Archivo de la categoría: Novela histórica

Un repaso a las novelas ambientadas en otras épocas, con especial atención a la Antigüedad y la Edad Media.

Novetat editorial: Tots els noms de Barcelona, de David Izquierdo Salas, editorial Stoker Books.


Arriba a les llibreries catalanes Tots els noms de Barcelona, la primera novel·la de David Izquierdo Salas, una aventura d’intriga històrica que recorre els diferents períodes de la història de Barcelona i algunes de les seves llegendes. Una bona proposta de lectura per a l’estiu i per conèixer la màgia i el misteri que envolta la ciutat comtal.

Hi ha una llegenda centenària que diu que pel subsòl de Barcelona hi passa un riu.
Explica que les seves aigües corren sota els fonaments de la Bàrcino romana, desembocant mar endins.

A finals del 2010 un equip d’historiadors i arqueòlegs del museu d’història troben indicis de l’existència d’aquest riu secret i se submergeixen en les catacumbes de la ciutat antiga per trobar-lo.
El que descobreixen, però, resulta ser transcendental pel passat, el present i el futur dels habitants de la metròpoli mediterrània.

Tots els noms de Barcelona és un viatge pel misteri, la llegenda i la història de la ciutat. Cada nom és una època, i cada època batega plena dels noms dels seus protagonistes. Barkeno, Bàrcino, Madinat Barshiluna, Barchinona i, finalment, la Barcelona dels nostres dies.

Una llegenda que esdevindrà la font de la immortalitat i que farà descobrir al lector la vida quotidiana, les olors i fins i tot el tacte de cada pedra, cada racó i cada habitant d’una ciutat eterna.

David Izquierdo Salas (Barcelona, 1978) és llicenciat en periodisme i des de fa més d’una dècada  treballa als informatius de TV3, Televisió de Catalunya. Ha treballat també a la ràdio, com a guionista i locutor, i compagina la seva feina de periodista amb la d’escriptor. Tots els noms de Barcelona és la primera de les seves novel·les que surt a la llum pública.

Per tots aquells que gaudiu de la història, dels espais i de les llegendes de la ciutat de Barcelona, l’editorial Stoker Books està preparant un servei de visites guiades per conèixer més a fons les localitzacions on s’ambienta la novel•la.

Per obtindre informació del llocs de venda del llibre i més dades sobre la novel·la, dirigeix-te a:

http://www.totselsnomsdebarcelona.com/
http://www.facebook.com/totselsnomsdebarcelona
http://totselsnomsdebarcelona.blogspot.com.es/

Títol: Tots els noms de Barcelona
Autor: David Izquierdo Salas
Editorial: Stoker Books
Pàgines: 640
Any d’edició: 2012
Idioma: català
Format: tapa dura
ISBN: 978-84-939941-0-5
Preu: 25,85 €

Crítica literaria: La muerte de Germánico, de David Wishart, ed. Alamut.

¿Qué hubo detrás de la muerte de Germánico el 10 de octubre del año 19 d.C.? ¿Existieron motivos políticos que provocaran su enfermedad y su posterior fallecimiento en Antioquía? ¿Tuvieron que ver algo en ella Livia, el emperador Tiberio, Sejano, su mano derecha y Calpurnio Pisón, el gobernador de la provincia de Siria? La editorial Alamut nos presenta una nueva aventura detectivesca de ficción protagonizada por Marco Corvino, una investigación en el corazón del poder imperial romano narrada con sentido del humor y con la desacomplejada y sugerente pluma de David Wishart.

Es un ejercicio refrescante el hecho de volverse a topar con el descaro y la osadía del joven patricio Corvino, en una nueva indagación que trata en esta segunda ocasión de la prematura muerte de Germánico, una de las figuras políticas más admiradas en la Roma de los primeros Julio-Claudios, y un acontecimiento que conmovió a la opinión pública de aquel entonces, y no era para menos, ya que Germánico se perfilaba como el sucesor «impuesto» del emperador Tiberio

Todo comienza poco más o menos donde se había acabado en la primera entrega de la serie. Livia, la viuda de Augusto y madre del emperador Tiberio, sorprendida y satisfecha por la competente indagación que el joven Corvino realizó en torno al desastre militar de Varo en Germania (9 d.C.), le encarga de forma extraoficial la investigación del reciente fallecimiento de Germánico en Siria, una muerte extraña y mucho más que oportuna del heredero del trono imperial, rodeada de secretos y acusaciones que pueden comprometer no tan solo a las autoridades provinciales, sino a la figura del propio emperador, a Sejano su «malvada» mano derecha  e incluso a la familia imperial.

Para ello Corvino iniciará sus pesquisas en Roma, ayudado por sus contactos en los bajos fondos de la ciudad. Si bien la concatenación de hipótesis, muertes y probabilidades le dirigirán hacia la provincia de Siria y a la extraña conducta allí de las autoridades provinciales. Un periplo de «investigación» que le encaminará a la posible resolución del caso…

Wishart nos presenta una nueva aventura detectivesca ambientada en la Roma clásica donde la política vuelve a estar muy presente, y en la cual nos vuelve a mostrar su amplio conocimiento pericial de la época escanciado con un amplio e incisivo sentido del humor. En esta ocasión Wishart ha escogido otro de los enigmas históricos que rodean la inicial historia del Imperio romano, acaecido durante el gobierno del emperador Tiberio y que no es otro que el de la muerte de Germánico, designado por Augusto heredero de Tiberio, y que marcó no tan solo el porvenir de la dinastía Julio-Claudia, sino también la política imperial. En este aspecto se ha de destacar lo voluntarioso de la intentona de Wishart, pues, como en el caso de la aventura anterior, los asuntos sobre los que hipotetiza (en forma de ficción, claro está) no han permitido a los historiadores llegar a un consenso sobre qué es verdaderamente lo que aconteció y qué motivó, sino fue la naturaleza misma, la muerte de Germánico. Un espacio «en blanco» que representan un verdadero filón narrativo para alguien como Wishart, que se mueve como pez en el agua incorporando ingenio e imaginación a los magros datos históricos conocidos al respecto.

Para ello tendremos de nuevo que estar muy atentos tanto a los personajes como a su posición en el engranaje político y administrativo del Imperio. Pero tranquilos, porque la afilada e implacable pluma del autor nos da toda clase de alivios y desahogos: una magnífica y efectiva ambientación de la historia en la que asistiremos a las cenas de la aristocracia de más alto copete, acompañaremos a Corvino y a Perila, ya su mujer en esta segunda entrega, en la investigación y nos internaremos en la vida cotidiana de la capital del imperio. En este episodio, viajaremos, además hacia Oriente, un hecho muy habitual en las novelas «de género», visitando la provincia de Siria, el centro neurálgico de la organización militar defensiva de Roma en el este amenazado por los partos, y el lugar donde se produjo la muerte de Germánico, sin duda el mejor sitio para intentar descubrir qué es lo que verdaderamente ocurrió ¿no creen?

La propuesta de Wishart es toda una aventura para aquellos a los que les gusta la novela negra arropada en el género de la novela histórica. Aunque como ya saben Corvino no es un investigador a la usanza, ya que su actitud de joven patricio rebelde, su constante ingesta de vino y su peculiar comportamiento, hacen que la trama principal, una «investigación criminal» enmarcada en los entresijos del poder imperial romano, se convierta en una obra de humor continuo y afilado, con un destacable ritmo narrativo que nos relata el día a día de la época.

La muerte de Germánico es, así, un buen ejercicio de inmersión (novelística, esto hay que tenerlo en cuenta) en un pasado histórico enfocado de una forma amena y divertida, a la vez que mantiene la templanza histórica (el «sentido de la historia» que defendía Anthony Mann) que permite al lector, sea éste quien sea, disfrutar de una aventura ambientada en el pasado y acercarse a él sin la rigurosidad de las estatuas de piedra y los monumentos literarios que tanto han ensalzado la figura de Roma y la de sus protagonistas, ya sea para bien o para mal.

Título: La muerte de Germánico
Autor: David Wishart
Colección: Serie Histórica
Encuadernación: Cartoné con sobrecubierta / 15,5 x 23
Páginas: 320
PVP: 23,95 euros
Fecha de publicación: 11 de octubre de 2011
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Entrevista: Jorge Díaz, autor de la novela La justicia de los Errantes.

En el último mes se han presentado una gran cantidad de novedades literarias. Una de ellas es La justicia de los Errantes, una excelente novela protagonizada por Francisco Ascaso y Buenaventura Durruti, líderes anarquistas que en la década de 1920 estaban al frente del grupo armado los Solidarios, una obra de ficción con trasfondo histórico que llevará a sus protagonistas a América Latina, al mismo tiempo que son perseguidos por un policía sanguinario. En estos días de intensa promoción, su autor, Jorge Díaz, aceptó conversar unos minutos con Culturalia sobre su novela, una charla sobre historia y literatura en la que derrochó grandes dosis de simpatía.

La Guerra Civil es un tema recurrente en novelas y películas, pero los años veinte, claves en el estallido del conflicto, han pasado más desapercibidos. ¿Qué te hizo escoger esos años para ambientar tu libro? ¿Cuándo surge la idea?

Creo que la Guerra Civil es un tema muy utilizado porque debemos escribir sobre los momentos en los que las cosas no funcionan. Yo he sido guionista de Hospital Central y, si el paciente llega, le diagnostican una apendicitis, se la operan y se marcha a casa ya no hay historia, así que tienes que escribir desde el momento en el que no le diagnostican la apendicitis, le diagnostican otra enfermedad y se muere. Y ahí ya tienes la historia. Siempre hay que buscar la “antihistoria”, el momento en el que nada funciona. Y en España tenemos un acontecimiento tan grande como la Guerra Civil, en el que nada funciona, que tapa todo lo demás; pero desgraciadamente tenemos muchísimas más épocas en las que nada funciona, momentos que no llaman tanto la atención, y yo me he limitado a escoger una época atractiva para mí, esos años veinte convulsos en los que no se sabe si el rey Alfonso XIII quería ser Mussolini y tener un gobierno militar o no, o prefería una democracia falsa, acabamos en una República,… Aquellos años a mí me llamaban mucho la atención.

¿Te has sentido cómodo escribiendo un relato protagonizado por personajes históricos?

Sí, me he sentido muy cómodo porque he escogido un momento en que los personajes históricos no estaban tan documentados: prácticamente se sabe todo de la vida de Durruti, excepto ese año y medio que estuvo por Sudamérica. He estado arropado por unos personajes que existían y que se conocían, Durruti y Ascaso, pero están situados en una época menos conocida que me daba más libertad para ficcionar.

¿Por qué elegiste a Francisco Ascaso como protagonista, y no a Buenaventura Durruti, sin duda una figura más conocida?

Porque a Durruti le conoce mucho todo el mundo, el lector ya tiene una imagen muy formada de él. ¿Os imagináis a Durruti ligando con una cubana? Yo no. Por otro lado tenía al otro personaje (Ascaso) que no conocemos tanto y a quién podía dar más humanidad; era igual de importante, menos famoso, la gente lo conoce menos, y eso me permitía ser más libre con él. ¿Qué me impide ponerlo a ligar con una cubana? Nada, mientras que Durruti era un hombre preocupado sólo por la revolución, más idealizado, y por eso tenía más posibilidades de que nadie dijera nada usando a Ascaso.

Francisco Ascaso y Buenaventura Durruti hacían una pareja muy novelesca: el primero era más analítico y precavido, el segundo más carismático, impulsivo y con mayor capacidad de liderazgo; en definitiva el uno complementaba al otro. ¿La vida de ambos merecía ser convertida en novela?

Yo evidentemente lo creo porque la he escrito. A parte de su actividad revolucionaria Durruti era un personaje muy expansivo: era muy alto, para su época era un gigante, en cuanto llegaba a un sitio se veía que él había entrado, y por la calle todo el mundo sabía que ése que iba un palmo más arriba que los demás era Durruti; además, parece ser que tenía una simpatía desbordante, todo el mundo le conocía, le saludaba, etc. Y a su lado hay un personaje como Ascaso, mucho más apagado pero igual de importante. Aunque los periódicos los llamaran “La banda de Durruti” ellos dos tenían la misma importancia. Así, me encuentro con un personaje que ha renunciado a una parte de la fama por una amistad y unos objetivos (los Solidarios, los Errantes, la revolución, la CNT, la FAI,…); no son objetivos personales, sino que se han dado cuenta (me lo invento) que uno es el que piensa a qué hora se entra en el banco y el otro el que entra con la pistola en el banco, son complementarios pero en función de algo: del Anarquismo. Y por eso me parecía una amistad muy importante y muy literaria, y, además, si hubieran sido americanos los conocería todo el mundo. En su momento eran mucho más famosos que Sacco y Vanzetti, anarquistas italianos muertos en Estados Unidos, mientras que Durruti y Ascaso sólo son un leonés y un tipo de Almudévar (Huesca) pasados por Barcelona. Al final, Sacco y Vanzetti son más famosos que ellos cuando en su tiempo no lo eran, y tienen una película. Y éstos tendrán una película, yo voy a hacer justicia (risas).

Portada del libro

Francisco Ascaso es el protagonista de La justicia de los Errantes, pero Ernesto Valenzuela, su antagonista, es casi tan importante como él. Valenzuela es un tipo violento, sanguinario, dominado por el odio. ¿Su personaje es fruto de la imaginación o te has documentado en algún caso real? ¿Crees que, en esos días convulsos, existían policías como él?

El malo es muy importante porque el malo es quien te da el nivel del bueno: si el malo es tonto, el bueno lo tiene muy fácil. Así, cuanto mejor sea el malo, más complicado lo tiene el bueno y más mérito tiene superarle. Por eso para mí el malo es importantísimo, y creo que Valenzuela, fruto absolutamente de mi imaginación, es un malo de los buenos, por eso en la novela tiene tanta importancia como Durruti y Ascaso, ellos son los tres grandes protagonistas de esta historia.

La novela se centra en el periplo americano (La Habana, México, Chile, Argentina) de los dos líderes de los Solidarios (que acabarían siendo los Errantes). ¿Por qué te centraste en ese período? La situación del país en tiempos de Primo de Rivera también hubiera sido interesante, con las calles sufriendo las batallas entre pistoleros de los Solidarios y los fascistas del Sindicato Libre.

Previamente uno se plantea por dónde empezar: de todas las novelas que se pueden hacer de cada caso tienes que escoger una. Los pistoleros de Barcelona eran importantes, pero también venían de atrás, el barón de Koenig y todo eso, y tenía que escoger el momento en el que os protagonistas empiezan a ser ellos: ya han asesinado a Salvador Seguí (El Noi del Sucre), ya se ha producido el atentado contra Eduardo Dato, años atrás sucedieron los hechos de la Semana Trágica, así que éste es el momento en que ellos pasan a tener adversarios superiores; han echado a Martínez Anido del gobierno militar de Barcelona, pero triunfa Primo de Rivera y lo pone de ministro, y su obsesión es acabar con ellos. Hasta ese momento los Solidarios estaban crecidos, por primera vez en la historia se había matado a un arzobispo en España, y ellos piensan que ya han vencido en su guerra, pero ahora su adversario será más importante. Por eso me gustaba ese momento, el de la muerte de Soldevila, me parecía muy literario empezar por ahí.

Afirmas que ésta no es una novela histórica, a pesar de estar repleta de nombres y situaciones reales. ¿No te gustan las etiquetas?

No me gustan, yo creo que las novelas tienen que ser buenas o malas. Entiendo que la novela histórica es aquélla en la que los personajes inciden sobre la Historia. Por ejemplo: yo puedo iniciar una novela histórica e inventarme una amante de Hitler, y que esa amante incida en el hecho que se perdiera la Segunda Guerra Mundial. Para mí eso es novela histórica. La mía simplemente es una novela ambientada en otra época, pero una novela al fin y al cabo. Quizás estoy equivocado con mi definición, pero la mía tan sólo es una novela ambientada en 1920.

Intuyo un enorme esfuerzo de documentación. ¿Fue un proceso muy largo? Explícanos cómo fue ese proceso.

Yo he descubierto que la documentación es lo que más me gusta. Después de mi primera novela (para la que me fui un año a Brasil, y así es fácil que te guste la documentación) descubrí que escojo los temas de las novelas en función de lo que me apetece saber. Es decir, si tú quieres saber ahora mismo algo sobre el descubrimiento de América, lo mejor es escribir una novela porque leerás toda la información que exista. Me gusta mucho, y por lo tanto es llevadero. Además, tenemos una maravilla que es la Biblioteca Nacional donde hay de todo, cuando estás interesado en algún tema es tan fascinante ir tirando de un libro, y ver que nombra otro en el pie de página y pedirlo,… Puedes invertir muchas mañanas en la Biblioteca Nacional, de un libro a otro, y luego otro, y de un pie de página sacas otro libro,… A mí este proceso me divierte mucho, me gusta convertirme en un ratón de biblioteca. Casi es más divertido eso que escribir luego, aunque escribir también es muy divertido si te gusta, el que sufra no, pero no es mi caso, si a mí me costara no lo haría.

De La justicia de los Errantes se ha dicho que es una “apasionante novela”, un relato “tan de aventuras que parece irreal”, una “novela impecable desde el punto de vista técnico”, un libro de “ritmo vertiginoso”. ¿Esperabas que tuviera tan buen recibimiento?

Aunque no quiero pecar de inmodestia, sí que me esperaba este recibimiento por parte de la crítica. En este aspecto estoy muy mal acostumbrado. Ya me pasó con la primera novela…. Tengo una mala crítica y no la comento, porque me parece injusta.

Los Solidarios: Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti, Gregorio Jover

¿Qué fue más complicado: reconstruir la personalidad de figuras históricas (como Ascaso o Martínez Anido, ministro de gobernación de Primo de Rivera), o inventar personajes que pudieran pasar por reales (como Valenzuela o Paz Vidal)?

Inventar personajes que puedan pasar por reales ha sido siempre mi trabajo, ya sea para una serie de televisión o para una novela. A mí me gusta llevar a los personajes históricos al límite, conseguir que situaciones o escenas que me he inventado sean creíbles para el lector o el espectador. Poder crear una situación que nunca existió, que no es real, y hacérsela protagonizar a dos personajes que sí existieron de verdad y conseguir que el lector se la crea. Eso es, para mí, muy divertido. Lo otro, crear personajes de ficción que parezcan reales es mi trabajo, o eres capaz de hacerlo o no acabas la novela.

En tus dos novelas el marco geográfico se sitúa en América latina (Brasil en Los números del elefante; Cuba, México, Chile y Argentina en La justicia de los Errantes). ¿Un territorio inmejorable para situar la acción de una novela?

A mí me gusta mucho y además así, si me hacen viajar, puedo ir a sitios que me gustan (risas). Además, siempre que viajas a América Latina ves tantas cosas nuestras que te parece mentira. ¡Son más españoles que nosotros! Me gusta además la idea de «territorio ignoto», el personaje que llega a un sitio en el que nunca ha estado pero que se parece mucho a lo que conoce.

Como has comentado en algún otro medio, tus protagonistas «no dejan de ser terroristas», si bien «actúan con honestidad». ¿Algo impensable en la actualidad?

Yo creo que el Anarquismo es una ideología de la primera mitad del siglo XX y que la segunda mitad del siglo XX, o este comienzo de siglo XXI, presentan circunstancias distintas, por lo que tienen que presentar ideologías distintas. No se pueden juzgar los hechos actuales con criterios de hace un siglo, y tampoco se pueden aplicar soluciones del siglo XIX a problemas del siglo XXI, ni podemos juzgar acontecimientos de entonces ahora. Yo creo que Ascaso y Durruti eran terroristas, de eso no cabe ninguna duda. Si ellos fueran personas que estuvieran actuando en la actualidad, no podríamos tener la condescendencia que tenemos. Por otra parte, la mía es una visión literaria, nada más.

La justicia de los Errantes es una novela muy cinematográfica. ¿Te gustaría que se convirtiera en una película? ¿Imaginas algún actor encarnando a Ascaso, Valenzuela y Durruti?

Siempre me preguntan qué actores podrían encarnar a Ascaso y Durruti en una película, pero siempre me lo dan hecho, y siempre me dicen que Javier Bardem estaría estupendo como Durruti. Yo creo que sí.

¿Serías capaz de hacer el guión de la película?

No me gustaría, delegaría en otros. A no ser que me llamase Scorsese y me hiciera una oferta irrenunciable… No, creo que las historias las cuentas una vez y ya está. Estoy seguro que otro guionista aportaría una visión diferente y mucho más enriquecedora. Seguramente el guión no lo haría yo, pero todo puede ser.

Eres también guionista de series de televisión como MIR, 7 Días al desnudo u Hospital Central. ¿En qué medio te sientes más a gusto?

Hasta ahora la televisión es mi trabajo y la novela es mi hobby. Te diviertes mucho más con los hobbies que con el trabajo del día a día, por lo que disfruto mucho más escribiendo novelas. Aunque tengo mucha más experiencia en televisión, pero bueno intentaré arreglarlo (risas).

Fotografías no conocidas de la Sûreté de Juan García Oliver, Buenaventura Durruti y Francisco Ascaso. Centro de Archivos Contemporáneos Fontainebleau

Guionista, escritor, ¿son experiencias similares? ¿Existen muchas diferencias entre crear escenas literarias y escenas audiovisuales?

A mí no me parecen tareas muy diferentes, aunque esa puede ser una de las críticas que me hagan, que la novela tenga un formato muy televisivo. Pero bueno, a mí eso me parece que es bueno. En los agradecimientos del libro aparecen personas que son tanto novelistas como guionistas y especifico «guionistas unos, novelistas otros, escritores todos». Creo que en el fondo no dejamos de ser gente que escribe con una técnica o con otra. Aunque, claro, de esto están muy orgullosos los guionistas y menos los novelistas, que son como la aristocracia de la escritura. Pero yo creo que es un poco igual.

Ésta es tu segunda novela. Supongo que ya tendrás pensada una tercera. ¿Puedes avanzarnos algo? ¿Tendrá un trasfondo histórico?

Estoy pensando en una nueva novela, aunque todavía no la tengo completamente definida. Lo que sí os puedo contar es que ahora mismo todo lo que no leo por placer tiene que ver con el final del franquismo. Probablemente mi tercera novela estará ambientada en ese periodo y probablemente esté ambientada dentro del régimen, o sea, el final del franquismo desde dentro, no desde fuera, que es lo que siempre se cuenta. Ahora bien, ¿qué significa esto? Pues nada, o sea, simplemente que mi interior ahora mismo está dirigiéndose hacia allí, que estoy leyendo cosas en este sentido, pero que a lo mejor dentro de quince días cambio de opinión y os encontráis con una novela de pieles rojas, pero vamos, me parece que mi próximo proyecto literario estará ambientado en la España del año 73, aunque de momento no es nada definitivo.

El día de Sant Jordi/Día del libro, Jorge Díaz firmará ejemplares de La justicia de los Errantes en Alcalá de Henares.

Jorge Diaz colabora en el blog Culturamas.

Título: La justicia de los Errantes
Autor: Jorge Díaz
Editorial: PLAZA & JANÉS
Páginas: 464 páginas
Fecha de publicación: Marzo 2012
ISBN: 9788401352270
Precio: 19,90 €
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Entrevista realizada por: Robert Martínez Colomé y Jorge Pisa Sánchez

Crítica literaria: Gala Placidia, Reina de los bárbaros, de Rufino Fernández.

En octubre del año 2010 la editorial Edhasa publicó Gala Placidia, Reina de los bárbaros, la tercera novela del escritor Rufino Fernández (la segunda en el género de la novela histórica). Si en su primera novela histórica Fernández nos trasladaba al gran conflicto militar que se produjo entre cartagineses y romanos a finales del siglo III a.C., en su nueva novela el autor nos permite ser testigos de uno de los momentos que, por sus consecuencias políticas, es uno de los de mayor trascendencia para la historia de Occidente: los años de crisis, decadencia y posterior desaparición, al menos en su parte Occidental, del Imperio romano.

Fernández ha escogido para retratar literariamente este período a la emperatriz Gala Placidia (392-450 d.C.) una de las figuras políticas más fascinantes y con mayor ambición del Imperio romano del siglo V d.C. Aún así, y aunque pueda parecer una contradicción, podríamos decir que Placidia no es, ni mucho menos, el personaje central a partir del cual Fernández crea su novela. La obra está organizada como un relato de múltiples entradas narradas desde el punto de vista de diferentes personajes históricos que junto a Placidia protagonizaron la historia de aquellos «años decisivos» y en las que hallamos a Honorio, hermano de Placidia y emperador de Occidente; a su consejero Olimpio; al general Estilicón y a su esposa Serena, prima y rival de Placidia; a los visigodos Alarico, Saro y Ataulfo; a Pulqueria, la hermana de Teodosio II, el emperador de la parte oriental…

Fernández ha decidido, de esta forma, construir una narración coral, desde múltiples puntos de vista, para darnos una visión mucho más global de la historia de un periodo que, aunque menospreciado por muchos, representó una época clave para el futuro.

Una vez dicho esto, hablemos un poco de la trama. Gala Placidia. Reina de los bárbaros, como decía antes, nos ubica en el período de años que va del 401 al 415 d.C. El Imperio romano se ha recuperado de la crisis visigoda acaecida tras la gran derrota del ejército oriental a manos de los visigodos en Adrianópolis, en el año 378, gracias, en gran medida a la actividad y al pragmatismo del emperador Teodosio. Tras la muerte del gran emperador son ahora sus hijos, Honorio en Occidente y Arcadio en Oriente, los que gobiernan las dos partes del imperio.

Aunque no todos están de acuerdo con esta repartición del poder. Gala Placidia, sin duda alguna la más dotada de los hijos de Teodosio pero relegada a un simple papel «decorativo» por su condición femenina, ha aspirado desde pequeña a alcanzar la púrpura imperial. Si bien Placidia no es la única que aspira al poder. Serena, la mujer de Estilicón, el hombre fuerte de Roma, pretende hacer recaer el poder si no en su marido si en su hijo Eucherio, miembro como ella de la dinastía imperial.

Toda esta lucha por el poder imperial se lleva a cabo en un ambiente atenazado por la amenaza germánica. Desde que penetraron en territorio romano los visigodos, y a su frente el rey Alarico, han llevado a cabo una política de continuo chantaje a la autoridad imperial, actividad que está acompañada, también, por la voluntad si no de ejercer directamente el poder en Roma (o mejor dicho, en Ravena) realizarlo de una forma indirecta, y basada en la fuerza y la intimidación generada por sus violentos guerreros.

Es por tanto la novela de Rufino Fernández una historia que nos habla del poder en una época, el Imperio romano tardío, en la que toda la autoridad estaba concentrada en la persona del emperador y en su camarilla. Una novela de ambiciones y pretensiones políticas en las que acostumbraban a estar implicados un número nada despreciable de los personajes de la corte y de la familia imperial.

Rufino crea un ambiente típico para su novela, en el sentido de la imagen que desde nuestra época se ha tenido y se tiene de aquella centuria en la que despareció el poder romano en Occidente. Una visión de corrupción e inmoralidad que afectaba a los más altos estratos de la política y, también, de la Iglesia, en estos momentos una fiel aliada del poder. Un ejemplo claro de esto lo representan las páginas dedicadas por Fernández al emperador Honorio y a su principal consejero Olimpio, en las que la malicia y la crueldad están siempre presentes.

Aún así, la novela nos transporta a una época de cambio y a unos años donde todo estaba en continua transformación, como era el caso del debilitamiento del poder imperial; la acumulación de poder en manos de la Iglesia, la progresiva instalación de los germanos en suelo imperial… aspectos que nos irán dirigiendo cada vez más al mundo medieval. Es en este marco que Rufino nos relata la vida y las ambiciones de Gala Placida, hija de emperador, hermana de emperador y madre de emperador, una protagonista algo insólita si tenemos en cuenta que en la época en concreto el papel de la mujer en la vida pública era poco más que testimonial.

Rufino nos presenta a una Placidia, joven y ansiosa por alcanzar lo que creía que le pertenecía por herencia. De esta forma su lucha se desplegará en varios frentes: ante la autoridad y la indiferencia de su hermano Honorio y de su secuaz Olimpio; en la competencia con su prima Serena o en sus relaciones con los visigodos, un hecho, este último, que sobre todo marcará la parte final de la novela. Ya que, como sabemos, Gala Placidia fue capturada por los visigodos de Alarico durante el famoso saqueo de la ciudad de Roma en el año 410, hecho que propicio el acercamiento entre Gala y Ataulfo, sucesor de Alarico. La novela, pues, no solo analiza el mundo romano del momento, sino que también nos transporta al mundo germano al que Gala se vio reducida durante algunos años. Un marco histórico, sin duda, al que no estamos acostumbrados en la novela histórica, y menos en el marco de la novela histórica hispana.

Rufino Fernández nos ofrece un fresco histórico plagado de tópicos y de imágenes clásicas. En su relato la violencia está muy presente, y sorprende el detallismo que el autor utiliza a la hora de describir los actos de sangre, muy presentes en la política y en el día a día de la época. Un hecho que sin duda diferencia su libro de la multitud de novelas históricas que no son tan preciosistas en este aspecto.

Otro de los elementos que individualiza la obra es la descripción del saqueo de Roma por parte de los visigodos en el año 410, un episodio histórico del cual nunca había sido testigo en formato literario el que estas líneas escribe. Todo un gustazo si bien el relato de este acontecimiento histórico está muy centrado en la búsqueda y el rapto de Placidia, por lo que pierde la fuerza política, emotiva y simbólica que el hecho tuvo, incluso, en la época.

Como le decía, Gala Placidia, Reina de los bárbaros es un relato histórico en el que tienen un gran peso la política y las ambiciones políticas, en la que también estará presente, aunque de forma secundaria (y sin demasiado sentido, si me permiten la opinión) la parte oriental del Imperio romano, aquella que se centraba en la ciudad de Constantinopla y que, con el tiempo, llegaríamos a conocer como Imperio bizantino. La novela es un auténtico placer para aquellos que gozamos con el relato político de la historia, sea de la época que sea, y que disfrutamos visitando los grandes hechos políticos y a los grandes personajes que dirigen, con la batuta de sus sentimientos, sus ambiciones y sus actuaciones, los destinos de la mayoría. Si es usted uno de ellos no dude, hágase con un ejemplar de la novela y sumérjase de pleno en el siglo V d.C., y conozca de primera mano, aunque sea un relato de ficción, la historia de una mujer que marcaría, sin duda, el destino de un Imperio.


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Título:
Gala Placidia. Reina de los bárbaros
Autor: Rufino Fernández
Editorial: Edhasa
ISBN: 9788435062091
Formato: Tapa dura / 15 x 23 cm
Número de páginas: 576
Precio: 25 €
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Crítica literaria: Los guardianes de la luz, de Rosemary Sutcliff.


Gracias al estreno del film La legión del águila el mes de abril del año pasado y la reedición, por parte de la editorial Plataforma, de la novela El águila de la novena legión, de Rosemary Sutcliff, en la cual se basa la película, Blog Culturalia ha podido iniciar y finalizar un viaje de análisis a través del mundo de ficción histórica creado por la autora inglesa en los años 50 del siglo XX. Un viaje que repasa, a través de las peripecias de la familia Aquila, la historia de Britania desde el siglo II al V d.C. y que revive, en forma de ficción histórica, la conquista y la dominación romana de la isla.

Esta tercera entrega de la saga, titulada Los guardianes de la luz, publicada originalmente en el año 1959 (y editada en español por Plataforma editorial también en el año 2011), posee un alto grado de finalización en lo que respecta al mundo romano establecido en la isla y tiene un acentuado carácter de inicio en relación a la fase medieval de la historia de las islas británicas.

Nos hemos de situar, pues, a mediados del siglo V d.C., cuando, debido a la crítica situación política que atravesaba el Imperio romano, el todopoderoso general Aecio decide retirar las últimas tropas romanas presentes en Britania ubicadas en la costa este, en el fuerte de Rutupiae, dejando, de esta forma, a la isla indefensa ante los ataques de los pueblos germánicos (anglos, jutos y sajones), que iniciarán el saqueo y la conquista del territorio britano.

Marco Flavio Aquila, decurión de la caballería romana de origen britano optará, ante la marcha de las águilas, por la deserción y por permanecer en la isla, junto a su familia, su padre y su hermana Flavia, y hacer frente a la invasión y a la inminente destrucción sajona. Ésta no se hará esperar y traerá la desgracia a la familia Aquila. El ataque germano acabará con la villa familiar, la muerte de su padre y el rapto de su hermana por parte de los sajones.

Aquila sobrevive al ataque germano para ser esclavizado por un joven juto, que lo llevará a tierras escandinavas donde servirá como esclavo. El destino, sin embargo, permitirá a Aquila volver a tierras britanas, donde podrá escapar y ponerse en contacto con las fuerzas de Ambrosio Aureliano, el líder celto-romano que capitaneará la resistencia frente a la invasión germana.

Sutcliff nos sitúa, literariamente hablando, en el cierre del periodo de dominación romana sobre la Britania antigua y nos ubica en un nuevo comienzo, el de la historia medieval de la isla, que la autora había escuchado tantas veces narrar a su madre. Un mundo donde la leyenda, la fábula y el heroísmo estarán muy presentes, no en vano nos adentramos en la época en la que se ambientan las leyendas del Rey Arturo y sus caballeros, presentes también en esta novela, si bien de una forma bastante más «realista» a la que estamos acostumbrados.

La autora, como decía, se zambulle en este ambiente de decadencia y de crisis política del poderío romano para concebir, seguramente, algunas de las escenas más emotivas de toda la saga. La primera es la de la deserción del propio Aquila, con el faro de Rutupiae y la marcha de las galeras romanas como símbolo final de la dominación romana y como leitmotiv que reaparecerá a lo largo de la novela. Toda una escena que nos sitúa rápidamente en lo que va a ser la trama histórica y que nos muestra el terror, las emociones y la fidelidad que Flavio mantiene no solo con su patria sino también con su familia. Una brecha que prefigura de alguna forma la rotura política entre la isla británica y el poderío romano continental.

La segunda, un poco menos verídica según mi opinión, es la llegada de los grupos de saqueadores sajones a la villa familiar de los Aquila, que acaba de poner fin al mundo romano que había desarrollado Sutcliff en sus dos novelas anteriores y que nos muestra claramente la brutalidad y la irracionalidad de la nueva época que se abría paso en la isla. Una visión muy propia de los autores y del público, de la primera mitad del siglo XX, y si me apuran, también en la actualidad.

Los guardianes de la luz se convierte en un episodio literario más que nos describe la historia de la Britania romana. La meta de Sutcliff, sin embargo, no era nada fácil, no solo por la falta de información histórica a la que pudo tener acceso la escritora, sino por la «legendarización» de todo el periodo de la mano, como he indicado anteriormente, de las leyendas artúricas y de la universalización de la figura del rey Arturo, que hemos de ubicar, más o menos, en esta época. Aún así Sutcliff opta, como ya hiciera en los dos volúmenes anteriores de la trilogía, por un ambiente mucho más histórico del que estamos acostumbrados. La autora nos relata la llegada de los sajones y su asentamiento en la isla y los esfuerzos de los britanos, los descendientes de la tradición romana, por defender su territorio. Es aquí donde aparecen personajes como Ambrosio Aureliano y Vortigern, dos caudillos britanos de época post-romana; Hengest, el cabecilla sajón que liderará la acometida germana en tierras britanas; e incluso Artos, personaje este último que prefigura al legendario rey Arturo.

Los guardianes de la luz, título que hace una clara referencia a la resistencia britana, es una novela de lucha y de supervivencia, que nos narra el choque «literario» entre dos mundos diferentes, la tradición britano-romana y la nueva realidad que representaban los invasores germanos, en la novela principalmente sajones, y que con el tiempo daría forma a la Inglaterra medieval.

Rosemary Sutcliff, la autora.

El espacio delimitado por la autora es el de un mundo en descomposición, el romano-britano, que ha de unirse para luchar contra los salvajes e inhumanos sajones. El marco es el que ya conocemos de la saga: una historia donde un joven miembro de la familia Aquila, en este caso Flavio, militar de profesión, es el protagonista, y de cómo, a través de su experiencia se materializa la transformación de la isla y de su historia. Flavio, tras la pérdida de su familia, de su lealtad (a las águilas romanas) y de su libertad a manos de los sajones, hallará la esperanza en la figura del líder britano-romano Ambrosio, donde residirá el futuro de los aterrorizados britanos. Una clara referencia a la transmutación de la identidad de la isla.

La tercera parte de la saga la podríamos considerar, también como en el caso de las dos entregas anteriores, como ejemplo de las novelas juveniles aptas, claro está, para todos los públicos. En ella estará presente la violencia, los valores, el compromiso y la esperanza, aunque se hallan ausentes las emociones amorosas, un hecho que sorprende ya que es en esta tercera novela donde por primera vez el protagonista mantiene una relación sentimental (en algunos tramos una relación de amor/odio) con una joven celta llamada Ness, hija de un caudillo britano. Aún así, el componente más afectivo de la relación está ausente, algo que podemos entender en base al público (juvenil) al que estaba dedicada la obra, y a la experiencia vital de la autora, la cual, debido a la enfermedad de carácter artrítico que sufrió desde muy joven, se vio pronto reducida a una silla de ruedas. Sutcliff no se casó nunca y no tuvo hijos, hecho que ayuda a explicar, en parte, esa ausencia de contenido sentimental y emotivo en sus obras, algo que no impidió que sus novelas triunfaran, no solo en su país sino también en el extranjero.

Los guardianes de la luz es una obra que nos permite echar un vistazo, en clave de «aventura» histórica, a un mundo convulso, donde el lector se verá reclutado por parte de las escasas y desprovistas huestes britanas y donde seguiremos los pasos de Flavio y de los nuevos referentes históricos de la isla, ya sea el líder britano Ambrosio o su gran oponente Vortigern, cuya malicia nos será mostrada ya desde muy pronto a través de su alianza con las bandas de guerreros sajones, que traerán la muerte y la destrucción al territorio britano.

La autora mantiene a lo largo de toda la novela el estilo grato, entretenido y emotivo, al que ya nos tiene acostumbrados en la saga y se nota que nos explica una historia muy querida por ella. Una historia que posee un marco en el que la decadencia está muy presente: la decadencia del poder romano o la decadencia de la romanidad, que se mostrará plenamente en la escasas descripciones que la autora realiza de las ciudades britano-romanas. En ellas se huele y se nota el declive y la falta de recursos que hacen que los centros urbanos decaigan, que vayan envejeciendo poco a poco. A esto se suma un cambio de escenario. Si en las anteriores novelas las ciudades estaban muy presentes en la trama, en esta tercera entrega siguen existiendo, si bien la acción no se desarrolla en ellas. El relato es más rústico, más agreste, ambientado sobre todo en los asentamientos celtas de carácter más rural. Una perspectiva ésta que, como dije, prefigura una visón más «medievalizante» de la historia.

Los guardianes de la luz es una novela de transición, una novela entre dos mundos, entre el romano y el medieval, una novela que abrió el camino a otras aproximaciones de Sutcliff a la épica medieval de la historia de Britania, que de una forma u otra también tendrían a la familia Aquila como protagonista. Es, en definitiva, un cierre de la autora a unos personajes y a un ambiente muy apreciados por ella. Una buena clausura para una trilogía que hizo las delicias de millones de lectores y que, gracias a Plataforma editorial, hará también, las delicias del público español gracias a su reedición en lengua castellana.

Título: Los guardianes de la luz
Autora: Rosemary Sutcliff
Año de publicación: 2011
Traducción: Ángel Jiménez
Colección: Novela Histórica
Formato: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-15115-03-8
Páginas: 371
Precio: € 19.95
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchgez

Entrevista a José Luis Corral, autor de La prisionera de Roma y El Códice del Peregrino, en Editorial Planeta.

José Luís Corral es uno de los autores españoles actuales de novela histórica más prolífico. Ha publicado novelas ambientadas principalmente en la Edad Media, pero también nos ha hecho viajar literariamente a la Antigüedad y de la Edad Moderna.

José Luis Corral

Corral combina su actividad literaria con su ocupación como catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza. Es autor, asimismo, de libros de divulgación histórica como Historia de la pena de muerte (2004), Breve Historia del Temple (2006) o Una historia de España (2008) y de gran número de artículos de historia en diversas revistas. Además es colaborador habitual en medios de comunicación y revistas de divulgación y ha realizado diversas excavaciones arqueológicas.

Como curiosidad podemos comentar que asesoró a Ridley Scott en la realización, en el año 1992 de la película 1492. La conquista del paraíso.

La entrevista que os presentamos a continuación abarca principalmente sus dos últimas novelas, La prisionera de Roma (2011) ambientada en el siglo III d.C. y con Zenobia de Palmira como principal protagonista, y El Códice del Peregrino (2012), una obra de ficción e intriga histórica y policíaca sobre el robo del Códice Calixtinus en Santiago de Compostela el pasado mes de julio de 2011.

Profesor (catedrático) de historia en la Universidad, autor de una treintena de ensayos y libros de investigación histórica y de un gran número de artículos de historia, y escritor de éxito de novelas históricas… ¿En qué ámbito te encuentras más a gusto?
R: En todos esos trabajos me siento bien, pero cada vez me atrae más la enseñanza directa con los alumnos, utilizando los viejos métodos, ahora un tanto relegados, de la conferencia y el contacto con ellos. Pero escribir novelas me encanta, casi se ha convertido en una necesidad.

El Oriente romano y el siglo III d.C. no son escenarios habituales en la novela histórica más comercial, y menos en el ámbito español. ¿Por qué Zenobia y por qué Palmira?
R: Porque hace cuatro años visité Palmira, en Siria, en compañía de José Calvo Poyato, el gran novelista e historiador español, y me fascinaron las ruinas de esa ciudad del desierto. Recuerdo un amanecer prodigioso en medio de las ruinas que me empujó a escribir “La prisionera de Roma”.

El siglo III d.C. y el periodo de la Anarquía militar quedan muy lejos de los omnipresentes (en el cine, en la televisión, en la literatura, en el teatro…) emperadores Julio-Claudios. Háblanos un poco de tu visión sobre el periodo.
R: Es una época apasionante porque confluyen varias circunstancias extraordinarias: el caos y la crisis en el Imperio, las incursiones bárbaras en todas las provincias, el auge del cristianismo, el declive y decadencia del Imperio… Es una época en la que parecía que Roma se iba a venir abajo pero pese a los augurios contrarios todavía logró resistir dos siglos más. Y además, el siglo III es un vacío literario y de historias, por lo cual el novelista tiene más campo para imaginar.

En la novela, Zenobia nos es mostrada como una mujer exuberante y hermosa pero a la vez culta y con grandes ambiciones políticas. ¿Una excepción en la historia y en una época dominada por hombres?
R: Así es como la describen los pocos textos que hablan de ella. Zenobia debió de ser una mujer extraordinaria, pero al final fue rea de su propia ambición. No obstante, su condición femenina fue en este caso una ventaja, pues su belleza y su decisión deslumbraron a los hombres que la conocieron.

En la novela queda patente un “supuesto” parentesco entre Zenobia y Cleopatra, ¿dos mujeres con un destino parecido?
R: Zenobia ordenó escribir una genealogía en la que se hacía descendiente de la mítica reina de Egipto. Y sí, ambas sucumbieron de una forma similar aunque su historia no es paralela. Cleopatra se unió a Julio César y luego a Marco Antonio y al lado de ambos jefes romanos quiso mantenerse al frente de Egipto. Zenobia luchó contra Roma para crear un imperio nuevo en el que ella sería la soberana, para luego dejarlo a su hijo Wabalato.

Palmira se ubica histórica y geográficamente entre dos grandes mundos, entre dos grandes culturas, entre dos grandes imperios, como lo fueron el romano y el persa. Palmira, y su soberana Zenobia, tienen que vivir, en tu novela, en un frágil equilibrio entre estos dos enemigos, aunque depende, en gran medida, del comercio caravanero entre ellos. ¿Un contexto algo difícil, no?
R: Palmira era la ciudad más rica y opulenta del mundo porque estaba entre los dos imperios más formidables del siglo III, el romano y el persa. Pero a la vez esa fue su perdición. Roma necesitaba el sometimiento de Palmira para mantener asentada la frontera oriental ante los sasánidas, y los persas ambicionaban conquistar Palmira como cabeza de puente para asaltar las posiciones romanas en Siria y la costa del Mediterráneo oriental, y en esa situación, Palmira tenía las de perder.

En la novela hay un importante espacio para el amor: el principal el de Zenobia hacia su ciudad y la pasión amorosa entre ella y su general Giorgios; pero también el enamoramiento de Zabdas por su soberana o la relación entre Kitot y la esclava Yarai; sin embargo en el libro está poco presente la violencia, en un periodo caracterizado por ella. ¿Por qué?
R: En la historia ha habido violencia, pero no todo el tiempo está dominado por la violencia. Los cronistas del mundo antiguo, y de la Edad Media, han resaltado los hechos bélicos y sangrientos sobre todos los demás, y por eso da la impresión de que se vivía inmerso en un mundo en permanente conflicto. Pero los momentos de paz, o al menos de tregua, fueron mucho más abundantes que los de guerra, si no la vida hubiera sido imposible.

Un elemento importante de la novela es la ciudad de Palmira (Tadmor), su ambiente populoso y comercial, sus calles, su población, sus murallas, y el oasis y las palmeras de las que toma su nombre. ¿Una gran ciudad sede de un efímero imperio?
R: Una ciudad que debió de alcanzar los 50.000 habitantes, aunque algunos dan cifras mucho mayores, era en el siglo III una gran ciudad. Su ubicación en la ruta de las caravanas de Mesopotamia a Siria la erigió en un emporio comercial formidable, una meca del comercio y del lujo. En Palmira vivían los mejores comerciantes de su tiempo, allí se servían las mejores comidas y se vestían los más lujosos atuendos. Si pudo poner en pie un imperio, aunque fuera efímero, fue gracias a que el tesoro de que disponían sus soberanos era tan ingente que pudieron reclutar un ejército capaz de hacerle frente a Roma y a Persia.

Numancia (2003) y La prisionera de Roma (2011), dos de tus novelas ambientadas en época romana, están narradas desde el punto de vista de los “enemigos” de Roma (íberos y palmirenos). ¿Te interesa este ángulo desde el que nos relatas la historia?
R: La perspectiva de los derrotados es más interesante que la de los vencedores, y además, los que vencen en la historia ya tienen suficientes cronistas a su servicio para resaltar sus gestas. En mis novelas me interesa mucho el mundo de los sentimientos, porque no suelen tratarse en los libros de Historia. Y los sentimientos de los vencidos son los más emocionantes.

¿Hay algún otro personaje o periodo histórico que te atraiga, que te gustaría tratar, sobre el que pudieras escribir una nueva novela?
R: Soy medievalista, pero me atraen todos los periodos históricos. Publicado ya “El códice del peregrino”, ahora estoy inmerso en una novela sobre el siglo XVI, periodo que nunca he tratado en mis anteriores novelas y que me está fascinando.

En el género de la novela histórica existe, actualmente, un gran número de publicaciones. ¿Es difícil para un autor español sobrevivir en un mercado tan activo y donde los autores internacionales tienen tanto peso?
R: A mí me parece un “milagro” cuando veo alguna novela mía en los anaqueles o sobre las mesas de algunas librerías. En este proceloso mundo de los escritores, nunca se sabe qué libro va a tener éxito, qué autor va a ser del gusto de los lectores, o qué tema va a atrapar al lector. Y además en España suele apreciarse más al autor extranjero que al nacional, y eso que tenemos verdaderos gigantes de la novela histórica europea como el propio Calvo Poyato, Eslava Galán o Maeso de la Torre.

En el año 1992 asesoraste al director Ridley Scott en la realización del film 1492: La conquista del paraíso. ¿Cuál de tus novelas crees que podría adaptarse o tiene un mayor perfil cinematográfico?
Cualquier texto, si cae en manos de un guionista profesional, puede convertirse en el guión para una película. En mi caso, Prodigius compró en 2007 los derechos de mi novela ¡Independencia! para llevarla al cine, y sobre ella elaboró un magnífico guión Michel Gaztambide, pero llegó al crisis económica y se detuvo la producción cuando ya estaban casi todo programado. Yo creo que mi novela El Cid puede ser una película, aunque el precedente de 1961 dirigido por Thomas Mann puede ser un freno, y por supuesto, si hubiera dinero para una gran superproducción, La prisionera de Roma. Pero la más reciente, El códice del peregrino, podría llevarse al cine perfectamente, porque esa novela es en sí un guión cinematográfico.

Si las novelas históricas tienen un público fiel y en continua expansión, las novelas de misterio e intriga histórica como El Códice del Peregrino se han convertido en un elemento importante en las novedades y en las ventas literarias. ¿Cuál crees que es la clave de su éxito?
R: No lo sé, nadie conoce la clave del éxito de una novela. Imagino que en el género de misterio lo que desea la gente es sumergirse en la trama para pasar un  buen rato y olvidar, aunque sea por unas horas, las preocupaciones cotidianas.

En alguno de tus libros has sido más bien crítico con la bibliografía “pseudo-histórica” que explota temáticas como la relacionada con los “misterios de los templarios”. ¿Crees que en las novelas de misterio e intriga histórica se ha de cuidar la veracidad histórica a la hora de desarrollar la trama para no caer en estas “trampas”?
R: Cada autor es libre de escribir lo que quiera, faltaría más, pero el lector merece el máximo respeto, y es ahí donde yo critico a ese tipo de novelas que presentan una pura ficción como si se tratara de hechos reales. Y eso suele ocurrir en algunas novelas que se califican por sus editores de “históricas” pero que no lo son. Para fabular lo inverosímil ya está el género de ciencia ficción, que también tiene una legión de seguidores. Lo que no debe hacerse es confundir y engañar a los lectores.

¿Te sientes a gusto en el género del misterio histórico? ¿Es posible que, tras la publicación de Fulcanelli. El dueño del secreto (2008) y El Códice del Peregrino escribas más novelas de este tipo?
R: También lo hice con Fátima. El enigma de las apariciones (2009), donde invento una trama para intentar dar una explicación racional a los misterios de las apariciones que tuvieron lugar en 1917 en la localidad portuguesa de Fátima. La historia está llena de misterios y de enigmas y no renuncio a seguir con nuevas novelas en esa línea.

Los orígenes del cristianismo y los misterios vinculados con la figura, la vida y las enseñanzas de Jesucristo han generado, últimamente, mucha bibliografía. ¿Por qué crees que en una época tan “moderna” (incluso tan postmoderna) como la nuestra interesan tanto estos temas?
R: Porque el cristianismo ha vivido en una permanente convulsión ya que es una religión fundada por san Pablo sobre un dogma sorprendente y novedoso en la historia de la religiones: el nacimiento de un niño que es el hijo de Dios y a la vez Dios mismo. Ese misterio sí que es insuperable, por eso ha atrapado a tantos seguidores y tantas discusiones.

¿Crees, como historiador, que poseemos una imagen fidedigna de la figura de Jesucristo? ¿O crees que la historia o la Iglesia se han encargado de “distorsionar” la imagen de uno de los personajes que mayor repercusión han tenido en la historia de Occidente? ¿Podemos conocer al auténtico Jesucristo?
R: Nunca podremos llegar comprender por completo la figura de Jesús de Nazaret, porque desde el momento mismo de su muerte todo han sido prejuicios sobre su vida y su obra. Y por ello, el desenfoque ha sido permanente. En estos días estoy pensando en la elaboración de un ensayo en el que acercarme a Jesús como si se tratara de la biografía se h ser humano más, desprovisto del aura divina con la que ha sido rodeado.

Parece que es habitual en este tipo de novela, la presencia de una pareja de investigadores (hombre y mujer) protagonista. Tú la desdoblas en El Códice del Peregrino y tenemos una pareja que lleva a cabo el robo y otra que lo investiga. ¿Esto te permite desarrollar una visión más amplia sobre la sustracción ficticia del Códice?
R: Esas dos parejas me permiten establecer varios diálogos entre ellos y así poder explicar algunas cuestiones de un modo más directo. En el caso de los dos ladrones puedo dejar que hablen de sus sentimientos y sus miedos entre ellos, y en el caso de los policías que se intercambien información y opiniones obre el caso. Creo ese recurso literario da bastante juego.

¿Crees que un nuevo robo como el del Códice Calixtinus es posible? ¿Las medidas de seguridad que protegen muchas de las obras de nuestro patrimonio histórico y artístico son las adecuadas?
R: No sólo pienso que es posible, sino que puede volver a ocurrir en cualquier momento. El robo de obras de arte es un problema a escala mundial. Cada día se roban obras de arte en todo el mundo y España no es una excepción. Además disponemos de un patrimonio extraordinario que requeriría de muchas más medidas de seguridad, y no sólo de alarmas y vigilancia, sino también de educación y cultura.

Intriga, robos, misterio, actualidad, investigación policial, Jerusalén en el siglo I d.C., luchas por el poder en la Edad Media, los restos del apóstol Santiago, ¿Alguno de estos ingredientes temáticos destaca sobre los otros en tu novela?
R: He intentado mezclar todos esos momentos y situaciones y relacionarlos de un modo coherente en la novela. La trama es compleja, pero estoy muy satisfecho con el resultado, y más teniendo en cuenta que la he escrito en cinco meses.

¿Qué crees que puede haber sido del Códice Calixtino en realidad?
R: No lo sé. Pero conforme pasa el tiempo y al ver que el manuscrito no aparece, temo que lo tenga en su poder un coleccionista, y en ese caso no se recuperará en muchos años. Aunque deseo que se reintegre pronto a su lugar en el archivo de la catedral de Santiago.
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Jorge Pisa Sánchez (Culturalia)

Crítica literaria: La prisionera de Roma, de José Luis Corral.


Cada vez más los autores de novela histórica tienen que expandir su repertorio de épocas, personajes y contextos para hacer valer la originalidad y la creatividad en la elección y elaboración de sus obras. Queramos o no, ciertos momentos, trascendentes o no, de la historia han generado y generan un gran número de novelas, mientras que otros, considerados menos atractivos, se mantienen en la penumbra, iluminados tan solo por débiles soslayos de luz, aunque posean, a priori, tanta validez e interés como aquellos periodos y escenarios históricos más transitados por los escritores.

Si bien, de vez en cuando las mesas de novedades de las librerías nos muestran nuevos temas y, por tanto, nuevas posibilidades para realizar un viaje literario en el tiempo, en la historia, y nos ofrecen “billetes” de lectura con dirección a la Grecia Helenística, a la Roma imperial (aunque ambientada en otros momentos que no sean en los que gobernaron los emperadores de la dinastía Julio-Claudia) e incluso al periodo del Bajo Imperio, una época al parecer prohibida para muchos de los autores y de las editoriales (luce más un Julio-Claudio cualquiera que un Diocleciano, un Teodosio o un Mayoriano posteriores).

José Luis Corral

Por suerte las cosas cambian, aunque sea poco o poco, y la creatividad literaria desborda los itinerarios marcados por la tradición o el hábito. Un ejemplo de ello lo muestra la publicación de La prisionera de Roma, de José Luis Corral, editado por la editorial Planeta, una novela histórica ambientada a mediados del siglo III d.C. y que narra la vida y las ansias de poder de la reina Zenobia, la mujer que dirigió los designios de Palmira, una de las ciudades más importantes del Oriente romano y que pretendió construir un nuevo imperio independiente del romano y del de su gran enemigo, el imperio persa sasánida. Todo un soplo de aire fresco que permite revitalizar y ampliar la “base de datos” temática del género.

José Luis Corral nos traslada, como les decía, al Oriente romano, un territorio que aunque marcado por la dominación y el poder de Roma, posee un carácter exótico y oriental que lo acerca más al mundo medieval que no al propiamente romano que acostumbramos a hallar en otras novelas. El libro nos relata la vida de Zenobia, la reina más famosa de Palmira, la ciudad de las palmeras, y si me permiten, una de las soberanas más interesantes del Oriente mediterráneo después de la ilustre y famosa Cleopatra. La acción se sitúa, justamente, en los años conocidos como los de la Crisis del siglo III, en la que el poder romano parecía abocado al desastre debilitado por las constantes usurpaciones y conflictos políticos internos, por una crisis económica galopante (la historia siempre se repite), por la amenaza de los enemigos externos, principalmente bárbaros en la frontera del norte y persas en el limes oriental, y por la desestructuración interna, protagonizada por la escisión del conocido como Imperio galo y la independización del Oriente en manos de Palmira.

Corral nos transporta, así, a la ciudad caravanera y comercial de Palmira, que conoció su apogeo político a lo largo de los reinados de Odenato y su mujer Zenobia, y nos presenta a la bella e indomable reina que, tras la muerte de su marido heredó las riendas del poder. Asistiremos, pues, a la materialización de sus sueños de independencia tanto del poder romano como del persa y a la puesta en marcha de una fructífera política entre Oriente y Occidente. Si bien la osadía de Zenobia no será vista con buenos ojos desde Roma, que reclamará el dominio de sus posesiones en Oriente y luchará contra la soberana y contra su ciudad para recuperar su poderío en la zona.

Básicamente el libro se desarrolla entre estos parámetros: el Oriente antiguo, personificado en Palmira e invadido por el olor a las especias y la visión de las mercancías que llegaban del extremo Oriente y de la China, con el comercio de las cuales la ciudad se hizo rica y famosa. Aunque también seremos testigos de las intrigas políticas que la ambiciosa reina llevó a cabo para asegurar la autonomía de su ciudad situada entre los dos imperios más importantes del mundo antiguo. Es así que visitaremos la mágica y portentosa ciudad de Ctesifonte en la que los representantes de Palmira deberán negociar la paz con el Rey de reyes, seremos testigos de la conquista de Egipto por parte de las tropas palmirenas y nos veremos obligados a tener un ojo puesto en Roma, en la gran capital del mundo antiguo, que en su camino de recuperación política y con la llegada al poder de emperadores competentes como Aureliano, pretenderán recuperar su poderío en Oriente y escarmentar a la ciudad y a la reina que pretendió abandonar la égida romana.

Corral nos muestra a una Zenobia joven, hermosa (hermosísima) que anida en su corazón demasiados anhelos y sueños para su ciudad y para su descendencia. Una mujer decidida que llevó a su reino a un periodo de plenitud sin precedentes y que, según los historiadores, defendió el limes oriental romano en uno de los momentos más críticos de su existencia.

La última mirada a Palmira de la reina Zenobia, cuadro de Herbert Schmalz.

Si bien la publicación de La esclava de Roma es todo un acierto, algunos aspectos atenúan sus méritos. El principal de ellos es su extensión de 826 páginas. Sin duda un exceso que hace a la novela algo cansina y difícil de transportar. Es posiblemente un yerro del autor abarcar en la obra desde el mismo nacimiento de Zenobia hasta su cautiverio en Roma y su posterior liberación, de la que, por cierto, los historiadores no están tan seguros. Corral hubiera tenido que resumir o abreviar alguna parte de la historia para hacerla más abarcable “físicamente” al lector. Además en algunos momentos la historia deviene algo lenta, con lo que al sumiso lector le puede parecer que no avanza.

Corral, además, hace prevalecer a lo largo de la obra, y sobre todo en su parte final, los diálogos sobre las descripciones y contextualizaciones, con lo que la trama llega a desfallecer en algunos momentos, dejando al lector sin un espacio o ambiente en el que ubicarlas. Algo incomprensible estando situada la historia en una época y, sobre todo, en una región, el exótico Oriente, cuya fisicidad tendría que perfumar cada una de las páginas y las escenas del libro.

Por último el estilo de Corral nos deja claro muy pronto su dedicación como profesor de historia y su amplia experiencia en la difusión histórica, ya que su última novela, como otras escritas por él anteriormente, pecan, a veces, de una mayor voluntad de enseñar que de narrar. Si bien esto es algo positivo para aquellos de sus lectores que no conozcan demasiado bien la época en la cual se desarrolla la acción, puede afectar negativamente la lectura de aquellos que “controlan” algo más el asunto. Como no podía ser de otra forma, todo tiene elementos positivos y negativos.

Aún así, La prisionera de Roma es un buen ejemplo de la amplitud de miras y del profundo conocimiento que Corral posee sobre el tema y sobre la época, y su consagrado estilo a la hora de narrar un episodio que, aunque desconocido por muchos, constituyó un momento decisivo en la historia del Imperio romano. No sé si tengo la confianza necesaria con ustedes para solicitarles que opten esta vez por salirse de lo “conocido” por todos (al menos de aquellos habituados a leer novela histórica) y se entreguen a la lectura de una novela que, aunque extensa, tiene el atractivo y el encanto de hacernos viajar a uno de los momentos más interesantes de la historia de Roma y nos permite conocer a la reina Zenobia, un grandioso personaje histórico que tuvo el atrevimiento de enfrentarse a los dos imperios más colosales que haya conocido la humanidad y que durante algunos años convirtió a su ciudad, la comercial Palmira, en la base de un gran reino que intentó hacerles sobra.

Título: La prisionera de Roma
Autor: José Luis Corral
Editorial: Planeta
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos
Fecha de publicación: 10/05/2011
Páginas: 832
ISBN: 978-84-08-10203-8
Formato: 15 x 23 cm.
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
Precio: 22,90 €
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Crítica literaria: Las cenizas de Ovidio, de David Wishart.


La editorial Alamut publicó a finales del año pasado Las cenizas de Ovidio, la primera obra escrita por David Wishart (en el año 1995) y también la primera entrega de la serie de novelas histórico-detectivescas protagonizada por el joven patricio Marco Valerio Mesala Corvino.

Las cenizas de Ovidio nos traslada a los inicios del reinado de Tiberio y nos presenta algunos de los episodios históricos más “oscuros” de la Roma altoimperial, unos sucesos que obligarán a Marco Corvino a indagar, arriesgando su posición e incluso su vida, en las tramas políticas urdidas a la sombra de la dinastía Julio-Claudia.

Aquellos que hayan leído esta primera y breve introducción pensarán ¿Y qué? ¿Otra más? ¿De nuevo los Julio-Claudios? Unas objeciones justificadas debido a la amplia bibliografía de novela histórica ambientada en esta época y que tiene a esta dinastía como referente. Aún así espero poder abatir estar observaciones a lo largo de los párrafos siguientes.

Las cenizas de Ovidio no se aleja, es cierto, de un escenario histórico ya trillado en centenares o incluso millares de novelas. Aunque nos propone una planteamiento fresco y un desarrollo original. Todo comienza, como nos índica el mismo título, con la voluntad de Rufia Perila, la hijastra del poeta Ovidio, de hacer enterrar en suelo italiano las cenizas de su padrastro tras la muerte de este último, que ha vivido exiliado en la ciudad de Tomis, el la costa oriental del Ponto, por orden del emperador Augusto.

Perila contacta con Marco Corvino, el hijo del patrono de su padrastro, al que solicita ayuda. Éste, un joven aristócrata disoluto y licencioso, movido por el aplomo y la belleza física de Perila, inicia los trámites para solicitar tal autorización. Ante la misteriosa negativa de las autoridades al permitir el regreso de las cenizas en cuestión, Corvino se interesará cada vez más en el asunto, iniciando una investigación que le llevará a desafiar a varios de los políticos más importantes del momento e incluso a algunos de los miembros de la dinastía de los Julio-Claudios.

Las cenizas de Ovidio es, como decía, una novela fresca y absorbente que hace las delicias de todo aquel lector interesado en la Roma antigua y a aquellos a los que les cautive el género y el ambiente de la novela negra. El protagonista, Marco Corvino, es un joven aristócrata que no sabe hacia donde dirigir su vida, ya que hasta el momento tan solo se ha dedicado a disfrutar del patrimonio cedido por su padre y aborrece a los de su propia clase, sobre todo a los políticos aduladores y sumisos que se dejan pisotear por los “apetitos” y los intereses imperiales.

Sin embargo, todo cambiará cuando Corvino conozca a Perila e inicie sus pesquisas, que nos dirigirán de lleno hacia los bastidores de la política imperial, y más concretamente hacia la lucha por el poder dentro de la dinastía de los Julio-Claudios, que afectó tanto a la hija como a la nieta de Augusto, ambas llamadas Julia, y a uno de sus nietos Agripa Póstumo, y en la que parece que pudo estar implicado el propio Ovidio.

David Wishart, el autor

David Wishart realiza una inmersión literaria en la Roma de los primeros emperadores en base a un conocimiento minucioso del periodo en cuestión, si bien lo hace con un amplio sentido del humor y con un atrevimiento que sorprenderá al lector. Los comentarios y las opiniones personales de Corvino sazonan constantemente la novela, entre ellas su constante referencia a Tiberio como Verruga, su desprecio hacia la clase de los patricios o su rechazo a la política del momento, hecho materializado en la relación de amor-odio entre Corvino y su padre, Marco Valerio Mesala Mesalino. Además sus relaciones con los plebeyos, su conocimiento de los bajos fondos de Roma y de los lugares menos recomendables de la ciudad, nos proporcionan un retrato general de una ciudad enorme y variada, como lo era la Roma imperial, que nos permite enmarcar físicamente las investigaciones de Corvino.

Pero lo que tendrá que tener en cuenta el lector es el peso que representa la trama política investigada por Corvino en el argumento de la novela, una cuestión complicada ya que hace referencia al destino político de los Julio-Claudios. Las cenizas de Ovidio hace referencia a los años de gobierno de los dos primeros emperadores, Augusto y Tiberio, una época (y en general la antigua) en la que la política tenía mucho más de “secretismo” y reserva que en la actualidad, debido, entre otras cosas, a la magnificación de la figura imperial y a la inexistencia de medios de comunicación que pudieran airear y “controlar” las intrigas y vericuetos del emperador de turno y de sus colaboradores más próximos.

Así, pues, la trama política se convierte en el meollo del asunto al que Corvino y Perila harán constantes referencia a lo largo de la novela, en su intento de averiguar el porqué de la negativa imperial a permitir el regreso de las cenizas de Ovidio. Esta constante referencia política en la trama sirve, pues, para cautivar y “enganchar” al lector y mantenerlo interesado a lo largo de toda la novela, obligándole a aprovechar todo el tiempo de lectura disponible. ¡Se lo aseguro!

Les recomiendo, eso sí, que tengan preparado un buen “esquema cronológico” de la dinastía Julio-Claudia, ya que lo necesitarán durante la lectura de la novela para aclararse un poco (en el caso de que se pierdan). Aunque la edición de Alamut dispone de una breve relación de personajes al principio del volumen, su propio esquema “de lector” les ayudará a no perderse en una vorágine de nombres que se repetían dentro de la misma familia (en este caso la imperial) generación tras generación y en una confusión continua de relaciones familiares que se alteraban por intereses políticos y dinásticos.

Como personajes secundarios o referenciados en la obra hallamos, de esta forma, a Augusto, Tiberio, Livia (viuda del primero y madre del segundo), las dos Julias (la hija y nieta de Augusto), Agripa Póstumo (hijo de Agripa, el colaborador más cercano de Augusto) el general Varo, el rebelde germano Arminio, la familia de los Fabio, el poeta Ovidio (o más bien sus cenizas) y una miríada de personajes ficticios pertenecientes tanto al ámbito imperial, como al patricio o al plebeyo. Todos al servicio de una trama complicada, secreta, y misteriosa, tanto que incluso los historiadores actuales se mantienen divididos a la hora de interpretar los datos históricos conocidos de ella. Si bien, el cierre de la trama sea, posiblemente, una de las decepciones de la novela, ya que resulta algo incongruente y “flojo” para la época en la que está ambientada y en referencia a los personajes tratados en ella.

Por otra parte, al autor no le interesa alargar el relato con largos viajes de investigación, característicos de otras obras del género, ni con visiones politizadas y estamentales del asunto, ya que aunque Corvino sea un patricio está fuera de los ambientes políticos propios de la aristocracia, lo que permite al lector ser testigo del día a día cotidiano de la ciudad que dominó el mediterráneo en época antigua. Los diálogos directos y sin complejos son, además, otro de los aciertos de Wishart, que provee de realidad y dinamismo a la novela.

No por otras razones la saga de novela histórica-detectivesca escrita por David Wishart y protagonizada por Marco Corvino lleva la friolera de quince entregas editadas, la más reciente de ellas, Bodies Politic publicada por la editorial escocesa PlashMill Press el año pasado. Hemos de alegrarnos de que la editorial Alamut halla conseguido los derechos editoriales, al menos por el momento, de la primera y de la segunda entrega, Las cenizas de Ovidio y La muerte de Germánico respectivamente, publicada esta última en castellano por Alamut en octubre de este mismo año.

Es pues Las cenizas de Ovidio un buen ejemplo de novela histórica detectivesca y contiene muchos de los ingredientes que favorecen su éxito: política, conspiraciones, misterio, mujeres, vino (mucho vino, por cierto), muertes, emoción, humor… Una oportunidad para sumergirse en una época histórica apasionante de la mano de un autor brillante. Espero que gocen con las pesquisas…

Título: Las cenizas de Ovidio
Autor: David Wishart
Colección: Serie Histórica
Formato: 15,5 x 23
Páginas: 320
Precio: 23,95 euros
Encuadernación: Cartoné con sobrecubierta
Fecha de publicación: 9 de noviembre de 2010
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Entrevista a Laurent Binet, autor del libro HHhH, Premio Goncourt 2010 de primera novela.

Entrevista a Laurent Binet, autor del libro HHhH, Premio Goncourt 2010 de primera novela.
Autor: José A. Muñoz, Revista de Letras.

Llevamos una temporada repleta de sorpresas literarias. Entre ellas, HHhH, novela de curioso título (es el acrónimo de “Himmlers Hirn heisst Heydrich” -”El cerebro de Himmler se llama Heydrich”) que acaba de publicar Seix Barral y que obtuvo el año pasado el Premio Goncourt a la mejor primera novela. En ella, Laurent Binet desvela la gestación, en 1942, de la “Operación Antropoide” con el objetivo de asesinar en Praga a Reynhard Heydrich, jefe de la Gestapo e impulsor de la denominada “Solución final”, el plan para exterminar a los judíos durante la II Guerra Mundial. El checo Jan Kubiš y el eslovaco Jozef Gabčík fueron los seleccionados por la Dirección de Operaciones Especiales de Churchill para llevar a cabo la misión. Tras cometer el atentado, en un primer término fallido pero que acabó con la vida de Heydrich debido a las heridas provocadas, llevó a terribles represalias, iniciándose una serie de ataques de los alemanes que alertaron al resto de naciones sobre la barbarie nazi, acelerando el proceso para acabar con Hitler.

Binet, profesor de Literatura y crítico, nos brinda la posibilidad de conocer los hechos pero, también, adentrarnos en el proceso de la creación literaria. HHhH es, en ese sentido, un libro sobre la escritura, un ensayo que desvela los secretos y las técnicas que hacen posible armar una novela de corte histórico, repleto de referencias culturales y de reflexiones acerca de lo que representa recrear la verdad sin recurrir a la ficción.

Desgraciadamente, en el corto espacio que se nos ofrece para hablar con él, no podemos abordar más que una pequeña parte de las inquietudes que despierta su obra. Pero creo que servirá para animar a conocerla.

Se hace difícil preguntarte cualquier cosa sobre la gestación del libro, porque está todo ahí, basta con leerlo.

Sí, no es fácil para los periodistas.

HHhH es un desnudo integral del escritor, con sus dudas, sus técnicas…

Asumí el riesgo. Tenía que interrumpir constantemente la acción, mostrando mi trabajo y cómo iba desarrollando la novela, pero como lector era algo que siempre me había interesado. La gente tiene interés en los making of de cine y de reportajes, ¿por qué no lo van a tener respecto a una novela? Lo que he hecho es integrar ese “cómo se hizo” a la narración. Hay muchos referentes que me gustan. ¿Conoces Looking for Richard, de Al Pacino?

Laurent Binet

Hay gente que me ha preguntado si yo había inventado este género, cosa que me halaga, pero ni por asomo. Hay uno muy próximo a mi obra, que es Maus, de Spiegelman, donde podemos ver al autor discutiendo con su padre sobre la memoria.

¿En qué momento te planteaste escribirla, no solo como una novelización de la “Operación Antropoide”, sino también como un relato del propio proceso de escritura?

No lo había meditado previamente, pero surgió desde la primera página. Me encontré con la problemática de cómo explicar una historia totalmente verídica y pensé interesante invitar al lector a formar parte de mis reflexiones respecto a esos dilemas que fueron surgiendo.

De hecho, al principio del libro, hay una reflexión de Kundera sobre la creación de personajes y, en base a esas ideas, el libro expone de manera crítica las libertades y licencias que se permiten los autores de novela histórica.

Totalmente. He leído muchas novelas históricas que me han gustado, pero la mayoría asumen como modelo las formas marcadas por Alejandro Dumas, quien tomaba una base histórica rellenando los agujeros con la ficción. Considero que se noveliza tanto en el género histórico que quise ofrecer una alternativa. Me parece perezoso cubrir los hechos o detalles que no se conocen inventándose cosas y tergiversándolo todo, a veces con hechos totalmente imposibles.

El planteamiento, como decías antes, no es nuevo, pero sí me parece poco común que sea a través de tus reflexiones sobre la creación literaria como el lector va conformando la historia que pretendes narrar.

Me apetecía que el lector participara. Concebía el libro como una conversación con él.

El nivel de autocontrol para no intercalar ficción y buscando la veracidad habrá sido agotador. Incluso tu pareja, en un momento del libro, te reprocha que te estés inventando algún detalle.

La tentación estaba siempre presente, el libro es una lucha constante contra la novelización haciendo uso de invenciones. A veces cedo y, aunque debí eliminar esas partes imaginadas, he preferido dejarlas porque nutren la discusión sobre la novela histórica. Lectores como Natacha permiten que esos pasajes no invadan el texto, estaba alerta a cualquier libertad que pudiera escapárseme de las manos.

Todos sentimos atracción por los malvados. Como en la mayoría de historias, llegaste a Heydrich a través de los héroes. ¿Te atraía más la trama de los paracaidistas que atentaron contra el líder de la Gestapo?

Sí, el punto de partida era la “Operación Antropoide” y el acto heroico de resistencia. Entonces vi que había una historia detrás del atentado, que era la de Heydrich. No estaba previsto, pero la primera parte de la novela consistía básicamente en esto.

¿Lo que más te interesaba narrar era el asedio en la iglesia?

Las dos escenas por las que el libro se va desarrollando son las del atentado y la del asedio en la cripta. Son trescientas páginas que van preparando al lector para ellas. Se trata de escenas de acción y quería narrarlas como tales. Siento un poco de piedad por los lectores cuando pienso que tienen que esperar tanto. Lleno el libro de reflexiones hasta llegar a esos grandes momentos que son puramente narrativos.

Los diez años dedicados al libro te habrán deparado muchas sorpresas. ¿Qué fue lo que más te sorprendió de Heydrich?

Reinhard Heydrich

Lo que más me impresionó de toda la investigación fue contemplar las huellas de la lucha que permanecen intactas en la cripta.  No siento esa fascinación que decías antes hacia el mal. Más que su dimensión maléfica lo que me sorprendió de Heydrich fue su eficacia en muchos aspectos. Tiene un lado muy novelesco, era un gran violinista, practicaba la esgrima, pero su fuerte era la burocracia. Era un policía de raza. Leyendo la biografía de Joseph Fouché que escribió Zweig encontré ciertos paralelismos entre el político francés y el oficial alemán. Si Fouché hubiera estado en el Tercer Reich sería como Heydrich, al igual que si éste hubiera formado parte del imperio napoleónico tendría las mismas cualidades que Fouché.

El de documentación es un trabajo que nunca se acaba. Cuando se hace sobre hechos históricos siempre aparece información una vez publicado el libro.

Lo sé, cuando acabé me quedé con la sensación de que era una historia que no acababa. Muchos lectores me han escrito ofreciéndome información y anécdotas familiares, lo que me parece desconcertante. Un señor de Londres me escribió diciéndome que había conocido a una amante de Heydrich y que ella le había dado la acreditación con la que había ido a los Juegos Olímpicos de Berlín para acompañarle. Me da pena no poder incluir algunas cosas de las que me he enterado posteriormente pero, por otra parte, si no lo hubiera publicado no habría conseguido ese otro material facilitado por quienes lo han leído. En cualquier caso, no considero que HHhH sea el libro definitivo sobre este episodio de la Historia, aparecerán muchos más, espero.

Comentas en algún pasaje sobre las novelas históricas que no te gustan los diálogos. ¿Has procurado no incluir muchos en HHhH por eso, o es que tampoco te gusta escribirlos?

Es un asunto complicado. Considero que es lo más difícil para un novelista y me resulta casi imposible encontrar buenos diálogos. Yo mismo soy incapaz de hacerlos. Sin embargo mi proxima novela será muy dialogada, así que tendré que empezar a aprender. Me gusta mucho cómo los escribe Bret Easton Ellis, son magníficos. Le he releído para intentar encontrar el secreto y no lo he conseguido. Llegué a preguntárselo en una entrevista pero no quiso revelarlo.

Quizás debería escribir un libro como el tuyo.

No creo que lo haga (risas). Para mi novela, los diálogos eran una forma de recreación a la que me negaba, prefería mostrar la documentación en bruto. Incluso incluir un testimonio que se explique mediante diálogo me parece artificial porque, aun estando su declaración grabada en audio o vídeo,  siempre se recrea y se cambian detalles…

José A. Muñoz
http://www.revistadeletras.net/

Crítica literaria: El ciego que nació en siete ciudades, de Luis Luque Lucas.


No es habitual que una novela histórica ambientada en el pasado antiguo se centre en la vida de un poeta, aunque éste sea Homero, “el aedo más grande de la Humanidad”. Y este es uno de los “puntos positivos” de la novela que Luis Luque Lucas publicó en el año 2006 de la mano de la editorial Belacqua y que título de forma apropiada El ciego que nació en siete ciudades, haciéndose eco de los lugares que reclamaron ya desde la Antigüedad griega el nacimiento del aedo, y que incluían ciudades como Quíos, Esmirna, Colofón, Atenas, Argos, Pilos, Cumas o Ítaca.

La obra de Luque no parece ser, pues, una novela al uso por el personaje escogido ni por la forma de escribirla. Y es seguramente la suma dificultad histórica propia del protagonista, el gran Homero, y la forma de su redactado la que la diferencian de muchas otras.

La complejidad del personaje recae en la poca información fidedigna que disponemos de él, tan poca que los especialistas parece que aún no se han puesto de acuerdo sobre la realidad de su propia existencia como individuo y sobre la naturaleza de su obra. No obstante el debate académico Luque ha optado por personalizar al aedo compositor de la Ilíada y la Odisea y narrarnos su vida. Así pues conoceremos al Homero joven y sus lazos familiares y recorreremos los primeros años de vida del aedo, cosa que sorprende al darnos una visión juvenil e inexperta de un personaje al que se considera siempre desde su imagen de poeta, el primer gran poeta de la cultura occidental. No solo eso sino que conoceremos sus debilidades y sus amores, que marcarán sin duda la vida del protagonista.

Con El ciego que nació en siete ciudades haremos un pequeño viaje por el mediterráneo, al estilo de una breve odisea, de la mano de sus supuestos viajes en la nave comercial de su amigo y mecenas Mentes, que lo llevarán a visitar el Occidente mediterráneo, incluso las tierras de la ancestral Iberia, y el mitológico Oriente, en el que vivirá una pequeña aventura en los territorios dominados por las amazonas. También seremos testigos de sus primeros tratos con la poesía épica y de cómo la “carrera profesional” de Homero se comienza a decantar hacia la composición poética, hecho que lo convertiría, como he dicho antes, “en el poeta más glorioso de la humanidad”.

Aunque la idea es refrescante e inusual (y por ello siempre provechosa) el intento no siempre está a la altura. Luque ha escrito su novela en un estilo que podríamos considerar “forzadamente” épico, lo que puede dificultar y dificulta la lectura amena de la obra. Hace falta demasiada atención para interiorizar el contenido de largas frases y reflexiones si bien este registro permite “mitificar” al personaje y la época a la que hace referencia. Un periodo que, por otra parte, nunca queda del todo establecido, hecho entendible si somos conscientes de las dificultades “cronológicas” que la obra de Homero suponen. Aún así hemos de suponer, por diversas referencias de que nos provee la novela, que la época en la que está ambientada su acción se sitúa poco después de finalizada la Guerra de Troya.

Uno de los aciertos de la novela es la perspectiva desde la cual nos es narrada. Es el propio Homero en primera persona el que relata su vida a ruego de sus hijas, Aurora y Circe, fieles oyentes de la biografía de su padre. Aunque está técnica no permite al autor crear un “filum” argumental claro, al menos en algunos pasajes de la obra, lo que lleva al lector, en alguna ocasión, a desorientarse. En el relato de Homero se entromete, de vez en cuando, la opinión y la voz de un tercer sujeto, algo así como una conciencia atemporal y omnisciente (que podría asimilarse a la del autor) que sobrepasa los límites físicos y temporales del propio Homero y de su época, para situarnos al protagonista en una perspectiva más histórica, o mejor dicho, más referencial, en relación a la trascendencia del personaje. Algo que, a veces, también, puede llevar al extravío del lector.

El ciego que nació en siete ciudades nos presenta, pues, una imagen mítica no solo de Homero sino también de la época en la que, supuestamente vivió (no hace falta aquí insistir en las dudas que existen en al actualidad sobre la realidad de un personaje como el novelizado) y nos permite viajar a un mundo, el homérico, eclipsado, al menos para el gran público, por la época que vendría tras él y que haría brillar a algunas de las ciudades y algunas de las figuras más importantes de la Antigüedad, sabedoras ellas mismas de la relevancia y la trascendencia de la obra del “el aedo más grande de la Humanidad”.

Título: El ciego que nació en siete ciudades.
Autor: Luis Luque Lucas
Editorial: Belacqua
Páginas: 345
Precio: 22 €
Encuadernación: Tapa blanda
Año de publicación: 2006.