salón de la casa que parece flotar en un limbo intangible, en el que la interpretación de sus cuatro protagonistas, Lluís Homar, Josep Maria Pou, Ramon Pujol y David Selvas es tan estática e incorpórea como un texto de este tipo requiere. En ellas, como no podría ser de otra forma, destacan las de Pou, como el anfitrión alcoholizado que parece haber perdido el rumbo de una vida malograda por el éxito, y resplandece la de Homar, que construye un personaje sórdido e indescifrable del cual nunca acabaremos de conocer cuáles son sus intenciones. Pujol y Selvas encarnan a los dos amigos/criados que residen en la casa con una relación cuyos flecos tampoco llegaremos a conocer nunca.

Tras Taxi… Al TNC! el Teatre Nacional de Catalunya encamina su programación hacia un horizonte teatral que suma enteros con la elección de Terra de ningú, de Harold Pinter, una obra inquietante que traslada al espectador a un mundo entre la realidad y el sueño, por una senda que si bien puede parecer dificultosa consigue dirigir la mirada del público hacia la esencia del teatro y al examen que este puede hacer de sí mismo.

Terra de ningú” se representa en el TNC del 17 de octubre al 24 de noviembre de 2013.

Autor: Harold Pinter
Dirección: Xavier Albertí
Reparto: Lluís Homar, Josep Maria Pou, Ramon Pujol y David Selvas
Traducción: Joan Sellent
Escenografía: Lluc Castells
Vestuario: María Araujo
Iluminación: David Bofarull
Producción: Teatre Nacional de Catalunya

Horarios: de miércoles a sábado a las 20:00 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: de 11,5 a 23 €
Duración: 1 hora y 40 minutos (sin entreacto)
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Jorge Pisa Sánchez

Crítica teatral: Com dir-ho?, a l’Almeria Teatre

com-dir-ho

L’enfrontament entre dos personatges de generacions oposades sempre ha resultat un material literari excel·lent, una font inesgotable d’inspiració per als millors escriptors; el darrer exemple d’aquest tipus de confrontació el trobem a l’Almeria Teatre, on des del passat 1 de març s’hi representa Com dir-ho?, un muntatge senzill que es sustenta en un text fascinant per les pistes ambigües que conté –producte de la ment perversa del dramaturg Josep Maria Benet i Jornet– i en dos enormes intèrprets: un de prestigi reconegudíssim en l’escena catalana (Jordi Boixaderas), l’altra una jove debutant (Clàudia Benito), una actriu solvent per a qui la inexperiència no és, en cap moment, un llast a l’hora de replicar el seu il·lustre company i que esdevé un descobriment esplèndid per al teatre català.

En una nit de pluja intensa, un home irromp al pis d’una noieta: ella és una estudiant de Literatura a punt de presentar el seu treball de final de carrera, un text del qual ell, professor i escriptor, n’és el director. Què vol? Què li ha de dir? Per què no pot esperar a l’endemà? La situació és incòmoda per a tots dos, la noia no s’esperava una visita com aquella, l’home va xop de cap a peus, però l’aiguat que està caient no ha estat un impediment per a ell perquè necessitava veure-la, parlar-hi, expressar una cosa que el consumeix per dins, sincerar-s’hi. L’home intenta arrencar el seu discurs, atribolat, desencaixat, repetitiu, incapaç d’estructurar les frases com ell desitjaria; a més, entre tots dos existeix un abisme (gairebé) insalvable: l’edat és un escull per a la seva relació, però també els separa l’opinió descarada d’ella sobre les novel·les del seu professor, les seves parelles, la forma en què encaren el procés creatiu,… Tanmateix, la nit és tempestuosa i convida a acostar posicions.

Així arrenca Com dir-ho?, amb dos únics personatges en escena –un duel interpretatiu brillant en què les aparences enganyen, amb dubtes sobre si existeix una víctima i un botxí o tot és més senzill del que sembla, amb Jordi Boixaderas en un paper que transita entre la fragilitat i el desequilibri psíquic, entre la por i la determinació, i Clàudia Benito com l’alumna que no entén què pretén aquell home i que només desitja que marxi tan aviat com sigui possible– que, entre confessions incòmodes i silencis que ho diuen tot, mostren dues maneres d’entendre la vida –ja sigui des del desencant implacable de la maduresa o bé des de la insaciable curiositat de la joventut–, reflexionen sobre realitat i ficció, sobre vida i literatura, sobre sentiments i creació, i en què l’ofici d’inventar relats és vist com a guia i forma de salvació per a l’ésser humà en els moments de màxima confusió.

Josep Maria Benet i Jornet signa aquest diàleg ple d’incògnites, a estones inquietant, a estones desconcertant, que és Com dir-ho?, un text que juga amb la relació entre un home madur i una joveneta i les idees preconcebudes que en pot tenir l’espectador –i a qui es demana la seva complicitat de forma imprescindible– amb què l’autor tanca la trilogia d’obres per a dos personatges que va iniciar amb Soterrani i va continuar amb Dues dones que ballen; i, com en aquelles, ha confiat la direcció de l’obra a Xavier Albertí, encarregat d’ajustar les interpretacions de Boixaderas i Benito i únic responsable de situar el públic embolcallant l’escenari per tal de potenciar el clima íntim, proper, que necessita una delicada història com aquesta i que tan bé li escau al projecte. I el públic, refet del sensacional impacte final, no pot fer altra cosa que premiar amb aplaudiments entusiastes l’espectacle que li acaben de regalar.

Com dir-ho? es representarà a l’Almeria Teatre a partir de l’1 de març de 2013.

Autor: Josep Maria Benet i Jornet
Direcció: Xavier Albertí
Intèrprets: Jordi Boixaderas, Clàudia Benito
Ajudant de direcció: Victor Alvaro
Escenografia: Victor AlGo, Jordi Soler
Vestuari i Caracterització: Núria Llunell
So: Jordi Bonet
Fotografies: Clàudia Serrahima
Disseny Gràfic: Dilogic
Promocions: Guida Uyà
Producció executiva: Savina Figueras

Horaris: dimecres, dijous, divendres i dissabte a les 20:00 hores, i diumenge a les 17:00 hores
Preu: de 20 € a 22 €
Idioma: català
Durada: Una hora i deu minuts

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Escrit per: Robert Martínez Colomé