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Crítica teatro: Esperando a Godot, en el Teatro Reina Victoria de Madrid

El teatro, casi siempre, nos permite reflexionar sobre las contradicciones y los sinsabores de la vida. Se convierte, así, en una herramienta de introspección personal sobre temas que importaron en el pasado o temas candentes en la actualidad. Algo de todo esto lo tiene Esperando a Godot, obra representativa del teatro del absurdo escrita por Samuel Beckett a finales de los años 40 del siglo XX, dirigida para la ocasión por Antonio Simón e interpretada por Pepe Viyuela, Alberto Jiménez, Juan Díaz, Fernando Albizu y Jesús Lavi, que estará hasta el próximo 27 de septiembre en la cartelera del teatro Reina Victoria de Madrid.

Vladimir (también llamado Didí, interpretado por Alberto Jiménez) y Estragón (conocido como Gogó, Pepe Viyuela) esperan la llegada de Godot junto a un camino, al lado de un árbol. Pasan el tiempo conversando y a veces discutiendo. Les interrumpe la llegada de Pozzo (Fernando Albizu), un hombre cruel que afirma ser el dueño de la tierra donde se encuentran, y que lleva atado del cuello a su criado Lucky (Juan Díaz), a quien parece controlar por medio de una larga cuerda. Tras la partida de Pozzo y Lucky, un Muchacho (Jesús Lavi) llega con un mensaje de Godot: “Aparentemente, no vendrá hoy, pero vendrá mañana por la tarde”.

La obra, la espera de un tal Godot por parte de dos amigos, Didí y Gogó, y todo lo que acontece mientras tanto, es la excusa con la que Beckett pretendía reflexionar, en clave de comedia oscura, sobre la vacuidad de la existencia y la inconsistencia de la comunicación humana. La espera se produce en un páramo desierto en el que solo aparecen las vías abandonadas de un tren y un árbol muerto, y en el que la humanidad de Didí y Gogó se nos hará evidente. No sabemos quiénes son, parecen mendigos y no sabemos a quién esperan ni por qué. Si bien sabremos que se conocen desde hace años y que comparten lo difícil de los tiempos. A ellos se sumarán, en el segundo acto de la representación, Pozzo y Lucky, personajes que nos demostrarán lo injusto de las convenciones sociales y el egoísmo del que se nutre la sociedad occidental.

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Simón consigue crear una atmósfera en la que lo absurdo de Beckett se manifiesta de una forma conmovedora, con una dirección sutil pero a la vez diestra que permite deambular a los personajes sobre el escenario y mostrar su naturaleza «becketiana». Un trabajo de dirección atento que posibilita a los actores alcanzar la cota de actuación necesaria para la representación de una obra cargada del sentido de “lo absurdo” como esta. Pepe Viyuela y Alberto Jiménez consiguen transmitir la fuerza de unos personajes desquiciados que se quieren y que son conscientes de que la sociedad puede que no les quiera a ellos, en una espera que no tiene sentido en lo particular pero sí en lo trascendental. Los personajes principales están perfectamente arropados por Fernando Albizu y Juan Díaz, que materializan con sus roles la desigualdad propia de nuestra sociedad occidental. A ellos les acompaña Jesús Lavi como vocero de Godot, el cual, aunque presente no descubriremos nunca.

Una especial mención a la escenografía y a la iluminación decadente a la vez que poética que sirven de base al desarrollo de la acción escénica y a un vestuario de tonos fríos que refuerzan el sinsabor de todo lo que acontece ante nuestros ojos.

Esperando a Godot es una buena ocasión para ver qué nos pueden decir los clásicos, sí, también los del siglo XX, en estos tiempos difíciles y melancólicos y para disfrutar de una propuesta teatral con un tono oscuro que nos recuerda que el alma humana está sola cuando la colectividad hace oídos sordos a sus exigencias.

“Esperando a Godot” se representa en el teatro Reina Victoria de Madrid del 3 al 27 de septiembre de 2020.

Autor: Samuel Beckett
Dirección: Antonio Simón
Reparto: Pepe Viyuela, Alberto Jiménez, Juan Díaz, Fernando Albizu y Jesús Lavi
Diseño de escenografía: Paco Azorín
Diseño e iluminación: Pedro Yagüe
Vestuario: Ana Llena
Espacio Sonoro: Lucas Ariel Vallejos
Productor: Pentación

Horarios: de miércoles a viernes a las 20:00 horas; sábado a las 18:00 y a las 21:00 horas y domingos a las 19:00 horas
Precio: de 24€ a 28€
Duración: 110 minutos aproximadamente
Idioma: castellano
Edad recomendada: mayores de 14 años
NOTA CULTURALIA: 8,5
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Jorge Pisa

Second Chance: El funeral, en el Teatro Borràs

La propuesta era atrayente: Una gran dama de la escena fallece, y en su funeral multitudinario resucita para ajustar cuentas con familiares y representante. Pero la obra se queda en el intento…

Concha Velasco no tiene nada que demostrar a estas alturas. A sus 80 años puede hacer lo que le apetezca, incluso puede ponerse al frente de una obra tan… justita como esta. Una obra que, pretendiendo ser un vehículo de lucimiento para su persona, se queda en el intento. En el intento de todo: de ser gaciosa (está plagada de chascarrillos y gracietas propias de una obra de fin de curso de la ESO), de desarrollar una historia (la trama no lleva a ningún lado y las “apariciones” audiovisuales no hacen más que lastrar un argumento ya escaso de por sí), y en fin, de rendir un homenaje a la altura de la actriz. Cabe matizar que está escrita por su hijo Manuel Martínez Velasco. Quizá por eso haya filtros que no se han pasado a la hora de pulirla… quizá.

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Con todo y con eso, quiero recomendar esta obra. Si ustedes son fans de esta gran actriz, vayan a verla. Vayan a verla porque está hecha con cariño, y eso se transmite (¡pero si hasta dan canapés a los espectadores!), el elenco que la acompaña la arropa y cumple, y la escenografía tiene un cierto toque del Hollywood dorado que le queda muy bien a la historia.

Vayan a verla porque es una ocasión única para disfrutar a una de nuestras grandes en escena, una de las poquitas que nos quedan ya de esa época irrepetible del cine español que nos brindó actores y actrices todoterreno que lo mismo servían para un roto que para un descosido, y del que, cuando los tiempos cambiaron, varios supieron adaptarse y crecer en las décadas posteriores. Una de ellas es Concha. Esa dicción, ese oficio, esa presencia, que puede con todo, está aquí, en Plaza Urquinaona, defendiendo El funeral.

“El funeral” se representa en el Teatro Borràs del 12 de febrero al 8 de marzo de 2020.

Dirección: Manuel M. Velasco
Reparto: Concha Velasco, Jordi Rebellón, Ana Mayo, Irene Gamell y Emmanuel Medina
Escenografía: Asier Sancho
Iluminación: Jose Manuel Guerra
Vestuario: Ion Fiz
Música: Juan Cánovas
Producción: Pentación Espectáculos

Horarios y precios: Web Grup Balañà
Duración: 90 minutos (sin intermedio)
Idioma: castellano
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Manuel Zardain

Crítica teatro: El funeral, en el teatro Borràs

Concha Velasco regresa a Barcelona con El funeral, una comedia blanca y sobrenatural escrita y dirigida por su hijo Manuel M. Velasco y coprotagonizada por Pepe Ocio, Irene Soler, Irene Gamell y Emmanuel Medina.

Todo está preparado para el funeral: la imponente imagen de la actriz difunta, Lucrecia Conti (Concha Velasco), el cuerpo de la difunta y los familiares y amigos de la difunta. El velatorio, sin embargo, nos reserva una sorpresa: El fantasma de la Conti se ha propuesto visitar y pasmar al auditorio.

Lo primero que cabe destacar en esta obra es la presencia de Concha Velasco, que con sus 80 años vuelve a encarnar a un nuevo personaje, la actriz Lucrecia Conti, que acaba de fallecer de forma inesperada. Y por ello el teatro Borràs se ha engalanado y se ha abierto al público asistente, para dar el último adiós a la diva.

Ver a actrices (y a actores) de la envergadura de la Velasco actuar sobre el escenario siempre es una buena ocasión. Viéndola interpretar a ella uno recuerda y celebra una de aquellas carreras actorales que ha colmado las expectativas de varias generaciones de espectadores y espectadoras. Una ocasión, en definitiva, para volver a disfrutar de una auténtica diva.

Sin embargo, el espectáculo que se estrenó en el Borràs el pasado 12 de febrero no realiza el recorrido que debería efectuar. Si bien la idea, el velatorio y la aparición del fantasma de la difunta, es una buena base para la comedia, el guión no acaba de extraer todo el jugo de la situación.

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Manuel Martínez Velasco no ha logrado hilvanar una trama a la altura de las circunstancias, hecho este que lastra el avance de todo el espectáculo. El vodevil que se desarrolla sobre el escenario queda así cojo en una de sus bases principales.

El hecho, además, es que la dirección de los actores y de las actrices tampoco es la que debiera. Martínez Velasco no ha conseguido proveer a la obra del tono cómico que necesita, hecho este también que lastra el resultado final. De ahí que las actrices y los actores no consigan despegar en ningún momento, por lo que la trama languidece sobre el escenario, en un intento las más de las veces infructuoso de hacer reír al público. Lo único que resplandece es, sin duda, Concha Velasco, que se dirige en esta ocasión a un público fiel y devoto.

La ocasión se convierte, así, en algo parecido a un adiós, en el que la diva del cine, de la televisión y del teatro español parece que se despida después de una larga trayectoria plagada de éxitos y de reconocimientos. Por suerte, este elemento sí que está presente en la comedia, que nos presenta a una reconocida actriz que quiere sorprender y dar una lección a los miembros de su familia, ansiosos por hacerse con una suculenta herencia.

Por desgracia el reparto que incluye a Pepe Ocio, Irene Soler, Irene Gamell y Emmanuel Medina parece no haber interiorizado del todo sus respectivos papeles, y esto, sin una firme dirección, devalúa el resultado final.

El funeral es, así, una comedia blanca bastante gris, cocinada para el lucimiento de la Velasco que naufraga en su conjunto. Aún así, es una nueva oportunidad de disfrutar de la compañía de una diva, como lo es Concha Velasco.

“El funeral” se representa en el Teatro Borràs del 12 de febrero al 8 de marzo de 2020.

Dirección: Manuel M. Velasco
Reparto: Concha Velasco, Jordi Rebellón, Ana Mayo, Irene Gamell y Emmanuel Medina
Escenografía: Asier Sancho
Iluminación: Jose Manuel Guerra
Vestuario: Ion Fiz
Música: Juan Cánovas
Producción: Pentación Espectáculos

Horarios y precios: Web Grup Balañà
Duración: 90 minutos (sin intermedio)
Idioma: castellano
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Jorge Pisa

Crítica teatral: Mitad y mitad, en el Teatre Condal

Mitad_y_mitadEn noviembre de 2002 el Teatre Condal estrenaba ¡Mamaaá!, la tercera obra que protagonizarían juntos una pareja que, por entonces, era garantía de éxito y carcajadas: Paco Morán y Joan Pera. Algo más de una década después, la sala del Paral·lel de Barcelona continúa su apuesta por la risoterapia que tan buenos resultados le ha dado, y desde el pasado 5 de febrero acoge la nueva versión de aquel montaje, Mitad y mitad, con otro dúo de actores que domina a la perfección los engranajes de la comedia, Paco Tous y Pepón Nieto, dos de aquellos “hombres de Paco” que triunfaron en televisión y que, ahora, interpretan a dos hermanos que mantienen una curiosa relación de amor-odio con su madre, gravemente enferma pero aferrada a la vida con sorprendente firmeza para desesperación de sus vástagos.

Los responsables del texto (Jordi Sànchez y Pep Anton Gómez, quien a su vez ejerce de director) afirman que, en líneas generales, la historia en las dos versiones es la misma –dos hermanos que esperan, ansiosos, que fallezca su progenitora para hacerse con una copiosa herencia y seguir adelante con sus respectivas vidas–, pero con ligeros matices: la trama de ¡Mamaaá! quedó suavizada tras diversas revisiones, probablemente para adaptarla mejor a los seguidores incondicionales de Morán y Pera. Sin embargo, Mitad y mitad recupera el sarcasmo del planteamiento inicial, se ha convertido en una comedia muy negra en la que la mezquindad y la ambición de sus protagonistas no tiene límites, despojando al texto de cualquier atisbo de corrección moral, y será precisamente esa falta de ética la que arrancará más carcajadas entre el público, que se sentirá culpable por reírse con las locuras que planean los hermanos para darle el empujón decisivo a su señora madre.

Así, Carlos (Nieto) es el primero en aparecer en escena, en ese salón claustrofóbico de grandes ventanales con vistas a ninguna parte que en los últimos años se ha convertido en su prisión particular, un lugar de atmosfera rancia del que, ahora sí, por fin, todo parece indicar que podrá huir para siempre, y su destino soñado (las Islas Canarias) está más cerca que nunca porque la muerte ya ronda a su madre, postrada en la cama desde que sufrió una embolia. Al poco aparece Juan (Tous), ilusionado también con la idea de que esa noche será la definitiva, la que solucionará todos los problemas que le angustian. Pero la noche avanza y parece que la mujer se resiste, y los nervios se apoderan de ambos, el timbre con el que la madre tiraniza a su hijo pequeño no deja de sonar, las llamadas impacientes de la mujer de Juan se suceden una tras otra, las pastillas no hacen ningún efecto, el aire viciado del ambiente, las dos cartillas de ahorros siguen sin aparecer, todo ello llevará a los dos hermanos al borde del colapso, a una situación límite de difícil resolución. ¿Difícil? Quizás todo sea más sencillo de lo que parece…

A lo largo de la primera mitad de la función se muestran dos personajes extremos, dos caracteres incompatibles, pero tras la pausa eso se matiza, y es en esa segunda parte cuando empatizamos con esos hermanos, hasta entonces un par de pícaros desalmados que pretendían aprovecharse de la situación sin ningún tipo de rubor, pero llega un momento en el que el espectador comprende que ambos son marionetas controladas por las dos grandes triunfadoras de esta historia: las dos mujeres ausentes, esa madre moribunda y la esposa de Juan, dos personajes de personalidad fuerte que han sabido ejercer un dominio férreo sobre ellos hasta llevarlos al borde de la desesperación. En ese instante la predisposición de Juan y Carlos por matar a su madre cuenta ya con la aprobación del público, y las confesiones sorprendentes entre los protagonistas serán los momentos más brillantes del espectáculo.

Mitad y mitad cumple los requisitos que toda buena comedia debe tener: una disfrutable trama con réplicas mordaces, unos actores en estado de gracia –ni qué decir tiene que tanto Paco Tous como Pepón Nieto son dos grandes talentos cómicos–, una escenografía muy cuidada que simula con exactitud ese hogar en el que se detuvo el tiempo cuarenta años atrás y el ritmo vodevilesco que requiere una historia como esta, entregada a los equívocos y discusiones entre los personajes. Con todo, para que la función fuera perfecta sería conveniente usar las tijeras a lo largo de la primera parte, excesivamente redundante en el enfrentamiento entre el hermano espabilado y el hermano con menos luces (una referencia al sempiterno conflicto payaso listo y payaso tonto tantas otras veces visto), y pulir algunos gags más propios de unos dibujos animados. Sea como sea, el montaje funciona bien, tal y como demuestra su éxito en La Latina de Madrid, donde estuvo seis meses en cartel con un triunfo arrollador.

Mitad y mitad se representará en el Teatre Condal del 5 de febrero al 15 de marzo de 2014.

Autores: Jordi Sànchez y Pep Anton Gómez
Dirección: Pep Anton Gómez
Intérpretes: Paco Tous y Pepón Nieto
Escenografía: Max Estel y Silvia de Marta
Iluminación: José Manuel Guerra
Música original: Pere Hernández
Producido por: Mixtolobo, L’Avern y Pentación

Horarios: miércoles, jueves y viernes a las 20:30 horas, sábado a las 18:30 y a las 21:00 horas, y domingo a las 18:30 horas
Precio: 24 €
Idioma: castellano
Duración: una hora y cuarenta minutos

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Escrito por: Robert Martínez

Crítica teatral: Poder Absoluto, en La Villarroel.

El teatro, como arte vivo, necesita nutrirse de actualidad, de lo que pasa a su alrededor, con el objetivo de que los dramas morales y existenciales que se desatan sobre el escenario tengan relación con las realidades y con los problemas que sufren a diario aquellos que pagan las entradas para asistir a alguna de sus representaciones. Un requisito este que si no se atiende puede acomodar al teatro en un podio de preciosismo cultural alejado de aquellos que lo crean y aquellos que lo consumen.

Algo que Peña Carulla tuvo muy en cuenta a la hora de escribir su primera obra teatral de la que él mismo es el director. Poder Absoluto es un thriller político que nos habla de eso, del poder, de la corrupción y del engaño que cualquier dosis de poder comporta y de lo que alguien que ansía el poder está dispuesto a hacer para conseguirlo.

Todo comienza en el salón de la residencia de Arnold Eastman (Emilio Gutiérrez Caba) al que ha sido invitado Gerhard Bauer (Eduard Farelo), una joven promesa del partido de derechas al que pertenecen ambos. Eastman es un prestigioso y experimentado político que se puede convertir en el próximo presidente del gobierno. Sin embargo un oscuro episodio de su pasado puede dar al traste con sus pretensiones políticas. Eastman necesita un favor que solo Bauer le puede prestar. Pero ¿todo vale en política? ¿El fin justifica los medios? ¿Está limpio el entramado político de un país como el nuestro?

Peña Carulla ha decidido tocar un tema candente (volcánico, diría yo!!) y actual en su estreno como autor teatral, basándose en un caso que sacudió la vida política austríaca a mediados de los años 80 centrado en el pasado colaboracionista nazi de Kurt Waldheim, uno de los candidatos, por entonces, a la presidencia del país. Y es que en un momento como el que vivimos, el teatro no puede rehuir verse invadido por la política, de la misma forma en que la política se ve invadida por el teatro. No hemos de olvidar que a días de las elecciones al Parlament de Catalunya el diario El Mundo ha “puesto en circulación” de forma “políticamente incorrecta” informaciones que acusan, entre otros, al que seguramente será el próximo Presidente del la Generalitat Catalana, de poseer cuentas corrientes secretas en el extranjero infladas con dinero proveniente del cobro de comisiones “políticas“, y que veremos si los cuerpos policiales y los tribunales españoles llegarán a aclarar algún día (permítanme que dude al respecto!!). Esta gresca en la que se mezcla la indecencia política y los libidinosos intereses económicos hacen que el estreno de Poder Absoluto no pueda ser más necesario ni imperioso.

La obra de Peña Carulla, sin embargo, resulta algo artificiosa en su puesta en escena, tanto por lo que nos quiere explicar como por como nos lo explica. Les cuento. En Poder Absoluto no existe una reflexión o crítica al estamento político, sino una acusación, o mejor dicho una confesión. El autor se permite invadir el ámbito privado de un político (ficticio, aunque de derechas y algo corrupto) para que él mismo nos explique los sucios tejemanejes del poder, que, casualmente, claro está, concuerdan con las acusaciones que desde muchos sectores sociales se les imputa a los políticos y que van desde la corrupción, el engaño, el enriquecimiento indebido, la traición democrática, la supeditación frente a los mercados financieros… Todo un discurso, en resumen, muy del agrado de aquellos que lo pueden ir a escuchar.

A esta exposición acusadora Peña Carulla le suma también el artificio en el juego de cazador-presa que se crea entre Gutiérrez Caba y Farelo. Eastman apremia poco sutilmente a Bauer para que este limpie sus miserias políticas y existenciales si quiere seguir vivo en política, algo que afecta anímica y espiritualmente, como era de esperar, al joven político. Aunque la situación dará un giro inesperado y de nuevo “artificioso” que guiará la representación hacia su fin, en el que Peña Carulla hace avanzar la acción sin habérnoslo mostrado todo, para conseguir al final un efecto sorpresa que nos pueda convencer de lo acertado de su propuesta.

Es por ello que Poder Absoluto se descafeína un poco y siguiendo la estela de los políticos a los que acusa, falsea un registro escénico que por otra parte suma activos interesantes. Los primeros, son, y no podía ser de otra forma, las actuaciones de Gutiérrez Caba y Farelo: el primero como un político curtido consciente de la realidad del poder y que necesita una “ayudita” para conseguir su principal objetivo, ser el nuevo presidente del país. Una interpretación que nos muestra la maestría de un gran actor que hace las delicias del público. Por su parte Farelo construye su personaje en base a la dualidad que les comentaba, más creíble en la primera parte de la obra que en la segunda. Aunque este bache se debe más a la artificiosidad del texto que a la profesionalidad del actor, que nos tiene acostumbrados a un nivel de actuación muy alto.

La acción de la obra se desarrolla íntegramente en el salón de la vivienda de Eastman, por lo que la escenografía realiza un trabajo de alta graduación, mostrándonos, además, el jardín exterior que cultiva su propietario, el cual tendrá un significado a nivel simbólico en el conjunto de la trama.

Como les decía Poder Absoluto es un thriller político que permite al púbico invadir ese espacio de la política “entre bastidores” donde seguramente se fraguan todas las verdades y las falsedades de la política que nos afectan a todos de una forma u otra. Y nos remite a una actualidad donde las presiones de los mercados y la mezquindad de muchos políticos (y quien dice políticos dice financieros, banqueros, arribistas y ciudadanos varios) desbaratan la existencia de las sociedades a las que dicen representar.

Pero la propuesta escénica de Peña Carulla cojea al intentar aleccionarnos en vez de hacernos reflexionar. Aún así, por el tema que analiza y lo actual del mismo Poder Absoluto es una propuesta interesante, siempre y cuando seamos conscientes del trucaje que contiene, y nos permite gozar de un combate dialectico e interpretativo que por sí solo ya vale la pena, y más si recordamos que Gutiérrez Caba no actuaba en Barcelona desde hacía 7 años.

Y ya saben, vean la obra atentamente, claro está, y analicen qué es lo que les dice y cómo se lo dice y si no están de acuerdo con esta humilde reseña den su opinión. La pluralidad y la divergencia siempre son bien recibidas…

Poder Absoluto” se representa en La Villarroel del 9 de noviembre al 16 de diciembre de 2012.

“Poder Absoluto” se representa en el Teatro Bellas Artes de Madrid del 17 de abril al 16 de junio de 2013.
Más información: Horarios y precios.
http://www.teatrobellasartes.es/es/ex/852

Dramaturgia y dirección: Roger Peña i Carulla
Reparto: Emilio Gutiérrez Caba y Eduard Farelo
Escenografía: Carles Pujol
Iluminación: Raúl Martínez
Vestuario: Eulàlia Miralles
Regidoría: Eulàlia Miralles
Producción: La Villarroel, Pentación y Entresol de Produccions

Horarios: de martes a viernes a las 21:00 horas; sábados a las 18:30 y a las 21:00 horas y domingos a las 18:30 horas.
Precio: de martes a jueves 24 € y de viernes a domingo 27 €
Duración de la obra: 1 hora y 15 minutos (sin entreacto)
Idioma: castellano

Escrito por Jorge Pisa Sánchez