El Teatre Gaudí reestrenó el pasado 4 de diciembre Navegants, obra escrita por Toni Cabré y ganadora el año 2000 del premio crítica Serra d’Or de Teatre, un sugestivo análisis teatral, dirigido en esta ocasión por Marc Molina, sobre los cambios que la implantación de internet ha provocado en nuestras vidas.
Cabré realiza una reflexión en la que pesa el recelo hacia el nuevo contexto social facilitado por la tecnología y la desconfianza hacia un medio en el que la mentira virtual y el anonimato se pueden imponer a la realidad. Adviértase que he escrito «realiza» cuando sería mejor utilizar «realizó», ya que hemos de pensar que la obra fue escrita en el año 1998, cuando el uso de internet comenzaba a difundirse en España.
Un chico y una chica se conocen en el ciberespacio. Sus almas y sus deseos han conectado desde el principio. Deciden quedar y conocerse, si bien optan por mantener sus falsas identidades sintetizadas en internet y continuar con sus personajes ficticios en la vida real. Aunque los dos aceptan la ficción, la imposibilidad por parte de ambos de descifrar que es verdad y que es mentira en el otro se irá imponiendo en su relación dirigiéndola hacia un final insólito.
Navegants es una reflexión teatral sobre la revolución que ha supuesto internet en los hábitos y costumbres de la sociedad occidental y en ella se pueden otear las impresiones iniciales que el medio generó en el autor, comprometido en sus obras con la reflexión social, como ya quedó patente con el estreno el año pasado, también en el Gaudí, de Teoria de catàstrofes.
La obra, sin embargo, peca de un exceso de desconfianza sobre internet, comprensible hace 14 años y entendible cuando nos asaltan en los informativos noticias sobre los peligros y amenazas que nos acechan en la red, muchas veces, por desgracia, relacionadas con los abusos a menores o con estafas económicas.
Cabré hace hincapié en la obra en lo ficticio del espacio virtual, condición que permite a sus dos únicos protagonistas no solo crearse falsas identidades basadas, claro está, en el anonimato difuso favorecido por la web, sino también hacerlas reales en el mundo físico en el que verdaderamente habitan. Si bien la imposición de lo virtual sobre lo auténtico comportará que la relación iniciada entre ellos carezca de los ingredientes básicos para su correcto funcionamiento, y que no son otros que la sinceridad y la confianza entre los miembros de la pareja.
Así pues, la falta de autenticidad convertirá a la relación mantenida entre ambos en un auténtico infierno en el que realidad y ficción compartirán espacio, hecho que se evidencia en la metáfora de los cocteles utilizada por Cabré, omnipresentes en la obra y que no son otra cosa que la suma de los ingredientes, en parte desconocidos, que se mezclan.
El autor nos muestra «el lado oscuro» de internet, el que aparece en las noticias de sucesos, el que nos amenaza desde la inmensidad de la red. No da cancha, sin embargo, a su lado positivo, aquél que utilizamos a diario y que ha acabado solucionándonos un gran número de problemas cotidianos; nos ha proporcionado horas y horas de entretenimiento o, incluso, nos ha permitido encontrar a aquella persona que tanto ansiábamos conocer y que éramos incapaces de hallar en nuestra dimensión física.
La obra nos mete el miedo en el cuerpo sin posibilidad de zafarnos de sus voluntad narrativa. De ahí proviene su único lastre, una visión en exceso pesimista del tema, si bien una opinión que es posible que se haya modificado con el tiempo.
Al mismo tiempo Navegants nos permite reflexionar sobre el uso que damos a la tecnología. En realidad internet no es más que un utensilio, y como en el caso de un simple y afilado cuchillo, la «ética» de la red virtual (si es que la tiene) no depende tanto de la naturaleza de la herramienta como de las acciones que realizamos con ella, o lo que es lo mismo, de la voluntad humana que se acomoda delante de un monitor y un teclado.
Navegants nos plantea una propuesta que aunque algo derrotista posee más de un acierto. El primero es la interpretación entusiasta de sus dos protagonistas. Roser de Castro da vida a una joven volcánica y a veces despiadada necesitada de algo de picardía y excitación en su aburrida vida diaria. Por su parte Andreu Sana interpreta a un joven necesitado de amor que accede a participar en el peligroso juego que le propone ella forzado por sus carencias afectivas.
El escenario experimenta, por su parte, un tratamiento virtual, casi falsario, en el que si bien existe lo físico, sus rastros se desvanecen en una atmósfera tendente a lo irreal en la que todo puede aparecer y desaparecer según las necesidades de la obra.
El texto, por otra parte, es intenso, tanto como la actitud de sus dos protagonistas, y dirige el ritmo de la acción hacia un lado u otro (candidez/malicia; amor/crueldad) dependiendo del momento de la representación, y consigue hacer crecer la tensión y la expectación a medida que nos acercamos al desenlace, eso sí, algo fantástico, de la obra.
Navegants es un fiel retrato de los retos y de los miedos que puede generar la vastedad débilmente iluminada de internet y un análisis del comportamiento humano que es capaz de acomodarse a cualquier circunstancia y de adaptar, asimismo, cualquier medio a sus más humanas e insondables necesidades físicas y emotivas. Una oportunidad para descubrir donde reside el mal, si es que lo hace en algún sitio.
«Navegants» se representa en el Teatre Gaudí del 4 de diciembre de 2012 al 30 de enero de 2013.
Autor: Toni Cabré
Dirección: Marc Molina
Reparto: Roser de Castro y Andreu Sans
Escenografía: Marina Pineda
Vestuario y caracterización: Xel Mogas
Iluminación: MICS BCN y Marc Molina
Producción: FACTEA Creacions y Produccions Teatrals
Horarios: martes y miércoles a las 20:30 horas.
Precio: 18 €
Idioma: catalán
—
Escrito por Jorge Pisa Sánchez




El jove Alexis és un romàntic empedreït que creu fermament en l’amor com la solució a tots els mals. Ell és feliç, està a punt de comprometre’s amb la seva estimada Aline, però desitja que tots els qui l’envolten també puguin gaudir d’un amor com el seu. Així, i per aconseguir que els seus progenitors revifin la passió que la convivència ha arraconat, convoca les dues famílies a un bar dels baixos fons, on un peculiar cambrer anomenat John Wellington Wells els oferirà un filtre d’amor que els farà enamorar de la primera persona que vegin en despertar-se. La intenció és bona, però els resultats potser no seran els esperats…



Con Alfred Crespo, editor de 66 rpm, como maestro de ceremonia del acto, por la Antiga Fàbrica d’Estrella Damm desfilaron buena parte de los escritores que estrenaban obra. Los primeros en aparecer fueron Susi Anechina y Manuel L. Poy, autores de Los días azules. Ficciones del blues, una compilación de relatos de ficción protagonizada por los grandes nombres del blues. El origen del proyecto hay que buscarlo en una exposición que se hizo en el 2006 por iniciativa de la Sociedad de Blues de Barcelona, en la que se invitó a tres pintoras a retratar algunos músicos clave en la consolidación del blues; Anechina era una de ellas, y realizó una serie de retratos en monocroma centrándose en sus caras y sus miradas. Tras ver su trabajo, Manuel L. Poy creyó que cada una de esas imágenes contaba una historia concreta, así que se ofreció a escribir lo que le sugerían, esto es: que Gertrude “Ma” Rainey descubrió el blues gracias a una chica que encontró en un pueblo perdido de Mississippi; que Willie Dixon abandonó el boxeo después de enfadarse con su promotor, y encontró su refugio en la música; o cómo Bessie Smith llegó a ser la cantante mejor pagada de su tiempo. Etta James, el Reverendo Gary Davis, Louis Armstrong o Koko Taylor son otros de los iconos del blues protagonistas del volumen, en el que Poy se permite la licencia de incluirse como un personaje más en uno de sus textos para explicar cómo descubrió el blues en 1991, durante una visita a Mississippi. De esta manera, en Los días azules. Ficciones del blues el aficionado a este género musical encontrará las ilustraciones de Susi Anechina y los relatos imaginados por Manuel L. Poy sobre personajes reales en historias de ficción.
Tras pasear por los orígenes del blues llegó el momento del rock: pronto se cumplirán cuatro décadas de la aparición de Berlin, el disco incomprendido que Lou Reed gravó en 1973 para contar, en diez canciones, la tortuosa relación entre Jim (un yonqui estadounidense) y Caroline (una prostituta alemana), una obra de ficción parcialmente autobiográfica en la que Reed unió sus dos pasiones principales, el rock y la literatura. Para Carlos Zanón, Berlin supuso toda una revelación, “me decidí a ser un tipo de escritor determinado cuando cayó en mis manos ese disco”, así que propuso a 66 rpm reunir a una serie de escritores para quienes aquel trabajo también tuviera un significado especial, y el resultado es Berlin Capital Alaska. Doce miradas al Berlin de Lou Reed, un libro de relatos a partir de los temas de aquel enigmático disco que ha contado con la participación de un auténtico Dream Team: Ignacio Julià –“Berlin es una obra importante, de aquellas que no se quedan en si mismas, sino que se reproducen generación tras generación”–, Roger Wolfe, Javier Pérez Andújar, Alfred Crespo –para quien el valor del álbum radica en que “sigue reinventándose cada vez que lo escuchas”–, David Castillo, Cristina Fallarás –“cuando descubrí el disco me di cuenta de que las dos cosas que más me gustan en mi vida son los chicos malos y el amor feroz, y este trabajo es el disco que lo tiene más a lo bestia”–, Dogo, Josele Santiago –“es un disco que marca muchísimo, después de escucharlo te deja con la sensación de que el infierno está aquí al lado, es solo una cuestión de detalles”–, Sabino Méndez y Oriol Llopis, además del mismo Zanón, y con ilustraciones de Rai Escalé sobre Lou Reed.







