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Publicación: Julia Domna, La emperatriz romana, de Paloma Aguado García, en Alderabán Ediciones.

La editorial Alderabán publicó en el año 2010 Julia Domna, La emperatriz romana, la biografía de una de las mujeres con más poder en la Roma de principios del siglo III d.C. Un fresco de la vida cotidiana, de la realidad de la mujer en la Roma imperial y de una de las dinastías, la de los Severos, que gobernó el destino de Roma durante el gobierno de cinco emperadores.

El libro que nos presenta Paloma Aguado, doctora en Historia Antigua, supone un completo y ameno trabajo no solamente referido a la figura de la emperatriz Julia, sino extensible al panorama político-cultural del Imperio Romano en la primera mitad el siglo III d.C., en concreto durante la dinastía de los Severos. En la primera parte se nos ofrece un capítulo dedicado a la situación de la mujer en Roma, insistiendo en su vida más cotidiana, para después dar paso a la biografía de la emperatriz Julia Domna. Asistimos en primer lugar, a su nacimiento y adolescencia en Siria, y a su matrimonio con el futuro emperador Septimio Severo. La parte central de la monografía está dedicada a su papel como emperatriz, primero como esposa de Severo y más tarde como madre de Caracalla, ocupando en ambos casos un primerísimo lugar en la esfera política de Roma, desde su ascensión al trono hasta su muerte. El libro finaliza con un capítulo dedicado a las princesas sirias, la familia directa de Julia, que procedente de Emesa constituyeron el autentico “poder en la sombra” de dos emperadores, Heliogábalo y Alejandro Severo. Es la primera vez en la Historia de Roma que la transmisión de la púrpura imperial a lo largo de la dinastía se trasmite por vía femenina.

Título: Julia Domna, la emperatriz romana
Autora: Paloma Aguado García
Editorial: Alderabán Ediciones
Colección: Vidas privadas
Nº páginas: 129
Encuadernación: rústica
ISBN: 978-84-95414-74-8
Dimensiones: 21 x 14 mm.
Fecha publicación: 07 de enero de 2010
Precio: 12.00 €

Crítica teatral: El tipo de la tumba de al lado, en el Teatro Goya.


El amor surge en el lugar más inesperado, sin entender, a priori, de clases ni culturas, pero ¿funciona a largo plazo al ser los enamorados demasiado diferentes? Si te gustan las amables comedias americanas de amor y desamor “El tipo de la tumba de al lado” es tu obra, pues te hará sonreír ante los problemas de relación que viven sus dos y únicos protagonistas, Maribel Verdú y Antonio Molero.

Laura (Maribel Verdú) es una joven bibliotecaria que ha perdido a su marido y que visita asiduamente su tumba en el cementerio para hablar y desahogarse con él. Pablo (Antonio Molero) es un granjero que visita la tumba de su madre para comentarle como va la granja. Él es, lógicamente, el tipo de la tumba de al lado. Los dos personajes se estudiarán y menospreciarán a distancia de lápida, pero al final se encontrarán y se enamorarán…

Todo esto en un escenario minimalista compuesto por un fondo con un montículo verde por donde los actores pasean y que simula el campo o la granja de Pablo. Y dos prismas rectangulares donde los personajes se sientan para hablar consigo mismos, o entre ellos. Un espacio desnudo que se convertirá, si es necesario, en otros escenarios alejados del cementerio.

Los dos actores comparten, en un principio, sus monólogos con el público cuando cuentan sus experiencias o valoraciones del otro. Hábilmente pasan a conversar entre ellos y vamos asistiendo al inicio y la evolución de esta peculiar historia de amor.

La obra pone de relieve los problemas que surgen en la relación al pertenecer sus integrantes a dos mundos tan diferentes que, incluso, llegan a chocar. Él es de campo a la antigua usanza, sencillo y directo; ella es culta, delicada y algo neurótica. Ninguno de los dos quiere estar solo, pero tampoco quieren renunciar a sus vidas. Maribel Verdú está deliciosa en su papel de mujer aparentemente fuerte, al igual que Antonio Molero como hombre de campo que quiere una mujer para su hogar. Los dos son actores «como la copa de un pino» y llenan el amplio escenario con sus preocupaciones y dudas, que nos plantean como si fuésemos amigos. En este contraste de vidas no esperéis encontrar situaciones como las de “Granjero busca esposa”. El humor es fino y nada chabacano ni soez. Memorable y divertida es la escenificación del primer encuentro sexual entre los dos.

El tipo de la tumba de al lado pasa de la comedia ligera, al drama, cuando hay tensiones en la pareja, pero los dos géneros son tratados con una gran suavidad. De hecho desde el inicio de la obra escucharemos los bucólicos cantares de los pajarillos que pululan imaginarios por el campo y por el cementerio, dando sensación de bienestar, una impresión que nos durará hasta el final de la representación.

El tipo de la tumba de al lado es una adaptación de la exitosa novela sueca del mismo título escrita porKatarina Mazetti. La versión teatral estrenada en el Teatro Goya está dirigida por José María Pou, todo un aval de calidad y divertimento.

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«El tipo de la tumba de al lado» se representa en el Teatre Goya del 11 de febrero al 9 de abril de 2012.

Autora: Katarina Mazetti
Adaptación escénica: Alain Ganas
Dirección: José María Pou
Versión: Josep Maria Pou
Reparto: Maribel Verdú y Antonio Molero
Ayudante Dirección: Fran Arráez
Diseño de Escenografía: Ana Garay
Diseño de Iluminación: Albert Faura
Estilismo: José Juan Rodríguez y Paco Casado
Espacio Sonoro: J. Ballve
Producción: Trasgo Producciones y Focus

Horarios: miércoles, jueves y viernes, a las 21:00 horas; sábado a las 18:00 y a las 21:00 horas y domingo a las 17:00 y a las 19:00 horas.

Funciones especiales:
6 de abril a las 18:00 y a las 21:00 horas
7 de abril a las 18:00 y a las 21:00 horas
8 de abril a las 18:00 horas
9 de abril a las 18:00 horas

Precio: miércoles y jueves, 25 €; viernes y sábado, 29 €; domingo a las 17:00 h, 25 € y domingo a las 19:00 h, 29 €.

Precio Funciones especiales
6 de abril, 29 €
7 de abril, 29 €
8 de abril, 29 €
9 de abril, 29 €

Duración de la obra: 90 minutos
Idioma: castellano
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Escrito por: Taradete

Artículo: Don Rodrigo y la batalla de Guadalete.

Don Rodrigo y la batalla de Guadalete.
José María Manuel García-Osuna y Rodríguez

Muerte del rey Ervigio. Égica, rey de los godos.

Égica (687-702)

El día 14 de noviembre del año 687 d.C. el rey godo Ervigio moría, su sucesor, aceptado por la alta nobleza sería Égica, que era el esposo de su hija Cixilo. Égica sería coronado en Toledo el 24 del mismo mes, ocupaba un ducado provincial y era una de las ocho personas con más poder en todo el reino. El nuevo rey pretendía fortalecer su posición regia y la de su familia, incrementando la nueva estructura protofeudal del Estado visigodo. Para todo lo que antecede son necesarias las purgas y confiscaciones entre la siempre levantisca nobleza goda. La tensión social se incrementa por las noticias, que cuentan, con pelos y señales, el avance nefasto del Islam en Ifriqiyâ. El 11 de mayo del año 688 d.C., convoca un concilio general en Toledo, donde se decidió que siempre primaría el interés general de los pueblos hispanos, frente al de una determinada familia en particular. Se ordena al rey que se comporte con justicia con la familia del rey fallecido Ervigio, su suegro le había obligado a jurar solemnemente, que defendería a sus familiares frente al Estado godo hispano y además los había dotado de importantes patrimonios fundiarios. Obispos y nobles del concilio XV, obraron en concordancia con la clase política que conformaban, luchando por mantener la necesaria cohesión frente al monarca, evitando la discordia interna. En este concilio se examinaron las acusaciones de herejía del papa Benedicto II, contra el escrito enviado por los obispos del concilio XIV de Toledo: los obispos decidieron reafirmarse en sus concepciones teológicas e incluso amenazaron a Roma con un cisma.

El rey repudió a su mujer Cixilo, rompiendo con los sectores de la nobleza más próximos a Ervigio. En el concilio de Zaragoza, 1 de noviembre del año 691 d.C., el rey Égica intentó poner freno al incremento del patrimonio de los obispos, que convertían en esclavos personales a los libertos eclesiásticos; asimismo las viudas de los reyes deberían ingresar en el convento, inmediatamente después del fallecimiento del rey.

Conjura contra el rey Égica. Afianzamiento político de Égica.
Hasta tal punto llegó la crispación, que se gestó una conjura masiva contra él, incluso participó en la misma el metropolitano toledano, Sisberto. La represión regia fue muy dura y el rey comenzó a afianzarse frente al sector nobiliario que le cuestionaba. En el concilio XVI de Toledo del año 693, el rey Égica acentúa el carácter sacro de la realeza, lo que de facto permitía al rey intervenir en los asuntos eclesiásticos. Descubierto el complot, el obispo Félix de Sevilla pasará a Toledo, el obispo Faustino de Braga a Sevilla y a la sede hispalense se trasladará el metropolitano Félix de Oporto. El cesaropapismo y los deseos de centralización eclesiástica visigoda son evidentes.

El rey Égica consiguió de los metropolitanos hispanos, la renovación de las penas canónicas contra todos aquellos que profanasen el juramento de fidelidad, maquinando algo contra el rey o la nación; solo el perdón era potestad regia. Se volvían a pronunciar las conclusiones del concilio VI de Toledo; el rey consiguió también el apoyo de la Iglesia hispana para su familia, una vez hubiese fallecido. El concilio XVI redactó una declaración de fe sobre la protección de los patrimonios eclesiásticos rurales frente a la rapacidad de los obispos; también se dictaminó sobre las buenas costumbres y el problema hebreo. Égica realizó una nueva legislación, que pretendía fortalecer su rol como individuo y como rey godo de Hispania. Para evitar las conjuras de la nobleza, intentó refrenar los lazos de dependencia entre los hombres de la Hispania goda, prohibió las vinculaciones mediante juramento entre los nobles, laicos o eclesiásticos, salvo el de fidelidad al rey o el que se debería emitir en un juicio para la defensa de los propios intereses; de esta forma Égica trataba de cortar todos los vínculos formales o jurídicos que se estaban creando entre la nobleza goda.

El reino visigodo de Toledo.

Prohibió el acuerdo previo, pre-sentencia, en los juicios ante el rey o ante cualquier juez del reino. Para lograr todo lo que pretendía decidió fortalecer su base económica y social, debilitando lo máximo posible la de sus enemigos. Égica intentó reforzar el ejército regio con los libertos fiscales manumitidos por orden regia: la ausencia de alguno a la llamada del rey, revocaría la libertad concedida. El arma terrible de las confiscaciones fue utilizada por Égica de forma sobresaliente para los intereses del trono. El clérigo anónimo, que en el año 754 relató el reinado del susodicho rey, lo define como «hic Gohtos acerva morte persequitur«. A los nobles condenados a muerte., se les confiscaron sus propiedades y perdieron sus puestos palatinos.

La violencia contra la nobleza comenzó, tras el frustrado golpe de estado del metropolitano Sisberto. Repuso la antigua disposición del rey Chindasvinto de prohibir que los dueños pudiesen matar a esclavos. En el año 702, promulgó una nueva y pormenorizada ley sobre los esclavos fugitivos, responsabilizando a las comunidades campesinas, en relación a la ocultación de esclavos huidos. Las malas cosechas, con las consiguientes hambrunas, debieron ser muy frecuentes. En el año 639, una epidemia de peste bubónica produjo estragos entre la población de la Septimania; existiría un rebrote cíclico en los años 707 y 709.

Concilio XVII de Toledo. Las leyes contra los hebreos.
Las catástrofes sociales de los años citados con anterioridad, anunciaron las nuevas y más brutales medidas contra los hebreos; ya en el concilio toledano-XVI se prohibió a todo hebreo, la realización de cualquier tipo de negocio con los cristianos, godos e hispano-romanos; se les incrementó, además, los impuestos de todo tipo. El ataque definitivo llegó con el concilio XVII de Toledo, del 9 de noviembre del año 694. La razón aducida fue que los hebreos visigodos tramaban una sublevación general contra el rey Égica, apoyados por los judíos norteafricanos: 1º) Se confiscaron todos los bienes de los hebreos no conversos, los cuales se entregaron a nobles adictos, 2º) Se convertía a los judíos en esclavos y se les dispersaba por todo el reino; sus nuevos amos se comprometían a no dejarles practicar sus ritos, y 3º) En Septimania y las Clausuras pirenaicas, los pocos hebreos que sobrevivieron tras la peste, quedaron a disposición de los gobernadores. El reino visigodo estaba viviendo, lo que se considera la aparición de los cuatro jinetes apocalípticos: el hambre, la peste, la envidia (que se subraya con las querellas intestinas entre la nobleza goda) y la guerra (contra los francos y los sarracenos, presionando por el norte y por el sur); se explica, claramente, entonces el decreto del concilio XVII toledano en relación con las letanías mensuales para pedir la remisión de los pecados del reino de los godos. Se incrementa el número de suicidios, ya que se pensaba que el Juicio Final de Dios era inminente.

Ocaso del reinado de Égica.
Del año 688 hasta el año 694, el rey godo Égica realiza tres campañas militares contra los francos, que resultan fallidas. Se rechaza, no obstante, un intento de desembarco por parte de la marina bizantina en Murcia; el vencedor sería el gobernador Teodomiro de Orihuela. En los últimos siete años, se vuelve a mencionar a la reina Cixilo, por lo que se puede interpretar como una reconciliación en el seno de la pareja real; el rey pretende cerrar fisuras nobiliarias a su alrededor. Égica asociará a su hijo Witiza al trono, en el año 694/695; buscará para ello el consenso y el apoyo de las noblezas laica y religiosa. de nuevo se produce una rebelión peligrosa, por parte de la nobleza, encabezada por el duque Suniefredo, a principios del siglo VIII; el susodicho noble conseguiría apoderarse de Toledo e incluso acuñaría moneda.

Witiza (702-710)

El rey Witiza en el trono toledano.
La revuelta ducal citada pudo ser domeñada, pero cuando Égica murió, en el año 702, su hijo Witiza creyó necesario cambiar, radicalmente, de política. En primer lugar repuso a los nobles castigados en sus puestos y les devolvió las posesiones confiscadas, quemó todas las cauciones que Égica les había obligado a firmar y les favoreció con nuevas donaciones. Witiza mejoró la fama de la monarquía, pero disminuyó la hacienda regia; los trientes del rey Witiza están disminuidos en peso y ley, siendo monedas de plata con baño de oro. El ambiente social está muy enrarecido, con bandas de esclavos fugitivos campando por sus respetos y los hebreos indignados por la represión de que eran objeto.

Roderigo en el trono godo hispano.
«Roderico, hortante Senatu, tumultuose regnum invadit» Tras un interregno de seis meses, se apoyó el alzamiento al trono (por parte de la nobleza meridional y occidental) del duque Rodrigo de la Bética, el cual tenía fama de ser un buen guerrero. Su ascenso al trono tuvo las características de un complot, por parte de la facción de sus partidarios; la oposición nobiliaria laica y eclesiástica hubiese preferido, como monarca, a algún familiar del rey fenecido, ya que entre ellos se encontraba el conspicuo obispo de Sevilla, Oppas, hermano del propio rey Witiza. La inevitable y subsiguiente guerra civil, conllevó la aparición en las regiones orientales (valle del río Ebro, Levante, Cataluña y Septimania) de otro soberano llamado Akhila II (hijo de Teofrastro y nieto del rey Chindasvinto), del que se desconoce el parentesco que pudiese tener con el rey Witiza (éste sería responsable del asesinato de Fafila, que era el padre de Pelayo y de la ceguera de Teofrasto, hijo del rey Chindasvinto).

La batalla de Guadalete.
Los witizianos entraron en contacto con el gobernador de Ceuta, Olián-Julián (el rey Rodrigo se había prendado, en Toledo, según la leyenda de su hija Florinda «La Cava»), el cual había entregado en el año 709, esa fortaleza bizantina a los musulmanes, «ob causam fraudis filiorum Uitizani sarraceni ingressi sunt Spaniam; Sarraceni evocati Spanias ocupant«. La decisión de atravesar el estrecho de Gibraltar se tomó por parte de Musa ben Nusayr, walí de Kairwan, con la ineluctable autorización del Khalifa al -Walid en Damasco, al que se le prometió un botín abundante. A finales de abril del año 711, mientras el rey Roderigo combatía a los vascones cerca de Pamplona, el gobernador de Tánger, Tariq ibn Ziyad, desembarcaba en Algeciras y saqueaba la Baja Andalucía. El rey godo acudió a su encuentro; la batalla decisiva tuvo lugar el 19 de julio del año 711, a orillas del río Guadalete-Wadilakka y se prolongó durante más de una jornada; el ejército godo estaba comandado por el propio rey, le acompañaban la nobleza visigoda del momento y sus clientes armados.

El río Guadalete

En el momento álgido del combate, cuando la todopoderosa caballería goda estaba dominando claramente la situación, los parientes de Akhila II, que comandaban las alas del ejército visigodo, se pasaron al enemigo; con esta traición no conseguirían la corona, pero si mantener la propiedad sobre las tres mil alquerías del patrimonio real del rey Witiza. «Filii uero Vuitizani, invidia ducti eo quod Rudericus regnum patris eorum acceperat callide cogitantes, missos nuntios ad Africam mittunt, sarracenis in auxilium petunt, eosque nauibus aduectus Yspaniam intromittunt«. El propio rey Rodrigo encontró la muerte en el campo de batalla; su cadáver fue llevado a enterrar, por sus fideles, a la ciudad de Viseo.

Los hijos de Witiza se acomodaron a la nueva situación y, por medio del pacto subscrito con el Khalifa de Damasco, se repartieron el patrimonio regio. Akhila se instaló en Toledo; Olmundo en Córdoba; Ardabasto en Sevilla y llegaría a ser conde de los cristianos en Al-Andalus. Tariq marchó entonces, sobre Écija-Astigi, a la cabeza de sus doce mil berberiscos, donde derrotó, no sin un grandísimo esfuerzo bélico, a los fieles del rey Rodrigo reagrupados y sin traiciones previas (mandadas las tropas godas por un sobrino del rey Rodrigo, llamado Bancho). Los hebreos enviaron a sus delegados y rabinos, para ofrecerle su colaboración. Los witizanos colaboraron con Tariq en la tarea, fundamental, de eliminar a la élite dirigente visigoda de la facción rodericiana derrotada.

En el verano el año 712, desembarcó Musa ben Nusayr en Tarifa; su ejército de 18.000 hombres contaba con algunos de los sucesores (tabi`un) del profeta Mahoma. Aquellas tropas traían consigo las viejas reyertas entre qaysíes y yemeníes, que habían ensangrentado el desierto arábigo. Tras tomar Sevilla, Carmona y Alcalá de Guadaira, marchó sobre Mérida, que fue tomada el 30 de junio del 713, los restos de la milicia goda opusieron tenaz resistencia y el botín fue satisfactorio. Con anterioridad, el 5 de abril del año 713, el conde Teodomiro de Murcia había firmado un acuerdo con las nuevas autoridades sarracenas; éstas le ratificaron en su dominio otorgándole plena autonomía para sus súbditos y comprometiéndose el godo, al pago de tributos. Musa llegó a Toledo en los meses invernales de los años 713 y 714, y fue la capital del Islam en Hispania (España y Portugal).

Musa acuñó sueldos de oro, con la frase coránica en lengua latina de: «In nomine Dei non Deus nisi Deus solum non Deus alius«. Su hijo, Abd al Aziz, se casaría con la reina-viuda Egilona y sería considerado el primer emir de la Hispania musulmana. Musa dominaría (año 713) con la ayuda de su hermano Abd Allah una nueva revuelta de la población de Hispalis-Sevilla. En el año 714, Tariq y Musa, que tenían una aguda enemistad entre ellos, hasta tal punto que cuando se encontraron por primera vez, en Toledo, el liberto norteafricano recibió insultos tales como llamarle perro e incluso le agredió con el bastón de mando, estaban en Zaragoza cuando les alcanzó el mensajero Mugith, enviado por el Khalifa de Damasco al Walid, con las órdenes tajantes y perentorias de que regresaran a Damasco para rendir cuentas pormenorizadas de la campaña hispánica. Antes de acatar las órdenes del Khalifa, Musa realizó una gran campaña por la calzada del Ebro; en Tudela el conde godo Casio y su hijo Fortún se convirtieron al Islam, como clientes del Khalifa.

El rey don Rodrigo tras la batalla del Guadalete según el pintor francés Eugene Delacroix (1833)

Por la vía romana que enlazaba Calahorra con León-Legio, llegaron a la que sería, en el devenir del tiempo, la caput regtni del Regnum Imperium Legionensis en el alto-medievo, luego Asturica Augusta-Astorga, Villafranca del Bierzo y Lucus Augusti-Lugo. El nuevo Khalifa Sulayman fue sumamente ingrato con ellos e incluso envió a uno de sus sicarios para asesinar, en el mes de marzo del año 716, en la mezquita de Sevilla a Abd al-Aziz. Su cabeza fue enviada a Damasco. El sobrino de Musa, Ayyub ben Habib al-Lajmí sería el jefe interino de lo conquistado, hasta que en el mes de agosto del año 716, fue enviado, desde Kairwan, un gobernador con nombramiento ya ortodoxo, al Hurr ben Abd al-Rahmán al-Thaqafi; los Omeyas convertían Hispania en una de las provincias de su imperio. El país se denominaría, a partir de entonces, bilad al-Andalus. Los tres o cuatro millones de habitantes hispánicos serían dominados por un auténtico ejército de ocupación. En el límite del año 725, ya no existía ni sombra del poder centralizador toledano de la monarquía visigoda hispánica. es muy probable que los godos no tuviesen, en los primeros momentos, tras su derrota en Guadalete, una idea clara de lo que había significado esa debacle y la futura importancia del desastre bélico del rey Roderigo, por la traición de los witizanos. «Hecha y cumplida la traición propuesta, pactada y comprada, ya no es menester ni necesario el traidor ejecutor». A partir de este triste instante, la Hispania (España y Portugal) visigoda había desaparecido del devenir histórico medieval; serían los astures y los godos, fieles al rey Rodrigo, los que tomarían la antorcha de la reconquista en Covadonga (año 722).

BIBLIOGRAFÍA:

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Publicado originalmente en: Ó Noso Lar (2004)

Crítica literaria: La venganza del asesino par, de Reyes Calderón, ed. Planeta.

Reyes Calderón retoma este año en La venganza del asesino par las aventuras policiales de uno de sus personajes más representativos, la jueza Lola MacHor, que se tendrá que enfrentar a sus miedos del pasado para poner fin a una nueva serie de asesinatos relacionados con el doctor Wilson, criminal obsesionado con la con la realización del crimen perfecto.

Calderón nos vuelve a introducir con su nueva publicación, en el mundo ficticio de la jueza MacHor y el inspector de la Interpol Juan Iturri, para seguir la huella de una nueva ola de asesinatos. Lo extraño del caso es que la fuente de información con la que cuentan la jueza y el inspector son las cartas que les envía Santiago, la personalidad psicópata del antiguo psiquiatra Marc Ros i Roví, desde su internamiento en el psiquiátrico federal, criminal atrapado e internado gracias al esfuerzo conjunto de MacHor e Iturri.

El tiempo, sin embargo, ha pasado desde su captura. La jueza ha dado un paso importante en su carrera judicial al ser nombrada magistrada del Tribunal Supremo. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de su vida familiar. Si bien Jaime, su marido, se ha puesto al frente del CSIC, parece que la relación entre ambos se ha debilitado en los últimos tiempos, un problema que traerá a la jueza de cabeza. La situación toca fondo cuando Jaime, que lleva meses viviendo solo en un hotel, informa a Lola de que no podrá asistir a su ceremonia de nombramiento como jueza del Tribunal Supremo, ya que tiene que partir, sin demora, para los EE.UU., donde el trabajo le reclama.

En medio de todo este embrollo personal, Iturri, el inspector de la Interpol y colega de Lola, se pone en contacto con ella para informarle de que Santiago, la personalidad del doctor Wilson artífice de una larga serie de asesinatos, ha comenzado a escribirle cartas en las que habla de una nueva serie de asesinatos que se están realizando a nivel mundial, demasiado descriptivos para que todo sea una simple coincidencia. Tras la insistencia de Iturri, la jueza McHor y el inspector marcharán hacia Estados Unidos. El objetivo de Lola es únicamente el de recuperar a Jaime, aunque la insistencia del inspector y la necesidad de su marido, metido en un lío relacionado con la investigación de un nuevo fármaco, le obligarán a implicarse en el caso muy a pesar suyo.

Calderón nos presenta una trama de investigación policial, un argumento de novela negra que, aunque ambientado en parte en EE.UU. y con una trama de carácter mundial, posee un marcado ingrediente hispano, centrado específicamente en el dibujo del carácter de sus protagonistas, y en su comportamiento. Una jueza del Tribunal Supremo, escogida por necesidad (por porcentajes de igualdad de género y la presión de la prensa) con dificultades familiares; un inspector de policía con problemas con el alcohol, enamorado perdidamente de Lola, y que aprovechará la ausencia de su marido para conquistar el corazón de la jueza; Jaime, la pareja de Lola, que como director de una de las instituciones de investigación científica más importantes del país, se está viendo superado por los problemas y las presiones de las grandes empresas farmacéuticas; y Joe Lombardo, un eficiente agente del FBI y contrapunto oficioso al «equipo» español.

Con todo este cóctel de por medio, Lola, su marido Jaime, Iturri y Lombardo iniciarán la investigación sobre las muertes de las que les informa Santiago, relacionadas con algunos de los hombres y mujeres más ricos del mundo. El quid de la trama será, pues, dilucidar si estas muertes son meros accidentes, o existe una mano negra detrás de ellos relacionada, de una forma u otra, con Santiago.

Reyes Calderón Cuadrado

La obra de Calderón transita por la cotidianeidad de unos protagonistas muy humanos (y me atrevería a decir que muy hispanos) que han de hacer frente a una realidad y a una mente criminal que se muestra muy superior a ellos. La heroicidad y los comportamientos lícitos se ven arrinconados por unos personajes que arrastran problemas y obsesiones que serán los verdaderos protagonistas de gran parte de las páginas del libro, dejando de tanto en tanto, y sobre todo en la parte final de la novela, que nos podamos centrar en la trama meramente policial. De ahí que el libro de Calderón sea mucho más que una novela negra, y nos acerque en gran medida a los entresijos de la vida de los personajes que han de investigar el caso, donde el huimor también tendrá cabida.

Calderón acierta, también, a la hora de mantener el misterio hasta muy avanzada la obra, casi hasta el final de la novela, hecho que mantiene la tensión y las dudas del lector hasta el último minuto. Si bien, la resolución del caso, que adquiere con cada capítulo un carácter más sanguinario, no llega a la altura del resto de la trama. Un hecho, que puede dejar a más de un lector con una sensación de decepción.

Uno de los puntos fuertes de la novela lo compone la perspectiva desde la cual la autora compone el texto. Ésta no se centrará en una figura única, sino que irá saltando de uno a otro de los cuatro protagonistas a lo largo de la trama: Dolores MacHor, Jaime Garache, Juan Iturri y Joe Lombardo, encargado éste último de poner fin al texto como si se dispusiera a cerrar y archivar un expediente. Una fórmula novelística que provee al lector de una referencia diversa y global de la trama, llevada a cabo con una gran maestría y composición por Calderón.

La venganza del asesino par es, así, la continuación de la historia de unos personajes creados por Calderón hace ya siete años años, y que nos proporciona un cierre, un “the end” a una trama policiaca que nos llevará a seguir las peripecias del grupo de investigadores encabezados por la jueza MacHor con el objetivo de vencer y acabar de forma definitiva con la carrera delictiva de una de las mentes más retorcida e implacables de la narrativa policiaca española.

Título: La venganza del asesino par
Autora: Reyes Calderón
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos
Fecha de publicación: 2 de febrero de 2012
448 páginas
Idioma: Español
Formato: 15 x 22,9 cm.
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
Precio: 20,50 €
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Crítica teatral: Deflacionable, en la Nau Ivanow.


El pasado jueves 15 de marzo se estrenó en el espacio escénico de la Nau Ivanow Deflacionable, la nueva reflexión teatral que Daniel J. Meyer realiza sobre las consecuencias sociales y económicas de una ruptura amorosa.

Meyer presenta lo que se podría considerar la secuela de Descartable, obra que se estrenó el año pasado también en la Nau Ivanow y que fue representada por los componentes de la compañía Descartable Teatre. Si en su anterior trabajo éramos testigos del día a día de una joven pareja vencida por la inercia y las imposiciones propias de nuestros tiempos, en Deflacionable asistimos a la ruptura de la relación, y más concretamente a la «fiesta del divorcio» de la pareja formada por Víctor y Ana. Y como buena fiesta de divorcio, el espectáculo se representará en un espacio poco convencional que no es otro que el bar de la Nau Ivanow, en donde los propios integrantes de la compañía nos invitan a tomar una copa (recuerden, estamos en una fiesta!!) y nos animan a fotografiarnos (recuerden, estamos en una celebración familiar).

Una vez que cada uno de nosotros ocupa su asiento, da inicio la fiesta-representación. En ella los rituales sociales se invierten. Estarán presentes Ana y su madre, Víctor y su nueva pareja, Fernando, y un showman-presentador que dirigirá todo el cotarro. Es en este momento en el que se mostrarán las voluntades y los objetivos de todos los asistentes a la fiesta: Ana quiere quedarse con la casa que compartió con Víctor, pero para ello ha de pagar la mitad de su valor a su ex-pareja. Víctor necesita el dinero para entregárselo a Fernando para que éste pague la hipoteca de la vivienda donde vivirán juntos. Todo un dominó dinerario que se rompe cuando el banco deniega a Ana el préstamo que ha solicitado, a pesar de los altos ingresos generados de su profesión como arquitecta (una clara referencia a la impune crisis económica en la que vivimos). Esta denegación pondrá en marcha las ambiciones y la codicia de todos los asistentes a la fiesta, en un combate entre todos por hacerse con los recursos necesarios para materializar sus deseos cueste lo que cueste.

Meyer nos proporciona con Deflacionable más material para el debate socio-teatral y disecciona, de nuevo, el mundo de la pareja, de la familia y el papel del hombre y la mujer en el mundo actual. Para ello nos presenta su nueva obra como si fuera un reality show, un formato al que estamos más que acostumbrados gracias a la programación de muchos canales de televisión. El espectador se comporta como un voyeur contemplando todo lo que pasa en la fiesta de divorcio de Víctor y Ana, y como cada uno de los personajes se mueve con el único objetivo de realizar sus deseos egoístas, una clara crítica al sistema capitalista en el que vivimos sumergidos. En escena se nos mostrarán la avaricia y el deseo generado por el dinero; la incapacidad de amar realmente al otro y por lo tanto la facilidad con la que cambiamos de pareja o lo devaluado de conceptos como el amor o el compromiso; el consumo de alcohol como substitutivo y medicina ante nuestros fracasos impuestos por el propio sistema, que necesita de fracasados para su normal funcionamiento; y como no, la dependencia que cada vez más tenemos de la omnipresente tecnología, materializada con el formato de reality show televisivo que adquiere la obra.

El objetivo de cada uno de los protagonistas les llevará, incluso, a traicionarse a sí mismos y a los otros, aunque para ello se vean obligados, en una de las escenas más despiadadas de la obra, a vender en porciones al hijo fruto de la relación «in extremis» entre Víctor y Ana, llamado oportunamente Provecho. Una cruel metáfora del capitalismo llevado hasta sus últimas consecuencias.

El espectáculo diseñado por Meyer y la compañía Descartable Teatre se propone objetivos ambiciosos, si bien se queda a medio camino en su consecución. La obra es arriesgada aunque su materialización escénica no llega a las cotas que alcanzó su anterior trabajo Descartable. Si en aquélla la realización y el lenguaje teatral mantenían una delicada puesta en escena, en Deflacionable el formato está menos «pulido» y el avance de la representación es algo más disparatado, hecho éste que descoloca al espectador en más de una ocasión.

La obra posee un destacable componente de interacción con el público, al que saca del espacio escénico habitual para ubicarlo en un bar/cantina, un lugar más próximo y cotidiano para la mayoría de espectadores. Aunque esta ganancia se desvanece con las dificultades de visualización desde algunos sectores de la improvisada platea. Por lo que respecta a las interpretaciones de los jóvenes integrantes de la compañía, parece que les falta algo más de pulimento en general, algo que no ha de extrañar debido al poco rodaje del espectáculo. No obstante cabe destacar la interpretación como showman-presentador de Marc Pociello, que nos guiará a lo largo de la representación ejerciendo como anfitrión del espectáculo, y la comicidad de Sónia López, que le da a la obra un toque de humor muy sui generis!!

Deflacionable es un buen ejercicio de crítica social manufacturado por una compañía y un director familiarizados con el género, aunque su composición final no alcanza las cotas esperadas. Aún así se convierte en un producto necesario en una época como la nuestra en la que el compromiso, el amor, la buena voluntad y la amistad se agrian día a día contaminadas por la hediondez resultante de una forma de organización económica, política y social que nos embrutece día a día, y que de momento, por desgracia, parece no tener fecha de caducidad.

Deflacionable” se representa en el Espacio Guillot la Nau Ivanow del 15 al 25 de marzo de 2012.

Dramaturgia y dirección: Daniel J. Meyer
Intérpretes: Laia Pellejà, Oscar Jarque, Sonia López, Rafa Delacroix y Marc Pociello
Iluminación: Natalia Ramos
Vestuario: Gimena González
Escenografía: AUS3
Diseño Gráfico: AUS3
Producción: DESCARTABLE TEATRE

Duración de la obra:70 minutos
Idioma:
castellano y catalán
Género:
comedia
Especificaciones:
Fiesta de divorcio con copas incluidas
Entradas:
A la venta en Atrapalo, Telentrada o en taquilla (con o sin copa)

Nueva publicación: La caída del emperador Nerón y su ciudad, de Stephen Dando-Collins.

La caída del emperador Nerón y su ciudad, de Stephen Dando-Collins, editorial Ariel.

El 19 de julio del año 64 d.C., mientras la ciudad de Roma se preparaba para la celebración de los Juegos, se desató un pequeño incendio en una tienda situada a espaldas del Circo Máximo. A lo largo de más de cinco días, el incendió arrasó una parte importante de la capital del imperio, hecho que soliviantó a sus ciudadanos contra el emperador Nerón.

Con rigor y desde las evidencias y la documentación que de aquel importante acontecimiento histórico aún se conservan, gracias a historiadores como Suetonio o Tácito, Dando-Collins narra de forma brillante el minuto a minuto el incendio, así como el posterior y monumental trabajo de reconstrucción que se llevó a cabo y la retahíla de conspiraciones que se suscitaron para acabar con Nerón.

Una obra de histórica de gran valor que se lee como una fascinante novela de héroes cotidianos e intrigas políticas.

El autor acompaña al lector a través de la Roma Antigua y las intrigas políticas que se desarrollaron en medio de un trascendental drama humano.” The Washington Post

Stephen Dando-Collins es autor de más de una docena de libros sobre la Roma antigua, la historia de Inglaterra, Estados Unidos y su Australia natal. En España se han publicado dos de sus libros, La maldición de los césares y El informe de Judea, que con Arde Roma, son fruto de un profundo conocimiento y años de documentación histórica.

Título: La caída del emperador Nerón y su ciudad
Autor: Stephen Dando-Collins
Traductor: Ana Herrera Ferrer
Fecha de publicación: 01/03/2012
Nº de páginas: 328
Idioma: Español
Formato: 14,4 x 23 cm.
Presentación: Rústica con solapas
Colección: Ariel
ISBN: 978-84-344-7057-6
Precio: 21,90 €

Crítica: El día de los bárbaros, de Alessandro Barbero, editorial Ariel.

Existen pocas fechas o pocos acontecimientos a lo largo de la historia que puedan condensar en ellos mismo el cúmulo de experiencias, tendencias y contradicciones que marcan el destino de un país, de un pueblo o de un imperio. Una de estas fechas singulares es el año 378 (el 9 de agosto, para ser más exactos) y uno de estos acontecimientos es, sin duda, la batalla que enfrentó en las cercanías de la ciudad de Adrianópolis, al ejército romano con las fuerzas visigodas y que, en más de una ocasión, se ha presentado como un hecho crucial, un acontecimiento que marcaría, para peor, la historia del imperio creado por los romanos.

Alessandro Barbero presentó en mayo de 2007, de la mano de la editorial Ariel, el libro El día de los bárbaros, la batalla de Adrianópolis, 9 de agosto de 378, una clara apuesta por la difusión histórica sobre uno de los episodios militares más destacables del Bajo Imperio romano.

La obra de Barbero analiza desde una perspectiva histórica y desde un conocimiento exhaustivo de las fuentes antiguas, la batalla en la que fue derrotado el ejército de la parte oriental del Imperio romano y que acabó con la vida del emperador Valente y con gran parte de su alto mando. Un lastre del que costaría recuperarse al Estado romano y que muchos han considerado como el verdadero inicio del fin del poderío romano.

Barbero, en un tono ameno y didáctico, nos provee de todos los datos para entender las causas de este enfrentamiento, su desarrollo y las consecuencias que la derrota romana comportó. De ahí que su análisis comience presentando a los dos rivales en los años y los momentos previos a la batalla. Primero la situación del Imperio romano tras la época de la Anarquía militar del siglo III d.C. y las reformas llevadas a cabo por los emperadores Diocleciano y Constantino. Después, y para tener una visión completa del conflicto, el autor nos presenta al pueblo visigodo y las circunstancias que lo llevaron primero a solicitar su admisión en territorio romano, acosados por el avance de los hunos, y más tarde a rebelarse por el trato que los romanos les dieron una vez instalados en el interior de sus fronteras.

Tras la presentación de los contendientes Barbero inicia el análisis de los hechos que llevaron al enfrentamiento entre romanos y visigodos y que finalizaría con la batalla de Adrianópolis. Lo curioso del tema, y también lo más admirable, es que Barbero realiza un análisis si bien no minuto a minuto, si día a día de los acontecimientos ligados con este conflicto, hecho que solo se puede llevar a cabo cuando el autor conoce, casi al dedillo, la historia, las fuentes y el periodo en cuestión.

Barbero nos muestra de esta forma su maestría en lo que se refiere al conocimiento del período, la Antigüedad tardía, ya sea desde la perspectiva romana como desde el punto de vista visigodo, escribiendo un texto que se acerca más a una novela histórica que a una obra propiamente académica. Pero no se preocupen, El día de los bárbaros no es ni mucho menos ficción, ni la novelización de unos hechos históricos. Babero nos presenta una intensa y documentada monografía y demuestra un gran dominio de la narrativa, lo que le lleva a construir un texto con una gran riqueza en detalles y un alto grado de veracidad histórica, todo ello, como les decía, de una forma amena que permite al lector entender fácilmente el contexto histórico y la descripción de las diferentes fases del conflicto y le impulsa a devorar la obra hora tras hora y en cualquier momento. Y para aquellos a los que el volumen o número de páginas de algunos libros de historia les pueda echar atrás, aún después de leer estas líneas, decirles que Barbero necesita tan solo 239 páginas para llevar a cabo todo lo indicado en esta reseña, de las cuales tan solo 208 pertenecen al relato propiamente histórico. El resto son notas y lecturas recomendadas para aquellos que quieran profundizar algo más en la batalla misma o en la época en la que ésta se produjo.

Alessandro Barbero

Por si fuera poco la obra nos permite conocer no solo el desenlace de la batalla, recuerden, uno de esos combates que marcan un antes y un después en la historia, sino las consecuencias de la derrota romana, y los esfuerzos de las autoridad imperial para recuperar el control de la situación.

No nos ha de extrañar la destreza literaria de Alessandro Barbero, que además de su ocupación como profesor de historia medieval en la Universidad del Piamonte Oriental, tiene experiencia en la ámbito de las publicaciones históricas, entre las que destacan Carlomagno, también editada en Ariel, o La batalla. Historia de Waterloo. Barbero es autor, también, de la novela Diario de Mr. Pybe: aventuras y desventuras de un gentilhombre americano en las guerras napoleónicas.

El libro de Barbero es, y aquí daré, si me permiten, mi opinión personal, una gozada de lectura, no solo por el tema analizado en ella, sino por la forma en la que es tratado (recuerden ameno, ágil y asequible) y por la capacidad del autor a la hora de relacionar hechos, datos y fuentes históricas con el objetivo de proveernos de un relato global y exhaustivo de un episodio histórico que algunos autores han considerado como uno de los acontecimientos clave para entender la posterior historia y el final del Imperio romano. Una pequeña joya del análisis y la difusión histórica que es al mismo tiempo un goce literario y que, además, y este es otro de sus aciertos, no requiere de grandes conocimientos previos por parte del lector, algo que la diferencia de muchas de las publicaciones históricas que podemos hallar en los abigarrados anaqueles de nuestras librerías.

En definitiva, una oportunidad ineludible para aquellos que disfrutan con la historia y que sienten curiosidad por aquellos hechos que, aunque muchas veces desconocidos o poco tratados, se erigen como hitos significativos del devenir de la historia de la humanidad.

Título: El día de los bárbaros, la batalla de Adrianópolis, 9 de agosto de 378
Autor: Alessandro Barbero
Editorial: Ariel
Colección: Grandes batallas
Páginas: 240
Fecha de publicación: 22/05/2007
ISBN: 978-84-344-5321-0
Formato: 15 x 22 cm.
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta
Precio: 19,50 €
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Crítica teatral: Violines y trompetas, en el Teatro Borràs.

El pasado 5 de marzo se estrenó en el Teatre BorràsViolines y trompetas, una de las obras de más éxito del teatro español contemporáneo y un “sentimental” recuerdo a Paco Morán, que interpretó uno de los papeles protagonistas de la misma en la década de los setenta. La pieza analiza, en clave de humor, las peripecias y las componendas sentimentales de los tres integrantes de un trío de música de cámara, encarnados por Joan Pera, Ferrán Rañé y Lloll Bertran.

El re-estreno del pasado lunes tuvo un alto componente de recuerdo y homenaje al dramaturgo Santiago Moncada, autor de la obra (que estuvo presente en el teatro) y a Paco Morán, uno de los grandes cómicos teatrales españoles y una de las claves del éxito de Violines y trompetas allá en el año 1977.

Y no era para menos ya que la ocasión se lo merecía, no solo por aquellos que formaron parte del elenco original sino por aquellos que integran el reparto en esta ocasión: Pera, Lloll (siempre Lloll) y Rañé, a los que acompaña la joven actriz Anna Gras.

La trama de la comedia puede parecer convencional si le echamos un rápido y superficial vistazo, aunque esconde en el texto y en su representación un juego de ideas y una riqueza de matices que la individualizan y le dan esos “puntos positivos” que la convierten en una comedia de éxito y humor asegurado.

Todo el entramado comienza en la casa de Gabriel (Ferran Rañé) e Irene (Lloll Bertran), dos de los componentes de un trió de música de cámara, en donde somos testigos de uno de los últimos momentos de pasión de la pareja. Parece que la magia se ha acabado y que la relación toca a su fin. La ruptura lleva a Irene a marcharse, no sin que se haya producido la inevitable discusión. Todo esto que les explico sería un episodio bastante cotidiano y normal, si me apuran, si no fuera porque Irene es la mujer de Rafael (Joan Pera), el tercer integrante del trío musical y Gabriel su mejor amigo y, por si esto fuera poco, la relación amorosa mantenida entre Gabriel e Irene tiene el visto bueno de Rafael.

Pero el lio no acaba aquí. Gabriel ha provocado la discusión con Irene con el objetivo de iniciar una nueva relación amorosa con una joven (Anna Gras) a la que conoció en un percance ocurrido en el metro, y de la que está rabiosamente enamorado. El objetivo de Gabriel será, pues, conseguir que Irene y Rafael vuelvan a retomar su relación de pareja “oficial”, y conseguir, así, vía libre para su nueva conquista.

Como ven la historia, de la que no se preocupen que no explicaré el final, es una suma de contradicciones humorísticas con las que Santiago Moncada habla de la amistad, del amor y de las relaciones sexuales de un trío, compuesto por dos hombres y una mujer de edad adulta, y de la relación que se establece entre ellos.

Gabriel e Irene que son “la pareja”, en realidad son amantes; Rafael que es el esposo legítimo no solo “bendice” la relación de su esposa y su amigo, sino que la fomenta y la cuida como si fuera la suya propia. Gabriel se dispone a ser infiel con su pareja, asimismo infiel a su marido, y ha de conseguir que Rafael e Irene vuelvan de nuevo a estar juntos, para tener así el camino libre para consolidar su relación con María. Bueno… si les he de ser sincero, no sé si me he perdido yo mismo a la hora de explicar el argumento… Todo un lío, pero revestido con una capa de fino e inteligente humor y de unas interpretaciones magistrales repletas de humor y comicidad.

El epicentro de todo la trama no es otro que Joan Pera, que reinterpreta, de nuevo, su personaje favorito: Joan Pera. En Violines y trompetas, Pera interpreta al miembro más débil del trío musical, en el aspecto físico (altamente hipocondríaco) y en el aspecto anímico. Su actuación y su devaneo por el escenario le dan a su carácter la credibilidad necesaria para que nos creamos la situación en la que vive. Como no podía ser de otra forma, Pera deleita al público presente con su forma de actuar, con sus tics y con su humor “natural”, que inunda cada una de las obras de teatro (léase, comedias) que interpreta. Aunque en esta ocasión Pera cuenta con la asistencia de dos colaboradores de lujo: Lloll Beltrán, que interpreta a su ex esposa y actual amante de su mejor amigo, una mujer con carácter, temple y con unas necesidades sexuales difíciles de cubrir por un único compañero sentimental. Para cerrar este triángulo Rañé interpreta al amigo aprovechado y sin escrúpulos en lo que respecta a la pasión, que solo tiene en cuenta sus intereses, los cuales pondrán en marcha la representación. A este núcleo central se suma la actuación de Anna Gras que interpreta a María, la joven apasionada y enamoradiza que abre su corazón y su cuerpo a un solicito Rañé, al que rechazará cuando éste le pida una relación con algo más de consistencia.

Como se pueden imaginar el trío principal (Pera, Bertran y Rañé) es una “apuesta teatral” que asegura un sinfín de risas y carcajadas, no solo las contenidas en el texto original, sino las provocadas por los pluses de humor que aportan cada uno de ellos. Es necesario, aquí, advertir a aquellos que no digieren bien el humor “a lo Pera”. En este reestreno la obra se construye en base a la actuación y al humor del actor catalán. O sea, que ya saben…

A los demás, que sin duda son mayoría, les recomiendo el visionado de la obra. Una buena excusa para reír y pasárselo en grande con un humor que, desde la blancura y la inocencia de la época en la que fue creado y el “saber hacer” de su autor y, claro está, de su director, Miquel Gorriz, y de su reparto, hará las delicias de todos aquellos que quieran pasárselo bien con las desgracias y tribulaciones de los componentes de un trío musical que además de estar unido por la música, compartirán la amistad, el amor, las decepciones y las experiencias sexuales, todo ello en un orden estricto, claro está. No se olviden de que la obra fue escrita en la espléndida y libertadora década de los setenta…

Violines y trompetas” se representa en el Teatre Borràs desde el 25 de febrero de 2012.

Autor: Santiago Moncada
Dirección: Miquel Gorriz
Reparto: Joan Pera, Lloll Bertran, Ferran Rañé y Anna Gras
Escenografía: Elisabet Castells
Iluminación: Nani Valls
Vestuario: Miriam Compte
Caracterización: Toni Santos
Espacio sonoro: Pau de Nut / Alejandro Vera
Producción: Focus

Horarios: miércoles y viernes a las 21:00 horas; jueves a las 18:00 y a las 21:00 horas; sábado a las 18:00 y a las 21:30 horas y domingo a las 18:00 horas.
Precios: de 20 a 29 euros
Idioma: catalán
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Publicación: El Imperio grecorromano, de Paul Veyne.

El imperio grecorromano, de Paul Veyne, de editorial AKAL.

La separación de las cátedras de griego y de latín en el seno de la universidad perpetúa el mito de una distinción, incluso de una oposición, entre «Grecia» y «Roma». Sin embargo, el Imperio llamado «romano» fue en realidad grecorromano por más de una razón. En primer lugar por la lengua: sin duda la lengua vehicular que se practicaba en su mitad occidental era el latín, pero lo era el griego alrededor del Mediterráneo oriental y en el Próximo Oriente. Igualmente, la cultura material y moral de Roma surgió de un proceso de asimilación de esa civilización helénica que comunicaba Afganistán con Marruecos. Por último, el Imperio era grecorromano en un tercer sentido: la cultura era helénica y el poder romano; ésa es la razón por la cual los romanos helenizados pudieron continuar creyéndose tan romanos como lo habían sido siempre. El presente volumen sugiere una visión de conjunto y un análisis certero de esa primera «universalización» que constituye los cimientos de la Europa actual.

Paul Veyne nació en 1930 en Aix-en-Provence. Alumno de l’École Normal Supérieure y más tarde la l’École Française de Rome, fue nombrado profesor de Historia romana en el Collège de France en 1975. Ha publicado, entre otras obras, Cómo se escribe la historia (1972), ¿Creyeron los griegos en sus mitos? (1987), La sociedad romana (1991) y El sueño de Constantino (2008). En Akal ha publicado Los misterios del gineceo (2003) con Françoise Frontisi-Ducroux y François Lissarrague.

Índice de materias:

Prólogo
I. ¿Qué era un emperador romano?
II. Los presupuestos de la ciudad griega o por qué Sócrates se negó a huir
III. ¿Existía una clase media en aquellos tiempos lejanos?
IV.  La identidad griega contra y con Roma: «colaboración» y vocación superior
V. Palmira y Zenobia entre Oriente, Grecia y Roma
VI. El arte de Palmira: «universalización», semejanza, frontalidad, ojos alucinados
VII. Objetivos del arte, propaganda y fasto monárquico
VIII. Culto, piedad y moral en el paganismo grecorromano
IX. Paganos y caridad cristiana ante los gladiadores
X. Los problemas religiosos de un pagano inteligente: Plutarco
XI. Pasión, perfección y alma material en la utopía estoica y en san Agustín
XII. La toma de Roma en el año 410 y las grandes invasiones
XIII. ¿Por qué el arte grecorromano llegó a su fin?

Título: El imperio grecorromano
Autor: Paul Veyne
Editorial: Akal
Colección: Universitaria
Traductor: Elena Del Amo
Materia: Historia
Dimensiones: 13,5×22
N.° páginas: 816
Año edición: 2009
Precio: 60 €
ISBN: 978-84-460-2465-1

Crítica literaria: Gala Placidia, Reina de los bárbaros, de Rufino Fernández.

En octubre del año 2010 la editorial Edhasa publicó Gala Placidia, Reina de los bárbaros, la tercera novela del escritor Rufino Fernández (la segunda en el género de la novela histórica). Si en su primera novela histórica Fernández nos trasladaba al gran conflicto militar que se produjo entre cartagineses y romanos a finales del siglo III a.C., en su nueva novela el autor nos permite ser testigos de uno de los momentos que, por sus consecuencias políticas, es uno de los de mayor trascendencia para la historia de Occidente: los años de crisis, decadencia y posterior desaparición, al menos en su parte Occidental, del Imperio romano.

Fernández ha escogido para retratar literariamente este período a la emperatriz Gala Placidia (392-450 d.C.) una de las figuras políticas más fascinantes y con mayor ambición del Imperio romano del siglo V d.C. Aún así, y aunque pueda parecer una contradicción, podríamos decir que Placidia no es, ni mucho menos, el personaje central a partir del cual Fernández crea su novela. La obra está organizada como un relato de múltiples entradas narradas desde el punto de vista de diferentes personajes históricos que junto a Placidia protagonizaron la historia de aquellos «años decisivos» y en las que hallamos a Honorio, hermano de Placidia y emperador de Occidente; a su consejero Olimpio; al general Estilicón y a su esposa Serena, prima y rival de Placidia; a los visigodos Alarico, Saro y Ataulfo; a Pulqueria, la hermana de Teodosio II, el emperador de la parte oriental…

Fernández ha decidido, de esta forma, construir una narración coral, desde múltiples puntos de vista, para darnos una visión mucho más global de la historia de un periodo que, aunque menospreciado por muchos, representó una época clave para el futuro.

Una vez dicho esto, hablemos un poco de la trama. Gala Placidia. Reina de los bárbaros, como decía antes, nos ubica en el período de años que va del 401 al 415 d.C. El Imperio romano se ha recuperado de la crisis visigoda acaecida tras la gran derrota del ejército oriental a manos de los visigodos en Adrianópolis, en el año 378, gracias, en gran medida a la actividad y al pragmatismo del emperador Teodosio. Tras la muerte del gran emperador son ahora sus hijos, Honorio en Occidente y Arcadio en Oriente, los que gobiernan las dos partes del imperio.

Aunque no todos están de acuerdo con esta repartición del poder. Gala Placidia, sin duda alguna la más dotada de los hijos de Teodosio pero relegada a un simple papel «decorativo» por su condición femenina, ha aspirado desde pequeña a alcanzar la púrpura imperial. Si bien Placidia no es la única que aspira al poder. Serena, la mujer de Estilicón, el hombre fuerte de Roma, pretende hacer recaer el poder si no en su marido si en su hijo Eucherio, miembro como ella de la dinastía imperial.

Toda esta lucha por el poder imperial se lleva a cabo en un ambiente atenazado por la amenaza germánica. Desde que penetraron en territorio romano los visigodos, y a su frente el rey Alarico, han llevado a cabo una política de continuo chantaje a la autoridad imperial, actividad que está acompañada, también, por la voluntad si no de ejercer directamente el poder en Roma (o mejor dicho, en Ravena) realizarlo de una forma indirecta, y basada en la fuerza y la intimidación generada por sus violentos guerreros.

Es por tanto la novela de Rufino Fernández una historia que nos habla del poder en una época, el Imperio romano tardío, en la que toda la autoridad estaba concentrada en la persona del emperador y en su camarilla. Una novela de ambiciones y pretensiones políticas en las que acostumbraban a estar implicados un número nada despreciable de los personajes de la corte y de la familia imperial.

Rufino crea un ambiente típico para su novela, en el sentido de la imagen que desde nuestra época se ha tenido y se tiene de aquella centuria en la que despareció el poder romano en Occidente. Una visión de corrupción e inmoralidad que afectaba a los más altos estratos de la política y, también, de la Iglesia, en estos momentos una fiel aliada del poder. Un ejemplo claro de esto lo representan las páginas dedicadas por Fernández al emperador Honorio y a su principal consejero Olimpio, en las que la malicia y la crueldad están siempre presentes.

Aún así, la novela nos transporta a una época de cambio y a unos años donde todo estaba en continua transformación, como era el caso del debilitamiento del poder imperial; la acumulación de poder en manos de la Iglesia, la progresiva instalación de los germanos en suelo imperial… aspectos que nos irán dirigiendo cada vez más al mundo medieval. Es en este marco que Rufino nos relata la vida y las ambiciones de Gala Placida, hija de emperador, hermana de emperador y madre de emperador, una protagonista algo insólita si tenemos en cuenta que en la época en concreto el papel de la mujer en la vida pública era poco más que testimonial.

Rufino nos presenta a una Placidia, joven y ansiosa por alcanzar lo que creía que le pertenecía por herencia. De esta forma su lucha se desplegará en varios frentes: ante la autoridad y la indiferencia de su hermano Honorio y de su secuaz Olimpio; en la competencia con su prima Serena o en sus relaciones con los visigodos, un hecho, este último, que sobre todo marcará la parte final de la novela. Ya que, como sabemos, Gala Placidia fue capturada por los visigodos de Alarico durante el famoso saqueo de la ciudad de Roma en el año 410, hecho que propicio el acercamiento entre Gala y Ataulfo, sucesor de Alarico. La novela, pues, no solo analiza el mundo romano del momento, sino que también nos transporta al mundo germano al que Gala se vio reducida durante algunos años. Un marco histórico, sin duda, al que no estamos acostumbrados en la novela histórica, y menos en el marco de la novela histórica hispana.

Rufino Fernández nos ofrece un fresco histórico plagado de tópicos y de imágenes clásicas. En su relato la violencia está muy presente, y sorprende el detallismo que el autor utiliza a la hora de describir los actos de sangre, muy presentes en la política y en el día a día de la época. Un hecho que sin duda diferencia su libro de la multitud de novelas históricas que no son tan preciosistas en este aspecto.

Otro de los elementos que individualiza la obra es la descripción del saqueo de Roma por parte de los visigodos en el año 410, un episodio histórico del cual nunca había sido testigo en formato literario el que estas líneas escribe. Todo un gustazo si bien el relato de este acontecimiento histórico está muy centrado en la búsqueda y el rapto de Placidia, por lo que pierde la fuerza política, emotiva y simbólica que el hecho tuvo, incluso, en la época.

Como le decía, Gala Placidia, Reina de los bárbaros es un relato histórico en el que tienen un gran peso la política y las ambiciones políticas, en la que también estará presente, aunque de forma secundaria (y sin demasiado sentido, si me permiten la opinión) la parte oriental del Imperio romano, aquella que se centraba en la ciudad de Constantinopla y que, con el tiempo, llegaríamos a conocer como Imperio bizantino. La novela es un auténtico placer para aquellos que gozamos con el relato político de la historia, sea de la época que sea, y que disfrutamos visitando los grandes hechos políticos y a los grandes personajes que dirigen, con la batuta de sus sentimientos, sus ambiciones y sus actuaciones, los destinos de la mayoría. Si es usted uno de ellos no dude, hágase con un ejemplar de la novela y sumérjase de pleno en el siglo V d.C., y conozca de primera mano, aunque sea un relato de ficción, la historia de una mujer que marcaría, sin duda, el destino de un Imperio.


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Título:
Gala Placidia. Reina de los bárbaros
Autor: Rufino Fernández
Editorial: Edhasa
ISBN: 9788435062091
Formato: Tapa dura / 15 x 23 cm
Número de páginas: 576
Precio: 25 €
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez