“El Lago de los Cisnes” en el Teatro Tívoli: Húmedos aleteos

La experiencia de debatirse entre complacer a la Corte y nadar en el bosque con sus moradores alados más distinguidos debe ser incontrolable. Al príncipe Sigfrido le corresponde el mérito de equilibrar una y otra actividad demostrando que la versatilidad en asuntos hedonistas es una virtud exquisita.

Mas el lánguido heredero del trono cuenta con la sensualidad melódica de Tchaikovsky a la hora de tomar su decisión. Y, por ende, asume muy poco riesgo: La composición del solemne Piotr Ilich es de tal envergadura que aquellos que la escuchan no solo dejarán de hacer lo que les tuviese ocupados hasta entonces. Sino que se encontrarán impulsados por la fuerza arrolladora de sus compases. De ello no se libran siquiera las criaturas del Lago más deliciosamente ambiguas: la Reina de los Cisnes y su Manada, condenadas a nadar de día y a recuperar la condición humana al anochecer, para sorpresa y goce de su alteza indecisa.

Tampoco podrán mantenerse al margen del embrujo del insigne autor los espectadores. Es tal la majestuosidad de la partitura que alarga su potencia tentacular al patio de butacas desencadenando una catarata de emociones. De la admiración (el abanico de números integrantes del espectáculo: delicados, floklóricos y de giros impredecibles) al sobrecogimiento (la irrupción del malvado Von Rotbart y su dócil Odile en el Baile Prenupcial). Arrastrando al aplauso (el desfile de novias de diferente procedencia con sus respectivos cortejos) o encerrándonos en la exultante intimidad (el primer encuentro entre Sigfrido y Odette) pero además hilvanando unos y otros con la pícara “joie de vivre” auspiciada per el virtuoso bufón y deseando formar séquito en esa comunidad de patitos feos que revolotea en forma de luminoso caleidoscopio.

El Ballet de Moscú celebra veinticinco años de magia alada tras la perseverante pauta de Timur Fayziev. Al frente de su equipo, nos incitan a soñar Cristina Terentiev (delicada chapoteando; hermosa en su perfidia palaciega) y Alexei Terentiev (grande en su humildad escénica, experto por colarnos sus brincos como si de una respuesta instintiva de su ocioso príncipe se tratasen). Y el vigor del resto de intérpretes dando brazadas es de una generosidad fastuosa. Nosotros buscaremos después de la función un plumaje blanco con que airear nuestro deseo de balancearnos en grupo al ritmo del amor más imaginado…

por Juan Marea

El Ballet de Moscú actúa en el Teatro Tívoli de Barcelona del 7 al 18 de mayo.
https://www.grupbalana.com/teatro.asp?ID=508

ImageCuatro cisnes maravillosamente avenidos

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