Son pocos los emperadores romanos que consiguen individualizarse para el gran público y abandonar la categoría genérica de déspota absoluto (en muchas ocasiones, incluso, de tirano movido únicamente por la crueldad, la lujuria y su afán de placeres) y adoptar unos rasgos propios, que los muestran de una forma particular y específica.
Entre ellos es, seguramente, Marco Aurelio, el emperador que ha pasado a la posteridad con unos rasgos más positivos, construidos sobre la descripción que las fuentes antiguas realizan de su persona y de las Meditaciones, obra escrita por el propio emperador que, por suerte, ha llegado hasta nosotros. Marco Aurelio destaca, así, como el filosofo que gobernó el Imperio de los romanos.
Era, pues, llegado el momento para que su figura y su reinado recibieran de nuevo la atención de las editoriales, en este caso de La esfera de los libros, y su legado, como emperador y como filósofo, llegara al gran público de forma actualizada e incorporando las nuevas noticias y evaluaciones que existen sobre el tema. De ello se ha encargado Frank McLynn, historiador de larga trayectoria especializado en las biografías y la historia militar.
Su obra pretende realizar un estudio completo no tan solo del Marco Aurelio emperador, sino también del Marco Aurelio filósofo e incluso del Marco Aurelio más íntimo, por lo que nos encontramos con una obra de envergadura con una extensión de 788 págs. La biografía, de esta forma, avanza a lo largo de la vida del emperador ocupándose por capítulos tanto del análisis de los episodios históricos como de los componentes más personales de su carácter y su comprensión del mundo. Para esto último McLynn se basa en las ya mencionada Meditaciones y las cartas y ordenaciones escritas por Marco Aurelio, un tesoro único literario e histórico.
Así el autor nos narra la infancia y las vivencias juveniles de Aurelio durante los reinados de Adriano y Antonino Pío; sus primeros años de gobierno, junto a Lucio Vero, en el primer caso conocido de la existencia de una diarquía imperial en Roma, un modelo que se desarrollará en el futuro. El autor también analiza una de las grandes contradicciones del gobierno de Marco Aurelio, ya que a pesar de su marcado interés por la filosofía y el gobierno de carácter ilustrado, pasó gran parte de su reinado guerreando, ya fuera contra los partos en Oriente o contra los germanos en las fronteras del norte, esta última una de las mayores amenazas a las que se enfrentaría el Imperio, y una clara prefiguración de los problemas que el Estado romano tendría que afrontar en el futuro. McLynn se detiene, también, en otra de las grandes polémicas de su gobierno, y una que ha hecho verter grandes ríos de tinta, y que no es otra que el carácter de la persecución del cristianismo que prosiguió, también, bajo su reinado. Otro de los temas interesantes del análisis de la obra de McLynn es el relativo a la peste que asoló el Imperio romano durante la segunda mitad del siglo II y que acabó con la vida tanto de Lucio Vero como de Marco Aurelio, y que ha llegado a ser conocida como la Peste Antonina.
Estatua ecuestre de Marco Aurelio, Roma, Museos Capitolinos.
Los aspectos históricos y políticos ocupan su lugar en la monografía de Frank McLynn, junto con el examen de la psique del emperador. Es aquí donde el autor se aplicará a estudiar la parte más personal e intima de Marco Aurelio, y sus aportaciones a la disciplina filosófica estoica, una de las que gozaron de mayor prestigio en el pasado antiguo, profesada por personajes célebres como el Séneca o Epicteto.
Un intento el de McLynn que se presenta como una empresa de inmenso esfuerzo, y que, como ya se ha dicho, se ve traducido en su propia extensión. El autor muestra, además, poca capacidad de resumen, lo que le lleva a invertir demasiado tiempo y espacio en contextualizar los temas o episodios que intenta narrar, lo que hace algo fatigosa la lectura del libro. Dos ejemplos de ello lo componen la introducción inicial a la obra, o las presentaciones que el autor realiza de los grandes enfrentamientos militares del reinado de Marco Aurelio. A esto se suma el análisis que McLynn efectúa del carácter y los principios filosóficos seguidos por el emperador, que por su extensión y a veces su profundidad intelectual, de claro cuño anglosajón, restan puntos para una lectura ágil y rápida del libro.
McLynn se permite, además, en exceso, opiniones subjetivas sobre el hacer y el pensar de Marco Aurelio, traspasando en varias ocasiones su trabajo de historiador objetivo, para entrar en el ámbito de las calificaciones y descalificaciones, algo no muy acostumbrado en un estudio histórico biográfico. A lo que se suma que en algunos apartados del libro, sobre todo en sus inicios, la edición y traducción de la obra no está todo lo cuidada que se podría esperar, y más en una obra de este tipo. Un claro ejemplo de ello es el índice de la obra que tan solo enumera los capítulos sin darles ni siquiera título identificativo, algo que entorpece la labor a aquellos que más que una lectura global del libro prefieran ir directamente al apartado o apartados que más les puedan interesar, o a aquellos que disfrutan con relecturas parciales. Algo a lo que tampoco ayuda la falta de índices de materias al final del libro, que cuenta, eso sí, de un amplio apartado de notas.
Frank McLynn
De esta forma Marco Aurelio,Guerrero, filósofo y emperador de Frank McLynn no llega a ser la obra de referencia en castellano que podría haber llegado a ser, en un país y en una lengua donde, como ya saben si acostumbran a leer nuestras críticas en Culturalia, no abundan demasiado los estudios de los periodos o de los emperadores más allá de los “afortunados” Julio-Claudios.
El libro de McLynn obliga al lector, a veces, a perderse en un extenso laberinto de palabras y consideraciones para llegar a puerto. Una obra demasiado enciclopédica que intenta analizar el reinado de uno de los emperadores romanos más famosos de la historia. Una oportunidad, sin embargo, para sumergirse en el pasado romano del siglo II d.C. y para presenciar con nuestro propios ojos una época que muchos han considerado como el momento de cambio entre la grandeza del Imperio romano y las penurias y estrecheces posteriores, que llevarían, con altos y bajos, claro está, a la desaparición del poder romano en Occidente. Pero sumérjanse avisados: puede resultar, en algunos momentos, una lectura fatigosa y demasiado general en relación al título y la materia que pretende analizar.
¿Qué hubo detrás de la muerte de Germánico el 10 de octubre del año 19 d.C.? ¿Existieron motivos políticos que provocaran su enfermedad y su posterior fallecimiento en Antioquía? ¿Tuvieron que ver algo en ella Livia, el emperador Tiberio, Sejano, su mano derecha y Calpurnio Pisón, el gobernador de la provincia de Siria? La editorial Alamut nos presenta una nueva aventura detectivesca de ficción protagonizada por Marco Corvino, una investigación en el corazón del poder imperial romano narrada con sentido del humor y con la desacomplejada y sugerente pluma de David Wishart.
Es un ejercicio refrescante el hecho de volverse a topar con el descaro y la osadía del joven patricio Corvino, en una nueva indagación que trata en esta segunda ocasión de la prematura muerte de Germánico, una de las figuras políticas más admiradas en la Roma de los primeros Julio-Claudios, y un acontecimiento que conmovió a la opinión pública de aquel entonces, y no era para menos, ya que Germánico se perfilaba como el sucesor «impuesto» del emperador Tiberio…
Todo comienza poco más o menos donde se había acabado en la primera entrega de la serie. Livia, la viuda de Augusto y madre del emperador Tiberio, sorprendida y satisfecha por la competente indagación que el joven Corvino realizó en torno al desastre militar de Varo en Germania (9 d.C.), le encarga de forma extraoficial la investigación del reciente fallecimiento de Germánico en Siria, una muerte extraña y mucho más que oportuna del heredero del trono imperial, rodeada de secretos y acusaciones que pueden comprometer no tan solo a las autoridades provinciales, sino a la figura del propio emperador, a Sejano su «malvada» mano derecha e incluso a la familia imperial.
Para ello Corvino iniciará sus pesquisas en Roma, ayudado por sus contactos en los bajos fondos de la ciudad. Si bien la concatenación de hipótesis, muertes y probabilidades le dirigirán hacia la provincia de Siria y a la extraña conducta allí de las autoridades provinciales. Un periplo de «investigación» que le encaminará a la posible resolución del caso…
Wishart nos presenta una nueva aventura detectivesca ambientada en la Roma clásica donde la política vuelve a estar muy presente, y en la cual nos vuelve a mostrar su amplio conocimiento pericial de la época escanciado con un amplio e incisivo sentido del humor. En esta ocasión Wishart ha escogido otro de los enigmas históricos que rodean la inicial historia del Imperio romano, acaecido durante el gobierno del emperador Tiberio y que no es otro que el de la muerte de Germánico, designado por Augusto heredero de Tiberio, y que marcó no tan solo el porvenir de la dinastía Julio-Claudia, sino también la política imperial. En este aspecto se ha de destacar lo voluntarioso de la intentona de Wishart, pues, como en el caso de la aventura anterior, los asuntos sobre los que hipotetiza (en forma de ficción, claro está) no han permitido a los historiadores llegar a un consenso sobre qué es verdaderamente lo que aconteció y qué motivó, sino fue la naturaleza misma, la muerte de Germánico. Un espacio «en blanco» que representan un verdadero filón narrativo para alguien como Wishart, que se mueve como pez en el agua incorporando ingenio e imaginación a los magros datos históricos conocidos al respecto.
Para ello tendremos de nuevo que estar muy atentos tanto a los personajes como a su posición en el engranaje político y administrativo del Imperio. Pero tranquilos, porque la afilada e implacable pluma del autor nos da toda clase de alivios y desahogos: una magnífica y efectiva ambientación de la historia en la que asistiremos a las cenas de la aristocracia de más alto copete, acompañaremos a Corvino y a Perila, ya su mujer en esta segunda entrega, en la investigación y nos internaremos en la vida cotidiana de la capital del imperio. En este episodio, viajaremos, además hacia Oriente, un hecho muy habitual en las novelas «de género», visitando la provincia de Siria, el centro neurálgico de la organización militar defensiva de Roma en el este amenazado por los partos, y el lugar donde se produjo la muerte de Germánico, sin duda el mejor sitio para intentar descubrir qué es lo que verdaderamente ocurrió ¿no creen?
La propuesta de Wishart es toda una aventura para aquellos a los que les gusta la novela negra arropada en el género de la novela histórica. Aunque como ya saben Corvino no es un investigador a la usanza, ya que su actitud de joven patricio rebelde, su constante ingesta de vino y su peculiar comportamiento, hacen que la trama principal, una «investigación criminal» enmarcada en los entresijos del poder imperial romano, se convierta en una obra de humor continuo y afilado, con un destacable ritmo narrativo que nos relata el día a día de la época.
La muerte de Germánico es, así, un buen ejercicio de inmersión (novelística, esto hay que tenerlo en cuenta) en un pasado histórico enfocado de una forma amena y divertida, a la vez que mantiene la templanza histórica (el «sentido de la historia» que defendía Anthony Mann) que permite al lector, sea éste quien sea, disfrutar de una aventura ambientada en el pasado y acercarse a él sin la rigurosidad de las estatuas de piedra y los monumentos literarios que tanto han ensalzado la figura de Roma y la de sus protagonistas, ya sea para bien o para mal.
Título:La muerte de Germánico Autor: David Wishart Colección: Serie Histórica Encuadernación: Cartoné con sobrecubierta / 15,5 x 23 Páginas: 320 PVP: 23,95 euros Fecha de publicación: 11 de octubre de 2011
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La editorial Ariel nos presenta una nueva monografía que reflexiona sobre la época, la persona y la obra de Augusto, el primer emperador, el primer emperador de Roma. El político que instauró el sistema del principado y que modeló, en base a sus intereses y necesidades, la posterior historia del Imperio romano y de Europa.
César Augusto fue uno de los hombres más influyentes de la historia y el primer emperador de Roma.
Tras una juventud enfermiza, con una marcada tendencia a caer gravemente enfermo en períodos de crisis, Augusto supo sobreponerse con inteligencia, meticulosidad, paciencia y valentía. Luchó y derrotó a los asesinos de su padre adoptivo, y posteriormente aniquiló sin piedad a su antiguo aliado Marco Antonio y a su amante Cleopatra. Trabajó concienzudamente, reconstruyó Roma y la transformó en una poderosa metrópolis y en uno de los centros políticos y artísticos más importantes del mundo antiguo. Gracias a Augusto, Roma consolidó su paso de ciudad-estado a imperio global, poniendo los cimientos de la futura Europa.
El autor nos ofrece también un apasionante retrato de una época dominada por la intriga, el sexo, la violencia, el escándalo y la ambición más despiadada.
Anthony Everitt fue secretario general del Consejo de las Artes británicos y es profesor visitante en la Universidad de Nottingham Trent.
Título:Augusto, el primer emperador Autor: Anthony Everitt Editorial: Ariel Fecha de publicación: 07/06/2012 Nº de páginas: 440 páginas
Idioma: Español ISBN: 978-84-344-0105-1 Formato: Tapa dura con sobrecubierta – 15 x 23 cm. Precio: 18,90 €
La editorial Alderabán publicó en el año 2010 Julia Domna, La emperatriz romana, la biografía de una de las mujeres con más poder en la Roma de principios del siglo III d.C. Un fresco de la vida cotidiana, de la realidad de la mujer en la Roma imperial y de una de las dinastías, la de los Severos, que gobernó el destino de Roma durante el gobierno de cinco emperadores.
El libro que nos presenta Paloma Aguado, doctora en Historia Antigua, supone un completo y ameno trabajo no solamente referido a la figura de la emperatriz Julia, sino extensible al panorama político-cultural del Imperio Romano en la primera mitad el siglo III d.C., en concreto durante la dinastía de los Severos. En la primera parte se nos ofrece un capítulo dedicado a la situación de la mujer en Roma, insistiendo en su vida más cotidiana, para después dar paso a la biografía de la emperatriz Julia Domna. Asistimos en primer lugar, a su nacimiento y adolescencia en Siria, y a su matrimonio con el futuro emperador Septimio Severo. La parte central de la monografía está dedicada a su papel como emperatriz, primero como esposa de Severo y más tarde como madre de Caracalla, ocupando en ambos casos un primerísimo lugar en la esfera política de Roma, desde su ascensión al trono hasta su muerte. El libro finaliza con un capítulo dedicado a las princesas sirias, la familia directa de Julia, que procedente de Emesa constituyeron el autentico “poder en la sombra” de dos emperadores, Heliogábalo y Alejandro Severo. Es la primera vez en la Historia de Roma que la transmisión de la púrpura imperial a lo largo de la dinastía se trasmite por vía femenina.
Título: Julia Domna, la emperatriz romana
Autora: Paloma Aguado García
Editorial: Alderabán Ediciones
Colección: Vidas privadas
Nº páginas: 129
Encuadernación: rústica
ISBN: 978-84-95414-74-8
Dimensiones: 21 x 14 mm.
Fecha publicación: 07 de enero de 2010
Precio: 12.00 €
Don Rodrigo y la batalla de Guadalete. José María Manuel García-Osuna y Rodríguez
Muerte del rey Ervigio. Égica, rey de los godos.
Égica (687-702)
El día 14 de noviembre del año 687 d.C. el rey godo Ervigio moría, su sucesor, aceptado por la alta nobleza sería Égica, que era el esposo de su hija Cixilo. Égica sería coronado en Toledo el 24 del mismo mes, ocupaba un ducado provincial y era una de las ocho personas con más poder en todo el reino. El nuevo rey pretendía fortalecer su posición regia y la de su familia, incrementando la nueva estructura protofeudal del Estado visigodo. Para todo lo que antecede son necesarias las purgas y confiscaciones entre la siempre levantisca nobleza goda. La tensión social se incrementa por las noticias, que cuentan, con pelos y señales, el avance nefasto del Islam en Ifriqiyâ. El 11 de mayo del año 688 d.C., convoca un concilio general en Toledo, donde se decidió que siempre primaría el interés general de los pueblos hispanos, frente al de una determinada familia en particular. Se ordena al rey que se comporte con justicia con la familia del rey fallecido Ervigio, su suegro le había obligado a jurar solemnemente, que defendería a sus familiares frente al Estado godo hispano y además los había dotado de importantes patrimonios fundiarios. Obispos y nobles del concilio XV, obraron en concordancia con la clase política que conformaban, luchando por mantener la necesaria cohesión frente al monarca, evitando la discordia interna. En este concilio se examinaron las acusaciones de herejía del papa Benedicto II, contra el escrito enviado por los obispos del concilio XIV de Toledo: los obispos decidieron reafirmarse en sus concepciones teológicas e incluso amenazaron a Roma con un cisma.
El rey repudió a su mujer Cixilo, rompiendo con los sectores de la nobleza más próximos a Ervigio. En el concilio de Zaragoza, 1 de noviembre del año 691 d.C., el rey Égica intentó poner freno al incremento del patrimonio de los obispos, que convertían en esclavos personales a los libertos eclesiásticos; asimismo las viudas de los reyes deberían ingresar en el convento, inmediatamente después del fallecimiento del rey.
Conjura contra el rey Égica. Afianzamiento político de Égica.
Hasta tal punto llegó la crispación, que se gestó una conjura masiva contra él, incluso participó en la misma el metropolitano toledano, Sisberto. La represión regia fue muy dura y el rey comenzó a afianzarse frente al sector nobiliario que le cuestionaba. En el concilio XVI de Toledo del año 693, el rey Égica acentúa el carácter sacro de la realeza, lo que de facto permitía al rey intervenir en los asuntos eclesiásticos. Descubierto el complot, el obispo Félix de Sevilla pasará a Toledo, el obispo Faustino de Braga a Sevilla y a la sede hispalense se trasladará el metropolitano Félix de Oporto. El cesaropapismo y los deseos de centralización eclesiástica visigoda son evidentes.
El rey Égica consiguió de los metropolitanos hispanos, la renovación de las penas canónicas contra todos aquellos que profanasen el juramento de fidelidad, maquinando algo contra el rey o la nación; solo el perdón era potestad regia. Se volvían a pronunciar las conclusiones del concilio VI de Toledo; el rey consiguió también el apoyo de la Iglesia hispana para su familia, una vez hubiese fallecido. El concilio XVI redactó una declaración de fe sobre la protección de los patrimonios eclesiásticos rurales frente a la rapacidad de los obispos; también se dictaminó sobre las buenas costumbres y el problema hebreo. Égica realizó una nueva legislación, que pretendía fortalecer su rol como individuo y como rey godo de Hispania. Para evitar las conjuras de la nobleza, intentó refrenar los lazos de dependencia entre los hombres de la Hispania goda, prohibió las vinculaciones mediante juramento entre los nobles, laicos o eclesiásticos, salvo el de fidelidad al rey o el que se debería emitir en un juicio para la defensa de los propios intereses; de esta forma Égica trataba de cortar todos los vínculos formales o jurídicos que se estaban creando entre la nobleza goda.
El reino visigodo de Toledo.
Prohibió el acuerdo previo, pre-sentencia, en los juicios ante el rey o ante cualquier juez del reino. Para lograr todo lo que pretendía decidió fortalecer su base económica y social, debilitando lo máximo posible la de sus enemigos. Égica intentó reforzar el ejército regio con los libertos fiscales manumitidos por orden regia: la ausencia de alguno a la llamada del rey, revocaría la libertad concedida. El arma terrible de las confiscaciones fue utilizada por Égica de forma sobresaliente para los intereses del trono. El clérigo anónimo, que en el año 754 relató el reinado del susodicho rey, lo define como «hic Gohtos acerva morte persequitur«. A los nobles condenados a muerte., se les confiscaron sus propiedades y perdieron sus puestos palatinos.
La violencia contra la nobleza comenzó, tras el frustrado golpe de estado del metropolitano Sisberto. Repuso la antigua disposición del rey Chindasvinto de prohibir que los dueños pudiesen matar a esclavos. En el año 702, promulgó una nueva y pormenorizada ley sobre los esclavos fugitivos, responsabilizando a las comunidades campesinas, en relación a la ocultación de esclavos huidos. Las malas cosechas, con las consiguientes hambrunas, debieron ser muy frecuentes. En el año 639, una epidemia de peste bubónica produjo estragos entre la población de la Septimania; existiría un rebrote cíclico en los años 707 y 709.
Concilio XVII de Toledo. Las leyes contra los hebreos.
Las catástrofes sociales de los años citados con anterioridad, anunciaron las nuevas y más brutales medidas contra los hebreos; ya en el concilio toledano-XVI se prohibió a todo hebreo, la realización de cualquier tipo de negocio con los cristianos, godos e hispano-romanos; se les incrementó, además, los impuestos de todo tipo. El ataque definitivo llegó con el concilio XVII de Toledo, del 9 de noviembre del año 694. La razón aducida fue que los hebreos visigodos tramaban una sublevación general contra el rey Égica, apoyados por los judíos norteafricanos: 1º) Se confiscaron todos los bienes de los hebreos no conversos, los cuales se entregaron a nobles adictos, 2º) Se convertía a los judíos en esclavos y se les dispersaba por todo el reino; sus nuevos amos se comprometían a no dejarles practicar sus ritos, y 3º) En Septimania y las Clausuras pirenaicas, los pocos hebreos que sobrevivieron tras la peste, quedaron a disposición de los gobernadores. El reino visigodo estaba viviendo, lo que se considera la aparición de los cuatro jinetes apocalípticos: el hambre, la peste, la envidia (que se subraya con las querellas intestinas entre la nobleza goda) y la guerra (contra los francos y los sarracenos, presionando por el norte y por el sur); se explica, claramente, entonces el decreto del concilio XVII toledano en relación con las letanías mensuales para pedir la remisión de los pecados del reino de los godos. Se incrementa el número de suicidios, ya que se pensaba que el Juicio Final de Dios era inminente.
Ocaso del reinado de Égica.
Del año 688 hasta el año 694, el rey godo Égica realiza tres campañas militares contra los francos, que resultan fallidas. Se rechaza, no obstante, un intento de desembarco por parte de la marina bizantina en Murcia; el vencedor sería el gobernador Teodomiro de Orihuela. En los últimos siete años, se vuelve a mencionar a la reina Cixilo, por lo que se puede interpretar como una reconciliación en el seno de la pareja real; el rey pretende cerrar fisuras nobiliarias a su alrededor. Égica asociará a su hijo Witiza al trono, en el año 694/695; buscará para ello el consenso y el apoyo de las noblezas laica y religiosa. de nuevo se produce una rebelión peligrosa, por parte de la nobleza, encabezada por el duque Suniefredo, a principios del siglo VIII; el susodicho noble conseguiría apoderarse de Toledo e incluso acuñaría moneda.
Witiza (702-710)
El rey Witiza en el trono toledano.
La revuelta ducal citada pudo ser domeñada, pero cuando Égica murió, en el año 702, su hijo Witiza creyó necesario cambiar, radicalmente, de política. En primer lugar repuso a los nobles castigados en sus puestos y les devolvió las posesiones confiscadas, quemó todas las cauciones que Égica les había obligado a firmar y les favoreció con nuevas donaciones. Witiza mejoró la fama de la monarquía, pero disminuyó la hacienda regia; los trientes del rey Witiza están disminuidos en peso y ley, siendo monedas de plata con baño de oro. El ambiente social está muy enrarecido, con bandas de esclavos fugitivos campando por sus respetos y los hebreos indignados por la represión de que eran objeto.
Roderigo en el trono godo hispano.
«Roderico, hortante Senatu, tumultuose regnum invadit» Tras un interregno de seis meses, se apoyó el alzamiento al trono (por parte de la nobleza meridional y occidental) del duqueRodrigo de la Bética, el cual tenía fama de ser un buen guerrero. Su ascenso al trono tuvo las características de un complot, por parte de la facción de sus partidarios; la oposición nobiliaria laica y eclesiástica hubiese preferido, como monarca, a algún familiar del rey fenecido, ya que entre ellos se encontraba el conspicuo obispo de Sevilla, Oppas, hermano del propio rey Witiza. La inevitable y subsiguiente guerra civil, conllevó la aparición en las regiones orientales (valle del río Ebro, Levante, Cataluña y Septimania) de otro soberano llamado Akhila II (hijo de Teofrastro y nieto del rey Chindasvinto), del que se desconoce el parentesco que pudiese tener con el rey Witiza (éste sería responsable del asesinato de Fafila, que era el padre de Pelayo y de la ceguera de Teofrasto, hijo del rey Chindasvinto).
La batalla de Guadalete.
Los witizianos entraron en contacto con el gobernador de Ceuta, Olián-Julián (el rey Rodrigo se había prendado, en Toledo, según la leyenda de su hija Florinda «La Cava»), el cual había entregado en el año 709, esa fortaleza bizantina a los musulmanes, «ob causam fraudis filiorum Uitizani sarraceni ingressi sunt Spaniam; Sarraceni evocati Spanias ocupant«. La decisión de atravesar el estrecho de Gibraltar se tomó por parte de Musa ben Nusayr, walí de Kairwan, con la ineluctable autorización del Khalifa al -Walid en Damasco, al que se le prometió un botín abundante. A finales de abril del año 711, mientras el rey Roderigo combatía a los vascones cerca de Pamplona, el gobernador de Tánger, Tariq ibn Ziyad, desembarcaba en Algeciras y saqueaba la Baja Andalucía. El rey godo acudió a su encuentro; la batalla decisiva tuvo lugar el 19 de julio del año 711, a orillas del río Guadalete-Wadilakka y se prolongó durante más de una jornada; el ejército godo estaba comandado por el propio rey, le acompañaban la nobleza visigoda del momento y sus clientes armados.
El río Guadalete
En el momento álgido del combate, cuando la todopoderosa caballería goda estaba dominando claramente la situación, los parientes de Akhila II, que comandaban las alas del ejército visigodo, se pasaron al enemigo; con esta traición no conseguirían la corona, pero si mantener la propiedad sobre las tres mil alquerías del patrimonio real del rey Witiza. «Filii uero Vuitizani, invidia ducti eo quod Rudericus regnum patris eorum acceperat callide cogitantes, missos nuntios ad Africam mittunt, sarracenis in auxilium petunt, eosque nauibus aduectus Yspaniam intromittunt«. El propio rey Rodrigo encontró la muerte en el campo de batalla; su cadáver fue llevado a enterrar, por sus fideles, a la ciudad de Viseo.
Los hijos de Witiza se acomodaron a la nueva situación y, por medio del pacto subscrito con el Khalifa de Damasco, se repartieron el patrimonio regio. Akhila se instaló en Toledo; Olmundo en Córdoba; Ardabasto en Sevilla y llegaría a ser conde de los cristianos en Al-Andalus. Tariq marchó entonces, sobre Écija-Astigi, a la cabeza de sus doce mil berberiscos, donde derrotó, no sin un grandísimo esfuerzo bélico, a los fieles del rey Rodrigo reagrupados y sin traiciones previas (mandadas las tropas godas por un sobrino del rey Rodrigo, llamado Bancho). Los hebreos enviaron a sus delegados y rabinos, para ofrecerle su colaboración. Los witizanos colaboraron con Tariq en la tarea, fundamental, de eliminar a la élite dirigente visigoda de la facción rodericiana derrotada.
En el verano el año 712, desembarcó Musa ben Nusayr en Tarifa; su ejército de 18.000 hombres contaba con algunos de los sucesores (tabi`un) del profeta Mahoma. Aquellas tropas traían consigo las viejas reyertas entre qaysíes y yemeníes, que habían ensangrentado el desierto arábigo. Tras tomar Sevilla, Carmona y Alcalá de Guadaira, marchó sobre Mérida, que fue tomada el 30 de junio del 713, los restos de la milicia goda opusieron tenaz resistencia y el botín fue satisfactorio. Con anterioridad, el 5 de abril del año 713, el conde Teodomiro de Murcia había firmado un acuerdo con las nuevas autoridades sarracenas; éstas le ratificaron en su dominio otorgándole plena autonomía para sus súbditos y comprometiéndose el godo, al pago de tributos. Musa llegó a Toledo en los meses invernales de los años 713 y 714, y fue la capital del Islam en Hispania (España y Portugal).
Musa acuñó sueldos de oro, con la frase coránica en lengua latina de: «In nomine Dei non Deus nisi Deus solum non Deus alius«. Su hijo, Abd al Aziz, se casaría con la reina-viuda Egilona y sería considerado el primer emir de la Hispania musulmana. Musa dominaría (año 713) con la ayuda de su hermano Abd Allah una nueva revuelta de la población de Hispalis-Sevilla. En el año 714, Tariq y Musa, que tenían una aguda enemistad entre ellos, hasta tal punto que cuando se encontraron por primera vez, en Toledo, el liberto norteafricano recibió insultos tales como llamarle perro e incluso le agredió con el bastón de mando, estaban en Zaragoza cuando les alcanzó el mensajero Mugith, enviado por el Khalifa de Damasco al Walid, con las órdenes tajantes y perentorias de que regresaran a Damasco para rendir cuentas pormenorizadas de la campaña hispánica. Antes de acatar las órdenes del Khalifa, Musa realizó una gran campaña por la calzada del Ebro; en Tudela el conde godo Casio y su hijo Fortún se convirtieron al Islam, como clientes del Khalifa.
El rey don Rodrigo tras la batalla del Guadalete según el pintor francés Eugene Delacroix (1833)
Por la vía romana que enlazaba Calahorra con León-Legio, llegaron a la que sería, en el devenir del tiempo, la caput regtni del Regnum Imperium Legionensis en el alto-medievo, luego Asturica Augusta-Astorga, Villafranca del Bierzo y Lucus Augusti-Lugo. El nuevo Khalifa Sulayman fue sumamente ingrato con ellos e incluso envió a uno de sus sicarios para asesinar, en el mes de marzo del año 716, en la mezquita de Sevilla a Abd al-Aziz. Su cabeza fue enviada a Damasco. El sobrino de Musa, Ayyub ben Habib al-Lajmí sería el jefe interino de lo conquistado, hasta que en el mes de agosto del año 716, fue enviado, desde Kairwan, un gobernador con nombramiento ya ortodoxo, al Hurr ben Abd al-Rahmán al-Thaqafi; los Omeyas convertían Hispania en una de las provincias de su imperio. El país se denominaría, a partir de entonces, bilad al-Andalus. Los tres o cuatro millones de habitantes hispánicos serían dominados por un auténtico ejército de ocupación. En el límite del año 725, ya no existía ni sombra del poder centralizador toledano de la monarquía visigoda hispánica. es muy probable que los godos no tuviesen, en los primeros momentos, tras su derrota en Guadalete, una idea clara de lo que había significado esa debacle y la futura importancia del desastre bélico del rey Roderigo, por la traición de los witizanos. «Hecha y cumplida la traición propuesta, pactada y comprada, ya no es menester ni necesario el traidor ejecutor». A partir de este triste instante, la Hispania (España y Portugal) visigoda había desaparecido del devenir histórico medieval; serían los astures y los godos, fieles al rey Rodrigo, los que tomarían la antorcha de la reconquista en Covadonga (año 722).
BIBLIOGRAFÍA:
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La caída del emperador Nerón y su ciudad, de Stephen Dando-Collins, editorial Ariel.
El 19 de julio del año 64 d.C., mientras la ciudad de Roma se preparaba para la celebración de los Juegos, se desató un pequeño incendio en una tienda situada a espaldas del Circo Máximo. A lo largo de más de cinco días, el incendió arrasó una parte importante de la capital del imperio, hecho que soliviantó a sus ciudadanos contra el emperador Nerón.
Con rigor y desde las evidencias y la documentación que de aquel importante acontecimiento histórico aún se conservan, gracias a historiadores como Suetonio o Tácito, Dando-Collins narra de forma brillante el minuto a minuto el incendio, así como el posterior y monumental trabajo de reconstrucción que se llevó a cabo y la retahíla de conspiraciones que se suscitaron para acabar con Nerón.
Una obra de histórica de gran valor que se lee como una fascinante novela de héroes cotidianos e intrigas políticas.
“El autor acompaña al lector a través de la Roma Antigua y las intrigas políticas que se desarrollaron en medio de un trascendental drama humano.” The Washington Post
Stephen Dando-Collins es autor de más de una docena de libros sobre la Roma antigua, la historia de Inglaterra, Estados Unidos y su Australia natal. En España se han publicado dos de sus libros, La maldición de los césares y El informe de Judea, que con Arde Roma, son fruto de un profundo conocimiento y años de documentación histórica.
Título: La caída del emperador Nerón y su ciudad Autor: Stephen Dando-Collins Traductor: Ana Herrera Ferrer Fecha de publicación: 01/03/2012 Nº de páginas: 328 Idioma: Español Formato: 14,4 x 23 cm. Presentación: Rústica con solapas Colección: Ariel ISBN: 978-84-344-7057-6 Precio: 21,90 €
El imperio grecorromano, de Paul Veyne, de editorial AKAL.
La separación de las cátedras de griego y de latín en el seno de la universidad perpetúa el mito de una distinción, incluso de una oposición, entre «Grecia» y «Roma». Sin embargo, el Imperio llamado «romano» fue en realidad grecorromano por más de una razón. En primer lugar por la lengua: sin duda la lengua vehicular que se practicaba en su mitad occidental era el latín, pero lo era el griego alrededor del Mediterráneo oriental y en el Próximo Oriente. Igualmente, la cultura material y moral de Roma surgió de un proceso de asimilación de esa civilización helénica que comunicaba Afganistán con Marruecos. Por último, el Imperio era grecorromano en un tercer sentido: la cultura era helénica y el poder romano; ésa es la razón por la cual los romanos helenizados pudieron continuar creyéndose tan romanos como lo habían sido siempre. El presente volumen sugiere una visión de conjunto y un análisis certero de esa primera «universalización» que constituye los cimientos de la Europa actual.
Paul Veyne nació en 1930 en Aix-en-Provence. Alumno de l’École Normal Supérieure y más tarde la l’École Française de Rome, fue nombrado profesor de Historia romana en el Collège de France en 1975. Ha publicado, entre otras obras, Cómo se escribe la historia (1972), ¿Creyeron los griegos en sus mitos? (1987), La sociedad romana (1991) y El sueño de Constantino (2008). En Akal ha publicado Los misterios del gineceo (2003) con Françoise Frontisi-Ducroux y François Lissarrague.
Índice de materias:
Prólogo I. ¿Qué era un emperador romano? II. Los presupuestos de la ciudad griega o por qué Sócrates se negó a huir III. ¿Existía una clase media en aquellos tiempos lejanos? IV. La identidad griega contra y con Roma: «colaboración» y vocación superior V. Palmira y Zenobia entre Oriente, Grecia y Roma VI. El arte de Palmira: «universalización», semejanza, frontalidad, ojos alucinados VII. Objetivos del arte, propaganda y fasto monárquico VIII. Culto, piedad y moral en el paganismo grecorromano IX. Paganos y caridad cristiana ante los gladiadores X. Los problemas religiosos de un pagano inteligente: Plutarco XI. Pasión, perfección y alma material en la utopía estoica y en san Agustín XII. La toma de Roma en el año 410 y las grandes invasiones XIII. ¿Por qué el arte grecorromano llegó a su fin?
Título:El imperio grecorromano Autor: Paul Veyne Editorial:Akal Colección: Universitaria Traductor: Elena Del Amo Materia: Historia Dimensiones: 13,5×22 N.° páginas: 816 Año edición: 2009 Precio: 60 € ISBN: 978-84-460-2465-1
En octubre del año 2010 la editorial Edhasa publicó Gala Placidia, Reina de los bárbaros, la tercera novela del escritor Rufino Fernández (la segunda en el género de la novela histórica). Si en su primera novela histórica Fernández nos trasladaba al gran conflicto militar que se produjo entre cartagineses y romanos a finales del siglo III a.C., en su nueva novela el autor nos permite ser testigos de uno de los momentos que, por sus consecuencias políticas, es uno de los de mayor trascendencia para la historia de Occidente: los años de crisis, decadencia y posterior desaparición, al menos en su parte Occidental, del Imperio romano.
Fernández ha escogido para retratar literariamente este período a la emperatriz Gala Placidia (392-450 d.C.) una de las figuras políticas más fascinantes y con mayor ambición del Imperio romano del siglo V d.C. Aún así, y aunque pueda parecer una contradicción, podríamos decir que Placidia no es, ni mucho menos, el personaje central a partir del cual Fernández crea su novela. La obra está organizada como un relato de múltiples entradas narradas desde el punto de vista de diferentes personajes históricos que junto a Placidia protagonizaron la historia de aquellos «años decisivos» y en las que hallamos a Honorio, hermano de Placidia y emperador de Occidente; a su consejero Olimpio; al general Estilicón y a su esposa Serena, prima y rival de Placidia; a los visigodos Alarico, Saro y Ataulfo; a Pulqueria, la hermana de Teodosio II, el emperador de la parte oriental…
Fernández ha decidido, de esta forma, construir una narración coral, desde múltiples puntos de vista, para darnos una visión mucho más global de la historia de un periodo que, aunque menospreciado por muchos, representó una época clave para el futuro.
Una vez dicho esto, hablemos un poco de la trama. Gala Placidia. Reina de los bárbaros, como decía antes, nos ubica en el período de años que va del 401 al 415 d.C. El Imperio romano se ha recuperado de la crisis visigoda acaecida tras la gran derrota del ejército oriental a manos de los visigodos en Adrianópolis, en el año 378, gracias, en gran medida a la actividad y al pragmatismo del emperador Teodosio. Tras la muerte del gran emperador son ahora sus hijos, Honorio en Occidente y Arcadio en Oriente, los que gobiernan las dos partes del imperio.
Aunque no todos están de acuerdo con esta repartición del poder. Gala Placidia, sin duda alguna la más dotada de los hijos de Teodosio pero relegada a un simple papel «decorativo» por su condición femenina, ha aspirado desde pequeña a alcanzar la púrpura imperial. Si bien Placidia no es la única que aspira al poder. Serena, la mujer de Estilicón, el hombre fuerte de Roma, pretende hacer recaer el poder si no en su marido si en su hijo Eucherio, miembro como ella de la dinastía imperial.
Toda esta lucha por el poder imperial se lleva a cabo en un ambiente atenazado por la amenaza germánica. Desde que penetraron en territorio romano los visigodos, y a su frente el rey Alarico, han llevado a cabo una política de continuo chantaje a la autoridad imperial, actividad que está acompañada, también, por la voluntad si no de ejercer directamente el poder en Roma (o mejor dicho, en Ravena) realizarlo de una forma indirecta, y basada en la fuerza y la intimidación generada por sus violentos guerreros.
Es por tanto la novela de Rufino Fernández una historia que nos habla del poder en una época, el Imperio romanotardío, en la que toda la autoridad estaba concentrada en la persona del emperador y en su camarilla. Una novela de ambiciones y pretensiones políticas en las que acostumbraban a estar implicados un número nada despreciable de los personajes de la corte y de la familia imperial.
Rufino crea un ambiente típico para su novela, en el sentido de la imagen que desde nuestra época se ha tenido y se tiene de aquella centuria en la que despareció el poder romano en Occidente. Una visión de corrupción e inmoralidad que afectaba a los más altos estratos de la política y, también, de la Iglesia, en estos momentos una fiel aliada del poder. Un ejemplo claro de esto lo representan las páginas dedicadas por Fernández al emperador Honorio y a su principal consejero Olimpio, en las que la malicia y la crueldad están siempre presentes.
Aún así, la novela nos transporta a una época de cambio y a unos años donde todo estaba en continua transformación, como era el caso del debilitamiento del poder imperial; la acumulación de poder en manos de la Iglesia, la progresiva instalación de los germanos en suelo imperial… aspectos que nos irán dirigiendo cada vez más al mundo medieval. Es en este marco que Rufino nos relata la vida y las ambiciones de Gala Placida, hija de emperador, hermana de emperador y madre de emperador, una protagonista algo insólita si tenemos en cuenta que en la época en concreto el papel de la mujer en la vida pública era poco más que testimonial.
Rufino nos presenta a una Placidia, joven y ansiosa por alcanzar lo que creía que le pertenecía por herencia. De esta forma su lucha se desplegará en varios frentes: ante la autoridad y la indiferencia de su hermano Honorio y de su secuaz Olimpio; en la competencia con su prima Serena o en sus relaciones con los visigodos, un hecho, este último, que sobre todo marcará la parte final de la novela. Ya que, como sabemos, Gala Placidia fue capturada por los visigodos de Alarico durante el famoso saqueo de la ciudad de Roma en el año 410, hecho que propicio el acercamiento entre Gala y Ataulfo, sucesor de Alarico. La novela, pues, no solo analiza el mundo romano del momento, sino que también nos transporta al mundo germano al que Gala se vio reducida durante algunos años. Un marco histórico, sin duda, al que no estamos acostumbrados en la novela histórica, y menos en el marco de la novela histórica hispana.
Rufino Fernández nos ofrece un fresco histórico plagado de tópicos y de imágenes clásicas. En su relato la violencia está muy presente, y sorprende el detallismo que el autor utiliza a la hora de describir los actos de sangre, muy presentes en la política y en el día a día de la época. Un hecho que sin duda diferencia su libro de la multitud de novelas históricas que no son tan preciosistas en este aspecto.
Otro de los elementos que individualiza la obra es la descripción del saqueo de Roma por parte de los visigodos en el año 410, un episodio histórico del cual nunca había sido testigo en formato literario el que estas líneas escribe. Todo un gustazo si bien el relato de este acontecimiento histórico está muy centrado en la búsqueda y el rapto de Placidia, por lo que pierde la fuerza política, emotiva y simbólica que el hecho tuvo, incluso, en la época.
Como le decía, Gala Placidia, Reina de los bárbaros es un relato histórico en el que tienen un gran peso la política y las ambiciones políticas, en la que también estará presente, aunque de forma secundaria (y sin demasiado sentido, si me permiten la opinión) la parte oriental del Imperio romano, aquella que se centraba en la ciudad de Constantinopla y que, con el tiempo, llegaríamos a conocer como Imperio bizantino. La novela es un auténtico placer para aquellos que gozamos con el relato político de la historia, sea de la época que sea, y que disfrutamos visitando los grandes hechos políticos y a los grandes personajes que dirigen, con la batuta de sus sentimientos, sus ambiciones y sus actuaciones, los destinos de la mayoría. Si es usted uno de ellos no dude, hágase con un ejemplar de la novela y sumérjase de pleno en el siglo V d.C., y conozca de primera mano, aunque sea un relato de ficción, la historia de una mujer que marcaría, sin duda, el destino de un Imperio.
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Título: Gala Placidia. Reina de los bárbaros Autor: Rufino Fernández Editorial: Edhasa ISBN: 9788435062091 Formato: Tapa dura / 15 x 23 cm Número de páginas: 576 Precio: 25 €
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Pocos son los libros que se publican a lo largo del año que por su características y peculiaridades, se diferencian del resto de novedades bibliográficas, y menos aún en el campo de la historia. Por eso la publicación el año pasado del libro 428 después de Cristo. Historia de un año de Giusto Traina, editado por Akal, es una novedad digna de destacar por varios motivos.
El libro, como su nombre indica, está dedicado a la historia de un año, o mejor dicho, a la historia de un periodo corto de tiempo que se ubica en el 428 y en los años inmediatamente anteriores y posteriores, y pretende realizar una «instantánea» de un momento concreto de la historia del Imperio romano, por lo que se aleja de la narración diacrónica de la historia, para ofrecernos un estudio sincrónico de la misma. O lo que es lo mismo, el autor no pretende estudiar la fase histórica que conocemos como Antigüedad tardía, sino que pretende analizar un momento histórico preciso y concreto de ella.
Lo más curioso del intento es que la fecha escogida no es una de esas que «pretendidamente» marcan un antes y un después en la historia, o en los que piensan que la historia depende de momentos y de acciones singulares, sino que es un año «en blanco», casi lo podríamos considerar un año vacío o con poca transcendencia, sino es porque fue precisamente ese año, el 428, cuando el reino de Armenia, una de las causas principales de la lucha entre Roma y Persia, dejó de ser un estado independiente en manos de un rey de la dinastía arsácida, y se constituyó como un marzbanato o provincia dentro del imperio persa sásanida.
Si bien éste es un hecho de notable relevancia para el Oriente romano, algunos lectores de esta reseña se preguntarán en qué afectó este suceso a la historia del Imperio romano, que es el tema principal al que está dedicado el libro. Yo, por mi parte, considero la selección de Traina una excusa, como otra cualquiera, para analizar una época histórica apasionante como es la Antigüedad tardía, y más concretamente el siglo V d.C., de una forma global e interrelacionada. Es, posiblemente, más interesante para el lector conocer la historia de un Estado como el romano durante un año «cualquiera», que en una fecha «crítica» en la que parece que todo ha de cambiar, que todo está en transformación «de un estado a otro». Hemos de tener presente, además, que Giusto Traina es un autor especializado en la historia de Armenia, por lo que no es de extrañar que sea un hecho «armenio» el que escoja como punto de partida para analizar un momento histórico en concreto.
Pues bien, a través de las páginas del libro nos trasladaremos al año 428 d.C., e iniciaremos un viaje por los territorios que formaban parte de Roma, de su imperio, y aunque de forma secundaria, por los territorios de Armenia e incluso del Imperio persa, al que el autor dedica un último capítulo. Y la visión sincrónica que les comentaba nos permitirá observar las interconexiones y las relaciones que existían no tan solo entre regiones y lugares, sino entre personajes, entre procesos y entre acontecimientos históricos, unos nexos que podían pasar algo desaparecido a través del estudio diacrónico de los hechos al que estamos acostumbrados. Y es seguramente este punto de vista estático y global el que le da al libro su baza bibliográfica más importante.
A todo ello hay que sumar el especial interés que el autor muestra a lo largo de la obra por los temas religiosos cristianos; a los obispos, y a las herejías; a las luchas por el poder en la Iglesia y por establecer la ortodoxia cristiana, un contenido que viste la mayoría de los capítulos del libro. Un peso que, en algunos momentos, puede ser algo desmesurado si pensamos que el objetivo del libro no es el estudio de la Iglesia cristiana sino del Imperio romano del siglo V d.C. Si bien, es un claro recuerdo del protagonismo cada vez mayor que el cristianismo, y sobre todo, la Iglesia, iba acumulando en esa época.
Giusto Traina
El estudio es, como decía, un análisis histórico global, si bien se divide en diversos capítulos que van avanzando geográficamente por las diversas regiones que constituían el Imperio romano. En este aspecto funciona más como una breve introducción a las diversas «piezas» territoriales del imperio, aunque desde una perspectiva ampliamente académica. Traina tiende a presentarnos al Imperio romano de la segunda década del siglo V d.C. aún como una unidad «conceptual» de funcionamiento, aunque administrativamente estaba dividido en dos partes (o en dos «Estados») en aquellos momentos, la Occidental y la Oriental. Una visión, la suya, en la que no están de acuerdo todos los especialistas.
El autor demuestra un amplio conocimiento de la realidad histórica del momento, sobre todo de la zona oriental del Imperio. De esta forma, podremos constatar cuales eran las condiciones y las problemáticas de los diversos territorios sobre los que gobernaba aún Roma (y Constantinopla) en el año 428, que, como es normal, dependían muchas veces de acontecimientos y características locales, como podían ser, por ejemplo, los efectos de las migraciones germanas en el limes del norte, o la relación con el reino persa en la frontera oriental. Elementos que diferenciaban grandemente las derivas históricas de ambas partes del imperio.
El texto está acompañado, además, de una extensa batería de notas a pie de página y de una amplia bibliografía, que le dan a la obra un relevante perfil académico y que permiten al lector no solo conocer las fuentes de las afirmaciones del autor, sino también las obras donde hallar cualquier información relacionada. Es por tanto un libro no demasiado útil para una primera aproximación a la época (atención lectores menos avezados!!) sino más bien una obra que proporciona una visión estructuradora y ordenadora de conocimientos previos.
Si en una cosa destaca el libro es en la rica galería de personajes tratados en el texto, lo cual resulta en un relato más cercano, más humano y más cotidiano del que estamos acostumbrados a leer, sobre todo en lo referente a esta época dominada por las grandes personalidades políticas y religiosas y por los grandes hechos. Hallaremos a personajes como los generales Flavio Constancio y Aecio, a la emperatriz Gala Placidia, al emperador Teodosio II, o a los religiosos San Agustín, Nestorio, Cirilo de Alejandría, Hidacio, o el anacoreta Simeón el Estilita, que irán pasando, junto a otros, a lo largo de las páginas escritas por Traina.
Todo lo cual nos provee de un corte estratigráfico y cronológico de primera magnitud de una época infravalorada durante mucho tiempo pero que, con obras como las de Giusto Traina, es cada vez más conocida por el amplio público y valorada en su justa medida, ni más ni menos, rompiendo, así, ese odioso velo que la situaba como el primer acto de la mal llamada Edad Media, considerado, indecorosamente, como uno de los períodos más oscuros de la historia europea.
Título:428 después de Cristo. Historia de un año Autor: Giusto Traina Editorial:Akal Año edición: 2011 Colección: Universitaria Traductor: Manuel J. Parodi Álvarez Materia: Historia ISBN: 978-84-460-2791-1 Dimensiones: 14 x 22 N.° páginas: 208 Precio: 19,50 €
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El pasado 2008 la editorial Crítica publicó El triunfo romano. Una historia de Roma a través de la celebración de sus victorias, de Mary Beard, una nueva muestra de la calidad editorial del sello y una buena oportunidad para conocer algo más uno de los elementos más populares del mundo militar romano.
Cada gran victoria militar acababa en la antigua Roma en un gran desfile por las calles de la ciudad hacia el templo de Júpiter, en la colina del Capitolio, en el que el general vencedor y sus soldados iban acompañados por los más importantes de los dignatarios derrotados y por el botín que habían capturado. Mary Beard, catedrática de la Universidad de Cambridge, analiza la magnificencia del triunfo romano, pero nos muestra también el lado oscuro de esta celebración del imperialismo que iba a servir de modelo para los monarcas y los generales de épocas sucesivas. «En algunas raras ocasiones», ha dicho Robert Harris, «nos encontramos con un libro de historia que ilumina una época entera como con la luz de un relámpago. El libro de Mary Beard pertenece a esta rara y valiosa categoría».
Mary Beard es catedrática de Clásicas en Cambridge y fellow de Newnham College. Es editora en The Times Literary Supplement y autora del blog «A Don´s Life». Entre sus libros publicados se incluye The Parthenon y El triunfo romano (Crítica, 2008) y Pompeya, Historia y leyenda de una ciudad romana (2009)
Título:El triunfo romano. Una historia de Roma a través de la celebración de sus victorias Autora: Mary Beard Editorial: Crítica Colección: Tiempo de Historia Fecha de publicación: 03/11/2008 Páginas: 584 páginas Idioma: Español ISBN: 978-84-9892-320-9 Formato: 15,5 x 23 cm. Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta