La colección Breve Historia de la editorial Nowtilus publica un estudio sobre el Holocausto judío llevado a cabo en la Alemania Nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Una rigurosa y amena obra escrita por Ramón Español, doctorado en historia contemporánea en la Universidad de Barcelona y especialista en la Segunda Guerra Mundial y en los grandes conflictos del siglo XX.
Breve Historia del Holocausto le permite descubrir cómo la fuerza de la ideología nazi permitió la ascensión de Hitler al poder de Alemania. Encumbrado e idolatrado, desafiaba al mundo con su proyecto imperialista mientras proyectaba las primeras leyes raciales y antisemitas. La obra le adentra en la Segunda Guerra Mundial para comprender la manera en que la superioridad militar alemana permitió el dominio nazi de Europa en 1942. Analiza también cómo los nazis, amparándose en la guerra, llevaron a cabo el plan secreto de la “Solución Final”, la eliminación física de los judíos que se concentraban en los ghettos. Estremecedor e impactante; a través del gas y de los campos de exterminio se acabó con la vida de millones de personas. Tras la guerra, se descubrió el secreto mejor guardado del nazismo, el Holocausto. El genocidio impactó al mundo por su crueldad y magnitud, y asimismo condicionó para siempre el devenir del pueblo judío y el de la humanidad.
Breve historia del Holocausto muestra con una gran rigurosidad y un estilo directo y divulgativo, las claves de uno de los episodios más conmovedores de la historia. Leyes manchadas de sangre, secretos de Estado, experimentos macabros, cenizas para la reflexión; ésta obra nos acerca a los orígenes, la magnitud y las consecuencias éticas y políticas de uno de los mayores genocidios de la historia.
El texto se inicia definiendo los conceptos básicos como el propio Holocausto, el nazismo o el sionismo, e indaga en la tradición antisemita europea. Las causas de la persecución judía habrá que buscarlas en la frustración patriótica que significó la Primera Guerra Mundial y en el tradicional pensamiento antisemita y se manifestarán en una ideología nazi que conseguirá el poder en Alemania en 1933. El nuevo gobierno abordará sin reparos la represión de toda diferencia social, política y cultural, y en ésta destacan las leyes antisemitas. Las democracias europeas, dando prioridad a sus problemas coloniales, evitan cualquier enfrentamiento y se someten a las voluntades de Alemania. El camino hacia la guerra y el imperialismo no alejan al gobierno nazi de la obsesión judía. Finalmente la ocupación de Polonia, tras el pacto entre Hitler y Stalin, da origen a la Segunda Guerra Mundial en 1939 y a una nueva fase de la persecución antisemita.
El libro se adentra en la evolución del conflicto y muestra cómo Alemania impone su superioridad militar en las batallas. En el contexto de una guerra devastadora, los nazis someten a sus nuevos dominios a la disciplina y las leyes del III Reich. De esta forma la marginación de los judíos aumenta, siendo aislados en ghettos y campos de concentración.
Más adelante se muestra cómo se convierte en un problema la acumulación de prisioneros en Europa del Este, es entonces cuando en enero de 1942 se llega a la “Solución Final” de la cuestión judía. Se decide la eliminación física de los judíos a través de cámaras de gas y se fijan campos de exterminio. Finalmente, el desenlace de la guerra permite descubrir a los soviéticos los campos de la muerte en Polonia. Es en ese momento cuando el impacto del magnicidio lleva a las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial a iniciar los Juicios de Nuremberg, donde se acusan a altos dirigentes nazis por los crímenes contra la humanidad cometidos durante la guerra.
Breve Historia del Holocausto no concluye con el final del genocidio, sino que estudia sus consecuencias; el éxodo judío a Palestina, la creación del Estado de Israel y el conflicto endémico en el Próximo Oriente. De hecho, va aun más allá y, así, el último capítulo está dedicado a la herencia del Holocausto en el siglo XXI. En él se analiza la repetición de genocidios, la irrupción del pensamiento neonazi y el negacionismo, así como el recuerdo vivo del Holocausto en la actualidad.
Ramón EspañolVall es Licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona, y profesor de bachillerato de Historia, Economía y Geografía. Historiador y educador social es, además, especialista en Historia Contemporánea y en los grandes conflictos del siglo XX. Doctorado en Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona (1998-2000) y especialista en la Segunda Guerra Mundial, reúne todos sus conocimientos en esta obra.
Título:Breve historia del holocausto Autor: Ramon Espanyol Vall ISBN: 9788499671932 Formato: 13 x 19 cm Encuadernación: Rústica con solapas Páginas: 352 Colores: B/N Fecha de Salida: Octubre 2011 P.V.P: 14,95 €
Els historiadors sempre han sentit una especial fascinació vers els aspectes militars de la nostra Història; així, sovint han emprat totes les fonts que tenien a la seva disposició per esbrinar com enfrontaven els conflictes més sagnants els guerrers d’èpoques passades. Un d’aquests erudits és Martí de Riquer, reconegut expert en literatura medieval que fa anys que estudia els textos de l’època per conèixer tots els detalls de les armes emprades pels cavallers de l’edat mitjana, i d’aquesta exhaustiva investigació va néixer L’arnès del cavaller. Armes i armadures catalanes medievals, un llibre que té el mèrit de ser el primer estudi català d’aquest estil, publicat l’any 1968, i que ara reedita La Magrana de forma encertada.
Martí de Riquer
A finals dels anys 70, la investigació que el professor De Riquer (Barcelona, 1914) estava realitzant de la novel•la cavalleresca del segle XV, li va fer veure que era necessari elaborar un glossari aclarint els termes militars no descrits fins aleshores; així, i gràcies a l’estudi de les obres d’art i dels textos conservats de l’època, va aparèixer aquest llibre, amb la intenció d’“observar la vida medieval i el temperament dels seus homes”, segons les paraules del mateix autor. De Riquer va emmarcar aquest volum entre els segles X i XVI, i en ell va compilar minuciosos detalls entorn de les armes ofensives i defensives, les armadures i els seus components i, en definitiva, del conjunt de l’arnès que el cavaller utilitzava en les seves activitats militars. A més, l’historiador va diferenciar l’armadura segons el moment en què es feia servir; d’aquesta manera distingiríem entre la vestimenta que s’usava per anar a la batalla o la que el noble lluïa davant de la cort i el poble com a signe d’identitat de la seva classe social.
L’any 1968 L’arnès del cavaller. Armes i armadures catalanes medievals va ser el primer manual terminològic confeccionat de forma acurada, amb l’autor recollint, documentant i explicant de forma entenedora cadascuna de les parts de què constava la indumentària dels cavallers medievals catalans. A més, Martí de Riquer hi explica l’origen, els usos i els costums que s’associaven a les armes, les peces que integraven una armadura i els complements necessaris per a la protecció del cavall, esdevenint una obra completa, avalada per la signatura d’un dels més reconeguts especialistes en la matèria i convertida, amb el temps, en un text imprescindible pels amants de la història i de la literatura de l’edat mitjana.
Títol:L’arnès del cavaller. Armes i armadures catalanes medievals Autor: Martí de Riquer Editorial: La Magrana Col•lecció: Orígens Pàgines: 528 pàgines Data de publicació: Octubre 2011 ISBN: 9788482641843 Preu: 27,00 €
Seguramente es Ariel la editorial que nos presenta cada temporada algunas de las novedades editoriales más interesantes con respecto a la historia en general y a la historia Antigua en particular. Es por eso que destacamos aquí algunas de sus últimas propuestas (bueno, algunas no son tan recientes!) que os pueden ayudar a entender un poco más la historia del mundo, analizada en sólidas y convincentes monografías.
Maratón. El origen de la leyenda Richard A. Billows
Pocas batallas hay tan legendarias como la de Maratón. Este episodio decisivo de la primera de las Guerras Médicas enfrentó en el siglo V a. de C. a los ejércitos de los griegos y los persas, y dio lugar a nombres míticos, como el del general Milcíades, cuya estrategia permitió vencer a un ejército superior en número, o el del soldado Filípides, el mensajero que murió para anunciar la victoria a la ciudad de Atenas.
Pero las leyendas suelen estar teñidas por un velo de misterio, y el caso de Maratón no es distinto. ¿Cómo condujo Milcíades a sus hombres para derrotar a un ejército muy superior en número? ¿Murió Filípides al llegar a Atenas, como quiere la tradición? ¿Se dirigía a esta ciudad para anunciar la victoria o para advertir del peligro que suponía la armada persa? A estos interrogantes hay que sumarle otro que ha fascinado a estudiosos de todos los tiempos. ¿Qué hubiera sido de la civilización occidental de haber perdido los griegos la batalla?
Richard A. Billows viaja al origen de la leyenda, y nos ofrece las claves que explican todos los secretos que oculta un momento clave en la historia. Sus minuciosas investigaciones permiten ofrecer un gran fresco histórico en el que los personajes, las historias y el espíritu de otro tiempo nos transmiten la emoción de una batalla que pudo cambiar nuestra cultura.
Richard A. Billows es profesor en la universidad de Columbia, especializado en historia de la Grecia Antigua y Roma y en epigrafía griega. Además de Maratón es autor de numerosos libros sobre historia Antigua, como Antigonos the One Eyed and the Creation of the Hellenistic State, Kings and Colonists: Aspects of Macedonian Imperialism o Julius Caesar: The Colossus of Rome.
Título:Maratón. El origen de la leyenda Autor: Richard A. Billows Fecha de publicación: 14/04/2011
288 páginas Idioma: Español ISBN: 978-84-344-1324-5 Formato: 15 x 23 cm. Encuadernación: Rústica con solapas Colección: Ariel PRECIO: 23,90 €
———————————————————————————————————-
Babilonia. Mesopotamia: La mitad de la historia humana Paul Kriwaczek
En el VI milenio a.C. los habitantes de las riberas del Tigris y el Éufrates crearon las primeras ciudades del mundo. Con ello escribían el primer capítulo de la civilización humana tal como la conocemos hoy.
Paul Kriwaczek narra la extraordinaria historia de la antigua Mesopotamia, desde los primeros asentamientos alrededor del 5400 a. C. hasta el dominio de Babilonia por los persas en el siglo VI a. C. Relata el ascenso y caída del poder dinástico y examina sus numerosas innovaciones materiales, culturales, sociales y sus inventos: la rueda, el ladrillo, el estado centralizado, la división del trabajo, la religión organizada, la escultura, la educación, las matemáticas, la ley y los grandes monumentos. En el corazón del relato está la gloria de Babilonia – o “puerta de los dioses”- bajo el rey amorita Hammurabi, quien unificó Mesopotamia entre el 1800 y el 1750 a. C.
Paul Kriwaczek nació en Viena en 1937. Ha sido escritor, productor y director de la BBC durante veinticinco años y delegado de Central Asia Affairs en el servicio internacional de la BBC. Habla ocho lenguas incluyendo farsi, pashto, urdu, hindi y nepalí.
Título:Babilonia. Mesopotamia: La mitad de la historia humana Autor: Paul Kriwaczek Fecha de publicación: 25/11/2010
416 páginas Idioma: Español ISBN: 978-84-344-1366-5 Formato: 14,5 x 23 cm. Encuadernación: Rústica con solapas Colección: Ariel PRECIO: 21,90 €
———————————————————————————————————-
Soldados y fantasmas. Mito y tradición en la antigüedad clásica J. E. Lendon
Esparta, Macedonia y Roma… ¿cómo llegaron estas naciones a dominar el Mundo Antiguo? ¿Qué distinguía a sus ejércitos? Dejando claro que fue una era de pocos avances tecnológicos, J.E. Lendon nos muestra que los ejércitos de mayor éxito fueron aquellos que precisamente utilizaron de manera más efectiva la tradición cultural. El combate en la Antigüedad avanzaba recurriendo el pasado en busca de inspiración: los griegos, a Homero, y los romanos, a los griegos y a su propio pasado heroico. El resultado es un libro apasionante, que introduce al lector en las guerras de la Antigüedad en Grecia y Roma.
Un apasionante relato sobre el belicismo de la era Antigua, de las batallas y victorias de las naciones que más han impactado en el devenir de Occidente: los griegos (atenienses, macedonios y espartanos) y las Romas republicana e imperial. Colosales enfrentamientos y decisivas escaramuzas contados con gran lujo de detalles en el plano militar. También encontramos espacio para los movimientos diplomáticos que hicieron evitar inútiles derramamientos de sangre.
J. E. Lendon es profesor de Historia en la Universidad de Virginia. Es autor de Empire of Honour: The Art of Governement in the Roman World.
Título: Soldados y fantasmas. Mito y tradición en la antigüedad clásica Autor: J. E. Lendon Fecha de publicación: 14/11/2006
576 páginas Idioma: Español ISBN: 978-84-344-6966-2 Formato: 16 x 24 cm. Encuadernación: Rústica con solapas Colección: Ariel Historia PRECIO: 19,5 €
———————————————————————————————————-
El cadáver de Alejandro. Y otras historias sobre ciencia y superstición en la Antigüedad Vicki León
Una dulce posteridad: eso era lo que Alejandro Magno buscaba… y la consiguió. Embalsamado en miel, su cadáver dorado se convirtió en una atracción que nadie quería perderse, y que visitaron Julio César y varias generaciones de emperadores romanos. Según testigos directos, Alejandro siguió siendo «Magno» durante 538 años.
La historia de «Alex», así como la confirmación moderna de las extraordinarias propiedades de la miel, representa uno de los ochenta y ocho relatos sobre genios griegos y expertos romanos contados con claridad e ingenio por Vicki León en Cómo embalsamar con miel. En ellos traza el perfil de un sinfín de personajes inquietos de antaño que recorrieron con sudor y esfuerzo el tortuoso camino que separa las creencias mágicas de unas disciplinas entonces emergentes: la física, la astronomía y las matemáticas, entre otras.
Desde el idilio de griegos y romanos con los grandes barcos hasta su fascinación por el firmamento, que les llevó a inventar el primer ordenador de la historia, León explora los albores de la ciencia y su persistente rival, la superstición. La vida de los antiguos fue una carrera de obstáculos salpicada de días aciagos, amenazas de cometas, avistamientos de vampiros y pócimas raras, en ocasiones letales.
Vicki León ha hecho de California su hogar, pero regresa a menudo a sus orígenes mediterráneos. Tras afinar sus aptitudes de investigadora desenterrando a centenares de mujeres notables de la Antigüedad para retratarlas en su libro sobre mujeres poderosas, ha vuelto a zambullirse, más si cabe, en la Grecia y la Roma clásicas y helenísticas para la elaboración de esta obra y de su anterior título, dedicado a profesiones antiguas.
Título:El cadáver de Alejandro. Y otras historias sobre ciencia y superstición en la Antigüedad Autora: Vicki León Fecha de publicación: 14/04/2011
352 páginas Idioma: Español ISBN: 978-84-344-1323-8 Formato: 14,5 x 23 cm. Encuadernación: Rústica con solapas Colección: Ariel PRECIO: 25 €
———————————————————————————————————-
El declive de la República romana. De la oligarquía al imperio Christopher S. Mackay
Algunos momentos históricos consiguen concentrar tal cantidad de personajes carismáticos y sucesos decisivos que se convierten en auténticos hitos históricos durante generaciones. Es el caso de las décadas previas a la caída de la república romana. La historia ha sido contada por Salustio, puede seguirse en los escritos del propio Julio César y en los textos de Cicerón, y Shakespeare la recuperó con sus obras de teatro siglos después. Pero, como sucede con períodos parecidos, los protagonistas y los autores se concentran en un aspecto (la conjura de Catilina, la traición de Bruto…) y es difícil encontrar una visión de conjunto.
Christopher S. Mackay es profesor del Departamento de Historia y Clásicas de la Universidad de Alberta.
Título:El declive de la República romana. De la oligarquía al imperio Autor: Christopher S. Mackay Fecha de publicación: 27/01/2011
552 páginas Idioma: Español
ISBN: 978-84-344-6954-9 Formato: 16 x 24 cm. Encuadernación: Rústica con solapas Colección: Ariel Historia Traductor: Ana Herrera Ferrer PRECIO: 29,9 €
Muchos historiadores se han sentido fascinados por aquellas historias de bandidos justicieros que robaban a los ricos para repartir sus riquezas entre los pobres, unos relatos que se han repetido a lo largo de la Historia en cualquier país del mundo. Uno de esos historiadores es Eric J. Hobsbawm, quien decidió investigar a los protagonistas de esas aventuras, y el resultado de sus estudios fue Bandidos, un libro donde repasa la vida y el mito de nombres tan conocidos como Robin Hood, Salvatore Giuliano o Pancho Villa, además de dar a conocer grupos como los haiduks balcánicos, los dacoits de la India, los cangaçeiros brasileños o los guerrilleros urbanos del anarquismo español.
Eric J. Hobsbawm
Bandidos fue publicado el año 1969, pero hasta el año 2003 no apareció su traducción en nuestro país. Ahora, convertido en un clásico de la historia social, aparece una nueva edición (Editorial Crítica, 2011), en la que Hobsbawm no se ha limitado simplemente a actualizar el texto original, sino que le ha añadido nuevos materiales, situando el fenómeno del bandidaje en el contexto político en el que actúa, además de adecuar la obra a los tiempos actuales, en que los estados se muestran cada vez menos capaces de mantener la ley y el orden en su sociedad. De esta manera, Bandidos ha ganado vigencia y sigue siendo “historia humana en su más alto nivel”, según las palabras que le dedicó el Times Literary Supplement.
Profesor emérito de historia social y económica del Birkbeck College, Universidad de Londres, Eric J. Hobsbawm (Alejandría, Egipto, 1917) fue calificado por Orlando Figes como “el historiador vivo más conocido del mundo”. Este historiador marxista de origen judío tiene entre sus temas preferidos el de los bandidos sociales, por lo que su figura era la más indicada para realizar un libro como Bandidos; pero ésta no es la única materia que ha interesado a Hobsbawm en su extensa carrera profesional: también ha escrito sobre el capitalismo, sobre el desarrollo de las tradiciones y cómo afectan éstas a la construcción de un estado nación (afirmando que muchas tradiciones son inventadas para justificar la existencia de una nación), sobre la Revolución Francesa, sobre la Revolución Industrial,…
Título:Bandidos Autor: Eric J. Hobsbawm Traductores: Joaquim Sempere, Jordi Beltrán Ferrer, Mª Dolors Folch Fornesa Editorial: Crítica Colección: Biblioteca de bolsillo Páginas: 256 páginas Fecha de publicación: Mayo 2011 ISBN: 9788498922158 Precio: 11,95 €
La Asociación Española del profesorado de Historia y Geografía organiza un seminario sobre las relaciones histórico-geográficas-artísticas de España con el Norte de África, programado durante 5 sábados de los meses de octubre, noviembre y diciembre del 2011.
RELACIONES HISTÓRICO-GEOGRÁFICO-ARTÍSTICAS DE ESPAÑA CON EL NORTE DE ÁFRICA
Seminario de 15 horas (1,5 créditos ) reconocido por Ministerio de Educación.
Objetivos de la actividad:
1. Conocer las relaciones históricas geográficas de España y el Norte de África.
2. Entrar en contacto con profesores de Melilla para intercambiar conocimientos y experiencias.
3. Profundizar en el estudio del arte del Norte de África y sus principales manifestaciones artísticas.
4. Relaciones sociales Melilla-Norte de África: Estereotipos
CONTENIDOS Y TEMPORALIZACIÓN:
DÍA
TEMA
PONENTE-COORDINADOR
15 Octubre 2011
África versus EuropaProyección de la películaLa batalla de Argelde G. Pontecorbo.Narra la lucha de Argelia para independizarse de Francia
Sebastián BettosiniProf. E. Secundaria
22 Octubre 2011
Marco geográfico-cultural del Magreb
Iván MartínInvestigador ICEI, UCM.
12 Noviembre 2011
Historias compartidas: Norte de África y España
Feliciano Páez CaminoCatedrático Secundaria.
19 Noviembre 2011
Melilla entre la cultura africana y la europea
Ramón Gutiérrez López Sociedad de Estudios Melillenses
2 Diciembre 2011
Europa versus África: SociedadProyección de la películaLa banderade Julien BuvivierTras matar a un hombre en París, Pierre Gilieth huye a Barcelona, donde se alista en la legión extranjera española. Una vez en África participará en combates en el desierto, se enamora de una chica de Marruecos, Aischa, y conoce a dos compatriotas, Mulot y Lucas, una amistad que puede no ser tan desinteresada…
Miguel Ángel PastorProf. E. Secundaria
HORARIO: 5 sábados señalados de 10:30 a 13:30 horas. LUGAR: CEIP. Antonio Moreno Rosales
C/ Olmo nº 4 Madrid. Metro Lavapiés o Tirso de Molina
Coordinador del seminario: Juan Brotat. Vocal formación AEPHG
¡¡¡ ESTÁIS TODOS INVITADOS !!!
Más información de las actividades de la Asociación española del profesorado de Historia y Geografía: www.aephg.es
Els conflictes bèl•lics han estat, per desgràcia, constants durant la Història: l’home ha protagonitzat cruentes guerres que han fet que l’estudi militar hagi esdevingut per als historiadors una important font d’interès. En l’àmbit català, una de les més estudiades, per les doloroses conseqüències que va tenir, és la Guerra de Successió (1705-1714), i de l’atracció vers aquest fet neix Els exèrcits de Catalunya, 1713-1714: uniformes, equipaments i organització, un llibre signat a quatre mans per Francesc X. Hernández i Francesc Riart que, malgrat no ser una novetat editorial, mereix ser destacat perquè mostra com es va organitzar militarment el poble català per afrontar aquells fets que van succeir fa gairebé 300 anys, i que van significar una derrota que encara ara tenim molt present.
L’estiu de 1713, Catalunya era l’escenari on lluitaven àustries i borbons. Abandonats pels exèrcits europeus que, fins aleshores, els donaven suport, els catalans, i sobretot els ciutadans de Barcelona, es van veure obligats a organitzar-se ràpidament per poder aixecar un exèrcit regular que es va sumar a les organitzacions milicianes i de fusellers ja existents. D’aquesta manera, i amb Antoni de Villarroel al capdavant de les tropes, van sostenir amb encert la campanya de 1713-1714, ajudats per la poderosa indústria de guerra del moment i per aquelles institucions que intentaven treure el màxim profit de la situació.
Els exèrcits de Catalunya, 1713-1714: uniformes, equipaments i organització és el resultat de les investigacions portades a terme per Francesc X. Hernández, historiador especialitzat en la història miliar, ajudat en la documentació i les il•lustracions per Francesc Riart. En el llibre, els historiadors plantegen els problemes de composició, els mitjans tècnics, la cultura militar i, evidentment, les accions que van protagonitzar. Aquí no trobarem una descripció de la batalla de Barcelona pròpiament, sinó que es tracta d’un estudi sobre la composició, l’estructuració, la indumentària i l’equipament de l’exèrcit català que es va aconseguir formar per a l’ocasió, una autèntica organització militar equiparable a qualsevol exèrcit de l’època, res a veure amb el petit grup que, sovint, s’ha volgut fer creure que eren aquestes tropes.
Títol:Els exèrcits de Catalunya, 1713-1714: uniformes, equipaments i organització Autor: Francesc X. Hernández, Francesc Riart Editorial: Rafael Dalmau Pàgines: 350 pàgines Data de publicació: 2007 ISBN: 9788423207138 Preu: 38,00 €
Son normalmente los grandes emperadores de Roma, aquellos que no solo gobernaron durante muchos años sino que realizaron una gran y diversa actividad política, los que atraen la atención tanto del gran público como de los historiadores acostumbrados a reconstruir sus vidas a través del estudio de una gran variedad de fuentes históricas que incluyen las obras de los autores antiguos, la arqueología, la epigrafía, la numismática…
A la sombra de estos gigantes se mueven (y se remueven) otra serie de personajes que, aunque nombrados también emperadores y a pesar de gobernar sobre las mismas ciudades y los mismos territorios en los que lo hicieron Augusto, Trajano, Marco Aurelio, Constantino o Teodosio no tuvieron la capacidad, la suerte o la destreza de emular el camino y las hazañas trazadas y realizadas por ellos.
Estos “otros” emperadores han sido desplazados de la historia y del conocimiento más general incluso por aquellos de sus semejantes que atemorizaron, sobresaltaron y ofendieron (esto siempre según las fuentes escritas partidistas, subjetivas y parciales) la autoridad y la dignidad de uno de los mayores imperios conocidos de la Antigüedad, y con él a una gran parte de su población, que sufrió los efectos de su malsana y perturbada actividad.
Este texto pretende analizar el breve reinado de uno de esos “otros” emperadores, de uno que gobernó Roma menos de tres meses (más exactamente dos meses y 5 días) y que alcanzó el poder imperial a través de una subasta, una simple puja organizada por la Guardia Pretoriana. Su nombre, Didio Juliano, seguro que no te sonará, aunque, como te decía antes, alcanzó la máxima dignidad que una persona podía conseguir por entonces, a finales del siglo II d.C., en el Imperio romano.
Nos disponemos, pues, a internarnos en el mundo regido por Roma y narrar brevemente cómo Didio Juliano accedió al poder y lo qué sucedió durante su corto aunque significativo reinado, con lo que podremos adquirir una visión más real y amplia de la historia de un Imperio que, aunque a veces no lo parezca, existió más allá de la dinastía Julio-Claudia y cuyo acontecer fue, en ocasiones, mucho más trágico y aciago de lo que el cine y la literatura nos puede hacer creer.
*******************************************
Didio Juliano inició su carrera política durante el gobierno de Antonino Pío (138-161) y la continuó bajo el reinado de los últimos Antoninos, esto es, Marco Aurelio (161-180), Lucio Vero (161-169) y Cómodo (180-192), el final de un periodo considerado por diversos historiadores y especialistas como el más feliz y próspero que vivió el Imperio romano.
Fue, por otra parte, el gobierno de Cómodo y el escenario político que originó su muerte en el año 192 lo que permitió el ascenso al poder primero de Helvio Pertinax (193) y más tarde de Didio Juliano (193). Es por ello que iniciaremos estas páginas con el breve repaso al final del emperador Cómodo y con el relato del asimismo breve reinado de Pertinax, sin lo cual no podríamos entender, en su justa medida, la figura y el gobierno de Didio Juliano.
El final de Cómodo y el reinado de Helvio Pertinax.
Tras la muerte de Marco Aurelio en el año 180 a causa, seguramente, de la peste, le sucedió su hijo Cómodo (180-192), uno de los emperadores que con más mala fama ha llegado hasta nosotros, debido a la imagen que de él nos han transmitido las fuentes antiguas pro-senatoriales y, mucho más recientemente, a causa de la deformación narrativa que películas como La caída del Imperio romano (Anthony Mann, 1964) o Gladiator (Ridley Scott, 2000) nos han proporcionado de su reinado.
En consecuencia, lo que conocemos de Cómodo a través de los autores antiguos trascurre plagado de acontecimientos y situaciones presuntamente reprobables y propias de un comportamiento megalomaníaco, entre las que destacan diversas conspiraciones contra su persona (una de ellas tramada por Lucila, su propia hermana); delaciones, juicios y ejecuciones de un gran número de miembros de la clase senatorial; la delegación del poder imperial en manos de los favoritos del emperador, en muchos casos, según las fuentes, indignos de tal potestad; la oposición en el Senado y en el ejército a su persona; el condenable intento de sustituir el nombre de la ciudad de Roma por el de Colonia Comodiana e incluso la acusación de locura y de una voluntad manifiesta de autodivinización. Todo ello llevó a Cómodo a ser objeto de una última y certera conspiración que acabó con su vida la noche del 31 de diciembre del año 192, finalizando con él la dinastía antonina, que llevaba en el poder desde el año 98 d.C.
El emperador Cómodo.
Una vez muerto Cómodo, los principales instigadores de su muerte, el prefecto del pretorio Emilio Leto y el cubiculario o chambelán del palacio imperial Eclecto, ofrecieron el poder a Publio Helvio Pertinax, general de gran prestigio y de óptima reputación, que ejercía en aquellos momentos el cargo de prefecto de Roma, esto es, el encargado de mantener el orden en la ciudad.
Pertinax, del que los historiadores albergan dudas acerca de su posible participación en la conspiración que llevó a la muerte de Cómodo, tenía 66 años por aquel entonces. Era hijo de un liberto y había ejercido de joven como profesor de gramática. Más tarde desarrolló una amplia y provechosa carrera política que incluyó diversos destinos militares, el gobierno de varias provincias y el nombramiento como cónsul en dos ocasiones, en los años 175 y 192.
El nuevo emperador fue aclamado primero en el campamento pretoriano y confirmado más tarde en el Senado, no sin antes verse obligado a disipar ciertas dudas iniciales ante la nueva situación y sobre su futuro gobierno. Una de las primeras medidas que tomó el Senado tras el nombramiento de Pertinax fue la aprobación de la damnatio memoriae o condena de la memoria de Cómodo, lo que comportó la destrucción de sus estatuas y la eliminación de su nombre de todos los registros públicos.
Pertinax dispuso de muy poco tiempo para poner en práctica nuevas medidas políticas destinadas a afianzar el Estado tras el reinado de Cómodo y a consolidar su recién adquirida posición. Así, por ejemplo, sabemos que prohibió los procesos judiciales por traición iniciados contra los senadores; permitió el regreso a Roma a los exiliados políticos y restituyó el buen nombre de aquellos injustamente ejecutados durante el gobierno de su predecesor.
Para hacer frente a la ruinosa situación de las arcas públicas, el nuevo augusto se vio obligado a subastar las pertenencias de Cómodo que incluían, entre otras, sus “extravagantes” vestiduras, los carruajes imperiales, concubinas e incluso diversos bufones, en un momento en el que Pertinax tenía que hacer frente a grandes dispendios, que incluían los obligados donativos debidos al ejército y a la plebe por su ascensión al trono. Se esforzó, también, en mejorar la ley de la moneda de plata que había sido devaluada durante el reinado anterior; ideó un programa para impulsar la producción agrícola y eliminó diversos impuestos de aduana instituidos por su predecesor. Por último también intentó poner orden en las filas del Senado, aplicando una serie de medidas que provocaron malestar entre muchos de sus miembros.
De los pocos nombramientos que sabemos que realizó Pertinax destaca el de su suegro Flavio Sulpiciano como prefecto de la ciudad de Roma, cargo que el mismo Pertinax había ocupado antes de ser nombrado emperador y que, por ésta misma razón había quedado vacante.
Por desgracia para Pertinax, su relación con la Guardia Pretoriana, la fuerza militar más cercana a Roma y a la que el propio emperador debía, en parte, su nombramiento, fue deteriorándose con el paso del tiempo, llegando a producirse, incluso, dos tentativas conspiratorias organizadas en su contra des del mismo campamento pretoriano. Esta relación empeoró, tal como nos explica Dión Casio, historiador romano de origen minorasiático del siglo III, tras hacer evidente Pertinax, durante una reunión del Senado, la ingratitud de los soldados a los cuales había concedido, aseguró, el mismo donativo que emperadores predecesores tras su ascensión al trono, aunque los recursos económicos de aquéllos fueran superiores a los suyos. Parece ser que la aseveración del emperador no fue del agrado de los pretorianos, sobre todo si tenemos en cuenta que no era del todo cierta.
Poco después de este hecho, la Guardia Pretoriana organizó un nuevo motín en contra del emperador que, esta vez sí, pondría fin a su vida. El alzamiento se produjo el día 28 de marzo del año 193. Parece que Pertinax tuvo aún tiempo de enviar a Sulpiciano al campamento pretoriano para tranquilizar allí los ánimos. Aún así unos 200 o 300 soldados se dirigieron al palacio imperial donde se hallaba el emperador. Aunque inicialmente el arrojo y las palabras de éste pudieron aplacar el ánimo de los insubordinados, la voluntad de estos últimos acabó por prevalecer, iniciándose una escaramuza que acabó con la vida de Pertinax y con la de su chambelán Eclecto. Por el contrario, Leto, que también se hallaba en el palacio en aquellos momentos, consiguió escapar, según la Historia augusta, colección de biografías de diversos emperadores romanos escrita a finales del siglo IV, abandonando a su suerte al emperador.
La muerte de Pertinax tras 87 días de gobierno evidenciaba el poder que por aquel entonces poseía el ejército, en este caso más concretamente las cohortes pretorianas, ya que su favor o su desafección podían causar, como hemos visto, tanto el auge como la caída de un emperador.
La subasta del Imperio.
Los hechos se sucedieron rápidamente tras la muerte de Pertinax. Sulpiciano, que se hallaba como sabemos en el campamento pretoriano, trató de convencer a las tropas allí acuarteladas de que le proclamaran emperador tras conocer la noticia del asesinato de Pertinax. Parece, por el contrario, que los soldados no estaban muy convencidos a la hora de nombrar al suegro del emperador asesinado como nuevo augusto, por lo que algunos tribunos se dirigieron a la ciudad con el objetivo de hallar en ella a un candidato mejor. En su búsqueda hallaron a Didio Juliano, senador de larga carrera política que, junto a su yerno Cornelio Repentino, había acudido al Senado para atender a la reunión de la cámara que Pertinax había convocado poco antes de morir.
Aunque Juliano rechazó, en un principio, la púrpura que le ofrecían los tribunos, finalmente cedió a sus proposiciones y se dirigió hacia el campamento pretoriano, del que halló las puertas cerradas. Fue entonces cuando se produjo uno de los hechos más notorios y sorprendentes en la historia de Roma, la tristemente célebre subasta del poder imperial, que es, seguramente, el hecho más destacado del reinado de Didio Juliano.
Según parece éste no se amedrentó al hallar vedado su acceso al campamento. Consciente de lo que se decidía en su interior, no dudó en subirse a la muralla del cuartel pretoriano para recordar a los soldados allí reunidos lo peligroso que podía resultar para ellos la elección de Sulpiciano y escribió en una tablilla la promesa de que él restauraría el buen nombre del emperador Cómodo. La pugna por el poder del Imperio entre Sulpiciano y Juliano llevó al primero de ellos a ofrecer 20.000 sestercios por su nombramiento a cada uno de los soldados, a lo que Juliano respondió aumentando la puja en 5.000 sestercios más, según Dión Casio, gritando en voz alta la suma e indicándola con los cinco dedos de la mano en alto, una temeraria apuesta que le permitió, finalmente, ser reconocido emperador por los pretorianos la noche del 28 de marzo del año 193. Sin duda alguna este no era el mejor ejemplo que dar a las tropas ya que evidenciaba la dependencia del poder político con respecto al ejército o a una parte de él, que podía, así, nombrar y deponer emperadores a cambio de la promesa del pago de una determinada cantidad de monedas.
Sin embargo, no todo el trabajo estaba hecho. Una vez ganado el ejército, o al menos aquel más cercano a Roma, Juliano necesitaba ser reconocido emperador por el Senado, cámara que aunque había perdido gran parte de su poder real en esta época, aún era considerada un estamento de representación y de legitimidad capital en la política romana.
Así, pues, Juliano se dirigió al Senado escoltado por los propios pretorianos que, con el objetivo de presionar a los senadores, rodearon el edificio de la curia Julia donde se reunían, y en el que Juliano fue reconocido emperador con el nombre oficial de Marco Didio Severo Juliano.
La Curia Julia en Roma, lugar donde se reunía el Senado.
Fue la plebe de Roma, sin embargo, la que mostró un mayor descontento ante la proclamación de Juliano. Ya al día siguiente, el 29 de marzo, injurió al nuevo emperador en su camino al Senado, e incluso se atrevió a lanzarle piedras. Dión Casio nos informa de que la plebe acusó a Juliano de “ladrón del Imperio” y parricida, viéndose éste obligado al uso de la fuerza para acabar con aquella situación. No contenta con esto, la plebe se dirigió al Circo Máximo donde permaneció reunida toda la noche y durante el día siguiente, pronunciándose a favor de que Pescenio Niger, gobernador de la provincia de Siria, regresara a Roma con su ejército para asistirla.
Parecía, pues, que las cosas se le complicaban a Juliano desde un buen principio, aunque el nuevo emperador poseía una larga carrera al servicio del Estado que le convertía en una persona capacitada para tal nombramiento y que incluía el mando de una legión en Germania, la curatela de los alimentos en Italia y el gobierno de diversas provincias, entre ellas Bélgica, Dalmacia, Bitinia, África y Asia. Juliano era además uno de los miembros del Senado de mayor edad y rango. Aún así fue la forma en la que se había producido su ascenso al poder lo que desacreditó al nuevo augusto ante el resto de senadores, que aceptaron la situación, en gran medida, debido a la presión ejercida por los pretorianos, los causantes de la muerte de su predecesor Pertinax.
Fuera como fuese, la principal oposición ante el nombramiento como emperador de Juliano no se produjo en la ciudad de Roma sino en las provincias y más concretamente en aquellas donde estaban concentradas las legiones romanas. Como ya se había demostrado anteriormente, el verdadero poder no residía, entonces, en el Senado, en la ciudad de Roma o en las tropas pretorianas, sino en la amenaza que constituían los ejércitos provinciales que podían apoyar a sus generales en la lucha por el poder imponiendo, con la desnuda fuerza de las armas, a sus propios candidatos en aquellas ocasiones en las que la autoridad en Roma diera muestras de debilidad, como era ahora el caso tras la muerte violenta de dos emperadores, Cómodo y Pertinax. La situación no se hizo, pues, esperar, y no pasó demasiado tiempo para que aparecieran diversos pretendientes al “trono” imperial apoyados por sus respectivas legiones.
El primero de ellos fue Septimio Severo, gobernador de origen africano de la provincia de Panonia Superior, que fue proclamado emperador el 9 de abril del año 193 en Carnuntum (la actual Petronell-Carnuntum, en el noreste de Austria) y al que le apoyaban dieciséis legiones: las tres bajo sus órdenes y otras seis establecidas en las provincias de Moesia y Dacia, a las que se sumaron más tarde las legiones del Rin. Severo se presentó ante sus tropas como el vengador del difunto Pertinax.
Poco más tarde, Clodio Albino fue asimismo aclamado emperador en la provincia de Britania con el apoyo de las tres legiones establecidas allí y un gran número de fuerzas auxiliares.
El último en proclamarse emperador fue el propio Pescenio Níger, gobernador de la provincia de Siria, que lo hizo hacia finales de abril respaldado por las tropas orientales que sumaban un total de diez legiones.
La situación se complicaba para Juliano, sobre todo si tenemos en cuenta que para hacer frente a tales amenazas militares apenas contaba con el apoyo de los pretorianos, una fuerza que ascendía a unos 8.000-15.000 hombres que, con la muerte de Pertinax y el insólito nombramiento de él mismo como emperador demostraba la poca confianza que se podía depositar en ellos. Juliano no había llegado tampoco a decantar plenamente al Senado a su favor y mucho menos a la plebe, que había mostrado de forma clara su oposición al nuevo augusto.
Consciente de su precaria posición y a nivel de propaganda política, Juliano acuñó diversas series de monedas proclamándose Rector Orbis (‘regidor del mundo’) y manifestando la ‘unidad del ejército’ (Concordia militaris), unas afirmaciones, para su desgracia, bastante alejadas de la realidad.
Áureo de Juliano.
Más tarde, al llegar a Roma las noticias de la rebelión de las tropas en la provincia de Panonia, sin duda alguna la amenaza militar más cercana a la capital, el Senado, a instancias de Juliano,
declaró a Severo enemigo público, haciendo, seguramente, lo mismo con respecto a Níger. Juliano inició, además, las tareas para mejorar la defensa de la capital en el caso de que las tropas de Severo se dirigieran hacia ella. Para tal fin se sirvió de los pretorianos e incluso de los marineros de la flota de Miseno, la base naval romana establecida en la bahía de Nápoles.
reverso: leyenda Rector Orbis.
Juliano intentó, incluso, el reclutamiento con fines defensivos de los elefantes utilizados en los juegos y espectáculos de la ciudad de Roma. Sin embargo, tal y como nos informan nuestras fuentes, y en especial Dión Casio, que fue testigo presencial de los hechos, parece que ni los pretorianos ni los marineros se tomaron muy en serio sus tareas asignadas. Fue, además, imposible adiestrar a los elefantes para sostener sobre sus lomos las torres militares que tenían que dar cabida a los soldados.
La Historia Augusta nos indica que fue en estos momentos cuando Juliano ordenó la muerte del antiguo prefecto del pretorio, Leto, que había sido substituido en el cargo tras la muerte de Pertinax, y de Marcia, la concubina de Cómodo y una de las instigadoras de su asesinato, ya que sospechaba que aquél podía tomar partido por Severo.
Esta misma fuente nos informa de otras de las medidas que llevó a cabo Juliano con el objetivo de reconducir la situación en su favor. Una de ellas fue la concesión de una amnistía general a los soldados que habían tomado partido a favor de Severo, estableciendo, eso sí, una fecha límite para hacerla efectiva, de lo contrario ellos mismos serían declarados, también, enemigos públicos. Juliano nombró, además, a Valerio Catulino para que reemplazara en el cargo a Severo, provocando la sorpresa en el autor de su biografía en la Historia Augusta pues, como éste indica, el emperador actuaba “como si fuera posible sustituir a alguien que se había granjeado ya el favor del ejército”. Otra de las osadas medidas llevadas a cabo por Juliano fue el envío de Aquilio Felix, frumentarius (oficial de la “policía secreta” del ejército romano) especializado en el asesinato de senadores, con la misión de dar muerte al propio Severo.
Por su parte, éste último se dio prisa en iniciar su marcha hacia Italia y, aprovechándose de la aparente incapacidad de Juliano, alcanzó los pasos de los Alpes sin encontrar allí resistencia alguna, según Herodiano, historiador que vivió entre los siglos II y III d.C, porque Juliano no se atrevió a salir de la ciudad con las tropas pretorianas. Severo se adelantó también a su rival a la hora de conseguir el apoyo de la flota del Adriático estacionada en Rávena.
Por el contrario, los esfuerzos diplomáticos y militares llevados a cabo por Juliano no alcanzaban los resultados esperados, ya fuera por el fracaso en las negociones, como en el caso del envío de Vespronio Cándido a la frontera del Rin con el objetivo de conseguir el apoyo militar de las legiones allí establecidas, o por la deserción de diversos de sus emisarios, como fue el caso de la delegación senatorial enviada a Severo o la defección del mismo Aquilio Felix.
Juliano, consciente de su trágica situación, optó todavía por una nueva estratagema. Reunió de nuevo al Senado instándole a enviar a Severo una delegación constituida por sacerdotes, vestales y los propios miembros de la cámara en acto de súplica. La propuesta, sin embargo, fue rechazada tras el parlamento de Plaucio Quintilo, senador y augur, que según la Historia augusta objetó al propio Juliano que “no debería regir el Imperio un individuo que fuera incapaz de enfrentarse con las armas a su enemigo”, opinión a la que se sumaron la mayoría de los senadores.
La negativa del Senado a acceder a la solicitud de Juliano le obligó a elaborar un nuevo plan que contemplaba nombrar a Severo co-emperador. Para ello envió al prefecto del pretorio Tulio Crispino para hacerle llegar la propuesta a su rival, aunque fatídicamente éste fue interceptado por las tropas severianas y resultó, poco más tarde, ejecutado.
Imagen de Septimio Severo acompañado por su mujer, Julia Domna y sus dos hijos Caracala y Geta.
Severo, que ya poseía, según Herodiano, agentes en las cercanías y en el interior de la ciudad de Roma, escribió, de nuevo si seguimos la Historia augusta, a un gran número de personas en la capital y elaboró proclamas que fueron expuestas públicamente en su interior.
Nuestras fuentes nos informan de que llegado este momento y siendo tal la desesperación de Juliano, pues su propia vida le iba en ello, el emperador sucumbió ante la desazón, y llegó a realizar algún tipo de ritual que comportaba, según parece, sacrificios humanos.
Según la Historia augusta, “Juliano tuvo además la insensatez de utilizar a los magos para celebrar muchos ritos con los que pensaba aplacar el odio del pueblo o apaciguar la exaltación bélica de los soldados. En efecto, los magos sacrificaron algunas víctimas que no eran adecuadas para los ritos romanos y cantaron himnos profanos y Juliano hizo los ensalmos que, según las prescripciones, se hacen ante un espejo, en el que dicen que los niños ven el futuro, después de haber vendado sus ojos y haber pronunciado fórmulas mágicas sobre su cabeza, y en aquella ocasión se dice que un niño vio la llegada de Severo y la retirada de Juliano”.
Por su parte, Dión Casio nos informa de que Juliano “mató a muchos niños en un ritual mágico, creyendo que podría evitar algunas desgracias futuras si era capaz de conocerlas de antemano”.
Otra medida desesperada aunque con más fundamento político que la anterior, de la que también nos informa la Historia augusta, fue la nueva propuesta que Juliano presentó al Senado tras anular los anteriores decretos en relación al nombramiento de Severo como co-emperador y que contemplaba la llamada a las armas de los gladiadores de las escuelas de Capua y la decisión de compartir el poder con el viejo senador Claudio Pompeyano, general de Marco Aurelio y emparentado con este emperador al haberse casado en segundas nupcias con su hija Lucila. Pompeyano, que ya había rehusado la púrpura imperial al ofrecérsela Pertinax tras la muerte de Cómodo, volvió a rechazarla ahora aduciendo, de nuevo, su avanzada edad y “que tenía ya la vista cansada”.
Fue Severo el que dio el siguiente paso, solicitando a través del envío de cartas a los pretorianos el arresto de los responsables de la muerte de Pertinax, asegurándoles que si cumplían su requerimiento no tomaría ninguna represalia contra ellos. Los pretorianos, la base primordial del poder de Juliano, se declararon, entonces, a favor de Severo al responder positivamente a su solicitud e informando de ello al cónsul Silio Messala, que reunió de nuevo al Senado en el Ateneo, edificio construido por el emperador Adriano, e informó al resto de los senadores de la acción llevada a cabo por la guardia pretoriana. El Senado, consciente de la situación, condenó a muerte a Juliano, nombró emperador a Severo y deificó al asesinado Pertinax.
De la muerte de Didio Juliano, que se produjo el día 1 de julio del año 193, poseemos tres narraciones que, aunque muy similares, nos permiten conocer un poco mejor los últimos momentos de vida de este emperador, por lo que las reproduciremos íntegramente aquí.
Según Dión Casio, “Juliano fue asesinado mientras estaba descansando en el palacio imperial; sus únicas palabras fueron ‘¿Pero qué daño he hecho? ¿A quién he matado?’”.
Según la Historia augusta, “el Senado envió a unos individuos por cuya intervención, con la ayuda de un simple soldado, Juliano fue asesinado en Palacio, a pesar de que imploraba clemencia del César, es decir, de Severo […]. Severo entregó el cadáver a su esposa Manlia Escantila y a su hija, para que le dieran sepultura, y ellas le llevaron a enterrar a la tumba de su bisabuelo situada a cinco millas de la vía Labicana”.
Finalmente, según Herodiano: “Cuando el Senado supo que Juliano estaba tan asustado y que la guardia imperial lo había abandonado por temor a Severo, votó la muerte para Juliano y que Severo fuera proclamado emperador único. […] Entretanto un tribuno militar fue enviado a Juliano con la misión de matar al cobarde y miserable anciano que había comprado, así, con su propio dinero, un final tan desdichado. Fue encontrado solo y abandonado por todos y vergonzosamente, entre súplicas y lágrimas, fue ejecutado.
La Historia augusta, al final de la biografía dedicada a Juliano, nos ofrece una breve descripción del carácter de éste efímero emperador, que vale la pena, también, citar aquí como colofón.
“Se le echaron en cara a Juliano estos vicios: que había sido goloso y jugador, que se había entregado a los ejercicios gladiatorios y que todas estas pasiones las había adquirido de anciano, ya que durante su juventud jamás se le había acusado de ellas. Se le reprochó también su orgullo, aunque fue muy humilde, incluso cuando ejerció el poder. Por el contrario, fue muy afable en los banquetes, muy bondadoso ante las peticiones que le hacían y muy comedido respecto a la concesión de la libertad.
Vivió cincuenta y seis años y cuatro meses. Ostentó el poder imperial durante dos meses y cinco días. Se le reprochó principalmente que hubiera nombrado como lugartenientes suyos para gobernar la república a personas a las que tenía que haber controlado con su autoridad”.
La muerte de Juliano no supuso, sin embargo, la consolidación definitiva del poder de Severo, ya que una vez aquél estuvo fuera de combate aún tendría el nuevo hombre fuerte de Roma que enfrentarse a sus rivales Pescenio Níger primero y a Clodio Albino más tarde, no siendo hasta el año 197 cuando se impuso definitivamente a sus dos oponentes.
Lo que sí que dejaba claro la crisis política del año 193 (el año de los cinco emperadores) como antes habían demostrado los enfrentamientos militares originados tras la muerte de Nerón en el año 68 o el asesinato de Domiciano en el año 96, era que la principal fuente de poder ya no residía en Roma y mucho menos en el Senado que, aunque mantenía su prestigio como cámara en la que se reunía la aristocracia más rica y distinguida del Imperio, había perdido todas o la mayoría de sus atribuciones políticas reales y había quedado reducida a una herramienta administrativa que, aunque superior, dependía totalmente del emperador, el cual había ido apropiándose lenta per irremisiblemente del gobierno efectivo del Estado romano desde la época de Augusto.
El único estamento que mantenía su influencia en el acontecer político de Roma era, pues, el ejército, y sobre todo aquellas fuerzas concentradas en gran número en las fronteras del Imperio, que por su cuantía y su actuación bajo las órdenes de diferentes gobernadores provinciales, se podían convertir en el apoyo principal de cualquier general ambicioso que pretendiera la autoridad suprema.
La crisis del año 193 también dejaba claro el peligro que representaba la Guardia Pretoriana para aquél que detentaba el poder, que aunque menor, por el tipo de fuerzas de las que estaba constituida y de su número reducido, también se podía mostrar como una seria amenaza ante la autoridad del emperador. Su importancia residía en el hecho de ser las únicas fuerzas existentes en la provincia de Italia (establecidas en las afueras de la ciudad de Roma desde el reinado de Tiberio), condición que les otorgaba la capacidad de hacer y deshacer emperadores en base a sus propios intereses, como ya se había demostrado con la muerte del emperador Calígula y el nombramiento como augusto de su tío Claudio en el año 41 d.C., dos hechos en los que estuvo implicada la Guardia Pretoriana.
Didio Juliano pagaba así, con su vida, su atrevimiento político y dejaba claro para el futuro que a estas alturas de la historia de Roma se necesitaba algo más que el mero ofrecimiento de dinero y la realización de una más que digna carrera al servicio del Estado para optar a la más alta dignidad política del Imperio, premio reservado solo para aquellos que además de ello dispusieran de una amplia red de contactos y del apoyo de fuerzas militares capaces de secundar sus pretensiones a la púrpura imperial.
– Historia del Imperio romano después de Marco Aurelio, Herodiano.
– Historia Augusta.
Bibliografía:
– Birley, A. R., Septimius Severus, The African Emperor, ed. Routledge, Londres, 1999.
– Bowman, A. K., Garnsey, P., Cameron, A. (editores), Cambridge Ancient History, The Crisis of Empire, AD 193-337, vol. 12, Cambridge University Press, Cambridge, 2008
– Fredouille, J-C., Diccionario de la civilización romana, ed. Larousse, Barcelona, 1995.
– Jerphagnon, L., Historia de la Roma antigua, ed. Edhasa, 2007.
– Potter, D. S., The Roman Empire at Bay AD 180-395, ed. Routledge, Londres, 2004
– Roldán Hervás, J. M., Historia de Roma, Ediciones Universidad de Salmanca, Salamanca, 1995.
– Roldán, J. M., Blázquez, J. M. y del Castillo, A., El Imperio romano (siglos I-III), col. Historia de Roma, ed. Cátedra, Madrid, 1989.
– Southern, P., The Roman Empire from Severus to Constantine, Routledge, Londres, 2001.
———————————————————
El año pasado Ediciones B publicó La ruina del imperio romano la última monografía escrita por el historiador James O’Donnell, un análisis sobre las causas de la caída del Imperio romano y sus consecuencias en el inicio de la Edad Media.
Ésta es la historia de cómo uno de los mayores imperios de nuestra historia acabó de desmoronarse y con él el sueño de Alejandro Magno y Julio César de unificar Europa, el Mediterráneo y Oriente Medio en una sola comunidad. Durante el siglo VI, en el año 532 y en pleno centro del Imperio romano, el emperador Justiniano, en su palacio de Constantinopla, trataba de recuperar la antigua gloria de una potencia que estaba moribunda. Pero todo se fue a pique por culpa de las guerras religiosas, la peste y las migraciones ilegales de personas que, paradójicamente, buscaban defenderse de ese mismo imperio. Todo ello tiró por tierra el intento de Justianiano y el imperio se colapsó, para dejar paso al auge del Islam.
James O’Donnell es un distinguido clasicista e historiador educado en Princeton y Yale. Autor de una aclamada biografía de san Agustín, miembro de la Academia Americana de Medievalistas y presidente de la Asociación Filológica Americana, imparte Historia en la Universidad de Georgetown desde 2002.
Título:La ruina del imperio romano
Autor: James O’Donnell
Editorial:Ediciones B Colección: No ficción histórica Fecha de publicación en España: marzo de 2010 Paginas: 528 Formato: 15 x 23 cm Precio: 15.00 €
Otros libros del autor:
Avatares de la palabra: del papiro al ciberespacio, Ed. Paidós Ibérica, 2000. Augustine: A New Biography, Ecco, 2005.
La Història està plena de noms sobradament coneguts per tots, personatges que han escrit el seu nom en lletres majúscules. Sovint, però, trobem noms a qui no s’ha donat el reconeixement que mereixen; aquest és el cas d’Arnau Bargués, una de les figures clau en el desenvolupament de l’art gòtic català, estil emprat a l’hora de realitzar els edificis més importants del segle XIV pel gran atractiu que suposaven les seves refinades i luxoses formes.
En aquest sentit, cal destacar que el segle XIV va significar un canvi de mentalitat entre els nobles catalans: fins aquell moment, les seves residències estaven fixades en turons de difícil accés per tal d’assegurar-ne la defensa; a partir d’aquell instant van preferir establir-se en luxosos palaus edificats a les ciutats, guanyant així en comoditat i permetent fer ostentació de la riquesa atresorada pel llinatge. A l’hora de confiar el projecte de cada nou palau, els nobles buscaven noms de reconegut prestigi, i, en aquest sentit, un dels arquitectes més importants de finals de segle va ser Bargués, considerat pels historiadors el darrer gran arquitecte gòtic de Barcelona, i que no només va passejar el seu talent per la Ciutat Comtal, sinó que també va ser requerit en altres poblacions del Principat, com Poblet o Blanes, on encara podem gaudir d’un magnífic castell-palau, exemple del gòtic civil català.
Seguidament, farem un repàs a diversos aspectes de la figura d’Arnau Bargués, exemple d’allò que es va anomenar «mestre d’obres professional», qualificació emprada per Xavier Barral per tal de definir aquells qui «establien relacions purament contractuals amb els seus clients, treballaven en diversos encàrrecs alhora (civils o religiosos, indistintament), viatjaven a llarga distància per assumir noves obres o fins i tot per estudiar-les, etc.»: en primer lloc, coneixerem diversos detalls de la vida d’aquest arquitecte català; després centrarem el text en la seva feina a Blanes; finalment, clourem aquest repàs coneixent altres obres d’interès que van ser realitzades per les seves expertes mans.
4.1. Una vida dedicada al treball Arnau Bargués va ser un home dedicat exclusivament al treball, tal i com podem comprovar si ens fixem en la seva extensa activitat polifacètica, on trobarem des d’obres molt importants i de prestigi (com el Palau Reial de Martí L’Humà) fins a feines més humils (com la reparació d’una font barcelonina).
Desconeixem les dades d’on i quan va néixer Bargués; la primera notícia que ens ha arribat d’ell és de l’any 1386, moment en què el van fer viatjar fins a Girona, juntament amb altres dos arquitectes de Barcelona, per tal de donar la seva opinió en relació als diversos avantatges i inconvenients de continuar la construcció de la catedral gironina amb una única nau. Ser convocat a una reunió d’arquitectes tant important com aquesta ens permet deduir que ja era un mestre de cases reputat a la Barcelona del moment.
L’any 1394 va ésser contractat per realitzar diversos treballs a l’alberg d’en Pere Bergadà, mercader i ciutadà barceloní. En aquesta època també el trobem associat a un altre mestre, de nom Ramon Vilardell, qui probablement seria el seu soci capitalista.
Tres anys després ja es parla d’ell com a mestre major de la catedral de Barcelona, realitzant la tasca que uns anys abans havia fet Bernat Roca (mort l’any 1388), arquitecte gòtic que va realitzar diverses obres a Barcelona (com per exemple el sagrari de l’església dels Sants Just i Pastor, l’altar major de l’església de la Mercè,…) i que, gairebé amb tota seguretat, va ser de qui Bargués va aprendre l’ofici d’arquitecte.
A partir d’aquest instant, la seva vida professional va canviar: començà a rebre diversos encàrrecs importants, com ara la direcció de les obres reials; d’aquesta manera, va passar a ser l’arquitecte més sol•licitat d’entre tots els que estaven establerts al Principat entre els anys 1398 i el 1403.
Les seves obres arquitectòniques, d’estil gòtic, elegants i proporcionades, van esdevenir molt preuades entre els promotors artístics; és per aquest motiu que Arnau Bargués va treballar en tota classe d’obres, ja fossin aquestes obres civils, religioses o encarregades per particulars. Cal destacar que els seus clients van quedar totalment seduïts pels diversos complements d’escultura decorativa que el mestre Bargués introduïa en la seva obra, una escultura que hem de situar dins l’estil gòtic internacional, i que va resultar essencial a l’hora de fer d’ell un dels millors mestres d’obres de l’època.
Frontal de la Casa de la Ciutat de Barcelona
A l’any 1399, Bargués va rebre l’encàrrec de construir la façana de la Casa de la Ciutat de Barcelona; d’aquesta manera va ingressar dins el selecte grup dels arquitectes municipals de Barcelona.
En aquesta atrafegada època, Arnau Bargués va comprovar com el treball el començava a desbordar; es va veure obligat a simultaniejar la seva feina en els treballs de diversos edificis importants: el palau que el rei Martí I L’Humà li va encomanar fer al monestir de Poblet, la construcció del monestir barceloní de Sant Jerònim de la Vall d’Hebron, el projecte del castell-palau dels Cabrera (iniciat l’any 1391, però que es va allargar en el temps més del que en principi s’esperava), la Catedral de Barcelona i la façana de la Casa del Consell de Barcelona. Aquesta gran quantitat de feina el va fer replantejar-se la seva situació, arribant a la conclusió de que, si bé abans ja tenia alguns col•laboradors, ara ja li eren totalment imprescindibles (en aquest instant ja apareix associat a un altre mestre de cases, anomenat Francesc Marenyà). És per això que Bargués va decidir envoltar-se d’una companyia de picapedrers i escultors qualificats, els quals es feien càrrec de la tasca decorativa de les construccions ideades pel mestre, fent-les encara més belles.
A més d’aquests obrers, que es dedicaven exclusivament a fer allò que el seu cap els demanava, Arnau Bargués va haver de trobar gent capaç de substituir-lo com a director dels treballs quan ell no hi podia ser present. Per aquest motiu, sovint trobem a lloctinents al seu servei que s’encarregaven del control i la supervisió de les obres, tal i com ho faria el seu capitost; un dels homes que van ocupar el càrrec de lloctinent va ser Françoi Salau, a qui la documentació conservada qualifica com a «piquer de Barchinona», i que s’encarregava de dirigir els treballs que es realitzaven al monestir de Poblet quan el nostre arquitecte no hi podia ser.
De totes maneres, i malgrat que s’havia envoltat de gent prou qualificada per a les feines que havien de realitzar, aquells qui reclamaven els seus serveis (recordem: el rei Martí I, les autoritats municipals i eclesiàstiques barcelonines i diversos particulars) volien tenir a Bargués més vinculat a les seves obres, així que l’arquitecte aviat va rebre més diners dels que estaven estipulats al seu sou per aconseguir que dediqués més temps a uns projectes que als altres; en aquest sentit, sabem que l’any 1402 els consellers de Barcelona van afegir 55 lliures barcelonines al preu que havien pactat amb l’arquitecte en el moment en què va acceptar l’encàrrec.
Tota aquesta intensa vida dedicada al treball va anar incidint de forma negativa en la seva salut, motiu pel qual es va veure obligat a abandonar, progressivament, la seva frenètica activitat com a mestre d’obres «professional». La darrera dada que tenim d’ell relacionada amb la seva feina és de l’any 1407, moment en el qual trobem citat a Bargués com a «mestre major de Barcelona» en les obres de construcció que es van fer al mur barceloní.
Pel que fa a la seva vida privada, amb prou feines en coneixem res; únicament sabem que Bargués va tenir un fill i una filla, i que aquesta estava casada amb Arnau Buscarons, mestre de cases també.
Per finalitzar aquest breu repàs a la vida del nostre protagonista, cal afegir que tampoc sabem amb exactitud la data en què es va succeir la seva mort; de totes maneres, hem pogut deduir que es va produir entre el 16 de setembre i el 27 d’octubre de l’any 1413, a la ciutat de Barcelona. Així, amb la mort d’aquest mestre d’obres va desaparèixer el «darrer representant de l’escola palatina d’arquitectes nascuda a l’entorn de la gran figura de Pere el Cerimoniós«.
4.2. Bargués a Blanes
L’àmplia obra gòtica realitzada per Arnau Bargués no l’hem de reduir només a la ciutat de Barcelona, tot i que va ser en ella on més va treballar; sabem que els mestres d’obres «professionals» no treballaven únicament a les seves ciutats de residència, ja que una de les seves principals característiques és que sovint realitzaven feines fora d’elles, i en Bargués tenim un clar exemple.
El nostre arquitecte va portar a terme un dels seus projectes fora de Barcelona a Blanes; allà va treballar en les feines de construcció del castell-palau de la família Cabrera i de la font que hi ha a la vila, unes obres que va iniciar l’any 1391.
Reconstruccio castell-palau Cabrera
El mestre Bargués va ser l’”home de confiança de la casa de Cabrera”, confiança que es va guanyar en el moment en què va acceptar l’encàrrec de construir la nova mansió de la família dins la vila. Segurament, el bon tracte que l’arquitecte mantenia amb el noble Bernat IV li va permetre deixar la seva feina a Blanes durant una temporada per tal d’atendre la comanda que, des de Barcelona, li havien fet els consellers de la ciutat: la construcció de la nova façana de la Casa de la Ciutat.
Cal dir que, per a Arnau Bargués, el fet d’acceptar la direcció d’aquest projecte a Barcelona no va ser tant beneficiós com en un principi havia imaginat: l’any 1401, l’arquitecte es queixava davant els consellers de Barcelona del sou que rebia per la seva feina, ja que «amb un major guany que el que ells li donaven hauria pogut treballar al monestir de Poblet i al castell de Blanes». Sembla ser que el retret efectuat pel mestre d’obres va fer efecte, ja que, un any més tard, rebia de mans del clavari de la ciutat 55 lliures barcelonines més de les que havien estat acordades en el contracte.
Quan els encàrrecs li ho van permetre, Bargués va reprendre les feines que un temps abans havia iniciat a la vila de Blanes; allà hi va continuar l’obra del palau senyorial, magnífic exemplar del gòtic civil que albergà al llinatge dels Cabrera durant molts anys, i al qual l’arquitecte va integrar la nova església parroquial, situada just al costat de la nova edificació; a més, cal afegir que també es va encarregar de fer la font pública de la vila.
Per tot això, hem de destacar la gran tasca que va portar a terme el mestre Arnau Bargués a Blanes des dels darrers anys del segle XIV i els primers dels segle XV, vila on va idear una modèlica ciutat gòtica, tot sota l’imprescindible mecenatge de la família dels Cabrera.
a) El castell-palau Bernat IVde Cabrera va confiar en Bargués la construcció del seu nou palau senyorial, qui el va edificar seguint un traçat rectangular, gairebé quadrat, i alineat en una mateixa façana amb la veïna església parroquial.
Castell-palau Cabrera a Blanes
L’entrada al noble habitatge es feia a través d’una porta de gran dovellatge, una porta amb una singularitat: la seva construcció no es va fer centrada en la façana, com era habitual, sinó que la trobem situada en un dels seus extrems, a tocar de l’església.
A la façana de l’edifici s’hi van construir unes finestres, amb llindes retallades (que no tenim conservades), formant triples arquets lobulars; a més, cal afegir que aquest no és l’únic tipus de finestra que es va fer en l’edifici: al costat n’hi ha una altra, que té un sol buit i és d’una altura menor. Segurament, la façana estava acabada en merlets, a modus de decoració, com la façana de l’església.
Les sales d’aquest castell-palau van ser distribuïdes en dues plantes i a l’entorn d’un pati central. Per pujar al segon pis de l’edifici hi havia una solemne escala, situada en el mateix pati central. Les seves habitacions interiors estaven cobertes amb voltes de creueria simple. Actualment, es conserven els dos trams de volta d’una sala, que estava situada en la cruixia del fons de l’edifici, i que per la seva proximitat al presbiteri fou reconvertida en sagristia de l’església quan, a partir de l’any 1622, es va decidir emprendre l’ampliació de l’església. A més, també tenim conservades dues mènsules que havien estat utilitzades en el palau; aquestes peces estan fetes en pedra esculpida, i una d’elles té per decoració l’escut d’armes de la família Cabrera. En aquest sentit, cal dir que ambdues es troben conservades al museu de Mataró.
Mènsula del castell-palau Cabrera
L’esplendor d’aquest luxós habitatge nobiliari, típic exemplar de castell-palau baix medieval, es va allargar durant uns tres-cents anys des de la seva construcció. Durant tot aquest temps, aquesta gran mansió fou hospici de diversos personatges importants, a més de ser l’habitatge habitual de la majoria dels Cabrera. Sobirans com Martí I L’Humà i Carles I s’hi van allotjar, el primer ho va fer el 21 de maig del 1397, el segon el 2 de maig de 1545; fins i tot s’ha especulat amb la presència en la residència dels Cabrera del papa Benet XIII (El Papa Luna) l’any 1415, afirmació mai corroborada en cap document.
A partir del segle XVII, el castell-palau va anar caient progressivament en l’oblit, segle en què va començar a patir un important deteriorament a causa de les batusses amb els francesos, i la quantitat de pedra que s’hi anava amuntegant es va reutilitzar en obres properes. Actualment, tota la part dreta de l’edifici ha desaparegut, precisament allà on el desnivell que feia el terreny havia obligat als constructors a fer un edifici més alt i imponent.
b) La font gòtica
Instal•lada al carrer de l’Ample, aquesta font va ésser construïda per Bargués (qui anteriorment ja havia participat en la construcció i reparació d’altres fonts a Barcelona) seguint la forma d’un edicle de planta octogonal, amb coronament de gàrgoles, una cresteria calada i pinacles; a més, també hi podem veure una agulla piramidal de vuit costats, lleugerament còncaus, amb una estètica que recorda la Torre Eiffel. Tots aquests petits detalls escultòrics, encara ara conservats, serveixen de referència a l’hora d’estudiar els elements que van fer de l’estil gòtic realitzat al nostre país quelcom d’especial.
Font publica de Blanes
Dels diversos elements escultòrics que formen part d’aquesta font, no podem deixar de citar l’escut decoratiu que la presideix amb magnificència: es tracta d’una elegant reproducció de l’escut d’armes dels Cabrera, i hi va ésser col•locat a mode d’homenatge a la nissaga de nobles blanencs que va encarregar la construcció d’aquesta sumptuosa peça gòtica.
Aquesta obra monumental es va realitzar, aproximadament, en la mateixa època en què va ésser edificat l’esplèndid castell-palau gòtic de la vila, just al llindar del canvi de segle, i va ser donada a la població per Violant de Prades, esposa de Bernat Joan de Cabrera i nora de Bernat IV, passant així a ser una font pública a l’abast de tots els vilatans.
4.3. Altres obres conegudes
Com ja hem dit abans, Arnau Bargués va realitzar diversos projectes arquitectònics; per aquest motiu podem afirmar que la seva vida era el treball, els seus projectes, pels quals va portar un dur ritme de vida fins que, cansat, es va veure obligat a retirar-se. Abans, però, va treballar en alguns dels edificis més importants bastits a Catalunya vers el 1400.
La seva extensa obra ens obliga a fer-ne aquí un repàs. Tot seguit, presentem les obres que el mestre Arnau Bargués va realitzar al llarg de la seva vida professional.
a) El Palau Reial de Poblet
L’any 1398, Arnau Bargués va ésser sol•licitat pel rei Martí I per tal que iniciés els treballs de construcció del seu palau particular al monestir de Poblet; amb tot, el rei no va tenir oportunitat de veure’l totalment edificat, ja que a l’any 1406 es van aturar les obres sense que hagués estat acabat.
En les obres que Bargués va portar a terme, i que en l’actualitat encara conservem, hi trobem reflectit el seu particular estil: grans panys de paret llisos i «una delicada decoració escultòrica que apareix concentrada en uns punts determinats, seguint una clara seqüència rítmica».
Bargués va construir una part del Palau Reial, descrit amb més detall per A. Cirici en la seva obra. Per a realitzar el palau va necessitar la col•laboració de diversos ajudants: un cop arribat al monestir, l’arquitecte va sol•licitar els serveis, entre d’altres, de Jaume Cabré i Guerau Aguiló, ambdós piquers de Barcelona; a més, també va cridar a Françoi Salau, a qui deixà com a lloctinent de les obres quan el mestre tornava a Barcelona, i que sembla ser que es va encarregar de realitzar la decoració esculpida del palau, que hem d’emmarcar dins l’estil gòtic internacional.
Per acabar, hem de destacar la construcció del cimbori que el propi Bargués va fer al monestir de Poblet, en el mateix moment que el de la Seu de Barcelona.
b) La Catedral de Barcelona
L’any 1397 trobem a Bargués amb el títol de mestre major de l’obra de la Catedral de Barcelona, ocupant el lloc que, uns anys abans, havia deixat el seu mestre, Bernat Roca.
Uns anys més tard, al 1405, l’arquitecte va iniciar, junt a la porta principal de la Catedral, l’erecció del gran cimbori, gairebé idèntic al de Poblet. D’aquest cimbori hem de destacar la seva posició: es troba situat als peus del temple, en una disposició original i poques vegades utilitzada.
Al mateix temps que el cimbori, el mestre Bargués va bastir, també a la catedral, la Sala Capitular Antiga, actualment anomenada capella de Lepant, que va ser finalitzada l’any 1407.
Malgrat la seva predisposició per acabar-lo, Arnau Bargués no va poder completar el cimbori ja que, com bé sabem, l’any 1407 deixava l’ofici d’arquitecte i es retirava.
c) La Casa de la Ciutat de Barcelona
Figura de l'arcangel Sant Rafael
El desenvolupament de la corporació municipal de Barcelona va fer necessària la construcció d’un palau durant el Tres-cents. Ja a finals del segle XIV, els consellers de la ciutat van pretendre donar al palau corporatiu una façana monumental ricament ornada, com era habitual en els edificis d’aquella època. Així van sol•licitar el treball expert d’Arnau Bargués, a qui van contractar l’any 1399, moment en què l’arquitecte ja era un dels més prestigiosos i reclamats del Principat, per tal que edifiqués la façana de la Casa del Consell i, possiblement, també algunes de les dependències annexes.
La façana va ésser bastida entre el 1400 i 1402. La característica principal d’aquesta obra és l ‘asimetria que l’autor donà voluntàriament a la seva estructura, similar a la de la façana del palau de Martí L’Humà.
Per cloure aquest apartat, és necessari fer un breu apunt sobre les escultures que decoren la façana; una bona part d’elles van ser encarregades pel mestre Bargués a l’escultor Jordi de Déu, l’antic esclau grec de Jaume Cascalls. De Déu, artista d’estil gòtic internacional, va fer gàrgoles, capitells i sanefes d’extraordinària qualitat, però no pas l’arcàngel Sant Rafael, una majestuosa donació d’un particular, de la qual desconeixem l’autor, però sí sabem el nom de l’artista encarregat de fer les seves ales de bronze: Pere ÇaAnglada.
d) El monestir de Sant Jeroni
El monestir de Sant Jeroni de la vall d’Hebron va ésser fundat i fet construir per Violant de Bar, la reina vídua de Joan I El Caçador, a l’any 1393. Ella mateixa va fer iniciar l’edificació de l’església i de la residència pels frares, vinguts de Cotalba (Safor).
D’aquest monestir no n’han quedat restes, però de les cròniques escrites per l’orde Jerònima de Catalunya podem deduir que Arnau Bargués va participar en la construcció de la seva església, edifici que va ser el primer en construir-se.
e) El mur de Barcelona
L’arquitecte Arnau Bargués és citat en la documentació de l’any 1407, segurament el seu darrer any en actiu, com a «mestre major de la ciutat», títol que va rebre com a conseqüència de la seva participació en la construcció del mur que estava situat al sector marítim de Barcelona; malgrat tot, la «muralla de la Mar», tal i com s’anomenava a aquell sector, no va ser acabada fins l’any 1454.
En relació al mur de Barcelona, el mestre Bargués no va treballar únicament en el sector marítim, abans esmentat, ja que tenim documentada la seva participació en altres zones de l’emmurallament de la ciutat.
Per acabar cal afegir que, actualment, no tenim conservada la part de les muralles que ell va construir.
f) Obres d’enginyeria Arnau Bargués va realitzar diverses obres d’enginyeria a Barcelona; en aquest sentit, cal destacar la seva participació en les canalitzacions fetes al riu Besós i al Rec Comtal.
L’any 1390 va treballar en la reparació i la conservació del Rec Comtal des de Montcada.
Finalment, sabem que uns anys més tard, concretament al 1403, el mestre Bargués va cobrar per haver treballat en l’anivellament de les aigües del riu Llobregat, fetes per tal d’evitar inundacions.
g) Obres menors Arnau Bargués va ser un mestre d’obres que va rebre molts encàrrecs importants, com fins ara hem pogut comprovar, però també va fer treballs més humils. Tot seguit presentem algunes d’aquestes obres menors.
Entre 1391 i 1393, Bargués va participar en l’empedrat de l’anomenat «porxo nou», treballant conjuntament amb Ramon Vilardell.
L’any 1394 va treballar en l’alberg d’en Pere Bergadà, mercader i ciutadà barceloní. Per aquella mateixa època, Bargués també va participar en les feines de construcció de la capella de Nostra Senyora del Canal, capella situada al Portal Nou, dins el recinte dels murs medievals de Barcelona.
Font situada a la plaça de Santa Maria del Mar
L’any 1406 tenim documentada la seva participació en les modificacions d’algunes fonts de la ciutat, realitzades per tal de millorar les seves condicions higièniques.
En relació a les fonts, sabem que Bargués també és l’autor de la font que hi ha a la plaça de Santa Maria del Mar, feta l’any 1402, en la qual trobem un òcul calat i dues peces d’heràldica com a ornament.
Bargués també va intervenir en les constants obres exigides pel camí de Sant Boi, en l’abeurador construït al costat de la Llotja dels Mercaders, en el pont del Portal Jonqueres i en l’adob de la riera del Portal de Ferro.
Per tot això hem de destacar la tasca realitzada pel mestre Arnau Bargués, qui no només va utilitzar la seva excel•lent tècnica en grans i prestigioses obres, sinó que també va fer treballs més senzills i humils que avui dia s’encarregarien a discrets mestres d’obres.
Bibliografia
ALMERICH, Ll., Els castells de Catalunya. Editorial Millà. Barcelona, 1984. 112 pàgines.
ARAGÓ, A. M., “Els castells de Blanes i Palafolls i el vescomtat de Cabrera, el segle XIV”, dins Anales del Instituto de Estudios Gerundenses, volumen XXII. Girona, 1974-1975. Pàgines 177-190.
BARRAL, X. (dir.), Art de Catalunya. Arquitectura religiosa antiga i medieval. Edicions L’Isard. Barcelona, 1999. 276 pàgines.
CARBONELL, J. (dir.), Gran Enciclopèdia Catalana. Publicat per Edicions 62. Barcelona, 1971.
CATALÀ, P. (dir.), Els castells catalans, volum III. RAFAEL DALMAU EDITOR. Barcelona, 2a edició, 1972 (1a edició, 1971). 1046 pàgines.
CIRICI, A. i GUMÍ, J., L’art gòtic català (segles XV i XVI). Edicions 62. Barcelona, 1979. 300 pàgines.
DURAN, A., Per a la Història de l’Art a Barcelona. Publicat per L’Institut d’Estudis Catalans. Barcelona, 1960. 109 pàgines.
Gran Geografia Comarcal de Catalunya, volum III. Publicat per Enciclopèdia Catalana. Barcelona, 1981. 426 pàgines.
MONREAL, Ll. i RIQUER, M. de, Els castells medievals de Catalunya, volum I. Dins la col•lecció Falcó, de l’editorial Ariel. Barcelona, 1955. 303 pàgines.
SITGES, J. B., La muerte de D. Bernardo de Cabrera, consejero del rey D. Pedro IV de Aragón. Publicat per “Sucesores de Rivadeneyra”. Madrid, 1911. 76 pàgines.
TERÉS, M. R., “Arnau Bargués, arquitecto de la ciudad de Barcelona: nuevas aportaciones documentales”, dins el Boletín del Museo e Instituto “Camón Aznar”, número IX. Saragossa, 1982. Pàgines 72-86.
TERÉS, M. R., “El Palau del Rei Martí a Poblet: una obra inacabada d’Arnau Bargués i Françoi Salau”, dins D’Art, número 16. Publicat per la Universitat de Barcelona. 1990. Pàgines 19-41.
VERRIÉ, F.-P., “Un arquitecto de la Barcelona medieval. Arnau Bargués y sus obras”, dins A. DURAN (dir.), Barcelona, divulgación històrica, volumen IV. Publicat per AYMÀ. Barcelona, 1947. Pàgines 146-152.
____________________
Escrit per: Robert Martínez Colomé
Versió pdf de l’article. Arnau Bargués, un mestre d’obres «professional».
Es seguramente la dinastía de los Julio-Claudios, los primeros emperadores romanos, la que ha centrado el interés general del público, ya sea en su vertiente histórica, simbólica, literaria, o cinematográfica… convirtiéndose en la etapa de la historia del Imperio romano más tratada, analizada y reconstruida, de tal forma que, aunque no sepamos situarla cronológicamente en un marco temporal claro, conocemos no solo a sus integrantes, esto es, Julio César, Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, sino que podemos trazar, aunque sea de una forma borrosa, las líneas generales ya sea de su reinado o de su personalidad.
No obstante, la celebridad de los miembros de la dinastía Julio-Claudia ha supuesto, también, una “deuda histórica”, no solo a la fama de los primeros emperadores de la Roma imperial, sino a la imagen que de la Antigüedad ha llegado a nosotros, compuesta, gracias sobre todo a el influjo del cine, de grandeza, poder, lujo debilidad, tiranía, perversidad, vileza e inhumanidad, unas características que, de forma injusta, se han contagiado no tan solo al resto de los emperadores romanos (no olvidemos que, al menos oficialmente, se cuentan unos 53) sino también a toda una época, la romana, vista en la actualidad como un período donde el lujo, la codicia y la perversidad (regado, todo ello, como no, por un deseo sexual incontrolado materializado en las ya clásicas escenas de orgia y de bacanales) de los emperadores, dueños absolutos del imperio, se imponían al resto de la población que habitaba el territorio dominado por ellos, ya fueran estos senadores, caballeros, comerciantes, artesanos, hombres libres, campesinos o esclavos.
Pues bien, todo ello, o la mayoría, no es ni más ni menos que una representación tópica y estereotipada de una época que ni mucho menos se puede reducir a lo escrito anteriormente (y si no es así ¿dónde tendríamos que situar a los grandes emperadores como Trajano, Adriano, Marco Aurelio o Constantino?) sino que es una imagen creada, en gran medida, tras mil setecientos años de dominio cultural en Europa en manos de la Iglesia católica, institución que anatemizó el periodo romano como una etapa diabólica, perversa (y pagana) previa a la aparición y consolidación del credo cristiano en Europa. Todo ello fue popularizado, más tarde, por la literatura y el cine que, con la adaptación de diversas novelas históricas ambientadas en la época y la creación de guiones cinematográficos basados en los tópicos conocidos y esperados (y deseados) por el público (comprador de entradas) acabó por consolidar una visión subjetiva, parcial y simplista de una de las épocas más asombrosa y apasionante de la historia del hombre.
Pues bien, la editorial La esfera de los libros ha publicado Césares, de José Manuel Roldán, una de esas obras que son y han de servir de referencia para conocer un poco más profundamente y con mayor fundamento un período y unos personajes vilipendiados, en muchos casos, por la historia. Como decíamos y como su título advierte, Roldán realiza un recorrido por las vidas y los reinados de los primeros emperadores romanos, aquellos que pertenecieron a la dinastía Julio-Claudia. En su viaje, que al leerlo también será el nuestro, el autor se empeña en situar a cada uno de los emperadores reseñados en el lugar que le pertenece y en la época en la que vivieron. No pretende repetir todo aquello que ya se ha dicho de cada uno de los césares sino que, acompañado de las fuentes antiguas siempre que éstas hagan falta, de un amplio conocimiento de la temática, avalado por largos años de docencia universitaria e innumerables obras escritas (algunas de las cuales honra el que estas líneas escribe) y de una magistral y esplendida pluma, Roldán consigue acercarnos, un poco más, al periodo histórico y a las “personas” reales que configuraron y dieron forma a una época.
José Manuel Roldan
El autor aúna en la obra, como decía anteriormente, un dominio absoluto del período histórico y la voluntad de “acabar” con ciertas visiones del pasado. Y esto lo hace de una forma amena, rigurosa e impecable. Y con esto quiero decir que Césares no es solo una obra con la que vayan a gozar aquéllos que conocen y se interesan por la historia, sino que el estilo en el que está escrito el libro invita al lector a interesarse y a avanzar en la lectura. Son pocas las veces en las que el contenido y el contenedor tienen la misma categoría, sobre todo en libros de historia, escritos, no olvidemos, por historiadores, no por literatos. Pues este es uno de ellos, en los que la delicadeza y el rigor (y creo hablar sin exagerar) de la forma en la que el libro está escrito envuelve la belleza y fastuosidad de una época lejana ya de nosotros.
Así, pues, podremos descubrir la transformación política que sufrió Roma durante la última etapa de la República y que llevó, en los tiempos de Julio Cesar y de Augusto, a la creación del Imperio; podremos presenciar la evolución del mismo durante el reinado de Tiberio y el terror desatado en la capital por su mano derecha el prefecto del pretorio Sejano; conocer qué hay de cierto en la acusación de perversidad y crueldad achacada al viejo Tiberio; analizar en clave histórica el reinado de Calígula y Nerón, dos de los emperadores, sin duda, más famosos y que peor ha tratado la historia y seremos testigos, también, del gobierno del “cojo y tartamudo” Claudio o de las ávidas y codiciosas mujeres que influenciaron su vida y su reinado: Mesalina y Agripina.
¿Incendio Nerón Roma? ¿Fue la enfermedad la que trastornó al joven Calígula? ¿Cuáles fueron los motivos de Augusto para materializar la transformación de la República en un Imperio? ¿Cuál fue el legado de Julio César? ¿Participó Claudio en la conspiración que llevó a la muerte de su sobrino Calígula? ¿Fue Tiberio la mano que ordenó la muerte de Germánico, su presunto sucesor en el poder? Roldán nos responde a estas y otras preguntas introduciéndonos en los tejemanejes de una de las dinastías más famosas de la historia, no solo por su importancia política sino también por los supuestos excesos y abusos que, según las fuentes, llegaron a cometer. Y es a través del estudio y la reflexión sobre estas fuentes como José Manuel Roldán nos permite ser testigos “de primera” de un período de la historia importantísimo para entender la evolución del mundo occidental posterior. Una utilización de las obras de los autores antiguos que veremos plasmada en el texto allí cuando haga falta, sin evitar, claro está, la reflexión y la crítica de las mismas, necesaria para entender por qué fueron escritas y con qué objetivo, una práctica pertinente para lograr conocer mejor la época y los personajes históricos a los que hacen referencia.
Roldán consigue crear una imagen realista e histórica de la Roma imperial del momento (siglos I a.C. y I d.C.) y de la primera dinastía que gobernó sobre ella alejada, pues, de todos los tópicos y “errores” fundamentados que la cultura de masas y los media han creado y reproducido de ella. Toda una oportunidad no solo para intentar comprender una época maltratada por la propia historia y de viajar por un período histórico apasionante (y emocionante) sino de dejarse llevar por un texto y un estilo que pertenecen, sin duda, a uno de los historiadores más prolíficos que “campean” por tierras hispanas. Todo acompañado, al final de cada capítulo/reinado de una breve bibliografía actualizada que permitirá, a aquellos que así lo deseen, profundizar y dar un paso más en el conocimiento de uno de los capítulos más importantes de la historia de la humanidad, al menos de aquella que nació y que deriva del mundo en el que gobernaron los sucesores de Julio César y Augusto.
Título:Césares Autor: José Manuel Roldán
Editorial: La esfera de los libros
Precio: 29,00 € Páginas: 528 ISBN: 9788497347211 Fecha de publicación: 08/4/2008 Colección: Historia Divulgativa Formato: 16×24 Cartoné
———————————————————