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Crítica teatro: El burlador de Sevilla (Festival Grec)

El Festival Grec comenzó su singladura teatral y cultural el pasado miércoles 29 de junio y nos acompañará en estas calurosas jornadas estivales hasta el domingo 31 de julio. Y la primera obra que reseñamos de esta edición es El burlador de Sevilla, obra en la que Xavier Albertí ha dirigido a la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

Es esta una propuesta que se propone actualizar el texto de Tirso de Molina que creó uno de los mitos literarios españoles más universales, el Don Juan Tenorio. Un delicado texto que juega deliciosamente con el idioma y con la rima y que es un deleite para los oídos, una joya literaria en sí misma, aunque difícil de adaptar a los tiempos actuales.

Pero a la propuesta de Albertí le falla algo. No sé si es el ritmo, si es la declamación, la interpretación en sí misma, o lo pretérito que pueden parecer los personajes y los roles de la obra, sobre todo el de Don Juan Tenorio, muy alejado de lo políticamente correcto en la actualidad.

Puede también que sea un poco la suma de todo ello, pero a la propuesta escénica le falta el gancho que atraiga o mantenga la constante atención del espectador durante la representación de la obra. A ello no ayuda la interpretación del actor principal, Mikel Arostegui, que resulta poco convincente y que lastra el esfuerzo interpretativo del resto de la compañía, a la que Albertí no ha conseguido insuflar del todo el ánima necesaria. Pocos momentos resultan, así, intensos, a excepción del monólogo interpretado por las mujeres afectadas por la flema sexual de un Don Juan Tenorio inexpresivo e insensible ante las consecuencias de sus actos.

La escenografía tampoco ayuda a la comprensión de la adaptación, presidiendo en medio del escenario una gran estructura rectangular que hace las veces de mesa, tálamo, sepultura e, incluso, de rostra para las recriminaciones femeninas, pero que no ayuda a la representación.

Albertí ha intentado dar una nueva forma algo más moderna, que no mucho, a un clásico del Siglo de Oro, pero, por desgracia no parece haber alcanzado el acierto de su intento anterior con la versión de El gran mercado del mundo de Calderón de la Barca, estrenada en el TNC en el año 2019.

Aún así, El burlador de Sevilla nos permite deleitarnos del fino uso de la lengua que Tirso de Molina fraguó en sus obras, que representa un valor quasi-arqueológico literaria y teatralmente y que vale la pena disfrutar por su excelencia y por la fina ironía que acompaña a las palabras tejidas por el autor.

Y respecto al personaje, que más decir, ya que las gestas amorosas de Don Juan Tenorio se precipitan, en la actualidad, hacia el abismo del comportamiento machista y tóxico, algo que desnaturaliza la recepción de la obra y nos hace pensar en cómo ha cambiado nuestra sociedad al respecto… aunque Gira, il mondo gira…

«El burlador de Sevilla» se representa en el Teatre Grec del 3 al 4 de julio de 2022.

Versión y dirección: Xavier Albertí
Dramaturgia: Albert Arribas
Interpretación: Jonás Alonso, Miguel Ángel Amor, Cristina Arias, Mikel Arostegui Tolivar, Rafa Castejón, Antonio Comas, Alba Enríquez, Lara Grube, Álvaro de Juan, Arturo Querejeta, Isabel Rodes, David Soto Giganto, Jorge Varandela
Escenografía: Max Glaenzel
Iluminación: Juan Gómez-Cornejo
Vestuario: Marian García Milla
Espacio sonoro: Mariano García

NOTA CULTURALIA: 6,5
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Jorge Pisa

Crítica teatral: El alcalde de Zalamea, en el Teatre Lliure

A principios de marzo tuve la oportunidad de asistir a la representación de la nueva adaptación de El Alcalde de Zalamea, uno de esos clásicos de verdad, de los de antes, realizada por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, dirigida en esta ocasión por Helena Pimienta y estrenada en el Teatre Lliure.

“Drama de honor, El alcalde de Zalamea aborda los desmanes que la soldadesca provoca impunemente sobre los ciudadanos y la obligación, para los habitantes de los pueblos y aldeas que se encuentran en el camino del ejército, de alojar a los soldados en sus casas. Veinticuatro intérpretes, entre actores y músicos pondrán en pie una de las obras más representadas y conocidas de nuestro teatro áureo. Calderón, siempre contemporáneo”.

De nuevo el Lliure nos ofrece la oportunidad para revivir una de las obras más representativas del Siglo de Oro español, y una obra que trata sobre el abuso de poder y de la justicia, hablando, justamente, de su contrario, la injusticia, aquella perpetrada por el capitán de una unidad de tercios españoles sobre una familia de villanos enriquecidos de la localidad de Zalamea. Un claro recuerdo de las injurias que el poder puede cometer y comete sobre los ciudadanos.

Una propuesta teatral de la que uno sale de la sala de representación con un sabor algo amargo en la boca. Y parte de esta sensación la causa la propia adaptación que ha acometido la Compañía Nacional de Teatro Clásico, algo difícil de seguir para alguien que, como yo, no había asistido anteriormente a ninguna representación de la obra. Y puede que allí esté la explicación de todo.

El alcalde de Zalamea_1
La versión de El alcalde de Zalamea de Pimienta ha partido de una selección del texto que seguramente no sea la más acertada, por lo que el espectador se halla en diversas ocasiones intentando situarse en el entorno de la trama. A lo que no ayuda una escenografía presidida por un gran muro en su parte central que aunque artística, minimalista y con elementos de diseño, puede dificultar al espectador, sobre todo si no conoce la obra, la identificación de espacios y lugares.

Por si eso fuera poco la acústica del espectáculo no ayuda demasiado. No hace falta indicar que el texto de Calderón de la Barca está escrito en un castellano antiguo, a lo que se suma lo florido de su estilo. Pues bien, en la representación de la obra el sonido y/o la entonación de los actores y actrices no es la mejor, lo que provoca que parte del recitado se difumine y no llegue con toda claridad a la platea. Otro elemento pues, que no ayuda demasiado a seguir el avance de la obra. La elección del casting puede desorientar, también, al público debido al físico o las edades de los actores. Aún así, entre ellos y ellas destacan, como no podría ser de otra forma, Carmelo Gómez, que encarna al personaje que da nombre a la obra; Jesús Noguero, que interpreta al capitán que comete la bellaquería sobre la hija del alcalde de Zalamea y Joaquín Notario que da vida al Don Lope de Figueroa.

Por lo que respecta al vestuario, Pimienta ha optado por tonalidades en las que dominan los grises y marrones, una elección que nos da cierta idea de lo aciago y sucio de la historia que nos es narrada. A lo que se suma el acierto del acompañamiento musical a cargo de Rita Barber, que dota a la representación del grado de raigambre que la historia requiere.

La adaptación de El alcalde de Zalamea de Pimienta que hemos visto en el Lliure de Montjuïc, no pasará a la historia como la mejor versión posible, si bien deja constancia de lo actuales que pueden llegar a ser los clásicos, mostrándonos que los abusos, la corrupción y las malas artes del poder que vemos u oímos a diario en los noticiarios, no son algo propio de nuestros siglos de modernidad y progreso, sino que forma parte de la grandeza y la bajeza que acompaña a la humanidad desde sus orígenes. ¿O es que les quedaba alguna duda al respecto?

El alcalde de Zalamea” se representa en el Teatre Lliure del 2 al 6 de marzo de 2016.

Autor: Pedro Calderón de la Barca
Dirección: Helena Pimenta
Versión: Álvaro Tato
Reparto: Blanca Agudo, Pedro Almagro, Francesco Carril, Rafa Castejón, José Carlos Cuevas, Alba Enríquez, Alberto Ferrero, Nuria Gallardo, Carmelo Gómez, Álvaro de Juan, David Lorente, Jesús Noguero, Joaquín Notario, Egoitz Sánchez, Clara Sanchis, Jorge Vicedo, Karol Wisniewski y Óscar Zafra
Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico
Cantante: Rita Barber
Guitarra: Juan Carlos de Mulder / Manuel Minguillón
Escenografía: Max Glaenzel
Vestuario: Pedro Moreno
Iluminación: Juan Gómez Cornejo
Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico

Idioma: castellano
Duración: 1 hora y 40 minutos sin pausa

NOTA CULTURALIA: 6,5
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Jorge Pisa