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Exposición: Lee Friedlander, en la Fundación Mapfre (Madrid)

La Fundación MAPFRE (Madrid) inauguró el pasado jueves 1 de octubre la exposición Lee Friedlander, un completo recorrido cronológico por la extensa obra del fotógrafo estadounidense, destacando algunos de sus proyectos más significativos, como American Monuments, y con una notable presencia de publicaciones (uno de los aspectos de su carrera a los que el propio Friedlander ha dedicado siempre una especial atención) y otros materiales documentales con los que podemos conocer la compleja obra de uno de los fotógrafos más influyentes de nuestro tiempo.

Reconstruir la heterogénea obra de Lee Friedlander supone sumergirnos en un mundo cargado de elementos cotidianos y reconocibles pero que, en una observación más detenida adquieren un significado distinto, más completo. Considerado uno de los artistas fundamentales del siglo xx y tras más de sesenta años fotografiando a diario, continúa en la actualidad renovando su lenguaje. En esa búsqueda de metáforas visuales de difícil comprensión, pese a su aparente cotidianidad, su mirada crítica, ha reflejado, aun con unos propósitos estrictamente formales, la enormidad y el caos de la sociedad americana.

La exposición propone un recorrido cronológico completo por su extensísima obra. Un trabajo que casi siempre agrupa en series, conjuntos de fotografías desarrollados a lo largo de varios años. En la exposición se subraya la importancia de estos proyectos, que, con frecuencia, se concretan en libros, otra de sus pasiones: The Little Screens, The American Monument o America by Car son sólo algunos de ellos. Pero también se muestran asociaciones temáticas o estilísticas que agrupan cerca de trescientas cincuenta fotografías entre retratos, autorretratos, fotografías familiares, naturaleza, paisaje urbano, etc. Entre estas se incluyen diecisiete pertenecientes a las Colecciones Fundación MAPFRE, además de otros materiales, como vinilos de jazz y alrededor de cincuenta publicaciones.

Exposición: Lee Friedlander
Lugar: Fundación Mapfre (Madrid)
Dirección:
Paseo de Recoletos, 23, Madrid
Fechas: del 1 de octubre de 2020 al 10 de enero de 2021
Precio: 3€ (entrada reducida 2€, entrada gratuita los lunes no festivos)

Crítica: Dirty Dancing, en el teatro Olympia de Valencia

Dirty Dancing fue uno de aquellos superéxitos cinematográficos de los años 80 interpretado por Patrick Swayze y Jennifer Grey que todo o casi todo el mundo ha visto, y si no, ha oído alguno de los temas que aparecen en su banda sonora, ya sea el Hungry eyes de Eric Carmen, el Do you love me de Berry Gordy Jr o el temazo final del film (I’ve had) The time of my life. De ahí que la idea de crear un musical basado en la película sea un éxito asegurado. A principios de este mes de septiembre Dirty Dancing el musical recaló en Valencia, en el teatro Olympia, para iniciar una gira post-confinamiento que le llevará en el mes de diciembre a Cartagena y Bilbao y a Murcia en enero del año que viene.

“En el verano de 1963, Frances “Baby” Houseman, una jovencita de diecisiete años, se encuentra atrapada en unas aburridas y monótonas vacaciones junto a su familia en las montañas de Catskill de Nueva York. Sin embargo, la situación cambia cuando durante una fiesta en el hotel, se topa con el guapo y famoso profesor de baile Johnny Castle. Baby, además de aprender unos cuantos pasos de baile, cambiará su vida para siempre”.

La historia, ya conocida por todos y todas, nos narra las aventuras estivales de la joven e idealista Baby (Sara Ávila), que a través de la música y el baile conocerá algo más del mundo de lo que hasta ese momento abarcaba su vida en el seno de una familia bien situada. El espectáculo está ideado como una fiel adaptación de la película y nos irá mostrando escena tras escena, acto tras acto, la historia que nos narraba el film protagonizado por Swayze y Grey, a lo que se suman algunas escenas y temas musicales más.

Dirty Dancing, el espectaculo - the time of my life

El escenario, de reducidas dimensiones, nos muestra el centro vacacional al que acude la familia Houseman, con todo un decorado y toda una serie de movimientos que permiten al espectador situar la acción. También se utilizan efectos especiales para simular, por ejemplo, la escena de entrenamiento en el lago, seguramente una de las más recordadas de la película.

Pero lo que predomina por encima de todo son las actuaciones, las canciones y las coreografías que acompañan a la representación. Es este el plato fuerte de Dirty Dancing y en parte cumple las expectativas. La acción del musical está acompañada de bailes y de canciones, algunas icónicas del film y que forman ya parte de la cultura popular de los 80. Por eso algunos de los momentos estelares son, sin duda, las escenas de los ensayos de Baby y Castle acompañada del tema Hungry Eyes, la escena de baile clandestino en el que participan los trabajadores del hotel o, y no podía ser de otra forma, la escena del baile final de despedida con la canción (I’ve had) The time of my life. Todo listo y preparado pero representado a un ritmo entre escena y escena demasiado rápido, lo que no ayuda a alcanzar en algunos momentos la intensidad que el espectáculo debería.

Respecto a las interpretaciones, los roles principales están interpretados en esta ocasión por Dany Tatai (Johnny Castle) y Sara Ávila (Baby), acompañados por Fanny Corral que interpreta a la profesora y compañera de baile de Castle, Paco Morales y Lucía Torres que encarnan a los padres de Baby y Lilian Cavale que da vida a la hermana de esta.

Ya lo sabéis, todo está dispuesto para revivir en primera persona y en directo las emociones que Dirty Dancing dejó en la memoria de muchos y muchas que disfrutaron de la película allá en los años 80, y que la magia del teatro nos permite disfrutar en la gira que el musical sigue realizando este 2020 por diversos escenarios españoles.

“Dirty Dancig” se representó en el Teatro Olympia de Valencia del 1 al 6 de septiembre de 2020.

Director: Federico Bellone
Escritura: Eleanor Bergstein
Coreografía: Gillian Bruce
Diseño Escenografía: Roberto Comotti
Diseño Vestuario: Jennifer Irwin
Iluminación: Valerio Tiberí
Diseño Audio: Armando Vertullo
Reparto: Sara Ávila, Dani Tatay, Fanny Corral, Paco Morales, Lucía Torres, Lilian Cavale, Alvaro Blazquez, Jorge Galaz, Javier Ramos, María Gago, Oriol Anglada, Pedro Ekong, Enrique Cazorla, Ángel Lara, Alba Feliu, Eduardo Llorens y Laura Caurín
Producción: Letsgo, Lionsgate, Magic Hour Productions y Show Bees

Gira Dirty Dancing 2020 – 2021:
Cartagena: del 10 al 13 de diciembre de 2020
Bilbao: del 25 de diciembre de 2020 al 24 de enero de 2021
Murcia: del 28 al 31 de nero de 2021
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Jorge Pisa

Crítica teatro: Here comes your man, en el Teatre Gaudí

La infancia y los traumas asociados a ella están muy ligados a nuestro comportamiento en edad adulta, por lo que reflexionar sobre sus formas y sus causas es una buena excusa para ver Here comes your man en el Teatre Gaudí, obra escrita por Jordi Cadellans, dirigida por él mismo y Raül Tortosa e interpretada por Sergi Cervera y Marc Ribera.

«Los antiguos alumnos de una escuela religiosa se han reunido el fin de semana en un pequeño hotel en las afueras de la ciudad para rendir homenaje y celebrar la jubilación de quién fue su tutor. Las obras en el edificio han hecho que a Morales (Marc Ribera) y Torres (Sergi Cervera) les toque compartir habitación. No fueron demasiado amigos en clase y ahora parece que tampoco tengan mucho en común. La conversación que se iniciará entre ellos les llevará a recordar el episodio de bullying que hizo la vida imposible a Morales hasta el punto de dejarlo marcado para siempre».

Preparaos para asistir a una representación que no va a dejar indiferente a nadie, no solo porque toca un tema actual, duro y difícil como es el bullying, sino por la forma directa e intrigante en la que lo trata. La obra da inicio con la llegada de los dos alumnos a la habitación que comparten en el hotel. Uno de ellos más grave y retraído y el otro más directo y con don de gentes, dos caracteres que marcarán las diferencias entre el uno y el otro.

Here comes your man_1

El dilema aparecerá cuando en la conversación hagan acto de presencia los recuerdos de la escuela y de las vivencias de cada uno de ellos: Torres en el bando de los ganadores y Morales, un alumno afeminado, en el bando de los diferentes… de los perdedores. A partir de este momento el publico asistirá a una batalla dialéctica entre ambos personajes en la que el juego del gato y el ratón, entre el fuerte y el débil, el acosador y el acosado se irán intercambiando a medida que avance la representación. A lo que se suman constantes giros en los acontecimientos entre lo que pasó en el pasado y lo que pasa en el presente que acrecientan el interés del público hasta el final de la obra.

Here comes your man és un tour de force entre los dos actores protagonistas. Marc Ribera interpreta a Morales, que en la escuela sufrió acoso por su orientación sexual por parte de sus compañeros y también del propio colegio y que no lo ha podido superar aún. Sergi Cervera da vida a uno de aquellos del grupo de los guays que existe siempre en cualquier colegio. El primero con una actuación afectada por las consecuencias de su paso por la escuela, el segundo con un registro más abierto, como alguien acostumbrado a conseguir lo que quiere, aunque ello no sea un seguro para ser feliz en la vida. Aunque las dos interpretaciones alcanzan un alto registro, la de Ribera destaca por lo intenso y funesto de la misma, ayudada por un texto teatral encaminado a ensalzar su caracterización.

Cabe destacar también a su autor, Jordi Cadellans, por lo afilado y cortante del texto, que acierta al tocar un tema tan peliagudo, esto es, la homosexualidad y el acoso vinculado a ella, de una forma tan cruda como lo trata y con un juego constante de cambio de roles que incrementa la intensidad de la obra, aunque a veces pueda aparecer algo artificioso. Raül Tortosa ha sabido, además, dirigir a los actores en un esfuerzo escénico muy intenso y ha sabido darle el toque directo que la obra necesita.

Here comes your man es un ejemplo de acierto de teatro contemporáneo interesado en analizar problemas del presente desde una perspectiva realista y descarnada que propicia, seguro, el debate post-representación. Una propuesta que estará en el Teatre Gaudí hasta el próximo domingo 27 de septiembre.

«Here comes your man» se representa en el Teatre Gaudí del 13 de agosto al 27 de septiembre de 2020.

OBRA PRORROGADA: DEL 6 AL 22 DE OCTUBRE DE 2020
NUEVO HORARIO: martes y miércoles a las 20:30 horas y jueves a las 21:30 horas

Autor: Jordi Cadellans
Dirección: Jordi Cadellans i Raül Tortosa
Reparto: Sergi Cervera y Marc Ribera
Diseño escenografía: Ricard Martí y Sergi Cervera
Vestuario: Tarambana Espectáculos
Iluminación y espacio sonoro: Betho Carvajal y Sara Esquivel
Composición musical: Momo Cortés
Producción: Tarambana Espectáculos

Horarios: de jueves a sábado a las 21:30 horas y domingo a las 20:30 horas.
Precio: 18€
Idioma: catalán
Duración: 85 minutos
NOTA CULTURALIA: 8,5
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Jorge Pisa

Crítica teatro: Esperando a Godot, en el Teatro Reina Victoria de Madrid

El teatro, casi siempre, nos permite reflexionar sobre las contradicciones y los sinsabores de la vida. Se convierte, así, en una herramienta de introspección personal sobre temas que importaron en el pasado o temas candentes en la actualidad. Algo de todo esto lo tiene Esperando a Godot, obra representativa del teatro del absurdo escrita por Samuel Beckett a finales de los años 40 del siglo XX, dirigida para la ocasión por Antonio Simón e interpretada por Pepe Viyuela, Alberto Jiménez, Juan Díaz, Fernando Albizu y Jesús Lavi, que estará hasta el próximo 27 de septiembre en la cartelera del teatro Reina Victoria de Madrid.

«Vladimir (también llamado Didí, interpretado por Alberto Jiménez) y Estragón (conocido como Gogó, Pepe Viyuela) esperan la llegada de Godot junto a un camino, al lado de un árbol. Pasan el tiempo conversando y a veces discutiendo. Les interrumpe la llegada de Pozzo (Fernando Albizu), un hombre cruel que afirma ser el dueño de la tierra donde se encuentran, y que lleva atado del cuello a su criado Lucky (Juan Díaz), a quien parece controlar por medio de una larga cuerda. Tras la partida de Pozzo y Lucky, un Muchacho (Jesús Lavi) llega con un mensaje de Godot: “Aparentemente, no vendrá hoy, pero vendrá mañana por la tarde”.

La obra, la espera de un tal Godot por parte de dos amigos, Didí y Gogó, y todo lo que acontece mientras tanto, es la excusa con la que Beckett pretendía reflexionar, en clave de comedia oscura, sobre la vacuidad de la existencia y la inconsistencia de la comunicación humana. La espera se produce en un páramo desierto en el que solo aparecen las vías abandonadas de un tren y un árbol muerto, y en el que la humanidad de Didí y Gogó se nos hará evidente. No sabemos quiénes son, parecen mendigos y no sabemos a quién esperan ni por qué. Si bien sabremos que se conocen desde hace años y que comparten lo difícil de los tiempos. A ellos se sumarán, en el segundo acto de la representación, Pozzo y Lucky, personajes que nos demostrarán lo injusto de las convenciones sociales y el egoísmo del que se nutre la sociedad occidental.

Esperando a Godot_1

Simón consigue crear una atmósfera en la que lo absurdo de Beckett se manifiesta de una forma conmovedora, con una dirección sutil pero a la vez diestra que permite deambular a los personajes sobre el escenario y mostrar su naturaleza «becketiana». Un trabajo de dirección atento que posibilita a los actores alcanzar la cota de actuación necesaria para la representación de una obra cargada del sentido de «lo absurdo» como esta. Pepe Viyuela y Alberto Jiménez consiguen transmitir la fuerza de unos personajes desquiciados que se quieren y que son conscientes de que la sociedad puede que no les quiera a ellos, en una espera que no tiene sentido en lo particular pero sí en lo trascendental. Los personajes principales están perfectamente arropados por Fernando Albizu y Juan Díaz, que materializan con sus roles la desigualdad propia de nuestra sociedad occidental. A ellos les acompaña Jesús Lavi como vocero de Godot, el cual, aunque presente no descubriremos nunca.

Una especial mención a la escenografía y a la iluminación decadente a la vez que poética que sirven de base al desarrollo de la acción escénica y a un vestuario de tonos fríos que refuerzan el sinsabor de todo lo que acontece ante nuestros ojos.

Esperando a Godot es una buena ocasión para ver qué nos pueden decir los clásicos, sí, también los del siglo XX, en estos tiempos difíciles y melancólicos y para disfrutar de una propuesta teatral con un tono oscuro que nos recuerda que el alma humana está sola cuando la colectividad hace oídos sordos a sus exigencias.

«Esperando a Godot» se representa en el teatro Reina Victoria de Madrid del 3 al 27 de septiembre de 2020.

Autor: Samuel Beckett
Dirección: Antonio Simón
Reparto: Pepe Viyuela, Alberto Jiménez, Juan Díaz, Fernando Albizu y Jesús Lavi
Diseño de escenografía: Paco Azorín
Diseño e iluminación: Pedro Yagüe
Vestuario: Ana Llena
Espacio Sonoro: Lucas Ariel Vallejos
Productor: Pentación

Horarios: de miércoles a viernes a las 20:00 horas; sábado a las 18:00 y a las 21:00 horas y domingos a las 19:00 horas
Precio: de 24€ a 28€
Duración: 110 minutos aproximadamente
Idioma: castellano
Edad recomendada: mayores de 14 años
NOTA CULTURALIA: 8,5
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Jorge Pisa

Crítica teatro: I Want U Back, homenaje a Michael Jackson, en el teatro EDP Gran Vía de Madrid

No hace falta que os recuerde que la pandemia de Covid-19 ha hecho estragos en la vida cultural y de ocio de nuestro país. Aún así el mundo de la cultura, y el teatro en concreto, ha hecho y hace un gran esfuerzo por mantener su actividad sin riesgo para los espectadores que quieren regresar a esa «nueva normalidad» tan deseada por todos.

Este es el caso de I Want U Back un nuevo espectáculo homenaje a Michael Jackson que subió el telón en el Teatro EDP Gran Vía en Madrid el pasado 5 de agosto y que estará en cartelera hasta el próximo 27 de septiembre. Una nueva oportunidad de disfrutar con los grandes éxitos de la música pop y del genio de un artista que reinó en el panorama musical mundial en los 70, los 80 y parte de los 90.

La propuesta de Smedia con dirección de Dani HDZ, coreografía de Alex Manga y producción de Ópera y Acción, permite revivir en un formato cercano al concierto los hits del rey del pop con una presentación sencilla en la que no están presentes locutores, audiovisuales efectistas ni parafernalias de efectos especiales, sino que se centra en la interpretación en directo de las canciones popularizadas por la megaestrella del pop. Y ¿cómo lo hace?

Pues bien, con música y músicos en directo, esto es importante, con un cantante, David Ortighosa, con un portentoso parecido en la voz con Jackson, que proporciona al espectáculo la base del homenaje musical; con SacMjj (Adrián Álvarez) el doble que encarna a la perfección la imagen del ídolo del pop, confundiéndose con él en diversos momentos; un apoyo musical con los cantantes Yasmina Azlor y Alex Dee, y un reducido grupo de danza que da cobertura a las diversas coreografías popularizadas por Jackson en sus vídeos.

I Want U Back_homenaje a Michael Jackson_1

Todo ello, bien dispuesto, combinado y ejecutado, crea la fantasía buscada, esto es, la ilusión de asistir a un concierto en vivo de Michael Jackson en el que nos encontraremos con la mayoría de sus hits y sus trazos más reconocibles. Un concierto-homenaje incluso emotivo en algunos momentos, en el que sus integrantes nos permitirán gozar y recordar aquellos años de nuestra vida en los que nos acompañaron los grandes temas de Jackson.

Puntos en contra: muy pocos. El primero el reducido aforo que la situación sanitaria provocada por el Covid-19 genera actualmente en todos los espectáculos en directo, y que el público se esfuerza en vencer con sus ganas de disfrutar de la música de Jackson. El segundo, que algunos temas se quedan en el tintero, y en mi caso dos de los más emotivos, como lo son Earth Song y Heal the World. Sin embargo, a su favor está el repertorio del espectáculo que incluye grandes temas como Human nature, Blame it on the boogie, Smooth criminal, She’s out of my life, The way you make me feel, Beat it, I just can’t stop loving you, Billie Jean, Thriller, Man in the mirror o Black or white y que finaliza con una versión a varias voces del We Are the World, escrito en el año 1985 por Michael Jackson y Lionel Richie y producido por Quincy Jones para la campaña USA for Africa.

En resumen, una nueva oportunidad de revivir la magia de la música del rey del pop y de saborear de nuevo aquellos días en los que las radios, las televisiones y las pistas de baile (y por supuesto también los walkmans…) quemaban las temas de Jackson.

«I Want U Back, homenaje a Michael Jackson» se representa en el teatro EDP Gran Vía de Madrid del 5 de agosto al 27 de septiembre de 2020.

Director Musical / Guitarra: Dani HDZ
Asistente Dir. Musical / Batería: Quim Castelló
Bajo y sinte bajo: Miki Santamaria & Nico Mellon
Teclados: Ricardo Padilla & Arty Party
Elenco: DaBeat (David Ortighosa) y SacMjj (Adrián Álvarez)
Coros: Yasmina Azlor y Alex Dee
Coreógrafo y bailarín: Alex Manga
Bailarines: Marisa Pareja, Vicky Gómez, Tania Simón, Robert Flow y Borja Palacios
Jefe Técnico: Eduardo Moreno (Príamo)
Regidora: Tania R. Gago
Productora: Ópera y Acción

Horarios: de martes a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 19:00 y a las 22:00 horas y domingos a las 19:00 horas
Precio: desde 15€
Duración: 120 minutos
NOTA CULTURALIA: 8
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Jorge Pisa

 

Lecturas de verano: Espacio prohibido y La percepción perdida

El mes de agosto es uno de los más adecuados para la lectura de descanso, relajación y evasión. Por eso vale la pena preparar bien los libros que uno inicia en este mes. Yo habitualmente me decanto por la novela histórica y, sobre todo, por la ciencia-ficción, que son, para los que seguís habitualmente este blog, dos géneros muy estimados en Culturalia.

Siempre hay en casa lecturas que están esperando su momento, ya sea para triunfar o para fracasar en el intento. Para este mes de agosto escogí dos títulos clásicos, por no decir antiguos: Espacio prohibido, de Paul Bera y La percepción perdida, de Daniel F. Galouye.

El primero de ellos pertenece a la colección Anticipación de la editorial Libroexpres. Esta serie de bolsilibros publicada entre 1979 y 1980, es considerada híbrida por José Carlos Canalda por contener obras de autores extranjeros y españoles, algo que no pasaba en las colecciones más “serias” que pretendían llevar al lector lo mejor del género de ciencia-ficción, principalmente a obras de autores norteamericanos.

Esta colección era una «filial» de la francesa Fleuve Noir, ya que se nutría de traducciones españolas de sus obras. La colección tenían un formato de 170 x 100 mm, intermedio entre los clásicos bolsilibros y los libros de bolsillo, y alcanzó los 31 números, siendo todos sus autores franceses excepto en el último de sus números escrito por Pedro Guirao.

Espacio Prohibido, de Paul Bera.

Espacio prohibido_Paul Bera

¿Qué extraña civilización se había adueñado del III planeta de Altair? ¿Qué cruel dictadura domina brutalmente a los humanos que la habitan? ¿Qué ocurre con la nave Plutón, que ha logrado huir de dicho planeta y se adentró hacia el Espacio Prohibido? ¿Qué es el Espacio Prohibido y qué se oculta en sus inconmensurables distancias?
Una cruel tiranía se adueña de Altair.
El cerebro que vigila el universo amenazado de extinción.
¿Qué espeluznante vida existe en las inmensidades del espacio prohibido?

Espacio prohibido es una novela típica de lo que podríamos considerar un bolsilibro sin formato bolsilibro. Pertenece a la serie Robi le robot de Paul Bera, autor francés que utilizó diferentes pseudónimos y especializado en novelas de aventuras, detectives y ciencia ficción. Dos de las aventuras del robot Robi se publicaron en esta colección, Espacio Prohibido y Los enigmas luminosos (1978).

No os esperéis más que una aventura espacial sin demasiada profundización. Unos personajes de los que poco conoceremos entre los que destaca el robot Robi, protagonista principal de la serie; una tiranía en el planeta Altair III de la que casi nada sabremos; un espacio prohibido del que nunca conoceremos su naturaleza y un cerebro espacial que lo sabe todo pero del que el lector desconocerá también casi todo. En este contexto se desarrolla la aventura de Robi, Stan, Guerix y Nora que intentarán liberar al planeta Altair III de la dictadura.

Una lectura que solo interesará y/o agradará a los fans de los bolsilibros y a aquellos a los que no les apetece profundizar demasiado en la lectura y que disfrutan de las aventuras con un toque de ciencia, de ficción y de espacio interestelar.

La percepción perdida, de Daniel F. Galouye.

La percepcion perdida_Daniel F Galouye

La segunda lectura escogida es La percepción perdida de Daniel F. Galouye, una novela post-apocalíptica a la que se le suman elementos de invasión extraterrestre e intriga.

¿Dependía la epidemia cósmica que diezmaba a la humanidad de la llegada de los valorianos, como aseguraba el Poder central? ¿Qué pretendían esos hombres sin uñas y sin pelo, con poder para detectar la verdad en las otras mentes? ¿Ayudar a los hombres o combatir al Departamento de Seguridad terrestre? Arthur Gregson, ingeniero americano y Kenneth Wellford, su amigo británico, agentes científicos de seguridad, investigan el enigma de los valorianos y el origen de la epidemia, hasta que adquieren también el hábito de percibir la radiación reveladora.

La novela se publicó en castellano en el año 1974 por la editorial Veron en su colección Erus Ciencia Ficción, que según el portal Tercera Fundación estuvo activo entre 1971 y ese mismo año y cuyos volúmenes poseían unas portadas muy particulares. He localizado poca información al respecto. Según el ejemplar la colección constaba de 18 números, entre ellos tres de Galouye, hecho este confirmado por el portal Tercera Fundación.

Galouye, autor norteamericano, escribió cinco novelas, cuatro de ellas traducidas al castellano, a lo que se suman diversos relatos cortos. Periodista de profesión, ejerció de instructor y piloto de pruebas durante la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces cuando recibió importantes heridas en la cabeza, que le provocaron problemas de salud y que le ocasionaron su muerte temprana en el año 1976.

La percepción perdida nos sitúa en un mundo devastado por la guerra nuclear en el que se está extendiendo una extraña epidemia entre la población superviviente y que parece estar provocada por la oscura actividad de los extraterrestres valorianos. El ingeniero Arthur Gregson se verá empujado a descubrir qué es lo que realmente está pasando y cuáles son las verdaderas intenciones del Departamento de Seguridad Terrestre, que con una base planetaria está intentando aplacar los embates de la epidemia y la actividad subversiva de los valorianos en la Tierra.

Como decía, la novela mezcla ciencia-ficción, aunque sorprenda que la acción se sitúe a finales del siglo XX, una trama de invasión alienígena y otra, que se desarrolla a lo largo de toda la novela, que podríamos clasificar de intriga o thriller, ya que el personaje principal se debatirá entre las extrañas estratagemas llevadas a cabo por el Departamento de Seguridad Terrestre y descubrir si los valorianos son realimente amigos o enemigos.

Galouye crea una novela interesante que mantiene enganchado al lector, sobre todo en su mitad primera, ya que la duda y la intriga por descubrir que es lo que realmente está pasando se desarrolla de forma atractiva. Si bien es cierto que la segunda parte de la novela se convierte casi en una trama detectivesca y pierde parte de su pretendida profundidad. Aún así la novela está bien escrita y transmite intensidad, y es de fácil lectura, y más en este extraño mes de verano.

En resumen, un par de lecturas fáciles que permiten descubrir, casi arqueológicamente, el pasado de la publicación de la ciencia-ficción en castellano y que nos transportan a un futuro en el que la aventura y las peripecias humanas están, por suerte, aún aseguradas.
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Jorge Pisa

Un verano de los de antes… con coronavirus

Hoy iba a publicar una entrada de estilo vintage para recordar aquellos veranos de los de antes a los que nos ha abocado el Covid-19. Iba a recordar aquellos tiempos en los que no se viajaba tanto (fuera de España), cuando en verano lo máximo que uno podía esperar era volver al pueblo, a la urbanización o a la casita de veraneo, para pasar allí las calurosas jornadas de verano casi incomunicado, por cierto, ya que no existían aún toda esa miríada de dispositivos de comunicación tan omnipresentes hoy en día.

Iba a escribir que en aquellos días uno se instalaba en su residencia de descanso estival y recuperaba las actividades propias del verano: playa, piscina, descanso en todo tipo de hamacas o tumbonas, visionado de series “de mediodía”, ingesta de “polos” o helados (aquellos que podían), gravitando en un descanso placentero que lo invadía todo.

Iba a escribir que era en esos momentos del año cuando uno recuperaba el trato con las amistades de verano, con las que compartía esos días de calor para soportarlos mejor. Era ese el momento en el que, si eras pequeño o joven, en esos años de dorada efervescencia, disfrutabas de mayor libertad y experimentabas junto a tus amigos los sinsabores de la vida.

Iba a escribir todo eso… y algo más, pero al leer las noticias de esta mañana he cambiado en parte de opinión. Me ha angustiado y mucho la información sobre los rebrotes de Covid-19 en nuestro país, que aunque parece que no están descontrolados de forma general si que lo están en diversos punto de nuestra geografía.

He leído las declaraciones de Fernando Simón, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencia Sanitarias, que afirmaba que «Las cosas no van bien” y que “Podría haber muchos muertos», advirtiendo de las funestas consecuencias de no frenar el actual aumento de contagios y su petición a los influencers para que ayuden a concienciar a la población en general y a los jóvenes en particular.

Viendo como han ido las cosas y como están yendo, no solo aquí sino también en toda Europa (el otro día oí que a los negacionistas del Covid-19 les llaman en Alemania Covidiotas), uno es cada vez menos optimista en la capacidad de nuestro país, de nuestra sociedad, para poner freno a la expansión de la epidemia.

Siempre nos quejamos de lo mal que van las cosas, de lo mal que lo hacen los otros y de lo incapacitado de nuestro país para hacer frente a los grandes retos. Y esta sería una oportunidad para demostrar que eso no es cierto. Pero claro, los ejemplos positivos son más bien pocos: Un rey emérito que abandona nuestro país para instalarse en Emiratos Árabes Unidos; unos partidos políticos constantemente a la gresca y que nos muestran constantemente la ineptitud de muchos de sus integrantes; la corrupción campando a sus anchas y una crisis territorial que aún espera solución…

Un verano de los de antes_1

Y todos, o la mayoría, somos conscientes de los efectos que esta crisis sanitaria tiene para la cultura. Cines y teatros a medio gas, conciertos cancelados, actividades culturales en vivo anuladas, gente con miedo a salir de sus casas para evitar ser contagiados… Imagínense con un segundo confinamiento, algo que podría ser dramático para la economía de nuestro país y para la vida de millones de personas.

Todo parece ir mal, y mucho me temo que los peores augurios se van a ir confirmando poco a poco.

Nosotros no somos ni influencers ni nada que se le parezca, pero sí que queremos hacer un llamamiento a todos aquellos que nos leen y a los que no también, para que sean conscientes y serenamente responsables… La vida ha cambiado para todos y para todas, pero depende de todos y de todas, y parece que especialmente de los y las jóvenes, para que podamos superar dignamente esta crisis. Recuerda: mascarilla, distancia e higiene de manos, algo muy simple y que puede convertirse en la mejor arma para salir todos y todas juntas de esta situación, al menos hasta que exista una vacuna que acabe con el coronavirus Covid-19. Al menos hasta que haya un rayo de esperanza…

Miniserie: Uniforme gris, NBC (1986)

De nuevo estamos en el mes de agosto, y con él llega el momento nostalgia & vintage en nuestro blog. Si el año pasado ya os hablamos del film Aventuras en la gran ciudad y de la miniserie Esta es nuestra tierra, este año seguimos en la pequeña pantalla para hablaros de Uniforme gris, una miniserie de dos capítulos producida por Frank von Zerneck Films y Warner Bros. Television y emitida originalmente por la NBC en el año 1986 (en España la vimos en TVE el 12 de marzo de 1988), dirigida por Glenn Jordan, con guión de Gore Vidal que adapta la novela de Lucian K. Truscott e interpretada en los roles principales por Alec Baldwin, Hal Holbrook, Lloyd Bridges, Patrick Cassidy y Susan Hess.

“Durante la guerra de Vietnam, en medio de extrañas circunstancias, se produce la muerte del joven cadete David Hand, pocos meses después de llegar a la Academia Militar Ulises S. Grant. Aunque la autopsia del cadáver desvela indicios de un posible asesinato, el general Hedges, el director de la academia, está decidido a evitar el escándalo en la institución y trata de encubrir el crimen. Al mismo tiempo, uno de los cadetes iniciará una investigación para descubrir qué es lo que realmente se esconde tras la misteriosa muerte de su compañero».

Esta es una de aquellas miniseries que quedan en la memoria por la temática, la investigación de un asesinato en una academia militar estadounidense y por la repercusión que tuvo en su momento. No por otra la indagación en la ficción estaba relacionada con un caso de homosexualidad que abarcaba, además a una familia muy bien posicionada estadounidense. Yo recuerdo la emisión en TVE de los dos capítulos que integran la miniserie en dos días diferentes, tal y como parece indicar el final de la primera parte con el típico “to be continued” de la época, si bien he leído en internet que se emitió en un único pase. Ya sabéis, la memoria a veces nos juega malas pasadas…

La miniserie está basada en una novela del año 1979 de Lucian Truscott IV, periodista y escritor con experiencia militar y especializado en temas marciales, lo que sin duda le da intensidad y veracidad a la trama, hecho este que hizo que la novela se convirtiera pronto en un bestseller.

Por lo que respecta a la serie he de decir después de revisionarla que no me extraña que quedara atesorada en mi memoria de adolescente: una trama intensa de investigación criminal; un caso turbio acecido en una academia militar estadounidense (en los años 80), un casting muy acertado, una potente dirección y edición, la del televisivo Glenn Jordan (Ecos en la oscuridad, 1987; Challenger, el último viaje, 1990) y un guión intenso adaptado de la novela de Truscott por Gore Vidal, responsable de los guiones de Calígula, 1979 o Gattaca, 1997 y también con historial militar.

La serie está bien construida ya que nos permite conocer la vida en una academia de oficiales americana a través de los sucesos que envuelven a la investigación de asesinato. A las pesquisas del cadete Rysam ‘Ry’ Slaight (Alec Baldwin) y su vinculación cada vez más inculpadora con el asesinado que el espectador irá conociendo a medida que avanza la trama, se suman los intentos del general Hedges (Hal Holbrook) por hacer fracasar sus esfuerzos y hacer pasar el asesinato por un simple accidente que no perjudique la imagen de la academia.

Punto y aparte merece el tratamiento que de la homosexualidad hace la miniserie. Hemos de pensar que es una ficción de 1986, cuando la homosexualidad aún no había alcanzado la aceptación actual, por desgracia aún no general, y hemos de pensar que la trama está ubicada en un ambiente militar, nada tolerante en relación a estos temas. La tensión dramática en la serie se crea por la voluntad del general Hedges de evitar que salga a la luz un caso de homosexualidad en su academia que pueda empañar a la institución. Por otra parte, sorprende, desde un punto de vista actual, las referencia en la serie a los homosexuales por parte de la jefatura militar como maricas o degenerados, algo que nos permite ser conscientes que cómo evolucionan las mentalidades.

El registro de interpretaciones obtiene también una nota alta. El protagonista principal es Alec Baldwin, en uno de sus primeros papeles importantes, que da vida al cadete de primera Rysam ‘Ry’ Slaight con buena nota, aunque su interpretación no gustó a todos. También destacan Patrick Cassidy, que interpreta al cadete asesinado con un componente ambiguo e incluso algo malévolo muy acertado y Susan Hess que encarna a la hermana de este interesada en esclarecer lo que ha pasado en la academia. Mención aparte merecen Hal Holbrook que interpreta al estricto y sin escrúpulos general Hedges y Lloyd Bridges que da vida al intendente de la academia con un toque más positivo. Acaban de integrar el casting el veterano Eddie Albert, Lane Smith, James Sikking, Peter Nelson, recordado por su papel de visitante en la serie V, o Joseph Kell.

En lo que respecta a la música, el encargado de la banda sonora es Billy Goldenberg, especializado en el medio televisivo y que sabe proveer a la serie de un toque musical marcial y en clave de investigación que le va, sin duda, muy bien.

Unifome Gris es una miniserie que aún mantiene, seguro, su vigencia como divulgadora de los tabús sexuales que se viven en un ambiente aún tan masculino y jerarquizado como el ejército (no olvidemos, además, que es el ejército americano), y que mantiene también su interés con una trama intensa en la que no sabremos quién es el asesino hasta el final de la ficción, tal y como pasaba normalmente en la producción televisiva de los años 80. No esperen, por otra parte, giros argumentales dramáticos y engañosos como los que abundan hoy en día en la televisión, tan solo una trama interesante que se va desarrollando poco a poco y que mantiene en vilo a los espectadores, en una época en la que no se consumía de forma bulímica los productos televisivos, como sin duda, hacemos en la actualidad.

Título: Uniforme gris
Año: 1986
Duración: 192 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Glenn Jordan
Guión: Gore Vidal (basado en la novela de Lucian Truscott IV
Música: Billy Goldenberg
Fotografía: Gayne Rescher
Reparto: Eddie Albert, Alec Baldwin, Lloyd Bridges, Patrick Cassidy, Susan Hess, Hal Holbrook, Alexis Smith, Lane Smith, James B. Sikking, Albert Salmi, Ron Rifkin, Timothy Van Patten, Cameron Dye, Peter Nelson, Louise Latham
Productora: Frank von Zerneck Films, Warner Bros. Television
Género: Drama | Miniserie | Ejército | Investigación crimen

Crítica literaria: La cruzada de los niños, Peter Berling, Ed. DeBolsillo.

Peter Berling_La Cruzada de los niños_1La llamada Cruzada de los niños es uno de aquellos episodios de la historia que siempre llamaron mi atención, ya fuera por lo sorprendente del asunto o por lo desconocido de la aventura. En el año 2005 la editorial DeBolsillo publicó La cruzada de los niños, de Peter Berling, una novela histórica que pretende relatar los hechos de una cruzada que no llegó a ser una cruzada, protagonizada por unos niños que parece que no lo eran tanto.

“Corre el año 1212. Jerusalén está en manos del infiel. Todas las cruzadas organizadas hasta entonces han sido infructuosas y terribles. Apenas existe ya la esperanza de liberar la Ciudad Santa. Y es entonces cuando se organiza la más cruel de todas las expediciones: en Francia y Alemania miles de niños y adolescentes escuchan la llamada de Jesucristo y caminan hacia Marsella para embarcar hacia Jerusalén con las únicas armas de su fe y su inocencia. Pero diezmados por la desilusión, el hambre y los traficantes de esclavos, ninguno llegará a su meta. Diez años después de estos terribles acontecimientos, uno de estos niños, Rik van de Bovenkamp, convertido al islam y preceptor del hijo del emir de Mahdia en Túnez, intentará reconstruir los hechos convocando a algunos de los supervivientes de la desventurada cruzada para que narren su historia, la crónica de algo que nunca debió suceder”.

La Cruzada de los Niños es un intento malogrado de basar una novela en un hecho histórico singular y a la vez poco conocido. Berling, que ya se basó en el fenómeno de las cruzadas medievales para ambientar su exitosa pentalogía Los hijos del Grial, se adentra en un ambiente histórico complejo que no acaba de esclarecer en la novela, en el que se enfrentan el mundo medieval cristiano y musulmán.

El autor construye un relato dividido en dos momentos: en el primero, ambientado tras el fracaso de la cruzada, diversos de sus protagonistas se reúnen en la fortaleza de Mahdia para escribir su historia, sumando sus relatos personales. El segundo se centra en la narración de  la cruzada misma.

Berling, desafortunadamente, une los dos relatos de una forma algo extravagante en la que al lector le cuesta seguir el avance de la trama, plagada de múltiples cortes y desubicaciones. A lo que se suma una multitud de personajes desdoblados, que pululan por las dos tramas, poco definidos y que no hacen más que entorpecer la compresión de la novela. Berling suma a todo ello las trama política cristiana y musulmana de la época que no se esfuerza en hacer comprensibles, lo que desubica aún más al lector.

Algo positivo y que sorprende en la novela de Berling es la mención constante a la veracidad histórica, que se desprende de la redacción conjunta de la crónica y de los intentos de cada uno de los relatores de «mejorar» los episodios protagonizados por ellos, y que se puede extender fácilmente a la historia en general, un tema este que, evidentemente, no acostumbra a tratarse en el género de la novela histórica.

Como experiencia lectora personal he de decir que me costó finalizar la novela, amagando en varias ocasiones con abandonar la lectura del libro y comenzar cualquier otra. Como os decía no comprendía el avance de la trama, a lo que no ayudaba la composición gramatical de Berling, compleja y en diversos momentos oscura. En resumen, un esfuerzo lector que ha acabado en una honda decepción, ya que como os decía la Cruzada de los niños era un tema de interés, no tan solo por lo extraño del episodio sino por las falsedades y las confusiones históricas que posee el acontecimiento.

Título: La Cruzada de los niños
Autor: Peter Berling
Fecha publicación: 2005
Editorial: Debolsillo
Colección: Best Seller
Páginas: 416
ISBN: 849793640X

NOTA CULTURALIA: 5

Rey, exilio y la Monarquía española

La llegada del Estado liberal y más tarde del Estado moderno no ha sido, visto lo visto, demasiado positiva para la monarquía española.

Si el siglo XIX comenzó ya mal para la institución con el acuerdo-expulsión de Carlos IV y Fernando VII por parte de Napoleón, en aquellos momentos amo y señor de Europa, y el nombramiento del hermano de este, José Bonaparte (1808 – 1813) como rey de España, la derrota del emperador francés y el regreso de Fernando VII el deseado (1814 – 1833), no supuso con el tiempo ninguna mejora.

El séptimo de los Fernandos españoles no destacó por sus formas liberales, y no fue hasta la regencia y el reinado de su hija Isabel II, que las reformas comenzaron su andadura en suelo español. Aún así, esta reina, por incapacidad propia o por la de sus sucesivos gabinetes, acabó exiliándose de nuestro país debido a la senda autoritaria de sus gobiernos y a la alargada sombra de corrupción que se cernía sobre la reina y la camarilla próxima al poder.

El reinado de Amadeo I (1871-1873), el nuevo rey buscado en Europa tras la expulsión de los Borbones, fue efímero y su abdicación desembocó en la proclamación en el año 1873 de la Primera República Española (1873 – 1874), también de corto recorrido.

Tras el fracaso del primer intento republicano español, regresaron los Borbones en la persona de Alfonso XII (1875 – 1885), el único monarca Borbón español que junto a Fernando VII murió en suelo patrio durante los siglos XIX y XX. A Alfonso XII le sucedió su hijo Alfonso XIII, cuyo reinado, tachado también de corrupción y mala gestión, en un momento en el que en Europa estaba en ascenso el fascismo, le llevó a exiliarse tras la victoria en las elecciones municipales de abril de 1931 de las candidaturas republicanas en la mayoría de capitales de provincia del país.

Tras el hiato de la Segunda República (1931 – 1936) llegó la Guerra Civil (1936 – 1939) y la dictadura franquista (1939 – 1975), dos de los episodios más dramáticos de la historia de nuestro país.

Los Borbones tuvieron una nueva oportunidad de reinar al final de la dictuadura, cuando en el año 1969 Juan Carlos I fue designado príncipe de España y sucesor a título de Rey. La Transición no llegó a nuestro país sin peligros que la acecharan, y Juan Carlos I tuvo un papel destacado a la hora de hacer fracasar el golpe de estado del año 1981, un protagonismo que estabilizó los primeros gobiernos democráticos y consolidó la figura del nuevo y joven monarca.

La historia, sin embargo, parece tozuda, y nos recuerda constantemente que las ansias y las ilusiones quedan, las más de las veces, aplastadas por la fría realidad. El currículo de Juan Carlos I ha ido oscureciéndose a medida que ha pasado el tiempo. A la que podríamos considerar su primera abdicación, tras su comportamiento poco ejemplar en plena crisis económica, accidentándose cazando elefantes en Botsuana en 2012 junto a la que se dice que era su amante, mientras en España se sufrían los golpes más duros de la crisis económica, se han ido sumando recientemente informaciones sobre la actuación presuntamente corrupta del monarca al recibir comisiones millonarias por sus gestiones en la construcción del AVE en la Meca, por la transferencia de estas a cuentas externas y por la investigación de cuentas opacas a su nombre en paraísos fiscales. Un cóctel este que afecta y de lleno a la Monarquía y a su actual representante, su hijo Felipe VI, al que la herencia de su padre pone en un grave apuro y también a la estructura institucional de un país que ha sufrido en los últimos tiempos un desgaste destacado.

Uno piensa, cuando puede, que la realidad es a veces más dura de lo que debería. Asistimos atónitos a constantes noticias que afean, por decirlo de algún modo, la imagen de nuestro país, incluso para nosotros mismos. Cuando comenzábamos a recuperarnos algo de la crisis económica, cuando el país parecía superar de alguna forma la parálisis política e institucional, cuando el Covid-19 hace estragos en la población y en la económica españolas, nos alcanza la deriva de un monarca emérito que abandona el país con nocturnidad y alevosía, todo ello envuelto en un oscuro halo de secretismo que hace que lo que podría haber sido una gestión más o menos aceptable de la crisis de la Corona se convierta en un hecho que genera chistes, sorpresa y decepción en la población española.

Fuera, incluso, del debate Monarquía – República, uno aspira a que sea quien sea quien gobierne o tenga responsabilidades de gobierno, al menos haga bien su trabajo, y no se engarce en comportamientos poco éticos comprometiendo la historia y la imagen de nuestro país y sobre todo, no defraude el trabajo de todos y todas aquellas que se esfuerzan día tras día rodeados de dificultades en tirar adelante con sus vidas y que necesitan, cada vez más, ejemplos claros de que sus responsables políticos trabajan no para enriquecerse ellos mismos, y aquí no me refiero tan solo a la monarquía, sino para mejorar las condiciones de vida de aquellos y aquellas a las que representan.
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Jorge Pisa