“La Sed” en Carro de Baco: ¡Malditos roedores!

El teatro es un buen remedio para hacer terapia. Pero solo cuando somos incapaces de distinguir quién es el terapeuta y quién el paciente. De este modo, público y artífices van de la mano a la hora de ahondar en la raíz del desequilibrio.

La Sed” es el espectáculo que en esta ocasión utilizaremos para aplacar nuestros conflictos internos. Con “La Sed”, estaremos primero muy atentos, después sufriremos al enrarecerse su atmósfera y finalmente habremos bebido lo que nos merecemos.

Germán Madrid escribe una historia para dos personajes que se retroalimentan en el escenario. Son gato y ratón en continua convivencia porque les vamos a ver persiguiéndose a lo largo de tres actos de suspense creciente y notable recital interpretativo.

Partiendo de un pretexto argumental primo hermano de “La huella”, aquella maravilla de juego escénico pensada por Anthony Shaffer y a la que sacaron punta afilada Laurence Olivier y Michael Caine en 1972 bajo la atenta cuchilla de Joseph L. Mankiewicz, ahora el Espai Escènic Carro de Baco de Santa Coloma de Gramenet añade a ello una reflexión que subraya la importancia del arte interpretativo como sucedáneo de esa vida tan difícil de vivir por (casi) todos encontrando en el folletín de cine negro el modo de ejemplificarlo antes que llevándolo a sus últimas consecuencias.

“La Sed” bebe con control en cuanto a la exquisita puesta en escena de Antonia Castillo disfrutando de la copa y brindando con la platea. El equilibrio entre la dirección de actores (encantador en su arrogancia Àlex Brull, carismático como pobre diablo el propio Germán; estupendo el brío de ambos cuando fingen una pelea a muerte), el espacio escénico (majestuoso desde la simplicidad, muy sugerente utilización del rojo burdeos), la iluminación (bellísima la transición en que el supuesto felino es entronizado miserablemente con mordaza y cinta de carrocero) y la música (cumpliendo una acertada misión narrativa) nos desequilibra de emoción escénica.

A la hora de llenarnos las copas con una dramaturgia obligada a ofrecer la sorpresa constante es cuando pasamos del “puntito” al riesgo de acabar beodos: en su afán por apuntalar bien la sorpresa del espectador, Madrid acomete una recta final curvada por el solapamiento de la revelación del enigma (y vil sacrificio de quien se mostró desde el inicio como irresistible roedor) y la descripción de una terrible historia culebronesca sobre ratitas de vida alegre y trágico final. Y la inverosimilitud se ve obligada a hacer acto de presencia.

Esta noche no podré volver a casa en coche. Lo dejaré aparcado cerca. Voy a seguir bebiendo.

Por Juan Marea

la.sed
Germán enciende la llama de una gran amistad con Àlex.

“La Sed” se representa el 15 de diciembre.
http://saladeteatro.wordpress.com/

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