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Crítica teatral: Pis mostra, en el Teatre Borràs.

Pis mostra«Una pareja joven compra un piso sobre plano y, al entrar a vivir descubre que son los único habitantes del edificio. Y encima los interesados en comprar alguno de los pisos vacíos del inmueble confunden su piso con el “Piso Piloto” (“Pis Mostra”) de la promoción. Recibirán unas cuantas visitas muy especiales que les cambiarán la vida y la forma de entender las relaciones de pareja. Una comedia moderna, fresca y con personajes y situaciones hilarantes».

¿Qué pasaría si después de comprar un piso descubrimos que somos los únicos inquilinos de un gran edificio? ¿Aprovecharías la oportunidad si pudieras escoger quienes van a ser tus futuros vecinos? ¿Puede el amor ir más allá de los lazos familiares? Estas son algunas de las cuestiones que nos plantea, con humor, Pis mostra, una comedia dirigida por Juanjo Sánchez e interpretada por Max Marieges, Marina Gatell, Carles Flavià, Mont Plans, Daniel Cuello-Esparrell y Ruben Ametllé.

Estamos ante una comedia de situación. La pareja formada por Max Marieges, imitador en los programas de TV3 como Polònia y Crackòvia, y Marina Gatell, habitual en series de televisión, se ha de enfrentar a situaciones surrealistas provocadas por el asalto que sufre su piso por parte de futuros compradores y ocupadores de las viviendas libres del edificio.

La comedia, que tiene un buen planteamiento con respeto al humor, tarda, sin embargo un buen tramo en animarse. Las escenas iniciales de convivencia entre Marieges y Gatell poseen poco gancho. La función no se anima hasta que entra en escena la espléndida Mont Plans que llena con su solo presencia y simpatía el escenario y da ritmo a la comedia. También destaca en este sentido la loca y estrambótica interpretación de okupa que realiza Ruben Ametllé que pone patas arriba la apacible vivienda de la pareja. Carles Flavià, que interpreta al novio de Mont Plans conocido a través del cibersexo, sin embargo, no está demasiado acertado, y deambula por el escenario interpretando a un viva la virgen, entre pícaro e inocentón que dinamitará, debido a las consecuencias de sus acciones y ligues en el pasado, aún más a la pareja.

Pis Mostra habla de la convivencia, de los lazos familiares, de la infidelidad, de cómo la vida puede dar giros cuando menos te lo esperas y de cómo nos enfrentamos a ellos… Pero le falta el punch cómico que necesitan este tipo de comedias a lo vodevil y más salidas de tono rotundas y graciosas. Y tal vez más personajes estrafalarios que fortalezcan el avance de la representación, a parte del cartero interpretado por Daniel Cuello-Esparrell, que aparece y desaparece sin ser su personaje verdaderamente aprovechado en el desarrollo de la comedia.

Pis Mostra se convierte, así, en un buen intento de comedia que se queda en eso, en un intento de la comedia que podría haber sido, con una dramaturgia más elaborada, un desarrollo de los personajes más adecuado y una vis cómica más intensa. Una comedia que hace reír pero menos de lo que uno espera en este tipo de obras, y que no hace poner demasiado en movimiento esa parte de las vísceras del humor que todos llevamos dentro.

Pis Mostra” se representa en el Teatre Borràs a partir del 9 de mayo de 2014.

Director: Juanjo Sánchez
Actores: Max Marieges, Marina Gatell, Carles Flavià, Mont Plans, Daniel Cuello-Esparrell y Ruben Ametllé
Producción: ZOOPA
Idioma: catalán

Horarios y precios: web GrupBalaña
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Taradete

“Menut Cabaret” en la Sala Fènix: Dedos salpicando ternura

Dejemos que los niños se acerquen a él. Y que le ayuden a perfilar la etérea sutileza de su propuesta. Porque el “Menut Cabaret” es tan diminuto que sus espectadores podrán agigantarlo. Con su imaginación. Y con sus temores. Con su concentración. Y su sorpresa.

Sola &Tully juegan con su pequeño público a recordarle que combinando utensilios semidomésticos, juguetes de los que ya no se anuncian en la tele y las manos inquietas tenemos un espectáculo. Y que la capacidad de sugestión es la suma del artista rompiendo el hielo y la ocurrencia del público exclamando qué es lo que está viendo.

“Menut Cabaret” adolece de un hilo argumental recto. Más bien lo contrario. Busca que deshagamos el ovillo de su ambigua ternura: Recreando ambientes de carácter festivo con un tinte trágico como una celebración de cumpleaños con un patito feo que en realidad es un dinosaurio animoso entre gallinas hostiles (epíteto donde los haya); o el seguimiento de un funámbulopoco ducho que acaba en el fondo del mar y enaltecido por una mordedura certera de escualo predispuesto.

También se detiene en espacios fuertemente influidos por la meteorología que derivan de lo deseado a lo temible: la refrescante lluvia adulterada en tormenta que hace zozobrar al barquito persistente; el aire liberador ahogado por la ventisca arrasadora que impide avanzar.

Y localiza en los dedos de una mano el proceso de aprendizaje de una persona que se descubre una y maravillosa pero que mejora al intuir que no está sola en el mundo al descubrir los dedos de la otra mano (el número precioso del espejo que atrapa a dos seres distintos) preparando a su indefinido protagonista para amar en cuanto reconozca poco después a la persona que también le amará.

“Menut Cabaret” esboza y ofrece borrones. Las cuentas nuevas llegarán: Las hace con encantadora timidez el público y Helena de Sola y Ronan Tully se ruborizan, frágil titiritera ella, evocador de melodías rompedoras él.

Por Juan Marea

“Menut Cabaret” se representa en la Sala Fènix de Barcelona hasta el 29 de junio.
http://www.salafenix.com/teatro/menut-cabaret

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“Venidos a menos” en el Teatre del Raval: ¡Ya os vale!

Pero que mucho. ¡Joder! ¿Cómo habéis podido caer tan bajo? ¡Macho, si estabais en lo más alto! Yo paso de vosotros, tíos. ¡Ah, vaya! Ahora no me vengáis con hostias. Que yo no tengo la culpa. Los dos solos. Y a partir de las once de la noche en el Raval. ¡Ya sois mayorcitos para hacer el gilipollas de esta forma!

Bueno, vale: Me siento a veros. Pero solo un rato, ¿eh, tíos? Que la noche hay que quemarla y yo tengo un buen mechero, ¡jajaja! Ah, ¿Que ya empieza? tranquis, de buen rollo llegáis. Pero yo no me fío, soy muy supersticioso… ¿Y qué queréis que os diga? Sí, eso del arte está muy bien pero en la tele o en el cine. Arte el que yo le pongo a la parienta cuando toca. Y cuando me deja tocar.

¡La hostia! ¿Que me vais a contar la historia de vuestra vida? Pero ¿esto no era una obra de teatro? Ok. Me callo. Y me descojono. ¡Vaya caretos que ponéis! Sí, de perfectos pringaos. Por eso no paráis de joderos el uno al otro durante todo el “espectáculo”. O lo que coño sea. Que sí, que la vida es dura. Y si me venís de guays con que fuisteis unos ídolos, pos vale, que sí: Lo fuisteis. Pero ahora ¡a ganarse el pan con el sudor de vuestros …cojones!, porque eso es lo que hay que tener para salir al escenario. Y cantar esas mariconadas con la guitarrita de mierda. Las letras molan: Dicen paridas sobre lo acabados que estáis. Yo lo flipo: ¡Que me vais a contar cómo se folla! ¡Anda yaaa! ¿Y cómo se hace, a ver, listos? Ah, ya lo pillo: Que vosotros tampoco tenéis ni puta idea. Vale, vale, seguid… ¡Qué cabronazos! Me parto, colegas, con ese viaje alucinante al fondo del coño de la Massiel. ¡Como se entere! Ah, que es teatro… Oye, a mi churri nadie le pone un ojo encima. ¡Que te quede clarito, Pablito Puyol! Saca a otra, que también hay feas y que han venido sin maromo. ¡Y cómo te va el rollo de vacilón, colega! Pero cuando tocas el cajón estás más mono, chaval. Y bailando, ¡qué bujarrón! Tu colega (¿cómo se llama? Sí, el David Ordinas ese), el otro, ese que va de pasmao, dice que eres maricón. Y él parece salido de una peli del Martínez Soria, tan empanao… Cuando canta, parece que esté viendo a Dios. ¡La puta! Si también os metéis con ese. ¡Aquí hay pá tós! ¿Ya se acaba? Sí, sí, me cago en vuestro “bis” y ¡tan a gustito! Oye, esto del teatro tiene su punto…

Por Juan Marea

“Venidos a menos” se representa en el Teatre del Raval de Barcelona los días 20 y 21 de junio.
http://www.teatredelraval.com/venidos-a-menos/

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 Esta es la historia de un amor. 

“Cabaret Victoria” en la Sala Fènix: Piratas de un Mar Sublime

La vida no es isla alguna en la que recalar. La vida es la bravura del oleaje. La vida es el naufragio cuando el océano decide ocupar el lugar que merece. Y la vida, además, es agarrarse al mástil aunque sea tronco flotante.

En la Sala Fènix de Barcelona lo saben y hasta el día 21 de junio nos instan a ir al abordaje con ellos rumbo a un destino nada seguro: su “Cabaret Victoria”. Y llegaremos a nado porque las criaturas que moran en él no admiten pasaje seco ni aburguesado.

Con esta peligrosa propuesta, Felipe Cabezas persiste en su empeño de hacernos desfilar por parajes lejanos a fin de asumir que ni somos tan contemporáneos ni podremos serlo jamás mientras no reconozcamos que nuestro lado oscuro halló su mejor análisis en tiempos pretéritos.

Cabezas saquea sin pudor algunas de las figuras literarias más inquietantes del siglo XIXy las enfrenta ante nuestra timidez aséptica. Al hacernos participar de sus historias horripilantes, cede el puritanismo del respetable. Y entonces el espacio adopta los tintes de una fascinante orgía de romanticismo sangrante (el de verdad), depravación moral esperpéntica (con permiso de Valle-Inclán), poético misterio y hermosísima ambigüedad.

La tripulación de la Fènix reúne en su espectáculo episodios de un lirismo tenebroso sobrecogedor por la belleza de su puesta en escena (el monólogo del cadáver perseguido por los cuervos de Edgar Allan Poe tras un telón que es auténtica piel de su atormentada Elena Visus), grotescos con generosidad escénica (las maravillas del «Elixir de larga vida» de Balzac con un arrollador Nelo Sebastian y la sensualidad cautivadora de Alba Valldaura y de la citada Visus), amén de elegantes homenajes a estandartes de la ciencia ficción, el horror y su vampirización por el cine más artesanal hermanados con júbilo en la disparatada y deliciosa búsqueda por Jules Verne de su cabeza, que le llevará a pedir hora al eficiente Dr. Frankenstein.

Este “Cabaret” es un excepcional ejercicio de sangre, sudor y lágrimas.

Porque fluye por sus venas un repertorio valiente que recupera desde el Gran Guiñol hasta el relato de folletín, con gotitas de humor sardónico.

Porque sus intérpretes se entregan hasta el paroxismo: una grandilocuente Valldaura (con amenaza seria a los que no apaguen su aparatito menos silencioso al empezar la función), un dinámico Sebastian (desconcertante titiritero, aguerrido pirata), una grácil Visus (irresistible muñeca articulada), un maquiavélico Pere Cabaret (como ácido Monsieur Ídem que también toca y con placenteros resultados) y avivando el furor escénico de todos ellos, el propio Felipe, capitán consumado de enérgico porte y sabio látigo.

Y porque provoca el llanto de nuestra coraza al ver cómo nos desprendemos de ella en cuanto empieza el show.

Añado además una estupenda puesta en escena aprovechando con inteligencia el espacio escénico desde el subyugante telón de fondo hasta la parte trasera de la platea, más un vestuario exquisito, una música desasosegante y una utilización de los complementos escénicos sublime.

Solo dos peros: las partes cantadas del espectáculo, que crean cierta indefensión a sus ejecutantes por sus limitaciones vocales. Y las concesiones cómicas a la contemporaneidad del espectador, que resultan forzadas y, por ello, desdibujan de manera esporádica la magia de esta travesía.

Y ahora sí, cierro con la consigna completa de la Compañía: “¡Al abordaje sin equipaje!”. Que se hundiría inevitablemente y en el fondo del mar de poco nos serviría.

Por Juan Marea

“Cabaret Victoria” se representa en la Sala Fènix de Barcelona hasta el 21 de junio y también en Barts desde el 18 de junio.
http://www.salafenix.com/teatro/cabaret-victoria-tercera-temporada
http://www.barts.cat/es/e-261/CABARET-VICTORIA

ImagePiratas al acecho artístico

“El hombre visible” de Loscorderos.sc: Con los ojos vidriosos

Hay misántropos consecuentes y pasean su desapego social por las aristas hirientes de sus domicilios.

Otros son auténticos farsantes. Porque a quienes en realidad no soportan es a ellos mismos. Y entonces convierten sus hogares en presidios infernales.

El hombre que vemos en La Seca-Espai Brossa va a vencer su patología a lo largo de la función. El tratamiento consistirá en vehicular tanta frustración existencial mediante piruetas coreográficas, la performance intelectual y el recital de aforismos poéticos.

Los riesgos que se encuentran David Climent y Pablo Molinero en el camino se manifiestan pronto y sin rubor: el virtuosismo, lo críptico y la pretenciosidad. Triple desafío: Superar la tentación de la perfección técnica, apartar la ambición de ser más listo que nadie, desistir del deseo de demostrar que uno debe aleccionar a los demás. Climent juega con todo ello en un escenario donde se eleva (cuando baila de forma vehemente y enardeciendo el mecanicismo de ese personaje que le toca interpretar), empequeñece (bajo la retahíla de reflexiones de Fernando Pessoa y Oliverio Girondo) y hasta queda sepultado (bajo ese túnel de libros en los que no logra encontrar respuesta válida a su aliento vital, recurso ya algo recurrente).

David no se amilana y da su mejor reacción ante el caos doméstico con electricidad corporal. Tampoco le supone un gran escollo la poesía oficial de la dramaturgia: David sabe verbalizarla aireándola y alejando oportunamente la enfatización de su camino. Entonces, su visibilidad es emocionante y mágica. Pero el espectáculo empaña nuestra mirada por un excesivo afán de reunir tantos apuntes trascendentales sobre los temas que pretende tratar: la cobardía del individuo frente a la vida que no espera (el ocurrente relato de su tardanza vistiéndose); la soledad como refugio (la facilona ironía sobre su antisociabilidad y la sociología y otras extravagancias ingeniosas); la enajenación como huida (la obsesión por la transmigración); el impulso de expresar emociones que domina el cuerpo por entero (la posibilidad de escucharle y recordar cómo se puede “llorar por las rodillas, por el ombligo…llorarlo todo” desde ese poema fascinante «Llorar a lágrima viva» de Girondo); y, al fin, la agradecida moraleja servida con el esteticismo esencial del acto de devorar con fruición la cebolla impregnándose sin prejuicios de la tierra que la hacía crecer a modo de lamento sin consuelo posible mientras pronuncia “dadme la celda que queráis, que yo me acordaré de la vida”.

Este hombre, farsante y genuino, visible e invisible, se curará en el momento en que caiga el telón. Porque su tremendo optimismo se vislumbra tras cada fracaso, que siempre precede a un nuevo intento.

Por Juan Marea

“El hombre visible” se representa en La Seca-Espai Brossa hasta el 22 de junio.
http://www.laseca.cat/es/obra/71/elhombrevisible–loscorderossc/

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 Climent se viste porque tiene invitados.

“Els homes són de Mart i les dones, de Venus” al Teatre Poliorama: Que la pau interplanetària sigui amb vosaltres!

Hi ha un planeta amb les condicions idònies per a què éssers de diferent procedència puguin repostar-hi combustible. Un cop que hi aterren, és obligat fer-hi una passejada. I llavors apareixen les dificultats: Ja no te’n pots anar.

Quan els ingenus marcians van descobrir-lo, decidiren ràpidament convertir-lo en el seu hàbitat. La notícia es va escampar com pólvora intergalàctica. I, tot seguit, van atansar-s’hi les nadives de Venus.

El que va passar després ens ho detalla amb afany pedagògic en Jordi Martínez al Teatre Poliorama de Barcelona aquests dies. Des que comprem l’entrada, ens convertim en alumnes seus. I, sense esma ja de rondinar, tot seguit ocupem la nostra localitatamb el quadern obert, el bolígraf frisós per lliscar-hi i la valentia de copiar allò que la pissarra sintetitzarà. Perquè ens hem matriculat en un “curs bàsic per suportar la parella”.

La nostra docilitat és aprofitada vilment pel Jordi, que oblida qualsevol posat escènic a l’hora d’establir un vincle comunicacional amb el seu auditori. Del que aquí es tracta és de donar la cara per poder tornar-la a abaixar quan tornem a la llar. I si volem ser honestos, reconeixerem el seu triomf: La frescor que en Martínez desprèn encobreix aquesta mera translació del best-seller d’en John Gray en conferència de pa sucat amb oli. No hi ha rastre en l’espectacle en qüestió de cap dramatúrgia que el pugui acostar a una peça teatral. Sí que hi ha, en canvi, un actor que sense histrionismes i amb astúcia interpretativa obté del seu públic una col·laboració distesa des del primer moment per a ser tractat con a carn d’activitat extraescolar adulta.

A “Els homes són de Mart i les dones, de Venus”, homes i dones poden emmirallar-se si estan disposats a acceptar amb resignació alleujadora allò que sempre els va separar: les seves diferències. Per superar amb facilitat aquest prejudici comú entre ells i elles, marcians guerrers i maules de Venus, trobem aquí un nou (si em permeteu la llicència) episodi del subgènere anomenat monòleg còmic tan agraït per ments poc pensants i espectadors gens avesats al fet teatral que, malgrat tot, són capaços de substituir la pantalla televisiva de tant en tant per imaginar que una platea pot ser el sofà de casa. Encara que no hi puguin beure una cervesa ells ni compartir-hi la safata amb el sopar recent escalfat elles. Tant li fa! Perquè el planeta Terra els garanteix que, al capdavall, dins els seus límits sempre hi haurà espai per al conflicte.

Per Juan Marea

“Els homes són de Mart i les dones, de Venus” es representa al Teatre Poliorama de Barcelona
http://www.teatrepoliorama.com/es/homesmart/

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L’Evangeli segons en Jordi 

“La dama de les camèlies”: Jardí poc perfumat

O viure o fer morir als altres de desig. Aquest és el dilema de la Dama. I també el punt de partida de la seva història escènica a La Seca.

Les camèlies són l’exigència de la Dama als seus amants, resposta a la intransigència del seu temperament. Però resulta que poc després de la seva presentació com a personatge alterós, l’espectacle començarà a demostrar una fragilitat tan palpable com despullada esdevé la posada en escena.

Hermann Bonnín dirigeix “La dama de les camèlies” amb vocació de clavar el bisturí fins a les arrels. Potser perquè aquestes flors són de creixement lent i gens oloroses, Bonnín mira de purgar qualsevol detall anecdòtic que pogués interrompre el cicle vital del seu jardí. I centra el seu cultiu escènic en la degeneració progressiva d’una dona que només “és una criatura de l’atzar”. Posats a radiografiar-la, explorarà també la seva indefensió davant per davant de l’entrega il·limitada quan decideix estimar per primera vegada.

El jardiner Bonnín aparta la fullaraca de la vista. I mostra un escenari on només hi ha terra per a què hi malvisquin els personatges. Amb aquesta admirable valentia, els fa ensopegar els uns amb els altres i n’extreu la seva vulnerabilitat fefaent.

L’adaptació del text d’Alexandre Dumas, Fill a càrrec de Sabine Dufrenoy, es converteix llavors en el millor adob: Les reflexions sobre amor i mercantilisme emocional són aquí celebradament contemporànies per la seva frescor i l’estil depurat. També hi desfilen l’opressió social carronyera que ronda de manera implacable l’amor moribund de la Marguerite i l’Armand.

Però Bonnín falla en canvi a l’hora de guiar el seu repartiment. Els actors queden colgats sota la rigidesa de la tija aparent (exquisit vestuari) sense poder dinamitzar l’evolució dels personatges: Una histriònica Nausicaa Bonnín resulta molt encarcarada quan es presenta com a Senyora De Plaers i massa tova a l’hora de llevar-se la pell de llop; l’Albert Prat,excessivament acadèmic,batalla amb un pocdefinit Duval. La resta del jardí està poblat per flors pàl·lides amb certes espurnes de vida a càrrec d’una Montse Guallar múrria i ambigua. A més de Pep Jové, que mostra amb saviesa els seus pètals en els pocs moments en què apareix.

 Per Juan Marea

“La dama de les camèlies” es representa a La Seca-Espai Brossa de Barcelona fins a l’1 de juny.

http://www.laseca.cat/ca/obra/66/la-dama-de-les-camelies–alexandre-dumas-fill/

ImageElegant camèlia a punt de marcir-se

Crítica teatral: El zoo de vidre, en el Teatre Goya.

image(1)Uno siempre se considera afortunado cuando tiene la posibilidad de asistir a la representación de una obra de Tennessee Williams, y más cuando es una tan representativa de la dramaturgia del autor estadounidense como lo es El zoo de vidre, que nos provee, además, de elementos autobiográficos. Si a esto le sumamos la dirección de Josep Maria Pou, la creación de una magnífica escenografía y la interpretación de Míriam Iscla, Dafnis Balduz, Meritxell Calvo y Peter Vives, el resultado se convierte en un exquisitez teatral que apela a la fibra emocional del público asistente.

La obra nos traslada al Saint Louis de finales de los años 30 del siglo XX. En la casa de los Wingfield las cosas no van demasiado bien. Amanda Wingfield ha de hacer frente sola a las penalidades de la familia desde que la abandonó su marido. La economía familiar se ha encogido desde entonces. Laura, su hija, sufre desde pequeña un defecto físico en la pierna. Tom, su otro hijo, trabaja a desgana en una zapatería y es el único sustento de la familia, aunque su sueño es poder dedicarse a la poesía y abandonar de una vez por todas, como hizo su padre, un hogar con una atmósfera casi irrespirable. Amanda vive, además, obsesionada por la falta de pretendientes de su hija en edad de merecer y por el futuro desdichado que le espera si no consigue encontrar un buen esposo, un nuevo elemento de presión que provocará la ruptura final de la familia.

El Goya nos deleita de nuevo con la programación de una obra que aunque está ambientada en otro país y en otra época, es el claro reflejo del alma humana, y que por eso nos habla de situaciones que, seguro, quien más quien menos, hemos vivido o vivimos en nuestra realidad más cercana. Una de ellas es el espíritu de supervivencia de la familia Wingfield, que se ha de enfrentar a una dura realidad. Las riendas del hogar han quedado en manos de Amanda Wingfield, que se protege mentalmente de la lacerante situación por la que pasa la familia rememorando su feliz juventud, cuando innumerables pretendientes contendían por ganar sus favores. La segunda es la situación de discapacitación mental, y no tanto física, que sufre su hija, provocada, sin duda, por la sobreprotección recibida y que la mantiene reducida en un mundo infantil y hogareño. La tercera es el infierno que vive Tom, atrapado en una realidad que no le permite desarrollar todo su potencial y que le obliga a ir cada noche al cine para saciar su sed de aventuras y libertad.

Todo ello rematado por el carácter autobiográfico que Williams le da a la obra y que nos remite a los orígenes familiares del dramaturgo, a su lucha por hacerse un lugar en el teatro y a su voluntad de abandonar un hogar marcado por la figura materna, la mezquina indiferencia que recibió por parte de su padre y los problemas mentales de su hermana, ingredientes todos ellos que de una forma u otra veremos en la obra.

image(7)El Zoo de vidre, comienza con la presentación del propio Williams / Tom Wingfield, quien además de ser uno de los personajes principales de la obra, hará las veces de narrador y romperá, en diversos momentos, la representación de la obra para dirigirse directamente al público. Poco después se nos hará evidente el conflicto familiar y asistiremos afectados a la evolución del mismo.

Pou ha dado a luz un producto teatral con una envoltura escénica de gran calibre, que sabe aglutinar la suma de toda una serie de magnificas interpretaciones y que posee un touch teatral que respeta el espíritu de la obra y del autor. Así, pues, en el apartado de las interpretaciones destacan las de los caracteres principales: Míriam Iscla borda el papel de madre «obsesiva y controladora» que ha llevado a la familia a la situación opresiva en la que vive, si bien en algunos momentos pesa más la frecuencia cómica que la dramática en su caracterización; por su parte Dafnis Balduz hace lo propio al interpretar a Tom Wingfield (y en parte al propio Williams), y se sale con la suya al agenciarse gran parte del éxito de la obra. Meritxell Calvo interpreta a Laura Wingfield, la dulce e infantil muchacha que se convierte en la piedra de toque de la prisión familiar, y lo hace con una gran dulzura y naturalidad. Por último Peter Vives encarna a Jim O’Connor, amigo de Tom que éste presenta como un posible pretendiente a su madre y que disfrutará de una de las escenas más hermosas de la obra, aquella en la que lleva a cabo un ejercicio de coaching con Amanda y analiza cuál es exactamente la naturaleza de su carácter apocado.

El escenario sobre el que se desarrolla la acción es perfecto, ni demasiado exquisito ni demasiado minimalista, y posee un toque sudista que le proporciona a la obra más puntos positivos, lo mismo que el vestuario, magníficamente adaptado al tono de la historia que nos es narrada.

El zoo de vidre es, se lo aseguro, una magnífica ocasión para disfrutar del buen teatro, de majestuosas interpretaciones y de una dirección clara y precisa. Además nos desvela parte de la vida del propio Williams y nos permite reflexionar sobre la naturaleza del alma humana, y de los flujos y los reflujos que nos mueven a todos, tanto a aquellos que aspiran a algo mejor en sus vidas, sea esto lo que sea, como a los que se recluyen en su interior admirando bellos zoos de figuras de cristal, y crean sus propios espacios íntimos al verse incapaces de sobreponerse al mundo a veces anodino que descubren en el exterior.

«El zoo de vidre» se representa en el Teatre Goya del 21 de mayo al 6 de julio de 2014.

Autor: Tennessee Williams
Traducción: Emili Teixidor
Dirección: Josep Maria Pou
Reparto: Míriam Iscla, Dafnis Balduz, Meritxell Calvo y Peter Vives
Escenografía: Sebastià Brosa
Iluminación: Albert Faura
Vestuario: Maria Araujo
Espacio sonoro: Àlex Polls
Caracteritzación: Toni Santos

Horarios: de martes a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 18:00 y a las 21:30 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: web del Teatre Goya
Idioma: catalán
Duración: 2 horas y 15 minutos (entreacto incluido)

«Aquellos días azules» al Círcol Maldà: Criatures quarantines

El Círcol Maldà s’apunta aquests dies a l’operació de recuperar icones i estampes (tan eficaç des de fa una dècada) per aplegar un públic gens avergonyit de reconèixer que entre finals dels anys setanta i començaments dels vuitanta eren marrecs i ara no aconsegueixen ser adults a jornada completa.

En aquesta ocasió, el pretext és l’espectacle «Aquellos días azules» on Marc Artigau i Queralt confecciona un àlbum de tendresa un pèl rància i episòdica lluminositat. Prenent com a referent allargassat el darrer vers d’Antonio Machado, la proposta encadena un reguitzell d’esquetxos, un cançoner per a tres veus excepcionals, i una pila de reflexions solemnes sobre la idolatrada infància.

Com sol succeir en aquest tipus d’experiments, la fórmula peca d’un esgotament prematur per manca d’un fil conductor suficientment consistent a l’hora de propulsar la fluència dels diferents episodis dramatúrgics. Artigau comet l’error de creure que la nostàlgia de l’espectador serà element prou valuós per contrarestar la feblesa del seu treball, que funciona més per acumulació de recursos que per disposar d’una vertadera columna vertebral. Tanmateix, en Marc compensa amb habilitat les limitacions del seu text amb una direcció d’actors impecable: Tres actors brillen amb encís escènic i demostren rèplica rere rèplica ua compenentració destacable: Jordi Llovet o la ironia elegant; Robert Gonzàlez i la seva ingenuïtat captivadora; i Joan Solé amb la seva insultant naturalitat.

Els tres intèrprets recorren multitud d’espais comuns on troben racons còmics (com el partit de futbol proposat per la crueltat d’uns entramaliats nens fulminada finalment per la tendresa de la seva víctima), cantonades poètiques (la història del Nen Sucre que és feliç perquè pel fet de ser ignorat dels altres no pateix la pressió de «perdre els trens») i moments musicals (com l’aplicat assaig de la primera sardana escatològica) d’especial distinció per la versatilitat vocal i instrumental dels artistes.

Quan Machado morí a l’exili, van trobar al seu gavany un paper enlluernat pel vers “Estos días azules y este sol de la infancia”. Ara el Círcol Maldà pinta el seu escenari amb un blau de reposat ritme i li encén un astre de groc entusiasme dramàtic. A nosaltres correspon després airejar aquesta alenada de teatre refrescant.

per Juan Marea

«Aquellos días azules» es representa al Círcol Maldà de Barcelona fins al 8 de juny.
http://circolmalda.cat/

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Blau per a tres pinzells ben ensinistrats 

“El loco y la camisa” en el Teatre Romea: Irresistible cordura

Cuando decían que el Mundo era un Valle de Lágrimas, los bufones desempeñaban una tarea privilegiada: Solo a ellos permitía el Monarca decir lo que pensaban. Y, encima, se les recompensaba con carcajadas.

Hoy el Mundo sigue siendo un derrame continuo de pesares. Y seguimos necesitando quien nos obligue a abrir los ojos. Ahora les llamamos “locos”. Pero andémonos con tiento porque pueden aparecer en cualquier parte.

Nelson Valente ha vuelto con su compañía Banfield Teatro Ensamble para dar una nueva oportunidad al público barcelonés de escuchar (quizás también aprender) la lección. Después de su brillante intervención en el Festival Grec del verano pasado, queríamos más. Y tendremos nuestro merecido. Hasta el 8 de junio.

Valente encierra a una familia humilde argentina y suelta entre ellos al hijo menor para que haga de pepitogrillo y desfigure al resto de miembros, pinochos entrañables por lo cercanos que nos resultan y también patéticos por la dificultad de reivindicarse como seres humanos.

 

Beck

Beck sobrevuela el conformismo castrador.

 

El loco y la camisa” es una comedia negrísima. Tanto que en realidad se trata de una tragedia. Pero en lugar de perderse por veredas de manierismos folletinescos viaja siempre por un camino muy transitable. El desarrollo de su trama es impecable: Fluye con tanta gracia que los personajes se convierten en nadadores; la presentación de los protagonistas, admirable por su precisión y verosimilitud; la dosificación de la intriga, hitchcockiana (el espectador anticipa la trama y sufre al comprobar cómo se va ejecutando su pronóstico); y la dirección de actores, extraordinaria: Exceptuando algún histrionismo de Carlos Rosas y de Gabriel Beck, el reparto se comporta con tal desenvoltura que recrea algo muy parecido a la vida cotidiana.

Con esta “locura descamisada”, Valente equilibra hábilmente el acontecer de sus monigotes obligándoles a desmenuzar su reseñable humanidad: El padre autoritario vive aislado en un hermetismo atroz; la madre sumisa logra hacer acopio de una rebeldía incipiente defendiendo a su hijo; la hija avergonzada no quiere bajo ningún medio saber quién es; el yerno sin escrúpulos no esperará a subir al trono para imponer a los demás su ley. Y todos ellos, a merced de la mosca cojonera de la función, ese cuerdo tan clarividente responsable de momentos inolvidables como cuando denuncia “Tuve que pegar un tiro para generar una charla en esta casa” después de un disparo imposible o propone jugar a buscar temas de conversación que interesen a todos los presentes, asunto pendiente en casi todas las casas de vecino que se ven “obligadas” a recibir visitas de vez en cuando…

 

Por Juan Marea

El loco y la camisa” se representa en el Teatre Romea de Barcelona hasta el 8 de junio.
http://www.teatreromea.com/es/season/977/el-loco-y-la-camisa

el_loco_y_la_camisa_en_el_teatre_romea_de_barcelona

La familia mal, gracias