Llega a Barcelona COLISEUM, Els Jocs de Roma, un espectáculo producido por Drakònia que te hará revivir la antigua Roma.
COLISEUM, Els Jocs de Roma es el gran espectáculo de acción que te hará vivir intensamente los Juegos de la antigua Roma. Retrocederás más de 2.000 años para sentirte como un verdadero ciudadano romano sentado en las gradas del gran Coliseo para presenciar un espectáculo nunca visto hasta ahora en Barcelona.
En Coliseum, viviremos la historia de Marcus Ulpius, un legatus romano, condenado injustamente por el cónsul Domiciano a la arena del Coliseo. Marcus, tendrá que luchar y demostrar no sólo su habilidad con la espada, sino también su inocencia, ante el emperador Tito y toda la plebe romana. Para ello contará con valiosos aliados venidos de Alejandría, pero también con crueles enemigos que utilizarán viles estratagemas para acabar con él.
Para empezar los juegos, vivirás la escenificación de la Batalla de Emporion con más de 100 actores en escena, caballos, fuego y vigas romanas. Una vez superada la batalla, Marcus tendrá que enfrentarse al gran gigante Porfirión para conseguir la preciada espada de Hércules. Antes habrá hecho acto de presencia la gran comitiva de la Reina Cleopatra de Alejandría con sus bailarinas y los espectaculares y visuales domadores de fuego. Éste sólo es el principio de un espectáculo sin precedentes que te hará vibrar y emocionar.
Pero el espectáculo no es sólo una sucesión de pruebas y juegos. COLISEUM, tiene un interesante guión lleno de giros argumentales, sorpresas y traiciones. Todo esto hará que te emociones con todo lo que le sucederá a nuestro protagonista. Serás testigo de una historia de amor, de las proezas de Marcus ayudado por su caballo y su mentor, de la rivalidad entre Marcus y Cornelio Fusco o del maléfico plan que el cónsul Domiciano llevará a cabo durante los juegos. Todo esto y mucho más hará que vivas este espectáculo como si de una verdadera película en directo se tratase.
Coliseum. Els Jocs de Roma Fecha: 4 de octubre de 2014 Lugar: Palau Sant Jordi Horario: 20:00 horas (única función) Precio: 19 – 45 €
Dirección artística: Cesc Martinell y Mireia Blasco Producción: Drakònia Producción ejecutiva: Josep Sucarrats
No es nada nuevo que los clásicos, sean del género que sean, poseen una larga vida en las pantallas del cine y la televisión (no sé hasta qué punto en los dispositivos móviles). Las narraciones de carácter histórico no son una excepción, por lo que en los últimos años hemos visto nuevas versiones de la mayoría de los clásicos históricos, ya sea Ben-Hur (Steve Shill, 2010), Espartaco (Robert Dornhelm, 2004), Hércules, el origen de la leyenda (Renny Harlin, 2014) oCleopatra (Franc Roddam, 1999). Este año le ha tocado el turno a Los últimos días de Pompeya, una historia que ya había tenido versiones en 1908, 1935, y las más conocidas en 1959, un film dirigido por Mario Bonnard e interpretado por Steve Reeves y Fernando Rey y, posiblemente la mejor y más fiel adaptación, la miniserie de 5 horas de duración dirigida en 1984 por Peter R. Hunt e interpretada por Ned Beatty, Brian Blessed, Ernest Borgnine, Lesley-Anne Down, Franco Nero, Anthony Quayle y Laurence Olivier.
Paul W.S. Anderson se ha puesto a la cabeza de un proyecto que en sus manos y en las de los productores de la película se ha transformado en un film de acción y de gladiadores y poco más, desvirtuando la historia original y transformándola en una de esas tramas dirigidas a adolescentes buscadores de historias de amor juvenil y rebelde ambientadas en otras épocas.
Pompeya, año 79 d.C., Milo (Kit Harington), el único sobreviviente de una matanza de celtas en Britania perpetrada por el ejército romano, es esclavizado y entrenado como gladiador. Sus dotes en la arena forzarán a su propietario a trasladarlo a Pompeya, para obtener un mayor beneficio de sus habilidades. En el camino a Pompeya Milo conoce a Casia (Emily Browning), una joven aristocrática que se enamorará de él. Casia regresa a Pompeya huyendo de la corrupción en Roma y de las malas artes del senador Corvo (Kiefer Sutherland), empeñado en hacerse con el amor de la joven. Corvo pretende, además, emprender ciertos negocios urbanísticos en la ciudad. Por su parte Milo tendrá que imponerse en la escuela de gladiadores de Pompeya, donde conocerá a Ático (Adewale Akinnuoye-Agbaje), el campeón de la ciudad. Las vidas de todos ellos se verán truncadas por la erupción del Vesubio, el volcán que acabó con la ciudad de Pompeya…
Como os decía Pompeya no es más que la transmutación de una historia escrita por Edward Bulwer Lytton en 1834 en un film sin demasiadas ambiciones y destinado a un público poco exigente. De esta forma las tramas de la historia original se reducen para centrarse en las aventuras de Milo, Casia, Ático, Corvo, y los padres de Casia, optando por convertir el film, como ya se hiciera con Hércules, el origen de la leyenda, en una película de gladiadores, perdiendo por el camino la riqueza argumental de la historia original escrita por Bulwer Lytton. De ahí que las escenas de gladiadores se impongan en el film (parece que lo único que interesa de Roma en el cine actual es el culto al cuerpo que puso tan de moda la serie Spartacus: Sangre y arena) junto con la tormentosa relación entre Casia y Corvo, mostrándonos, de nuevo, y con muy poco respeto al contexto histórico de la época, lo malvados que eran los romanos. De ahí que de forma poco acertada se haya incorporado la idea en el film de una cierta oposición de los pompeyanos hacia los romanos, y se nos hable del emperador Tito de una manera que recuerda más a su hermano y sucesor Domiciano que a él mismo. De nuevo una película de romanos nos presenta a los romanos como los malos de la película.
El film peca, además, de presentismo, esto es, nos muestra la relación entre Casia y Milo de una forma que parece más la de dos jóvenes enamorados (y rebeldes, este ingrediente no podía faltar) del siglo XXI, que de una joven aristócrata pompeyana y un esclavo-gladiador en pleno siglo I d.C. En todo ello tiene que ver, y mucho, la producción del film, ya que el director, Paul W.S. Anderson, pertenece más a los géneros de ciencia-ficción, terror y acción que al del cine histórico, señal clara del tono y la forma que se le ha querido dar a la película, y que sin duda está vinculada a la espectacularidad de la erupción del Vesubio, sin duda, el activo más importante del film, que ocupa la parte final de la cinta y que se puede desarrollar plenamente con los efectos especiales a disposición en la actualidad. Sin embargo, el film parece que se rebasa a sí mismo en este aspecto y nos muestra una hecatombe de carácter universal en la que terremotos, erupciones, fuego, incendios, destrucción, e incluso un tsunami, centran en demasía la atención del espectador, mientras el destino final de los principales caracteres del film se va resolviendo. Creo, personalmente, que esta parte del film peca de exagerada y posee un final que es posible que no agrade demasiado al público espectador.
Si tuviera que destacar alguna cosa del film no sería ni la trama (tan alterada que parece una película nueva con poco que ver con la historia original, algo tan de moda en las adaptaciones actuales…) ni la exageración de los efectos especiales finales algo cansinos, sino algunas de las vistas generales de la ciudad de Pompeya, reconstrucciones a las que los efectos especiales sí que han sabido dar vida en el film, como aquella imagen de la ciudad de Pompeya vista desde el exterior, en la que se nos muestra la vía de acceso de la ciudad rodeada por los monumentos funerarios de sus habitantes, una imagen poco común en el cine de romanos, las vistas del puerto y alguna de las escenografías que observamos en el anfiteatro, si bien el desarrollo de estas escenas de acción gladiatorial se disparan enseguida y pierden gran parte de su credibilidad.
Por lo que respecta a las interpretaciones, ninguna de ellas destaca por una valía excepcional. Posiblemente sean algunos de los secundarios, como Ático (Adewale Akinnuoye-Agbaje) o los padres de Casia, Aurelia y Severo (Carrie-Anne Moss y Jared Harris), los que destaquen más que no los actores principales. Kit Harington, el esclavo Milo, no da la talla como gladiador y tampoco destaca por su actuación y Emily Browning no convence demasiado como la joven protagonista del film a la cual el guión le obliga a saltarse todas las convenciones sociales de época romana como si nada. Por desgracia Kiefer Sutherland se ve obligado a encarnar al “malo maloso” romano del film, por lo que su registro interpretativo se desarrolla en una frecuencia bastante irreal. A Sutherland le que acompaña Sasha Roiz que encarna a Próculo, la mano derecha de Corvo y un auténtico monstruo sin remordimiento alguno, un carácter tampoco demasiado creíble.
En definitiva, una lástima, porque valía la pena contemplar una nueva versión de Los últimos días de Pompeya, un film con un presupuesto de 100 millones de dólares que ha recaudado tan solo 108.550.407 dólares, y que evidencia que el cine actual tiene poca mano a la hora de mostrarnos el mundo antiguo en la gran pantalla, por lo que me veo obligado a hacer una doble recomendación: Pompeya es una película recomendable para aquellos interesados tan solo en las nuevas visiones de la antigüedad con poca o muy poca veracidad y mucha acción. Para aquellos que quieran disfrutar de una buena historia, bien estructurada y filmada y respetuosa al contexto histórico de la época, os insto a localizar cualquier versión anterior del film, aunque yo, personalmente, os recomiendo la miniserie de los años 80, que se mantiene muy bien después de tantos años.
Título:Pompeya Título Original:Pompeii Director: Paul W.S. Anderson Guión: Janet Scott Batchler, Lee Batchler Reparto: Kit Harington, Emily Browning, Kiefer Sutherland, Carrie-Anne Moss, Jared Harris, Jessica Lucas, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Sasha Roiz, Currie Graham, Ben Lewis, Joe Pingue, Alain Moussi, Emmanuel Kabongo Fotografía: Glen MacPherson Música: Clinton Shorter Género: Histórica, aventuras, acción, catastrófica Nacionalidad: USA, Alemania Fecha de Estreno en España: Viernes, 25 de abril de 2014
Os presentamos en CulturaliaEn el final de Roma (ca. 455-480) La solución intelectual,una novedad del año pasado en que su autor Santiago Castellanos vuelve a reflexionar sobre la Caída de Roma y sobre los procesos que llevaron a la desaparición de uno de los imperios más duraderos y extensos de la historia.
El autor de este libro se pregunta hasta qué punto la idea del final de Roma como imperio en Occidente ha eclipsado al estudio de los cambios que se estaban produciendo en la base de la sociedad y en su propia cúspide. Y, para responder, propone una mirada a la arqueología y también una lectura de los textos escritos, tanto en Occidente como en Constantinopla, en la fase crítica en la que el Imperio romano estaba desarticulándose, y también en la inmediatamente posterior. Indaga en el papel de las elites dirigentes, su implicación en el proceso de cambio y su actitud hacia el imperio y hacia los reinos bárbaros, y sugiere que hubo una suerte de solución intelectual. Mientras el imperio iba retirándose, algunos sectores elitistas fueron negociando e incluyéndose en los cauces eclesiásticos y en las mallas de poder al amparo de los reinos bárbaros. Ellos, sus hijos y, luego, sus nietos iban a lograr sobrevivir a una crucial fase de cambios.
Si tuviéramos que decidir qué emperador romano ha dejado una mayor huella en la historia, tendríamos que tener en cuenta a Augusto, a Constantino o incluso al hispano Teodosio. Si bien muchos dirigirían rápidamente su mirada hacia la figura de Constantino el Grande, por ser entre otras cosas, el emperador que puso fin a la persecución de los cristianos y el que con su acción de gobierno dio forma, en parte, al mundo medieval que seguiría tras la caída del Imperio romano. De esta forma la larga sombra del gran emperador no solo se cernió sobre las épocas venideras sino también sobre la bibliografía que desde entonces habló de él, tanto a favor como en contra. Es por ello que en castellano se echaba en falta una actualización de la historia de la época en general y del gobierno del emperador Constantino en particular, con la intención de clarificar y actualizar conceptos de un periodo y un personaje mitificados por la historia.
Constantino el Grande de David Potter es una biografía académica del emperador romano que arranca, sin embargo, bastantes años antes, como es preceptivo, para permitirnos entender la época en la que Constantino se hizo con las riendas del imperio. Así, pues, el estudio comienza en el año 260, en plena época de la Anarquía militar, para enlazar con el periodo de la Tetrarquía diocleciana, época en la que Constancio, el padre de Constantino llegó al poder como miembro del sistema de gobierno compartido instituido por Diocleciano. Potter intenta explicarnos la juventud de Constantino, de la que se sabe bastante poco, rehaciéndola a través de los datos históricos conocidos del periodo, y estudia a partir de aquí la ascensión a la cúspide del poder de Constantino desde su nombramiento como Augusto tras la muerte de su padre en Britania, pasando por la batalla del puente Milvio (312) y su lucha contra sistema dioclecianeo.
Tras ello el autor analiza la acción de gobierno de Constantino, ya sea en relación a la vida familiar del emperador, que en aquellos tiempos era inseparable de la política; la administración imperial; o su relación con la religión cristiana y la Iglesia, el gran hito de su reinado. Potter se esfuerza por explicarnos la oficialización del cristianismo por parte de Constantino, su aceptación como una religión más permitida en el imperio, y la utilización que de ella hizo el emperador para alcanzar la la paz dentro de las fronteras imperiales. La monografía también analiza la vinculación del propio Constantino con la religión pagana, que también respetó, no siendo hasta la época de Teodosio e incluso más adelante cuando el paganismo vio prohibida oficialmente su existencia. El autor analiza, asimismo, la extraña muerte de su hijo Crispo, uno de los capítulos más oscuros de su reinado y un asunto que difícilmente, como el mismo autor indica, podremos llegar a esclarecer nunca; o la construcción de la ciudad de Constantinopla sobre el solar de la antigua Bizancio, urbe que con el tiempo se convertiría en una nueva Roma.
Potter elabora su trabajo a partir de las fuentes coetáneas y utiliza en gran medida los documentos legislativos dictados por el propio Constantino y su cancillería, con los que puede estudiar su acción de gobierno con mayor profundidad y autenticidad. El autor avanza en el reinado y en el legado de Constantino aunque en su recorrido el apartado histórico no es el primordial, esto es, el libro no se centra especialmente en la evolución de los hechos políticos para crear un filum histórico, sino que más bien cada uno de los aspectos que trata el autor se estructuran a partir del índice de materias, que es el verdadero vertebrador de la obra. De esta forma Constantino el Grande puede ser un libro que decepcione a aquellos interesados sobre todo en la historia política, ya que el autor no se centra especialmente en ella, si no que más bien utiliza el lógico pasar del tiempo para avanzar en su análisis sin profundizar demasiado sobre los hechos. Así que la obra requiere algunos conocimientos previos de la época, al menos en algunos apartados, para poder contextualizar la lectura. La monografía se estructura, además, en capítulos cortos, algo no muy acostumbrado en obras de este estilo, aunque es un formato que posibilita de mejor forma las lecturas posteriores.
Por otra parte, el libro no está todo lo bien traducido y corregido que debiera, una pena en el caso de la obra, del autor y de la editorial, que acostumbra a hacer trabajos brillantes al respecto. Un déficit este que a veces no permite seguir adecuadamente la evolución de los hechos y de los pensamientos del autor. Sin embargo, Constantino el Grande de David Potter se convierte en una herramienta de primera para conocer de una forma realista y veraz la figura de un emperador que ayudó a dar forma al Occidente medieval y moderno. Como alguien dijo «La vida de todo hombre está llena de luces y sombras, pero la historia conserva las luces y olvida las sombras«. En este caso Potter y Crítica nos ayudan a atenuar el deslumbre de la figura del emperador Constantino y a perfilar las sombras que planean sobre él.
Título:Constantino el Grande Autor: David Potter Editorial:Crítica Colección: Tiempo de Historia Traductores: Rosa Salleras Puig | David León Fecha de publicación: 29/10/2013 Páginas: 464 Idioma: Español ISBN: 978-84-9892-623-1 Formato: Rústica con solapas, 15,5 x 23 cm
Hace un par de años Culturalia os presentaba la primera novela de Roberto Costantini, un ingeniero italiano convertido en fenómeno literario en su país gracias a Tú eres el mal, una ambiciosa historia de intriga ambientada en Roma y protagonizada por un comisario de enorme carisma y pasado turbulento (podéis leer la crítica de aquel debut aquí). Ahora, Grijalbo publica Las raíces del mal, el segundo volumen de las aventuras del comisario Michele Balistreri, un estupendo relato a medio camino entre la novela negra y la de aprendizaje que resulta imprescindible para entender el carácter contradictorio de Balistreri, un personaje fascinante alejado del típico investigador habitual en el género por sus constantes excesos, una conducta más propia de un criminal –“Entre Balistreri y el asesino no hay mucha diferencia”, afirma contundente Costantini– que de un respetable miembro del cuerpo de policía.
No parece que el escritor italiano sea muy amigo de las etiquetas rígidas para definir su trabajo, y por ello no es posible definir Las raíces del mal como un relato exclusivamente policíaco, sería hacerle un flaco favor a esta excelente y compleja novela: el lector que quedó atrapado desde el primer instante por la ambientación de Tú eres el mal quizás se lleve una pequeña decepción al comprobar que el suspense tiene relativa importancia en su primera mitad. ¿Significa eso que, en comparación con su predecesora, la que nos ocupa es una obra menor? De ningún modo: Costantini domina perfectamente el ritmo narrativo que quiere imprimir a cada instante, con un inicio calmoso para mostrar los primeros escarceos de aquellos cuatro adolescentes (Michele, Ahmed, Karim y Nico), pero su facilidad para meterse en líos –y resolverlos con astucia y decisión– les hará crecer aprisa y sin tiempo para reflexionar en ello hasta llegar al clímax de la primera parte, el que dará paso propiamente a la historia policíaca que intentará esclarecer las intrigas de sus primeras páginas.
Roberto Costantini, en una imagen promocional
Conoceremos, así, el pasado de Michele Balistreri cuando ni siquiera en sueños podía imaginar que terminaría siendo comisario en Vigna Clara, una de las zonas más tranquilas de Roma –no está nada mal para alguien que en su niñez “lo único que sabía hacer era pegar y disparar”, ¿eh, Balistreri?–, la época en la que era un crío y jugaba a ser Kirk Douglas en El último atardecer, los días en los que el guibli se hacía insoportable en Trípoli, su verdadero hogar –descrito con minuciosidad por el autor, nacido también allí y que recurrió a sus propios recuerdos y a los de sus amigos de entonces para ser fiel a la realidad–, un muchacho obsesionado por las mujeres de su adolescencia y por tres muertes que le acompañarán incluso en su etapa adulta, el hijo del rico italiano que, ya en Roma, encontraría refugio en los versos de “Bird on the wire” de Leonard Cohen, un auténtico líder con un excepcional sentido del honor y la lealtad cuyo destino quedaría condicionado definitivamente por un pacto de arena y sangre, un acuerdo contranatura de consecuencias devastadoras.
Además, el autor introduce el elemento político-social para mostrar cómo funcionaba el colonialismo italiano de los años sesenta en el norte de África, las relaciones difíciles entre musulmanes y cristianos en Trípoli, la ciudad pre-Gadafi y la posterior huida de los descendientes italianos a la península. Por otro lado, la Iglesia católica también tiene especial relevancia en una parte de la trama, y Costantini aprovecha la ocasión para cuestionarse la existencia de la llamada Banca de Dios.
Las raíces del mal consolida a Roberto Costantini entre los escritores europeos a quienes habrá que seguir la pista muy de cerca; sin duda afrontar la confección de una segunda novela tras el formidable éxito de la primera no debe de ser una tarea sencilla, pero él consigue superar el reto sin repetir la fórmula de aquella, algo que es de agradecer en un género que precisa de las sorpresas para ser efectivo. Ahora tan solo nos queda esperar pacientemente su nueva entrega, la que cerrará esta trilogía dedicada al mal y a ese comisario nada ejemplar que es Michele Balistreri.
Título:Las raíces del mal Autor: Roberto Costantini Editorial: Grijalbo Páginas: 635 páginas Fecha de publicación: Enero 2014 ISBN: 9788425351310 Precio: 21,90 €
Esta semana os presentamos otra novedad de la editorial Crítica, Constantino el Grande de David Potter, un análisis de la figura y de la política de uno de los emperadores romanos que, sin duda, más contribuyó a dar forma al mundo medieval y, en parte también, al moderno.
Constantino –nos dice David Potter, profesor de la Universidadde Michigan— cambió la historia. Sin él hubiera sido difícil que el cristianismo hubiese alcanzado el lugar que hoy ocupa en el mundo. Lo cual no se debió tanto a su conversión personal, como al esfuerzo que realizó para mantener la unidad de la Iglesia, evitando que se dividiera en una serie de sectas en conflicto, al imponer un credo universal en Nicea. Potter rescata a Constantino de los mitos y las falsificaciones que han contribuido a deformar su figura: reconstruye su dramática vida –fue directamente responsable de las muertes de su hijo mayor y de su esposa- y reivindica la trascendencia de su actuación política y militar en la tarea de defender al imperio de sus enemigos interiores y exteriores. Como ha dicho Noel Laski, de la Universidad de Chicago, Potter sitúa a un personaje mítico en la sólida realidad del poder imperial. A lo que Sir Fergus Millar, profesor emérito de Oxford, ha añadido que este libro nos ofrece “un análisis original y penetrante, sólidamente basado en las evidencias de la época«.
David Potter ostenta la cátedra de historia griega y romana y la cátedra Arthur F. Thurnau de griego y latín en la Universidad de Michigan. Ha escrito varios libros sobre la Roma antigua.
Título:Constantino el Grande Autor: David Potter Editorial:Crítica Colección: Tiempo de Historia Traductores: Rosa Salleras Puig | David León Fecha de publicación: 29/10/2013 Páginas: 464 Idioma: Español ISBN: 978-84-9892-623-1 Formato: Rústica con solapas, 15,5 x 23 cm
Jerusalén es, seguramente, una de las ciudades más singulares de las creadas por la mano del hombre y un emplazamiento que no solo provoca intensas emociones espirituales sino que es, también, uno de los puntos calientes de la política mundial, sobre todo la de Oriente medio. Debido a ello, Jerusalén y Palestina son dos nombres que vemos constantemente encabezando los titulares de las noticias internacionales, por desgracia normalmente tiznadas de odio, violencia e incomprensión. Por eso siempre es necesaria, para entender los qué y los porqué de la información que nos avasalla a través de los medios de comunicación, una visión actualizada y detallada de la historia que provea al lector medio e interesado de un punto de vista más afinado de la realidad de la que es la ciudad santa para tres de las religiones más difundidas en el mundo y la región donde esta se ubica.
Simon Sebag Montefiore y editorial Crítica se han propuesto, de esta forma, avituallarnos de una nueva monografía sobre la ciudad de la Biblia, una obra que realiza un repaso, con carácter de difusión, de la historia de una ciudad que forma parte de la consciencia vital colectiva del mundo.
Montefiore, escritor, periodista e historiador inglés de origen hebreo y emparentado con el financiero y filántropo judío del siglo XIX Moses Montefiore, es un autor especializado en historia rusa, hecho palpable en su biografía de Jerusalén, que ha escrito libros como Potemkin: Catherine the Great’s Imperial Partner (2005); A History of Caucasus (2005) o La corte del zar rojo (en español, en editorial Crítica, 2010).
El autor inicia su recorrido desde donde debe ser, el origen de todo, desde la Jerusalén bíblica, para ir avanzando a lo largo de los diferentes períodos de la historia que, como estratos de tiempo y culturas, han dotado a la ciudad de su forma actual. Así, pues, Montefiore nos relata la época de dominio de los grandes imperios mesopotámicos, la dominación helenística y romana que conlleva el relato de la destrucción del templo y el inicio de la diáspora judía; el poderío bizantino, la integración de la ciudad en la historia musulmana, la formación del estado cruzado en el siglo XI, y la dominación egipcia y más tarde turca, para llegar a los tiempos más actuales con la desmantelación del imperio otomano tras la Primera Guerra Mundial, el periodo de protectorado británico y la creación del actual Estado de Israel.
El autor detiene su relato histórico en la Guerra de los Seis días (1967), aunque dedica un epílogo a reseñar brevemente los acontecimientos posteriores a esa fecha hasta llegar a la actualidad y para realizar una reflexión global sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad siempre superada por las imposiciones del momento.
Montefiore lo presenta todo con un marcado tono de difusión. No se esperen, pues, una lectura hastiada abarrotada de datos, reflexiones y divagaciones sino más bien un relato de la historia de Jerusalén amena y entendedora que analiza todo lo que les he comentado de forma asequible y agradecida y en el que siempre está presente el punto de vista propio del autor, de lo que no se esconde.
El texto en sí podría estar más cuidado y creo, asimismo, que el contenido de la monografía va más allá de lo que indica el subtítulo de la obra, esto es, más que una biografía de la ciudad y un estudio de su realidad política, económica, socio-cultural, religiosa o física, la monografía viene a ser, en muchos momentos, una historia de Jerusalén en la que el autor se centra más en el contexto internacional que en la propia evolución de la ciudad, lo que le da al libro un enfoque más contextualizado y comprensible, ya que en muchos casos, sino en todos, la historia jerosolimitana y la de la región que controla no se puede entender sin conocer los poderes externos que actuaron sobre ella y lucharon por poseerla.
El libro, por otra parte, concede más espacio y más profundidad a la historia de Jerusalén en época contemporánea, las centurias que seguramente han fraguado con más determinación la forma urbis de la actual Jerusalén y que es la época que, seguramente, mejor conoce el autor.
Jerusalén, la biografía es, por tanto, una nueva aproximación al periplo histórico de más de 3.000 años de una ciudad que es un memorial físico y espiritual de la relación de poderes en el mundo desde su fundación en tiempos bíblicos, que tiene como finalidad ilustrar de forma amena la historia de la ciudad santa, a pesar de las 853 páginas que lo conforman, y que se convierte además en una fuente de lecturas posteriores gracias a lo desarrollado de su aparato de notas a pie de página y a los apabullantes índices de bibliografía y onomástico que posee, además de los diversos mapas históricos que ayudan al lector a contextualizar y situar geográficamente el relato del autor, algo que, por desgracia, no siempre acompaña a los libros de historia.
Título: Jerusalén: La biografía Autor: Simon Sebag Montefiore Editorial:Crítica Colección: Serie Mayor Traductor: Rosa Maria Salleras Puig Fecha de publicación: 08/11/2012 Nº de páginas: 888 Idioma: Español ISBN: 978-84-9892-463-3 Formato: 15,5 x 23 cm. Presentación: Rústica con solapas Precio:
–Rústica con solapas: 25,90 €
–ePub: 15,99 €
——
Editorial Crítica publica este mes de noviembre La restauración de Roma, de Peter Heather una monografía que analiza la historia de Europa tras la caída de Roma y la formación del mundo medieval, de la mano de la lucidez divulgativa propia del historiador irlandés.
Peter Heather, autor de esas dos obras maestras que son La caída del Imperio Romano y Emperadores y bárbaros, nos cuenta ahora lo que sucedió después, a partir de la caída del Imperio de Occidente en el año 476, en un mundo en que, pese a la desaparición del estado romano, la vieja civilización persistía en muchas partes sin grandes cambios. Hubo en los siglos siguientes tres grandes intentos de restaurar el Imperio, protagonizados por Teodorico, Justiniano y Carlomagno. Cada uno de ellos consiguió restablecer el viejo poder en un grado suficiente como para proclamarse legítimo heredero del título imperial, pero ninguno logró afianzar una estructura capaz de perdurar, como lo había hecho el viejo Imperio. Hasta que, a partir de la reinvención del Papado en el siglo XI, gentes nuevas, de sangre bárbara, utilizaron las herramientas imperiales romanas para crear una nueva estructura, el Imperio papal, “mucho más poderoso y opresivo que el que los primeros romanos administraron”, que ha seguido en activo desde hace mil años.
Peter Heather nació en Irlanda del Norte en 1960 y estudió en el Maidstone Grammar School y en el New College de Oxford. Ha impartido clases en el University College de Londres y en la Universidad de Yale. Actualmente es profesor del departamento de Historia medieval del Worcester College de Oxford. Es autor de Goths and Romans (1992), The Goths (1996), del epílogo de The Huns de E. A. Thompson (1999), Emperadores y bárbaros (Crítica, 2010) y La caída del imperio romano (Crítica, 2011).
Título:La restauración de Roma Autor: Peter Heather Editorial:Crítica Colección: Serie Mayor Traductor: Silvia Furió Fecha de publicación: 19/11/2013 Páginas: 424 Idioma: Español ISBN: 978-84-9892-629-3 Formato: Rústica con solapas, 15,5 x 23 cm.
Si algo caracteriza al pensamiento del ser humano es su gusto y su destreza a la hora de conceptualizar y crear categorías que aplicar a las situaciones por él vividas o estudiadas, sintetizando concepciones que le acompañan a lo largo de los siglos, ayudándole aunque también otras veces entorpeciendo su capacidad para entender la complejidad de la realidad que le rodea. Este es el caso de los conceptos muchas veces opuestos de Oriente y Occidente, cargados de juicios y sobre todo de prejuicios y que Gómez Espelosín trata de desentrañar al menos en su origen en época Antigua.
La nueva monografía de la editorial Akal dedica su primer capítulo a mostrarnos la progresiva fragmentación que a partir de época renacentista llevó al divorcio entre los estudios de la Antigüedad clásica (Roma y sobre todo Grecia) y el Oriente antiguo (que incluía también la historia del Egipto faraónico) y que marcó desde entonces la división académica entre ambos mundos. A partir de ahí Gómez Espelosín realiza un estudio histórico diacrónico de la evolución de las relaciones entre Oriente y Occidente desde época minoica y micénica (si tomamos el punto de vista propiamente griego), en el segundo milenio a.C. Un análisis que en su primer tramo se basa principalmente en el estudio del material arqueológico, los restos de la época más fácilmente recuperables, y la reflexión sobre los conductos comerciales que los llevaron de un lugar a otro y el trueque cultural que su intercambio comportaba, en el que predominaba el mayor desarrollo del mundo oriental.
A medida que avanzan las páginas del libro y el análisis alcanza las épocas arcaica y antigua de la historia helénica el autor incluye en su estudio el análisis de las noticias que sobre Oriente nos han transmitido los autores griegos, escritores como Hesíodo, Homero, Heródoto o Ctesias, una información de gran valor siempre que seamos conscientes de que el mundo oriental del que nos hablan la mayoría de ellos, encarnado en la amenaza persa, no dispuso de una tradición de narración histórica como la que nació y brilló en la Grecia antigua, y mucha de la información propiamente histórica que disponemos de él proviene del filtro subjetivo que los autores griegos reprodujeron sobre ellos.
La Real cacería del León, palacio de Asurbanipal en Nínive.
El estudio de Gómez Espelosín no se centra tan solo en el estudio del Oriente dominado por los aqueménidas sino que incluye también, algo lógico si tenemos en cuenta la cronología que abarca, el examen de las relaciones entre el Occidente helénico y otros importantes reinos y estados orientales como el de los hititas, los asirios, los pueblos del Levante mediterráneo, el Egipto faraónico o los estados establecidos en territorio de Asia menor, entre ellos el frigio o el lidio, grandes intermediarios entre las influencias orientales y el mundo griego. Todo ello da como resultado la constatación de las múltiples herencias y préstamos que el mundo occidental debe al ámbito oriental asiático del que en un principio no fue más que un apéndice comercial y que incluyen elementos como el alfabeto, los tipos de cerámica, el legado épico o incluso la reflexión sobre las estructuras estatales. Gómez Espelosín se detiene a examinar también las rutas comerciales que permitieron todos esos intercambios y los lugares más propicios donde estos contactos se produjeron, mostrando su amplio conocimiento de la época y de la geografía histórica del momento.
En los últimos capítulos de la monografía el autor analiza el origen del enfrentamiento entre griegos y persas durante las Guerras Médicas, a principios del siglo V a.C., sin duda alguna el crisol de la oposición entre los conceptos de Oriente y Occidente. Gómez Espelosín se interesa por el papel generativo de este conflicto tanto de la realidad helénica posterior basada en la democracia (en el caso de Atenas), la civilización o la ciudad-estado, como de la imagen que desde entonces (y en la actualidad) poseemos de Oriente.
Francisco Javier Gómez Espelosín
Por desgracia el autor no demuestra el mismo interés en su estudio por la época posterior al siglo IV a.C., por lo que su examen de la conquista de Oriente por parte de Alejandro Magno, o los periodos posteriores de dominación seléucida y romana quedan bastante excluidos de su monografía, debido a la propia especialización del autor en la historia del mundo griego y, me atrevo a afirmar, a la voluntad de publicar un libro de difusión manejable.
El libro finaliza con un último capítulo dedicado al análisis del proceso de invención del concepto de Oriente en la propia época antigua, una de aquellas nociones que de una forma u otra, ha sobrevivido hasta la actualidad y que contamina, sin lugar a dudas, nuestra percepción de la realidad cultural, política y social que predomina en aquellas latitudes.
Gómez Espelosín y la editorial Akal nos proveen de esta forma de una útil e interesantísima monografía con la que profundizar plácidamente en la conformación y evolución del mundo antiguo, derribando aquellos falsos puntos de vista que ven en el legado histórico europeo, materializado en la herencia de Grecia y Roma, una realidad pura y prístina desligada de los préstamos y las apropiaciones provenientes de otros focos culturales, en este caso orientales. El autor nos presenta un texto muy bien escrito, aunque un poco pomposo en determinados momentos, marca de fábrica del autor. Aún así el relato posee un ritmo sosegado y sobre todo didáctico y clarificador, una obligación exigible a un catedrático universitario de Historia. El libro incluye además, un amplio apartado de notas a pie de página, un increíblemente actualizado índice bibliográfico y varios mapas para situar al lector, algo que se agradece y más cuando hablamos de territorios no tan bien conocidos por los lectores.
Así pues Memorias perdidas, Grecia y el mundo oriental nos permite conocer las raíces de conceptos que nos pueden parecer muy actuales aunque tienen su origen en el pasado más remoto y que están basados normalmente en el «retorcimiento» de la historia y de la información que las más de las veces es llevado a cabo por intereses ajenos al progreso del conocimiento, supeditados a provechos personales e institucionales, algo esto último, que parece que nunca ha pasado ni pasará de moda.
Aquí os dejo Una entrevista del programa Tierra de Sueños, del canal 25 tv. Relevancia: No solo se trata un tema interesantes, La realidad del anfiteatro y de los combates de gladiadores, sino que el entrevistado soy YO!!
Ya lo sabéis, si queréis saber un poco más sobre uno de los temas más notorios de la historia romana, darle al «play» de la entrevista. O mejor dicho, darle dos veces play, ya que el documento está dividido en dos fragmentos, uno de 7:52 y otro de 9:30 minutos.