A veces, en el mundo en el que vivimos, vale la pena detenerse y dedicarse unos momentos a uno mismo ya sea para reflexionar sobre lo que hemos hecho, lo que hacemos o lo que vamos a hacer.
A veces para ello necesitamos una ayuda externa, ya sea la conversación cómplice de una persona cercana o en este caso, el conocimiento atesorado a lo largo de siglos de experiencia vital y espiritual recogido en obras literarias como la que nos presenta Plataforma Editorial con El Dhammapada, La senda de la perfección, una novedad literaria publicada en el sello testimonio y que recoge 423 aforismos que ilustran las enseñanzas morales de Buda.
El Dhammapada es una colección de 423 aforismos escritos originalmente en lengua pali seguramente en el siglo III AEC. En pali Dhamma, Dharma en sánscrito, alude a un concepto básico en el budismo. Su sentido es muy afín al de «ley, una ley moral, la ley eterna del Cosmos, la Verdad». Pada significa en pali y en sánscrito «pie, paso» y, por lo tanto, puede traducirse como camino, senda. De ahí que Dhammapada sugiera la Senda del Dharma, la senda correcta que lleva a la Verdad, a la luz, al amor, al Nirvana.
La obra recoge los aforismo budistas agrupados en 26 categorías que incluyen temáticas como la mente, el hombre sabio, el bien y el mal, el Buda, los placeres efímeros o la rectitud y la senda, y seguro que nos proporcionará la materia prima para llevar a buen término esa reflexión que les decía y recorrer la Senda de la Perfección preparados y muy bien acompañados.
Título:El Dhammapada, La senda de la perfección Editorial: Plataforma Editorial Colección: Testimonio Formato: Rústica con solapas ISBN: 9788415880998 Páginas: 176 Precio: 16.00 €
Salvar vidas ajenas tiene cada vez menos mérito en el panorama cinematográfico: Hay tal concentración de superhéroes en las pantallas comerciales, que se han visto obligados a luchar juntos y a compartir títulos de crédito para el sacrificio de su orgullo de estrellas así como de su misérrima condición de peleles afranquiciados.
Pero sucede que aún queda mucho individuo por salvarse de la condena de ser infeliz. Los motivos no suelen ser el ataque indiscriminado de ningún malvado en mallas dilatadas. No. Las razones las encontraríamos más bien en la torpeza a la hora de luchar por vivir.
Para estos casos (a menudo alarmantes), las salas de proyecciones independientes tienen la solución: Mostrar impúdicamente historias de superación personal. También de crecimiento emocional. Incluso de destrucción sentimental. Todas requieren un elemento valioso: el apoyo de los demás.
La 19ªMostra Internacional de Cinema Gai i Lesbià es una de esas plataformas. Desde ella, conocemos la historia de Eugenio y Martín, halcón y paloma sobrevolando un insignificante paraíso situado de forma algo azarosa en un HAWAII argentino de textura maravillosa por sus tonos pastel, la nitidez de su enfoque y la mágica ocurrencia de contar sus aleteos desgranando los detalles nimios más hermosos de la convivencia. Marco Berger da a su público una obra delicada que vuelve a la infancia a través de los ojos inocentes de Mateo Chiarino y la tierna conspiración de Manuel Vignau. Aunque la película magnifique sus defectos (el exceso de primeros planos y su recreación expositiva delata continuamente la inexperiencia de los intérpretes), triunfa entre el espectador por su capacidad de construir un espacio propio, acogedor e idílico.
Con mayor garra aterriza DVOJINA (“Dual”), encantador cuento esloveno aunque algo prolijo porque su historia se hubiese contado mejor como cortometraje. Lo que hace especial este trabajo es el esfuerzo por convertir a su anodina protagonista, Tina (gozosa Nina Rakovec), que declara a su enamorada al inicio que “no hay nada que contar sobre mí. Solo soy nada”, en una aventurera de su propia vida. Nec Gazvoda juega con ella y con los seres que le rodean a llevarles a su emancipación emocional y lo que en el argumento supondría un cúmulo de situaciones cotidianas de poco calado, en este caso resulta destacable por la ausencia de pretenciosidad y la habilidad del guión al retratar a unos personajes casi genuinos (emotiva la relación de la protagonista con su padre, que evoluciona prodigiosamente en un espacio de tiempo mínimo) si exceptuamos al pelmazo “mariliendro rompeduendes”.
Un poco más valiente es la propuesta de Tom Shkolnik, THE COMEDIAN, cuyo perfume setentero y tono de falso documental conceden un verismo reseñable al bloqueo existencial de Ed (notable Edward Hogg), perdido en la nada de una rutina salpicada de color (entrañable su novio Nathan Stewart-Jarrett, conmovedora su mejor amiga Elisa Lasowski) que él se empeña en embadurnar de gris. Curiosamente, y en este sentido se distingue de manera especial la obra de Tom, la causa del conflicto no es la homosexualidad del protagonista, que aquí resulta ser lo único asumido de forma satisfactoria por el apesadumbrado Ed. Este “comediante” deja un poso de melancolía venenosa para la taquilla pero necesaria a la hora de invitar a la reflexión sincera sobre la crisis de la incipiente vida adulta.
Y unos breves apuntes para la breve contribución de Marco Laborda con THE DAZZLING DESTINY, borrador sobre un intento de suicidio pasional lastrado por su narcisismo audiovisual pero de factura indie-hipster jubilosa y pegajosa.
Por Juan Marea
La 19ªMostra Internacional de Cinema Gai i Lesbià se celebra en el Institut Francès de Barcelona hasta el domingo 13 de julio. http://www.cinemalambda.com/
No es muy habitual ver anunciada en las carteleras una obra de teatro de ciencia-ficción, y menos aún que una misma sala, en este caso el Teatre del Raval, estrene durante la misma temporada dos obras de ciencia-ficción distópica. La primera, 1984, la programó a finales del 2013 y principios del 2014, todo un éxito respecto a la calidad artística del montaje. Desde el pasado 2 de julio le toca el turno a 2050, una corta obra de teatro (tan solo 55 minutos de duración), producida por El Desván Teatro en coproducción con Samarkanda Teatro que insiste algo más en el tipo de historia narrada por Orwell.
Nos hemos de situar en el año 2050. La sociedad está regida por un sistema político represor que controla todos y cada uno de los aspectos de la vida de sus ciudadanos. Cada uno posee un trabajo y una vida personal que realiza en favor del bienestar de la comunidad y, sobre todo, del sistema. Iván trabaja en una antigua cisterna eliminando los cadáveres de todos aquellos que se oponen al sistema. Pero últimamente su trabajo no ha sido tan eficiente, por lo que se ha enviado a un inspector con el objetivo de descubrir qué es lo que pasa.
2050 sigue la estela de las grandes obras de ciencia ficción distópica entre las que sobresalen, Un mundo felizde Huxley; 1984de Orwell y Fahrenheit 451de Bradbury, y posee elementos de cada una de ella. El sistema todopoderoso y controlador nos remite a 1984; la prohibición de leer libros a Farenheit 451 y 1984; y los elementos de sexualidad puede que hagan referencia a Un Mundo Feliz. La acción, además nos sitúa en algo parecido al interrogatorio final de 1984, cuando el protagonista ya ha sido descubierto y no puede más que autoacusarse a sí mismo.
Este es el meollo de la obra, que se estructura en una conversación-interrogatorio entre Iván y el inspector, en el que no solo conoceremos las ideas y la visión de la vida poco ortodoxa del primero, sino que también comprenderemos el funcionamientos del sistema y sus herramientas de control de la sociedad. Por lo que la obra está dirigida a aquellos apasionados por la ciencia ficción y por el análisis de la realidad político-social que solo este género sabe tratar de forma tan fría y realista.
2050 reflexiona de esta forma sobre la capacidad de un sistema político por controlar qué piensa y cómo piensa la población, y hace un guiño a la actualidad, situando el origen del sistema en la crisis de valores que vivimos hoy en día, un momento en el que, según la obra, se llega a especular con todo, con la comida, con la vivienda e incluso con las vidas humanas. Tras lo cual se impone un sistema de orden y eficiencia que ha acabado, según parece, llevando a la sociedad, o a parte de ella, a un abatimiento personal y moral y a otros muchos a luchar contra un sistema político opresor, los cadáveres de los cuales son los que elimina Iván.
Imagínense, pues, la reflexión que nos permite 2050. E imagínenselo todo en tonos grisáceos, y sobre una construcción escenográfica que nos muestra, de forma minimalista, un mundo oscuro y desalmado que ha optado por la seguridad despreciando para ello las emociones y la genialidad creativa del alma humana.
La obra, por otra parte, está construida a partir de la interpretación de sus dos protagonistas, Diego Ramos, que da vida al eliminador de cadáveres que pone en duda su trabajo y el propio funcionamiento del sistema social y Fermín Núñez que interpreta al inspector que ha de valorar la situación. Un duelo escénico en el que parece vencer este último, que encarna a un funcionario distópico con una naturalidad y frialdad electrizantes.
Una reflexión social y política de la Compañía El Desván Teatro que nos habla del futuro para referirse a nuestro presente, pero que juega una baza escénica que ya triunfó en el Teatre del Raval no hace tanto, lo que, seguro, que le resta la eficiencia en la taquilla que sería de esperar.
«2050» se representa en el Teatre del Raval del 2 al 13 de julio de 2014.
Autor: Ricardo Prieto
Versión y dirección: Domingo Cruz
Reparto: Diego Ramos y Fermín Núñez
Música: Álvaro Rodríguez
Escenografía y vestuario: Diego Ramos
Iluminación: Jesús Sánchez Avís (Lenda)
Vídeo: Alberto Calvo
Producción: Cia El Desván Teatro en coproducción con Samarkanda Teatro
Horarios: de miércoles a sábado a las 20:30 horas y domingos a las 18:00 horas. Precio: 18 € Duración: 55 minutos Idioma: castellano
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Com més irresoluble és un problema, més coneixem la resposta. Ho diu en Wajdi Mouawad a Cels i des del bocí de terra on sigui que ens trobem ara tenim dues opcions: O bé reservem una mica d’espai a la nostra ment per pensar-lo i ens alliberem o bé permetem que la incògnita ens eclipsi i llavors serem més manipulables.
Mouawad és invocat a la Biblioteca de Catalunya a través de la claustrofòbia provisional d’un equip de salvadors mundials que, paradoxalment, es troba aïllat en un cau de coordenades ocultes. Aquest grup d’elegits empresonats haurà d’esbrinar els detalls d’un atemptat que ja ha començat a cobrar-se víctimes entre ells. La intriga que se’n deriva servirà per intensificar les tensions internes, per atrapar l’espectador, i fins i tot per plantar la llavor d’un debat que podria germinar després.
Però les mesures de seguretat escrupolosament adoptades no poden impedir la presència d’un infiltrat: el transcendentalisme, sempre vistós però sovint intrús. Mouawad fa créixer aquest membre de l’escamot concebent uns personatges esquemàtics que lluitaran al llarg de la representació per esdevenir prototipus però que només de manera excepcional desprenen un alè semblant al vital i curiosament són aquells amb presència escènica diferida: el desaparegut Valéry (contingut Carles Martínez), poeta de la informàtica; i el Victor, fill que desperta a la sensibilitat artística institucional (desimbolt Àlex López). Més l’agent burocratitzat Vincent (estrident Ernest Villegas), contrapunt necessari.
Mouawad vol parlar de la naturalesa artística de la immolació davant la crueltat del Sistema Polític Hegemònic Globalitzat, s’entusiasma tractant la indefensió de sentir-nos envaïts per les veus crítiques, i s’encén incitant al poder de la intuïció com a defensa contra l’obediència a l’autoritat. Però pretén ajustar aquests temes de magnitud gegantina amb la petitesa d’exposar les dificultats individuals exterioritzant les emocions pròpies quan hom és el mer apèndix d’un grup. No content amb això, s’anticipa a mostrar la seva visió apocalíptica de la Societat com a conseqüència de la incapacitat de pensar-se amb termes de solidaritat i sensibilitat.
El llistó està tan alt que el seu treball no assoleix l’equilibri indispensable per a què pugui superar l’anècdota argumental ni tampoc qualli el seu vessant discursiu de reflexió temàtica. Perquè Mouawad no considera prou valuosa la intriga dosificada al llarg de la història tot utilitzant-la com a pretext per a enlairar-se en l’etèria atmosfera del pensament polític. I precisament és el misteri que circula pel firmament del seu treball el que eleva l’interès de l’espectador. Quan el text recorre la seva recta final i es produeix l’explosió ideològica, el públic lluita per no caure colpejat al terra.
Oriol Broggi pren el relleu i dóna forma al Manifest. Amb coherència i posant-se al servei de la seva doble condició: com a exercici de suspens i com a apunt per a la discussió.
Quant a la primera faceta, estructura el joc interpretatiu mitjançant el diàleg constant amb les veus exteriors provinents de les furibundes xarxes socials. I oposant a la claustrofòbia dels protagonistes (cadascú a la seva cel·la –cambra i immobilitzat per les respectives misèries personals; i tots cinc reunits al voltant d’una taula mai conciliadora) l’esplendor de les pantalles reproductores de seductora internacionalitat, de dades en permanent encadenament i d’intimitat familiar, assoleix un grau d’efectisme molt atractiu. No demostra, en canvi, la mateixa habilitat en la direcció d’actors, paralitzats per un dramatisme de vegades irritant i d’altres, acovardits per la concisió acadèmica. D’entre ells, Xavier Ricart aixeca la mà esporàdicament i demostra entendre que està jugant a sobreviure i els moments de diàleg amb el seu dòcil fill obren escletxes d’humanitat quotidiana.
Pel que fa a l’aspecte dogmàtic, a l’edèn de Broggi no flueixen els núvols de la suggestió ni tampoc els raigs i trons de la polèmica, de tan servil que resulta ser al Totpoderós Mouawad.
Seguro que si os digo que la vida se puede reducir a una obra de teatro, la mayoría de vosotros pensaríais que probablemente sí, que con una buena obra de teatro todo es posible. Pero si os dijera que la vida se puede reducir a una partida de cartas, y más concretamente a una de póker, posiblemente me costaría más convenceros. Pues bien, este es el objetivo de Julio Manrique, que con el estreno de La partida nos presenta un esbozo de la vida de varios hombres marcadas por las figuras del póker.
La obra nos sitúa en el restaurante Carta, regentado por Esteve (Ramon Madaula), en el que todos los sábados por la noche se organiza una timba de póker en la que participan él mismo; Carles (Oriol Vila), su hijo; Santi (Joan Carreras), el cocinero y Maxi (Marc Rodríguez) y Frankie (Andrew Tarbet), los dos camareros del local. Pero esta noche se apunta a la partida Ash (Andreu Benito), un jugador profesional con el que Carles ha contraído una fuerte deuda de juego, lo que convertirá la velada en una partida en la que los miedos, las frustraciones y los sueños se cambiarán por fichas de póker.
Manrique nos propone una disertación teatral sobre la vida de un grupo de hombres marcados por el fracaso y la desorientación, una temática muy al gusto del director, y que ya tratara en obras como Coses que dèiem avui, montaje a partir de textos de Neil LaBute y American Buffalo de David Mamet, ambas estrenadas inicialmente en el año 2010 y de marcado cuño norteamericano. Por lo que hemos de tener en cuenta que la historia que da forma a la obra no pertenece tanto a nuestra realidad mediterránea como a un mundo de marcada origo estadounidense, en la cual el juego y el póker se vive de una forma muy diferente a la que estamos acostumbrados la mayoría de nosotros, aunque esto es algo que internet está empezando a cambiar.
La partida nos muestra un retrato de 6 hombres marcados por la tragedia o la derrota que aunque intentan mantenerse firmes sobre suelo resbaladizo, no consiguen darle un sentido estable a su existencia y en la que la esperanza toma la forma de una partida de póker en la que lo pueden ganar o perder todo y donde la victoria de uno siempre supone la derrota de los otros.
El escenario donde se jugará la partida nos muestra la sala del restaurante y la cocina, pero en esta ocasión la escena del Romea sale de su ubicación habitual y se ubica en el espacio central del teatro, rodeado a banda y banda por las filas de espectadores. Si bien más tarde este doble escenario sufre una metamorfosis que lo transforma en el sótano en el que se jugara la partida que da nombre a la obra.
Como os decía las experiencias individuales que nos narra la obra son lejanas y singulares, aunque poseen, creo yo, la fuerza necesaria para hablarnos sobre la vida en pleno siglo XXI, en la que los sueños y las esperanzas dependen muchas veces de factores en gran parte incontrolables o que no sabemos controlar. Para explicarnos todo esto Manrique utiliza a un grupo de actores que destacan por su buen hacer, y que encarnan de forma mimética a los personajes diseñados por Marber. Ramón Madaula da vida al propietario del restaurante que intenta proteger y a la vez controlar al resto; Joan Carreras interpreta a Santi, capaz de jugarse hasta el último euro en la partida; Marc Rodríguez encarna al típico soñador atolondrado que no es consciente de la realidad que le rodea y que en parte nunca ha dejado de ser un niño; Andrew Tarbet da vida al segundo camarero del restaurante, de paso por Barcelona y en cuyos sueños no aparece nadie más que él; Oscar Vila interpreta a Carles, el hijo de Esteve con graves problemas de adicción al juego y capaz de vender a familiares y amigos con el objetivo de saldar sus deudas. Por último Andreu Benito encarna al jugador profesional sin escrúpulos que hará lo necesario para recuperar su dinero. Un elenco teatral sin duda de primera.
Sin embargo a la obra le falta principalmente ritmo, tanto en la primera parte de la representación, en la que se presenta a los caracteres y las situaciones y sobre todo en la segunda, donde a veces la partida parece interminable. A lo que se suma el hecho de que la obra nos dice pocas cosas que no sepamos y que no podamos corroborar en nuestras experiencias personales.
A pesar de ello La partida mantiene su poder de convocatoria y su fuerza de espíritu gracias al altísimo nivel en el que se mueven los actores, entre los que destacan Madaula y Benito, y por la creación de una realidad escénica que a veces parece que no avance y que forme parte de un limbo existencial en el que los protagonistas se hallan atrapados y del que no pueden huir, un efecto potenciado además por la música y los efectos sonoros. Una partida, en definitiva, que vale la pena jugar, aunque para ello debamos apostar con una mano que no nos garantiza el éxito final.
«La partida» se representa en el Teatre Romea del 2 de julio al 3 de agosto de 2014.
Autor: Patrick Marber
Traducción / Adaptación: Cristina Genebat
Dirección: Julio Manrique
Reparto: Ramon Madaula, Joan Carreras, Marc Rodríguez, Andrew Tarbet, Oriol Vila y Andreu Benito
Escenografía: Sebastià Brosa
Vestuario: Maria Armengol
Iluminación: Jaume Ventura
Espacio sonoro: Ramon Ciércoles
Producción: Grec 2014 Festival de Barcelona y el Teatre Romea
Horario: de martes a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 18:00 y a las 21:30 horas y los domingos a las 18:00 horas. Precio: 17 – 27 € Duración: 120 minutos Idioma: catalán
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L’impuls de defecar és, a banda d’una necessitat fisiològica, una tendència defensiva individual cada cop més generalitzada: Ens caguem en tot. I ho solem fer tan convençuts que moltes vegades ni tan sols ens preocupem de netejar-nos bé el cul.
Heus ací el trajecte d’un artista visual que anava d’alternatiu i que no pogué escapar de les seves tenebres. En Piero Manzoni vivia amb tant d’entossudiment la seva concepció de l’art com a instrument per sacsejar consciències que va decidir signar la seva darrera obra (revalorada, és clar, de manera pòstuma) envasant al buit la seva pròpia femta tot aplicant el principi següent: Si l’art és una merda, la merda ha de ser art.
I ara empudeguen l’escenari del Poliorama els responsables d’aquella joia d’encisadora bijuteria que va ser “Pegados” amb el detall dels darrers dies d’intensitat intestinal d’en Manzoni, embolcallats de la lluentor de l’or. Si al seu anterior espectacle van brillar amb la frescor d’una distingida senzillesa, “Merda d’artista” és un luxós entreteniment d’escenografia enginyosa, vestuari exquisit i cinc actors entusiastes i excepcionalment compenetrats: Tres femelles magnífiques (sublim Gemma Martínez com a marxant càustica i múltiplement intoxicada; elegant Xènia Reguant interpretant el submís i desenganyat descans del guerrer; i deliciosa Nanina Rosebud amb els dits secs, molt secs, d’una caputxeta vermella periodista) més dos mascles que saben rondar-les amb gràcia (un vigorós Frank Capdet com a fracassat pintor abstracte i, finalment, el turmentat Piero, a qui dóna presència un Ferran González sensible però un pèl afectat).
Tots cinc (amb la col•laboració sorprenent i eficaç d’en Joan Miquel Pérez com a pianista sarcàstic molt eixerit) formen un equip indestructible quan desfilen plegats a l’escenari alternant comicitat ocurrent i dinamisme coreogràfic. És llavors quan “Merda d’artista” demostra orgullosa que ja tenim Musical a Barcelona per a la propera temporada. Perquè la versatilitat dels intèrprets actuant, cantant i ballant juntament amb la màgia que reparteixen per tota la platea és d’espectacle de primer nivell.
Només grinyola la proposta en aquell aspecte que, paradoxalment, pretén ser el seu leitmotiv: la banalitat. La del Món de l’Art, que fa mites vivents de cretins mediocres. La dels compradors de les seves obres per esnobisme patològic. Però també la de la dramatúrgia, que estira la lleu trama argumental fins a extrems gairebé ridículs, forçant situacions divertides amb la intenció de donar volada a una història merament anecdòtica perquè no arriba a desenvolupar els seus aspectes dramàtics. Els autors (els propis González i Pérez) equilibren aquestes limitacions amb un joc metateatral constant molt eficaç i sobretot amb uns números musicals que en algunes ocasions són gairebé excel•lents (el que executa molt originalment González amb el vàter còmplice; el que dóna títol a l’obra, d’un optimisme encomanadís; l’hilarant que explica la Història de l’Art, proper al “Prehistoric Man” de l’”On the town” de Gene Kelly i Stanley Donen; l’irresistible joc de seducció d’una carismàtica Martínez a una acovardida Reguant o el fabulós tango on la no tan ximpleta periodista Rosebud confessa que se sent com una meuca al seu «nou client»); d’altres, encisadors (el treball en equip a l’hora de preparar la “Gran Obra”; el de Reguant i Rosebud mentre esperen impacients un mateix amant, que recorda molt a “Nine” de Maury Yeston; la celebrada proclamació als quatre vents de la colossalitat de l’art per Capdet) i algun altre impressionant per la seva sinceritat (el crit punyent de Manzoni-González atrapat en el seu patiment per la mort de l’etern rival).
Acabo amb ferum de la bona: La merda compartida pot ser un elixir miraculós. Per al gaudi de l’esperit i per a l’elevació de l’ànim. I aquí tenim companyia de la bona.
Ariel nos presenta una novedad que trata sobre la batalla de Maratón, un acontecimiento de capital impotancia para la historia del mundo Occidental.
Pocas batallas hay tan legendarias como la de Maratón. Este episodio decisivo de la primera de las Guerras Médicas enfrentó en el siglo V a. de C. a los ejércitos de los griegos y los persas, y dio lugar a nombres míticos, como el del general Milcíades, cuya estrategia permitió vencer a un ejército superior en número, o el del soldado Filípides, el mensajero que murió para anunciar la victoria a la ciudad de Atenas. Pero las leyendas suelen estar teñidas por un velo de misterio, y el caso de Maratón no es distinto.
¿Cómo condujo Milcíades a sus hombres para derrotar a un ejército muy superior en número? ¿Murió Filípides al llegar a Atenas, como quiere la tradición? ¿Se dirigía a esta ciudad para anunciar la victoria o para advertir del peligro que suponía la armada persa?
A estos interrogantes hay que sumar otro que ha fascinado a estudiosos de todos los tiempos. ¿Qué hubiera sido de la civilización occidental de haber perdido los griegos la batalla? Richard A. Billows viaja al origen de la leyenda, y nos ofrece las claves que explican todos los secretos que oculta un momento clave en la historia. Sus minuciosas investigaciones permiten ofrecer un gran fresco histórico en el que los personajes, las historias y el espíritu de otro tiempo nos transmiten la emoción de una batalla que pudo cambiar nuestra cultura.
Richard A. Billows es profesor en la universidad de Columbia, especializado en historia de la Grecia Antigua y Roma y en epigrafía griega. Además de Maratón es autor de numerosos libros sobre historia Antigua, como Antigonos the One Eyed and the Creation of the Hellenistic State, Kings and Colonists: Aspects of Macedonian Imperialism o Julius Caesar: The Colossus of Rome.
Te quiero a pesar de tus boludeces, que son muchas.
Te amo pero me ahogo cada vez que me acercas al pelotudo compromiso.
Somos Laura (ingenua, tierna y nada rencorosa) y Steven (tiburón, inmaduro y manipulador impenitente).
No podemos vivir el uno con el otro.
Así que metámonos en este tentador quilombo de la vida en pareja.
¿Queréis conocernos en el ring?
Gabriel Beck, ese loco a quien nadie lograba poner la camisa de fuerza en el Teatre Romea hasta hace unos días, acapara honores ahora en La Seca recurriendo a un doble juego: Dirige y protagoniza “Ocho veces te dejo” un producto refrescante escrito por ElviraGómez de pequeñísimo formato para dos boxeadores emocionales, un árbitro narrador que anima los asaltos y una grada de espectadores ávidos de invertir el KO inevitable en apañado OK.
Lo que Beck ha organizado no es más que un nuevo ejemplo del inestable paisaje sobre la convivencia semimatrimonial entre Adán Con Taparrabos y Eva Oculta En La Maleza Del Deseo, La Constancia y La Prudencia. O sea, que no nos vale como hembra turbadora ni malintencionada. De este modo, su Machito puede tomar el fruto prohibido directamente. Y lo hace en forma de rupturas múltiples. Para coleccionar después reconciliaciones victoriosas.
La trama de Gómez es convencional y está trufada de lugares comunes. Así puede soltar su incontinencia expresiva y facilitar a su compañera (sensible María José Cordonet Castagneto) una apetitosa delicadeza interpretativa. Gabriel, además, exhibe con soltura un carisma escénico agradecido. Y finalmente obtiene sus mejores resultados cuando los personajes interactúan con el conspicuonarrador (algo envarado Lautaro Correa) deteniendo la acción para analizar su transcurso, los efectos del juego escénico y despertar de vez en cuando al público del letargo canicular.
Las continuas situaciones jocosas que provoca la transformación del narrador omnisciente en interlocutor de los díscolos Laura y Steven señalan momentos hilarantes y airean el discurso apolillado de la historia. Esto, junto a la simpática química (si la ciencia se congraciase con la empatía emocional) que desprenden los protagonistas, distinguen las ocho veces mencionadas de tropecientas rupturas exhibidas en los escenarios del Mundo y de millones de tragedias familiares domésticas.
Os presentamos en CulturaliaEn el final de Roma (ca. 455-480) La solución intelectual,una novedad del año pasado en que su autor Santiago Castellanos vuelve a reflexionar sobre la Caída de Roma y sobre los procesos que llevaron a la desaparición de uno de los imperios más duraderos y extensos de la historia.
El autor de este libro se pregunta hasta qué punto la idea del final de Roma como imperio en Occidente ha eclipsado al estudio de los cambios que se estaban produciendo en la base de la sociedad y en su propia cúspide. Y, para responder, propone una mirada a la arqueología y también una lectura de los textos escritos, tanto en Occidente como en Constantinopla, en la fase crítica en la que el Imperio romano estaba desarticulándose, y también en la inmediatamente posterior. Indaga en el papel de las elites dirigentes, su implicación en el proceso de cambio y su actitud hacia el imperio y hacia los reinos bárbaros, y sugiere que hubo una suerte de solución intelectual. Mientras el imperio iba retirándose, algunos sectores elitistas fueron negociando e incluyéndose en los cauces eclesiásticos y en las mallas de poder al amparo de los reinos bárbaros. Ellos, sus hijos y, luego, sus nietos iban a lograr sobrevivir a una crucial fase de cambios.
Hasta hoy David Cameo era un nombre desconocido entre los aficionados a la literatura, pero lo cierto es que este escritor barcelonés dista mucho de ser un recién llegado en el mundo de las letras; a sus espaldas lleva ya cuatro títulos publicados bajo un mismo pseudónimo, y su debut fue un éxito de ventas abrumador: Lo mejor que le puede pasar a un cruasán (2001) convirtió a Pablo Tusset en el autor de moda del momento, un sello garantía de humor desternillante. Ahora, Cameo ha decidido aparcar momentáneamente a su alter ego –aunque asegura que pronto volverá porque “después de haber escrito un libro como este a uno le apetece hacer una gamberrada enorme”– para indagar en los miedos y las angustias de la niñez con la novela Franz y Greta, una historia emotiva a medio camino entre la fábula y la realidad que sirve, además, para homenajear a los hermanos Grimm y a todos los cuentos que leímos a lo largo de nuestra infancia.
Franz y su hermana Greta nunca imaginaron que un paseo en un centro comercial podría convertirse en toda una pesadilla, pero, cuando ambos se despistan y pierden de vista a su madrastra, ese escenario pasa a ser un territorio hostil para ellos. Decidido a hacerse cargo de la situación y proteger a su hermana pequeña de cualquier peligro, Franz se dirige al Departamento de Niños Perdidos para buscar ayuda. Sin embargo, allí no encontrarán a nadie dispuesto a auxiliarles, por lo que los niños deberán escapar de ese siniestro lugar y adentrarse en los Territorios Asombrosos, de donde nadie ha logrado regresar en su sano juicio.
El escritor David Cameo, en una imagen promocional
Para el autor, firmar este relato con su nombre y no con el de Pablo Tusset no es ni mucho menos un capricho: Franz y Greta carece del humor que caracterizaba a sus anteriores libros y, quizás, sus lectores habituales podrían quedar desconcertados. Así, David Cameo explora por primera vez el mundo de los sentimientos en este relato convertido en una profunda reflexión acerca de la vida y de las emociones, una historia en la que se mezclan referentes cinematográficos y musicales, héroes del cómic y los videojuegos con personajes arquetípicos de los cuentos populares, y el resultado es una imaginativa novela que supone la primera entrega de la nueva personalidad literaria de este escritor catalán.
Título:Franz y Greta Autor: David Cameo Editorial: Destino Páginas: 384 páginas Fecha de publicación: Mayo 2014 ISBN: 9788423348145 Precio: 18,00 €