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Crítica teatral: Rhum, en el Teatre Lliure.

rhum_2Cuando se acercan las Navidades parece como si el circo y con él los payasos volvieran de nuevo a la vida. Es en esta época cuando comienzan a aparecer en la ciudad grandes y coloridos carteles anunciando la llegada de clásicas compañías circenses que aseguran hacer la delicia de los niños y de los adultos. Un suceso, este, que se combina en el Lliure de Gràcia con la representación de Rhum, un merecido homenaje a los payasos y sobre todo a la figura de Joan Montanyès Monti, payaso de referencia de las pistas catalanas fallecido el pasado año, un proyecto del propio Monti, Jordi Martínez y Martí Torras Mayneris dirigido por este último.

Rhum & Cia llevan años sin trabajar y nunca les llaman para actuar en ninguna parte. Sus payasos malviven en el almacén de la compañía y un día reciben una llamada inesperada: tienen un bolo. Han conseguido un bolo. Hay bolo, sí… de la noche a la mañana. Todos los miembros de la compañía se movilizan: sacan el polvo de los instrumentos, las polillas de los vestidos y ensayan el espectáculo que los hizo famosos. Pero tienen algunos problemas: En el bolo tiene que actuar Rhum y además hay dos carablancas en la compañía y la pista de circo es demasiado pequeña para tanta inteligencia. Uno de los dos deberá dejar de ser el payaso listo y tendrá que ponerse la nariz roja.

Rhum se convierte en un múltiple homenaje. El primero al payaso al que hace referencia el nombre de la obra, Enrico Jacinto Sprocani ‘Rhum’. El segundo a Monti, que además formó parte del desarrollo inicial del proyecto que se representa en la actualidad en el Lliure de Gràcia. Y por último al mundo del circo y del clown.

El estilo del espectáculo recuerda a Petita feina per a pallasso vell, una pequeña obra que se estrenó en el 2010 en el Club Capitol, y que nos mostraba a unos viejos payasos que malvivían en el mundo ordinario y que se enfrentaban por conseguir una última oportunidad laboral que les permitiese regresar a los escenarios. Una obra en la que ya participaran tanto Monti como Jordi Martínez.

rhum_1En el caso de Rhum el espectáculo arranca con una compañía de payasos que no ha trabajado desde hace tiempo, y que ha de ensayar de forma atropellada su viejo espectáculo para actuar en un bolo para el que se le acaban de contratar. A través del ensayo el público re-descubrirá el mundo del circo y podrá disfrutar con la batería de números, gags y sketchs humorísticos propios de una compañía de payasos de circo que arrebatarán innumerables risas y sonoras carcajadas tanto a niños como a mayores.

Rhum es un divertimento, un espectáculo propio de las fechas en las que vivimos, aunque no del todo redondo. Me explico. El desarrollo del espectáculo es el correcto y el esperado en este tipo de representaciones, si bien en él podemos intuir los arreglos y los cambios que el espectáculo sufrió tras la muerte de uno de sus creadores, con el objetivo de convertirlo en un nuevo proyecto, por lo que el relato que subyace en él no acaba de armonizarse del todo, lo que comporta que la naturaleza de la obra se resienta en su globalidad.

Algo que contrasta, por otra parte, con el acierto en el ámbito de las interpretaciones. Si el desarrollo creativo de la obra muestra algunos trazos deshilachados, se colma, por el contrario, gracias al trabajo de los actores. Guillem Albà, Joan Arqué, Roger Julià, Jordi Martínez y Pep Pascual ponen toda la “carne” escénica y humorística en el asador para dar vida a los diferentes miembros de una compañía de clowns que harán pasar un muy buen rato, se lo aseguro, al público asistente, que lo que busca, en definitiva, es disfrutar de una clásica y divertidísima actuación de payasos.

Un magnífico esfuerzo grupal que convierte el escenario del Lliure de Gracia hasta el día 10 de enero, en una pequeña y muy personal pista de circo en la que los corazones de los actores y de los espectadores vibrarán con la ilusión y el humor necesarios en una época del año en la que la magia y la nostalgia se apoderan, sin duda, del espíritu de muchos de nosotros.

Rhum” se representa en el Teatre Lliure de Gràcia del 17 de diciembre de 2014 al 10 de enero de 2015

Dramaturgia: Martí Torras Mayneris, Joan Montanyès Martínez y Monti & cia
Dirección: Martí Torras Mayneris
Reparto: Guillem Albà, Joan Arqué, Roger Julià, Jordi Martínez y Pep Pascual
Dirección musical: Pep Pascual
Música original: Pep Pascual y Monti & cia
Escenografía: Sarah Bernardy y Martí Torras Mayneris
Vestuario Rosa Solé
Iluminación: Quico Gutiérrez
Sonido: Ramon Ciércoles
Caracterización: Toni Santos
Producción: Velvet Events y Grec 2014 Festival de Barcelona

Horarios: de martes a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 17:30 y a las 21:00 horas y domingos a las 18:00 horas (31/12 no hay función).
Precio: 23 € / 9 € menores de 14 años
Duración: 1 hora y 25 minutos sin pausa
Idioma: catalán y castellano
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Jorge Pisa

Crítica teatral: Mata’m, en La Villarroel.

Mata'm_1¿Qué pasa cuando nos cansamos de la vida? ¿Tenemos derecho a pedirle a alguien que acabe con nuestra existencia? ¿Y cómo afecta la muerte a nuestro entorno cotidiano? Seguro que algunos encontraréis extrañas estas preguntas al inicio de una reseña teatral, si bien es de ello de lo que trata Mata’m, obra que del 5 de julio al 3 de agosto se representa en La Villarroel en el marco del Grec Festival de Teatre de Barcelona.

Manel Dueso se enfrenta a la autoría y la dirección de una obra extraña en lo que se refiere a su estructura y a la trama que nos propone. En ella Arnal (Francesc Orella), el propietario de un local de copas, decide poner punto y final a su experiencia vital, aunque no tiene el valor para suicidarse él mismo. La llegada proverbial de Bastero (Boris Ruiz), un antiguo compañero que acaba de salir de la cárcel y que quiere volver a ella, se convertirá en la oportunidad para solucionar dos voluntades opuestas pero enlazadas, y le permitirá cumplir su último deseo. Poco será lo que puedan hacer para evitarlo Chirli (Àurea Márquez), su pareja ex-prostituta y su hija Devita (Carlota Olcina), los únicos anclajes emocionales de Arnal en un mundo que pare él ya no tiene sentido.

Bien, como veis la trama es algo extraña e insólita, lo que permite a Dueso ofrecernos una representación que carece también de una estructuración lógica y se asemeja más a una red de escenas que no tienen un sentido temporal aparente para el espectador, una solución escénica parecida a la de Traïció (Teatre Lliure, Carles Alfaro, 2009), obra en la que también participara Orella, y en la que era el mismo espectador el que, ayudado por indicaciones temporales audiovisuales, tenía que recomponer el orden real de los hechos y las escenas que acontecían sobre el escenario. De esta forma, veremos a Arnal / Orella tanto muerto y tendido en el suelo tras producirse su asesinato-suicidio, como interactuando con el resto de personajes de la obra en los días e instantes previos, un hecho que en parte puede turbar la comprensión de aquellos espectadores que estén menos atentos a lo que sucede encima del escenario.

Mata'm_2Mata’m, es una comedia negra y poética acerca de la muerte deseada por uno de los personajes. Y como habla sobre la muerte hace referencia también a la vida, al menos a la del personaje central de la obra, al que le parece que ya no vale la pena vivirla, y a la de aquellos que la viven a su alrededor, cuya existencia quedará de alguna forma afectada. La obra tiene mucha dosis de humor, en muchos momentos de tintura negra, y nos habla de los miedos y los deseos, dos sentimientos emocionales las más de las veces unidos, de varios personajes propietarios de existencias algo desestructuradas. Francesc Orella está genial en su papel de suicida sin ánimo, que cansado de la existencia que le ha tocado vivir, necesita la ayuda de otra persona para finalizar con su amargura existencial; Boris Ruiz encarna a su antiguo amigo de andanzas que acaba de salir de prisión y que después de varios años en el trullo, es consciente de que el mundo fuera de la cárcel no es el suyo, de ahí que su carácter sea tenue y desacompasado; Àurea Márquez da vida a la pareja de Arnal, que parece que no ha sido consciente del desasosiego de este último y cuya vida ha transitado desde los bajos fondos a las altas lontananzas de un carácter algo frívolo e infantil. Por último Carlota Olcina interpreta a la hija de la pareja, una joven que posee una percepción de la vida algo fantasiosa, y que no es consciente aún de las durezas por los que han tenido que transitar sus padres.

Todos y cada uno de estos personajes tiene su momento definitorio en la obra, en la que ofrecen al público un breve, o no tanto, speech en el que nos dan a probar los sinsabores de unas existencias que parece que estén flotando sobre el suelo de un bar de copas, seguramente el ambiente que más ha marcado la existencia de todos ellos. No penséis, por otra parte, que la obra de Dueso es de aquellas profundas y filosóficas, ya que la reflexión del autor y director es sutil y no se atreve a ir más allá de las mismas palabras que emanan de los personajes, a lo que se suma, como os comentaba, la comicidad de toque negro que subyace a lo largo de la representación.

Mata’m se convierte así, en una oportunidad de mirar directamente a la muerte pero sin afectarnos por lo profundo de su naturaleza y de disfrutar de otra obra de actores en la que la trama se ha de recomponer como un puzle, una tarea que Dueso deja en manos del público asistente.

Mata’m” se representa en La Villarroel del 5 de julio al 3 de agosto de 2014.

Autor: Manel Dueso
Dramaturgia: Manel Dueso
Dirección: Manel Dueso
Reparto: Àurea Márquez, Carlota Olcina, Francesc Orella y Boris Ruiz
Escenografía: Sebastià Brosa
Diseño de iluminación: David Bofarull
Diseño de sonido: Bárbara Granados
Composición musical: Bárbara Granados
Vestuario: Míriam Compte
Caracterización: Núria Llunell
Producción: Grec 2014 Festival de Barcelona, Velvet Events y La Villarroel
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Jorge Pisa Sánchez

Crítica teatral: La partida, en el Teatre Romea.

La_Partida_cartelSeguro que si os digo que la vida se puede reducir a una obra de teatro, la mayoría de vosotros pensaríais que probablemente sí, que con una buena obra de teatro todo es posible. Pero si os dijera que la vida se puede reducir a una partida de cartas, y más concretamente a una de póker, posiblemente me costaría más convenceros. Pues bien, este es el objetivo de Julio Manrique, que con el estreno de La partida nos presenta un esbozo de la vida de varios hombres marcadas por las figuras del póker.

La obra nos sitúa en el restaurante Carta, regentado por Esteve (Ramon Madaula), en el que todos los sábados por la noche se organiza una timba de póker en la que participan él mismo; Carles (Oriol Vila), su hijo; Santi (Joan Carreras), el cocinero y Maxi (Marc Rodríguez) y Frankie (Andrew Tarbet), los dos camareros del local. Pero esta noche se apunta a la partida Ash (Andreu Benito), un jugador profesional con el que Carles ha contraído una fuerte deuda de juego, lo que convertirá la velada en una partida en la que los miedos, las frustraciones y los sueños se cambiarán por fichas de póker.

Manrique nos propone una disertación teatral sobre la vida de un grupo de hombres marcados por el fracaso y la desorientación, una temática muy al gusto del director, y que ya tratara en obras como Coses que dèiem avui, montaje a partir de textos de Neil LaBute y American Buffalo de David Mamet, ambas estrenadas inicialmente en el año 2010 y de marcado cuño norteamericano. Por lo que hemos de tener en cuenta que la historia que da forma a la obra no pertenece tanto a nuestra realidad mediterránea como a un mundo de marcada origo estadounidense, en la cual el juego y el póker se vive de una forma muy diferente a la que estamos acostumbrados la mayoría de nosotros, aunque esto es algo que internet está empezando a cambiar.

La partida nos muestra un retrato de 6 hombres marcados por la tragedia o la derrota que aunque intentan mantenerse firmes sobre suelo resbaladizo, no consiguen darle un sentido estable a su existencia y en la que la esperanza toma la forma de una partida de póker en la que lo pueden ganar o perder todo y donde la victoria de uno siempre supone la derrota de los otros.

El escenario donde se jugará la partida nos muestra la sala del restaurante y la cocina, pero en esta ocasión la escena del Romea sale de su ubicación habitual y se ubica en el espacio central del teatro, rodeado a banda y banda por las filas de espectadores. Si bien más tarde este doble escenario sufre una metamorfosis que lo transforma en el sótano en el que se jugara la partida que da nombre a la obra.

La partida_2Como os decía las experiencias individuales que nos narra la obra son lejanas y singulares, aunque poseen, creo yo, la fuerza necesaria para hablarnos sobre la vida en pleno siglo XXI, en la que los sueños y las esperanzas dependen muchas veces de factores en gran parte incontrolables o que no sabemos controlar. Para explicarnos todo esto Manrique utiliza a un grupo de actores que destacan por su buen hacer, y que encarnan de forma mimética a los personajes diseñados por Marber. Ramón Madaula da vida al propietario del restaurante que intenta proteger y a la vez controlar al resto; Joan Carreras interpreta a Santi, capaz de jugarse hasta el último euro en la partida; Marc Rodríguez encarna al típico soñador atolondrado que no es consciente de la realidad que le rodea y que en parte nunca ha dejado de ser un niño; Andrew Tarbet da vida al segundo camarero del restaurante, de paso por Barcelona y en cuyos sueños no aparece nadie más que él; Oscar Vila interpreta a Carles, el hijo de Esteve con graves problemas de adicción al juego y capaz de vender a familiares y amigos con el objetivo de saldar sus deudas. Por último Andreu Benito encarna al jugador profesional sin escrúpulos que hará lo necesario para recuperar su dinero. Un elenco teatral sin duda de primera.

Sin embargo a la obra le falta principalmente ritmo, tanto en la primera parte de la representación, en la que se presenta a los caracteres y las situaciones y sobre todo en la segunda, donde a veces la partida parece interminable. A lo que se suma el hecho de que la obra nos dice pocas cosas que no sepamos y que no podamos corroborar en nuestras experiencias personales.

A pesar de ello La partida mantiene su poder de convocatoria y su fuerza de espíritu gracias al altísimo nivel en el que se mueven los actores, entre los que destacan Madaula y Benito, y por la creación de una realidad escénica que a veces parece que no avance y que forme parte de un limbo existencial en el que los protagonistas se hallan atrapados y del que no pueden huir, un efecto potenciado además por la música y los efectos sonoros. Una partida, en definitiva, que vale la pena jugar, aunque para ello debamos apostar con una mano que no nos garantiza el éxito final.

La partida” se representa en el Teatre Romea del 2 de julio al 3 de agosto de 2014.

Autor: Patrick Marber
Traducción / Adaptación: Cristina Genebat
Dirección: Julio Manrique
Reparto: Ramon Madaula, Joan Carreras, Marc Rodríguez, Andrew Tarbet, Oriol Vila y Andreu Benito
Escenografía: Sebastià Brosa
Vestuario: Maria Armengol
Iluminación: Jaume Ventura
Espacio sonoro: Ramon Ciércoles
Producción: Grec 2014 Festival de Barcelona y el Teatre Romea

Horario: de martes a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 18:00 y a las 21:30 horas y los domingos a las 18:00 horas.
Precio: 17 – 27 €
Duración: 120 minutos
Idioma: catalán
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Jorge Pisa Sánchez