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Publicación: Nunca es tarde para morir, de Pablo Palazuelo

25dcb5_cfb553b0ca7e445ab4ac9b9ef8711af6.jpg_srb_p_600_567_75_22_0.50_1.20_0.00_jpg_srbOs informamos de una nueva publicación de novela negra: Nunca es tarde para morir, de Pablo Palazuelo, una obra autopublicada a caballo entre el género negro y policiaco y el de intriga y suspense.

«Las Trompetas de Jericó tronaron desde el cielo anunciando la inminente llegada de la muerte».

Así arranca esta novela negra y de misterio, en la que cinco enigmáticos veteranos de sus respectivos servicios secretos conocen a una cautivadora adolescente, de mala vida y peor fortuna, que desatará una espiral de sorprendentes fatalidades y los arrastrará hacia un enemigo despiadado.

608 páginas trepidantes en las que el ritmo no decae ni un solo instante. Cuenta con un elaborado argumento, que no arranca con un asesinato del que apenas queda por saber quién es el autor y cuándo será capturado y que busca sorprender al lector en cada capítulo. Ahora bien, aunque pueda parecerlo, no es una novela de espías, sino una obra perteneciente al género negro, cargada de intriga y crímenes.

Pablo Palazuelo Basaldua nace en Madrid, en el año 1965. Estudia Ciencias Empresariales y habla varios idiomas. Actualmente está casado y tiene tres hijos. Entre sus aficiones se encuentra la fotografía, la cual nace cuando sirve como voluntario en una Unidad de Operaciones Especiales del Ejército. Gracias a ella, logra realizar una fotografía que primero es publicada en una revista y posteriormente, aprovechando que guarda cierta relación con el argumento, le sirve como fondo de la portada de su primera novela, Nunca es tarde para morir, historia con la que comienza su aventura como escritor y novelista.

Título: Nunca es tarde para morir
Autor: Pablo Palazuelo
Formato: Tapa blanda
Páginas: 610
Editor: Autoedición
Fecha de edición: 4 de agosto de 2015
Precio:
•  Tapa blanda: 15,02 €
•  Ebook: 2,99 €

Crítica literaria: Mr Mercedes, de Stephen King

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¿Es posible dar un giro en tu carrera y sorprender a tus seguidores cuando eres un escritor conocidísimo, con más de cincuenta títulos a tus espaldas? Probablemente Stephen King (Portland, Maine, 1947) se repitiera esta cuestión una y otra vez antes de escribir Mr Mercedes, su último libro publicado en nuestro país, mucho más que una novela, un reto para él: aparca momentáneamente la temática que tan bien domina (la del terror) para explorar un territorio nuevo, el de la novela policíaca, y lo cierto es que debuta con muy buena nota con esta historia sobre la sempiterna lucha entre el bien –representado por Billl Hodges, un policía de la vieja escuela con algo de sobrepeso– y el mal –ese Mr Mercedes del título, un joven que pasa totalmente desapercibido en su día a día, aquel vecino en el que nadie se fijaría nunca–, un juego perverso entre el ratón y el gato con giros argumentales sorprendentes y que cuenta con un último tramo sensacional.

King no pretende desafiar las habilidades deductivas del lector, no le plantea la duda sobre quién es el personaje que una madrugada de abril de 2009 utilizó un Mercedes-Benz SL500 de doce cilindros para embestir a un grupo de parados que esperaban lograr un empleo y convertirlos en «mermelada de fresa». Esa no es su intención ya que la identidad del asesino queda desvelada en las primeras cincuenta páginas, por lo que el interés del relato recae en el enfrentamiento entre ese desequilibrado escurridizo y el viejo inspector, ahora ya jubilado, que fue incapaz de darle caza en su día. Apenas un año después del suceso, los dos están retirados de sus “actividades”, así que, en cierto modo, ambos se necesitan mutuamente: el primero porque pretende sentir de nuevo la emoción de manipular a la gente a su antojo, siempre con fines siniestros, por supuesto, mientras que el segundo busca huir del tedio en el que se convirtió su vida desde que entregó su placa de policía, además de tratar de solventar los errores que cometió en aquella investigación.

El escritor Stephen King, en una imagen promocional
El escritor Stephen King, en una imagen promocional

Mr Mercedes cuenta con el sello propio de su autor, ese humor negro tan habitual en su literatura, además de dar forma a otro personaje demente y obsesivo que no desentona con sus anteriores criaturas literarias. Asimismo, King dibuja diversas escenas que evidencian su fascinación por el horror: desde la descripción minuciosa de la masacre que origina la historia a un episodio concreto de la infancia del criminal junto a su madre y su hermano pequeño (de una crueldad terrible), sin olvidar ese clímax final convertido en una carrera contrarreloj que dejará al lector sin aliento. Celebremos, pues, la irrupción de este nuevo Stephen King, un escritor renovado que sin duda se ha sentido muy cómodo en su nueva faceta, tanto que ya tiene a punto la segunda parte de esta trilogía policíaca protagonizada por el inspector Hodges bajo el título de Finders Keepers, a la venta a mediados del 2015.

Título: Mr Mercedes
Autor: Stephen King
Editorial: Plaza & Janés
Páginas: 492 páginas
Fecha de publicación: Noviembre 2014
ISBN: 9788401343117
Precio: 23,90 €

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Escrito por: Robert Martínez

Novedad editorial: Crímenes que no olvidaré, de Alicia Giménez Bartlett

Crímenes que no olvidaré

En 1996 Alicia Giménez Bartlett (Almansa, 1951) publicaba la novela Ritos de muerte, el debut de la inspectora Petra Delicado, sin imaginar que ese personaje se convertiría en un icono de la novela policíaca que le granjearía una legión de seguidores no solo en nuestro país, sino también en Italia, Francia, Alemania o EE.UU. Casi veinte años después, Delicado continúa en plena forma en su lucha contra la delincuencia, y así lo demuestra en su nueva entrega, Crímenes que no olvidaré, una serie de episodios criminales que desbaratarán la vida privada de sus personajes principales.

En esta ocasión, la escritora afincada en Barcelona abandona el formato de novela, en el que reconoce sentirse muy cómoda, para afrontar un nuevo reto en su carrera literaria: escribir diversos relatos independientes entre sí y protagonizados por su celebrado personaje. De esta manera, la inspectora de policía Petra Delicado deberá enfrentarse a nueve casos que alterarán su cotidianidad en días tan señalados como la Navidad, los carnavales o las vacaciones estivales.

La escritora Alicia Giménez Bartlett, en una imagen promocional
La escritora Alicia Giménez Bartlett, en una imagen promocional

Tras diez libros dedicados a Petra Delicado y su inseparable Fermín Garzón, Alicia Giménez Bartlett ha logrado consolidarse como una de las figuras clave de la novela negra de nuestro país, una labor que verá recompensada el próximo 5 de febrero, cuando recogerá el testigo del escritor Andrea Camilleri como ganadora del Premio Pepe Carvalho 2015 dentro del festival BCNegra, un galardón que el jurado ha decidido concederle de forma unánime por “haber renovado la novela policíaca española, aportándole una perspectiva femenina y feminista que ha resultado pionera en este ámbito”.

Título: Crímenes que no olvidaré
Autora: Alicia Giménez Bartlett
Editorial: Destino
Colección: Áncora & Delfin
Páginas: 368 páginas
Fecha de publicación: Enero 2015
ISBN: 9788423348831
Precio: 18,50 €

Crítica literaria: Los amantes de Hiroshima, de Toni Hill

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El final de El verano de los juguetes muertos (2011) dejaba al lector en un sinvivir con la desaparición de Ruth Valldaura, la ex esposa del inspector Héctor Salgado. Toni Hill (Barcelona, 1966), padre de las criaturas, nos confesaba entre risas que cuando la hizo desaparecer “ya sabía qué le había pasado, pero vosotros también lo sabéis, si pensáis un poco” (podéis leer aquella entrevista aquí). Tres años después la incertidumbre ha llegado a su fin: tras Los buenos suicidas (2012) la trilogía concluye con Los amantes de Hiroshima, una excelente novela que mantiene el buen nivel de sus predecesoras y en la que el escritor catalán desvela definitivamente qué ocurrió con Ruth al mismo tiempo que Salgado y los suyos intentan esclarecer un doble asesinato, el de unos jóvenes amantes desaparecidos años atrás.

En esta ocasión la historia se desarrolla en dos momentos concretos: en la primavera de 2011, cuando se hallan dos cadáveres en una casa abandonada, y entre mayo y junio de 2004, cuando Barcelona acogía el Fórum Universal de las Culturas. El uso de constantes flashbacks lleva al lector de un tiempo a otro, de la investigación realizada por el inspector Héctor Salgado, junto a sus fieles Leire Castro y Roger Fort, a aquellos días en que cuatro amigos soñaban triunfar en el mundo de la música. De esta manera, Hill enfrenta el pasado y presente de esos chicos para hablar de amor y amistad, pero también de la crisis económica –denunciando imágenes cada vez más habituales, con hombres rebuscando entre la basura, negocios bajo amenaza de cierre, trabajo precario,…–, de las relaciones entre padres e hijos, de una visión romántica de la muerte, y más, de mucho más, elementos todos ellos que giran alrededor de un inquietante y acertado relato de marcado tono gótico.

El escritor barcelonés Toni Hill, en una imagen promocional
El escritor barcelonés Toni Hill, en una imagen promocional

Con tres novelas a sus espaldas Toni Hill ha logrado crear un sello propio con el que diferenciarse de entre la extensa oferta del género policíaco, una voz personal reconocible que huye de las intrigas más frenéticas y del actioner menos verosímil para presentar un argumento noir de raíces clásicas ambientado en la Barcelona reciente, una ciudad auténtica, con un protagonista que debe descubrir al asesino siguiendo las pistas que va compilando con paciencia, reconstruyendo el pasado para comprender el presente, como si tirara de un hilo para desenredar el ovillo que es el caso que le ocupa. Además, a favor del autor está que el lector puede empatizar perfectamente con los personajes que dibuja con mano firme, gente que vive una realidad conocida por cualquiera de nosotros; así, la trama principal de Los amantes de Hiroshima se desarrolla en mayo de 2011, días en los que la población del país mostró su hartazgo con el gobierno en las célebres concentraciones del 15-M, cuando las plazas públicas fueron tomadas por los “indignados” en un acto de protesta colectiva.

Es evidente que todo escritor anhela crear un personaje capaz de ganarse el favor incondicional del lector, de hacerse un hueco en su imaginario, de lograr que se identifique con los problemas de aquel. Si lo consigue, el triunfo está en sus manos. Y sin duda Toni Hill ha triunfado: el inspector Héctor Salgado logró el beneplácito de los aficionados al género por su temperamento –y su comprensible arranque de furia contra el doctor Omar–, su torpeza a la hora de hacerse cargo de un hijo adolescente, su pericia como investigador y su carisma entre sus compañeros, características que han convertido estas tres novelas en todo un éxito y en un imprescindible de la literatura negra actual. Los amantes de Hiroshima es un disfrutable final, la guinda perfecta que completa una trilogía magnífica, aunque deseamos que pronto, muy pronto, Salgado regrese a las librerías con nuevas aventuras.

Título: Los amantes de Hiroshima
Autor: Toni Hill
Editorial: DEBOLSILLO
Páginas: 474 páginas
Fecha de publicación: Noviembre 2014
ISBN: 9788490624166
Precio: 12,95 €

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Escrito por: Robert Martínez

Crítica literaria: El leopardo, de Jo Nesbø

El leopardo

El regreso de un personaje tan carismático como el inspector Harry Hole es motivo más que suficiente para recomendar una novela. Sin embargo, si el autor logra tejer a su alrededor un argumento sólido y enfrentar a ese protagonista a dos soberbios antagonistas de excelente nivel –Hole deberá dar caza a un asesino en serie al mismo tiempo que defiende su posición y la de los suyos en Delitos Violentos ante Mikael Bellman, de Kripos, que pretende apartarles del caso–, la recomendación es obligada: una vez más Jo Nesbø (Oslo, 1959) firma un libro sensacional, esta vez bajo el título de El leopardo (Roja & Negra), al que la editorial ha definido con el acertadísimo adjetivo de “adictivo”. Porque El leopardo es precisamente eso: pura adicción para el lector, a quien Nesbø no ofrece ni un instante de tregua a lo largo de sus casi setecientas páginas.

El leopardo nos sitúa seis meses después del anterior caso de Hole, por lo que es aconsejable abordar este libro tras haber leído El Muñeco de nieve: algunos personajes de aquel aparecen nuevamente, y sin conocer su historia no se apreciarán algunos detalles esenciales; además, Hole está tratando de recomponerse lejos de la gélida Oslo –en esta ocasión Nesbø plantea una trama no localista en la que sus personajes pasarán por los bajos fondos de Hong Kong, el Congo o incluso Alemania–, y las razones que le arrastraron hasta esa situación son consecuencia del esfuerzo por atrapar a aquel asesino. Así, en Oslo aparecen dos mujeres muertas, posibles víctimas de un asesino en serie que actúa con la astucia de un leopardo y que utiliza una extraña herramienta conocida como la manzana de Leopoldo: un instrumento de tortura surgido de la mente perversa del autor, que rescató un recuerdo aparentemente inofensivo de su infancia para darle la vuelta y convertirlo en una herramienta espeluznante a la que es imposible sobrevivir. Herido en lo más profundo de su interior, Hole deberá regresar a su país y tratar de ser el cazador de asesinos que todos reconocen en él, un objetivo nada sencillo para un hombre a quien se le acumulan los problemas, ya sean familiares, de alcohol, de drogas o de traiciones.

El escritor noruego Jo Nesbø, en una imagen promocional
El escritor noruego Jo Nesbø, en una imagen promocional

Lo cierto es que, tras seis libros publicados en nuestro país con el mismo protagonista, y lejos de encasillarse repitiendo la fórmula una y otra vez, Jo Nesbø mantiene el pulso como lo que es, un narrador magnífico y especialmente dotado para sorprender al lector en todo momento. En El leopardo utiliza la venganza y la humillación como motores principales de un argumento que, en cierto modo, homenajea a los Diez negritos de Agatha Christie, una trama vigorosa en la que nada es lo que parece, con constantes giros de guión que celebrarán entusiasmados los aficionados al género policíaco, quienes quedarán subyugados por las escenas tan impactantes como terroríficas –mención especial merece la descripción de una avalancha que resulta realmente claustrofóbica– que el escritor noruego elabora con su precisión habitual.

Por todo ello, felicitémonos: Harry Hole ha regresado a la acción.

Título: El leopardo
Autor: Jo Nesbø
Editorial: Roja & Negra
Páginas: 696 páginas
Fecha de publicación: Octubre 2014
ISBN: 9788439728948
Precio: 19,90 €

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Escrito por: Robert Martínez

Novedad editorial: Galveston, de Nic Pizzolatto

Galveston

Si hay una serie considerada la gran revelación de la temporada televisiva, esa es True detective, estrenada por la HBO el pasado mes de enero y en la que Matthew McConaughey y Woody Harrelson ejercen de detectives en tierras sureñas. True detective significó, además, el reconocimiento unánime de la crítica especializada al trabajo del guionista Nic Pizzolatto (Lake Charles, Luisiana, 1975), una fama que sin duda ha sido clave para lograr que su primera novela, Galveston, llegue ahora a nuestro país de la mano de la editorial Salamandra, un relato escrito antes de que Pizzolatto creara la serie (en EE. UU. se publicó en 2010) y que muchos han considerado como el ensayo general de su criatura televisiva por los muchos puntos en común existentes entre ambas.

La imagen de Roy Cody es la de un texano típico, siempre con su sombrero de ala ancha y sus botas de cowboy, un hombre alto y corpulento que se gana la vida al margen de la ley: hace años que ejerce de matón profesional en Nueva Orleans a las órdenes de Stan Ptitko, un extorsionador sin escrúpulos que controla la zona. Sin embargo, su existencia queda trastocada definitivamente cuando le diagnostican un cáncer avanzado, una noticia trágica que se suma a la sospecha de que su jefe pretende quitárselo de encima con un encargo que, intuye, es una trampa. Así, Cody no tendrá más remedio que escapar, una huida que emprenderá acompañado de una joven desamparada.

El escritor Nic Pizzolatto, en una imagen promocional
El escritor Nic Pizzolatto, en una imagen promocional

A la espera de la nueva temporada de True detective, sus seguidores podrán calmar la ansiedad con Galveston, una novela que ha sido aclamada por los críticos estadounidenses y comparada con títulos de los grandes escritores del género como Dashiell Hammett o Raymond Chandler, aunque lo cierto es que Nic Pizzolatto va más allá de los esquemas habituales de los relatos policíacos. Ambientada entre Nueva Orleans y Galveston, en Galveston –que además inaugura el nuevo sello de novela negra Salamandra Black– el lector encontrará una historia de acción trepidante y con grandes dosis de violencia que ya tiene asegurada su adaptación cinematográfica, con un guión escrito a medias entre el mismo Pizzolatto y Jean Doumanian, protagonizada por Matthias Schoenaerts y con Janus Metz a la dirección.

Título: Galveston
Autor: Nic Pizzolatto
Editorial: Salamandra
Colección: Salamandra Black
Páginas: 288 páginas
Fecha de publicación: Agosto 2014
ISBN: 9788416237005
Precio: 18,00 €

Crítica literaria: El detective moribundo, de Leif GW Persson

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“¿Crees que puede resolverse un asesinato de hace veinticinco años cuando tienes que quedarte todo el tiempo tumbado en un sofá?”, se cuestiona en algún momento el personaje principal de El detective moribundo, la última novela publicada en nuestro país de Leif GW Persson (Estocolmo, 1945), un ejemplo más de la novela negra nórdica aunque, en esta ocasión, se desmarca de aquellos títulos que tanto furor están causando recientemente entre los aficionados al conceder todo el protagonismo a un policía jubilado y con una salud delicadísima (de ahí el título del libro), y planteando una trama que huye de los argumentos más trepidantes para retornar a las raíces clásicas del género, con un viejo sabueso tratando de resolver un antiguo crimen sin más armas que su inteligencia y una minuciosa revisión del caso.

Sin embargo, la labor de Lars Martin Johansson –que así se llama nuestro detective– no resultará nada sencilla, más bien todo lo contrario: deberá descubrir quién asesinó a la pequeña Yasmine Ermegan (un delito que ya ha prescrito) mientras se recupera de la embolia que le mantiene paralizado el costado derecho de su cuerpo. Johansson sabe que el tiempo juega en su contra, pero se resiste a dejar escapar al criminal, quien ya eludió la justicia veinticinco años atrás, cuando sus compañeros del departamento de la policía cerraron el caso sin encontrar al culpable. Así, obligado a guardar reposo y a cambiar radicalmente tanto su forma de vida como su dieta, Lars avanzará en sus investigaciones con la inestimable ayuda de su entorno personal más cercano, familiares y amigos que demostrarán una lealtad y admiración infinita hacia aquel hombre “que era capaz de ver a la vuelta de la esquina” cuando todavía estaba en activo.

Leif GW Persson, en una imagen promocional
Leif GW Persson, en una imagen promocional

Desde su publicación en 2010, El detective moribundo ha conseguido vender casi medio millón de ejemplares tan solo en Suecia, un éxito de público y crítica por el que su autor ha recibido los mejores premios del género. Probablemente esta buena acogida se deba a que entre manos tenemos un libro notable en el que, bajo el disfraz de una novela negra convencional, encontramos una tierna historia acerca de la frustración de un buen hombre que es incapaz de llevar la iniciativa en sus pesquisas como ha hecho siempre; con todo, sus problemas de salud no le impedirán conservar la pasión por el oficio al que ha dedicado toda una vida y un sentimiento extraordinario por hacer justicia. Además, Leif GW Persson presenta un argumento sólido escrito con un ritmo pausado y salpimentado de su habitual ironía y humor sutil, un relato en el que también subyace el “ojo por ojo, diente por diente” del Antiguo Testamento.

Por otro lado, el lector que se acerque a esta novela comprobará la pasión de Persson por la literatura –con buenas palabras hacia J. D. Salinger y Friedrich Dürrenmatt, y algún dardo envenenado hacia Stieg Larsson y su heroína más célebre, Lisbeth Salander–; incluso pone en boca de Johansson una declaración de amor a la literatura: “La lectura casi nunca es una equivocación. Si un libro es malo sueles darte cuenta bastante pronto y entonces solo es cuestión de tirarlo a la basura. Si es bueno suele darte algo en qué pensar, y cuando es realmente bueno puedes incluso mejorar como persona leyéndolo”. Siguiendo estas definiciones, el que nos ocupa es un buen libro con un malicioso planteamiento que nos hará preguntarnos cómo reaccionaríamos si localizáramos al responsable de un acto monstruoso, pero no pudiéramos acudir a la justicia. ¿Seríamos capaces de dejarle escapar, así, sin más, o nos dejaríamos llevar por nuestros impulsos más primarios para saciar nuestra sed de venganza? La respuesta, en El detective moribundo.

Título: El detective moribundo
Autor: Leif GW Persson
Editorial: Grijalbo
Páginas: 462 páginas
Fecha de publicación: Septiembre 2013
ISBN: 9788425349768
Precio: 20,90 €

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Escrito por: Robert Martínez

Crítica literaria: El enano, de William C. Gordon, ed. DeBolsillo.

Martin A. La ReginaEl enano es un libro que, sin ninguna duda, destaca inicialmente por su portada, la cual llama nuestra atención visualmente mostrando a medias a un enano, presuntamente el personaje que da título a la novela, sentado en un sillón de piel que mira fijamente, casi desafiante, al futuro lector con la barbilla ligeramente apoyada sobre la mano derecha. Todo esto con un fondo cromático rojizo que sin duda prefigura el tono criminal y sexual de la trama de la novela.

El libro en cuestión es la tercera novela de William C. Gordon, y también la tercera entrega de las aventuras detectivescas de su personaje estrella, Samuel Hamilton, el joven y esmerado reportero especializado en la investigación de los casos más cruentos que acontecen en la ciudad de San Francisco. Si en la primera intriga investigada por Hamilton, y escrita por Gordon, el periodista tuvo que rastrear una red de tráfico de obras de arte chinas, y en la segunda se dedicaba a indagar sobre la muerte en extrañas circunstancias de un empresario armenio, en la tercera entrega Samuel investiga el extraño hallazgo de un pedazo de muslo humano en un cubo de la basura en el barrio de China Basin. Un descubrimiento que llevará a Hamilton a internarse en Mission, el barrio hispano de la ciudad y en los ambientes sexuales más sórdidos de San Francisco.

A ver, ¡centrémonos un poquito! Por si no lo he dicho antes, la novela está ambientada en el año 1963, por lo que el lector debe de hacer un esfuerzo mental inicial para situar la investigación cincuenta años en el pasado, cuando no existían las “infalibles” pruebas científicas actuales ni los cuerpos policiales al estilo CSI, o al menos no disponían de los ingentes medios científicos que nos muestran hoy en día en la televisión.

El argumento de la novela es, eso sí, bastante singular, ya que nos introducirá en el interior de la comunidad latina de San Francisco, de la que se aprovechan los personajes oscuros de la trama: el reverendo Dusty Schwartz, el enano del título, afectado por su condición física y que explota la crítica situación económica de sus adeptos para beneficiarse sexualmente de las acólitas más jóvenes y alcanzar algo de autoestima; y Dominique, una curandera que ejerció en el pasado como dominatrix sado-masoquista. Todo un contexto que se ensuciará aún más al mostrarnos los bajos fondos “sexuales” de la ciudad, entre ellos el ambiente gay de la época, recordemos que no del todo bien visto por las autoridades de aquel entonces, en el que presas y cazadores mezclan sus libidos para satisfacer sus más bajas pasiones.

William C. Gordon (c) Marcelo Lombardi
William C. Gordon

Gordon nos ofrece una trama policiaca que nos sumerge en el San Francisco de los años 60 y nos permite seguir las andanzas detectivescas de su personaje principal, Samuel Hamilton, y de su grupo de allegados y amigos que le ayudarán, cada uno a su forma, en su indagación. Entre ellos hallamos a Melba, la descubridora del cascajo humano, amiga y propietaria del local de copas Camelot, la base de operaciones del grupo investigador; el forense Barnaby McLeod, que le facilitará, algo a desgana, la información confidencial acerca del caso o Bruno Bernardi, el detective que compartirá las pesquisas con Samuel. Ambos tendrán que llevar adelante la investigación con la que resolver a quién pertenece el trozo de muslo humano encontrado en la basura por Melba y quien es el autor de una serie de asesinatos y desapariciones que parecen vinculadas al caso. Todo ello adornado por toda una serie de locales musicales y restaurantes de la época que los protagonistas irán visitando a lo largo de la novela y que recuerdan, por los nombres y las descripciones, los de aquellas películas musicales y de cine negro americanas de los años 40, 50 y 60.

Gordon, como dije, nos presenta una trama peculiar y sin grandes pretensiones, vinculada con la experiencia personal del autor, que representó entre los años 1965 y 2002 como abogado a los miembros de la comunidad hispana californiana, algo que queda patente en la novela.

El enano es, pues, una novela corta y de lectura rápida que no le creará excesivos problemas al lector, aunque su final no sea demasiado robusto y, me permito decir, demasiado relacionada con la trama principal de la novela. Pero bueno, la vida es así, y me imagino que la vida en San Francisco en la década de los años sesenta también debería serlo: un lugar en el que no acostumbraban a pasar grandes cosas y en el que un reverendo enano y una dominatrix reformada podían aprovecharse de los miembros de la comunidad, en este caso hispana, a cambio de un plato caliente. Bueno, eso al menos hasta que parte de un muslo humano apareciera, envuelto en la tela de una arpillera, con la inicial M, y de que su hallazgo fuera informado al protagonista de la novela, Samuel Hamilton.

Título: El enano
Autor: William C. Gordon
Sello: DEBOLSILLO
Colección: BEST SELLER
Fecha publicación: julio de 2012
Formato: bolsillo / 125 X 190 mm /
Nº de páginas: 288
ISBN: 9788499895970
Temática: Novela negra y de suspense
Precio: 8,95 €

Escrito por Jorge Pisa Sánchez

Novedades editoriales: Duelo en Chinatown y El enano, de William C. Gordon, ed. Debolsillo

La editorial Debolsillo publica dos de las obras de William C. Gordon, el autor que se ha convertido en un referente del género policiaco actual. Dos novelas de corte clásico ambientadas en la ciudad de san Francisco que nos presentan al aspirante a periodista e investigador Samuel Hilton.

Duelo en Chinatown.

Tráfico de arte, altos ejecutivos, homicidios y femmes fatales transitan por las páginas de esta novela ambientada en uno de los barrios más seductores y misteriosos de San Francisco.

Cuando un presunto millonario aparece muerto en San Francisco, Samuel Hamilton, vendedor de anuncios en un periódico local y aspirante a reportero, decide investigar por su cuenta. Aparentemente, el hombre ha sido atropellado por un autobús, pero algo no encaja en la versión oficial de los hechos. Con la ayuda de su amiga Melba, Samuel comenzará a desentrañar una trama que lo llevará a una tienda en Chinatown donde el señor Song guarda el dinero y los documentos importantes de muchos de sus vecinos en vasijas de porcelana.

Título: Duelo en China Town
Autor: William C. Gordon
Sello: DEBOLSILLO
Colección: BEST SELLER
Fecha publicación: julio de 2012
Formato: bolsillo / 125 x 190 mm
Nº de páginas: 256
ISBN: 9788499895963
Temática: Novela
Rango edad: Adultos
Precio: 8,95 €

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El enano.

Con una prosa tan realista como evocadora, Gordon nos ofrece un absorbente relato de intriga y suspense ambientado en las entrañas de las comunidades beatnik y gay del San Francisco de los años 60.

En la Bahía de San Francisco, el perro de Melba, ha encontrado un pedazo de muslo humano envuelto en un costal con la letra M inscrita en él. Con la ayuda del inspector Bernardi, Hamilton relaciona el hallazgo con la desaparición de un muchacho de origen mexicano. En el proceso de encontrar un sentido al misterio, Hamilton se topa con un personaje despreciable y patético, el enano pervertido Dusty Schwartz, y con su socia dominatrix, quienes predican en una secta. Sin embargo, no son los únicos sospechosos. Hay una caterva de abogados, burócratas y policías que podrían encajar perfectamente en el perfil del asesino

Título: El enano
Autor: William C. Gordon
Sello: DEBOLSILLO
Colección: BEST SELLER
Fecha publicación: julio de 2012
Formato: bolsillo / 125 X 190 mm /
Nº de páginas: 288
ISBN: 9788499895970
Temática: Novela negra y de suspense
Precio: 8,95 €

Entrevista: Toni Hill, escritor que presenta su segunda novela, Los buenos suicidas.

A mediados de 2011 aparecía en nuestras librerías El verano de los juguetes muertos, la primera novela protagonizada por el inspector Héctor Salgado que, a su vez, significaba el debut como escritor del barcelonés Toni Hill, una historia policíaca que obtuvo una excelente acogida entre los seguidores del género. Apenas un año después Hill publica la continuación del caso (Los buenos suicidas), y esa fue la excusa perfecta para que Culturalia se citara con él y hablar, así, de sus dos novelas, de los personajes protagonistas, de sus influencias, de la posibilidad de convertir a Salgado en un personaje televisivo, y, sobre todo, de la literatura de género que tanto le apasiona.

El verano de los juguetes muertos se convirtió en un éxito de crítica y venta, hasta tal punto que el libro será traducido a dieciséis idiomas. ¿Esperabas ese magnífico recibimiento para tu debut?

La verdad es que no. ¿Cómo te lo vas a esperar? Yo escribía la novela en casa, hablé con gente de la editorial y les ofrecí unos capítulos que ellos aceptaron, así que sabía que al menos se iba a publicar. Pero se hacía en Debolsillo y con una primera tirada de 10.000 ejemplares, algo totalmente diferente a lo que fue después. Y no tenía ninguna noticia de que aquello fuera a cambiar hasta que, en la Feria de Torino, la novela se vendió a siete países antes de que saliera aquí. A partir de ese momento, se cambió el plan de márquetin y toda la estrategia prestablecida.

¿Tuviste algún momento de pánico antes de encarar esta segunda novela? ¿Te sientes especialmente presionado por no decepcionar a quienes entusiasmó la primera parte?

Claro, si no, no sería humano. La presión existe, pero más que a la hora de escribir, está en el momento de pensar una trama; tenía clara la continuación de los personajes principales, pero me preocupaba generar otra historia que fuera distinta de la primera y, a la vez, suficientemente atractiva para quienes les gustó El verano de los juguetes muertos. A la hora de escribir me planteé una estructura diferente, pensé en hacer algo distinto pero que interesara al mismo grupo de gente, cambiar todo lo posible sin romper las reglas del género. Pero, claro, hay presión. De todas maneras, lo mejor para superarla es escribir: si te paralizas y no haces nada, entonces ni avanzas ni hay libro. Básicamente, la máxima presión estaba en que los editores extranjeros habían comprado las dos novelas, así que esperaban la segunda para saber si el éxito de la primera había sido casualidad o no.

El título de la novela, Los buenos suicidas, es un gran acierto, a pesar de que Salgado no crea que existan buenos y malos suicidas. ¿A qué responde ese título?

El título es casi irónico. Pensé que “buenos suicidas”, igual que “juguetes muertos”, implicaba jugar con dos conceptos opuestos, una idea que me gustó, así que propuse ese título y, después de darle mil vueltas, fue el que se quedó.

El protagonista afirma que hay bastantes más suicidas de lo que se publica en los medios. ¿Crees que el suicidio sigue siendo un tema tabú en la sociedad actual?

Es un tabú asumido. De hecho, un suicidio tampoco es exactamente una noticia, pero lo cierto es que no hay estadísticas, no se contabilizan, muchos se encubren, parece que si hay noticias de estas, la gente que quiere hacerlo se ve acompañada, posiblemente la idea de suicidios genere más suicidios; por eso, para evitar males mayores, quizás exista ese pacto de silencio.

Los sospechosos de Los buenos suicidas trabajan en los Laboratorios Alemany, una empresa especializada en la producción de cosméticos. Supongo que lugares en los que, día tras día, comparten sus horas personas tan dispares como los trabajadores de cualquier gran empresa son una mina para un escritor de novelas de misterio, ¿no crees?

Es una mina para un escritor de cualquier género, lo que sucede es que se utiliza muy poco, salvo que sean empresas algo diabólicas, como la de La tapadera, de John Grisham. Se utilizan poco porque al mismo tiempo hay que hablar de una serie de temas que yo aquí evité como pude: si hablas de ellos debes hablar de su trabajo, y las reuniones de márquetin son poco literarias. Es un ambiente casi claustrofóbico, estás obligado a volver allí todos los días, a relacionarte con personas con las que en principio no tienes nada en común; es una multitud de gente metida en un mismo lugar, con las presiones lógicas del trabajo a las que hay que sumar los conflictos que tengan entre ellos. Por eso es un material que da mucho juego.

En esta novela hay algunas referencias a la crisis que vivimos actualmente. ¿Es imposible abstraerse de una situación tan crítica como esta, incluso a la hora de escribir ficción? ¿Piensas que esas pinceladas sitúan a los protagonistas en un mundo real, y no de espaldas a la actualidad?

Sí, en este caso sería imposible porque mi intención es que la gente se identifique con los personajes. La novela pasa a principios del 2011, cuando estábamos con aquello de los “brotes verdes” que esperábamos que crecieran; ahora la crisis es mucho peor de lo que era en ese momento, por lo que debía abstraerme de las últimas noticias y recordar cuando la gente no estaba tan preocupada como ahora. Al mismo tiempo, yo quiero que la gente se identifique con los personajes, que piensen que Sílvia se parece a un familiar, o que ese compañero de trabajo es tan raro como Manel. De ahí que estos personajes se comuniquen como lo hacemos actualmente, esa gente no es tan distinta, llevados a un extremo, a la que conocemos; así, que Amanda se vaya a Luz de Gas a tomar una copa me parece algo natural por su estatus. Por eso intento poner referencias sin excederme, para no caer en un costumbrismo caduco que no aporta demasiado.

Héctor Salgado es un inspector de los Mossos d’Esquadra originario de Argentina. ¿Por qué escogiste a alguien que no ha nacido aquí para protagonizar tus novelas? ¿Fue una elección casual?

Fue casual que fuera argentino, pero no que fuera extranjero. Alguien de aquí no me acababa de convencer, así que, como he vivido un tiempo en Buenos Aires, pensé en hacerlo argentino, hay muchos en Barcelona desde hace tiempo, y de esta manera si tengo que hacer alguna referencia a cualquier calle de allí, la puedo hacer con conocimiento. Además, la idiosincrasia argentina tiene mucho que ver con la de Salgado, medio melancólico, medio irónico.

Portada de El verano de los juguetes muertos

Salgado se aleja de aquellos policías que merodeaban por los bajos fondos y buscaban consuelo en el alcohol. De hecho, su refugio es el jogging, y su único vicio son los cigarrillos. ¿Es una forma de reflejar la realidad de la profesión y dejar atrás los estereotipos literarios?

Sí, lo del alcohol en la actualidad me parece fuera de lugar. ¿Dejarías que alguien que beba constantemente llevara un arma? Eso está bien para los detectives privados, o en países con altos índices de alcoholismo, pero aquí no; por otra parte, me hacen gracia esos alcohólicos de postal, aquellos que beben y al día siguiente están perfectamente. Además, en El verano de los juguetes muertos parecía que el personaje avanzaba hacia el tópico, pero luego se subvertía: es un policía divorciado, sí, aunque ella lo ha dejado por otra mujer; también tiene tendencia a perder los nervios, pero se preocupa de su hijo y mantiene una relación cariñosa con su casera; hay gente a su alrededor que le quiere, así que tan malo no debe ser. Salgado no bebe, pero tampoco come, se aleja de las novelas mediterráneas que pasan el día comiendo; él no lo hace, y los fans están muy preocupados por su dieta. Sea como sea no me lo imagino cocinando, ni a él ni a Leire, con los horarios actuales es difícil dedicar mucho tiempo a cocinar.

El inspector Salgado encuentra su contrapunto ideal en Leire Castro, una agente de carácter, independiente y resolutiva que en la segunda novela investiga por su cuenta y riesgo el caso de Ruth. ¿Utilizar una mujer como compañera del protagonista ayuda a romper los tópicos machistas?

No, creo que ahora ya es algo habitual, en las parejas chico-chica se establece una especie de tensión sexual que siempre va bien, yo juego con el estereotipo porque ambos son totalmente distintos: Salgado es mucho más melancólico y neurótico que Leire, ella avanza siempre sin caer en flashbacks, mientras que él divaga, tiene otra manera de ser, quizás por la edad (cuarenta y tantos años frente a los casi treinta de Leire), y la forma de ser de ella hace que se centre en la investigación descuidando su embarazo hasta extremos arriesgados. Yo intento explicarlos no solo por cómo son ellos, sino también por cómo les tratan los demás, y está claro que a los dos les aprecian.

La comisaría en la que trabaja Salgado es uno de los escenarios comunes en tus dos novelas. ¿Realizaste algún tipo de trabajo previo de documentación sobre el día a día en una comisaría?

Lo cierto es que no, quizás debería haberlo hecho, pero es dificilísimo. Fui a la comisaria de Lleida, pero todas son iguales. Por otro lado, la realidad no tiene nada que ver con la literatura, en este país todo es distinto a cómo lo imaginamos: los policías no interrogan, lo hacen los agentes judiciales, hay pocos inspectores,… Nosotros tenemos una visión muy americana, y no se ajusta a la realidad de nuestro país, así que tan solo hay que intentar no cometer barbaridades. De todas maneras, tampoco quiero saber si lo que escribo es real, me conformo pensando que es perfectamente verosímil, posiblemente la verdad sería tan poco interesante que no merecería la pena leerla.

La novela anterior queda marcada por la desaparición de Ruth, la ex esposa del inspector, un suceso que en Los buenos suicidas tiene un gran peso. Sin que nos adelantes nada, pero ¿ya sabes cómo se resolverá todo? ¿Lo sabías ya en el mismo momento en que decides que desaparezca, o tu primera idea ha ido evolucionando?

Cuando decidí que Ruth desapareciera, la novela acababa ahí, sin investigación posterior, pero ya había imaginado qué le podría haber pasado. Todo el mundo lo considera una especie de cliffhanger, una puerta abierta para una segunda novela, pero para mí el final tenía sentido, demostrando que el vudú, subestimado en todo momento y que parecía que solo se lo creían las prostitutas nigerianas incultas, podía traspasar la línea y colarse en la vida de dos personajes no creyentes en él; esa era mi única intención cuando escribí el final de El verano de los juguetes muertos. Sin embargo, en la segunda parte no podía obviar esa desaparición. Así que, en efecto, ya sabía qué le había pasado, pero vosotros también lo sabéis, si pensáis un poco (Risas). La escena final de Los buenos suicidas debía terminar sabiendo quién llama a la puerta, y yo no pretendo mentir al lector: si la visita alguien es porque tiene que ver con su desaparición; si no, no lo pondría. El caso de Ruth podría ser una novela por si misma, pero yo lo resuelvo en dos, con el próximo libro se cierra la trilogía y en mi cabeza el final cuadra, es complicado pero encaja. De todas maneras no hay ni una pista falsa, en este momento tenéis el 70 % de la información necesaria, así que no habrá una gran sorpresa, es bastante lógico.

Eres licenciado en psicología y llevas años trabajando en el ámbito editorial. ¿Qué te hizo dar el paso de traductor a autor?

Portada de Los buenos suicidas

Hace años que trabajo en el mundo editorial, soy traductor, también he realizado funciones de corrector, y en todo este tiempo he visto muchos originales, y al final piensas: “Yo también lo sé hacer”. Pasan los años y decides demostrar que puedes hacerlo, así que encontré el momento ideal para dedicarme un tiempo a escribir, con las mañanas libres. Sin embargo, trabajar con gente de la editorial es un arma de doble filo: te harán mucho caso la primera vez pero, según el resultado, no lo harán la siguiente. Por otro lado, yo quería publicar la novela, sin pensar si se vendería o no. Y cuando ya había empezado vi que se me daba bien crear personajes y elaborar diálogos, lo complicado era crear la trama, por eso algunos meses me los pasé pensando en un mundo ficticio y escribiendo de madrugada.

Tengo entendido que eres un gran admirador de la literatura de misterio anglosajona. ¿Hay algún escritor que te haya influido especialmente?

Hay varios, desde que lees a Agatha Crhristie cuando tienes doce años te fijas en sus tramas elaboradas con coherencia, ella reflejaba su época, aunque sus personajes eran poco creíbles. Me gusta mucho Dennis Lehane: Mystic River es una novela que trasciende al género porque tiene todos los elementos de la novela criminal y, al mismo tiempo, un elenco de personajes que funcionaría bien sin el crimen. Otros escritores que me gustan son John Connolly y Michael Connelly. La verdad es que he leído más crimen anglosajón que de cualquier otro sitio, aunque en nuestro país también hay novelas muy buenas, como No llames a casa de Carlos Zanón, o Las niñas perdidas de Cristina Fallarás. Recomiendo especialmente La tristeza del samurái de Víctor del Árbol, a quien conocí en la Semana Negra de Gijón y cuyo libro ha sido premiado en Francia; es una historia ambientada en dos tiempos: los años posteriores a la Guerra Civil y el golpe de estado de Antonio Tejero (1981), dos tramas paralelas que funcionan bien.

Has necesitado tan solo dos libros para consolidarte como un buen especialista de novela policíaca. ¿Te imaginas cambiando de género en el futuro –pasar a novela histórica, de humor, de ciencia-ficción,…– o te sientes tan cómodo con las investigaciones policiales que no te planteas ese cambio?

Sí me imagino cambiando de género, y además pasará. Si cambio voy a eliminar el género, quiero hacer una serie de relatos aunque no se publiquen, escribir algo que empiezas y acabas en una semana, así la obsesión se elimina en pocos días. También me gustaría probar, en algún momento, con la literatura de terror, que parece que aquí está muy mal vista, de la misma manera que lo estaba la novela negra hasta hace apenas cuatro días. Aquí los géneros quedan arrinconados, no sé muy bien por qué, no sé si es por prejuicios, o por conservadurismo…

Tanto en El verano de los juguetes muertos como en Los buenos suicidas se intuye un material excelente para hacer una película. ¿Te lo han propuesto ya?

Pues sí, el proyecto está en fase embrionaria, y será una mini-serie de dos episodios basada en El verano de los juguetes muertos; los derechos están vendidos a Portocabo, pero el problema está en encontrar la financiación. En principio yo tan solo les echaré una mano, les daré mi opinión, pero el guión lo harán ellos. Creo que saldrá adelante, tienen muchas ganas y únicamente falta que las televisiones decidan financiarla. Ya veremos si será una realidad o no…

Los seguidores del inspector Héctor Salgado quedan desamparados al terminar Los buenos suicidas, impacientes, a la espera del próximo caso. ¿Puedes recomendarles alguna novela que te haya gustado especialmente en los últimos tiempos? No importa si es de género policíaco o no.

Sí, puedo recomendar varias: La tristeza del samurái de Víctor del Árbol, Chesil Beach de Ian McEwan, No confíes en nadie de S. J. Watson, por sistema yo recomiendo todo lo que escribe Philip Roth, y también la última de Jo Nesbø, un autor noruego que ahora es la gran sensación en Inglaterra y que próximamente verá cómo Martin Scorsese dirigirá la versión cinematográfica de su novela The Snowman.

No nos faltarán opciones, no.

Título: Los buenos suicidas / Els bons suicides
Autor: Toni Hill
Editorial: Debolsillo
Colección: Best Seller
Páginas: 384 páginas
Fecha de publicación: Junio 2012
ISBN: 9788499896786
Precio: 12,95 €

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Escrito por: Robert Martínez Colomé