Todas las entradas por juanmarea

Els guapos són els raros: Balando en el rebaño pop triunfal.

Lo bueno de ser feo es que nadie te presta atención. Y puedes hacer lo que te dé la gana. Ahora bien: ¡pobre de ti como se te ocurra ponerte en primera fila! No vivirás para contarlo. No porque vayas a morir, sino más bien porque ¿a quién encontrarás que esté dispuesto a dejarte hablar?

 Los tres personajes de Enric Cambray hablan mucho. No paran de hacerlo. En realidad, gritan, gesticulan, se pelean y se abrazan. Quieren ser guapos. Los guapos oficiales al menos. Esos que arrasan en el “insti” y que, por el mismo precio, humillan a los “friquis”. Cambray, después de presentarlos en sociedad, se decide a detallar sus efectos secundarios cuando el trío “raro” se propone dejar de serlo. Conoceremos hasta qué punto la adolescencia frustrante, y el empeño por estar bien calentito en el rebaño, lleva a estos corderitos desvalidos a degollar a los reyes del mambo oficiales.  Enric lo hace de forma dispersa pero muy lúdica al apostar por una estructura narrativa a trompicones: El desarrollo de la trama principal se ve interrumpido constantemente por números en los que sus “figuras” pueden lucir su expresión corporal coreografiada, su vis cómica, su tormento dramático y hasta entrar y salir del espectáculo convirtiéndolo por momentos en un ensayo con público. Nosotros, desconcertados por aparecer en el escenario sin previo aviso, aportamos con nuestra espontaneidad (que yo sepa, ninguno nos sabíamos el papel) esa frescura que este divertimento pide constantemente.

Emular a los “grandes” embellece.
Emular a los “grandes” embellece.

Los adolescentes “feos y raros” de esta obra son tan familiares para el espectador que con ellos volvemos sin apenas ruborizarnos a los temidos tiempos de acné, instituto y timidez paralizante. De la mano del ingenuo Marcel (animoso Ricard Farré), el tierno Toni (risueño David Anguera) y el perseverante Bernat (temperamental Martí Salvat), Cambray aprovecha su hospitalidad para colarse en la piel de Xavi, director escénico paciente que una y otra vez recuerda a las estrellas titulares que el espectáculo debe continuar. Y cuando él por fin irrumpe en escena en cuerpo y gracia la cosa empieza a tener ritmo. Su momento como gurú del huevo Kinder, que revelará a los desnortados protagonistas el camino a seguir a modo de terapia alternativa imposible, es delicioso. A partir de entonces, el brío aparece en la representación y ya juntos los cuatro podrán concretar su venganza emulando a un famoso grupo musical catalán que bebe los vientos por la “dona estrangera”. De paso, comprobaremos que su propuesta tiene cierta consistencia. “Els guapos són els raros” compensa, entonces, las limitaciones de su partitura trillada con el entusiasmo de su elenco, encantador e inexperto como ese mundo que describe.

Por Juan Marea

Del 9 de mayo al 30 de junio
Teatre Gaudí Barcelona
http://teatregaudibarcelona.com/es/category/01-cartelera/
c/ Sant Antoni Maria Claret, 120, de Barcelona
Horario: sábado a las 18:30 h y a las 21:00 h; domingo a las 18:30 h (el 23 de junio no hay función)
Precio: 20€
Espectáculo en catalán
Comedia
Duración: 1 hora y 30 minutos
Dirección y dramaturgia: Enric Cambray
Reparto: David Anguera, Ricard Farré, Martí Salvat y Enric Cambray
Ayudante de dirección: Queralt Casasayas
Movimiento y canto: Robert González
Escenografia, iluminación y vestuario: Anna Adrià
Fotografía: May Zircus
Diseño gráfico: ALIASTUDIO
Producción: Úrsula Gallemí
Coreografía claqué: Laia Molins
Coreografía: Paula Vilasseca
Asesoramiento alemán: Natascha Weise
Canción: The Mamzelles

X Festival Shakespeare: Poco ruido y excelsas nueces

Trabajos de Amor Disfrutados

El pasado lunes en la Librería La Central de Barcelona desafiaba Mario Gas: “Hay que acercarse a Shakespeare con cierta ingenuidad” y habilitaba embarcaciones para “dejarse llevar por el río que propone”.

Cuatro días antes, Montse Vellvehí, aplicada directora, advertía en el programa del X Festival Shakespeare que se trata este acontecimiento de “una acción a favor del momento que vivimos: una lucha a favor de las personas, a favor del pensamiento, del conocimiento y de todas aquellas facultades que nos hacen más humanos y más civilizados”.
Actuemos.
Naveguemos.

Pensamiento el de Moreno Bernardi abriendo el fuego de sus “(H) Works” en la Biblioteca de Catalunya con un solo de danza contemporánea (“7 dances for H.”) en el que un Hamlet atrapado por un mecanicismo coreográfico extenuante no puede liberarse del compás de una voz cuasidemiurga que invoca el dilema existencial de tan atormentado personaje. Y la agitación de su torturado cuerpo parece que en cualquier momento le vaya a destruir a la vez que la actitud de lucha constante evidencian una dicotomía fascinantemente terrenal. Después llegó “RadioHamlet” en el que Bernardi prende fuego a un público extenuado con una lectura dramatizada o conjunción de voces de él mismo, ahora solista de atronadora voz, y su coro (integrado de forma extraordinaria por Jaume Madaula, Ilona Muñoz y Mònica Portillo), que viaja de lo tribal al grito desgarrador convirtiéndose en orquesta vocal por arte y talento de la batuta de Moreno. Este sorprende con la estridencia de su recitado; impresiona con la versatilidad de su voz; y conmociona con su portentosa cadencia. Y Hamlet obtiene inevitablemente una expresividad superlativa.

Micrófonos ardientes

Conocimiento el de Quim Lecina que, con su tríada de musas-brujas, ofrecía en “Big Will Shakespeare!!” deseoso inventario artístico de su carrera profesional, poderosamente influida por la obra shakesperiana. Los cuatro, un piano alegremente excitado, un saxofón que enmudece y enaltece, y un violoncelo nada receloso, exponen con entusiasmo momentos de algunas de las piezas clave del omnipresente William. Como si de un espectáculo de cabaret se tratase, la comicidad y la tragedia se suceden en un ejercicio docente algo pretencioso que ameniza especialmente Montserrat Bertral, con su sugerente voz de mezzosoprano y sus resultones recursos dramáticos.

Humanidad, la de la reconfortante serenidad de Lluís Soler al declamar los “Sonets encadenats de Will Shakespeare”. Cuando Lluís abre la boca, después de ser exquisitamente provocada por la excelencia de los dos violoncelos acariciados por Maria Bou y Marta Roma, todos le consagramos nuestros tímpanos. “Solo si te das a ti mismo sobrevivirás.” susurra Soler. Y él y su público entregado dejamos de ser entidades distintas. ”Solo no serás nada.” prosigue. Ahora somos, juntos, todo. Incluso cuando el juglar de voz ronca y penetrante ironiza sobre la hipocresía del amor de alcoba (“adulados, caminamos”) deseamos arrancar de nuestros lechos cualquier sábana que intercepte el deseo de aprender a amar mejor y a quien se acuesta a nuestro lado. Finalmente, y ya sin posar sus ojos en el papel, el gran recitador que es Lluís proclama la comparación del sentimiento más noble con un faro, aquel que siempre ilumina al ser querido, que para la ocasión es (¿qué duda cabe?) el respetable.

Civilización. También. Esta vez desde el foro del Teatre Romea y bajo los rasgos de Mario Gas, inmenso “Julio César” lanzado a una catarata de conspiraciones por quienes pretenden salvar al pueblo (esto es, de nuevo el público) de un populismo irresistible. Mario reina por encima del histrionismo que lastra parcialmente la puesta en escena de Paco Azorín, demasiado grandilocuente en la interpretación de algunos de los actores así como desmesurado es el obelisco sepultado en medio del escenario y que pretende erigirse en principal símbolo de la grandeza del poder del controvertido emperador. Volvamos a Mario y a su lección de que menos es más: su rotunda corpulencia, su dicción carismática y la frescura de su entonación se magnifican después de ser aniquilado en escena para aparecer proyectado con gesto temible y mayestático y reaparecer después transformado en ambiguo ángel exterminador que no detendrá su venganza aunque para ello no pueda abandonar el más allá. Sergio Peris-Mencheta sabe cómo recoger con firmeza el testigo y su discurso en el Senado desde la piel del sufriente e implacable Marco Antonio es estremecedor.

El augusto Señor Gas cerrará esta crónica con palabras sabias: “Cada época se inventa un Shakespeare”. Pues bien, en estos tiempos tan  castigados por el inmovilismo y amenaza constante de perder lo poco que nos dicen a diario que tenemos, hablar del ser humano en un mundo de cambios como hacía el tal William nos permite empezar a doblegar la crisis. Este Festival es prueba fehaciente de ello.

por Juan Marea

X Festival Shakespeare
del 6 al 12 de junio
http://www.festivalshakespeare.com

“Superpoders” en la Sala Miniteatres: Para entrar a quedarse.

Una campanita nos avisa de que empieza la visita. Estamos a punto de conocer un nuevo piso de cuatro habitaciones comunicadas por un sombrío pasillo que se irá alumbrando cada vez que entremos en alguna de sus dependencias. En cada una de ellas, listas para el espectáculo, vamos a convivir en grupos reducidos con varios actores. Compartiremos superpoderes. Los que ellos proyectan a través de sus ojos, sus manos y sus palabras. Y los que emanan de nuestra curiosidad, atrevimiento y sensibilidad. Creando quince minutos únicos unos y otros en los que construiremos un episodio escénico.

En esta ocasión, y durante el mes de junio, si nos decidimos por recorrer todas las instalaciones, cuatro fogonazos de teatro mínimo para ser crecientes inquilinos.

En la primera estancia, la sala de estar de “Singles.com”, donde Àngel Amazares, director y dramaturgo, nos sacude con una inquietante cita de superhéroes emocionales dispuestos a librar una batalla despiadada. Ella puede adivinar la potencia de cada entrepierna de los asistentes; él deberá exterminar su furor anticipatorio en caso de no querer convertirse en una de sus víctimas. Entre el estupor general, la voz de uno de nosotros que ha llegado para equilibrar fuerzas. Nuestro desconcierto inicial va siendo abducido por la carcajada creciente que provoca tan imprevisible duelo.

La habitación número dos es el despacho, aquel al que acompañamos a un encargado de recursos humanos mientras espera la comparecencia de un aspirante a reponedor de fruta de un super(polivalente prefijo)mercado. “En busca del curro perdido”, preparada por Daniel Benito y apuntalada por Lolo Herrero, será una deliciosa muestra de sketch delirante, descacharrante y disparatado que convoca en un cubículo de escasos metros cuadrados a un spiderman que no sabe cómo trepar y a un Robin-Niño Maravilla que se consuela del abandono de batman humillando a los que le rodean con su superioridad genital. Un cuarto de hora de ritmo enloquecido propulsado por dos actores, Benja Toledo y Joan Bentallé, en estado de gracia, chispeantes y mágicos. Y nosotros dejamos de hacer cola para aplaudir su excepcional cuerpo a cuerpo.

Llegó el momento de inspeccionar el dormitorio, la tercera dependencia. Seremos “¡Extrasensorial!”(es) en complicidad con sus moradores, dos enajenados amantes barnizados de naranja agridulce por Javier López aportando la pulpa desde la dramaturgia y Coke Viaga exprimiéndola de forma provocativa para servirla en pequeños cuencos a los espectadores que la beberán desde su comprometedora posición de voyeurs de persiana a juego con el color de la piel de tan extraño manjar escénico.

No nos detenemos hasta conocer la cuarta cámara, aquella que supondrá la terraza por cuanto la anécdota que aquí vamos a vivir nos viene del exterior. Una vez instalados y aterrorizados (nos recibe dentro Òscar Muñoz a ritmo de cuchillazo sobre carne que debe ser despedazada en un mostrador), de la puerta de emergencia que comunica agresivamente con la vida del Raval barcelonés emerge una exquisitamente ambigua Estel Solé para dar sentido a “La carnisseria”, sugerente historia alucinada de Marta Solé Bonay desplegada con habilidad por Jumon Erra para dar forma con nuestra ayuda a una atmósfera enrarecida de criatura maloliente y vehemente en su empeño por ser despojada del corazón y así poder volver a su planeta de procedencia.

Sin tener que pagar fianza. Sin más gastos de mantenimiento que una entrada de 4 euros por pieza. Esto es Miniteatres. Y estos somos nosotros: criaturas errantes que gustamos de llamar de puerta en puerta en la calle Robador barcelonesa.

 por Juan Marea

Sala Miniteatres
c/ Robador, 22
precio: 4 euros cada función y pase
horario: miércoles, jueves y domingo: de 20 a 22.30h; viernes y sábado: de 21 a 23.30h

 

“Primer amor” en La Villarroel: Beckett y Arquillué descansan juntos

El inquietante Samuel proclama: “Acuéstate, todo parece detenerse; acuéstate y quédate quieto.”

Y Pere, obediente, recibe a su público estirado en un inmaculado catre hecho de sábanas de una frialdad penetrante y soberbia elegancia.

La Villarroel repone “Primer amor”, el relato de un muerto que revivirá para sentenciar que la vida y el amor no tienen sentido fuera del recluimiento personal.

El Samuel del primer párrafo se apellida Beckett y, para quitarle la solemnidad que normalmente le acompaña, diremos que nos azota con una historia espeluznantemente hermosa.

Y ese Pere en posición horizontal se trata ni más menos que de Arquillué, primera espada de la escena catalana, pero para nosotros será enajenado cómplice guiñándonos el ojo hacia un viaje fascinante.

“Yo nunca fui de los que cortan la hierba; al contrario, la cubría de estiércol más bien.” Reconoce sin pudor el desquiciante protagonista. Su lamento se adueña del escenario. No contento con eso, se propaga por el patio de butacas y no se conforma hasta asfixiar al público.

Beckett y Arquillué reflexionan sobre la absurdidad de la vida social convencional y proponen como salida el encierro. Por dentro y por fuera. Un individuo joven se convierte en huérfano y, prácticamente al instante, es desahuciado para morar sin una brizna de entusiasmo hasta dar en un banco público con otra criatura que le abre sus piernas, su casa y su fertilidad (en este orden). Y en su nuevo aislamiento (la convivencia y el matrimonio son ahora el detonante) el impávido personaje casi hallará la paz.

Miquel Górriz y Àlex Ollé, también presentes, ejercen como maestros de ceremonias poniendo a Samuel y a Pere en contacto. Su labor de directores les distingue como creadores exquisitos por el minimalismo de la propuesta: en un espacio neutral por su blancura y despojado de artificios, en el que tramoyista, actor y escenario son uno, porque se retroalimentan continuamente, demuestran una vez más que el teatro es vida hecha de palabra, sugestión e intriga.

Arquillué pone en marcha su solvencia ampliamente contrastada y exhibe, proyecta, modifica y programa de nuevo un registro amplio que recorren el humor surreal, la reflexión concienzuda y el grito de repulsa intransigente. Sus ademanes son calculados y deliberadamente mecánicos: Nos presenta a una criatura terriblemente deshumanizada, un cadáver aún bien articulado.

Beckett, desde debajo del estiércol empuja con tesón la hierba de este “amor iniciático”. Me atrevería a decir que hasta desearía revolcarse con nosotros en este barrizal en que se convierte la sala durante la representación de su maloliente obra.

Por Juan Marea

Image

   Apasionante agonía

La Villarroel
Barcelona, c/Villarroel, 87
del 7 de mayo al 16 de junio
autor: Samuel Beckett
versión: José Sanchis Sinisterra
traducción: Anna Soler
dirección: Miquel Górriz y Àlex Ollé
actor: Pere Arquillué
espacio sonoro: Josep Sanou
asistencia de movimiento: Eva Roig
diseño de luces: Carles Borràs
duración: 65 minutos
horario: martes, miércoles y jueves:20.30 h, viernes: 21 h, sábados: 18.30 y 20.30 h, domingo: 18.30 h
precios: 22€ (descuento a mayores de 65 años, menores de 14 años, Tarjeta Rosa, Tarjeta Discapacitado, Club TR3SC y Carnet Jove)

 

Crítica teatral: “Shopping and Fucking” de la Compañía Ferran Vilajosana-Oriol Rovira: Bajarse a la vida


A callarse todos. Y a desesperarse. Porque la sociedad de consumo nos reclama y no se conforma con guiñarnos el ojo, sino que quiere aplastarnos sin derecho a reclamación ni mucho menos a devolvernos dinero alguno.

Tampoco el sexo nos liberará del pesar de sentirnos adquiridos, utilizados y finalmente vaciados. Ni hablar: Suframos lo indecible relacionándonos mal unos con otros a golpe de coito mal ejecutado y de intentar alejar con ello cualquier pretensión de realizarnos emocionalmente.

ImageVacío interior a punto de liberarse.

Con “Shopping &Fucking” de Mark Ravenhill nos vamos todos, personajes, actores y espectadores, de compras y follamos compulsivamente para sentirnos mejor. A un gran centro comercial donde los productos de oferta son un puñado de jóvenes desnortados aunque con las ideas muy claras. Ahí radica uno de los grandes aciertos de la pieza: La marginalidad en la que viven sumidos la perseverante Lulu (espléndida Clara Lago), el disciplinado Mark (impecable David Marcé), el apasionado Robbie (vigoroso Ferran Vilajosana) y el coherente Gary (conmovedor Quim Àvila) y acrecentada por la mirada adulta de un embaucador-pigmalión Brian (contundente aunque algo histriónico Mingo Ràfols) se ve frenada y finalmente anulada por una actitud determinante de todos aquellos frente a la adversidad repleta de entusiasmo vital. Del bueno. Que rezuma por debajo de una estrafalaria trama en la que parece que todas las catástrofes sociales tenían hora simultánea. Esto sí que es una gozada. Porque el texto se vale de materiales efectistas (tan a menudo malogrados en otras propuestas superficiales) para llegar a un fondo de autenticidad individual gracias al apoyo del grupo.

Image

Un grupo repleto de individuos

En esta especie de cruce entre la “Perversidad sexual en Chicago” de David Mamet (por su enfoque del sexo desbocado como catalizador de la frustración existencial cotidiana) y “Bajarse al moro” de Alonso de Santos (ese espíritu solidario de animosa supervivencia), asistimos con impaciencia a los vaivenes del acontecer diario de estos perdedores-ganadores, impregnándonos de la comicidad de sus momentos más trágicos (como la vida misma, ¡qué caray!). Oriol Rovira, director del espectáculo, apuesta fuerte por la dirección de actores y gana a pesar de una puesta en escena funcional que hubiese agradecido cierto riesgo: Al arranque de la historia (impecable en el ritmo), vamos sumando momentos como el del monólogo de Lago sobre la barrita de chocolate o su disertación sobre la globalización a partir de la comida envasada en monorraciones (que, además, prueban la excepcional actriz teatral que es) que se mezclan con escenas estremecedoras por su dramatismo y crudeza (la sodomización exigida como parte de una terapia y religiosamente ejecutada de manera ejemplar por los tres actores jóvenes restantes; el encuentro en el probador de ropa donde Marcé y Àvila intentan convencerse de que están enamorados). Y cuando emerge el final feliz (algo tardío, puesto que la obra adolece de cierta reiteración de escenas que perjudican parcialmente el ritmo de la obra) para sorpresa de todos, no solo lo aceptamos. También lo elogiamos.

Nos los llevamos a todos. Y no hará falta que nos los envuelvan.

 por Juan Marea

Teatre Tantarantana
c/ de les Flors, 22 de Barcelona
del 2 al 19 de mayo
Autor: Mark Ravenhill
Dirección y traducción: Oriol Rovira
Actores: Clara Lago,David Marcé, Ferran Vilajosana, Mingo Ràfols, Quim Àvila
Diseño de escenografía y vestuario: LaCol
Diseño de iluminación: Isidro Ortiz
Espacio sonoro: Blai Barba
Caracterización: Anna Álvarez

Crítica teatral: Solfatara de la Compañía Atresbandes: Erupciones jubilosas

 

Aviso para espectadores: La personas somos como volcanes. Algunas entran en erupción. Otras permanecen inactivas por los siglos de los siglos. A la sazón, vamos a ponernos cerquita y así nos impregnaremos con sumo gusto de la lava escénica de la compañía “Atresbandes”. Porque su espectáculo (fraguado en Can Felipa de Barcelona, exquisitamente abrillantado en Birmingham y Kosovo y ahora de enhorabuena en la Sala Beckett) es vibrante, ocurrente y elegante.

Saben jugar en el espacio. Su entusiasmo es contagioso y, además, como tienen ese carisma difícil de encontrar, al instante de presentarse ya queremos irnos a su casa. Aunque poco después vayan a darnos con la puerta en las narices. A pesar de que la trama se agote a los pocos minutos. Tampoco es impedimento que alarguen algunos gags hasta la saciedad (de tanto oír hablar del milhojas, no solo lo olimos sino que se ha convertido en uno de nuestros platos favoritos; y la escena de la cena en la que los anfitriones no tienen nada que ofrecer a sus invitados nos proporciona una digestión ligera y deliciosa).

Image

Te estoy amando locamente pero nunca lo admitiré.

La historia es más o menos la de siempre: Si tienes pareja, no hace falta que te la cuente. Si no la tienes, tomarás apuntes. En cualquier caso, cuando entre tú (un Miquel Segovia dinámico, ágil, encantador) y el otro (Mònica Almirall versátil, sacando las uñas para sufrir después indefensa) se interpone tu subconciente (chispeante Albert Pérez Hidalgo, bajo un pasamontañas que no solo no reprime su talento cómico sino que la realza), emerge triunfal el triángulo amoroso más puntiagudo. Y en esta ocasión, además, las ganas de que nos lo claven.

Porque los tres actores se sitúan en estado de gracia casi permanente. Y se deslizan del desenfado a la tragedia, del humor absurdo a la violencia doméstica con una frescura muy inquietante. Sus manos se cruzan; sus labios se golpean; sus genitales se penetran; sus cuerpos son plural ejemplar cuando entran en contacto. Y nos inyectan una vitalidad poco habitual. Su expresividad gestual es casi milimétrica. Su discurso, preciso. Y la belleza que construyen (el momento en que uno de ellos toca un piano aparecido tras una cortina de humo es conmovedor), hermoso cráter al que nos asomamos generosamente.

 por Juan Marea

Sala Beckett
c/ Alegre de Dalt, 55 bis, de Barcelona
del 8 al 26 de mayo
horario: de miércoles a sábado a las 21.30 h; domingos a las 18.30 h
precio: 20€; miércoles y jueves, 15€
dirección, dramaturgia e interpretación: Mònica Almirall, Albert Pérez Hidalgo y Miquel Segovia
diseño de luces: Aitor Larrea
duración: 1 hora

 

Crítica teatral: “Paisaje sin casas” de La Virgueria: Mirando hacia nosotros mismos

paisaje.sin_.casas_.01_c_anna.miralles

La ventana de delante no oculta.

Contemplar un paisaje puede causarnos placer. Como asistir a un espectáculo teatral. También la observación de un panorama nos puede inquietar. Como comprobar que una propuesta escénica aborda el lado más sórdido de nuestro entorno. Incluso darse de bruces con unas vistas desoladoras nos empujará a tomar conciencia de que las cosas no van bien.

La Virgueria, compañía que tiene como pulmón derecho el compromiso social y como pulmón izquierdo el nadar a contracorriente, enmarca su paisaje plantando en un suelo poético y minucioso unos personajes que aspiran a transmutar su condición de antihéroes en figuras que sobrevuelen con arrojo la miseria en que se hallan empantanados.

Aleix Fauró, diseñador de esta estampa honesta y bienintencionada, desperdiga en el escenario a unos actores esforzados y muy voluntariosos para que las proclamas del autor Pablo Ley se conviertan en clamor escénico.

Pero ocurre que es tanto el detenimiento del dramaturgo recreando su discurso en la descripción de la frustración existencial de sus personajes como morosa la narración de su quehacer diario que este “Paisaje” no solo no tiene “casas”, sino que además arrastra a su aridez la calidez que los personajes reclaman a gritos.

Image

 ¿Y si pasamos a la acción?

Y vayamos más allá de los efectismos de esta propuesta, como son la simpatía que suelen despertar en nuestra burguesa complacencia el retrato de los más desfavorecidos; o una escenografía realista que reproduce hasta el último detalle de una estancia doméstica.

Si nuestra mirada es clara y decidida, distinguirá el atractivo de comprobar que lo verdaderamente relevante en el aspecto dramatúrgico es la definición de los protagonistas a partir de su actitud de cronistas: uno de ellos (resultón Carles Gilabert) relatando hasta el último detalle sus andanzas de delincuente como “copiloto” aplicado de un compañero que nunca aparece; el otro (vulnerable Javier Beltrán), asintiendo y apostillando lo injusto que es este mundo del progreso para los que no pueden avanzar por veredas de consumismo.

Y luego está ese mundo exterior del que tanto hablan, que destripan y retuercen con puños de pasividad alarmante, y que les devoraría sin piedad en cuanto abandonasen su acomodada plática. Todo ello ejemplificado maravillosamente por Eduardo Telletxea (sugerente, contenido y verosímil) cuando irrumpe en escena episódicamente. La rudeza de su físico; lo parco de su expresión verbal y la resistencia a apalancarse de la criatura que le toca encarnar dinamizan el espectáculo y permiten también entrever lo rico que hubiese sido este “Paisaje” en el caso de haber dejado de lado la pretenciosidad de su discurso y si, además, sus protagonistas pudiesen expresarse sin tanto artificio literario y pose intelectual.

La vida, al fin y al cabo, es como insiste y persiste uno de los personajes: hurtar la lata de atún, cargar con ella como preciado tesoro y, sobre todo, dar buena cuenta de ella después.

por Juan Marea

Teatre Lliure
Plaza Margarida Xirgu, 1 de Barcelona
del 24 de abril al 11 de mayo
dramaturgia: Pablo Ley
dirección: Aleix Fauró
intérpretes: Javier Beltrán, Carles Gilabert y Eduardo Telletxea
espacio escénico: Ian Gehlhaar
iluminación: Andreu Romaní
en castellano
duración: 80 minutos (sin pausa)
horarios: de miércoles a viernes, 21 h; sábados, 21.30 h
precios: 12€ (anticipada), 15€ (1 hora antes en taquilla); descuentos: alumnos de interpretación (10% descuento); miembros de la Asociación de Actores y Directores Profesionales de Cataluña (1 entrada a 6€ y 50% de descuento para acompañante) 

Crítica teatral: “Contra el progrés”, “Contra la democràcia” y “Contra l’amor”: Y a favor del espectáculo

Image

Somos contrarios a aquello que dicen que nos hace libres

Contra el inmovilismo vivimos mejor. Porque somos nómadas. De pensamiento y acción. Pero no, esto no es un alegato para pasar a la lucha.¡De ninguna manera! Se trata de una invitación a dudar de la firmeza de los pilares en que se asienta nuestro modo de vida coetáneo.

El dramaturgo Esteve Soler nos abre paso con su trilogía “Contra el progrés”, “Contra la democràcia” y “Contra l’amor”. Nos toca a nosotros adentrarnos en esta jungla compuesta de breves historias excitantes que pisamos con decidida actitud aún a riesgo de hundirnos inevitablemente en su frondosidad.

Porque Soler maneja con habilidad la capacidad de seducción del espectador y le da aquello que más necesita: artillería para que aprenda a reírse de sí mismo y del entorno social. Para que se estremezca con su poder de aniquilación a la hora de relacionarse con los demás. Y para que reconozca sin acritud la absurdidad de la industrialización, la dificultad de vivir en comunidad, el sinsentido de la pareja que folla y que no sabe amarse.

Soler planta unas lianas hechas de humor ácido, plasticidad argumental y con compañeros de viaje (los actores) que son entregados bufones versátiles.

Cada una de estas provocaciones escénicas se desmembra en una colección de gags breves en los que el surrealismo se alía con la crítica despiadada y los títeres que por ahí deambulan alardean con gracia escénica de su decapitación. Todo ello servido con un sentido de la intriga excepcionalmente medido que los directores, Joan Maria Segura y Carles Fernández Giua, suministran con certero tesón.

Las fieras de esta selva son temibles: un atropellado moribundo acusado de incívico por pretender ser atendido; una maestra poseída por el espíritu malsano del cuento que lee sin piedad a sus maltratados alumnos; un político exterminador de ciudades movido por el despecho sentimental; unos padres inductores del suicidio de su hijo adolescente después de repetidos intentos de asesinarlo; una princesa casadera que ataca dulcemente el amor maternofilial; o un seleccionador de actrices pornográficas destrozado por el abandono de su amada.

Image

¡Enamorémonos despiadadamente!

El triple espectáculo que va desgranándose en el escenario de La Seca-Espai Brossa de Barcelona alcanza sus cotas más elevadas cuando apuesta por la inquietud: episodios como el enigma vecinal de la realidad desconocida más allá del piso 6º, la historia de amor posapocalíptica de dos astronautas, la confesión de una mujer musulmana a través de la ayuda de un bienintencionado intérprete y la estancia en el hotel que rompe parejas son directamente magistrales por la originalidad de su trama, los giros de la historia, el ritmo con que se desarrollan y las interpretaciones de los actores, entre los que sobresale un inconmensurable y omnipresente Dani Arrébola seguido de cerca por una entusiasta Eva Cartañà, un carismático Guillem Motos, una deliciosamente ambigua Txell Botey, una elegante Laia Martí y un cómico Xavi Idáñez.

Y después de tantas aventuras será una gozada volver a nuestras vidas con el souvenir de sabernos más fuertes.

Por Juan Marea

“Contra l’amor”
Dirección: Carles Fernández Giua; Actores: Dani Arrébola, Eva Cartañà, Laia Martí y Guillem Motos; Espacio escénico: Alfonso Ferri; Diseño de sonido y adaptaciones musicales: Lucas Ariel Vallejos; Caracterización: Toni Santos

“Contra el progrés”
Dirección: Joan Maria Segura; Actores: Dani Arrébola, Txell Botey y Xavi Idáñez; Espacio escénico: Fortià Coromina; Diseño de sonido: Xavier Mestres

Contra la Democràcia
Dirección: Actores: Dani Arrébola, Eva Cartañá, Laia Martí y Guillem Motos; Espacio escénico: Eugenio Szwarcer; Diseño de sonido: Lucas Ariel Vallejos

La Seca-Espai Brossa de Barcelona
c/ dels Flassaders, 40
Sala Joan Brossa
Del 11 de abril al 12 de mayo de 2013
Horarios:
“Contra l’amor”(de miércoles a sábado; 21 h. Domingo: 19 h. (excepto los domingos que se representa la trilogía)
“Contra el progrés”, “Contra la democràcia” y “Contra l’amor”: domingos 21 de abril, 5 y 12 de mayo a las 17 h
Precios: 20 €; miércoles, día del espectador: 12 €; Trilogía: 26 €

Crítica teatral: “Gairebé” de la Companyia Sense Padrí: Romeo y Julieta comparten cisterna.

gairebe1
Ella y él, casi una pareja

Ocupamos los servicios de hombres de un lugar de paso, refugio de un par de cuerpos castigados por el afecto apresurado, alivio para dos almas enterradas en proyectos de vida que no pueden concretarse.

El pasado fin de semana en La Nau Ivanow, fàbrica de creació de Barcelona, la Companyia Sense Padrí llenó de pintadas sus paredes escénicas mientras que apenas tres escalones separaban el cielo (el lavabo de marras) del infierno (el mundo exterior) para la pareja atascada compuesta por Javier Beltrán y Elisabet Vallès bajo la mirada poco higiénica de Carles Algué.

Casi un “tour de force” entre dos perdedores que no logra dejarnos exhaustos. Porque su historia, casi la crónica de una redención de la marginalidad social a través del imprevisible y temido amor, discurre por los carriles convencionales del melodrama desarraigado generacional y romántico contemporáneo (la permanente sombra deDanny y Roberta” de Shanley).

Es tanto el empeño del Algué escritor de buscar la empatía del público que no permite que el espíritu de su obra se propague por la sala. El texto propone su trama a base de ir juntando los encuentros y desencuentros de los dos protagonistas, enfrentando la oposición de caracteres (retraído él, descarada ella; apasionado él, paralizada ella) y situándolos en un espacio íntimo y a la vez en continuo peligro de la agresión social externa.

Solo entre urinarios seremos.
Solo entre urinarios seremos.

Tampoco el Algué director encuentra el camino adecuado para salvar los escollos dramatúrgicos a la hora de guiar a sus actores: sus interpretaciones (esforzadas pero poco verosímiles) a duras penas se apartan del estereotipo. Y la gran baza de esta propuesta escénica, su ambientación en un lugar tan proclive a la emoción furtiva y al efluvio de necesidades primarias, es desaprovechada al obligar a aquellos a ausentarse continuamente del campo de visión del espectador cuando practican las acciones que más nos los habrían podido acercar por su tentadora cotidianeidad.

A pesar de todas estas limitaciones mencionadas, el espectáculo consigue fluir intermitentemente cuando los actores interaccionan con naturalidad en el espacio: las pintadas de ambos citando al Shakespeare más habitualmente socorrido, que podrían haber resplandecido entre insinuaciones soeces y proclamas coyunturales si no fuesen meros recursos escénicos contextuales; los cambios de vestuario de la insinuante heroína; los arrebatos de ira de él levemente ejecutados sobre la pared; la utilización del lavamanos como punto de encuentro irresistible de ambos. Y también la música, esa hermosa pieza delicada que suena cada vez que ella decide jugar a reconocer tímidamente su sensibilidad.

Casi casi. Pero no desfallezcamos.

del 12 de abril al 14 de abril de 2013

Dirección y dramaturgia: Carles Algué
Intérpretes: Javier Beltrán y Elisabet Vallès
Iluminación: Arantza Flores
Espacio sonoro: Dani Carles
Escenografía: Mònica Gálvez
Música: Håvard Enstad

Horarios: viernes y sábado a las 21h; domingo a las 19h
duración: 70 minutos
venta de entradas: 12€ /Amics de la Nau: 50% + 1 consumición gratuita
(Telentrada y 1h antes en taquilla)

por Juan Marea

Crítica teatral: “Elevador” de 45Tallers: No bajemos en ningún piso.

185418_278298948940952_614905264_n¡Nos negamos a crecer!

Si tú y yo, que aún no lo somos, decidimos inaugurar un espacio de convivencia, lo llamaremos “nosotros”. Y si el material con que lo fabriquemos se compone del furor sexual mal canalizado por nuestra aún incómoda adolescencia, por favor no unamos esfuerzos en un reducto hermético y aislado.

La Sala Porta 4 de Barcelona (y después de su presentación en el Espacio Cincómonos) instala en su íntimo escenario un ascensor los domingos por la tarde. En él, los actores Doru Talos (vulnerable macho de acero oxidable) y Oana Mardare (aguerrida amazona de porcelana) juegan como niños a ser adultos. Le llamarán “elevador” cuando, con el desconcierto entre ellos, se sientan multitud. Suplicarán que les deje salir para volver a su inmadurez en el mundo exterior. Pero deberán considerar seriamente el desafío de la madurez al comprobar la imposibilidad de abandonarlo.

La Compañía rumana 45Tallers encierra en ese cubículo escalofriantemente cotidiano los defectos y virtudes de la edad adulta sin que ninguno de nosotros, espectadores impotentes, se atreva a pulsar el botón de emergencia. Ante nuestra expectación, y a través de un soberbio ejercicio actoral (en el que solo funcionan las reglas de la frescura interpretativa, la riqueza de registros y la contundente verdad teatral), se expanden a sus anchas el temor a la comunicación, la crueldad de la sexualidad vacua, la dificultad de la tolerancia escatológica, la inutilidad de los instrumentos tecnológicos y la cobardía a la hora de apostar por los sentimientos.

Todo ello, con el soporte de una dramaturgia firmada por Gabriel Pintilei en la que el ritmo de la narración es de una verosimilitud inusual por su equilibrio expositivo mediante la alternancia de momentos tensos al descubrirse los protagonistas obligados prisioneros con instantes en los que la emoción discurre por canales contrarios al esquematismo y se adentran sin temor en terrenos de honda humanidad.

El cuadro de mandos de este “elevador” manejado por Cristian Ban como director funciona con inusitada eficacia combinando la exquisita dirección de actores con el tratamiento del espacio sonoro muy integrado en la clautrofobia del ambiente al apostar acertadamente por un minimalismo casi imperceptible, y de la mano de un diseño de luces magnífico que intensifica los altibajos emocionales transitados por los personajes.

¡Qué miserables podemos llegar a ser los humanos cuando aceptamos nuestra negativa a sentir! ¡Qué amargo nuestro empecinamiento en reproducir las pautas de conducta socialmente aniquiladoras! Y qué pequeño el público cuando el escenario se agiganta porque en él nace el teatro.

por Juan Marea

SALA PORTA 4
Domingos de abril a las 19 horas

Autor: Gabriel Pintilei
Director: Cristian Ban
Actores: Doru Talos y Oana Mardare
Escenografía: Doru Talos
Traducción: Valentin Carpov

Duración: 70 minutos
Idioma: castellano
Género: drama
Precio: 12 € (taquilla)