Fa fred.
Molt de fred.
O n’hauria de fer.
Però a la ”Groenlàndia” del Teatre Nacional de Catalunya l’ambient és tebi.
D’una banda, perquè aquesta nova proposta escènica està bastida d’un glaç que fàcilment es desfà. De l’altra, perquè tractant-se de l’últim espectacle programat per la sala Tallers (diuen que fins d’aquí a dos anys), el panorama resulta desolador.
La “Groenlàndia” escrita per Jordi Faura crea tantes expectatives que ràpidament es cansa d’intentar satisfer-les. I el públic, que ha fet un bon equipatge per a viatjar a aquesta latitud, s’haurà de conformar a comprar “sovenirs” a l’aeroport.
Tot i el gran esforç per documentar la vida a tan insòlit paratge. Malgrat la provocativa premissa argumental inicial. Fins i tot, contràriament a una escenografia exuberant en l’aspecte visual i impressionant en les formes recreades.
En aquesta terra a punt d’esmicolar-se per la cobdícia diguem-ne occidental, els seus nadius sembla que acceptin encantats el pacte d’extermini.
L’arribada d’una família burgesa omnipotent i voraç que vol seguir queixalant amb el seu “ego” capitalista en primera persona del plural és el punt de partida de l’autor per a desencadenar el conflicte. I no content amb això, inclou al “programa d’activitats” la incitació a una sexualitat desbocada, a la immoralitat materialista despietada i a l’absoluta manca de prejudicis en la submissió dels més febles. Tot plegat, material fulletonesc manejat amb certa gràcia mitjançant un humor negre que ràpidament s’esvaeix. En el moment en què comença l’acció.
Es tracta, doncs, d’endinsar-nos en una aventura, mal vestida d’epopeia. I llavors la lluita per la supervivència (és una manera de parlar) esdevé protagonista absoluta, congelant personatges en un esquematisme cada cop més alarmant.
La “Groenlàndia” dirigida per Faura no aconsegueix salvar els obstacles que el text havia anat creant. La interpretació dels actors no resulta creïble (de l’exhibicionisme exasperant de Joan Anguera i Àngels Poch a la superficialitat d’Anna Moliner o David Vert) i el ritme s’encalla trobant més i més escenes redundants a mesura que “avança” l’acció. Acaba imposant les seves regles la pretensiositat de voler “descobrir-nos” un cop més la mateixa història de sempre.
Ara bé: si som capaços d’apartar de l’escenari tant de transcendentalisme, podem distingir-hi petites zones de blanca resplendor: el tractament dramàtic dels dos germans, encarnats amb frescor alleujadora per Pep Ambròs i Òscar Castellví, Caïm i Abel en un paradís gelat; la preciosa veu de Moliner obrint l’espectacle; l’amenitat (més per la seva diversitat que per la seva eficàcia) del conjunt de subtrames i, sobretot, Pepo Blasco, com el genuí Nanoq, l´únic element de la funció que ofereix rastres d’humanitat i convicció.
Que els esquimals descansin en pau. Que el petroli deixi de ser la nostra sang. I que no ens allunyem mai de la grandesa de les coses petites.
«Groenlàndia» es representa al TNC del 13 de febrer al 3 de març de 2013.
Direcció: Jordi Faura
Vestuari: Nídia Tusal
Il·luminació: Roc Laín
Música i so: Lucas Ariel Vallejos
Caracterització: Toni Santos
Assessorament de cultura inuit: Francesc Bailón
Reparto: Àngels Poch, Oriol Genís, Pep Ambròs, Òscar Castellví, David Vert, Pepo Blasco, Anna Moliner i Joan Anguera
Producció: Teatre Nacional de Catalunya
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Avui us presentem a Culturalia la programació dels mesos de març, abril i maig del Casino de l’Aliança del Poblenou.
9 març
17:30 hores – La volta al món en 80 caixes – Premi MAX al millor espectacle infantil. Preu: 15 euros platea i 9 euros amfiteatre / 40% descompte a taquilla
21:30 hores – Hotel Dulce Hotel. Espectacle musical basat amb l´obra de Joaquín Sabina. Cia Hotel Cochambre Preu: 20 euros platea i 16 euros amfiteatre / 40% dte taquilla
Una de las claves del teatro y más en esta época de postmodernismo político, artístico y social, es la capacidad que tiene de transportar al escenario la realidad más cotidiana y azarosa, esperpéntica en algunas ocasiones, y examinarla desde múltiples y variados puntos de vista. Esto es lo que se ha propuesto el Teatre Condal con la programación de Sí, primer ministre, obra escrita por Antony Jay y Jonathan Lynn sobre el original que ellos mismos crearon para la popular serie televisiva del mismo título que se emitió en la BBC entre los años 1980 y 1988. Una sátira política dirigida por Abel Folk y que agrupa a la Focus-troupe (Joan Pera, Carles Canut i Ferran Rañé) a la que se suman Dafnis Balduz, Victòria Pagès i Marta Angelat.
La trama de la obra se desarrolla en lo que se podrían considerar las bambalinas del poder. El acuerdo económico que puede salvar a la Unión Europea está fracasando debido al individualismo egoísta de los diferentes países, con Inglaterra al frente, siempre reticente a actuar de forma conjunta con el continente, y más en materia económica. La única posibilidad de salvación es la propuesta del gobierno de Kumranistán relacionada con la explotación de sus enormes reservas de gas y la construcción de un gasoducto que una su país con Europa. Si bien las exigencias del embajador kumranistaní exceden con mucho las leyes y la moral occidental. ¿Accederá el gobierno inglés, liderado por el primer ministro Hacker, ante tales imposiciones? ¿Estarán los políticos ingleses a la altura de las circunstancia?
Abel Folk se pone al frente de un proyecto con una «denominación de origen» que promete entretenimiento y cargas de humor británico a discreción, no solo debido al buen hacer de sus autores sino también a la situación que describe la obra y a su actualidad, que vivimos día a día a través de los informativos. Sí, primer ministre se nos hace creíble porque la triste realidad, en este caso, supera la ficción.
Lo primero que nos sorprende es el decorado de la obra: una gran sala, la de la residencia de campo del primer ministro británico, con una decoración a la inversa donde se nos muestra una miríada de marcos de cuadros vacíos, que nos quieren avisar de lo hueca que está y ha estado siempre la actividad política. El juego de contradicciones se potenciará más tarde cuando, tras el entreacto, veamos como el decorado se ha invertido, que lo que estaba delante está ahora detrás, como materializando las vueltas y revueltas que la política obliga a dar a todo, principalmente a través del malsano uso de las palabras, con el objetivo de lograr sus metas.
En el despacho del primer ministro inglés podremos ver de todo: despropósitos varios, mentiras, marketing, corrupción, rivalidades políticas, deshonestidad, tráfico de influencias… en resumen, lo que estamos acostumbrados a hallar en cualquier despacho en el que se haga política. Algo que nos recuerda, seguro, los sobresueldos de Bárcenas y de la cúpula del PP; los casos de corrupción cada vez más comunes tanto en la Comunidad Valenciana, como en las Islas Baleares, en Catalunya o en cualquier comunidad autónoma que se precie; las «presuntas» irregularidades económicas perpetradas por el Instituto Nóos, realidades todas ellas donde aflora la inmoralidad y la avaricia de nuestros representantes políticos, ya sean de un color u otro.
Pero no se piensen que Sí, primer ministre, es un drama inquietante y revelador, sino que, como les decía, es una comedia ácida y satírica, de aquellas que poseen dobles juegos, triples relecturas, gags continuos y un suspense cómico que se desarrolla a lo largo de la obra. Algo que no podía ser de otra forma conociendo la serie en la que se basa la obra y el saber hacer de sus artífices.
Sí, primer ministre representa, sin embargo, un cambio en relación a las obras «made in Pera». Este es posiblemente su hándicap más pronunciado, ya que no está en la línea de lo que espera un fan del actor. El tipo de personaje y el humor interpretado por Pera en esta obra no es el habitual, hecho este que puede contrariar a los espectadores. Algo de esto se pudo observar el mismo día del estreno, al no producirse las habituales avalanchas de carcajadas que genera cualquier interpretación de Pera, y al constatarse que muchos de los gags de doble sentido típicamente británicos pasaban inadvertidos a la mayoría del público. Algo debido a las circunstancias propias del estreno pero también a una formalidad excesiva y a una ambientación que mantiene una toque demasiado británico para las latitudes catalanas en las que nos hallamos.
Por el contrario, la obra está plagada de ese humor inteligente que se atreve con todo: con la mediocridad política encarnada en la persona del primer ministro (que diferente, verdad, de la realidad española!!); con la falta de decencia de los políticos, con el todo vale; con los juegos de influencia y los retiros de oro…
La obra requiere de un esfuerzo intenso por parte de sus actores protagonistas. Pera y Canut aportan su veteranía y su presencia para dar cuerpo a los protagonistas principales: el primer ministro amenazado por una realidad política que le supera, y el viejo halcón de la política y consejero principal de Pera. Dafnis Balduz y Victòria Pagès encarnan a los subalternos oficiales, si bien con algunos altibajos, como si no se acabaran de creer la indigna grandeza de sus personajes. Ferran Rañé da vida al embajador del Kumranistán, en un trabajo muy secundario, como el de Marta Angelat, que encarna a la directora general de la BBC, y que nos sirven para ser conscientes de las diferencias culturales existentes entre los países, a veces enriquecedoras y a veces no tanto, o de las sombrías e íntimas afinidades que mantienen la política y los medios de comunicación.
Sí, primer ministre se convierte, pues, en un ejercicio de autocrítica, y más en un país como el nuestro afectado por la crisis económica, y lo que es más triste, por la peste de la corrupción política general, que nos permite no obstante reírnos de nuestros propios males de la mano de la precisión del humor inglés, y de la amabilidad de la comicidad «made in Pera«, pero recuerden, en un registro que no es el suyo habitual.
«Sí, primer ministre» se representa en el Teatre Condal del 19 de enero al 7 de abril de 2013.
Autores: Antony Jay y Jonathan Lynn
Versión y dirección: Abel Folk
Reparto: Joan Pera, Carles Canut, Dafnis Balduz , Victòria Pagès , Ferran Rañé y Marta Angelat
Escenografía: Paco Azorín
Iluminación: Jaume Ventura
Vestuario: Laia Muñoz
Diseño de sonido: Jordi Bonet
Caracterización: Toni Santos
Realización y edición audiovisual: Joan Riedweg
Horarios: de martes a viernes a las 21:00 horas; sábados a las 18:00 y a las 21:00 horas y domingos a las 18:00 horas. Precio: de 30,5 a 32 €. Duración: 2 horas y 15 minutos, con 15 minutos de entreacto Idioma: catalán
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Què hi ha darrere d’una bibliotecària? Què li passa pel cap? ¿Què opina de la seva feina? I dels usuaris que cada dia circulen pel seu “territori”? L’escriptora Sophie Divry es va plantejar totes aquestes qüestions, i d’aquest treball imaginari en va sortir La signatura 400, el text que estrena el Círcol Maldà amb Lluïsa Mallol –realment esplèndida– en la pell d’una dona que ha convertit el soterrani de la biblioteca municipal en què treballa en el seu refugi particular, un lloc on gairebé no hi entra la llum exterior i amb el qual manté una estranya relació, entre l’amor i l’odi, un espectacle de petit format molt ben rebut pel públic que ja ha vist aquesta delicada declaració d’amor als llibres que ens envolten a la sala del barri Gòtic barceloní.
Un dia més, la nostra soferta protagonista arriba ben d’hora a la biblioteca per a endreçar els llibres que van quedar damunt les taules la tarda abans. Avui, però, no serà un dia qualsevol: en encendre els llums descobrirà un lector que es va quedar adormit en la seva secció, la de geografia, un inesperat convidat que ella no deixarà escapar sense que l’ajudi en la seva tasca. Així, i mentre posen ordre al seu departament –la seva obsessió per l’ordre és malaltissa–, la dona compartirà les seves reflexions més íntimes amb aquell home silenciós, qui descobrirà una dona que parla amb passió de la seva feina, a la qual ha dedicat els millors anys de la seva vida, una lectora habitual de Maupassant i de Simone de Beauvoir que odia especialment els arquitectes, observadora silenciosa dels flirtejos que succeeixen en aquell soterrani, desencantada per no poder fer-se càrrec de les seves seccions preferides –la d’història i la de literatura– per enveges de les companyes, etc.
En el seu discurs, la bibliotecària assegura que “aquell qui està envoltat de llibres no està mai sol”, una afirmació que ella mateixa s’encarrega de desmuntar al mostrar la seva frustració en l’amor –va arribar a aquesta ciutat per un home que la va deixar per una enginyera nuclear, mentre que en l’actualitat està enamorada platònicament d’un historiador amb qui només ha parlat una vegada–, el seu desencís en sentir-se invisible a ulls dels altres, el dolor per haver dedicat els seus esforços als llibres i haver descuidat les seves relacions personals, la ràbia en veure com se li escapa la vida sense poder fer res per a evitar-ho i la sensació de ser només una presonera entaforada en aquell racó obscur.
Sota la direcció de Joan Peris, La signatura 400 es presenta com un monòleg atípic, més aviat podem definir-lo com un diàleg amb un interlocutor que no parla en cap moment –el lector, tot i ser sempre present–, un discurs que permet brillar, un cop més, Lluïsa Mallol, una magnífica actriu que aquí es transforma en una bibliotecària veterana amb certs impulsos obsessius-compulsius respecte a la correcta disposició de les coses, transitant amb desimboltura en estats d’ànim contradictoris: tan bon punt escridassa l’home com li prega que es quedi, tan aviat riu i s’il·lusiona amb el clatell del seu estimat Martin com plora en comprovar que mai podrà estar amb ell, aconseguint que l’espectador s’identifiqui amb el seu patiment. En escena, però, Mallol no està sola: Joan Gibert és l’usuari que ha passat la nit a la biblioteca, i té el difícil paper de donar la rèplica a la seva companya sense paraules; els seus gestos, les seves reaccions, esdevenen una feina silenciosa que ell realitza amb gran habilitat.
Enamorada de la literatura, Lluïsa Mallol va començar la carrera de Biblioteconomia i Documentació; anys més tard, l’actriu va descobrir aquest text de Sophie Divry sobre una bibliotecària que comparteix les seves frustracions amb el públic, un relat en què s’unien dues de les seves grans passions, els llibres i el teatre, i va decidir fer-ne l’adaptació i buscar un lloc on representar-la. El Círcol Maldà ha estat l’escollit per a instal·lar La signatura 400, un notable espectacle, entre l’humor, el drama i l’erudició, que no només reflexiona encertadament sobre el paper de la cultura en la societat actual –tan necessària malgrat els esforços d’alguns per a arraconar-la–: també parla de la solitud, de l’amor, del desamor, de la frustració pels somnis no aconseguits,… De la vida, en definitiva.
La signatura 400 es representarà al Círcol Maldà del 20 de febrer al 10 de març de 2013.
Autora: Sophie Divry
Traducció i adaptació: Lluïsa Mallol
Direcció: Joan Peris
Intèrprets: Lluïsa Mallol, Joan Gibert
Escenografia: Herminia Carulla
Vestuari: Antonio Belart
Perruqueria: Toni Santos
Disseny de llums: Daniel Gener
Disseny de so: Aurélie Raoût
Producció executiva: Cristina Raventós
Horaris: dimecres, dijous, divendres i dissabte a les 21:00 hores, i diumenge a les 19:00 hores Preu: de 17 € a 22 € Idioma: català Durada: Una hora i deu minuts
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Escrit per: Robert Martínez Colomé
Desde pequeño, me fascinan las palabras. Y aún más el uso que les damos. Porque las convertimos de ese modo en parte de nuestro ser. Y, con ellas, amamos mejor. Y viajamos. Y dejamos de escondernos.
Esta es una historia sobre una palabra. O, mejor dicho, sobre el significado que a ella le da un ser especial. Para ello, una entusiasta Vicky Peña se entrega a la causa de defenderla hasta la exasperación. Aunque no sea suficiente. Porque no le acompañan ni un texto sugerente, ni un escenario envolvente y ni siquiera unos partenaires convincentes.
Y hablando de “ente”, os presento al protagonista titular de tan pomposo espectáculo: una inacabable obra enciclopédica de las palabras tras la cual se arrastra María Moliner, tanto como su tozudez le permite alejarse de ese mundo contaminado de intolerancia política, social y de género que le tocó rechazar.
Dicho diccionario, moroso, excesivo y rancio, no consigue hacer relucir sus páginas a lo largo de la representación escénica. Se empeña continuamente en privar a su público de la posibilidad de querer hojearlo con sus propias manos.
Porque no arriesga al pasar sus páginas, que se entrelazan de acuerdo con diversos encuentros de la ínclita María (Vicky bienintencionada pero sobreactuada) con los que debieron ser los dos hombres más importantes de su vida: el doctor que le trató su enfermedad degenerativa (Helio Pedregal afectado y poco preocupado por dejar de estarlo) y el marido que le cortó las alas sin apenas ruborizarse (un Lander Iglesias que pasaba por ahí y, aun teniendo un teléfono cerca, lo pudo resistir, parafraseando a Aute). Entre ambos se debate este retrato de mujer tenaz, perseverante y concienzuda sin que el aparente marco (un escenario abarrotado de libros) logre que aflore el lienzo donde debía transmitir el artista (José Carlos Plaza dirigiendo) una paleta de colores vehemente, acelerada y única. Porque el afán del autor del texto (Manuel Calzada) por ofrecer datos biográficos, junto a un continuo esfuerzo por contextualizar históricamente, borran lamentablemente los pocos trazos que podríamos distinguir del alma de esa mujer que hay que reivindicar. Desde un alma personalizada y hasta que nos sacuda con el patetismo de su encierro.
Y cuando ya lo dábamos todo por perdido, emerge en el firmamento escénico la palabra clave y, con ella, la salvación: María confiesa que la necesidad de conceptualizar correctamente “libertad” fue el motor de entregarse a tan ardua tarea de crear su propio diccionario. Y al exponer sus razones en un soberbio monólogo (lástima que sea el final), Vicky renace, junta las cenizas de este convencional “biopic”, y emprende el vuelo arrebatándonos esa emoción que no habíamos conseguido soltar hasta entonces. Ahora sí que tocamos el cielo. Aunque solo sea durante los últimos minutos de este espectáculo.
«El diccionario» se representa en el Teatre Romea del 16 de enero al 10 de febrero de 2013.
Autor: Manuel Calzada Dirección: José Carlos Plaza Reparto: Vicky Peña, Helio Pedregal y Lander Iglesias Voz: José Pedro Carrión Escenografía: Francisco Leal Vestuario: Pedro Moreno y Cristina Rodríguez del Yerro Iluminación: Francisco Leal Música y espacio sonoro: Mariano Díaz Producción: Teatro de La Abadía y Anadramápete
Duración: 1h 30 min (sin entreacto) Idioma: castellano
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Hace unos tres años tuve la suerte de hacer la crítica de la obra de teatro Ojos verdes, Miguel de Molina in memoriam de la compañía La BarniTeatre, estrenada en el Brossa Espai Escènic. El espectáculo musical realizaba un repaso artístico y biográfico de la figura de Miguel de Molina (y de la copla) con un acertadísimo diseño creativo y con una delicadeza y frescura que me llegó, he de reconocerlo, muy «adentro». Más tarde, e impulsado por el buen recuerdo que me había dejado la obra asistí, también, a la representación de El projecte dels bojos. Una utopia musical, en el Almeria Teatre, un espectáculo musical que apostaba por la locura que todos llevamos dentro para enfrentarnos a la realidad.
Apostando por el éxito de Ojos verdes, ratificado con la temporada que realizó la obra durante el mes de septiembre del año 2011 en el teatro Fernando Fernán Gómez de Madrid y en su cada vez más consolidado dominio del musical de pequeño formato, La Barni Teatre estrenó el pasado 1 de febrero en el Versus TeatreLe llaman copla, un concierto escénico que repasa algunas de las grandes canciones del género de la copla. Un recital de canciones actualizado y acomodado a los gustos del público actual pero que no pierde la raíz propia de la época en la que se compusieron e interpretaron las melodías.
Para ello La Barni Teatre ha optado por un espectáculo minimalista en el cual solo están presentes varios taburetes, una alfombra que centraliza el escenario, un juego de luces y varios objetos relacionados con la copla (un abanico, una peineta, un pañuelo, unas botas…). A ello se suma la voz y el arte de los cinco integrantes de la compañía: Elia Corral, Gracia Fernández, Nacho Melús, Ona Pla y Marc Vilavella. Con todos estos ingredientes solo hace falta agitar el coctel escénico un poco para que resulte un concierto/recital intenso y con un aroma añejo recubierto por un fino manto de actualidad apto para todos los públicos.
El espectáculo se estructura a partir de la interpretación de las diferentes canciones, e incluye, entre otros, temas como Soltera yo no me quedo; Pena, penita, pena; La Parrala; La bien pagá; Las cositas del querer o Te lo juro yo. Entre copla y copla se insertan breves trazos teatrales que sirven para enlazar cada uno de los temas.
Le llaman copla es, como indica la compañía, copla en tejanos, una imagen muy descriptiva que nos sirve para entender gráficamente el objetivo de todo el asunto: darle al género un barniz contemporáneo aunque sin que este pierda sus señas de identidad. Algo que se hace con una reverencia y una sensibilidad que asegura que el espectáculo agrade tanto a aquellos a los que les gusta la copla como a los que, más jóvenes, les gusta la buena música. De ahí que entre el público se pudiera observar una destacable mezcolanza de tipos y edades.
Un espectáculo, por otra parte, con un componente de humor que sazona la atmosfera del recital y que hace que los asistentes se sientan muy cómodos. Los artífices del tinglado son Marc Sambola en la dirección musical y Marc Vilavella en la dirección artística, un tándem creativo muy bien avenido a la hora de tramar y materializar espectáculos en los que la música tiene un protagonismo destacado. La interpretación de los temas viene a cargo de un elenco formado por voces que ya habían participado en otros proyectos de la compañía como el propio Vilavella, Gracia Fernández, actriz que nos tiene acostumbrados a interpretaciones musicales de alto nivel, o Nacho Melús, que colaboró a nivel de producción con El projecte dels bojos. Una utopia musical. A ellos se suman Elia Corral y Ona Pla formando una troupe o mejor dicho, una cuadrilla, que nos harán revivir algunos de los tesoros de la copla, acompañados, eso sí, de música en directo interpretada por una pequeña orquesta que ayuda a darle a todo el recital un toque íntimo muy apropiado.
Yo de ustedes, tanto si les apasiona la copla, como si les gusta la música o el gozar de una buena representación teatral, perdón, concierto escénico, no me lo pensaría demasiado. Sabemos que la compañía La Barni Teatre, sabe lo que hace a la hora de tratar con la copla y de crear un espectáculo musical; sabemos que el repertorio de canciones interpretadas forma parte de lo mejor del género, y sabemos que la obra se representa del 1 de febrero al 10 de marzo de 2013. No sean tímidos y permítanse darse un gustazo disfrutando de un concierto-recital bien hecho y que, seguro, les traerá algunos bellos y añejos recuerdos a la memoria.
«Le llaman copla» se representa en el Versus Teatre del 1 de febrero al 10 de marzo del 2013.
ESPECTÁCULO PRORROGADO hasta el 31 de marzo de 2013.
Nuevos horarios: Del 14 al 31 de marzo. Jueves y viernes a las 20:30 horas; sábados a las 18:00 y a las 20:30 horas y domingos a las 18:00 horas. No hay funciones las noches del 22 y 23 de marzo
Dramaturgia y dirección: Marc Vilavella
Dirección musical: Marc Sambola
Intérpretes: Elia Corral , Gracia Fernández , Nacho Melús , Ona Pla y Marc Vilavella
Músicos: Oriol Mula (Flauta), Laila Martí (Viola) y Gerard Alonso (Piano)
Arreglos musicales: Gerard Alonso y Marc Sambola
Coreografía: Nacho Melús y Ariadna Peya
Iluminación: Sergi Cervera
Diseño de sonido: Josep Sánchez-Rico
Producción: La Barni Teatre y Lazzigags Producciones
Repertorio de Le llaman copla:
Repertorio de Le llaman copla Proclamación de la Copla Soltera yo no me quedo Pena, penita, pena Mi niña Lola La Parrala Que no daría yo Medley Lorca Punto en boca S.O.S Tatuaje La bien pagá Las cositas del querer A ciegas La vaselina Maruja Limón Te lo juro yo
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Dos prostitutas inician, como cada noche, su espectáculo de baile en un Peep Show. Actúan cada 20 minutos y para que se inicie su exhibición las chicas reclaman al público presente que introduzcan el dinero en la cabina.
Una vez que da inicio el espectáculo nos introducimos como simples voyeurs en el mundo interior de Diana y Georgina. Una cansada y asqueada de su trabajo que se ha convertido en pura rutina y que ha destrozado su vida y sus aspiraciones; la otra, más joven, con estudios de interpretación y con ganas de «ascender» en su trabajo. Esta noche, además, es posible que esté presente el jefe… Las necesidades y las desilusiones de ambas romperán la magia del espectáculo, llevando al límite la exhibición de música, baile y sexo.
DAIAN&GIGGY LIVE SEX es un mini-espectáculo en el que Daniel J. Meyer analiza de forma ágil diversos de los dramas y carencias que afectan a nuestra sociedad, como la fragilidad y la dependencia laboral; la devaluación de nuestras vidas subyugadas por el propio sistema; la invasión de la intimidad, el precio mercantilista que se extiende sobre casi todo; la influencia de la televisión y de la telebasura; la omnipresencia del sexo… todo ello desde un punto de vista crítico que el director nos muestra en forma de una tragicomedia de corta duración.
La propuesta es, así, un micro-espectáculo en todos los sentidos: por su composición; su duración, más o menos unos 20 minutos; y por su puesta en escena, ideal para ser representado en cualquier espacio, como fue el caso del Inusual Project, local cultural ecléctico, donde se representó el pasado jueves 7 de febrero. La representación requiere, además, de la vida y de las emociones que le aportan sus dos protagonistas, Laia Pellejà y Sonia López, que construyen un espectáculo casi de la nada, en un ejercicio de puro y desnudo teatro, y del aire que le proporciona la interacción con el público, que además, lo vive desde muy cerca, casi tanto como si estuviera en la estrecha cabina de un sex-shop.
DAIAN&GIGGY LIVE SEX es, pues, una oportunidad para introducirse en el mundo pop, moderno y responsable de su director, acostumbrado a la dirección de obras de alto voltaje reflexivo y de apurada crítica social.
Dramaturgia y dirección: Daniel J. Meyer
Reparto: Sonia López y Laia Pellejà
Diseño gráfico: Jordi Martínez Piñol
Producción: Descartable Teatre
Duración del espectáculo: 18-20 minutos (aprox.)
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Fer-nos adults és prendre decisions. Però per a ser feliços. Altrament, quedem atrapats en la immaduresa i el transcurs del temps pot arribar a sepultar-nos de frustració. Txèkhov en sabia un munt i ho exposa a les seves obres sense pietat enmig de personatges que s’encreuen, es miren però no es veuen, es toquen per a fugir-ne després esparverats i mentrestant passen els anys, les vides sense que res no ho faci canviar.
El Daniel Veronese dramaturg decideix escurçar el trajecte lent, interminable i, alhora, apassionant de les criatures txekhovianes de “La gavina”: les tanca en una mansió on un jove dramaturg acull amb entusiasme vital una egocèntrica diva teatral que domina tots els registres menys el de mare del protagonista i que encapçala un seguici de criatures mediocres a les que ni tan sols la suposada passió pel teatre aconseguirà redimir d’una existència absurda perquè són incapaços d’estimar ni d’estimar-se.
Només un d’ells, la Nina, sembla capaç de fer servir les seves ales de gavina majestuosa amb la puresa i determinació de ser feliç. Però el grup no trigarà a disparar-la, amb bales d’enveja, egoisme i intransigència. Les mateixes que uns utilitzen contra els altres amb habilitat al llarg de la història.
Fins aquí el relat d’un extermini progressiu irresistible per la contundència de la premissa argumental, la precisió en la descripció de la tipologia humana i la fatalitat constant. Amb tot això, Txèkhov ens recorda un cop més que no és només autor, sinó que també n’és expert. I la reflexió relativa a com l’art escènica pot esdevenir perillós substitutiu de la vida mateixa, allunyant-nos de l’autenticitat i endinsant-nos en el més absolut egoisme amb efectes irreversibles, dota la peça d’una condició encara superior.
Anem ara amb el Veronese director: per a ell, són els actors el tot de l’espectacle. Amb les seves interpretacions, han d’inundar l’escenari, propagant-hi emoció, veritat i … vida. Llavors per què el seu equip artístic no aconsegueix arrencar? La irregularitat del repartiment enfonsa la tesi. D’una banda, la interpretació de Malena Alterio fa resplendir la tenebrositat del seu personatge, que arriba a nivells de patetisme commovedor. Seguint-la de prop, fent més soroll però lluint amb menor intensitat, Susi Sánchez aguanta molt bé el seu opulent tipus i Miguel Rellán dorm i desperta (per exigències del guió) amb dignitat. Fins i tot la “gavina” Marina Salas transmet una tendresa meritòria abans de ser abatuda (després és millor que l’oblidem). De l’altra banda, la colla de galants masculins (Ginés García Millán, Pablo Rivero i Diego Martín) cau malauradament presonera de la seva actitud artificiosa i encartonada sense poder defensar els seus personatges més enllà d’un text ben après.
I aquests “fills” no desperten. Marxem sense fer soroll…
«Los hijos se han dormido» se representa en el Teatre Lliure Montjuïc del 9 al 13 de nero de 2013.
A partir de La gavina, d’A. Txékhov
Versió i direcció: Daniel Veronese
Intèrprets: Malena Alterio, Ginés García Millán, Malena Gutiérrez, Alfonso Lara, Diego Martín, Miguel Rellán, Pablo Rivero, Marina Salas, Susi Sánchez i Anibal Soto
Escenografia: Alberto Negrín
Vestuari: Ana Garay
Il·luminació: Sebastián Blutrach
Tècnic de llums i maquinària: David Vizcaino
Producció: Producciones Teatrales Contemporáneas, Marcus Teatrales S.L. i Sebastián Blutrach
Horaris: de dimarts a divendres a les 20:30h; dissabte a les 17:30h. i a les 21h. i diumenge a les 18h. Preus: 30,25 €; 21,30 € (dimecres, dia de l’espectador); 25,75 € amb descompte Idioma: castellà Duració de l’obra: 1 hora i 30 minuts sense pausa
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A finals dels seixanta, els Beatles encoratjaven la merla a volar amb les seves ales trencades. Des de l’intimisme d’en Paul McCartney, participàvem de la necessitat de sobreposar-nos a l’adversitat perquè (insistien els quatre de Liverpool) sembla que havíem esperat tota la vida que arribés aquest moment.
Quatre anys després d’encetar el nou mil·lenni, el dramaturg David Harrower crea el seu propi “blackbird” i li dóna forma de nena preadolescent que està impacient per ser adulta de la manera més dolorosa: estimant, apassionadament i saltant-se totes les regles (fins i tot les legals). Això no és res si coneixem amb detall el que li espera quan les seves ales són tallades per la impossibilitat d’un amant adult d’assumir la seva responsabilitat amatòria amb ella i qui sap si fins i tot amb ell mateix.
Quaranta-quatre anys després de la balada, el director Lluís Pasqual desafia des del Lliure de Gràcia les nostres consciències individuals (“retallades” per una crisi global que esdevé autoritària) posant en escena aquesta història.
I ens tanca en un magatzem ple de deixalles amb els dos antics amants, retrobats pel despit d’ella (una Bea Segura esforçada però sense humanitat) que necessita comprendre el rebuig aferrissat d’ell (un Jordi Bosch enèrgic però a mig gas). Sembla que llavors assistirem escandalitzats a un “tour de force” que hauria de fer trontollar el nostre sentit aburgesat de la justícia moral.
Però resulta que l’entossudiment de Pasqual de presentar-nos els personatges deliberadament menyspreables (les seves rèpliques són més afilades que espases, els retrets més incòmodes que pedrades) no ens immuta. Perquè cap dels actors dóna treva, ni és capaç de mostrar l’essència d’aquells rere els quals haurien d’amagar els seus crits i accelerades paraules.
Tampoc el suport dramatúrgic salva l’espectacle de ser una olla de grills: la trama és tan explícita i els parlaments dels seus protagonistes tan poc ambigus que reclamen mirades avergonyides que no som capaços d’albirar i silencis aclaparants que no poden incomodar-nos senzillament perquè no existeixen.
Com que en el fons som sentimentals de mena, tornem al Liverpool més pop i recordem que la merla havia de volar “cap a la llum de la fosca nit”. I ens sentim desconcertats: ni la nena que ara és noia pot alçar-se del terra d’un escenari tan feixuc, ni l’home suposadament rehabilitat (en aquest sentit, més ens valdrà no tenir en compte l’aparició al final de la funció d’un tercer personatge en discòrdia del tot innecessari i fins i tot ridícul) podrà baixar del seu capficament histriònic.
«Blackbird» es representa al Teatre Lliure de Gràcia del 16 de gener al 10 de febrer de 2013.
Autor: David Harrower
Direcció: Lluís Pasqual
Intèrprets: Jordi Bosch i Bea Segura
Traducció de l’anglès: Júlia Ibarz
Producció: Teatre Lliure
Horaris: de dimarts a divendres a les 20:30 hores; dissabte a les 21:00 hores i diumenge a les 18:00 hores Preu: 30,25 €; 21,30 € (dimecres, dia de l’espectador); 27,75 € (amb descompte, excepte el dia de l’espectador) Durada de l’obra: 1 hora i 20 minuts, sense pausa Idioma: català
El pasado 16 de enero aterrizó en el teatro Apolo de Barcelona el nuevo espectáculo producido e interpretado por Pedro Ruiz No estoy muerto estoy en el Apolo, una crítica arrolladora a la sociedad hiperconsumista en la que vivimos con el sello de realización característico del polifacético showman.
No estoy muerto estoy en el Apolo nos permite ser testigos del regreso, si es que alguna vez se había ausentado, de la personalidad artística más combativa, canalla y crítica de Pedro Ruiz, en la que el presentador, actor, escritor y cantante, entre otras muchas facetas, vuelve a fusionarse con un escenario teatral para hacernos ver la realidad a través de sus ojos, una mirada crítica hacia un mundo desolado por la crisis tanto económica como de valores, de la que ya avisaba Ruiz en sus inicios en la televisión española.
El espectáculo se estructura como un carrusel de escenas o sketches en los que Ruiz repasa diversos de los males que han afectado y afectan a la sociedad española: los efectos de la publicidad malsana; el consumismo cada vez más feroz; la falta de valores sociales y personales; la importancia del sexo en nuestra vidas; la actuación de los políticos y la crisis económica en la que vivimos; lo irrealmente absurdo, muchas veces, del futbol profesional y sus grandes estrellas, y la repercusión que tiene en la sociedad; el genio de las mujeres; el mundo creativo de los artistas…
Ruiz crea e interpreta su espectáculo al estilo Pedro Ruiz, dando a la representación un calado que solo él le puede dar: crítica directa, palabras malsonantes, verdades políticamente incorrectas, y una personalísima forma de actuar e improvisar que hacen que el espectáculo se renueve cada noche y que sea bastante difícil de clasificar. Ruiz canta, actúa, se retuerce por el escenario con el objetivo de hacernos pensar, aquello que no le gusta que hagamos a los políticos, a los publicistas o a los banqueros, y nos presenta la realidad tiznada de un espíritu crítico y desvergonzado, impropio de los tiempos de falsos lujos y excesos en los que vivimos. Y para ello no está solo, sino que se hace acompañar por el pianista Antoni Olaf y la actriz Laura Bascuñana, el impacto de cuyas curvas es, si bien breve, considerable sobre el escenario.
No estoy muerto estoy en el Apolo es un espectáculo a veces duro, a veces tierno y reactivo en todo momento. Es una de esas propuestas que convierten al teatro en una herramienta social y política en la que el objetivo es hacer reflexionar sobre los tumores que carcomen desde dentro a la sociedad y que, muchas veces son fomentados por los mismos afectados, de ahí el acierto de una de las máximas de la obra: «Primero nos dan cocaína, después nos llaman cocainómanos y ahora nos cobran la metadona«. Un análisis simple y claro de por dónde van los tiros, de lo «tontos» que podemos ser los ciudadanos de cualquier país y de lo vendidos que estamos ante los poderes financieros que dominan el meollo económico mundial.
El espectáculo de Ruiz es un retorno a los principios más televisivos del actor en el que el componente audiovisual es importante, y se manifiesta a través de una gran pantalla que interactúa con el showman de forma constante, y nos recuerda la década de los años 80 donde Ruiz se hizo con un espacio en la programación televisiva de un país que abandonaba la dictadura política para introducirse cada vez más en la dictadura de los mercados, cuyas consecuencias estamos viviendo ahora.
Así, pues, No estoy muerto estoy en el Apolo es una propuesta en nada desdibujada por la voluntad de crear un espectáculo magnífico y sublime, sino que su producción y su representación se vincula más a la cotidianidad del día a día, de cualquier conversación a la hora del almuerzo en cualquier empresa, de cualquier reunión familiar o de cualquier encuentro de amigos, situaciones todas ellas afectadas por el contexto de crisis en el que vivimos.
No quiero finalizar esta reseña sin destacar una propuesta claramente innovadora y que conecta el espectáculo y a su autor e intérprete con la actualidad más funesta. Tal como anunciaba en la nota de prensa de la obra «Pedro Ruiz ha anunciado que, al igual que viene haciendo con una gran acogida y satisfacción en Madrid, las personas desempleadas pueden entrar gratis a ver la obra«. Una invitación que nos muestra la voluntad de Ruiz de democratizar en la práctica (no tan solo en la teoría) el acceso a la cultura (y a la reflexión tan necesaria en estos momentos) y de posibilitar a aquellos que no se lo pueden permitir debido a las lamentables circunstancias en las que nos obligan a vivir (el que estas líneas escribe también sufre las consecuencias del desempleo desde agosto del 2011, gracias a lo des-acertado e injusto de los recortes públicos) disfrutar de un espectáculo teatral y no morir en el intento. Algo que va más allá de la validez ideológica o artística de Pedro Ruiz y que nos habla de su implicación personal en el asunto.
«No estoy muerto estoy en el Apolo» se representa en el Teatro Apolo del 16 al 27 de enero de 2013.
REESTRENO: “No estoy muerto estoy en el Apolo” se representa en el teatro Apolo del 9 al 27 de octubre de 2013.
Autor: Pedro Ruiz
Director: Pedro Ruiz
Dirección musical: Antoni Olaf Sabater
Reparto: Pedro Ruiz, Laura Bascuñana y Antoni Olaf Sabater
Horarios: miércoles a las 18:30 horas; jueves a las 20:00 horas; viernes y sábado a las 21:00 horas y domingos a las 18:30 horas. Precio: 20-30 €
Horarios: miércoles a las 18:30 horas; jueves y viernes a las 20:00 horas; sábado a las 21:00 horas y domingo a las 18:30 horas. Precio: de 25 a 35 € Género: Comedia, crítica, sátira Idioma: Castellano Duración del espectáculo: 120 minutos