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Artículo: Don Rodrigo y la batalla de Guadalete.

Don Rodrigo y la batalla de Guadalete.
José María Manuel García-Osuna y Rodríguez

Muerte del rey Ervigio. Égica, rey de los godos.

Égica (687-702)

El día 14 de noviembre del año 687 d.C. el rey godo Ervigio moría, su sucesor, aceptado por la alta nobleza sería Égica, que era el esposo de su hija Cixilo. Égica sería coronado en Toledo el 24 del mismo mes, ocupaba un ducado provincial y era una de las ocho personas con más poder en todo el reino. El nuevo rey pretendía fortalecer su posición regia y la de su familia, incrementando la nueva estructura protofeudal del Estado visigodo. Para todo lo que antecede son necesarias las purgas y confiscaciones entre la siempre levantisca nobleza goda. La tensión social se incrementa por las noticias, que cuentan, con pelos y señales, el avance nefasto del Islam en Ifriqiyâ. El 11 de mayo del año 688 d.C., convoca un concilio general en Toledo, donde se decidió que siempre primaría el interés general de los pueblos hispanos, frente al de una determinada familia en particular. Se ordena al rey que se comporte con justicia con la familia del rey fallecido Ervigio, su suegro le había obligado a jurar solemnemente, que defendería a sus familiares frente al Estado godo hispano y además los había dotado de importantes patrimonios fundiarios. Obispos y nobles del concilio XV, obraron en concordancia con la clase política que conformaban, luchando por mantener la necesaria cohesión frente al monarca, evitando la discordia interna. En este concilio se examinaron las acusaciones de herejía del papa Benedicto II, contra el escrito enviado por los obispos del concilio XIV de Toledo: los obispos decidieron reafirmarse en sus concepciones teológicas e incluso amenazaron a Roma con un cisma.

El rey repudió a su mujer Cixilo, rompiendo con los sectores de la nobleza más próximos a Ervigio. En el concilio de Zaragoza, 1 de noviembre del año 691 d.C., el rey Égica intentó poner freno al incremento del patrimonio de los obispos, que convertían en esclavos personales a los libertos eclesiásticos; asimismo las viudas de los reyes deberían ingresar en el convento, inmediatamente después del fallecimiento del rey.

Conjura contra el rey Égica. Afianzamiento político de Égica.
Hasta tal punto llegó la crispación, que se gestó una conjura masiva contra él, incluso participó en la misma el metropolitano toledano, Sisberto. La represión regia fue muy dura y el rey comenzó a afianzarse frente al sector nobiliario que le cuestionaba. En el concilio XVI de Toledo del año 693, el rey Égica acentúa el carácter sacro de la realeza, lo que de facto permitía al rey intervenir en los asuntos eclesiásticos. Descubierto el complot, el obispo Félix de Sevilla pasará a Toledo, el obispo Faustino de Braga a Sevilla y a la sede hispalense se trasladará el metropolitano Félix de Oporto. El cesaropapismo y los deseos de centralización eclesiástica visigoda son evidentes.

El rey Égica consiguió de los metropolitanos hispanos, la renovación de las penas canónicas contra todos aquellos que profanasen el juramento de fidelidad, maquinando algo contra el rey o la nación; solo el perdón era potestad regia. Se volvían a pronunciar las conclusiones del concilio VI de Toledo; el rey consiguió también el apoyo de la Iglesia hispana para su familia, una vez hubiese fallecido. El concilio XVI redactó una declaración de fe sobre la protección de los patrimonios eclesiásticos rurales frente a la rapacidad de los obispos; también se dictaminó sobre las buenas costumbres y el problema hebreo. Égica realizó una nueva legislación, que pretendía fortalecer su rol como individuo y como rey godo de Hispania. Para evitar las conjuras de la nobleza, intentó refrenar los lazos de dependencia entre los hombres de la Hispania goda, prohibió las vinculaciones mediante juramento entre los nobles, laicos o eclesiásticos, salvo el de fidelidad al rey o el que se debería emitir en un juicio para la defensa de los propios intereses; de esta forma Égica trataba de cortar todos los vínculos formales o jurídicos que se estaban creando entre la nobleza goda.

El reino visigodo de Toledo.

Prohibió el acuerdo previo, pre-sentencia, en los juicios ante el rey o ante cualquier juez del reino. Para lograr todo lo que pretendía decidió fortalecer su base económica y social, debilitando lo máximo posible la de sus enemigos. Égica intentó reforzar el ejército regio con los libertos fiscales manumitidos por orden regia: la ausencia de alguno a la llamada del rey, revocaría la libertad concedida. El arma terrible de las confiscaciones fue utilizada por Égica de forma sobresaliente para los intereses del trono. El clérigo anónimo, que en el año 754 relató el reinado del susodicho rey, lo define como «hic Gohtos acerva morte persequitur«. A los nobles condenados a muerte., se les confiscaron sus propiedades y perdieron sus puestos palatinos.

La violencia contra la nobleza comenzó, tras el frustrado golpe de estado del metropolitano Sisberto. Repuso la antigua disposición del rey Chindasvinto de prohibir que los dueños pudiesen matar a esclavos. En el año 702, promulgó una nueva y pormenorizada ley sobre los esclavos fugitivos, responsabilizando a las comunidades campesinas, en relación a la ocultación de esclavos huidos. Las malas cosechas, con las consiguientes hambrunas, debieron ser muy frecuentes. En el año 639, una epidemia de peste bubónica produjo estragos entre la población de la Septimania; existiría un rebrote cíclico en los años 707 y 709.

Concilio XVII de Toledo. Las leyes contra los hebreos.
Las catástrofes sociales de los años citados con anterioridad, anunciaron las nuevas y más brutales medidas contra los hebreos; ya en el concilio toledano-XVI se prohibió a todo hebreo, la realización de cualquier tipo de negocio con los cristianos, godos e hispano-romanos; se les incrementó, además, los impuestos de todo tipo. El ataque definitivo llegó con el concilio XVII de Toledo, del 9 de noviembre del año 694. La razón aducida fue que los hebreos visigodos tramaban una sublevación general contra el rey Égica, apoyados por los judíos norteafricanos: 1º) Se confiscaron todos los bienes de los hebreos no conversos, los cuales se entregaron a nobles adictos, 2º) Se convertía a los judíos en esclavos y se les dispersaba por todo el reino; sus nuevos amos se comprometían a no dejarles practicar sus ritos, y 3º) En Septimania y las Clausuras pirenaicas, los pocos hebreos que sobrevivieron tras la peste, quedaron a disposición de los gobernadores. El reino visigodo estaba viviendo, lo que se considera la aparición de los cuatro jinetes apocalípticos: el hambre, la peste, la envidia (que se subraya con las querellas intestinas entre la nobleza goda) y la guerra (contra los francos y los sarracenos, presionando por el norte y por el sur); se explica, claramente, entonces el decreto del concilio XVII toledano en relación con las letanías mensuales para pedir la remisión de los pecados del reino de los godos. Se incrementa el número de suicidios, ya que se pensaba que el Juicio Final de Dios era inminente.

Ocaso del reinado de Égica.
Del año 688 hasta el año 694, el rey godo Égica realiza tres campañas militares contra los francos, que resultan fallidas. Se rechaza, no obstante, un intento de desembarco por parte de la marina bizantina en Murcia; el vencedor sería el gobernador Teodomiro de Orihuela. En los últimos siete años, se vuelve a mencionar a la reina Cixilo, por lo que se puede interpretar como una reconciliación en el seno de la pareja real; el rey pretende cerrar fisuras nobiliarias a su alrededor. Égica asociará a su hijo Witiza al trono, en el año 694/695; buscará para ello el consenso y el apoyo de las noblezas laica y religiosa. de nuevo se produce una rebelión peligrosa, por parte de la nobleza, encabezada por el duque Suniefredo, a principios del siglo VIII; el susodicho noble conseguiría apoderarse de Toledo e incluso acuñaría moneda.

Witiza (702-710)

El rey Witiza en el trono toledano.
La revuelta ducal citada pudo ser domeñada, pero cuando Égica murió, en el año 702, su hijo Witiza creyó necesario cambiar, radicalmente, de política. En primer lugar repuso a los nobles castigados en sus puestos y les devolvió las posesiones confiscadas, quemó todas las cauciones que Égica les había obligado a firmar y les favoreció con nuevas donaciones. Witiza mejoró la fama de la monarquía, pero disminuyó la hacienda regia; los trientes del rey Witiza están disminuidos en peso y ley, siendo monedas de plata con baño de oro. El ambiente social está muy enrarecido, con bandas de esclavos fugitivos campando por sus respetos y los hebreos indignados por la represión de que eran objeto.

Roderigo en el trono godo hispano.
«Roderico, hortante Senatu, tumultuose regnum invadit» Tras un interregno de seis meses, se apoyó el alzamiento al trono (por parte de la nobleza meridional y occidental) del duque Rodrigo de la Bética, el cual tenía fama de ser un buen guerrero. Su ascenso al trono tuvo las características de un complot, por parte de la facción de sus partidarios; la oposición nobiliaria laica y eclesiástica hubiese preferido, como monarca, a algún familiar del rey fenecido, ya que entre ellos se encontraba el conspicuo obispo de Sevilla, Oppas, hermano del propio rey Witiza. La inevitable y subsiguiente guerra civil, conllevó la aparición en las regiones orientales (valle del río Ebro, Levante, Cataluña y Septimania) de otro soberano llamado Akhila II (hijo de Teofrastro y nieto del rey Chindasvinto), del que se desconoce el parentesco que pudiese tener con el rey Witiza (éste sería responsable del asesinato de Fafila, que era el padre de Pelayo y de la ceguera de Teofrasto, hijo del rey Chindasvinto).

La batalla de Guadalete.
Los witizianos entraron en contacto con el gobernador de Ceuta, Olián-Julián (el rey Rodrigo se había prendado, en Toledo, según la leyenda de su hija Florinda «La Cava»), el cual había entregado en el año 709, esa fortaleza bizantina a los musulmanes, «ob causam fraudis filiorum Uitizani sarraceni ingressi sunt Spaniam; Sarraceni evocati Spanias ocupant«. La decisión de atravesar el estrecho de Gibraltar se tomó por parte de Musa ben Nusayr, walí de Kairwan, con la ineluctable autorización del Khalifa al -Walid en Damasco, al que se le prometió un botín abundante. A finales de abril del año 711, mientras el rey Roderigo combatía a los vascones cerca de Pamplona, el gobernador de Tánger, Tariq ibn Ziyad, desembarcaba en Algeciras y saqueaba la Baja Andalucía. El rey godo acudió a su encuentro; la batalla decisiva tuvo lugar el 19 de julio del año 711, a orillas del río Guadalete-Wadilakka y se prolongó durante más de una jornada; el ejército godo estaba comandado por el propio rey, le acompañaban la nobleza visigoda del momento y sus clientes armados.

El río Guadalete

En el momento álgido del combate, cuando la todopoderosa caballería goda estaba dominando claramente la situación, los parientes de Akhila II, que comandaban las alas del ejército visigodo, se pasaron al enemigo; con esta traición no conseguirían la corona, pero si mantener la propiedad sobre las tres mil alquerías del patrimonio real del rey Witiza. «Filii uero Vuitizani, invidia ducti eo quod Rudericus regnum patris eorum acceperat callide cogitantes, missos nuntios ad Africam mittunt, sarracenis in auxilium petunt, eosque nauibus aduectus Yspaniam intromittunt«. El propio rey Rodrigo encontró la muerte en el campo de batalla; su cadáver fue llevado a enterrar, por sus fideles, a la ciudad de Viseo.

Los hijos de Witiza se acomodaron a la nueva situación y, por medio del pacto subscrito con el Khalifa de Damasco, se repartieron el patrimonio regio. Akhila se instaló en Toledo; Olmundo en Córdoba; Ardabasto en Sevilla y llegaría a ser conde de los cristianos en Al-Andalus. Tariq marchó entonces, sobre Écija-Astigi, a la cabeza de sus doce mil berberiscos, donde derrotó, no sin un grandísimo esfuerzo bélico, a los fieles del rey Rodrigo reagrupados y sin traiciones previas (mandadas las tropas godas por un sobrino del rey Rodrigo, llamado Bancho). Los hebreos enviaron a sus delegados y rabinos, para ofrecerle su colaboración. Los witizanos colaboraron con Tariq en la tarea, fundamental, de eliminar a la élite dirigente visigoda de la facción rodericiana derrotada.

En el verano el año 712, desembarcó Musa ben Nusayr en Tarifa; su ejército de 18.000 hombres contaba con algunos de los sucesores (tabi`un) del profeta Mahoma. Aquellas tropas traían consigo las viejas reyertas entre qaysíes y yemeníes, que habían ensangrentado el desierto arábigo. Tras tomar Sevilla, Carmona y Alcalá de Guadaira, marchó sobre Mérida, que fue tomada el 30 de junio del 713, los restos de la milicia goda opusieron tenaz resistencia y el botín fue satisfactorio. Con anterioridad, el 5 de abril del año 713, el conde Teodomiro de Murcia había firmado un acuerdo con las nuevas autoridades sarracenas; éstas le ratificaron en su dominio otorgándole plena autonomía para sus súbditos y comprometiéndose el godo, al pago de tributos. Musa llegó a Toledo en los meses invernales de los años 713 y 714, y fue la capital del Islam en Hispania (España y Portugal).

Musa acuñó sueldos de oro, con la frase coránica en lengua latina de: «In nomine Dei non Deus nisi Deus solum non Deus alius«. Su hijo, Abd al Aziz, se casaría con la reina-viuda Egilona y sería considerado el primer emir de la Hispania musulmana. Musa dominaría (año 713) con la ayuda de su hermano Abd Allah una nueva revuelta de la población de Hispalis-Sevilla. En el año 714, Tariq y Musa, que tenían una aguda enemistad entre ellos, hasta tal punto que cuando se encontraron por primera vez, en Toledo, el liberto norteafricano recibió insultos tales como llamarle perro e incluso le agredió con el bastón de mando, estaban en Zaragoza cuando les alcanzó el mensajero Mugith, enviado por el Khalifa de Damasco al Walid, con las órdenes tajantes y perentorias de que regresaran a Damasco para rendir cuentas pormenorizadas de la campaña hispánica. Antes de acatar las órdenes del Khalifa, Musa realizó una gran campaña por la calzada del Ebro; en Tudela el conde godo Casio y su hijo Fortún se convirtieron al Islam, como clientes del Khalifa.

El rey don Rodrigo tras la batalla del Guadalete según el pintor francés Eugene Delacroix (1833)

Por la vía romana que enlazaba Calahorra con León-Legio, llegaron a la que sería, en el devenir del tiempo, la caput regtni del Regnum Imperium Legionensis en el alto-medievo, luego Asturica Augusta-Astorga, Villafranca del Bierzo y Lucus Augusti-Lugo. El nuevo Khalifa Sulayman fue sumamente ingrato con ellos e incluso envió a uno de sus sicarios para asesinar, en el mes de marzo del año 716, en la mezquita de Sevilla a Abd al-Aziz. Su cabeza fue enviada a Damasco. El sobrino de Musa, Ayyub ben Habib al-Lajmí sería el jefe interino de lo conquistado, hasta que en el mes de agosto del año 716, fue enviado, desde Kairwan, un gobernador con nombramiento ya ortodoxo, al Hurr ben Abd al-Rahmán al-Thaqafi; los Omeyas convertían Hispania en una de las provincias de su imperio. El país se denominaría, a partir de entonces, bilad al-Andalus. Los tres o cuatro millones de habitantes hispánicos serían dominados por un auténtico ejército de ocupación. En el límite del año 725, ya no existía ni sombra del poder centralizador toledano de la monarquía visigoda hispánica. es muy probable que los godos no tuviesen, en los primeros momentos, tras su derrota en Guadalete, una idea clara de lo que había significado esa debacle y la futura importancia del desastre bélico del rey Roderigo, por la traición de los witizanos. «Hecha y cumplida la traición propuesta, pactada y comprada, ya no es menester ni necesario el traidor ejecutor». A partir de este triste instante, la Hispania (España y Portugal) visigoda había desaparecido del devenir histórico medieval; serían los astures y los godos, fieles al rey Rodrigo, los que tomarían la antorcha de la reconquista en Covadonga (año 722).

BIBLIOGRAFÍA:

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Watt, W. M., Historia de la España Islámica, Alianza, 1984.
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Publicado originalmente en: Ó Noso Lar (2004)

Nueva publicación: La caída del emperador Nerón y su ciudad, de Stephen Dando-Collins.

La caída del emperador Nerón y su ciudad, de Stephen Dando-Collins, editorial Ariel.

El 19 de julio del año 64 d.C., mientras la ciudad de Roma se preparaba para la celebración de los Juegos, se desató un pequeño incendio en una tienda situada a espaldas del Circo Máximo. A lo largo de más de cinco días, el incendió arrasó una parte importante de la capital del imperio, hecho que soliviantó a sus ciudadanos contra el emperador Nerón.

Con rigor y desde las evidencias y la documentación que de aquel importante acontecimiento histórico aún se conservan, gracias a historiadores como Suetonio o Tácito, Dando-Collins narra de forma brillante el minuto a minuto el incendio, así como el posterior y monumental trabajo de reconstrucción que se llevó a cabo y la retahíla de conspiraciones que se suscitaron para acabar con Nerón.

Una obra de histórica de gran valor que se lee como una fascinante novela de héroes cotidianos e intrigas políticas.

El autor acompaña al lector a través de la Roma Antigua y las intrigas políticas que se desarrollaron en medio de un trascendental drama humano.” The Washington Post

Stephen Dando-Collins es autor de más de una docena de libros sobre la Roma antigua, la historia de Inglaterra, Estados Unidos y su Australia natal. En España se han publicado dos de sus libros, La maldición de los césares y El informe de Judea, que con Arde Roma, son fruto de un profundo conocimiento y años de documentación histórica.

Título: La caída del emperador Nerón y su ciudad
Autor: Stephen Dando-Collins
Traductor: Ana Herrera Ferrer
Fecha de publicación: 01/03/2012
Nº de páginas: 328
Idioma: Español
Formato: 14,4 x 23 cm.
Presentación: Rústica con solapas
Colección: Ariel
ISBN: 978-84-344-7057-6
Precio: 21,90 €

Crítica: El día de los bárbaros, de Alessandro Barbero, editorial Ariel.

Existen pocas fechas o pocos acontecimientos a lo largo de la historia que puedan condensar en ellos mismo el cúmulo de experiencias, tendencias y contradicciones que marcan el destino de un país, de un pueblo o de un imperio. Una de estas fechas singulares es el año 378 (el 9 de agosto, para ser más exactos) y uno de estos acontecimientos es, sin duda, la batalla que enfrentó en las cercanías de la ciudad de Adrianópolis, al ejército romano con las fuerzas visigodas y que, en más de una ocasión, se ha presentado como un hecho crucial, un acontecimiento que marcaría, para peor, la historia del imperio creado por los romanos.

Alessandro Barbero presentó en mayo de 2007, de la mano de la editorial Ariel, el libro El día de los bárbaros, la batalla de Adrianópolis, 9 de agosto de 378, una clara apuesta por la difusión histórica sobre uno de los episodios militares más destacables del Bajo Imperio romano.

La obra de Barbero analiza desde una perspectiva histórica y desde un conocimiento exhaustivo de las fuentes antiguas, la batalla en la que fue derrotado el ejército de la parte oriental del Imperio romano y que acabó con la vida del emperador Valente y con gran parte de su alto mando. Un lastre del que costaría recuperarse al Estado romano y que muchos han considerado como el verdadero inicio del fin del poderío romano.

Barbero, en un tono ameno y didáctico, nos provee de todos los datos para entender las causas de este enfrentamiento, su desarrollo y las consecuencias que la derrota romana comportó. De ahí que su análisis comience presentando a los dos rivales en los años y los momentos previos a la batalla. Primero la situación del Imperio romano tras la época de la Anarquía militar del siglo III d.C. y las reformas llevadas a cabo por los emperadores Diocleciano y Constantino. Después, y para tener una visión completa del conflicto, el autor nos presenta al pueblo visigodo y las circunstancias que lo llevaron primero a solicitar su admisión en territorio romano, acosados por el avance de los hunos, y más tarde a rebelarse por el trato que los romanos les dieron una vez instalados en el interior de sus fronteras.

Tras la presentación de los contendientes Barbero inicia el análisis de los hechos que llevaron al enfrentamiento entre romanos y visigodos y que finalizaría con la batalla de Adrianópolis. Lo curioso del tema, y también lo más admirable, es que Barbero realiza un análisis si bien no minuto a minuto, si día a día de los acontecimientos ligados con este conflicto, hecho que solo se puede llevar a cabo cuando el autor conoce, casi al dedillo, la historia, las fuentes y el periodo en cuestión.

Barbero nos muestra de esta forma su maestría en lo que se refiere al conocimiento del período, la Antigüedad tardía, ya sea desde la perspectiva romana como desde el punto de vista visigodo, escribiendo un texto que se acerca más a una novela histórica que a una obra propiamente académica. Pero no se preocupen, El día de los bárbaros no es ni mucho menos ficción, ni la novelización de unos hechos históricos. Babero nos presenta una intensa y documentada monografía y demuestra un gran dominio de la narrativa, lo que le lleva a construir un texto con una gran riqueza en detalles y un alto grado de veracidad histórica, todo ello, como les decía, de una forma amena que permite al lector entender fácilmente el contexto histórico y la descripción de las diferentes fases del conflicto y le impulsa a devorar la obra hora tras hora y en cualquier momento. Y para aquellos a los que el volumen o número de páginas de algunos libros de historia les pueda echar atrás, aún después de leer estas líneas, decirles que Barbero necesita tan solo 239 páginas para llevar a cabo todo lo indicado en esta reseña, de las cuales tan solo 208 pertenecen al relato propiamente histórico. El resto son notas y lecturas recomendadas para aquellos que quieran profundizar algo más en la batalla misma o en la época en la que ésta se produjo.

Alessandro Barbero

Por si fuera poco la obra nos permite conocer no solo el desenlace de la batalla, recuerden, uno de esos combates que marcan un antes y un después en la historia, sino las consecuencias de la derrota romana, y los esfuerzos de las autoridad imperial para recuperar el control de la situación.

No nos ha de extrañar la destreza literaria de Alessandro Barbero, que además de su ocupación como profesor de historia medieval en la Universidad del Piamonte Oriental, tiene experiencia en la ámbito de las publicaciones históricas, entre las que destacan Carlomagno, también editada en Ariel, o La batalla. Historia de Waterloo. Barbero es autor, también, de la novela Diario de Mr. Pybe: aventuras y desventuras de un gentilhombre americano en las guerras napoleónicas.

El libro de Barbero es, y aquí daré, si me permiten, mi opinión personal, una gozada de lectura, no solo por el tema analizado en ella, sino por la forma en la que es tratado (recuerden ameno, ágil y asequible) y por la capacidad del autor a la hora de relacionar hechos, datos y fuentes históricas con el objetivo de proveernos de un relato global y exhaustivo de un episodio histórico que algunos autores han considerado como uno de los acontecimientos clave para entender la posterior historia y el final del Imperio romano. Una pequeña joya del análisis y la difusión histórica que es al mismo tiempo un goce literario y que, además, y este es otro de sus aciertos, no requiere de grandes conocimientos previos por parte del lector, algo que la diferencia de muchas de las publicaciones históricas que podemos hallar en los abigarrados anaqueles de nuestras librerías.

En definitiva, una oportunidad ineludible para aquellos que disfrutan con la historia y que sienten curiosidad por aquellos hechos que, aunque muchas veces desconocidos o poco tratados, se erigen como hitos significativos del devenir de la historia de la humanidad.

Título: El día de los bárbaros, la batalla de Adrianópolis, 9 de agosto de 378
Autor: Alessandro Barbero
Editorial: Ariel
Colección: Grandes batallas
Páginas: 240
Fecha de publicación: 22/05/2007
ISBN: 978-84-344-5321-0
Formato: 15 x 22 cm.
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta
Precio: 19,50 €
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Publicación: El Imperio grecorromano, de Paul Veyne.

El imperio grecorromano, de Paul Veyne, de editorial AKAL.

La separación de las cátedras de griego y de latín en el seno de la universidad perpetúa el mito de una distinción, incluso de una oposición, entre «Grecia» y «Roma». Sin embargo, el Imperio llamado «romano» fue en realidad grecorromano por más de una razón. En primer lugar por la lengua: sin duda la lengua vehicular que se practicaba en su mitad occidental era el latín, pero lo era el griego alrededor del Mediterráneo oriental y en el Próximo Oriente. Igualmente, la cultura material y moral de Roma surgió de un proceso de asimilación de esa civilización helénica que comunicaba Afganistán con Marruecos. Por último, el Imperio era grecorromano en un tercer sentido: la cultura era helénica y el poder romano; ésa es la razón por la cual los romanos helenizados pudieron continuar creyéndose tan romanos como lo habían sido siempre. El presente volumen sugiere una visión de conjunto y un análisis certero de esa primera «universalización» que constituye los cimientos de la Europa actual.

Paul Veyne nació en 1930 en Aix-en-Provence. Alumno de l’École Normal Supérieure y más tarde la l’École Française de Rome, fue nombrado profesor de Historia romana en el Collège de France en 1975. Ha publicado, entre otras obras, Cómo se escribe la historia (1972), ¿Creyeron los griegos en sus mitos? (1987), La sociedad romana (1991) y El sueño de Constantino (2008). En Akal ha publicado Los misterios del gineceo (2003) con Françoise Frontisi-Ducroux y François Lissarrague.

Índice de materias:

Prólogo
I. ¿Qué era un emperador romano?
II. Los presupuestos de la ciudad griega o por qué Sócrates se negó a huir
III. ¿Existía una clase media en aquellos tiempos lejanos?
IV.  La identidad griega contra y con Roma: «colaboración» y vocación superior
V. Palmira y Zenobia entre Oriente, Grecia y Roma
VI. El arte de Palmira: «universalización», semejanza, frontalidad, ojos alucinados
VII. Objetivos del arte, propaganda y fasto monárquico
VIII. Culto, piedad y moral en el paganismo grecorromano
IX. Paganos y caridad cristiana ante los gladiadores
X. Los problemas religiosos de un pagano inteligente: Plutarco
XI. Pasión, perfección y alma material en la utopía estoica y en san Agustín
XII. La toma de Roma en el año 410 y las grandes invasiones
XIII. ¿Por qué el arte grecorromano llegó a su fin?

Título: El imperio grecorromano
Autor: Paul Veyne
Editorial: Akal
Colección: Universitaria
Traductor: Elena Del Amo
Materia: Historia
Dimensiones: 13,5×22
N.° páginas: 816
Año edición: 2009
Precio: 60 €
ISBN: 978-84-460-2465-1

Novedades de historia y misterio de la editorial Robin Book.

Os dejamos aquí con dos interesantes libros de historia publicados por la editorial Robin Book en sus colecciones «Historia Enigmas» y «Hermética» relacionados con la Antigüedad y con la historia más oscura y criminal del Imperio romano.

«Historia Enigmas» es un sello en el que destacan el misterio y los interrogantes de la historia. Su importante gama de productos, ha desafiado los grandes relatos históricos por la búsqueda de la verdad. Con sus pocos años como fondo editorial, ha orientado su visión a la investigación de culturas, religiones y personajes de la historia, tratando de brindar a sus lectores, los más amplios descubrimientos.

Historia criminal del Imperio romano. De Calígula a Trajano.
Stephen Dando-Collins
La crónica fascinante de una época convulsa

Cuando el Imperio romano se encontraba todavía en pañales, ¿podría el asesinato de un gran líder erigirse en la raíz y la causa de su desmoronamiento posterior, ocurrido más de cuatro siglos después? Quizás sí, pero sólo si ese gran líder fuese el nieto de Marco Antonio, el hijo adoptivo del emperador Tiberio, elegido a dedo por Augusto para convertirlo en el tercer emperador, así como el padre de Calígula y el abuelo de Nerón.

Título: Historia criminal del Imperio romano. De Calígula a Trajano
Autor: Stephen Dando-Collins
Páginas: 304
Tamaño: 17 x 24
Encuadernación: Rustica
ISBN: 978-84-9917-146-3
Género: Misterios Históricos
Precio: 20,00 €

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«Hermética» es un sello en el que se integran el ESOTERISMO Y OCULTISMO.

Misterios de la Antigüedad.
Spencer
Carter

¿Qué hay de verdad y de leyenda en los grandes mitos de la Antigüedad? ¿Qué nuevos hallazgos han obligado a revisar los enigmas pendientes? Una nueva y apasionante visión de los enigmas no resueltos de nuestro pasado.
Este libro arroja una nueva luz sobre los misterios sin resolver de todas las civilizaciones, misterios que, en ocasiones, se remontan a los nebulosos tiempos ancestrales de nuestro planeta.

Título: Misterios de la Antigüedad
Autor:
  Carter, Spencer
Páginas: 240
Tamaño: 21.5×13.5
Encuadernación: Rústica
ISBN: 978-84-7927-572-3
Género: Misterios Históricos
Precio: 13,50 €

Crítica: 428 después de Cristo. Historia de un año, de Giusto Traina.

Pocos son los libros que se publican a lo largo del año que por su características y peculiaridades, se diferencian del resto de novedades bibliográficas, y menos aún en el campo de la historia. Por eso la publicación el año pasado del libro 428 después de Cristo. Historia de un año de Giusto Traina, editado por Akal, es una novedad digna de destacar por varios motivos.

El libro, como su nombre indica, está dedicado a la historia de un año, o mejor dicho, a la historia de un periodo corto de tiempo que se ubica en el 428 y en los años inmediatamente anteriores y posteriores, y pretende realizar una «instantánea» de un momento concreto de la historia del Imperio romano, por lo que se aleja de la narración diacrónica de la historia, para ofrecernos un estudio sincrónico de la misma. O lo que es lo mismo, el autor no pretende estudiar la fase histórica que conocemos como Antigüedad tardía, sino que pretende analizar un momento histórico preciso y concreto de ella.

Lo más curioso del intento es que la fecha escogida no es una de esas que «pretendidamente» marcan un antes y un después en la historia, o en los que piensan que la historia depende de momentos y de acciones singulares, sino que es un año «en blanco», casi lo podríamos considerar un año vacío o con poca transcendencia, sino es porque fue precisamente ese año, el 428, cuando el reino de Armenia, una de las causas principales de la lucha entre Roma y Persia, dejó de ser un estado independiente en manos de un rey de la dinastía arsácida, y se constituyó como un marzbanato o provincia dentro del imperio persa sásanida.

Si bien éste es un hecho de notable relevancia para el Oriente romano, algunos lectores de esta reseña se preguntarán en qué afectó este suceso a la historia del Imperio romano, que es el tema principal al que está dedicado el libro. Yo, por mi parte, considero la selección de Traina una excusa, como otra cualquiera, para analizar una época histórica apasionante como es la Antigüedad tardía, y más concretamente el siglo V d.C., de una forma global e interrelacionada. Es, posiblemente, más interesante para el lector conocer la historia de un Estado como el romano durante un año «cualquiera», que en una fecha «crítica» en la que parece que todo ha de cambiar, que todo está en transformación «de un estado a otro». Hemos de tener presente, además, que Giusto Traina es un autor especializado en la historia de Armenia, por lo que no es de extrañar que sea un hecho «armenio» el que escoja como punto de partida para analizar un momento histórico en concreto.

Pues bien, a través de las páginas del libro nos trasladaremos al año 428 d.C., e iniciaremos un viaje por los territorios que formaban parte de Roma, de su imperio, y aunque de forma secundaria, por los territorios de Armenia e incluso del Imperio persa, al que el autor dedica un último capítulo. Y la visión sincrónica que les comentaba nos permitirá observar las interconexiones y las relaciones que existían no tan solo entre regiones y lugares, sino entre personajes, entre procesos y entre acontecimientos históricos, unos nexos que podían pasar algo desaparecido a través del estudio diacrónico de los hechos al que estamos acostumbrados. Y es seguramente este punto de vista estático y global el que le da al libro su baza bibliográfica más importante.

A todo ello hay que sumar el especial interés que el autor muestra a lo largo de la obra por los temas religiosos cristianos; a los obispos, y a las herejías; a las luchas por el poder en la Iglesia y por establecer la ortodoxia cristiana, un contenido que viste la mayoría de los capítulos del libro. Un peso que, en algunos momentos, puede ser algo desmesurado si pensamos que el objetivo del libro no es el estudio de la Iglesia cristiana sino del Imperio romano del siglo V d.C. Si bien, es un claro recuerdo del protagonismo cada vez mayor que el cristianismo, y sobre todo, la Iglesia, iba acumulando en esa época.

Giusto Traina

El estudio es, como decía, un análisis histórico global, si bien se divide en diversos capítulos que van avanzando geográficamente por las diversas regiones que constituían el Imperio romano. En este aspecto funciona más como una breve introducción a las diversas «piezas» territoriales del imperio, aunque desde una perspectiva ampliamente académica. Traina tiende a presentarnos al Imperio romano de la segunda década del siglo V d.C. aún como una unidad «conceptual» de funcionamiento, aunque administrativamente estaba dividido en dos partes (o en dos «Estados») en aquellos momentos, la Occidental y la Oriental. Una visión, la suya, en la que no están de acuerdo todos los especialistas.

El autor demuestra un amplio conocimiento de la realidad histórica del momento, sobre todo de la zona oriental del Imperio. De esta forma, podremos constatar cuales eran las condiciones y las problemáticas de los diversos territorios sobre los que gobernaba aún Roma (y Constantinopla) en el año 428, que, como es normal, dependían muchas veces de acontecimientos y características locales, como podían ser, por ejemplo, los efectos de las migraciones germanas en el limes del norte, o la relación con el reino persa en la frontera oriental. Elementos que diferenciaban grandemente las derivas históricas de ambas partes del imperio.

El texto está acompañado, además, de una extensa batería de notas a pie de página y de una amplia bibliografía, que le dan a la obra un relevante perfil académico y que permiten al lector no solo conocer las fuentes de las afirmaciones del autor, sino también las obras donde hallar cualquier información relacionada. Es por tanto un libro no demasiado útil para una primera aproximación a la época (atención lectores menos avezados!!) sino más bien una obra que proporciona una visión estructuradora y ordenadora de conocimientos previos.

Si en una cosa destaca el libro es en la rica galería de personajes tratados en el texto, lo cual resulta en un relato más cercano, más humano y más cotidiano del que estamos acostumbrados a leer, sobre todo en lo referente a esta época dominada por las grandes personalidades políticas y religiosas y por los grandes hechos. Hallaremos a personajes como los generales Flavio Constancio y Aecio, a la emperatriz Gala Placidia, al emperador Teodosio II, o a los religiosos San Agustín, Nestorio, Cirilo de Alejandría, Hidacio, o el anacoreta Simeón el Estilita, que irán pasando, junto a otros, a lo largo de las páginas escritas por Traina.

Todo lo cual nos provee de un corte estratigráfico y cronológico de primera magnitud de una época infravalorada durante mucho tiempo pero que, con obras como las de Giusto Traina, es cada vez más conocida por el amplio público y valorada en su justa medida, ni más ni menos, rompiendo, así, ese odioso velo que la situaba como el primer acto de la mal llamada Edad Media, considerado, indecorosamente, como uno de los períodos más oscuros de la historia europea.

Título: 428 después de Cristo. Historia de un año
Autor: Giusto Traina
Editorial: Akal
Año edición: 2011
Colección: Universitaria
Traductor: Manuel J. Parodi Álvarez
Materia: Historia
ISBN: 978-84-460-2791-1
Dimensiones: 14 x 22
N.° páginas: 208
Precio: 19,50 €
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Publicación: El triunfo romano. Una historia de Roma a través de la celebración de sus victorias, de Mary Beard. Editorial Crítica.

El pasado 2008 la editorial Crítica publicó El triunfo romano. Una historia de Roma a través de la celebración de sus victorias, de Mary Beard, una nueva muestra de la calidad editorial del sello y una buena oportunidad para conocer algo más uno de los elementos más populares del mundo militar romano.

Cada gran victoria militar acababa en la antigua Roma en un gran desfile por las calles de la ciudad hacia el templo de Júpiter, en la colina del Capitolio, en el que el general vencedor y sus soldados iban acompañados por los más importantes de los dignatarios derrotados y por el botín que habían capturado. Mary Beard, catedrática de la Universidad de Cambridge, analiza la magnificencia del triunfo romano, pero nos muestra también el lado oscuro de esta celebración del imperialismo que iba a servir de modelo para los monarcas y los generales de épocas sucesivas. «En algunas raras ocasiones», ha dicho Robert Harris, «nos encontramos con un libro de historia que ilumina una época entera como con la luz de un relámpago. El libro de Mary Beard pertenece a esta rara y valiosa categoría».

Mary Beard es catedrática de Clásicas en Cambridge y fellow de Newnham College. Es editora en The Times Literary Supplement y autora del blog «A Don´s Life». Entre sus libros publicados se incluye The Parthenon y El triunfo romano (Crítica, 2008) y Pompeya, Historia y leyenda de una ciudad romana (2009)

Título: El triunfo romano. Una historia de Roma a través de la celebración de sus victorias
Autora: Mary Beard
Editorial: Crítica
Colección: Tiempo de Historia
Fecha de publicación: 03/11/2008
Páginas: 584 páginas
Idioma: Español
ISBN: 978-84-9892-320-9
Formato: 15,5 x 23 cm.
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta

Entrevista a José Luis Corral, autor de La prisionera de Roma y El Códice del Peregrino, en Editorial Planeta.

José Luís Corral es uno de los autores españoles actuales de novela histórica más prolífico. Ha publicado novelas ambientadas principalmente en la Edad Media, pero también nos ha hecho viajar literariamente a la Antigüedad y de la Edad Moderna.

José Luis Corral

Corral combina su actividad literaria con su ocupación como catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza. Es autor, asimismo, de libros de divulgación histórica como Historia de la pena de muerte (2004), Breve Historia del Temple (2006) o Una historia de España (2008) y de gran número de artículos de historia en diversas revistas. Además es colaborador habitual en medios de comunicación y revistas de divulgación y ha realizado diversas excavaciones arqueológicas.

Como curiosidad podemos comentar que asesoró a Ridley Scott en la realización, en el año 1992 de la película 1492. La conquista del paraíso.

La entrevista que os presentamos a continuación abarca principalmente sus dos últimas novelas, La prisionera de Roma (2011) ambientada en el siglo III d.C. y con Zenobia de Palmira como principal protagonista, y El Códice del Peregrino (2012), una obra de ficción e intriga histórica y policíaca sobre el robo del Códice Calixtinus en Santiago de Compostela el pasado mes de julio de 2011.

Profesor (catedrático) de historia en la Universidad, autor de una treintena de ensayos y libros de investigación histórica y de un gran número de artículos de historia, y escritor de éxito de novelas históricas… ¿En qué ámbito te encuentras más a gusto?
R: En todos esos trabajos me siento bien, pero cada vez me atrae más la enseñanza directa con los alumnos, utilizando los viejos métodos, ahora un tanto relegados, de la conferencia y el contacto con ellos. Pero escribir novelas me encanta, casi se ha convertido en una necesidad.

El Oriente romano y el siglo III d.C. no son escenarios habituales en la novela histórica más comercial, y menos en el ámbito español. ¿Por qué Zenobia y por qué Palmira?
R: Porque hace cuatro años visité Palmira, en Siria, en compañía de José Calvo Poyato, el gran novelista e historiador español, y me fascinaron las ruinas de esa ciudad del desierto. Recuerdo un amanecer prodigioso en medio de las ruinas que me empujó a escribir “La prisionera de Roma”.

El siglo III d.C. y el periodo de la Anarquía militar quedan muy lejos de los omnipresentes (en el cine, en la televisión, en la literatura, en el teatro…) emperadores Julio-Claudios. Háblanos un poco de tu visión sobre el periodo.
R: Es una época apasionante porque confluyen varias circunstancias extraordinarias: el caos y la crisis en el Imperio, las incursiones bárbaras en todas las provincias, el auge del cristianismo, el declive y decadencia del Imperio… Es una época en la que parecía que Roma se iba a venir abajo pero pese a los augurios contrarios todavía logró resistir dos siglos más. Y además, el siglo III es un vacío literario y de historias, por lo cual el novelista tiene más campo para imaginar.

En la novela, Zenobia nos es mostrada como una mujer exuberante y hermosa pero a la vez culta y con grandes ambiciones políticas. ¿Una excepción en la historia y en una época dominada por hombres?
R: Así es como la describen los pocos textos que hablan de ella. Zenobia debió de ser una mujer extraordinaria, pero al final fue rea de su propia ambición. No obstante, su condición femenina fue en este caso una ventaja, pues su belleza y su decisión deslumbraron a los hombres que la conocieron.

En la novela queda patente un “supuesto” parentesco entre Zenobia y Cleopatra, ¿dos mujeres con un destino parecido?
R: Zenobia ordenó escribir una genealogía en la que se hacía descendiente de la mítica reina de Egipto. Y sí, ambas sucumbieron de una forma similar aunque su historia no es paralela. Cleopatra se unió a Julio César y luego a Marco Antonio y al lado de ambos jefes romanos quiso mantenerse al frente de Egipto. Zenobia luchó contra Roma para crear un imperio nuevo en el que ella sería la soberana, para luego dejarlo a su hijo Wabalato.

Palmira se ubica histórica y geográficamente entre dos grandes mundos, entre dos grandes culturas, entre dos grandes imperios, como lo fueron el romano y el persa. Palmira, y su soberana Zenobia, tienen que vivir, en tu novela, en un frágil equilibrio entre estos dos enemigos, aunque depende, en gran medida, del comercio caravanero entre ellos. ¿Un contexto algo difícil, no?
R: Palmira era la ciudad más rica y opulenta del mundo porque estaba entre los dos imperios más formidables del siglo III, el romano y el persa. Pero a la vez esa fue su perdición. Roma necesitaba el sometimiento de Palmira para mantener asentada la frontera oriental ante los sasánidas, y los persas ambicionaban conquistar Palmira como cabeza de puente para asaltar las posiciones romanas en Siria y la costa del Mediterráneo oriental, y en esa situación, Palmira tenía las de perder.

En la novela hay un importante espacio para el amor: el principal el de Zenobia hacia su ciudad y la pasión amorosa entre ella y su general Giorgios; pero también el enamoramiento de Zabdas por su soberana o la relación entre Kitot y la esclava Yarai; sin embargo en el libro está poco presente la violencia, en un periodo caracterizado por ella. ¿Por qué?
R: En la historia ha habido violencia, pero no todo el tiempo está dominado por la violencia. Los cronistas del mundo antiguo, y de la Edad Media, han resaltado los hechos bélicos y sangrientos sobre todos los demás, y por eso da la impresión de que se vivía inmerso en un mundo en permanente conflicto. Pero los momentos de paz, o al menos de tregua, fueron mucho más abundantes que los de guerra, si no la vida hubiera sido imposible.

Un elemento importante de la novela es la ciudad de Palmira (Tadmor), su ambiente populoso y comercial, sus calles, su población, sus murallas, y el oasis y las palmeras de las que toma su nombre. ¿Una gran ciudad sede de un efímero imperio?
R: Una ciudad que debió de alcanzar los 50.000 habitantes, aunque algunos dan cifras mucho mayores, era en el siglo III una gran ciudad. Su ubicación en la ruta de las caravanas de Mesopotamia a Siria la erigió en un emporio comercial formidable, una meca del comercio y del lujo. En Palmira vivían los mejores comerciantes de su tiempo, allí se servían las mejores comidas y se vestían los más lujosos atuendos. Si pudo poner en pie un imperio, aunque fuera efímero, fue gracias a que el tesoro de que disponían sus soberanos era tan ingente que pudieron reclutar un ejército capaz de hacerle frente a Roma y a Persia.

Numancia (2003) y La prisionera de Roma (2011), dos de tus novelas ambientadas en época romana, están narradas desde el punto de vista de los “enemigos” de Roma (íberos y palmirenos). ¿Te interesa este ángulo desde el que nos relatas la historia?
R: La perspectiva de los derrotados es más interesante que la de los vencedores, y además, los que vencen en la historia ya tienen suficientes cronistas a su servicio para resaltar sus gestas. En mis novelas me interesa mucho el mundo de los sentimientos, porque no suelen tratarse en los libros de Historia. Y los sentimientos de los vencidos son los más emocionantes.

¿Hay algún otro personaje o periodo histórico que te atraiga, que te gustaría tratar, sobre el que pudieras escribir una nueva novela?
R: Soy medievalista, pero me atraen todos los periodos históricos. Publicado ya “El códice del peregrino”, ahora estoy inmerso en una novela sobre el siglo XVI, periodo que nunca he tratado en mis anteriores novelas y que me está fascinando.

En el género de la novela histórica existe, actualmente, un gran número de publicaciones. ¿Es difícil para un autor español sobrevivir en un mercado tan activo y donde los autores internacionales tienen tanto peso?
R: A mí me parece un “milagro” cuando veo alguna novela mía en los anaqueles o sobre las mesas de algunas librerías. En este proceloso mundo de los escritores, nunca se sabe qué libro va a tener éxito, qué autor va a ser del gusto de los lectores, o qué tema va a atrapar al lector. Y además en España suele apreciarse más al autor extranjero que al nacional, y eso que tenemos verdaderos gigantes de la novela histórica europea como el propio Calvo Poyato, Eslava Galán o Maeso de la Torre.

En el año 1992 asesoraste al director Ridley Scott en la realización del film 1492: La conquista del paraíso. ¿Cuál de tus novelas crees que podría adaptarse o tiene un mayor perfil cinematográfico?
Cualquier texto, si cae en manos de un guionista profesional, puede convertirse en el guión para una película. En mi caso, Prodigius compró en 2007 los derechos de mi novela ¡Independencia! para llevarla al cine, y sobre ella elaboró un magnífico guión Michel Gaztambide, pero llegó al crisis económica y se detuvo la producción cuando ya estaban casi todo programado. Yo creo que mi novela El Cid puede ser una película, aunque el precedente de 1961 dirigido por Thomas Mann puede ser un freno, y por supuesto, si hubiera dinero para una gran superproducción, La prisionera de Roma. Pero la más reciente, El códice del peregrino, podría llevarse al cine perfectamente, porque esa novela es en sí un guión cinematográfico.

Si las novelas históricas tienen un público fiel y en continua expansión, las novelas de misterio e intriga histórica como El Códice del Peregrino se han convertido en un elemento importante en las novedades y en las ventas literarias. ¿Cuál crees que es la clave de su éxito?
R: No lo sé, nadie conoce la clave del éxito de una novela. Imagino que en el género de misterio lo que desea la gente es sumergirse en la trama para pasar un  buen rato y olvidar, aunque sea por unas horas, las preocupaciones cotidianas.

En alguno de tus libros has sido más bien crítico con la bibliografía “pseudo-histórica” que explota temáticas como la relacionada con los “misterios de los templarios”. ¿Crees que en las novelas de misterio e intriga histórica se ha de cuidar la veracidad histórica a la hora de desarrollar la trama para no caer en estas “trampas”?
R: Cada autor es libre de escribir lo que quiera, faltaría más, pero el lector merece el máximo respeto, y es ahí donde yo critico a ese tipo de novelas que presentan una pura ficción como si se tratara de hechos reales. Y eso suele ocurrir en algunas novelas que se califican por sus editores de “históricas” pero que no lo son. Para fabular lo inverosímil ya está el género de ciencia ficción, que también tiene una legión de seguidores. Lo que no debe hacerse es confundir y engañar a los lectores.

¿Te sientes a gusto en el género del misterio histórico? ¿Es posible que, tras la publicación de Fulcanelli. El dueño del secreto (2008) y El Códice del Peregrino escribas más novelas de este tipo?
R: También lo hice con Fátima. El enigma de las apariciones (2009), donde invento una trama para intentar dar una explicación racional a los misterios de las apariciones que tuvieron lugar en 1917 en la localidad portuguesa de Fátima. La historia está llena de misterios y de enigmas y no renuncio a seguir con nuevas novelas en esa línea.

Los orígenes del cristianismo y los misterios vinculados con la figura, la vida y las enseñanzas de Jesucristo han generado, últimamente, mucha bibliografía. ¿Por qué crees que en una época tan “moderna” (incluso tan postmoderna) como la nuestra interesan tanto estos temas?
R: Porque el cristianismo ha vivido en una permanente convulsión ya que es una religión fundada por san Pablo sobre un dogma sorprendente y novedoso en la historia de la religiones: el nacimiento de un niño que es el hijo de Dios y a la vez Dios mismo. Ese misterio sí que es insuperable, por eso ha atrapado a tantos seguidores y tantas discusiones.

¿Crees, como historiador, que poseemos una imagen fidedigna de la figura de Jesucristo? ¿O crees que la historia o la Iglesia se han encargado de “distorsionar” la imagen de uno de los personajes que mayor repercusión han tenido en la historia de Occidente? ¿Podemos conocer al auténtico Jesucristo?
R: Nunca podremos llegar comprender por completo la figura de Jesús de Nazaret, porque desde el momento mismo de su muerte todo han sido prejuicios sobre su vida y su obra. Y por ello, el desenfoque ha sido permanente. En estos días estoy pensando en la elaboración de un ensayo en el que acercarme a Jesús como si se tratara de la biografía se h ser humano más, desprovisto del aura divina con la que ha sido rodeado.

Parece que es habitual en este tipo de novela, la presencia de una pareja de investigadores (hombre y mujer) protagonista. Tú la desdoblas en El Códice del Peregrino y tenemos una pareja que lleva a cabo el robo y otra que lo investiga. ¿Esto te permite desarrollar una visión más amplia sobre la sustracción ficticia del Códice?
R: Esas dos parejas me permiten establecer varios diálogos entre ellos y así poder explicar algunas cuestiones de un modo más directo. En el caso de los dos ladrones puedo dejar que hablen de sus sentimientos y sus miedos entre ellos, y en el caso de los policías que se intercambien información y opiniones obre el caso. Creo ese recurso literario da bastante juego.

¿Crees que un nuevo robo como el del Códice Calixtinus es posible? ¿Las medidas de seguridad que protegen muchas de las obras de nuestro patrimonio histórico y artístico son las adecuadas?
R: No sólo pienso que es posible, sino que puede volver a ocurrir en cualquier momento. El robo de obras de arte es un problema a escala mundial. Cada día se roban obras de arte en todo el mundo y España no es una excepción. Además disponemos de un patrimonio extraordinario que requeriría de muchas más medidas de seguridad, y no sólo de alarmas y vigilancia, sino también de educación y cultura.

Intriga, robos, misterio, actualidad, investigación policial, Jerusalén en el siglo I d.C., luchas por el poder en la Edad Media, los restos del apóstol Santiago, ¿Alguno de estos ingredientes temáticos destaca sobre los otros en tu novela?
R: He intentado mezclar todos esos momentos y situaciones y relacionarlos de un modo coherente en la novela. La trama es compleja, pero estoy muy satisfecho con el resultado, y más teniendo en cuenta que la he escrito en cinco meses.

¿Qué crees que puede haber sido del Códice Calixtino en realidad?
R: No lo sé. Pero conforme pasa el tiempo y al ver que el manuscrito no aparece, temo que lo tenga en su poder un coleccionista, y en ese caso no se recuperará en muchos años. Aunque deseo que se reintegre pronto a su lugar en el archivo de la catedral de Santiago.
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Jorge Pisa Sánchez (Culturalia)

Entrevista radiofónica: El emperador Marco Aurelio. Luces en la Oscuridad.


Os dejamos con una charla grabada en el programa de radio Luces en la oscuridad de ABC Punto Radio que trata de la figura y el reinado del emperador romano Marco Aurelio (161 – 180 d.C.)

En ella se trata sobre los orígenes familiares y el acceso al poder de Marco Aurelio, su política, la redacción de sus Meditaciones, la relación con Adriano, Antonino Pío, su hijo Cómodo

Una interesante charla digna de ser colgada en nuestro blog Culturalia. Espero que la disfrutéis…

«Marco Aurelio Antonino Augusto apodado como «El Sabio» fue emperador del Imperio Romano a partir del año 161 d.C. y gobernó los destinos de dicho Imperio durante 19 años ininterrumpidos hasta su muerte.

Asimismo, Marco Aurelio fue el último de los llamados “Cinco Buenos Emperadores”, tercero de los emperadores Hispanos, y ha pasado a la historia como una de las figuras más representativas de la filosofía estoica.

Filosofo y escritor, su gran obra fue “Meditaciones”, escrita en griego a lo largo de diferentes campañas militares. Dicha obra sigue siendo, hoy por hoy, considerada como un monumento al gobierno perfecto.

Pero, ¿Cuál es el legado de Marco Aurelio? ¿Cómo llegó al poder en Roma? ¿Por qué se le conocía como «El Sabio»? ¿Cuáles eran sus principios filosóficos? ¿A qué conflictos militares tuvo que hacer frente? ¿Fue Marco Aurelio un emperador amado por su pueblo?»

ENLACE: Luces en la Oscuridad: El emperador Marco Aurelio. 161-180 d.C.

Publicació: El Procés de Montjuïc. Barcelona al final del segle XIX, d’Antoni Dalmau

A la Barcelona de finals del segle XIX es van succeir una sèrie d’atemptats protagonitzats per personatges relacionats amb l’anarquisme català; els historiadors destaquen, per la seva importància, tres d’aquests tràgics episodis: el que es va produir a la Gran Via contra el general Martínez Campos (24 de setembre de 1893), el de la bomba al Gran Teatre del Liceu (7 de novembre de 1893) i el que va passar al carrer dels Canvis Nous (7 de juny de 1896). L’escriptor Antoni Dalmau va fer un estudi minuciós d’aquests atemptats i les seves conseqüències judicials, i el resultat del seu treball és El Procés de Montjuïc. Barcelona al final del segle XIX (Editorial Base), un llibre que pren el nom del judici més famós i que més repercussió internacional va tenir en l’època, l’anomenat “Procés de Montjuïc”.

Aquests atemptats van provocar la mort de trenta-tres persones, a més de ferir a un gran nombre d’individus. La resposta de les autoritats barcelonines, encegades per la ira i amb la ferma intenció d’ajusticiar els responsables del sagnant succés, va ser una repressió massiva contra tot el moviment anarquista de Catalunya que va portar a la presó centenars de persones, algunes de les quals van ser torturades i executades sense pietat. El Procés de Montjuïc demostra que els judicis a què van ser sotmesos els inculpats es van caracteritzar per la manca de rigor de l’acusació, que només pretenia castigar-los amb contundència i de forma exemplar, i que en cap moment va fer cas de les veus que demanaven clemència per als empresonats.

Fascinat pels darrers anys del segle XIX i els primers del segle XX –tal i com demostren els seus treballs sobre el cas Rull i la Setmana Tràgica–, Antoni Dalmau ha intentat explicar les conseqüències dels tres atemptats que van protagonitzar els anarquistes a la Barcelona de l’època; així, i després d’un exhaustiu procés de documentació, l’autor aporta noves informacions, materials fins ara inèdits –com els noms i cognoms dels detinguts, dels ferits i dels morts, a què es dedicaven els anarquistes detinguts,… –, per aclarir els successos i els judicis que els van seguir, a més de treure a la llum el rastre de centenars d’homes empresonats fins ara desconeguts, molts més dels que habitualment s’ha dit, en un rigorós llibre de més de sis-centes pàgines.

Títol: El Procés de Montjuïc. Barcelona al final del segle XIX
Autor: Antoni Dalmau
Editorial: Base
Col·lecció: Base Històrica
Pàgines: 608 pàgines
Data de publicació: Abril 2010
ISBN: 9788492437467
Preu: 24,90 €