“Naïf” de Toti Toronell: Como en casa, en ningún sitio.

Una jaula sirve para atrapar moscas cojoneras. Un músico puede ser muy útil para rasgar con un arco un serrucho y extraer de él hipnóticas melodías. Y el payaso Toti Toronell lo usaré para ejemplificar la magia de la cotidianidad.

La Seca Espai Brossa de Barcelona es estos días un catálogo de tiernos momentos escénicos para recordarnos a público y artistas que el arte no es más que percibir la emoción uniendo ilusiones y dándoles forma escénica.

Naïf” ofrece a Toronell la posibilidad de medirse alternando gags íntimos que rehuyen la pretenciosidad subrayando el poder de la sencillez. Tomando como punto de partida al payaso ingenuo pero perseverante, de encantador desaliño y silencio sosegador, Toti vence con deportividad los enojosos obstáculos de la vida doméstica (una gotera desquiciante que desaparece cuando el aplicado manitas logra por fin llegar al techo), se entrega apasionadamente al “amour fou” de su fregona (precioso episodio de títere y clown) y vive el desengaño de la “ruptura” con su bolsa de basura, que no quiere separarse de su generador y se resiste a asumir su triste destino en el contenedor.

Esto no es todo: El osado artista emula la danza clásica y la contemporánea sin solución de continuidad, pasando por un ejercicio múltiple malabar con la versátil bolsa.

Y cuando ya asume que el escenario no es solo suyo, lo convierte en prometedor punto de llegada para dos espectadores a los que elige tan cuidadosamente que les construye un camino desconcertante e hilarante a través del patio de butacas. Con ello, se acaba de meter al público en el bolsillo. O mejor dicho, en su nariz enrojecida.

Albert Dondarza, segundo de a bordo y exquisito recreando burbujas de música que acarician nuestra sensibilidad, es cómplice inseparable de Toronell a la hora de afinar, entonar y cautivar.

Ocurre, no obstante, que son tantos los recursos que el espectáculo exhibe y desplegándose de manera tan entusiasta, que llegan a perjudicar parcialmente el resultado final. En este sentido, momentos como el del bolero o el duelo entre el clown humano y el animado resultan prescindibles por romper con la línea principal recorrida, la que conduce al abono con mimo de ese pequeño canto a la inocencia sensitiva.

Y una cinta métrica sirve para acercar a tímidos amantes. Y una rueda es muy valiosa para sentirse uno atascado en el camino. Y “Naïf” abre recovecos en nuestra ceguera adulta.

 Por Juan Marea

“Naïf” se representa hasta el 8 de diciembre.
http://www.laseca.cat/ca/obra/23/naif–toti-toronell/

ImageLa inocencia es voladora.

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