La experiencia de debatirse entre complacer a la Corte y nadar en el bosque con sus moradores alados más distinguidos debe ser incontrolable. Al príncipe Sigfrido le corresponde el mérito de equilibrar una y otra actividad demostrando que la versatilidad en asuntos hedonistas es una virtud exquisita.
Mas el lánguido heredero del trono cuenta con la sensualidad melódica de Tchaikovsky a la hora de tomar su decisión. Y, por ende, asume muy poco riesgo: La composición del solemne Piotr Ilich es de tal envergadura que aquellos que la escuchan no solo dejarán de hacer lo que les tuviese ocupados hasta entonces. Sino que se encontrarán impulsados por la fuerza arrolladora de sus compases. De ello no se libran siquiera las criaturas del Lago más deliciosamente ambiguas: la Reina de los Cisnes y su Manada, condenadas a nadar de día y a recuperar la condición humana al anochecer, para sorpresa y goce de su alteza indecisa.
Tampoco podrán mantenerse al margen del embrujo del insigne autor los espectadores. Es tal la majestuosidad de la partitura que alarga su potencia tentacular al patio de butacas desencadenando una catarata de emociones. De la admiración (el abanico de números integrantes del espectáculo: delicados, floklóricos y de giros impredecibles) al sobrecogimiento (la irrupción del malvado Von Rotbart y su dócil Odile en el Baile Prenupcial). Arrastrando al aplauso (el desfile de novias de diferente procedencia con sus respectivos cortejos) o encerrándonos en la exultante intimidad (el primer encuentro entre Sigfrido y Odette) pero además hilvanando unos y otros con la pícara «joie de vivre» auspiciada per el virtuoso bufón y deseando formar séquito en esa comunidad de patitos feos que revolotea en forma de luminoso caleidoscopio.
El Ballet de Moscú celebra veinticinco años de magia alada tras la perseverante pauta de Timur Fayziev. Al frente de su equipo, nos incitan a soñar Cristina Terentiev (delicada chapoteando; hermosa en su perfidia palaciega) y Alexei Terentiev (grande en su humildad escénica, experto por colarnos sus brincos como si de una respuesta instintiva de su ocioso príncipe se tratasen). Y el vigor del resto de intérpretes dando brazadas es de una generosidad fastuosa. Nosotros buscaremos después de la función un plumaje blanco con que airear nuestro deseo de balancearnos en grupo al ritmo del amor más imaginado…
Vull parlar-vos de dos animalons que aquests vespres de dilluns s’enfilen als arbres del Círcol Maldà i estiren les seves cues per a volar de branca en branca de la seva platea.
Són dos esquirols que busquen nous i llocs tous.
Per tal d’aconseguir les primeres, canten, ballen, toquen (la guitarra també), ironitzen sobre l’actualitat i juguen amb les paraules.
Quant als segons, no són més que les ments benpensants d’un públic a sacsejar una mica.
I unes i altres hauran de sortir-los al pas. Perquè la Mare Natura és sàvia. I, a més a més, aquestes criatures escèniques són refrescants, encisadores i sense prejudicis.
Els Mali Vanili creen un espai íntim amb un repertori de mestissatge musical festiu, un reguitzell d’acudits ben intercalats i, sobretot, una complicitat entusiasta. Jugant a ser dos extraterrestres del Món Contemporani Indie Underground de Barcelona, articulen un espectacle amè i deliciosament desenfadat. I aprofiten l’avinentesa de disposar d’una horeta d’escenari per accelerar un procés de desintel·lectualització artística que inclou una rumba pedagògica sobre la necessitat de civisme en la societat (o quelcom de semblant), una versió superguai d’una “bossanova” excelsa, una relectura semièpica (per l’entitat omnipotent dels seus protagonistes) d’un èxit del teatre musical català de finals dels vuitanta que feia cavalcar plegats firmament i aigua salada.
En Mali (Miquel Malirach) aporta al xou sensibilitat musical, tendresa interpretativa, acords oportuns i serenor escènica.
En Vanili (Jofre Borràs) hi afegeix desinhibició, ritme trepidant, màgia corporal i admirable domini de la comicitat.
Junts fan un playback tan reeixit que taral·legem amb ells les seves cançons així que els veiem moure els llavis. Però és que resulta que també es fan sentir! Llavors voldríem renouejar rere ells en algun parc proper…
Per Juan Marea
“Mali Vanili, lo nostre no funciona” es representa al Círcol Maldà de Barcelona els dilluns 5, 19 i 26 de maig a les 21 h. http://circolmalda.cat/mali-vanili/
Todos, al menos en algún momento de nuestras vidas, hemos sido unos fracasados o losers. Me imagino que esto también es aplicable a los personajes más famosos y reconocidos en nuestras sociedad, ya sea en el ámbito económico, profesional o personal. El fracaso es algo, por suerte o por desgracia, natural en la vida de cada uno de nosotros. Otra cuestión es la de aquellos que son losers vitales, los que por norma, por carácter o por filosofía de vida son unos perdedores y es sobre esta tipología de individu@s sobre la que nos habla Losers, de Marta Buchaca, interpretada por Alba Florejachs y Jordi Díaz y estrenada en La Villarroel el pasado 28 de abril.
Sandra y Manel se encuentran en un establecimiento de atención al cliente de una compañía de telefonía. Ella, que desea dar de baja el móvil de su madre fallecida hace años, es una treintañera cerca de los cuarenta que no ha tenido nunca suerte con los hombres. Sus relaciones sentimentales siempre han sido un completo fracaso. Él es el dependiente de la tienda y vive controlado por las continuas llamadas que le hace su madre. La chispa del amor nacerá, por necesidad, entre ellos, pero ¿su tendencia al fracaso, a ser unos losers de manual, les permitirá construir una nueva vida en pareja?
Losers es una comedia que a veces es casi una tragedia y que nos habla de los sentimientos, de la pareja y de la vida misma en un mundo en el que la tecnología y la liquidez de las relaciones han dado forma a un nuevo paradigma emocional y de comportamiento. De ahí que el primer escenario en el que se desarrolla la acción de Losers sea un establecimiento de venta de telefonía, en el que Sandra conocerá a Manel, y donde la tecnología se convertirá en una excusa y en un medio para relacionarse entre ellos. En esta primera escena conoceremos a los personajes y sus rarezas, todas ellas nacidas de sus experiencias vitales como losers: El férreo control que sobre él ejerce su madre; la aversión de ella hacia el trato con los contestadores automáticos de ayuda técnica; los traumas emotivos que él mantiene por la marcha de su anterior pareja, que lo abandonó por un teleoperador colombiano; la extraña y agresiva familia que tiene ella y que provoca el terror en sus parejas; la extrema tacañería de él (si bien esta característica la descubriremos en el segundo acto) o la fijación por el uso de ciertas palabras de ella.
Una vez que Sandra y Manel se conocen y se «enamoran», la obra nos traslada en el tiempo, aunque no demasiado, a través de una magnífica acción de mudanza de escenario, excelentemente entretejida en el ritmo de la representación, a un momento en el que ambos ya viven juntos y ella está a punto de presentarle a él a su «peculiar» familia. En este segundo acto de la obra seremos testigos de la influencia del espíritu loser en la vida de los protagonistas. Al principio todo parece ir bien, pero el más mínimo detalle o la actitud más inocua puede desbaratarlo todo…
Marta Buchaca nos presenta una nueva propuesta escénica que nos remite a la actualidad, al mundo repleto de cambios continuos en el que vivimos, y a las experiencias vitales de aquellos que debemos lidiar, queramos o no, con ellos en nuestro quehacer diario, algo que ya hiciera en obras como L’any que ve serà millor, espectáculo en el que ya contara con Alba Florejachs, o Les nenes no haurien de jugar a futbol. En esta ocasión se rodea de un actor y una actriz de comedia: Jordi Díaz interpreta la parte masculina de este singular romance, invirtiendo en ello su experiencia en el campo del humor escénico desarrollado en obras como El mètode Grönholm y No et vesteixis per sopar; Alba Florejachs, a la que hemos visto en obras como L’expedient,L’any que ve serà millor, o I LOVE TV, hace lo propio dando vida a Sandra, y rebosando su comicidad tanto sobre el escenario como por el patio de butacas.
La representación posee, además, continuos guiños con el público en el que la acción se congela y se desvanece la cuarta pared, instantes en los que los actores, sobre todo Florejachs, pueden diriguirse directamente al respetable, una solución que le provee de mayor cercanía a las vivencias de los actores sobre el escenario.
Aún así, aunque la fórmula de Losers es la correcta y está bien construida, le falla algo para conseguir un resultado redondo, para provocar en el público el efecto que la obra pretende. De esta forma el espectador sale del teatro habiendo reído, durante el primer acto, y habiendo asistido en el segundo a una agria discusión de pareja, eso sí, con toques de humor, pero poco más. Seguramente la causa de todo ello sea la estructuración de la obra en dos actos tan diferenciados, aunque bien ligados, en el que la comedia de fuerte pegada va cediendo paso a una tragedia que va helando poco a poco la sangre de los espectadores, a lo que se suma el desequilibrio humorístico en la representación, con un Díaz siempre por detrás de Florejachs, algo comprensible debido al tremendo arsenal cómico de la actriz.
Losers, sin embargo, es una muy magnífica oportunidad de reírnos de nosotros mismos o de la realidad que nos rodea cuando la vemos plasmada sobre el escenario. Como les decía todos nosotros, en algún aspecto concreto, somos unos losers, por lo que nos veremos, seguro, reflejados en algún momento o en alguna actitud de la representación y podremos comprobar si dos perdedores como los interpretados por Jordi Díaz y Alba Florejachs, concebidos y dirigidos por Marta Buchaca, tienen alguna posibilidad de mudar su naturaleza y convertirse, aunque solo sea por una vez, en los triunfadores de la noche.
«Losers» se representa en La Villarroel del 28 de abril al 29 de junio de 2014.
Dramaturgia y dirección: Marta Buchaca
Reparto: Alba Florejachs y Jordi Díaz
Escenografía: Sebastià Brosa
Vestuario: Laia Muñoz
Iluminación: David Bofarull
Espacio sonoro: Imma Sust
Caracterización: Toni Santos
Producción: La Villarroel y Faig Produccions
Horarios: de martes a jueves a las 20:30 horas; viernes a las 21:00 horas; sábados a las 18:00 y a las 20:30 horas y domingos a las 18:00 horas. Precio:web de La Villarroel Idioma: catalán Duración: 1 hora y veinte minutos
Si «lo tuyo» se inmiscuye en «lo mío», “lo nuestro” amenaza con alterar la normalidad. Aunque en asuntos sentimentales, el bien común suele ser andar convenientemente alejados uno de otro. Ello no es óbice para que antes vibremos con la ilusión del “me gusta”, nos felicitemos por el “le gusto” y a menudo acabemos con el “pongamos pies en polvorosa”.
Añadamos a eso música. Esa que, compinchándose con nuestros recuerdos entrañables, actúa como finísima cortina de humo para hacer frente al árido presente.
El Club Capitol de Barcelona sirve estos días un remedio placebo contra la recesión de indudable eficacia. Y el público, enfermo sin demasiado empeño por curarse, sale encantado.
“Lo tuyo y lo mío” es un recital amable y almibarado para cantante y cantanta (si me permitís la licencia) con ciertas dotes interpretativas acompañados (más que eso, impulsados) por pianista de sobrados recursos. Y el repertorio que les arropa, una de las claves del éxito arrollador que vive función tras función: desde el folklore patrio de tonadillera ligera hasta la canción melódica de musas de la «gauche» institucional; desde el pop ingenuo de los sesenta hasta la música disco petarda pasando por el “indie” más autorizado para todos los públicos.
La capacidad de conexión del espectáculo con el respetable es casi absoluta. Los artistas se muestran en el punto justo de simpatía: con sus mohínes de presentador estrella de televisión él (afectado Manuel Ramos) y su agradecida vis cómica ella (refrescante Karen Gutiérrez). Y, por encima de ambos, un torrencial Dídac Flores Rovira a las teclas dando, de paso, un poco de guindilla a tanta mermelada.
La dramaturgia, casi inexistente, resulta reiterativa y algo desordenada, pero cuando la propuesta asume su verdadera naturaleza (la de tierno concierto de entretenimiento vespertino), halla algunos resortes acertados que le confieren elegancia escénica: la utilización de los micrófonos y sus soportes para acercar, incluso mezclar, y al final alejar a los protagonistas, empequeñeciéndolos o agigantándolos al compás de las melodías más celebradas; la sencillez de la puesta en escena esbozando una leve trama; el entusiasmo del trío con la proximidad de quien sabe que le quedan muchos escenarios que pisar y no quiere apresurarse en empalmarlos.
Dicen por todas partes que estos siguen siendo tiempos de crisis. Yo añado que no solo económica. Pero debo admitir que mientras sigamos descansando en la cuneta del camino a la recuperación un pasatiempo tan agradable como este aplaza con gusto volver a la carga.
En Pep Cruz torna a la cartellera barcelonina després de clavar les fiblades més estremidores al «mosquit petit» de Marc Artigau i Queralt.
I ho fa com només els grans poden permetre’s-ho: Renunciant al seu aclaparador sex appeal.
És el preu que ha de pagar per a què puguem sentir-lo ben a prop nostre, criatures de platea envejoses i frustrades.
En Pep, que la sap llarga, no dubta a l’hora de presentar-se a la seva audiència com a entrenador personal. Pel mòdic preu d’una entrada al Teatre del Raval barceloní, aprendrem finalment allò que ningú abans gosava explicar-nos. I que jo tampoc us revelaré ara aquí. Déu me’n guardi! Només diré que el provocador Sergi Pompermayer li ha escrit un xou amanit de mala bava, comèdia grotesca i acudits políticament incorrectes. Això ja és prou motiu per baixar la guàrdia de prejudicis i malfiances. El text d’en Pompermayer relata amb generositat el declivi d’un ídol massa lloat per aquesta societat de consum depravada que ens en fa socis sense exigir-nos més quota que esbocinar la nostra identitat. I, d’aquesta manera, coneixem la trista infantesa d’una criatura massa desitjada; la infelicitat del seu matrimoni per culpa d’un excés d’amor; i l’infern de la soledat quan hom és cigne nedant en una bassa plena de gripaus (els ànecs no estaven disponibles).
No us espanteu, però, que deixo el transcendentalisme de banda, i per a la vostra tranquil·litat, aclareixo que la cosa va de conya i sense subtileses enutjoses: «Top Model» és un espectacle popular però prou àcid com per a salvar-se de la ximpleria escènica. A més, té un missatge tan alleujador com inquietant: Sent lletjos no necessàriament vivim millor. Això ja ho sabíem alguns des de feia un temps. I ara ha arribat el moment de propagar-ho a la Humanitat. (Vaja,de nou m’he disparat…).
Canviant de tema, però atansant-nos al moll de l’os, «Top Model» desfila en una passarel·la il·luminada per tres figures amb notable ofici i estimulant eficàcia còmica: una meravellosa i versàtil Anna Azcona (protagonista d’un dels millors moments quan emula una estarlet de gloriosos pit i cuixa i queixosa de no poder interpretar txèkhovs) al costat d’un contundent i desinhibit Jordi Coromina acompanyen encertadament el Mestre de Cerimònies, que compagina el seu paper de narrador amb la sornegueria tan celebrada dels vells temps i la contenció del seu desconcertat heroi.
En canvi, els flaixos s’esmorteeixen a l’hora de fixar-nos en l’espai escènic i el vestuari, d’estètica refinada i sense gaire sentit amb el to de comedieta que s’hi representa. Tampoc no afavoreix aquesta proposta de la Companyia Per-Versions el desenllaç sorpresa, que suposa un afegitó i minva la conclusió dolça i agraïda de la història: Que no hi ha lletjor, sinó manca de sensibilitat envers l’altre.
“Abandonat per tothom, fins i tot per la sort”, confessa, desolat i al caire de l’abisme més absolut, un dels sis protagonistes de Magnetismes, el nou encert del Teatre Gaudí de Barcelona amb què pretén sacsejar els sentiments dels espectadors, una d’aquelles propostes que s’estrenen sense fer gaire soroll però que de ben segur es guanyaran el favor del públic gràcies a un text excel·lent i de molta actualitat –precarietat laboral, aturats ofegats per la hipoteca, el pànic a la solitud en fer-se gran, parelles atrapades en relacions que no els satisfan,…– basat en tres històries entrellaçades que, per un motiu o un altre i de forma inevitable, connectaran amb les nostres pròpies experiències.
Una de les obsessions de la companyia RAS Teatre –responsables d’aquesta producció– és la de tractar temes propers i contemporanis; el seu debut va ser amb The Lonesome West, de l’autor escocès Martin McDonagh, però per al seu segon espectacle s’estimaven més un text signat per un “autor de casa nostra”, i van demostrar tenir un olfacte privilegiat a l’hora d’escollir quan van optar per aquesta peça que Elisenda Guiu va escriure inspirant-se en esdeveniments que vivia de prop, relats protagonitzats per uns personatges desorientats, desesperats i sense gaire fortuna per afrontar els reptes amb què els posa a prova el destí. Així, Pepa Fluvià torna a dirigir amb subtilesa els actors de la companyia –Sergio Alfonso i Isidre Montserrat–, als quals s’hi han afegit Cristina Solà, Ignasi Campmany, Ignasi Guasch i Ruth Llopis per a completar el repartiment d’aquesta obra coral, mentre que Josecho de Linares ha estat l’encarregat de realitzar els audiovisuals que serveixen com a presentació melancòlica dels personatges.
I qui són aquests éssers atrapats en una realitat infeliç? Guiu utilitza tres històries on confronta individus de caràcter totalment oposat que, per motius casuals o no, s’acaben trobant i aprenent de l’altre: la Sara encadena fracassos amorosos mentre observa, impotent, com passen els anys sense tenir l’estabilitat desitjada, però coincideix amb el Jofre, un jove marcat per un accident de trànsit que, malgrat tot, no perd l’humor ni les ganes de viure; el Marc viu atrapat en una relació que no el satisfà, però la trucada de la Martina, una llicenciada en comunicació audiovisual que treballa com a teleoperadora, impulsiva i de forta personalitat, el farà dubtar sobre quin camí prendre en el futur més immediat; i el Lluís, que va aparcar els seus somnis per treballar en un banc i que una nit es retroba amb el Joan, un vell amic sense feina des de fa dos anys i que, desesperat, està decidit a fer qualsevol cosa per aconseguir diners.
El muntatge reflecteix amb senzillesa i extraordinària habilitat les frustracions, les pors i els dubtes a què estem exposats cadascun de nosaltres, emprant el to adequat per a una trama com aquesta, seriós però sense caure en el drama més absolut, evitant enredar-se en un excés d’explicacions que penalitzarien el ritme de l’obra i afegint-hi el punt just d’humor que requereix cada moment. D’aquesta manera, Magnetismes esdevé un exemple magnífic de bon teatre actual culminat amb un brillant discurs final amb què l’autora dóna sentit al títol de l’obra.
Magnetismes es representarà al Teatre Gaudí de Barcelona des del 24 d’abril fins al 8 de juny de 2013.
Autora: Elisenda Guiu
Direcció: Pepa Fluvià
Direcció audiovisuals: Josecho de Linares
Intèrprets: Cristina Solà, Ignasi Campmany, Ignasi Guasch, Ruth Llopis, Sergio Alfonso, Isidre Montserrat
Ajudant de direcció: Xavier Lastra
Producció: RAS Teatre
Producció executiva: Sergio Alfonso, Isidre Montserrat
Disseny d’escenografia i il·luminació: Elisenda Rodríguez
Tècnic d’il·luminació: Albert Giner
Vestuari: Maria Tuset
Música original i piano: Sergio Alfonso
Fotografia: Ester Villaescusa
Disseny gràfic: Dosbcn
Horaris: dijous, divendres, dissabte i diumenge a les 20:00 hores Preu: 20 € Idioma: català Durada: Una hora i quinze minuts
«Si la muerdes, ¡luego no te quejes!» debería haber dicho Eva a Adán. La serpiente allí no pintaba nada. Pero le tocó arrastrarse por siempre jamás pues se hallaba en el lugar equivocado en un momento poco oportuno.
Y Adán no solo hincó el diente. También pretendió hacer creer a los que venían después que empezaba a ser más feliz. Ello no se confirmó hasta que unos siglos después apareció la Televisión. Y entonces se acabó la angustia de vivir y se avivó la pasión.
Los miércoles por la noche, Cincómonos-Espai d’Art arma en su escenario una salita de estar donde uno se queda perplejo por su capacidad de abducción: Sus anfitrionas, dos ancianas soñadoras, frustradas y ocasionalmente malhumoradas, rejuvenecen su deseo amoroso día tras día ovulando juntas frente a la pantalla; rellenándose de peligrosa obsesión por el galán de la telenovela que les conecta al Mundo.
La alfombra sobre la que viaja esta pareja de apasionadas embaucadas es un texto de Diana Raznovich de tierna atmósfera, entrañables enfrentamientos, cómicos momentos y patetismo poético. Con las palabras de Diana, Lucía Jurjo y Cristina Fabregat pueden elevarse por encima de la mediocridad de las vidas de la temerosa Griselda y la temperamental Rosalía. Porque el texto incluye escenas de afilada mordacidad sobre la amistad y su valía como revulsivo contra la incapacidad individual de vivir, atesora episodios de disputa cotidiana y sobre todo consigue hacer creíble la desgracia de estas dos antiheroínas en que probablemente se habrían convertido las Thelma y Louise de Ridley Scott de no haber decidido despeñarse juntas por el precipicio de la aventura.
Jurjo y Fabregat se ponen en manos de Jorge Salinas, que les lía el turbante de la elegancia escénica, las pone muy juntitas y logra que vuelen hasta nuestros inhibidos complejos. Esos que nos hacen sentir carne marchitándose a base de toqueteo incesante del mando a distancia. Si Jurjo exhibe una generosa colección de matices dramáticos (goza, sufre, lloriquea, se insinúa y lucha denodadamente en pos de un orgasmo imposible), Fabregat despliega una autoridad teatral admirable, aunando con gran oficio afectación, fragilidad y determinación.
Por todo ello, cuando irrumpe en el gallinero el Gallo Más Erguido (Christian Salinas, impostado al principio, chispeante después y desarmándonos finalmente con la triste franqueza de su ídolo de masas apaleadísimo), el revoloteo será de tal calibre que no habrá zorro que se atreva a sacar tajada.
Hablar de Joglars es hablar de teatro, pero también lo es de crítica social y política, de la puesta en escena de proyectos teatrales arriesgados y de polémicas que dejan impasibles a muy pocos. El efecto Joglars acostumbra a poner en movimiento las vísceras teatrales tanto de los que van a ver sus obras como de los que no, pero que temen lo que se dice en ellas y sobre todo como se dice. Unos impedimentos que, sin embargo, no han evitado que la compañía, fundada en el año 1962 y recordada (a veces con ira) por obras polémicas como La torna (1977), Teledeum (1983), El Nacional (1993), Ubú president (1995), La increíble historia del Dr. Floit y Mr.Pla (1997) y Daaalí (1999) sea una de las más longevas a nivel nacional.
Els Joglars regresan a los escenarios con El coloquio de los perros, la adaptación libre de una de las novelas ejemplares de Miguel de Cervantes, autor adaptado ya por la compañía en dos ocasiones, la primera con El retablo de las Maravillas (2004) y la segunda con En un lugar de Manhattan (2005). El juego en este caso está en la visualización de la condición humana a través de los ojos limpios y sencillos de los animales de compañía, testigos y sufridores en muchas ocasiones de las consciencias y los actos de los hombres.
La acción arranca en una perrera en la que un vigilante nocturno se ve sorprendido por dos perros, Cipión y Berganza, que durante la noche son bendecidos con el don del habla. Los sabios canes, tras la sorpresa inicial del vigilante, le narrarán su historia, la cual siempre ha estado ligada a los humanos. Una extraña noche en la que el hombre calla, por una vez, para darle voz a los perros y aprender, si es posible, de ellos.
Comencemos por el principio. La propuesta representa «una adaptación libre a partir de la novela de Cervantes«, y eso en manos de Joglars quiere decir mucho. Ténganlo en cuenta, por tanto, aquellos que quieran deleitarse con la pureza del texto cervantino, aunque esta aflore, también, en determinados momentos de la representación en la locuaz conversación de los perros, ya que lo que encontrarán es un Cervantes deglutido por Joglars con el que la compañía fabrica una nueva obra.
Y de nuevo Joglars arremete con los usos y las costumbres de la sociedad, al menos de una parte de ella, utilizando a los canes como testigos mudos de toda una serie de comportamientos humanos que van desde la incapacidad de crear vínculos afectivos positivos con otras personas y su substitución por los más fáciles y agradecidos proporcionados por los animales; el maltrato que sufren muchos de estos a manos de propietarios crueles; la devoción por toda clase de placeres estéticos y materiales fáciles de conseguir con dinero; la obsesión por el cuerpo; o lo cotizada que a veces tenemos en Occidente la libertad y que los perros, sabios o no, ceden a cambio de la seguridad y el fácil sustento.
La propuesta creada de las cenizas cervantinas por Albert Boadella, Martina Cabanas y Ramón Fontserè, apunta con tino si bien lo hace con un ritmo a veces aquejado de poca fluidez y de un tufo a humor genital y popular propio de la compañía, que aunque arranca diversas carcajadas de la concurrencia puede provocar y provoca el rechazo de una parte del público, aquella que aspira a señuelos escénicos más elevados. La voluntad de Joglars es también actualizar contextos antiguos con los que poder criticar los desvaríos de los tiempos en los que vivimos.
A la obra le cuesta arrancar y ponerse en marcha aunque va ganado enteros a medida que avanza la representación. Y su mejora la encontramos tanto en la actuación de los actores y actrices, Ramon Fontserè y Pilar Sáenz como los dos canes, que nos proveen de una caracterización resolutiva, Xevi Vilá que encarna al vigilante nocturno de la perrera desconcertado por la capacidad parlanchina de los animales (personaje ajeno al genio creativo literario de Cervantes) y Dolors Tuneuy Xavi Sais que interpretan al resto de personajes relacionados con la vida de los perros con un juego de máscaras y un estilo muy próximo a la Comedia del Arte. Otro de los aciertos de la obra es la escenografía reducida casi a la nada, constituida por una especie de cajón alargado sobre el cual se representa parte de la acción y que hace las veces de bambalinas para la transformación de los actores, lo que les fuerza a realizar un importante esfuerzo escénico y de contextualización.
Cabe decir también que la adaptación de Boadella, Cabanas y Fontseré (este último dirige también la obra) resulta decepcionantemente facilona tanto en la creación de situaciones como en alguna parte del texto, como la que critica la subida del IVA cultural al 21%, y que arranca, como no podía ser de otra forma, los aplausos del público, aunque no de forma masiva.
El coloquio de los perros es una obra más dentro del repertorio de Joglars que no se distingue del resto en exceso y que mantiene elementos de producción propios de la compañía. Aunque nos propone temas a discutir que pueden ser interesantes como el mundo que hemos creado los humanos y que afecta de pleno a los animales y a las mascotas que nos hacen compañía o el valor que el hombre y la mujer dan a valores como la libertad en una época que nos oprime con fuerzas y estrategias mucho más sutiles y efectivas.
«El coloquio de los perros» se representa en el Teatre Poliorama del 16 de abril al 18 de mayo de 2014.
Dirección: Ramon Fontserè
Adaptación: Albert Boadella, Martina Cabanas y Ramon Fontserè
Reparto: Ramon Fontserè, Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Xavi Sais y Xevi Vilà
Producción: Joglars
Espacio escénico: Albert Boadella y Ramon Fontserè
Diseño de iluminación: Bernat Jansà
Diseño de Sonido: Xavi Sáenz
Música: Carles Cases
Horarios: miércoles, jueves y viernes a las 21:00 horas; sábados a las 18 y a las 21:00 horas y domingos a las 18:00 horas.
Funciones con variación de horario:
El lunes 21/04 la función será a las 18:00 horas
El miércoles 30/04 la función será a las 21:15 horas
El jueves 01/05 la función será a las 18:00 horas (festivo)
El viernes 25/04 la función será a las 21:15 horas
Precio: de 18 a 27 euros
Un nadó no mereix viure si no pot ser com els altres. Però abans d’alçar la veu, vull presentar-vos la responsable d’aquesta sentència inapel·lable que es dicta aquests dies a la Biblioteca de Catalunya: La seva mare Ada, que en cap moment de la funció amaga l’F foragitada del seu nom. Perquè és forta en el seu determini; ferotge quan entén la seva realitat; i a més fa feliços els espectadors que s’hi atansen.
Amb “Llibert”, Gemma Brió esquitxa d’un blau ferm (amb “f” també) un escenari blanc per on llisca la seva frescor com a actriu, la comicitat de Tàtels Pérez i els dits juganers de Mürfila a la guitarra elèctrica. I plegades, combinades per la mà generosa de Norbert Martínez com a director, despleguen un espectacle que comença com a encisadora història tenebrosa, segueix encarrilada sobre la tragicomèdia més informal i acaba frenant per l’impacte de l’al·legat.
Brió estructura el seu text donant veu a les tres artistes, que s’intercalen com a narradores, amplien equip artístic amb el públic sense fer-lo moure’s de la butaca (però sí estremint-lo) i aconsegueixen un to molt atractiu a l’hora de tractar un tema tabú: la necessitat de reaccionar davant el naixement d’una criatura amb tara irreversible. La proposta escènica, doncs, no hauria d’admetre resolució acomodada. Martínez recorre a la combinació d’elements dramatúrgics de diferents gèneres per tal d’elaborar un producte que funcioni com a proposta arriscada i, alhora, compti amb el beneplàcit de l’espectador. És per això que a “Llibert” la concurrència de música rock efectista, “performance” amb teatre d’objectes, monòleg redundant i comicitat (meravellosa Tàtels com a Sant Pepe Rubianes) irresistible afavoreixen un espectacle amè, reflexiu i de vegades ambigu. Aquestes virtuts s’apaivaguen en la segona part, moment en què sembla que l’autora hagués de justificar-se per haver declarat amb certa valentia poc abans la seva desconcertant humanitat quan proclamava que “no vol ser lletja” i que ho seria si assumís ser mare d’un paralític cerebral. I llavors l’obra inclina la balança a favor del melodrama i ens mata.
Si a “Mi vida sin mí” Isabel Coixet ens emocionava amb el bondadós hermetisme d’una malalta terminal i a “Hedwig and the Angry Inch” John Cameron Mitchell gosava desafiar el nostre ordre moral mostrant-nos la malenconia d’un transsexual a cop de música rock crepuscular, la grandesa d’aquest “Llibert” ens aixafa amb els silencis de la Brió intèrpret a la sala d’espera, amb les seves mirades a l’espectador convertint-lo en “partenaire” mut, amb les melodies que brollen dels seus llavis “unplugged”, amb la seva interessant reflexió sobre l’“existencialisme burocràtic” (“a la vida i a la mort sempre queden tràmits per fer i papers per presentar”) i amb la seva elegància blava que, com el mar, és ensems acollidora i feréstega.
Uno se pregunta, a estas alturas del siglo XXI, cómo nos ha afectado a todos la irrupción de internet y las nuevas tecnologías en nuestras vidas diarias. Si hemos salido ganando o al contrario, las TIC nos han conseguido dominar de una forma como ninguna otra tecnología lo había hecho antes. Pues bien, Infecte, estrenada el pasado 3 de abril en el Versus Teatre nos presenta un retablo escénico en clave de comedia de como viven, sobre todo las nuevas generaciones, aunque también las no tan nuevas, el revolucionario paradigma digital.
La acción da comienzo en el piso de Martí (Dani Ledesma), donde se ha instalado, gracias a la presión familiar, su primo Víctor (Rafa Delacroix). Martí hace un tiempo que lo ha dejado con su pareja Sandra (Clara Moliné) y parece que no controla muy bien su vida sentimental desde entonces. Víctor está enganchado a internet y al portátil de su primo. Aunque Sandra dejó a Martí alegando que había descubierto que era lesbiana, se siente ahora atraída por su primo Víctor, al que parece que le acosa Leo(Rocío Arbona), una vendedora de enciclopedias. Por su parte Tecla (Cristina Serrano), la informática de la empresa donde trabaja Martí, se siente atraída por su compañero de trabajo. Una complicada vida social y sentimental que se verá afectada por la llegada de un virus informático que se apoderado del cuerpo de… Víctor.
Infecte es una pieza de teatro que trata temas actuales, sobre todo para las generaciones más jóvenes y lo hace a través de la crítica y el humor. La acción de la obra está influenciada por la tecnología y por los nuevos dispositivos informáticos que han modificado de pleno nuestra forma de entender y de respirar la vida. De ahí que la obra esté pensada para un público joven, de aquellos que cuando van al teatro no pueden apagar el móvil hasta cinco segundos después de haberse iniciado la representación.
La obra está influenciada por la tecnología porque justamente nos habla de ella y de cómo internet y las TIC han cambiado nuestro día a día, hasta convertirnos en periféricos de ellos mismos. Así, pues, Infecte está elaborada con un planteamiento sencillo, ágil y rápido en el que las escenas se van sucediendo una detrás de otra con el objetivo de narrarnos una historia como si fueran viñetas de cómic, un hecho acentuado por el apagón que conlleva el final de cada una de los micro-pasajes escénicos. Y nos habla de la nueva tecnología mostrándonos la antigua sobre el escenario, esto es, discos de vinilo y cintas de video, que se convierten en testimonios inertes de la obsolescencia tecnológica que nos somete cada vez con más empeño.
Alberto Ramos, el autor, pretende así hablarnos de muchas cosas, entre ellas, del abuso de las comodidades que nos aporta la tecnología; de la liquidez de las relaciones en las generaciones más jóvenes; de lo difícil que es a veces comunicarse aunque tengamos más canales y medios que nunca; de las consecuencias de un posible apagón digital o incluso del final de la cultura escrita debido a la competencia de internet y las TIC. Ramos crea para poner todo en marcha una idea original, que no es otra que la trasfiguración de un virus informático en un ser molecular capaz de infectar a los humanos con el gracioso y temerario nombre de I Love You, como aquella amenaza informática que atemorizó al mundo en el año 2000. El virus irrumpirá de esta forma en el entorno de Martí y este junto a Tecla, Sandra y Leo tendrán que luchar para controlarlo y eliminarlo.
Iban Beltran, el director, y la compañía Batalla Teatre lo dejan todo en el escenario para darle a la representación un ritmo con un crescendo alocado y en el que uno nunca sabe que es lo que puede pasar en la siguiente escena, llegando al final el humor de la obra a alcanzar niveles de esperpento 2.0 con el que reírse de ellos mismos y de las situaciones que, a veces, se producen en la vida real. Así, pues, la obra se nutre del trabajo de jóvenes talentos del teatro, entre los que están Rocío Arbona, Rafa Delacroix, Georgina Latre, Dani Ledesma, Clara Moliné y Cristina Serrano. Aunque no es justo destacar el trabajo de alguno de ellos por encima del de los otros, ya que la obra es de carácter coral, tan solo diré que Georgina Latre interpreta en ella un papel muy distinto al de los demás, encarnando al virus que ha conseguido traspasar la barrera entre el mundo digital y el real. El resto se desenvuelven bien con el toque de humor joven y audaz con el que se ha fabricado el espectáculo.
Infecte es una obra sin demasiadas pretensiones que intenta hacérselo pasar bien al público de una forma original, cómica y reflexiva, para que reconozcamos sobre el escenario actitudes propias y de conocidos, y para hacernos ser conscientes de que el homo sapiens ha sufrido una nueva etapa en la evolución que está vinculada a los ordenadores, los portátiles y cada vez más en los dispositivos móviles. ¿Qué pasará entonces si un día todos ellos enferman?
«Infecte» se representa en el Versus Teatre del 3 de abril al 4 de mayo de 2014.
Texto: Alberto Ramos
Dirección: Iban Beltran
Reparto: Rocío Arbona, Rafa Delacroix, Georgina Latre, Dani Ledesma, Clara Moliné y Cristina Serrano
Escenografía: Sebastià Brosa
Iluminación y espacio escénico: Rubén Taltavull
Vestuario: Georgina Latre
Horarios: de jueves a sábado a las 22:00 horas y domingos a las 20:00 horas. Precio: 20 € Idioma: catalán Duración: 70 minutos
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