“Ellas, Él y la Manzana de la Felicidad”: Paraíso en eternos plazos

“Si la muerdes, ¡luego no te quejes!” debería haber dicho Eva a Adán. La serpiente allí no pintaba nada. Pero le tocó arrastrarse por siempre jamás pues se hallaba en el lugar equivocado en un momento poco oportuno.

Y Adán no solo hincó el diente. También pretendió hacer creer a los que venían después que empezaba a ser más feliz. Ello no se confirmó hasta que unos siglos después apareció la Televisión. Y entonces se acabó la angustia de vivir y se avivó la pasión.

Los miércoles por la noche, Cincómonos-Espai d’Art arma en su escenario una salita de estar donde uno se queda perplejo por su capacidad de abducción: Sus anfitrionas, dos ancianas soñadoras, frustradas y ocasionalmente malhumoradas, rejuvenecen su deseo amoroso día tras día ovulando juntas frente a la pantalla; rellenándose de peligrosa obsesión por el galán de la telenovela que les conecta al Mundo.

La alfombra sobre la que viaja esta pareja de apasionadas embaucadas es un texto de Diana Raznovich de tierna atmósfera, entrañables enfrentamientos, cómicos momentos y patetismo poético. Con las palabras de Diana, Lucía Jurjo y Cristina Fabregat pueden elevarse por encima de la mediocridad de las vidas de la temerosa Griselda y la temperamental Rosalía. Porque el texto incluye escenas de afilada mordacidad sobre la amistad y su valía como revulsivo contra la incapacidad individual de vivir, atesora episodios de disputa cotidiana y sobre todo consigue hacer creíble la desgracia de estas dos antiheroínas en que probablemente se habrían convertido las Thelma y Louise de Ridley Scott de no haber decidido despeñarse juntas por el precipicio de la aventura.

Jurjo y Fabregat se ponen en manos de Jorge Salinas, que les lía el turbante de la elegancia escénica, las pone muy juntitas y logra que vuelen hasta nuestros inhibidos complejos. Esos que nos hacen sentir carne marchitándose a base de toqueteo incesante del mando a distancia. Si Jurjo exhibe una generosa colección de matices dramáticos (goza, sufre, lloriquea, se insinúa y lucha denodadamente en pos de un orgasmo imposible), Fabregat despliega una autoridad teatral admirable, aunando con gran oficio afectación, fragilidad y determinación.

Por todo ello, cuando irrumpe en el gallinero el Gallo Más Erguido (Christian Salinas, impostado al principio, chispeante después y desarmándonos finalmente con la triste franqueza de su ídolo de masas apaleadísimo), el revoloteo será de tal calibre que no habrá zorro que se atreva a sacar tajada.

por Juan Marea

“Ellas, Él y la Manzana de la Felicidad” se representa en Cincómonos-Espai d’Art los miércoles a las 21 h.
http://www.cincomonos.org/ellas%2c-el-y-la-manzana-de-la-felicidad.html

 

 

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