«Estripar la terra» de La Companyia La Padrina: Rasclets de plàstic

«Aquest és un moment molt delicat.» Una de les advertències que més sonen darrerament per ennuegar les ganes d’experimentar, de canviar, de créixer. La fan servir com a amenaça els poderosos. La repetim nosaltres com si es tractés d’un mantra i així afavorim la covardia a guanyar la batalla.

Josep Maria Miró se serveix d’aquest manifest lapidari per articular una nova teranyina entorn d’una mosca que bada (l’home que lluita per reinsertar-se) i l’aranya amatent i sense miraments (amb dos caps: dos treballadors municipals mediocres que busquen amb ànsia un cap de turc). I presentat l’animalari, juga a detallar-ne l’assetjament feroç.

Miró sap angoixar els seus espectadors posant-los entre les cordes de la quotidianitat i fent-los patir per l’efecte implacable que causen les «capelletes» socials: si al «Principi d’Arquimedes» ens deixava sense alè, ara mira de repetir la fórmula sense ni tan sols dissimular. Però l’experiència li surt a mitges: D’una banda perquè no aprofita la riquesa que li ofereixen els nous personatges i el context on es mouen, de l’altra perquè minimitza aquella ambigüitat que tan bon resultat li va donar entre clor i pares talibans.

A «Estripar la terra» coneixerem el malestar conseqüent a l’arribada al grup laboral d’un nou membre quan la seva eficiència i actitud participativa posen en evidència la corrupció i l’enquistament. El tema és sucós i molt oportú en una terra cega com la nostra on de reis bornis sembla que n’hi ha a grapats.

L’obra planteja també la dicotomia entre el món professional que se sent amenaçat i l’amateurisme desinteressat com a substitutiu conjuntural. Tot plegat en un context tan obertament proper que la proposta admet una lectura gairebé simbòlica de Catalunya i el seu entossudiment de fer país que sovint passa per destruir el ciutadà que no hi dóna el perfil.

Un cop que Miró ha presentat aquests paràmetres temàtics, i mitjançant una introducció inquietant de la trama, acaba triant la història de suspens que no afegeix res de nou al panorama i que recorda massa el seu anterior èxit. A més, el dubte que en aquest fonamentava la història, aquí desapareix ja que tots sabem que l’acusat (magnífic David Marcé: vulnerable i ferotge ensems) s’ho ha buscat amb escreix.

Miró dirigeix també. I ofereix una posada en escena funcional on la intriga esdevé la reina. Els efectes sonors en són còmplices dòcils i el seus altres actors compleixen amb la resignació de saber que els personatges no constitueixen, al capdavall, més que elements circumstancials. Però nosaltres ens hem quedat amb les ganes perquè la terra demanava, més que estripar-la, travessar-la!

per Juan Marea

«Estripar la terra» es representa a La Seca-Espai Brossa fins al 27 de juliol.
http://www.laseca.cat/ca/obra/73/estripar-la-terra–josep-maria-miro/

Terra

 

Arnau Puig teixint.

Fire’2014: Hogueras marginales

Este año el FIRE! Mostra Internacional de Cinema Gai i Lesbià nos ha conmocionado. Con el asalto implacable de unos golfos a un burgués parisino aprovechando la debilidad de su ilusionada entrepierna. En EASTERN BOYS, el director Robin Campillo nos lo robó todo: el recelo, la prevención y las ganas de seguir siendo ciudadanos pasivos. Y ni siquiera se nos pasó por la cabeza (cabecita loca la nuestra, como cantaba Amaral) acudir a la compañía de seguros o a la policía. Porque esta película es un estudio extraordinario sobre la emancipación individual de alguien que, de juguete sexual emigrado y no articulado (refrescante Kirill Emelyanov) pasa a ser hijo legítimo de la República Francesa. Y en su proceso de liberación, mediarán la dependencia de la banda descarriada (bajo el yugo de un magistral Daniil Vorobyov cuya chulería y patetismo son apellidos complementarios) y un “amour fou” como solo el país vecino suele tratar: con naturalidad, profundidad emocional y apertura de mente. Todo bajo la atenta mirada de Olivier Rabourdin, utilizando su inexpresividad facial como recurso eficaz para transmitir la firmeza necesaria de su rol de quien tiende la mano (aunque pareciera que solo se trataba de la polla). “Eastern boys” se abre con un plano secuencia admirable presentando a las víctimas en la estación, sigue con una fiesta espeluznante en casa del protagonista conjugando con sabia ambigüedad la perversidad y la ternura (la humillación sufrida por el anfitrión, la ingenua “joie de vivre” de sus “invitados”). Y a nuestro desasosiego se suman después las ganas de conocer (y vivir) más, garantía de que hay una historia.

El FIRE! también ha coqueteado con nosotros. Como cuando proyectaba FIVE DANCES, producto vacuo realizado por Alan Brown que convierte “Fama” de Alan Parker en una obra maestra. Se trata aquella de una colección de estampitas muy bien fotografiadas sobre una sala de ensayos y sus moradores (hermosos, talentosos, supercools), a los que ocurre lo mismo que a nosotros ocurrió cuando teníamos su edad pero se nos cuenta de una forma relamida y muy manida. La película incluye (de hecho, es su columna vertebral) varios números de danza donde los protagonistas se lucen exhibiendo una técnica impecable y una fotogenia arrebatadora. Como preámbulo, vimos el cortometraje HOLD (Erik Linghede), de un talante más transgresor: Una pareja de bailarines ejecuta una coreografía moderna, sensual y refrescante entrecruzando brazos para ser uno en un espacio diáfano enorme al que dotan de calidez.

Con el FIRE! pudimos despertar: con la grandeza de esa pareja que se empeña en ser familia de forma casi casual y movida por el ánimo solidario: ANY DAY NOW responde a la modalidad de lucha personal contra la adversidad por la intransigencia jurídica. Pero lo hace sin sensiblería y mediante unos personajes enternecedores: el drag queen apasionado, comprometido y con un carisma apabullante (sensacional Alan Cumming); su segundo de a bordo (resultón Garret Dillahunt) , adulto, leal y sensible y un adolescente con síndrome de Down (eficaz Isaac Leyva) cuya adopción será el luminoso objeto de deseo. El guión, además, que no opta por la vía previsible, propone unos cuantos lugares de reposo para que nos riamos, lloremos e incluso decidamos. Antes de emocionarnos con esta obra de Travis Fine, y sin apenas hacer ruido, intervenía con voz propia LA CLASE DE BAILE (Camilo Cogua Rodríguez), cortometraje de animación pedagógico (incluso para niños como nosotros) sobre niñas repipis que ensayan “El lago de los cisnes” y cómo emerge del rincón más profundo de la clase el príncipe redentor, cuento gratificante sobre la transexualidad cotidiana sin estridencias y con mucha delicadeza.

por Juan Marea

Festiu-Fringe Barcelona 2014: Goliat se funde.

El verano presume de ser indomable, ataca con pereza ociosa y cuenta después sus víctimas indolentes. Pero no es invencible y hay quien le cosquilleasu talón de Aquiles: El Festiu-Fringe Barcelona, que hasta finales de julio experimenta con el público blandiendo una programación multidisciplinar e imprevisible.

El latido femenino del maltrato encuentra refugio en la Iglesia de Sant Joan. Los espectadores, dóciles y devotos, se desplazan por su interior entre los lamentos de una niña perdida sin que mamá pueda evitarlo y atrapada entre los barrotes protectores de imágenes católicas salvadoras, ironías del arte urbano actual. El violoncelo de Anna Mora dota a la ceremonia de una solemnidad escénica austera, elegante y esencial, lo que COEURS BATTANT COMME DES TAMBOURS ofrece. En la capilla lateral se recorta la sombra de una hembra a punto de ser asesinada, pero llegamos a tiempo de compartir con ella su apasionante agonía. No contenta con eso, Àngels Aymar, sacerdotisa exquisita (por su habilidad eludiendo la afectación, proponiendo un espectáculo rico en puntos de vista y potenciando la sencillez interpretativa) alterna el monólogo sufriente con la parodia amable de la utilización mediática de las víctimas globalizadas (en una escena desternillante a partir de la socarronería de su entrevistadora, el empecinamientode Valeria Cardullo y finalmente el carismático aliento integrador de Adeline Flaun). Más la contundencia vocal de Mehdi Krüger. Adolece, empero, este espectáculo del Collectif Lyon.05 de cierta rigidez en la dirección de actores (cuya expresión es a veces devorada por la trascendencia de las palabras) pero el conjunto (y sobre todo la actuación de la propia Aymar) adquiere una luminosidad excepcional y demuestra la capacidad de sugestión de las lenguas foráneas (en especial, el francés) para que todos recemos unas mismas oraciones, las que ahuyenten el sufrimiento de los más débiles.

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Y después llega la danza en el Teatre Akadèmia: Recreada en un dormitorio donde Francisco Gómez impulsa una juguetona lucha entre una bella durmiente que se quiere poco y su Lado Oscuro provocador. Una cama inmaculada que se enturbia con un pasodoble en el que la melena de ella y el puño de él son uno; que convierte a ambos en autómatas emulando la Comedia del arte; y en la que se acelera la angustia con la cámara lenta de los intérpretes; pero además es atormentada por las sombras chinescas que la rodean. Ambos bailarines (delicada y algo blanda Roser Zaurin, seductor y grotesco Yago Morera) intercambian sus roles cuando ella finalmente abandona su indefensión de vigilia para dejar a él como durmiente desvalido. Esta SUITE NÚMERO 2-VARIACIONS D’UN SOMNI de La Companyia es un ejercicio fascinante en lo visual (el aprisionamiento de ella con un manto de plástico), inquietante en lo sonoro y de un tono ambiguo (la claridad de las sábanas, la tenebrosidad del entorno escenográfico) que estimula por la conjunción de distintas disciplinas interpretativas en constante diálogo con la narrativa coreográfica.

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Los prejuicios son ahuyentados de nuevo ante la irrupción en el Almeria Teatre de Línea de Tres con LA CANCIÓN DEL CAMINO VIEJO, un testimonio de aires argentinos sobre la impotencia de dos hermanos (gerente de marketing de pacotilla el más espabilado, empleado de planta apocadísimo el más ingenuo) ante la decadencia del negocio familiar de reparación de vehículos heredado. Al gracejo léxico de los actores, se une un entusiasmo entrañable sobre el escenario. La historia, tragicómica y con un poso de melancolía que cubre el histrionismo (excesivo y resuelto con torpeza) así como la expresividad de los momentos más íntimos (vigorosa la retransmisión futbolística con un Severo Callaci electrizante como regateador imparable; sincero el monólogo final de un emotivo Santiago De Jesús velando a su amado compañero de miserias) es un ejemplo más de perdedores hundidos en la invencible batalla del progreso por quedar excluidos del plan urbanístico.

Y el verano, que por ser cobarde también es vulnerable, no puede evitar esbozar una sonrisa de rendición ante este David decidido que es el Festiu.

Por Juan Marea

El Festiu-Fringe se celebra en Barcelona hasta el 27 de julio.
http://www.festiu.cat/

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Crítica teatral: Vells Temps, en la Sala Beckett.

Vells temps_sala beckettUna obra de teatro siempre tiene algo que decir al público. Una vez que se alza el telón, metafóricamente hablando, porque ya casi nunca se levantan, se inicia una conexión entre la obra y el espectador que perdura, de una forma u otra y normalmente con altibajos, hasta el final de la representación. Si además, Harold Pinter está en el meollo, está conexión se transforma es un estado en el que la obra fluye atrapando al espectador en una tela de araña escénica que se apodera de él hasta el final de la función. Algo que podemos apreciar en Vells Temps, obra programada en la Sala Beckett en el marco del Festival Grec 2014, dirigida por Sergi Belbel e interpretada por Carles Martínez, Míriam Alamany y Sílvia Bel.

El matrimonio formado por Kate (Míriam Alamany) y Deeley (Carles Martínez) recibe la visita de Anna (Sílvia Bel), una amiga de juventud de la primera. El reencuentro de las dos mujeres les permitirá rememorar los viejos tiempos, cuando ambas trabajaban como secretarías; compartían piso en Londres y llevaban una vida de trabajo y ocio recorriendo las plateas de los mejores teatros de la ciudad. A medida que ambas mujeres evocan el pasado Deeley comienza a sentir celos de una relación antigua pero intensa que, al parecer, se entrelaza también con sus propios recuerdos.

La Sala Beckett se anima a programar Vells temps, un Pinter que tiene que ver mucho con la memoria, el teatro y el cine (musical) y con una tempestiva relación amorosa a tres bandas. La estructura de la obra sigue el modelo pinteriano de la llegada de un extraño a un espacio y/o realidad a la que no pertenece, como pudimos ver este año en obras como L’encarregat o Terra de Ningú. Una vez que este elemento externo hace acto de presencia la realidad queda, de alguna forma, afectada, un efecto del que seremos consciente a través de la conversación que mantienen los tres protagonistas y que girará en torno al pasado, lo que moverá a un duelo dialectico entre Deeley y Anna por demostrar quién tiene más ascendencia personal sobre Kate y nos hará evidente la naturaleza efímera y sutil de la memoria y de los recuerdos.

La obra se construye, además, en un espacio y un tiempo escénico que se confunde a lo largo de la representación. Al espectador le costará distinguir si lo que pasa sobre el escenario se está produciendo en el presente o se produjo en el pasado, algo que se complica aún más al referirse los tres protagonistas a los mismos hechos con recuerdos diferentes y algo distorsionados. Lo que va dando forma a un limbo escénico en el que la realidad y los recuerdos se atropellan unos a otros, obligando al espectador a intervenir y darles forma.

Por encima de este fluir de situaciones y recuerdos la obra nos habla de las relaciones y más concretamente de las relaciones de pareja, tanto aquella formada por Kate y Deeley como la que mantuvieron, supuestamente, Kate y Anne cuando eran jóvenes. Asimismo, el teatro también estará muy presente en la representación, ya que los personajes femeninos recordarán a lo largo de la obra su asistencia a los espectáculos de teatro y danza del antiguo Londres y los protagonistas se lanzarán a canturrear en un momento de la obra algunos éxitos del teatro musical.

La propuesta cocinada por la Sala Beckett está diseñada para darle a la obra la naturaleza fantasmagórica que un Pinter requiere. El escenario está constituido por una extensa plataforma elevada que se apodera de uno de los extremos largos de la sala, ocupada tan solo por una serie de ventanas, dos sofás-cama y una butaca, ubicados sobre el escenario de forma triangular, una representación física del triángulo amoroso existente (o que existió) entre los tres personajes. Estos están interpretados por Carles Martínez (Deeley), Míriam Alamany (Kate) y Sílvia Bel (Anna). El primero oprime a su personaje para darle una solidez a veces exquisita; la segunda interpreta un personaje que a veces parece que no esté sobre la escena, un hecho del que se nos habla en la propia obra y la tercera encarna a una mujer elegante y atractiva que parece que quiere recuperar algo de su pasado.

Sergi Belbel lleva a cabo una destacada dirección de actores que provee a sus interpretaciones de esa neblina adecuada para una obra-situación de Pinter, y da forma a una representación donde el presente y el pasado se mezclan irremisiblemente y en la que, como afirma uno de los personajes «hay cosas que recuerdas aunque puede ser que no hayan pasado nunca«. Algo que tendrán que descubrir cada uno de ustedes, hilvanando todo lo que se dice y todo lo que se hace sobre el escenario de la Sala Beckett. Un auténtico reto teatral.

«Vells temps» se representa en la Sala Beckett del 2 al 27 de julio de 2014.

Autor: Harold Pinter
Dirección: Sergi Belbel
Traducción: Joan Sellent
Interpretación: Carles Martínez, Míriam Alamany y Sílvia Bel
Escenografía: Max Glaenzel
Vestuario: Mercè Paloma
Iluminación: Kiko Planas
Espacio sonoro: Jordi Bonet
Caracterización: Toni Santos
Producción: Grec 2014 Festival de Barcelona y la Sala Beckett / Obrador Internacional de Dramatúrgia

Horarios: de martes a sábado a las 21:30 horas y domingos a las 18:30 horas.
Duración: 75 minutos
Idioma: catalán
Precio: 20 €
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Jorge Pisa Sánchez

Novedad editorial: El Dhammapada, La senda de la perfección, Plataforma Editorial.

El_Dhammapada_portada_Pataforma_editorialA veces, en el mundo en el que vivimos, vale la pena detenerse y dedicarse unos momentos a uno mismo ya sea para reflexionar sobre lo que hemos hecho, lo que hacemos o lo que vamos a hacer.

A veces para ello necesitamos una ayuda externa, ya sea la conversación cómplice de una persona cercana o en este caso, el conocimiento atesorado a lo largo de siglos de experiencia vital y espiritual recogido en obras literarias como la que nos presenta Plataforma Editorial con El Dhammapada, La senda de la perfección, una novedad literaria publicada en el sello testimonio y que recoge 423 aforismos que ilustran las enseñanzas morales de Buda.

El Dhammapada es una colección de 423 aforismos escritos originalmente en lengua pali seguramente en el siglo III AEC. En pali Dhamma, Dharma en sánscrito, alude a un concepto básico en el budismo. Su sentido es muy afín al de «ley, una ley moral, la ley eterna del Cosmos, la Verdad». Pada significa en pali y en sánscrito «pie, paso» y, por lo tanto, puede traducirse como camino, senda. De ahí que Dhammapada sugiera la Senda del Dharma, la senda correcta que lleva a la Verdad, a la luz, al amor, al Nirvana.

La obra recoge los aforismo budistas agrupados en 26 categorías que incluyen temáticas como la mente, el hombre sabio, el bien y el mal, el Buda, los placeres efímeros o la rectitud y la senda, y seguro que nos proporcionará la materia prima para llevar a buen término esa reflexión que les decía y recorrer la Senda de la Perfección preparados y muy bien acompañados.

Título: El Dhammapada, La senda de la perfección
Editorial: Plataforma Editorial
Colección: Testimonio
Formato: Rústica con solapas
ISBN: 9788415880998
Páginas: 176
Precio: 16.00 €

Fire!’14: Somos héroes

Salvar vidas ajenas tiene cada vez menos mérito en el panorama cinematográfico: Hay tal concentración de superhéroes en las pantallas comerciales, que se han visto obligados a luchar juntos y a compartir títulos de crédito para el sacrificio de su orgullo de estrellas así como de su misérrima condición de peleles afranquiciados.

Pero sucede que aún queda mucho individuo por salvarse de la condena de ser infeliz. Los motivos no suelen ser el ataque indiscriminado de ningún malvado en mallas dilatadas. No. Las razones las encontraríamos más bien en la torpeza a la hora de luchar por vivir.

Para estos casos (a menudo alarmantes), las salas de proyecciones independientes tienen la solución: Mostrar impúdicamente historias de superación personal. También de crecimiento emocional. Incluso de destrucción sentimental. Todas requieren un elemento valioso: el apoyo de los demás.

La 19ª Mostra Internacional de Cinema Gai i Lesbià es una de esas plataformas. Desde ella, conocemos la historia de Eugenio y Martín, halcón y paloma sobrevolando un insignificante paraíso situado de forma algo azarosa en un HAWAII argentino de textura maravillosa por sus tonos pastel, la nitidez de su enfoque y la mágica ocurrencia de contar sus aleteos desgranando los detalles nimios más hermosos de la convivencia. Marco Berger da a su público una obra delicada que vuelve a la infancia a través de los ojos inocentes de Mateo Chiarino y la tierna conspiración de Manuel Vignau. Aunque la película magnifique sus defectos (el exceso de primeros planos y su recreación expositiva delata continuamente la inexperiencia de los intérpretes), triunfa entre el espectador por su capacidad de construir un espacio propio, acogedor e idílico.

Con mayor garra aterriza DVOJINA (“Dual”), encantador cuento esloveno aunque algo prolijo porque su historia se hubiese contado mejor como cortometraje. Lo que hace especial este trabajo es el esfuerzo por convertir a su anodina protagonista, Tina (gozosa Nina Rakovec), que declara a su enamorada al inicio que “no hay nada que contar sobre mí. Solo soy nada”, en una aventurera de su propia vida. Nec Gazvoda juega con ella y con los seres que le rodean a llevarles a su emancipación emocional y lo que en el argumento supondría un cúmulo de situaciones cotidianas de poco calado, en este caso resulta destacable por la ausencia de pretenciosidad y la habilidad del guión al retratar a unos personajes casi genuinos (emotiva la relación de la protagonista con su padre, que evoluciona prodigiosamente en un espacio de tiempo mínimo) si exceptuamos al pelmazo “mariliendro rompeduendes”.

Un poco más valiente es la propuesta de Tom Shkolnik, THE COMEDIAN, cuyo perfume setentero y tono de falso documental conceden un verismo reseñable al bloqueo existencial de Ed (notable Edward Hogg), perdido en la nada de una rutina salpicada de color (entrañable su novio Nathan Stewart-Jarrett, conmovedora su mejor amiga Elisa Lasowski) que él se empeña en embadurnar de gris. Curiosamente, y en este sentido se distingue de manera especial la obra de Tom, la causa del conflicto no es la homosexualidad del protagonista, que aquí resulta ser lo único asumido de forma satisfactoria por el apesadumbrado Ed. Este “comediante” deja un poso de melancolía venenosa para la taquilla pero necesaria a la hora de invitar a la reflexión sincera sobre la crisis de la incipiente vida adulta.

Y unos breves apuntes para la breve contribución de Marco Laborda con THE DAZZLING DESTINY, borrador sobre un intento de suicidio pasional lastrado por su narcisismo audiovisual pero de factura indie-hipster jubilosa y pegajosa.

 Por Juan Marea

La 19ª Mostra Internacional de Cinema Gai i Lesbià se celebra en el Institut Francès de Barcelona hasta el domingo 13 de julio.
http://www.cinemalambda.com/

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Crítica teatral: 2050, en el Teatre del Raval.

2050 - Cia El desván 1No es muy habitual ver anunciada en las carteleras una obra de teatro de ciencia-ficción, y menos aún que una misma sala, en este caso el Teatre del Raval, estrene durante la misma temporada dos obras de ciencia-ficción distópica. La primera, 1984, la programó a finales del 2013 y principios del 2014, todo un éxito respecto a la calidad artística del montaje. Desde el pasado 2 de julio le toca el turno a 2050, una corta obra de teatro (tan solo 55 minutos de duración), producida por El Desván Teatro en coproducción con Samarkanda Teatro que insiste algo más en el tipo de historia narrada por Orwell.

Nos hemos de situar en el año 2050. La sociedad está regida por un sistema político represor que controla todos y cada uno de los aspectos de la vida de sus ciudadanos. Cada uno posee un trabajo y una vida personal que realiza en favor del bienestar de la comunidad y, sobre todo, del sistema. Iván trabaja en una antigua cisterna eliminando los cadáveres de todos aquellos que se oponen al sistema. Pero últimamente su trabajo no ha sido tan eficiente, por lo que se ha enviado a un inspector con el objetivo de descubrir qué es lo que pasa.

2050 sigue la estela de las grandes obras de ciencia ficción distópica entre las que sobresalen, Un mundo felizde Huxley; 1984de Orwell y Fahrenheit 451de Bradbury, y posee elementos de cada una de ella. El sistema todopoderoso y controlador nos remite a 1984; la prohibición de leer libros a Farenheit 451 y 1984; y los elementos de sexualidad puede que hagan referencia a Un Mundo Feliz. La acción, además nos sitúa en algo parecido al interrogatorio final de 1984, cuando el protagonista ya ha sido descubierto y no puede más que autoacusarse a sí mismo.

Este es el meollo de la obra, que se estructura en una conversación-interrogatorio entre Iván y el inspector, en el que no solo conoceremos las ideas y la visión de la vida poco ortodoxa del primero, sino que también comprenderemos el funcionamientos del sistema y sus herramientas de control de la sociedad. Por lo que la obra está dirigida a aquellos apasionados por la ciencia ficción y por el análisis de la realidad político-social que solo este género sabe tratar de forma tan fría y realista.

2050 reflexiona de esta forma sobre la capacidad de un sistema político por controlar qué piensa y cómo piensa la población, y hace un guiño a la actualidad, situando el origen del sistema en la crisis de valores que vivimos hoy en día, un momento en el que, según la obra, se llega a especular con todo, con la comida, con la vivienda e incluso con las vidas humanas. Tras lo cual se impone un sistema de orden y eficiencia que ha acabado, según parece, llevando a la sociedad, o a parte de ella, a un abatimiento personal y moral y a otros muchos a luchar contra un sistema político opresor, los cadáveres de los cuales son los que elimina Iván.

Imagínense, pues, la reflexión que nos permite 2050. E imagínenselo todo en tonos grisáceos, y sobre una construcción escenográfica que nos muestra, de forma minimalista, un mundo oscuro y desalmado que ha optado por la seguridad despreciando para ello las emociones y la genialidad creativa del alma humana.

La obra, por otra parte, está construida a partir de la interpretación de sus dos protagonistas, Diego Ramos, que da vida al eliminador de cadáveres que pone en duda su trabajo y el propio funcionamiento del sistema social y Fermín Núñez que interpreta al inspector que ha de valorar la situación. Un duelo escénico en el que parece vencer este último, que encarna a un funcionario distópico con una naturalidad y frialdad electrizantes.

Una reflexión social y política de la Compañía El Desván Teatro que nos habla del futuro para referirse a nuestro presente, pero que juega una baza escénica que ya triunfó en el Teatre del Raval no hace tanto, lo que, seguro, que le resta la eficiencia en la taquilla que sería de esperar.

«2050» se representa en el Teatre del Raval del 2 al 13 de julio de 2014.

Autor: Ricardo Prieto
Versión y dirección: Domingo Cruz
Reparto: Diego Ramos y Fermín Núñez
Música: Álvaro Rodríguez
Escenografía y vestuario: Diego Ramos
Iluminación: Jesús Sánchez Avís (Lenda)
Vídeo: Alberto Calvo
Producción: Cia El Desván Teatro en coproducción con Samarkanda Teatro

Horarios: de miércoles a sábado a las 20:30 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: 18 €
Duración: 55 minutos
Idioma: castellano
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Jorge Pisa Sánchez

“Cels” de La Perla 29: Intriga atemorida

celsCom més irresoluble és un problema, més coneixem la resposta. Ho diu en Wajdi Mouawad a Cels i des del bocí de terra on sigui que ens trobem ara tenim dues opcions: O bé reservem una mica d’espai a la nostra ment per pensar-lo i ens alliberem o bé permetem que la incògnita ens eclipsi i llavors serem més manipulables.

Mouawad és invocat a la Biblioteca de Catalunya a través de la claustrofòbia provisional d’un equip de salvadors mundials que, paradoxalment, es troba aïllat en un cau de coordenades ocultes. Aquest grup d’elegits empresonats haurà d’esbrinar els detalls d’un atemptat que ja ha començat a cobrar-se víctimes entre ells. La intriga que se’n deriva servirà per intensificar les tensions internes, per atrapar l’espectador, i fins i tot per plantar la llavor d’un debat que podria germinar després.

Però les mesures de seguretat escrupolosament adoptades no poden impedir la presència d’un infiltrat: el transcendentalisme, sempre vistós però sovint intrús. Mouawad fa créixer aquest membre de l’escamot concebent uns personatges esquemàtics que lluitaran al llarg de la representació per esdevenir prototipus però que només de manera excepcional desprenen un alè semblant al vital i curiosament són aquells amb presència escènica diferida: el desaparegut Valéry (contingut Carles Martínez), poeta de la informàtica; i el Victor, fill que desperta a la sensibilitat artística institucional (desimbolt Àlex López). Més l’agent burocratitzat Vincent (estrident Ernest Villegas), contrapunt necessari.

Mouawad vol parlar de la naturalesa artística de la immolació davant la crueltat del Sistema Polític Hegemònic Globalitzat, s’entusiasma tractant la indefensió de sentir-nos envaïts per les veus crítiques, i s’encén incitant al poder de la intuïció com a defensa contra l’obediència a l’autoritat. Però pretén ajustar aquests temes de magnitud gegantina amb la petitesa d’exposar les dificultats individuals exterioritzant les emocions pròpies quan hom és el mer apèndix d’un grup. No content amb això, s’anticipa a mostrar la seva visió apocalíptica de la Societat com a conseqüència de la incapacitat de pensar-se amb termes de solidaritat i sensibilitat.

El llistó està tan alt que el seu treball no assoleix l’equilibri indispensable per a què pugui superar l’anècdota argumental ni tampoc qualli el seu vessant discursiu de reflexió temàtica. Perquè Mouawad no considera prou valuosa la intriga dosificada al llarg de la història tot utilitzant-la com a pretext per a enlairar-se en l’etèria atmosfera del pensament polític. I precisament és el misteri que circula pel firmament del seu treball el que eleva l’interès de l’espectador. Quan el text recorre la seva recta final i es produeix l’explosió ideològica, el públic lluita per no caure colpejat al terra.

Oriol Broggi pren el relleu i dóna forma al Manifest. Amb coherència i posant-se al servei de la seva doble condició: com a exercici de suspens i com a apunt per a la discussió.

Quant a la primera faceta, estructura el joc interpretatiu mitjançant el diàleg constant amb les veus exteriors provinents de les furibundes xarxes socials. I oposant a la claustrofòbia dels protagonistes (cadascú a la seva cel·la –cambra i immobilitzat per les respectives misèries personals; i tots cinc reunits al voltant d’una taula mai conciliadora) l’esplendor de les pantalles reproductores de seductora internacionalitat, de dades en permanent encadenament i d’intimitat familiar, assoleix un grau d’efectisme molt atractiu. No demostra, en canvi, la mateixa habilitat en la direcció d’actors, paralitzats per un dramatisme de vegades irritant i d’altres, acovardits per la concisió acadèmica. D’entre ells, Xavier Ricart aixeca la mà esporàdicament i demostra entendre que està jugant a sobreviure i els moments de diàleg amb el seu dòcil fill obren escletxes d’humanitat quotidiana.

Pel que fa a l’aspecte dogmàtic, a l’edèn de Broggi no flueixen els núvols de la suggestió ni tampoc els raigs i trons de la polèmica, de tan servil que resulta ser al Totpoderós Mouawad.

Per Juan Marea

Cels” es representa a la Biblioteca de Catalunya fins al 27de juliol.
http://www.laperla29.com/espectacle/111

Crítica teatral: La partida, en el Teatre Romea.

La_Partida_cartelSeguro que si os digo que la vida se puede reducir a una obra de teatro, la mayoría de vosotros pensaríais que probablemente sí, que con una buena obra de teatro todo es posible. Pero si os dijera que la vida se puede reducir a una partida de cartas, y más concretamente a una de póker, posiblemente me costaría más convenceros. Pues bien, este es el objetivo de Julio Manrique, que con el estreno de La partida nos presenta un esbozo de la vida de varios hombres marcadas por las figuras del póker.

La obra nos sitúa en el restaurante Carta, regentado por Esteve (Ramon Madaula), en el que todos los sábados por la noche se organiza una timba de póker en la que participan él mismo; Carles (Oriol Vila), su hijo; Santi (Joan Carreras), el cocinero y Maxi (Marc Rodríguez) y Frankie (Andrew Tarbet), los dos camareros del local. Pero esta noche se apunta a la partida Ash (Andreu Benito), un jugador profesional con el que Carles ha contraído una fuerte deuda de juego, lo que convertirá la velada en una partida en la que los miedos, las frustraciones y los sueños se cambiarán por fichas de póker.

Manrique nos propone una disertación teatral sobre la vida de un grupo de hombres marcados por el fracaso y la desorientación, una temática muy al gusto del director, y que ya tratara en obras como Coses que dèiem avui, montaje a partir de textos de Neil LaBute y American Buffalo de David Mamet, ambas estrenadas inicialmente en el año 2010 y de marcado cuño norteamericano. Por lo que hemos de tener en cuenta que la historia que da forma a la obra no pertenece tanto a nuestra realidad mediterránea como a un mundo de marcada origo estadounidense, en la cual el juego y el póker se vive de una forma muy diferente a la que estamos acostumbrados la mayoría de nosotros, aunque esto es algo que internet está empezando a cambiar.

La partida nos muestra un retrato de 6 hombres marcados por la tragedia o la derrota que aunque intentan mantenerse firmes sobre suelo resbaladizo, no consiguen darle un sentido estable a su existencia y en la que la esperanza toma la forma de una partida de póker en la que lo pueden ganar o perder todo y donde la victoria de uno siempre supone la derrota de los otros.

El escenario donde se jugará la partida nos muestra la sala del restaurante y la cocina, pero en esta ocasión la escena del Romea sale de su ubicación habitual y se ubica en el espacio central del teatro, rodeado a banda y banda por las filas de espectadores. Si bien más tarde este doble escenario sufre una metamorfosis que lo transforma en el sótano en el que se jugara la partida que da nombre a la obra.

La partida_2Como os decía las experiencias individuales que nos narra la obra son lejanas y singulares, aunque poseen, creo yo, la fuerza necesaria para hablarnos sobre la vida en pleno siglo XXI, en la que los sueños y las esperanzas dependen muchas veces de factores en gran parte incontrolables o que no sabemos controlar. Para explicarnos todo esto Manrique utiliza a un grupo de actores que destacan por su buen hacer, y que encarnan de forma mimética a los personajes diseñados por Marber. Ramón Madaula da vida al propietario del restaurante que intenta proteger y a la vez controlar al resto; Joan Carreras interpreta a Santi, capaz de jugarse hasta el último euro en la partida; Marc Rodríguez encarna al típico soñador atolondrado que no es consciente de la realidad que le rodea y que en parte nunca ha dejado de ser un niño; Andrew Tarbet da vida al segundo camarero del restaurante, de paso por Barcelona y en cuyos sueños no aparece nadie más que él; Oscar Vila interpreta a Carles, el hijo de Esteve con graves problemas de adicción al juego y capaz de vender a familiares y amigos con el objetivo de saldar sus deudas. Por último Andreu Benito encarna al jugador profesional sin escrúpulos que hará lo necesario para recuperar su dinero. Un elenco teatral sin duda de primera.

Sin embargo a la obra le falta principalmente ritmo, tanto en la primera parte de la representación, en la que se presenta a los caracteres y las situaciones y sobre todo en la segunda, donde a veces la partida parece interminable. A lo que se suma el hecho de que la obra nos dice pocas cosas que no sepamos y que no podamos corroborar en nuestras experiencias personales.

A pesar de ello La partida mantiene su poder de convocatoria y su fuerza de espíritu gracias al altísimo nivel en el que se mueven los actores, entre los que destacan Madaula y Benito, y por la creación de una realidad escénica que a veces parece que no avance y que forme parte de un limbo existencial en el que los protagonistas se hallan atrapados y del que no pueden huir, un efecto potenciado además por la música y los efectos sonoros. Una partida, en definitiva, que vale la pena jugar, aunque para ello debamos apostar con una mano que no nos garantiza el éxito final.

«La partida» se representa en el Teatre Romea del 2 de julio al 3 de agosto de 2014.

Autor: Patrick Marber
Traducción / Adaptación: Cristina Genebat
Dirección: Julio Manrique
Reparto: Ramon Madaula, Joan Carreras, Marc Rodríguez, Andrew Tarbet, Oriol Vila y Andreu Benito
Escenografía: Sebastià Brosa
Vestuario: Maria Armengol
Iluminación: Jaume Ventura
Espacio sonoro: Ramon Ciércoles
Producción: Grec 2014 Festival de Barcelona y el Teatre Romea

Horario: de martes a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 18:00 y a las 21:30 horas y los domingos a las 18:00 horas.
Precio: 17 – 27 €
Duración: 120 minutos
Idioma: catalán
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Jorge Pisa Sánchez

“Merda d’artista” al Teatre Poliorama: No estireu la cadena!

L’impuls de defecar és, a banda d’una necessitat fisiològica, una tendència defensiva individual cada cop més generalitzada: Ens caguem en tot. I ho solem fer tan convençuts que moltes vegades ni tan sols ens preocupem de netejar-nos bé el cul.

Heus ací el trajecte d’un artista visual que anava d’alternatiu i que no pogué escapar de les seves tenebres. En Piero Manzoni vivia amb tant d’entossudiment la seva concepció de l’art com a instrument per sacsejar consciències que va decidir signar la seva darrera obra (revalorada, és clar, de manera pòstuma) envasant al buit la seva pròpia femta tot aplicant el principi següent: Si l’art és una merda, la merda ha de ser art.

 

I ara empudeguen l’escenari del Poliorama els responsables d’aquella joia d’encisadora bijuteria que va ser “Pegados” amb el detall dels darrers dies d’intensitat intestinal d’en Manzoni, embolcallats de la lluentor de l’or. Si al seu anterior espectacle van brillar amb la frescor d’una distingida senzillesa, “Merda d’artista” és un luxós entreteniment d’escenografia enginyosa, vestuari exquisit i cinc actors entusiastes i excepcionalment compenetrats: Tres femelles magnífiques (sublim Gemma Martínez com a marxant càustica i múltiplement intoxicada; elegant Xènia Reguant interpretant el submís i desenganyat descans del guerrer; i deliciosa Nanina Rosebud amb els dits secs, molt secs, d’una caputxeta vermella periodista) més dos mascles que saben rondar-les amb gràcia (un vigorós Frank Capdet com a fracassat pintor abstracte i, finalment, el turmentat Piero, a qui dóna presència un Ferran González sensible però un pèl afectat).

Tots cinc (amb la col•laboració sorprenent i eficaç d’en Joan Miquel Pérez com a pianista sarcàstic molt eixerit) formen un equip indestructible quan desfilen plegats a l’escenari alternant comicitat ocurrent i dinamisme coreogràfic. És llavors quan “Merda d’artista” demostra orgullosa que ja tenim Musical a Barcelona per a la propera temporada. Perquè la versatilitat dels intèrprets actuant, cantant i ballant juntament amb la màgia que reparteixen per tota la platea és d’espectacle de primer nivell.

Només grinyola la proposta en aquell aspecte que, paradoxalment, pretén ser el seu leitmotiv: la banalitat. La del Món de l’Art, que fa mites vivents de cretins mediocres. La dels compradors de les seves obres per esnobisme patològic. Però també la de la dramatúrgia, que estira la lleu trama argumental fins a extrems gairebé ridículs, forçant situacions divertides amb la intenció de donar volada a una història merament anecdòtica perquè no arriba a desenvolupar els seus aspectes dramàtics. Els autors (els propis González i Pérez) equilibren aquestes limitacions amb un joc metateatral constant molt eficaç i sobretot amb uns números musicals que en algunes ocasions són gairebé excel•lents (el que executa molt originalment González amb el vàter còmplice; el que dóna títol a l’obra, d’un optimisme encomanadís; l’hilarant que explica la Història de l’Art, proper al “Prehistoric Man” de l’”On the town” de Gene Kelly i Stanley Donen; l’irresistible joc de seducció d’una carismàtica Martínez a una acovardida Reguant o el fabulós tango on la no tan ximpleta periodista Rosebud confessa que se sent com una meuca al seu «nou client»); d’altres, encisadors (el treball en equip a l’hora de preparar la “Gran Obra”; el de Reguant i Rosebud mentre esperen impacients un mateix amant, que recorda molt a “Nine” de Maury Yeston; la celebrada proclamació als quatre vents de la colossalitat de l’art per Capdet) i algun altre impressionant per la seva sinceritat (el crit punyent de Manzoni-González atrapat en el seu patiment per la mort de l’etern rival).

Acabo amb ferum de la bona: La merda compartida pot ser un elixir miraculós. Per al gaudi de l’esperit i per a l’elevació de l’ànim. I aquí tenim companyia de la bona.

Per Juan Marea
“Merda d’artista” es representa al Teatre Poliorama fins al 27 de juliol.
http://www.teatrepoliorama.com/ca/merda-dartista-el-musical/

MIERDA-DE-ARTISTA2Artistes que fan  esplèndida pudor

 

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Sobre Monstruos Reales y Humanos Invisibles

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