Una jaula sirve para atrapar moscas cojoneras. Un músico puede ser muy útil para rasgar con un arco un serrucho y extraer de él hipnóticas melodías. Y el payaso Toti Toronell lo usaré para ejemplificar la magia de la cotidianidad.
La Seca Espai Brossa de Barcelona es estos días un catálogo de tiernos momentos escénicos para recordarnos a público y artistas que el arte no es más que percibir la emoción uniendo ilusiones y dándoles forma escénica.
“Naïf” ofrece a Toronell la posibilidad de medirse alternando gags íntimos que rehuyen la pretenciosidad subrayando el poder de la sencillez. Tomando como punto de partida al payaso ingenuo pero perseverante, de encantador desaliño y silencio sosegador, Toti vence con deportividad los enojosos obstáculos de la vida doméstica (una gotera desquiciante que desaparece cuando el aplicado manitas logra por fin llegar al techo), se entrega apasionadamente al “amour fou” de su fregona (precioso episodio de títere y clown) y vive el desengaño de la “ruptura” con su bolsa de basura, que no quiere separarse de su generador y se resiste a asumir su triste destino en el contenedor.
Esto no es todo: El osado artista emula la danza clásica y la contemporánea sin solución de continuidad, pasando por un ejercicio múltiple malabar con la versátil bolsa.
Y cuando ya asume que el escenario no es solo suyo, lo convierte en prometedor punto de llegada para dos espectadores a los que elige tan cuidadosamente que les construye un camino desconcertante e hilarante a través del patio de butacas. Con ello, se acaba de meter al público en el bolsillo. O mejor dicho, en su nariz enrojecida.
Albert Dondarza, segundo de a bordo y exquisito recreando burbujas de música que acarician nuestra sensibilidad, es cómplice inseparable de Toronell a la hora de afinar, entonar y cautivar.
Ocurre, no obstante, que son tantos los recursos que el espectáculo exhibe y desplegándose de manera tan entusiasta, que llegan a perjudicar parcialmente el resultado final. En este sentido, momentos como el del bolero o el duelo entre el clown humano y el animado resultan prescindibles por romper con la línea principal recorrida, la que conduce al abono con mimo de ese pequeño canto a la inocencia sensitiva.
Y una cinta métrica sirve para acercar a tímidos amantes. Y una rueda es muy valiosa para sentirse uno atascado en el camino. Y “Naïf” abre recovecos en nuestra ceguera adulta.
Aquest 23 de novembre arriba a les cartelleres una nova versió I+D de Els Pastorets, una idea de Tricicle i Eòlia, Escola d’Art Dramàtic nova, moderna, sorprenent, gamberra, per nens, joves i grans. Una versió sorprenent i revolucionària sobre el clàssic de Folch i Torres.
La Noa i el Max, uns nens d’avui en dia, somien que són pastorets en l’època del naixement de Jesús, i somien en dimonis, i que els dimonis volen conquerir la terra, i que hi ha un superheroi que en realitat és un àngel que els salva de tots els embolics on es fiquen, i que hi ha una noia molt guapa que és a punt de morir per culpa dels dimonis, i que la volen salvar, i que Sant Josep, que resulta que és un inventor, els ajuda a fer-ho i que al final tot acaba bé perquè, amb aquests somnis, fan els millors Pastorets que algú ha fet mai al seu col·legi.
La nova versió de Els Pastorets compta amb l’esperit del Tricicle remenant un argument més que conegut fins regirar-lo de dalt a baix per convertir-lo en una obra creada (o recreada) amb una única missió: abduir l’espectador des del primer segon. Serà una VIDA DE BRIAN, un SPAMALOT, un donar-li la volta a tot el que coneixíem dels PASTORETS, una explosió d’energia emanant de 12 actors que s’han de deixar la pell a l’escenari per poder revolucionar la imaginació de l’espectador…
Pastortes I+D és un projecte pedagògic impulsat per l’Escola de teatre EOLIA on els estudiants crearan un espectacle partint de zero. L’obra és una re-escriptura dels PASTORETS per donar-li un ritme i un llenguatge actual; modificar personatges, afegir de nous, potser canviar l’època o fer salts en el temps. És un text nou en el que l’alumnat participa en la proposta de la posada en escena. És una aventura que aglutina gairebé a uns 40 estudiants que posen en pràctica, en un marc professional, els coneixements adquirits a les seves escoles. És una idea impulsada pel Tricicle que supervisa el projecte donant-li estàndards de qualitat als que ens ha acostumat aquesta companyia. És un espectacle de 70 minuts molt intensos que va dirigit a un públic més ampli que el dels PASTORETS tradicionals. En definitiva, per públics de 5 a 105 anys.
«Els Pastorets – L’hivernació de l’Hivern» es representa al Teatre Poliorama del 23 de novembre de 2013 al 6 de gener de 2014.
Idea: El Tricicle i Eòlia Escola d’Art Dràmatic
Creació i direcció: Paco Mir i el Taller de Dramaturgia de Eolia
Actors: 20
Estudiants implicats en el projecte: 40 5 actuacions per a escoles i 20 per al públic
Horaris:web Poliorama Preu: 18 i 20 €. Menors de 10 anys 12 €.
DIVORCI cuenta la historia de un ex-matrimonio de abogados que se reencuentra en un caso de divorcio, donde un jugador de fútbol y una modelo tienen un litigio alegando los mismos motivos que ellos utilizaron cuando optaron por la separación.
Es una comedia que se desarrolla en el universo de las grandes bodas y separaciones y que no sólo polemiza con las grandes cantidades de dinero que se mueven en ellas, sino en todo el alboroto que generan en los medios de comunicación y en el público necesitado de informaciones sensacionalistas.
CONCURSO: Sorteo de 2 entradas dobles para asistir a la representación de Divorci en el Teatre Gaudí.
PROMOCIÓN FINALIZADA
Ganadores: Laura Hernández Bardelás
Culturalia en colaboración con Teatre Gaudí dispone de 2 entradas dobles para asistir a la representación de Divorci el próximo viernes 22 de noviembre a las 21:30 horas.
Enviar un mail a concurso_culturalia@hotmail.es antes del jueves 21 de noviembre a las 22:00 horas. En el asunto del mensaje has de indicar Concurso Divorci y en el correo has de indicarnos tu nombre completo y tu nº de móvil.
Los dos primeros que envíen el mail obtendrán una entrada doble para ir a ver Divorci el próximo viernes 22 de noviembre a las 21:30 horas en el Teatre Gaudí.
El nombre de los ganadores aparecerá publicado en nuestro blog.
¿Cuál es el mundo de las ratas? ¿Cómo viven? ¿Qué clase de comunidad crean? ¿Una parecida a la humana? y si es así ¿qué lugar ocupan en ella el arte o la ciencia? Estos son algunos de los temas por los que transita El policía de las ratas, la adaptación llevada a cabo por Àlex Rigola del cuento de Roberto Bolaño en cartelera en el Teatre Lliure hasta el próximo 24 de noviembre.
Rigola nos presenta una experiencia teatral basada en el texto de intriga y crítica social compuesto por el escritor y poeta chileno en el que Pepe «el Tira», una rata policía, solitaria y perteneciente a una familia de ratas artistas, se enfrenta a un misterio: el hallazgo de dos ratas asesinadas, una hembra y otra bebe. Algo demasiado insólito en una sociedad, la de las ratas, donde el asesinato no existe y donde el trabajo y la colectividad se imponen sobre todo lo demás. Pepe iniciará entonces una investigación para esclarecer la causa de los asesinatos y detener al culpable de los mismos, luchando al mismo tiempo contra los tabús y los espejismos sociales.
El policía de las ratas es una reflexión sobre la realidad social humana, sobre el lugar que ocupan el arte y la ciencia y sobre el papel de la individualidad en el colectivo humano. La propuesta se construye a partir de una atmósfera de intriga y misterio potenciada por la puesta en escena de la obra. La adaptación nos presenta, así, una situación tenebrosa, aunque a veces es también agobiante y poética, construida a partir de una magistral sencillez escénica.
La obra se desarrolla sobre un escenario en el que predominan las tonalidades en blanco y negro, como haciendo referencia al género negro que subyace en la narración de Bolaño. El atrezo es mínimo, casi inexistente, compuesto por dos sillas, dos micrófonos, una bolsa de sangre y el cadáver de una rata. Si a este minimalismo le sumamos el hieratismo proyectado por los actores obtenemos como resultado un espectáculo en el que predomina la palabra, hecho que obliga al espectador a centrar su atención en la figura y la voz de los actores y de esta forma en el desarrollo del cuento escenificado de Bolaño.
Una historia que nos sirve para reflexionar sobre el papel del individuo dentro de la sociedad. Una cavilación representada en la voluntad de la rata Pepe de ser diferente, de adentrarse en experiencias que la colectividad rechaza y en poner en duda verdades que la comunidad da por establecidas. De ahí que la rata protagonista se empeñe en investigar unas muertes que la mayoría, siguiendo el dogma oficial, da por ataques de animales externos aunque los indicios criminales puedan indicar lo contrario.
La obra, además, nos permite especular sobre cuál es el papel del arte y la ciencia en nuestra sociedad. En el mundo de las ratas, el arte se ve como una peculiaridad extraña, más digna de lástima que de aprobación. Por su lado la investigación que lleva a adquirir conocimientos que pueden contradecir los dogmas oficiales en uso necesarios para mantener el orden y la vida en sociedad se consideran peligrosos para la comunidad, y por tanto se vetan siempre que es posible. Todo ello en una sociedad liderada por una rata reina, una descriptiva metáfora de los poderes políticos y financieros que controlan el mundo de los humanos.
Como ven la idoneidad de la obra no puede ser mayor, un hecho acentuado por el acierto de la puesta en escena y la interpretación sobria y mesurada de sus dos actores. Joan Carreras encarna a Pepe «el Tira», la rata policía que lleva a cabo la investigación en cuestión con una elogiosa formalidad y un perceptible peso interior; Andreu Benito encarna, por su parte, a diversos de los personajes secundarios que acompañan la investigación, con la prestancia y el refinamiento acostumbrados en él. Ambos no solo juegan con la interpretación sino también con la tonalidad y la impostura de sus voces, para proveer de mayor realismo y diversidad a sus interpretaciones.
El policía de las ratas es una ejercicio teatral que conecta con el yo interno e individual de cada uno de nosotros y nos obliga a analizar el funcionamiento de las sociedades humanas, fijándonos, irónicamente, en la colectividad formada por las ratas. Y nos permite reflexionar sobre el peligro que comporta el desarrollo del espíritu crítico en una sociedad como la nuestra dominada por poderes que ven en esta cualidad humana una amenaza para el status quo existente. Un peligro para la propia sociedad sobre todo en una época como en la que vivimos en la que el equilibrio y la justicia social están en retroceso.
«El policía de las ratas» se representa en el Teatre Lliure de Gràcia del 31 de octubre al 24 de noviembre de 2013.
Autor: Roberto Bolaño
adaptación y dirección: Àlex Rigola
Compañía: Heartbreak Hotel
intérpretes: Andreu Benito y Joan Carreras
Escenografía: Max Glaenzel y Raquel Bonillo
Vestuario: Berta Riera
Iluminación: August Viladomat
Producción: Teatre Lliure y Heartbreak Hotel
Idioma: castellano Duración: 55 minutos sin pausa Horarios: de miércoles a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 17:30 y a las 21 horas y domingos a las 18 horas. Precio: 29 €; miércoles y sábados por la tarde días del espectador, 22 €
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Parece ser que no hay pareja si no somos uno y uno sumando.
Hasta aquí la aritmética emocional comúnmente aceptada.
Veamos cuál es el resultado si el cálculo se alarga en el tiempo a causa de la incapacidad de los sumandos de “mejorar adecuadamente”.
Paul Berrondo anuncia su llegada al tentador binomio de la dirección escénica y la dramaturgia con un apetitoso bocado de realidad cotidiana roído por la pasión confesa hacia “La noche de la Iguana” de Tennessee Williams.
Y lo que cuenta en este ilusionado debut resplandece al inicio del espectáculo con un impacto deslumbrante: Sus criaturas son bulliciosas (un Borja Espinosa de generosa prestancia carismática; Maria Ribera transpirando una mosquita muerta que zumba con gracia) y la forma de relacionarse ambas es directa, refrescante y natural. Berrondo se aplica a fondo en esta parte y nos da un escenario conjunto donde público y actores convivimos pagando facturas a medias, haciendo planes y postergando cenas por dejadez doméstica. La historia de una pareja de actores que se irá desmembrando al no saber combinar triunfo profesional y oscuridad sentimental no por ser de lo más trillada tiene que parecernos prescindible cuando está contada desde la autenticidad y haciendo del desenfado escénico (los personajes se llaman igual que los actores que los interpretan; sus primeros encuentros rebosan agradecida espontaneidad producto del trabajo concienzudo; el músico ejerce como maestro de ceremonias a la vez que de comparsa constante) el gran mérito de “Nedant cap a la Mar de la Xina”.
Sucede, empero, que cuando Berrondo decide valerse del trágico y perverso Tennessee, el fulgor narrativo va apagándose al no alcanzar los intérpretes el nivel que requiere este nuevo contexto dramatúrgico. Si bien él logra mantener el tipo, ella va hundiéndose paulatinamente por una insipidez emergente.
Inclinándose la balanza entonces por las concesiones a esa “Iguana” castradora, la parte más cercana de esta “natación orientalista” va diluyéndose en la lejanía. Y es que esa porción de pequeñas vidas que nos ofrece la tropa de Paul para hincar el diente es tan sabrosa que no les perdonamos ni que nos la envuelvan ni que pretendan que nos la comamos en casa.
Por Juan Marea
“Nedant cap a la Mar de la Xina” se representa en el Almeria Teatre de Barcelona hasta el 17 de noviembre. http://www.almeriateatre.com/
«El culpable va hacia el castigo como el agua va al mar.»
Lo que en esta pieza teatral suena a amenaza puede camuflarse de advertencia.
Pero en la función de la Sala Muntaner no se detendrá aquí. Sino que acabará suponiendo un alivio para su protagonista. Aclaremos, no obstante, que no sin tener que pagar un precio al alcance de pocos bolsillos.
«Cosmètica de l’enemic» consiste, pues, en un juicio inesperado para su acusado, que primero rechaza y finalmente se erige en liberador. El fiscal es un despiadado avasallador que con su discurso relleno de amistosas intenciones destruye la calma del anónimo transeúnte. Esto no es más que el punto de partida de un proceso cuyo objetivo fundamental es averiguar si la impunidad social constituye una buena compensación para quien no puede garantizar su derecho a formar parte del grupo.
Magda Puyo, la instructora penal (y desde su posición de directora escénica) limpia casi por completo el escenario de artificios para dejar reposar en él los tres elementos esenciales del espectáculo, a los que saca lustre: la pareja de actores y el suspense.
Como cabezas visibles, Xavier Ripoll y Lluís Soler. El primero, objeto de martirio del segundo. Ripoll juega su papel de víctima combinando su diminuta presencia con un autoritario timbre. Ante el rechazo frontal del héroe, Soler contraataca con su esbelta figura y encantadora expresión demente.
Ambos personajes descifran la trama mediante un diálogo sin marcha atrás cuyo gran logro radica en la habilidad con que maneja los intrincados resortes de la ambigüedad, la sugestión en la manipulación y una estimulante insistencia en la creación de interrogantes. La ejecución por ambos intérpretes de sus réplicas adolece de cierta aceleración y alcanza sus cotas más altas cuando se ve bruscamente interrumpida. En esos momentos en que los dos personajes llegan a arañarse con los ojos y a salvaguardar su más celosa intimidad a escasos centímetros de distancia el uno del otro, reina un silencio inteligente que acrecenta la tensión y dota a los actores de una mayor entidad escénica. Y los aspavientos de Xavier que resquebrajan a su agredido «Jérôme» son tan estremecedores como la narración juguetona de Lluís al filosofar su «Textor» sobre los límites morales entre deseo, dominio y pasión amorosa.
El público, forzado a dictar sentencia, devora con mórbido interés el desarrollo de la trama. Y cuando llega el desenlace, los efectismos empleados resultarán tan acertados que no solo se nos congela la sangre. También temblamos al asumir nuestra misión de Jurado mientras aplaudimos y nos disponemos a abandonar la sala sumidos en una confusión tan atractiva que saldremos más imperfectos y bellos.
Un divorcio siempre es un acontecimiento digno de reseña y más cuando sus protagonistas forman parte del glamoroso y estrafalario mundo del famoseo. Esto es lo que pasa en Divorci, la obra que estrenó el pasado viernes el Teatre Gaudí, creada por Franz Keppler con argumento de Otávio Martins, adaptada y dirigida por Miquel Murga e interpretada por Òscar Mas, Núria Hosta, Aida Flix y Juan Frendsa.
La obra nos mete de lleno en un proceso de divorcio. En él los integrantes de la pareja formada por Cesc Santana (Juan Frendsa), un jugador de futbol venido a menos y su mujer, Bruna Monroy (Aida Flix), una modelo aspirante a actriz, han roto. Su amor (y sus intereses respectivos) no han resistido los pocos meses de matrimonio durante los que han estado juntos, por lo que ambos han iniciado los trámites de divorcio, que han puesto en manos de dos capaces abogados. Ella ha contratado a Josep Lluís Alsina (Òscar Mas), mientras que él ha hecho lo propio con Cecília Retxa (Núria Hosta), sin saber que sus defensores estuvieron, a su vez, casados y se divorciaron hace años.
La situación, pues, no puede ser más irónica: dos abogados divorciados que tienen que negociar el divorcio de sus clientes. ¿Algo puede ir mejor? Puede que sí, puede que las nuevas vidas de los abogados les hagan a ambos replantearse su situación y puede que el desarrollo del divorcio haga, también, reconsiderar las decisiones de las dos estrellas de la prensa rosa. Un lío emocional que provocará situaciones y finales inesperados.
Divorci es una comedia de enredos que se adentra por una parte en el mundo del famoseo, de los posados y de las trifulcas y por otro en las segundas oportunidades que la vida nos provee de tanto en tanto. La obra trata los dos temas con una gran perspectiva teatral y con voluntad de hacer pasar un buen rato a los espectadores. El tema escogido es, por otra parte, uno de aquellos que invaden los salones de la mayoría de los hogares y que se pelean, e incluso querellan, por ocupar las portadas y el máximo de páginas interiores de las revistas del corazón. Y es que en la actualidad las relaciones más o menos serias entre deportistas y modelos, léase cantantes, actrices, artistas y vividoras en general, está a la orden del día. De ahí que la elección del tema sea un acierto.
El texto, por otra parte, posee la fuerza y el vigor cómico que irradia de una escritura sencilla en el dibujo de las situaciones y de la continua contradicción de las mismas: dos parejas, una de ellas en proceso de divorcio, la otra divorciada. La primera parece que no tienen las cosas demasiado claras, o posiblemente las tenga y mucho. Los componentes de la segunda descubren que el hombre y la mujer nuevos que surgieron del divorcio vuelven a interesarles y seducirles, por lo que el odio inicial se convierte poco a poco en atracción. Un planteamiento, por tanto, en el que el enredo y la contradicción afloran constantemente. Una estructura que recuerda mucho a las comedias de enredo americanas en la que los sentimientos y la acción de hombres y mujeres se ven turbados por sus propias decisiones y empeños, desarrollándose de forma irónicamente confusa para ellos.
Si bien, aunque el texto posee la corriente humorística necesaria, parte de ella se pierde a la hora de materializarse en las actuaciones. A la obra le falta recorrido para conseguir que el humor que contiene fluya de forma natural y contundente. De sus cuatro interpretes destaca Òscar Mas, que le da a su personaje, el abogado Josep Lluís Alsina el touch humorístico que requiere. Nuria Hosta lo consigue por momentos pero aún no se le ve lo suficientemente suelta, y eso en humor se nota. Por lo que respecta a la pareja más joven, aunque Aida Flix dota a su papel de la ingenuidad y el atractivo físico que necesita, Juan Frendsa muestra cierta inexperiencia, debido, sin duda a que la obra representa su primer intento profesional en el teatro. Todo ello, sin duda, se puede mejorar con la propia evolución de las representaciones, consiguiendo darle a la obra la prestancia y la chispa que necesita.
Divorci es una buena receta de humor, aunque le falte algo más de cocción, para pasar un buen rato riéndose no solo de lo que pasa encima del escenario sino de sus conexión con la actualidad de la prensa rosa abanderada por programas de televisión como el infumable Sálvame en Telecinco y de revistas por el estilo. Y para confirmar que detrás de lo que parece algo cierto y seguro siempre queda un resquicio de incertidumbre y duda. Vamos, como en la vida misma.
«Divorci» se representa en el Teatre Gaudí des del 1 de noviembre de 2013.
Autor: Franz Keppler
Argumento: Otávio Martins
Reparto: Òscar mas, Núria Hosta, Aida Flix y Juan Frendsa
Versión catalana y dirección: Miquel Murga
Producción: Teatre Gaudí
Espacio escénico: Gordon Svaboda Craig
Vestuario: Daniel Carrasco
Diseño de luces: Daniel Gener
Espacio sonoro: José Gil
Horario: de jueves a sábado a las 21:30 horas y domingo a las 18:00 horas. Precio: 20 € Idioma: catalán Duración: 90 minutos
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El teatro es un buen remedio para hacer terapia. Pero solo cuando somos incapaces de distinguir quién es el terapeuta y quién el paciente. De este modo, público y artífices van de la mano a la hora de ahondar en la raíz del desequilibrio.
“La Sed” es el espectáculo que en esta ocasión utilizaremos para aplacar nuestros conflictos internos. Con “La Sed”, estaremos primero muy atentos, después sufriremos al enrarecerse su atmósfera y finalmente habremos bebido lo que nos merecemos.
Germán Madrid escribe una historia para dos personajes que se retroalimentan en el escenario. Son gato y ratón en continua convivencia porque les vamos a ver persiguiéndose a lo largo de tres actos de suspense creciente y notable recital interpretativo.
Partiendo de un pretexto argumental primo hermano de “La huella”, aquella maravilla de juego escénico pensada por Anthony Shaffer y a la que sacaron punta afilada Laurence Olivier y Michael Caine en 1972 bajo la atenta cuchilla de Joseph L. Mankiewicz, ahora el Espai Escènic Carro de Baco de Santa Coloma de Gramenet añade a ello una reflexión que subraya la importancia del arte interpretativo como sucedáneo de esa vida tan difícil de vivir por (casi) todos encontrando en el folletín de cine negro el modo de ejemplificarlo antes que llevándolo a sus últimas consecuencias.
“La Sed” bebe con control en cuanto a la exquisita puesta en escena de Antonia Castillo disfrutando de la copa y brindando con la platea. El equilibrio entre la dirección de actores (encantador en su arrogancia Àlex Brull, carismático como pobre diablo el propio Germán; estupendo el brío de ambos cuando fingen una pelea a muerte), el espacio escénico (majestuoso desde la simplicidad, muy sugerente utilización del rojo burdeos), la iluminación (bellísima la transición en que el supuesto felino es entronizado miserablemente con mordaza y cinta de carrocero) y la música (cumpliendo una acertada misión narrativa) nos desequilibra de emoción escénica.
A la hora de llenarnos las copas con una dramaturgia obligada a ofrecer la sorpresa constante es cuando pasamos del “puntito” al riesgo de acabar beodos: en su afán por apuntalar bien la sorpresa del espectador, Madrid acomete una recta final curvada por el solapamiento de la revelación del enigma (y vil sacrificio de quien se mostró desde el inicio como irresistible roedor) y la descripción de una terrible historia culebronesca sobre ratitas de vida alegre y trágico final. Y la inverosimilitud se ve obligada a hacer acto de presencia.
Esta noche no podré volver a casa en coche. Lo dejaré aparcado cerca. Voy a seguir bebiendo.
Por Juan Marea
Germán enciende la llama de una gran amistad con Àlex.
Es curioso que durante este día de conmemoración y recuerdo de Todos los Santos, me dedique a escribir la crítica de Manicomio, el segundo espectáculo presentado por Circo de los Horrores, que ya visitó la ciudad condal por primera vez en octubre de 2009 con la producción Psicosis. Una curiosidad debida a la coincidencia de temáticas existente entre el espectáculo y las fechas en las que vivimos, en las que el terror y las apariciones de espíritus y almas en pena se materializan por las calles de la Barcelona. Este año, además, el espacio que acoge al espectáculo en cuestión es una carpa situada en el Port Vell, un hecho que le da al evento un toque vetusto y tradicional, gótico si me permiten decirlo, que ayuda y mucho a la imagen global del espectáculo.
Manicomio, el nuevo espectáculo de Circo de los Horrores ha mejorado, además, con respecto a su predecesor en lo relativo a la calidad y la espectacularidad de sus números. Si bien la estructura es la misma, la sucesión de actuaciones de carácter circense amenizadas por el humor del anfitrión de la función, Suso Silva en el papel de Nosferatu y de Bitelchus, y de algunos de sus desquiciados asistentes, que consiguen arrancar las carcajadas del público.
Así, pues, el espectáculo da inicio desde el momento en el que el público accede al recinto, en el que los diversos actores y acróbatas interactúan con los espectadores creando una atmósfera adecuada y perversa para que todo se ponga en marcha. A lo que da paso la llegada de Nosferatu, el rey de los vampiros, que parece que también gobierna, de alguna forma, sobre psicóticos, anormales y demás especies ocultas y demenciales. Tras una presentación formal y humorística dan inicio las actuaciones de carácter circense entre las que hallamos acrobacias aéreas de carácter cabelludo; equilibrios y saltos inimaginables sobre patines, objetos y neumáticos; portentosos ejercicios de barras atléticas; composiciones musicales generadas a partir de la percusión de pelotas sobre baterías; majestuosos equilibrios acrobáticos de clave erótico…
Manicomio, Circo de los Horrores es un espectáculo en donde, además, se potencia la interacción, ya sea entre los actores y el público como también en el escenario, donde los afortunados (o desafortunadas) pueden participar en el desarrollo de la representación. Algo que está muy relacionado con el tipo de público que acude a ver el espectáculo gótico-circense humorístico que nos han cocinado los miembros de Circo de los horrores: por el tipo de espectadores que ocupan las butacas de la carpa podríamos inferir que esta es una obra dirigida a un púbico joven, decidido a interactuar y a hablarle de tú a tú a los integrantes de la compañía y dispuestos a disfrutar y a deslumbrarse con cada una de las actuaciones.
Un resultado que se consigue pues como les decía, el espectáculo ha mejorado en espectacularidad con respeto a su anterior versión, reforzando su barniz de goticismo, que ya poseía, y potenciando acertadamente sus componentes artísticos albergados, en esta ocasión, en la carpa al estilo «circo tradicional» que le da un toque de terror antiguo.
Así que ya lo saben, si quieren pasar un poco de medio, tan solo un poco, esmaltado con un humor fresco y a veces improvisado, y quieren sorprenderse y disfrutar con las artes escénicas que poseen los internos mentalmente afectados del sanatorio, les recomiendo que aprovechen la llegada del frío y que adquieran su entrada (si pueden es mejor ir acompañado o en grupo) para gozar de una visita a una institución artístico-psiquiátrica que les hará reír, y mucho, y asombrarse de lo que son capaces de hacer los internos del manicomio. Y no esperen demasiado, ya que las funciones finalizan el próximo 10 de noviembre!!
«Manicomio, Circo de los Horrores» se representa en el Port Vell del 18 de octubre al 10 de noviembre de 2013.
Calendario Gira: Tarragona – Parque Francolí, del 21 al 24 de noviembre de 2013.
Idea original y dirección artística:Suso Silva
Reparto: Suso Silva, Damian Pranay, Andrey Aversuskyn, Ganna Stepavova, Chris Lemon, Morian Hambright, Trío Essence, Barto, Graziella, Troupe Ceban, Carolina Coria y Carlos Pérez Producción: Suma y Sigue Espectáculos Producto ejecutivo: Manuel González Villanueva Dirección de montaje: Circo Hermanos Rossi S.L. Escenografía: Miguel Brayda Diseño de luces: Juanjo Llorens Coreografía: Lola González Vestuario: Menkes
Esta semana finalizan las representaciones de À la ville de… Barcelona, un homenaje del Teatre Lliure a la ciudad de Barcelona en forma de music hall cómico creado y dirigido por Joan Ollé e interpretado por Joan Anguera, Ivan Benet, Marta Betriu, Laura Guiteras, Oriol Genís, Enric Majó, Victòria Pagès y Jordi Vidal, una troupe que nos hará viajar por la historia y por los rincones más simbólicos de la ciudad condal en un itinerario marcado por el buen humor, por la música y por las ganas de reírnos de mostros mismos. Un empeño que se corona con un muy grato resultado escénico que enlaza directamente lo que acontece sobre el escenario con las vivencias de los que se hallan en el patio de butacas.
À la ville de… Barcelona, nos propone un periplo por las edades de la ciudad y de sus habitantes. Como anfitrión de este viaje escénico por el tiempo nos hallamos, al inicio de la representación, a un patricio de la ciudad romana de Barcino que, togado, nos da la bienvenida para que comience un recorrido que nos llevará desde las Ramblas al Paralelo, del Zoo al Born y el barrio de la Ribera; de Montjuïc a la Barceloneta, pasando por el puerto, los mercados, El Molino, o el Liceo.
La obra está conformada por una sucesión de sketchs que mezclan el humor con un cierto dramatismo, unos ingredientes, además, compartidos por los espectadores ya que hacen referencia, sin duda, a sus vivencias personales. El espectáculo aunque comienza, como he dicho, en época romana, se centra especialmente en el siglo XX, y yo diría que sobre todo en la segunda mitad de esa centuria, donde, claro está, tanto el dramaturgo como los espectadores pueden hallar muchos más elementos de sátira más cercanos y cotidianos. Entre ellos, por ejemplo, encontramos la invasión de las hordas de turistas que cada vez se apropian con mayor afán de los espacios más significativos de la ciudad; la acción política «de postín» de los alcaldes de Barcelona, un gag excelentemente interpretado por Ivan Benet; los efectos de la corrupción que cada vez parece más omnipresente; las incomodidades experimentadas por los monumentos barceloneses o la subjetiva degradación que sufren algunos de los barrios de la ciudad, con la resolutiva interpretaciónen in crescendo de Victòria Pagès.
La representación se construye a partir de una actuación coral, en la que cada uno de los actores tiene su/s momento/s, con un ritmo que se mantiene en tensión a lo largo de la obra, con finales de sketchs y principios de otros que se entrelazan constantemente. Por el escenario pasarán personajes como las estatuas de Colón y de la Dama del paraigües, el mundialmente famoso Floquet de neu, varios de los alcaldes de Barcelona, el defenestrado Millet, formando un más que cómico Angelus pictórico y toda una serie de personajes anónimos que han paseado y pasean su estampa por las calles de la ciudad, a través de una pasarela conformada por un acertado paso de cebra, elemento ubicuo en la metrópolis.
Sin embargo la obra, o lo que es lo mismo, el torbellino de sketchs y gags, no goza de un adecuado equilibrio entre el dramatismo y la comicidad que poseen las escenas individuales, por lo que la firme apuesta hacia la vertiente más humorística del conjunto hace que sus escenas más dramáticas no consigan crear el momento de tensión que les son necesarios, aguando de esta forma sus intentos de llegar al espectador. Por su parte, el peso humorístico del conjunto se impone, lo que genera una sensación, esta vez sí que acertada, de comicidad en el público asistente.
La obra también está planteada como un music hall en el que oiremos viejos éxitos de la música más popular escuchada en la ciudad interpretados en directo por una pequeña banda de músicos, lo que le da al espectáculo un toque de varieté que la asemeja, en parte al Taxi… Al TNC!, la obra con la que dio comienzo la temporada el Teatre Nacional. Y es seguramente esta una forma más que adecuada para dar comienzo a un año del que parece que podemos esperar algo más que en los últimos, para que germine en él la dicha propia de tiempos mejores, unos tiempos presentes y futuros que también formarán parte de la historia de Barcelona y a los que puede que dentro de unos años o tal vez de de muchos, alguien haga referencia en forma de obra de teatro, ¿no les parece?
«À la ville de… Barcelona» se representa en el Teatre Lliure Montjuïc del 10 de octubre al 3 de noviembre de 2013.
Creación y dirección: Joan Ollé
Reparto: Joan Anguera, Ivan Benet, Marta Betriu, Laura Guiteras, Oriol Genís, Enric Majó, Victòria Pagès y Jordi Vidal
Músicos: Joan Alavedra, Eduard Altaba, Salvador Boix, Oriol Camprodon-Montserrat Margalef, Jerôme La Voix-Clara Luna y Xavier Maureta-Ahmed Al’Tortahad
Escenografía: Eugenio Szwarcer
Vestuario: Míriam Compte
Caracterización: Núria Llunell
Iluminación: Lionel Spycher
Sonido: Damien Bazin
Coreografía y movimiento escénico: Andrés Corchero
Dirección musical y arreglos: Lisboa Zentral Cafè
Producción: Grec 2012 Festival de Barcelona, L’Auditori de Barcelona y Bitò Produccions
Horarios: de miércoles a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 17:30 y a las 21:00 horas y domingos a las 18:00 horas. Precio: de 22 a 24,65 € Idioma: catalán Duración: 2 horas sin pausa
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