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Crítica mini-serie TV: San Agustín (2010)

La resaca de la Semana Santa televisiva extiende su sombra sobre BlogCulturalia con la crítica de la miniserie San Agustín, otra de las producciones ambientadas en la antigua Roma que pueblan innumerables canales durante este periodo festivo.

San Agustín es la quinta entrega de una serie titulada Imperium, que consta de otros capítulos dedicados a Augusto, el primer emperador (2003), Nerón (2004), San Pedro (2005) y Pompeya (20. La miniserie dedicada a san Agustín está dirigida por el canadiense Christian Duguay con experiencia en biopics como Juana de Arco (1999), Hitler: El reinado del mal (2003), Pío XII, bajo el cielo de Roma (2010), Anna Karenina (2013) o Los Medici: Señores de Florencia (2016 -2019).

La miniserie se centra tan solo en algunos episodios de la biografía de san Agustín ya que esta es muy amplia, de ahí que se divida en tres tramas. La primera está ambientada en el año 430 d.C., cuando la ciudad de Hipona es asediada por los vándalos de Geiserico; la segunda se ubica en la juventud de Agustín y su aprendizaje como abogado en Cartago, su posterior actividad política y su conversión al cristianismo de la mano de San Ambrosio en Milán, capital en aquel momento del Imperio romano; la tercera se sitúa también en Cartago y relata, de una forma más breve, el debate público que se lleva a cabo entre cristianos y los (considerados) herejes donatistas.

Lo primero que destaca de la serie es la época en la que está ambientada. Salimos del Alto Imperio romano y de la omnipresente dinastía Julio-Claudia y nos trasladamos a los siglos IV y V d.C., al Bajo Imperio. Ya solo por eso la serie tiene mérito y más si pensamos que aspira a un relato realista e histórico del período, aunque a veces no lo consiga del todo.

Como la serie relata varias etapas de la vida de san Agustín, el personaje está interpretado por diversos actores. Matteo Urzia encarna a un joven Agustín; Alessandro Preziosi da vida a un Agustín más maduro y finalmente el gran Franco Nero interpreta a un Agustín de avanzada edad.

San Agustin_miniserie_1

Como os decía, la miniserie se interesa por la juventud de San Agustín y sobre todo por su evolución personal y espiritual, o lo que es lo mismo, su progreso desde creencias paganas hasta su conversión al cristianismo. En este relato el papel de su madre Mónica (Monica Guerritore) es el contrapunto intensamente cristiano al personaje principal, una relación que marcó profundamente la vida de san Agustín. La serie también muestra la relación de este con la esclava Khalida, interpretada por la atractiva Serena Rossi. Entre estos dos personajes femeninos se construye la vida personal de Agustín.

La segunda trama importante de la serie es la que nos sitúa en la ciudad norteafricana de Hipona, de la que Agustín era obispo en el año 430, en el momento de la llegada de los invasores vándalos. Esta es seguramente la trama más imaginativa de la serie. Del enfrentamiento militar entre romanos y vándalos casi no se nos muestra nada, debido esto seguramente a la falta de presupuesto de la producción. Pero es que además la historia de amor entre Lucila (Katy Louise Saunders), sobrina de Agustín y Fabio Domicio (Sebastian Ströbel), centurión romano a cargo de las defensas de Hipona además de ser poco creíble y algo presentista, hace tensionar la trama de forma poco realista. Tampoco es demasiado creíble la defensa de Agustín de la colaboración entre romanos y vándalos, motivada, seguramente, por el énfasis de la serie en la idea de la multiculturalidad en la Antigua Roma (hemos de pensar que es una serie europea). En esta segunda trama destaca, también, la actuación de Alexander Held, que interpreta a Valerio, el gobernador de la provincia que mantiene una relación de amistad y odio con San Agustín.

La propuesta es, sin embargo, demasiado extensa en su duración y el ritmo no es el más adecuado, si bien, es entendible ya que la serie se interesa por la evolución íntima y espiritual de san Agustín, un tema que requiere un tempo propio de narración algo más lento. Por esa razón los diálogos adquieren relevancia, ya que nos permiten entender la evolución del pensamiento de san Agustín. Sin embargo, sobra, por ejemplo, el episodio del debate entre cristianos y donatistas, ya que no aporta nada a la serie, tan solo el motivo del enfrentamiento entre Agustín y el centurión Fabio Domicio y aumenta la tensión dramática en la relación entre este y Lucila.

Como decía, la serie hace un esfuerzo por mostrarnos la época de forma realista, en la que no aparecen las escenas con tintes de decadencia moral y espiritual a las que estamos tan acostumbrados cuando el cine y la televisión tratan estas épocas, por lo que se ha de felicitar a la producción. De ahí que la serie no haga excesivo hincapié en las omnipresentes escenas de orgías y bacanales para mostrarnos la decadencia romana. Aparecen, sí, en la época de juventud de san Agustín, pero parece que el aspirante a santo y Padre de la Iglesia llevó una vida algo disoluta en esa etapa de su vida.

También destaca la magnificencia de la ambientación con escenarios que, si bien no son muy variados, sí que están muy conseguidos y un vestuario que ayuda al espectador a introducirse bien en la época.

San Agustín es una mini-serie que vale la pena ver si te interesa este género y la época en la que transcurre su relato, es decir, la historia del Bajo Imperio y los primeros tiempos del cristianismo. San Agustín narra al espectador la vida de un santo destacadísimo de la Iglesia Cristiana de aquella época sin vapulear la historia y sin fantasear en demasía. Una buena oportunidad, y las hay más bien pocas, de disfrutar de una historia ubicada temporalmente en la tardo antigüedad que nos permite conocer una época muy desconocida por el amplio público.

Título: San Agustín
Año: 2010
Duración: 200 min (2 capítulos)
País: Italia, Alemania, Polonia
Dirección: Christian Duguay
Guión: Francesco Arlanch, Sebastian Henckel-Donnersmarck
Música: Andrea Guerra
Fotografía: Fabrizio Lucci
Reparto: Alessandro Preziosi, Monica Guerritore, Gerald Alexander Held, Johannes Brandrup, Wenanty Nosul, Katy Louise Saunders, Serena Rossi, Sebastian Ströbel, Dietrich Hollinderbäumer, Aglaia Szyszkowitz, Götz Otto, Franco Nero, Vincenzo Alfieri, Sonia Aquino, Dominic Atherton
Producción: Lux Vide, Rai Fiction, EOS Entertainment, Grupa Filmowa Baltmedia
Género: Mini-serie de TV | Drama | Antigua Roma | Cristianismo
NOTA CULTURALIA: 6,9
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Jorge Pisa

Crítica: 428 después de Cristo. Historia de un año, de Giusto Traina.

Pocos son los libros que se publican a lo largo del año que por su características y peculiaridades, se diferencian del resto de novedades bibliográficas, y menos aún en el campo de la historia. Por eso la publicación el año pasado del libro 428 después de Cristo. Historia de un año de Giusto Traina, editado por Akal, es una novedad digna de destacar por varios motivos.

El libro, como su nombre indica, está dedicado a la historia de un año, o mejor dicho, a la historia de un periodo corto de tiempo que se ubica en el 428 y en los años inmediatamente anteriores y posteriores, y pretende realizar una “instantánea” de un momento concreto de la historia del Imperio romano, por lo que se aleja de la narración diacrónica de la historia, para ofrecernos un estudio sincrónico de la misma. O lo que es lo mismo, el autor no pretende estudiar la fase histórica que conocemos como Antigüedad tardía, sino que pretende analizar un momento histórico preciso y concreto de ella.

Lo más curioso del intento es que la fecha escogida no es una de esas que “pretendidamente” marcan un antes y un después en la historia, o en los que piensan que la historia depende de momentos y de acciones singulares, sino que es un año “en blanco”, casi lo podríamos considerar un año vacío o con poca transcendencia, sino es porque fue precisamente ese año, el 428, cuando el reino de Armenia, una de las causas principales de la lucha entre Roma y Persia, dejó de ser un estado independiente en manos de un rey de la dinastía arsácida, y se constituyó como un marzbanato o provincia dentro del imperio persa sásanida.

Si bien éste es un hecho de notable relevancia para el Oriente romano, algunos lectores de esta reseña se preguntarán en qué afectó este suceso a la historia del Imperio romano, que es el tema principal al que está dedicado el libro. Yo, por mi parte, considero la selección de Traina una excusa, como otra cualquiera, para analizar una época histórica apasionante como es la Antigüedad tardía, y más concretamente el siglo V d.C., de una forma global e interrelacionada. Es, posiblemente, más interesante para el lector conocer la historia de un Estado como el romano durante un año “cualquiera”, que en una fecha “crítica” en la que parece que todo ha de cambiar, que todo está en transformación “de un estado a otro”. Hemos de tener presente, además, que Giusto Traina es un autor especializado en la historia de Armenia, por lo que no es de extrañar que sea un hecho “armenio” el que escoja como punto de partida para analizar un momento histórico en concreto.

Pues bien, a través de las páginas del libro nos trasladaremos al año 428 d.C., e iniciaremos un viaje por los territorios que formaban parte de Roma, de su imperio, y aunque de forma secundaria, por los territorios de Armenia e incluso del Imperio persa, al que el autor dedica un último capítulo. Y la visión sincrónica que les comentaba nos permitirá observar las interconexiones y las relaciones que existían no tan solo entre regiones y lugares, sino entre personajes, entre procesos y entre acontecimientos históricos, unos nexos que podían pasar algo desaparecido a través del estudio diacrónico de los hechos al que estamos acostumbrados. Y es seguramente este punto de vista estático y global el que le da al libro su baza bibliográfica más importante.

A todo ello hay que sumar el especial interés que el autor muestra a lo largo de la obra por los temas religiosos cristianos; a los obispos, y a las herejías; a las luchas por el poder en la Iglesia y por establecer la ortodoxia cristiana, un contenido que viste la mayoría de los capítulos del libro. Un peso que, en algunos momentos, puede ser algo desmesurado si pensamos que el objetivo del libro no es el estudio de la Iglesia cristiana sino del Imperio romano del siglo V d.C. Si bien, es un claro recuerdo del protagonismo cada vez mayor que el cristianismo, y sobre todo, la Iglesia, iba acumulando en esa época.

Giusto Traina

El estudio es, como decía, un análisis histórico global, si bien se divide en diversos capítulos que van avanzando geográficamente por las diversas regiones que constituían el Imperio romano. En este aspecto funciona más como una breve introducción a las diversas “piezas” territoriales del imperio, aunque desde una perspectiva ampliamente académica. Traina tiende a presentarnos al Imperio romano de la segunda década del siglo V d.C. aún como una unidad “conceptual” de funcionamiento, aunque administrativamente estaba dividido en dos partes (o en dos “Estados”) en aquellos momentos, la Occidental y la Oriental. Una visión, la suya, en la que no están de acuerdo todos los especialistas.

El autor demuestra un amplio conocimiento de la realidad histórica del momento, sobre todo de la zona oriental del Imperio. De esta forma, podremos constatar cuales eran las condiciones y las problemáticas de los diversos territorios sobre los que gobernaba aún Roma (y Constantinopla) en el año 428, que, como es normal, dependían muchas veces de acontecimientos y características locales, como podían ser, por ejemplo, los efectos de las migraciones germanas en el limes del norte, o la relación con el reino persa en la frontera oriental. Elementos que diferenciaban grandemente las derivas históricas de ambas partes del imperio.

El texto está acompañado, además, de una extensa batería de notas a pie de página y de una amplia bibliografía, que le dan a la obra un relevante perfil académico y que permiten al lector no solo conocer las fuentes de las afirmaciones del autor, sino también las obras donde hallar cualquier información relacionada. Es por tanto un libro no demasiado útil para una primera aproximación a la época (atención lectores menos avezados!!) sino más bien una obra que proporciona una visión estructuradora y ordenadora de conocimientos previos.

Si en una cosa destaca el libro es en la rica galería de personajes tratados en el texto, lo cual resulta en un relato más cercano, más humano y más cotidiano del que estamos acostumbrados a leer, sobre todo en lo referente a esta época dominada por las grandes personalidades políticas y religiosas y por los grandes hechos. Hallaremos a personajes como los generales Flavio Constancio y Aecio, a la emperatriz Gala Placidia, al emperador Teodosio II, o a los religiosos San Agustín, Nestorio, Cirilo de Alejandría, Hidacio, o el anacoreta Simeón el Estilita, que irán pasando, junto a otros, a lo largo de las páginas escritas por Traina.

Todo lo cual nos provee de un corte estratigráfico y cronológico de primera magnitud de una época infravalorada durante mucho tiempo pero que, con obras como las de Giusto Traina, es cada vez más conocida por el amplio público y valorada en su justa medida, ni más ni menos, rompiendo, así, ese odioso velo que la situaba como el primer acto de la mal llamada Edad Media, considerado, indecorosamente, como uno de los períodos más oscuros de la historia europea.

Título: 428 después de Cristo. Historia de un año
Autor: Giusto Traina
Editorial: Akal
Año edición: 2011
Colección: Universitaria
Traductor: Manuel J. Parodi Álvarez
Materia: Historia
ISBN: 978-84-460-2791-1
Dimensiones: 14 x 22
N.° páginas: 208
Precio: 19,50 €
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez