Archivo de la etiqueta: TNC

Crítica teatral: Doña Rosita la Soltera o el lenguaje de las flores, en el TNC.

Pds_DOA_A_ROSITALorca representa siempre una oportunidad de aprendizaje e introspección. El primero por su carácter de registro arqueológico, para el público actual, respecto a los usos y costumbres de la España en la que vivió el poeta y dramaturgo y por el carácter de teatro de acción social que el autor puso en práctica. El segundo porque sus obras apelan a lo más íntimo del alma humana, a los pequeños grandes dramas de la vida que tan bien sabía poner en escena.

“Rosita (Nora Navas), una chica huérfana que vive en casa de sus tíos, en Granada, se ve obligada a separarse de su prometido (Albert Triola), que marcha a Argentina con su familia. Antes de partir, sin embargo, este promete a Rosita que tan pronto como pueda volverá para casarse con ella, siempre que esté dispuesta a esperarlo. La chica espera, pero la situación se prolonga durante años, mientras el ambiente opresivo e indiscreto de la ciudad de provincias va cayendo sobre la familia como una losa cada vez más pesada”.

De nuevo Lorca nos propone un itinerario por la desdicha de la mujer en una sociedad tradicional y conservadora como lo era la española en la época en la que vivió el autor. La acción transcurre en Granada aunque se podría trasladar a cualquier otra ciudad del momento. Y reflexiona sobre la carencia de algo por parte de la mujer. Si en La casa de Bernarda Alba (1936) era el luto y la falta de libertad y en Yerma (1934) la incapacidad de dar a luz a un hijo, en Doña Rosita la Soltera o el lenguaje de las flores (1935) el autor recapacita sobre el drama de aquellas mujeres que al no encontrar esposo eran etiquetadas de solteronas por la sociedad, que las consideraba, en parte, algo inútil y sin sentido.

Para ello el autor emplea el símbolo de la rosa mutábile, una flor cuyo estado va mudando a lo largo del día hasta que queda reducida a la nada, una alegoría a las etapas de la vida y a lo que pasará a Rosita, la protagonista de la obra, la cual, crédula en las promesas de regreso de su prometido de América, irá mutando a lo largo de los tres actos en que está estructurada la representación. En el primero joven e ilusionada gracias al amor que siente hacia su primo; en el segundo, en la mitad de la treintena, resignada y aún a la espera de su amado en un entorno familiar y social que la va oprimiendo cada vez más; en el tercero vencida ya por la cruda realidad y por las promesas incumplidas.

La puesta en escena de Joan Ollé nos muestra el interior de la casa de una familia granadina de cierta posición, de la cual tan solo intuiremos el jardín exterior a través de las ventanas y de los diálogos. Los tonos de la escenografía son blancos, como el candor de la virginidad, aunque irán variando a la par que lo hace el drama. Adoptará tonos de ilusa esperanza al inicio, matices más alegres durante la reunión social que se celebra en la casa en el segundo acto, o los tonos trágicos finales, al verse la familia obligada a abandonar la vivienda debido a la hipoteca que firmara el tío (Enric Majó), movido por las esperanzas de ver casada a su sobrina. Un espacio en el que la música hará acto de presencia, ya sea la interpretada por los propios personajes o la compuesta por Paco Ibáñez y que adapta el poema Rosa Mutábile de Lorca. Un sencillo y verdadero gozo para los oídos.

_DSC4401.0La obra avanza, por otra parte, en un ascenso sostenido, esto es, arranca desde la felicidad contenida propia de la juventud y finaliza con una atmósfera trágica que recuerda a la obra de Chejov, testigo teatral del final de una época y de una clase social en Rusia entre finales del siglo XIX y principios del XX.

El reparto de la obra es holgado y en él destacan los personajes femeninos, como no puede ser de otra forma en una obra de Lorca. Nora Navas da vida a la desdichada Rosita, que irá envejeciendo física y emocionalmente a lo largo de la representación; Carme Elías encarna de forma más que convincente, como siempre, a la tía de Rosita, preocupada por el infortunado destino de su sobrina y el de toda la familia; Mercè Aránega ofrece el contrapeso cómico de la tragi-comedia al encarnar a la sirvienta, la cual ha trabajado desde hace tanto tiempo en la casa que se considera un miembro más de la familia. El resto de papeles están interpretados por Joan Anguera, Marta Betriu, Enric Cambray, Oriol Genís, Laura Guiteras, Mireia Llunell, Enric Majó, Victòria Pagès, Alba Pujol, Candela Serrat y Albert Triola.

De esta forma, y como decía al principio, Doña Rosita nos provee de una ficha arqueológico-teatral que nos habla de la sociedad española de finales del XIX y principios del XX y de lo difícil y a veces cruel que podía ser la presión social, sobre todo en una capital de provincia que vivía atenazada entre el peso inerte de la costumbre y las promesas del avance tecnológico y científico que anunciaban los nuevos tiempos. Una pugna que ya presagiaba el infortunio para España, Europa y el mundo entero.

Una ocasión para contemplar el arte poético con el que Lorca retrataba el mundo femenino y la capacidad del Nacional de hacer suyo un clásico, castellano en este caso, del que se apodera acto a acto, para mostrarnos la a veces trágica situación de la mujer en el pasado. Una mirada que nos convencerá, seguro, de lo mucho que han cambiado las cosas desde entonces, aunque el horizonte social en el que vivimos en la actualidad tampoco puede considerarse el mejor para las mujeres y los hombres que lo habitan.

Doña Rosita la Soltera o el lenguaje de las flores” se representa en el TNC del 27 de febrero al 6 de abril de 2014.

Autor: Federico García Lorca
Dirección: Joan Ollé
Reparto: Joan Anguera Mercè Aránega Marta Betriu Enric Cambray Carme Elias Oriol Genís Laura Guiteras Mireia Llunell Enric Majó Nora Navas Victòria Pagès Alba Pujol Candela Serrat y Albert Triola
Música original: Paco Ibáñez
Movimiento: Andrés Corchero
Escenografía: Sebastià Brosa
Vestuario: Míriam Compte
Iluminación: Lionel Spycher
Sonido: Damien Bazin
Caracterización: Núria Llunell
Producción: Teatre Nacional de Catalunya

Horarios: miércoles y viernes a las 20:00 horas; jueves a las 17:00 horas; sábados a las 17:00 y a las 21:30 horas (excepto el sábado 1 de marzo a las 20:00 horas) y domingos a las 18:00 horas.
Duración: 1 hora y 45 minutos.
Idioma: castellano
Precio: 28 €; tarifa 50% y tarifa especial 24 €.
——

Jorge Pisa Sánchez

Crítica teatral: Terra de ningú, en el TNC.

_DSC3561_EditEl estreno de un Pinter siempre es una buena ocasión para ir al teatro sobre todo si en su puesta en escena hallamos el despliegue de medios del TNC y a actores de la talla de Josep Maria Pou y Lluis Homar sobre el escenario, y más si nos hallamos ante una de sus obras más inquietantes, como es el caso de Terra de ningú, una reflexión existencial repleta de interrogantes y reservas.

Terra de ningú nos presenta una situación, claustrofóbica por momentos y arcana en muchos otros. La acción da inicio de forma abrupta, como si en verdad la representación ya hubiera comenzado antes de presentarla al público. De repente vemos entrar a dos personas, las cuales parece que acaban de conocerse hace poco. La conversación que mantienen está marcada por lo extraño de la misma y regada extensamente con alcohol. Una charla extraña a la que parece que el público no puede acceder del todo, excepto a través de sus pinceladas de poesía y de sus toques de humor.

El espacio donde se desarrolla la acción es el majestuoso salón de la casa de uno de ellos. El invitado, Spooner (Lluís Homar), que no comparte el mismo nivel social que su anfitrión, Hirst (Josep Maria Pou), un literato enriquecido gracias al éxito, lo ha seguido hasta allí. Su diálogo es interrumpido en algún momento por los amigos/secretarios/criados del primero, Briggs (David Selves) y Foster (Ramon Pujol). Ambos parecen no estar complacidos con la irrupción del extraño en la casa. Al final el alcohol deja fuera combate al anfitrión que debe abandonar la sala ayudado por uno de sus criados.

Spooner se ha quedado a dormir, no sabemos por qué, encerrado en el salón de la casa. Después se almorzar volverá a encontrarse con su anfitrión, esta vez sobrio, que lo confunde con un antiguo amigo de juventud (bien, puede que en verdad lo fuera). Y da inicio una nueva conversación en la que la poesía, la ofensa, la caballerosidad y el alcohol vuelven a ser sus componentes. Todo ello en lo que parece ser una tierra de nadie.

_DSC3592_EditTerra de ningú nos presenta una situación, una atmósfera, que parece que está fuera de la realidad. Un espacio ocupado por varias personas que parece que no tiene substancia, como no la tienen los pensamientos o la memoria. En él, estas cuatro personas interactúan y conversan entre ellas aunque parece que nada de ello tenga demasiado sentido, como si el espacio colmase de irrealidad a todo lo que pasa o existe en él. De aquí que podamos decir que la obra, dirigida por Xavier Albertí, nos adentra, gracias a su asombroso texto, en un limbo misterioso del que al espectador le costará salir o hallar un sentido cierto o al menos real. Algo con lo que el autor, Pinter, jugó conscientemente.

Terra de ningú, parece así, un juego escénico, una composición en el que los fantasmas, los miedos y los anhelos de Pinter toman forma, aunque tenue y borrosa, como con la voluntad de mostrarnos tan solo una parte de su interior, una que ciertamente no podamos discernir del todo, como una invitación a poner de nuestra parte lo que no hallamos sobre el escenario.

La adaptación de Albertí está hecha con el buen gusto propio del TNC. Un espacio, el salón de la casa que parece flotar en un limbo intangible, en el que la interpretación de sus cuatro protagonistas, Lluís Homar, Josep Maria Pou, Ramon Pujol y David Selvas es tan estática e incorpórea como un texto de este tipo requiere. En ellas, como no podría ser de otra forma, destacan las de Pou, como el anfitrión alcoholizado que parece haber perdido el rumbo de una vida malograda por el éxito, y resplandece la de Homar, que construye un personaje sórdido e indescifrable del cual nunca acabaremos de conocer cuáles son sus intenciones. Pujol y Selvas encarnan a los dos amigos/criados que residen en la casa con una relación cuyos flecos tampoco llegaremos a conocer nunca.

Tras Taxi… Al TNC! el Teatre Nacional de Catalunya encamina su programación hacia un horizonte teatral que suma enteros con la elección de Terra de ningú, de Harold Pinter, una obra inquietante que traslada al espectador a un mundo entre la realidad y el sueño, por una senda que si bien puede parecer dificultosa consigue dirigir la mirada del público hacia la esencia del teatro y al examen que este puede hacer de sí mismo.

Terra de ningú” se representa en el TNC del 17 de octubre al 24 de noviembre de 2013.

Autor: Harold Pinter
Dirección: Xavier Albertí
Reparto: Lluís Homar, Josep Maria Pou, Ramon Pujol y David Selvas
Traducción: Joan Sellent
Escenografía: Lluc Castells
Vestuario: María Araujo
Iluminación: David Bofarull
Producción: Teatre Nacional de Catalunya

Horarios: de miércoles a sábado a las 20:00 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: de 11,5 a 23 €
Duración: 1 hora y 40 minutos (sin entreacto)
——

Jorge Pisa Sánchez

Crítica teatral: MCBTH (Macbeth), al Teatre Nacional de Catalunya.

Macbeth es una de las obras “de referencia” de Shakespeare y, por extensión, del teatro universal. Una circunstancia que ha motivado la realización de una gran variedad de versiones de la pieza a las más diversas circunstancias y contextos sociales, políticos e históricos.

El TNC nos ofrece, desde el pasado 11 de octubre, la “adaptación libre” del tratado del dramaturgo inglés sobre la ambición, llevada a cabo por Àlex Rigola, que viste la trama con tintes personales y contemporáneos que la acercan al contexto actual. Una apuesta que si bien ha sido criticada, condensa una gran fuerza visual acompañada de las ganas del director de “recrearse” con los clásicos de la dramaturgia universal, y más concretamente en aquellos de corte shakesperiano.

Tres brujas misteriosas y oscuras anuncian al general Macbeth que llegará a ser rey de Escocia y que su compañero, Banquo, será padre de reyes. El augurio despierta la ambición de Macbeth, pero especialmente el de su esposa, con quien trama y consuma el asesinato del buen rey Duncan para ocupar su trono. Lo que parecía un plan fantástico acabará arruinado por las consecuencias de los actos. Nada es lo que parecía. Nada es lo que parece. Lo dicen las brujas al principio: «Todo lo que es bello y justo puede ser también feo y asqueroso. Y todo lo que es feo y asqueroso puede ser también bello y justo“.

Macbeth nos habla sobre la ambición, sobre los instintos humanos que subyacen a cualquier tipo de cultura, de aquellos que por esta razón nos hacen humanos y, por ello, se convierte en un clásico, en una obra válida en cualquier tiempo, ya sea el más vetusto de los pasados como el más flamante de los futuros. Y Rigola acondiciona la obra a la situación en la que vivimos, en la que la ambición de unos pocos ha llevado, como en el argumento de la obra, a la destrucción y a la muerte, ya sea de personas, de formas de pensar o de sistemas de organización.

Rigola ha desvestido la apariencia de la obra para poderla transferir a la actualidad, despojada de cualquier substancia pasada, y la ha vuelto a vestir con unos ropajes que no por insólitos dejan de ser contemporáneos. De aquí que la vestimenta se vincule al mundo del deporte, que es sin duda uno de los ámbitos de la vida donde la competición y la ambición son más presentes. También ha jugado con la escenografía trans-mutando los bosques y los castillos que pueblan los decorados de la obra en mueblería “made in Ikea” Y le ha dado un ajuste televisivo y fantástico al asunto al dotar a la atmósfera de la obra con un toque de la genialidad de la banda sonora que Angelo Badalamenti realizó para la mítica serie de los 80 Twin Peaks.

Por desgracia, los elementos más mitigados por los efectos de la adaptación de Rigola han sido el interpretativo y el argumentativo. El resultado es una obra difícil de seguir e incluso de entender, si es la primera vez que el espectador se enfrenta al texto. La suma de escritos, propios y nuevos, y la interpretación estática o descontextualizada de los actores en diversos momentos de la representación, buscada por el director, hace que el seguimiento de la obra sea difícil. Rigola juega incluso con los formatos, ya sea a la hora de declamar el texto como en el estilo de la representación. De allí nace la dualidad de escenografías que diferencia el primer y el segundo acto, invadiendo este último de un blanco irreal y fantasmagórico que envuelve los cuerpos desnudos de sus principales protagonistas, que se embadurnan de la sangre, propia y ajena, que han provocado o provocará su ambición.

Las actuaciones pasan a un segundo plano en el juego visual y de formatos que construye Rigola. Con ellas también experimenta el director para robarles toda su carga de clasicismo y mostrarlas exentas, en la mayoría de los casos, sobre el escenario. Joan Carreras lleva el peso de la obra, no por otra, ésta se basa en la ambición de su personaje y de las emociones que de él manan. Todos los demás intérpretes orbitan alrededor de su centro de gravitación, entre ellos Alícia Pérez, que da vida a una austera Lady Macbeth; Lluís Marco que encarna al rey Duncan con una interpretación “a lo Marco“, a los que se suman Oriol Guinart, Míriam Iscla y Marc Rodríguez, que interpretan al resto de personajes, el mínimo para representar la obra. Una interpretación que hace aflorar en algunos momentos la comicidad de un texto altamente trágico. Elemento este, que junto a la excentricidad de algunos componentes de la adaptación (libre, recuérdenlo) seguro que habrá echado para atrás a más de uno.

La propuesta de Rigola es valiente, casi demasiado, y es un claro ejemplo de la voluntad del teatro actual de deconstruir el propio teatro y erigir sobre sus cimientos obras con un claro enfoque contemporáneo. De ahí que el MCBTH del TNC se convierta en claro reflejo de la ambición y la lujuria económica que ha llevado, al menos en los países del sur de Europa, los peyorativamente denominados PIGS, a desbaratar los sistemas políticos, económicos y sociales que se habían erigido desde el final de la II Guerra Mundial. Una detonación de fondo contra una sociedad que muere a manos de los ambiciosos, de aquellos émulos de Macbeth que se visten con caros trajes hechos a medida, conducen automóviles de lujo y que se rodean de la parafernalia tecnológica en boga, gozando de mucho más de lo que la realidad les puede otorgar.

Rigola, deja algo de lado el hecho de que el teatro, tal como se concibe en la actualidad, es un producto cultural y comercial y que ha de llegar al público de una forma asequible, ya que si no la creación artística puede llegar a morir prematuramente sin haber alcanzado sus objetivos, ya sea por parte de los autores o por parte de los destinatarios o consumidores. La versión del Macbeth de Rigola es una obra de complicada digestión que fuerza al espectador a masticarla concienzudamente y a realizar una ardua deglución teatral.

Pero es una experiencia estimulante poder ver la reflexión que el teatro puede hacer sobre el propio teatro, y de lo mucho que se puede concebir con las ideas claras, si bien algo excéntricas, sobre el legado shakesperiano. Una propuesta no apta para nuevos públicos o para aquellos a los que no les gusta que “jueguen” con los clásicos.

MCBTH (Macbeth)” se representa en  el TNC del 11 de octubre al 18 de noviembre de 2012.

Autor: William Shakespeare
Adaptación libre: Àlex Rigola
Traducción: Salvador Oliva
Dirección: Àlex Rigola
Reparto: Lluís Marco, Oriol Guinart, Joan Carreras, Marc Rodríguez, Míriam Iscla y Alicia Pérez
Escenografía: Max Glaenzel
Vestuario: BRAIN&BEAST
Iluminación: August Viladomat
Sonido: Igor Pinto
Producción: Teatre Nacional de Catalunya y El Canal. Centre d’Arts Escèniques Salt / Girona

Horarios: miércoles y viernes a las 20:00 horas; jueves a las 17:00 horas; sábado a las 21:30 horas y domingo a las 18:00 horas.
Jueves 11 de octubre y 1 de noviembre, función a las 20:00 horas.
Precio: de 15,69 a 31,37 €
Duración de la obra: primera parte: 65 minutos; entreacto: 20 minutos y segunda parte: 22 minutos.

Coloquio: viernes 26 de octubre
Espectáculo recomendado a partir de 16 años

Escrito por Jorge Pisa Sánchez

Crítica teatral: Una vella, coneguda olor, en el TNC.


Cada uno de los barrios de una ciudad tiene una personalidad y un carácter propios, parecidos a los que posee una persona cualquiera. Así, pues, si nos preguntaran por alguno de los barrios con más personalidad de Barcelona, uno pensaría rápidamente en el Raval. El TNC nos propone un pequeño homenaje a este barrio con la programación de Una vella, coneguda olor de Josep M. Benet y Jornet, la primera parte de una trilogía que nos habla de Barcelona o más concretamente de una de las posibles Barcelonas, una ciudad y un barrio con un olor inconfundible.

Benet i Jornet escribió Una vella, coneguda olor en el año 1962 con la pretensión de realizar una fotografía teatral del barrio en el que había nacido y crecido, de aquí el “sentido de realidad” que posee la obra. Un retrato de un barrio popular y de sus habitantes que nos muestra el día a día de un grupo de vecinos que comparten sus vidas y los espacios comunes, los patios interiores de sus viviendas.

Un barrio, sin embargo, que no es percibido igual por todos sus habitantes. Maria (Sara Espígul), su protagonista, podríamos decir, principal, se siente abrumada por él. El lugar donde vive la mantiene aprisionada en un mundo de simpleza, de vulgaridad y de cotidianeidad insoportable para ella, que durante algunos años consiguió escapar de él, al menos parcialmente, al ser admitida en un colegio religioso de pago fuera del Raval. Su aparente libertad, sin embargo, terminó con la muerte de su padre y con el inicio de las penurias económicas que le siguieron. Por eso Maria quiere huir del encarcelamiento que representa su vida en el barrio, en el que se siente una extraña y en el que se ve obligada a convivir con una familia y unos vecinos con los que no puede compartir nada. Su única salida es Joan (Pau Roca) un joven vecino con estudios que trabaja en una entidad bancaria, aunque esta opción le exigirá demasiado.

Una vella, coneguda olor es, pues, una fiel fotografía que se materializa en el escenario. De nuevo el Teatre Nacional nos sorprende con la recreación “híper-realista” de una escenografía, en este caso de un patio de vecinos del barrio del Raval de los años sesenta. Todos los detalles en él son perfectos: los balcones, las cortinas, la ropa tendida, los trastos, las baldosas… Un escenario ideal para mostrarnos la vida diaria y privada de un barrio a punto de desaparecer afectado por el Plan Porcioles. Un barrio que en breve dejaría de ser él mismo para ser otra cosa. Un capítulo de la historia de una ciudad que se suma a muchos otros que con el paso del tiempo han ido transformando la piel de Barcelona: el derribo de las murallas, el Pla Cerdà, la especulación de los años 60, la Barcelona olímpica, el Plan 22@, todos ellos hitos de la historia de una ciudad que como un ser viviente se modifica, se transforma y evoluciona. Y también una oportunidad para Maria para liberarse de la tiranía del barrio que la oprime.

Para dar vida a los vecinos del Raval la obra necesita de dos generaciones de actores y actrices, los unos con más experiencia y los otros con una nueva mirada. Entre los primeros están Mercè Aránega, que destaca sin duda en la representación, Imma Colomer, Maife Gil, Fina Rius y Quimet Pla, no se resignan a que los echen de su barrio e intentarán organizarse y defenderse ante la amenaza. Los más jóvenes Sara Espígul, Gemma Martínez, Pau Roca y Pep Ambrós, están construyendo sus vidas y para ello han de vivir y experimentar de forma egoísta sus propias experiencias. Aquí es donde observamos la fotografía de los comportamientos: Mercè, la madre de Maria, que necesita y demanda el apoyo de su hija; Manel, el hermano con prometida pero que necesita saciar sus necesidades carnales antes de la boda con prostitutas (estamos hablando, recuerden, de la época franquista); Eulàlia, la vecina cotilla, que necesita saber todo lo que pasa a su alrededor y explicarlo, también, todo; Joan, el joven oficinista que quiere prosperar en la vida; Teresa, la hija del comerciante del barrio llena de arrogancia o Quimet, el escritor anónimo (puede que el mismo Benet i Jornet) que se documenta para escribir su obra… Dos generaciones que viven de forma diferente el final del barrio, los unos con tristeza y beligerancia, los otros con alegría o sin darle excesiva importancia.

Una interpretación totalmente adaptada a la esencia de la obra. Una suma de esfuerzos teatrales que acaban dando la impresión de que hemos presenciado un tiempo “en suspensión” de la vida de un barrio humilde, popular y con carácter; que hemos asistido, en definitiva, a un episodio cotidiano de la historia del Raval, del que salimos con la sensación de no haber ido al teatro sino de habernos quedado a charlar con los vecinos y de haber conocido, de primera mano, el día a día de un barrio repleto de sueños, de deseos y de proyectos dispuestos a ser derribados por la vida misma. Parece, pues, como si hubiéramos desempolvado un viejo álbum de fotos y nos hubiéramos dedicado a recordar el ayer, dejando fluir nuestros recuerdos.

Benet i Jornet sabe, pues, mostrarnos la esencia de un barrio, de “un entonces”, de una Barcelona y de un pasado que no era pasado cuando se escribió y que fue vivido muy de cerca por el autor. Una vella, coneguda olor es eso, es recuerdo del ayer y de las personas que existieron en él, un ejercicio de memoria histórica realizado con una precisión de miniaturista.

Una vella, coneguda olor” se representa en la Sala Petita del TNC del 29 de septiembre al 27 de noviembre de 2011.

————————————-
Autor: Josep M. Benet y Jornet
Dirección: Sergi Belbel
Reparto: Pep Ambrós, Mercè Aránega, Imma Colomer, Sara Espígul, Borja Espinosa, Maife Gil, Gemma Martínez, Quimet Pla, Fina Rius y Pau Roca
Con las voces de: Jordi Boixaderas, Camilo Garcia, Maria Jesús Lleonart y Jan Pol Roig Paloma
Escenografía: Max Glaenzel con la colaboración de Estel Cristià
Vestuario: Mercè Paloma
Iluminación: Kiko Planas (aai)
Música: Òscar Roig
Banda sonora: José A. Gutiérrez
Caracterización: Toni Santos
Producción: Teatre Nacional de Catalunya y Centre d’Arts Escèniques de Terrassa

Horarios: miércoles y viernes a las 20:00 horas; jueves a las 17:00 horas; sábado a las 17:00 horas y 21:30 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: 10-26 €
Duración de la obra:
1 hora y 25 minutos
Idioma:
catalán
Coloquio: viernes 7 de octubre
Espectáculo recomendado a partir de 12 años
———————————————
Escrito por: Jorge Pisa Sánchez