Como ya sabéis en BlogCulturaliahemos potenciado la sección de crítica de series de televisión, con especial atención a los géneros de terror, ciencia-ficción o afines. Hoy nos decidimos por Helix, serie de dos temporadas que emitió en España el canal Syfy entre los años 2014 y 2015 dirigida, entre otros, por Cameron Porsandeh, responsable también de la idea y el guión.
Helix es una serie con un planteamiento interesante y contundente en el que el riesgo de un virus letal inicia su propagación en una base de investigación en el Ártico, algo que como podéis imaginar, puede generar interés en una época de confinamiento como la actual provocada por el COVID-19.
La serie con dos temporadas emitidas se ambienta en cada una de ellas en lugares recónditos del planeta, ya sea una estación en el Ártico o en una isla remota en la que habita una extraña secta desde hace generaciones. En ambos casos los miembros de CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) serán enviados para identificar el virus, contenerlo y encontrar una cura. En su trabajo, sin embargo, se encontrarán con diversos obstáculos, ya sea la gravedad de la alerta, los secretos que ocultan los personajes o los intereses de la extraña corporación Ilaria.
La ficción posee elementos iniciales interesantes ya sea en la idea, en la originalidad o en la tensión argumental, enmarcada en un contexto que une el thriller, el misterio, el terror y la ciencia-ficción e intenta avanzar en el relato de una forma científica o técnica. Sin embargo a medida que avanzan los capítulos la fantasía conspirativa se apodera de la serie, siendo el elemento más destacado de esta evolución la aparición de un grupo de inmortales, principales culpables de las tragedias que se vivirán en ambas temporadas.
Tanto la primera temporada como la segunda, de trece capítulos cada una, avanzan día a día, es decir, cada capítulo relata los sucesos acaecidos en una jornada dentro del microcosmos en el que está ambientada la serie, con lo que la trama está concentrada. Si bien, en la segunda temporada el argumento se bifurca en dos tramas temporales, aprovechando la realidad inmortal de algunos de sus protagonistas.
Por desgracia la evolución de la acción no ha sido la esperada ni ha mantenido la altura y si bien uno esperaba, como parecía al principio, una buena base científica de la ficción, a medida que avanza la serie esta se erosiona y se convierte más en un relato de terror gótico que otra cosa, sobre todo la trama de la segunda temporada, lo que afecta sin duda, al interés de la audiencia, que se ha ido reduciendo a marchas forzadas y que explica la cancelación de la serie.
Por lo que respecta a las actuaciones, la serie tiene de un grupo de personajes que se mantienen tanto en la primera como en la segunda temporada, aunque con una evolución algo singular. Entre ellos tenemos a los miembros del grupo del CDC capitaneados por el doctor Alan Farragut (Billy Campbell), recordado seguro por The Rocketeer (1991), y las doctoras Julia Walker (Kyra Zagorsky) y Sarah Jordan (Jordan Hayes). A ellos les acompañan el mayor Sergio Balleseros (Mark Ghanimé) y los doctores Peter Farragut (Neil Napier) yKyle Sommer (Matt Long), este último en la segunda temporada. Una mención aparte merecen los villanos de las dos tramas, el paternalista director del centro de investigación en el Ártico Hiroshi Hatake (Hiroyuki Sanada) y el hermano Michael (Steven Weber), el líder de la secta en la segunda temporada.
Unos personajes y una relaciones entre ellos que si bien se delimitan fácilmente al inicio de la trama, se irán desnaturalizando y haciendo cada vez más artificiosas a medida que la situación se descontrole y hará que muchas veces los personajes o sus acciones sean poco creíbles, incluyendo aquí también el comportamiento de los infectados. Hay que dedir al respecto que algunos de los personajes de la primera temporada son desperdiciados argumentalmente en la segunda. ¡Una lástima!
Una última referencia al apartado musical a cargo de Reinhold Heil, que incluye toda una serie de temas poco convencionales en una serie de este tipo, pero que ayudan a darle un toque de intensidad a que sorprende.
Helix es una serie con un planteamiento inicial interesante pero que va perdiendo enteros a medida que la trama avanza, para acabar enloqueciendo en la segunda temporada. Aún así trata un tema actual, la propagación de un virus mortal, aunque el aspecto científico se diluye en una trama más fantasiosa y gótica por momentos que va haciendo que el espectador vaya perdiendo el interés sobre todo el asunto. Una serie para seguir en una época de confinamiento como la que vivimos actualmente aunque sin demasiadas expectativas.
Título:Helix Año: 2014 – 2015 Duración: 2 temporadas (36 capítulos) País: Estados Unidos y Canadá Dirección: Cameron Porsandeh, Jeffrey Reiner, Duane Clark, Brad Turner, Jeremiah Chechik, Mike Rohl, Steven A. Adelson Guión: Cameron Porsandeh Música: Reinhold Heil Fotografía: Stephen McNutt Reparto: Bill Campbell, Hiroyuki Sanada, Kyra Zagorsky, Jordan Hayes, Neil Napier, Mark Ghanimé, Meegwun Fairbrother, Luciana Carro, Amber Goldfarb, Catherine Lemieux Producción: Lynda Obst Productions, Sony Pictures Television, Tall Ship Productions, Muse Entertainment Emitida por Syfy Género: Serie de TV | Ciencia ficción | Thriller | Enfermedad | Pandemia NOTA CULTURALIA: 6,5 NOTA ABANDOMOVIEZ: 5,62 NOTA IMDB:6,8 NOTA ROTTEN TOMATOES:
• Crítica: 81%
• Audiencia: 67%
—— Jorge Pisa
El descontento estalló, finalmente, a finales de marzo del año 238 en la ciudad de Thysdrus (El Djem), en la provincia de África proconsular, donde jóvenes pertenecientes «a nobles y ricas familias de Cartago» se rebelaron contra las duras exacciones impuestas allí por el procurador provincial. El incidente acabó con la muerte del magistrado imperial a manos de los siervos de los jóvenes amotinados. Los líderes de la revuelta conscientes de la gravedad de sus actos, que solo podían comportarles la represalia de las autoridades imperiales, optaron por nombrar emperador al gobernador de la provincia, Marco Antonio Gordiano (Gordiano I). Este era un senador perteneciente a una rica familia originaria seguramente de Asia Menor, de la provincia de Galatia o bien de Capadocia, cuya carrera política no había destacado demasiado hasta el momento, a pesar de su avanzada edad, que rondaba los 80 años.
Ciudad romana de Cartago en el siglo II d.C.
Aunque Gordiano fue reacio en un principio a aceptar la dignidad imperial, consciente del alto riesgo que esta acción comportaba, acabó por acceder a las demandas de la multitud, estableciéndose en la ciudad de Cartago y nombrando a su hijo, del mismo nombre, co-emperador (Gordiano II). Su situación, sin embargo, no era la más favorable, ya que los Gordianos no disponían de fuerzas militares a su cargo en la provincia, por lo que su candidatura a la púrpura imperial carecía de un apoyo militar sólido.
Gordiano I notificó al Senado y al pueblo romano, a través del envío de cartas, los sucesos que habían llevado a su proclamación como emperador. Poco después, a principios de abril del año 238, el Senado confirmó el nombramiento de los Gordianos y declaró a Maximinoy a su hijo enemigos públicos, tras lo cual nombró, de entre sus miembros, a un grupo de 20 senadores, los vigintiviri rei publicae curandae, para asegurar la defensa de Italia en ausencia de los Gordianos. En Roma la noticia de la proclamación de los nuevos emperadores provocó un gran desorden, durante el cual se dio muerte a varios de los hombres de Maximino, entre ellos a Vitaliano, el prefecto del pretorio y a Sabino, prefecto de la ciudad.
No sabemos con seguridad a favor de qué pretendiente se pronunciaron las diversas provincias romanas. Aún así parece que las orientales se decantarían por los Gordianos, mientras que la mayoría de las provincias de carácter militar optaron por Maximino. Una de ellas fue Numidia, gobernada por un tal Capeliano. Parece que este gobernador estaba enfrentado desde hacía tiempo con el mayor de los Gordianos por una cuestión legal. Para desgracia de este último Capeliano estaba al frente de la legión III Augusta, la única destacada en el litoral norteafricano, y de las tropas auxiliares asociadas a ella, con las que se dirigió hacia la ciudad de Cartago.
A mediados de abril del año 238 el ejército de Capeliano se enfrentó a las fuerzas reclutadas de forma apresurada por los Gordianos, constituidas por las milicias de la provincia, a las que venció ante las murallas de la ciudad. Gordiano II murió en el combate, mientras que su padre se suicidó ahorcándose al ser informado de la derrota y de la entrada de Capeliano en Cartago.
La desaparición de los Gordianos, sin embargo, no puso punto y final a la convulsa situación que su nombramiento como emperadores había propiciado, si bien dejaba al Senado romano en una posición extremadamente comprometida, ya que la cámara y con ella la población de Roma habían mostrado abiertamente su oposición a Maximino. De esta forma, cuando a finales de abril o principios de mayo llegó a la capital la noticia de la muerte de los dos Gordianos, el Senado optó por persistir en su actitud de rebeldía, deificando a los dos Gordianos y eligiendo de entre los vigintiviri, nombrados semanas antes, a dos de sus miembros, Marco Clodio Pupieno Máximo y Décimo Caelio Calvino Balbino, a los que nombró augustos, ambos con igual poder y rango, permaneciendo los restantes 18 candidatos como consejeros de los nuevos emperadores.
Pupieno y Balbino pertenecían ambos a las más alta aristocracia romana y tenían, en el momento de su nombramiento como augustos, más de 60 años, por lo que su elección se ha interpretado como una solución de compromiso entre las diversas facciones del Senado ante la amenaza que representaba Maximino. Según Herodiano y la Historia Augusta el mismo día que Pupieno y Balbino fueron proclamados augustos, el pueblo romano forzó a los nuevos emperadores a reconocer como césar a Marco Antonio Gordiano(Gordiano III), nieto del primer Gordiano y sobrino del segundo, un joven de 13 años que vivía en aquellos momentos en Roma. Parece que su proclamación se debería o bien a la intervención de los familiares y amigos de Gordiano I o a la actuación de una facción senatorial opuesta a los dos nuevos emperadores, Pupieno y Balbino.
Monedas de los emperadores Pupieno y Balbino
La situación vendría a complicarse todavía más ya que poco después del reconocimiento de Gordiano III como césar, se inició un enfrentamiento entre la plebe de Roma y la guardia pretoriana, provocado por el asesinato de diversos miembros de la guardia que atendían a una reunión del Senado. La lucha se prolongó durante diversos días y comportó la destrucción de gran parte de la ciudad. Aunque no sabemos cómo finalizó la contienda, parece que los pretorianos se acabaron atrincherando en su campamento (castra praetoria) situado en las afueras de Roma y que se rindieron después de que la plebe cortara su suministro de agua.
De esta manera la autoridad de Maximino, tras tres años de campañas militares en el norte, se veía desafiada no solo en las provincias sino también en la capital, en la que en poco más de un mes se habían reconocido hasta a cinco emperadores diferentes. Así, pues, cuando, a mediados de abril del 238, Maximino tuvo noticias de la proclamación de los Gordianos y de su reconocimiento por parte del Senado, decidió, tras reunirse con sus consejeros, marchar sobre Roma al frente de sus tropas.
La situación era aún potencialmente controlable por parte de Maximino, ya que hemos de recordar que ni en Roma ni en África sus adversarios disponían de tropas capaces de enfrentarse a las veteranas legiones que él mismo comandaba en el norte. Maximino, sin embargo, no lo tuvo fácil en su marcha hacia la capital ya que no solo se vio obligado a hacer frente a las duras condiciones en los Alpes en esa época del año, sino también a la falta de suministros, debido a que el Senado había ordenado almacenar en el interior de las ciudades todos los víveres y provisiones que hubiera en los campos para que Maximino no pudiera hacerse con ellos en su recorrido hacia Roma y había enviado magistrados a todas las regiones para defenderlas y dificultar su marcha a través de ellas.
Gordiano III
El acontecimiento que, sin embargo, sellaría el destino de Maximino fue la resistencia que opuso la ciudad de Aquilea ante su avance. Sus habitantes habían reparado apresuradamente las murallas de la ciudad para resistir a las fuerzas de Maximino y su defensa estaba a cargo de Rutilio Pudente Crispino y Tulio Menófilo, dos consulares elegidos y enviados allí por el Senado. Dirigida de esta forma la ciudad cerró las puertas ante la llegada de las tropas de avanzada enemigas.
Maximino, que aún estaba en camino con el grueso de sus fuerzas, envío una embajada constituida por un tribuno originario de la propia Aquilea y diversos centuriones para negociar la rendición de la ciudad. Los enviados, situados al pie de la muralla, comunicaron a los habitantes de Aquilea que Maximino«les ordenaba deponer las armas pacíficamente y recibirlo como amigo, no como enemigo». Parece que la proposición persuadió a parte de los habitantes de la ciudad y que solo el apremio de Crispino y Menófilo evitó que las puertas de Aquilea se abrieran a las tropas de Maximino.
La negativa de los aquileanos hizo enfurecer a Maximino que aceleró la marcha hacia la ciudad. Al llegar a ella decidió tomarla antes de proseguir su avance hacia Roma. Tras un breve descanso para las tropas dio inicio el asedio. Se produjeron varios asaltos, según Herodiano, prácticamente diarios. Aún así, los aquileanos resistían, defendiéndose con el uso de una substancia «mezcla de pez y aceite con azufre y asfalto» que caliente se lanzaba desde las murallas sobre los atacantes, y utilizando «antorchas empapadas igualmente con pez y resina, y provistas de una punta de flecha en el extremo» que una vez encendidas eran lanzadas contra los máquinas de asedio de Maximino y que al clavarse en ellas las incendiaban. La demora del emperador ante la ciudad de Aquilea permitió a Pupieno, encargado por el Senado de las operaciones militares contra Maximino, desplazarse hasta la ciudad de Rávena.
La firme resistencia de la ciudad de Aquilea hizo perder los estribos a Maximino que llegó a castigar a varios oficiales por su falta de ánimo e interés a la hora de atacar la ciudad. Las exigencias y la dura disciplina impuestas por Maximino acabaron afectando el ánimo de sus hombres, que tras cuatro semanas de infructuoso asedio y desmoralizados por el hambre y el cansancio se amotinaron. Según Herodiano y la Historia Augusta a principios de junio del año 238 diversos hombres de la II legión Pártica, preocupados por la seguridad de sus familias, que habían dejado en el campamento situado en el monte Albano cercano a Roma, se dirigieron a la tienda de Maximino, y arrancaron el retrato del emperador de los estandartes con ayuda de los pretorianos. «En el momento en que Maximino salía de la tienda en compañía de su hijo, seguramente con la intención de hablarles, les dieron muerte al instante», matando también al prefecto del pretorio y a todos los consejeros afectos a Maximino. «Finalmente, después de exponer sus cuerpos a los insultos y vejaciones de todo el que quiso, los dejaron para pasto de perros y aves. Las cabezas de Maximino y de su hijo, sin embargo, fueron enviadas a Roma».
Antigua Aquileya
No todas las unidades del ejército aprobaron, sin embargo, la acción, como fue el caso de las de origen panonio y tracio, las tropas que habían entregado el poder a Maximino en el año 235, aunque finalmente y a disgusto acabaron aceptando los hechos consumados. Poco después los soldados, en son de paz, se acercaron a las murallas de Aquilea para informar de la muerte de Maximino. Tras reconocer la autoridad de Pupieno, Balbino y Gordiano III se les abrieron las puertas de la ciudad y fueron abastecidos con todos los víveres que requerían.
La desaparición de Maximino no comportó, sin embargo, una mejoría en la situación política que vivía el Imperio. Pupieno y Balbino murieron meses después a manos de la guardia imperial y el reinado del joven Gordiano III tan solo perduró hasta el año 244, muriendo al ser derrotado por los persas o bien a manos de su sucesor Filipo el Árabe. De esta forma, con la muerte primero de Alejandro Severo (235) y más tarde de Maximino el Tracio (238), se iniciaba un periodo de inestabilidad política y de crisis económica y social en la historia de Roma que se prolongaría durante 50 años y que llevaría al Imperio romano a refundar sus estructuras políticas, sociales y económicas para hacer frente al nuevo contexto histórico al que se enfrentaba.
BIBLIOGRAFÍA ARTÍCULO Maximino el Tracio. El primer emperador soldado
Drinkwater, J., «Maximinus to Diocletian and the «crisis», en The Cambridge Ancient History, The Crisis of Empire A.D 193-337, vol. XII, Bowman, A. K.; Garnsey, P. y Cameron A. (eds.), Cambridge University Press, Cambridge 2008.
Frye, R. N., «The Political History of Iran under the Sasanians», en The Cambridge History of Iran, The Seleucid, Parthian and Sasanian periods, vol 3(1), ed. Ehsan Yarshater, Cambridge University Press, Cambridge 2006.
Sí, es verdad, en BlogCulturalia no nos hemos zambullido en el mundo Stephen King. En diez años de existencia tan solo hemos criticamos la novela Mr. Mercedes en 2015, el musical Carrie basado en su novela y estrenado en el Teatre Gaudí en 2018, y hemos reseñado este mismo año la serie La Niebla, basada también en otra de sus novelas. Por ello, hoy analizamos Doctor sueño, la secuela de El resplandor (Stanley Kubrick, 1980) estrenada el año pasado.
«La historia transcurre algunos años después de los acontecimientos de «El Resplandor», y sigue a Danny Torrance (Ewan McGregor), traumatizado y con problemas de alcoholismo por los hechos vividos en su infancia en el hotel Overlook. Danny deberá ayudar a una niña de nombre Abra Stone, a quien debe rescatar de un grupo de viajeros que se alimentan de los niños que poseen el don de «el resplandor».
Doctor Sueño representa una continuación, una actualización y un cambio con respecto a la trama de El resplandor, no solo porque seguimos la vida de Danny Torrance en época adulta sino porque la esencia de la trama se ha modificado. Pasamos de un relato más psícológico e intimista, plagado de hechos misteriosos acontecidos en el hotel Overlook, a una historia más de thriller, misterio y fantasía, algo que seguro no ha sido del agrado de todos los fans de King.
El film está relacionado con El resplandor, pero en muchos aspectos es casi totalmente independiente de su predecesora. Stephen King y Mike Flanagan, responsable de la aclamada La maldición de Hill House (serie que, por cierto, mantiene ciertas similitudes en su planteamiento con Doctor Sueño), han hilvanado una historia en la que el terror no está provocado por un lugar, por un pasado o por unas presencias oscuras, sino por un grupo o secta que se alimenta del resplandor de los niños con poderes psíquicos, contra los que Danny Torrance ha de luchar para salvar la vida de la joven Abra Stone.
De ahí que la película se inicie con la resolución de los problemas del joven Torrance y de su redención como persona, gracias a la ayuda de su amigo Billy Freeman, interpretado por Cliff Curtis, para convertirse después en un thriller fantástico en el que el protagonista tendrá que luchar contra el grupo de «devoradores de resplandor».
Doctor Sueño es una película larga, unas dos horas y media, como las novelas de King, que desfallece en gran parte de su metraje. Uno espera ver una película de King con una textura parecida o vinculada a El resplandor de Kubrick, pero se encuentra un producto que está lejos de eso, aunque las escenas finales del mismo estén rodadas en el mítico Hotel Outlook.
La dirección de Flanagan es solo la correcta y las interpretaciones están bien, de eso no hay duda, si bien McGregor no acaba de trascender en su papel protagonista, en el que su principal rival, Rebecca Ferguson, la líder de la secta de «devoradores de resplandor» se impone claramente. Y el terror, más que terror es intriga con toques fantásticos, una lucha entre superpoderes que se asemeja en algunos momentos más a un producto Marvel que a una producto King. El contexto de la trama sí que posee ese ambiente folk propio de las novelas de King y la música, de The Newton Brothers, especializados en bandas sonoras de películas oscuras, le da un toque propio a la propuesta. Destacan también los efectos especiales que enriquecen el relato y una fotografía oscura como el relato de la mano de Michael Fimognari.
Si bien, Doctor Sueño es en parte una decepción por su precedente y su procedencia y porque uno espera ver algo que no le decepcione y le permita decir que no es verdad aquello de que «las segundas partes nunca son buenas», aunque en esta ocasión se quede a medias.
Título: Doctor Sueño Año: 2019 Duración: 151 min. País: Estados Unidos Dirección: Mike Flanagan Guión: Akiva Goldsman, Mike Flanagan (Basada en la novela de Stephen King) Música: The Newton Brothers Fotografía: Michael Fimognari Reparto: Ewan McGregor, Rebecca Ferguson, Kyliegh Curran, Zahn McClarnon, Carl Lumbly, Alex Essoe, Bruce Greenwood, Jacob Tremblay, Catherine Parker, Robert Longstreet, Carel Struycken, Emily Alyn Lind, Selena Anduze, Jocelin Donahue, Chelsea Talmadge, Juan Gaspard, Deadra Moore, David Michael-Smith, Kevin Petruski Jr., Mistie Gibby, Met Clark Productora: Warner Bros. / Intrepid Pictures / Vertigo Entertainment. Distribuida por Warner Bros. Género: Terror | Thriller psicológico | Sobrenatural
NOTA CULTURALIA: 6,5
NOTA ABANDOMOVIEZ: 7,81 NOTA IMDB: 7,4 NOTA ROTTENTOMATOES:
• Crítica: 77%
• Audiencia: 89%
Este periodo obligado de confinamiento os ha permitido, seguro, iniciar la lectura de libros que teníais por casa pero para los que, por diversos motivos, nunca encontrabais el momento. En mi caso, esto es lo que pasaba con Globalia, de Jean-Christophe Rufin, una de aquellas compras que hice en Círculo de Lectores hace años, y que siempre tenía la condición de «próxima lectura».
«Tras las sangrientas diferencias de nación y raza, en Globalia se ha impuesto una uniformadora democracia universal. La sociedad disfruta ahora de salud y prosperidad, pero está adocenada en un paroxismo consumista. Todos hablan el mismo idioma, son ecologistas radicales, neurasténicos, ociosos y adictos a la cirugía estética. Para conservar la cohesión se mantiene a los habitantes en un inconsciente ensimismamiento mediático y atemorizada por continuos ataques terroristas. Como los atentados están disminuyendo, las autoridades globalianas han decidido crear un Nuevo Enemigo que garantice el terror. El enemigo será un elemento del sistema cuya función es cimentar aún más sus valores… Una divertida farsa de la sociedad contemporánea y un reflejo nada complaciente de un futuro probable».
Globalia es una distopía al estilo de 1984 y Fahrenheit 451, de hecho algunos de sus ingredientes como el control de la sociedad, la idea de enemigo común o la displicente presencia de los libros está presente en ella. Si bien, la novela amplia la receta con otros elementos propios de la trayectoria de su autor, como es la relación política entre las democracias ricas y los territorios menos favorecidos de la Tierra, la gestión medioambiental o la colaboración humanitaria internacional. Y es que Rufin además de ser un escritor francés con una amplia trayectoria editorial, también ha estado vinculado a la política y a los movimientos humanitarios, no por otra fue uno de los creadores de Médicos sin Fronteras.
En su novela Rufin nos presenta a Globalia, una democracia total que controla a la ciudadanía a través de mecanismos muy sutiles como el individualismo consumista, la desaparición de la historia y de las diferencias étnicas y culturales y la puesta en marcha de un sistema democrático que hace realidad todos los deseos de sus habitantes a la vez que vacía sus anhelos vitales. En este sistema de control democrático Baikal, un joven con ideas propias, no se encuentra a gusto y hará todo lo posible por alcanzar la libertad sea al coste que sea.
La trama de Globalia nos pone, de esta forma, en guardia ante las posibilidades de control social que puede ejercer el sistema hegemónico capitalista del futuro, sin rival después de la caída de la Unión Soviética. En la novela será omnipresente este régimen distópico al que han dado forma las clases supra-dirigentes, los elaborados y eficientes sistemas de control social y la situación de las No Zonas, territorios que podríamos considerar el Tercer Mundo, zonas periféricas subdesarrolladas pero que tienen un vínculo intenso con el mundo globaliano. De esta forma Rufin realiza, así, un análisis a través de su novela del estado de las relaciones socio-político-económicas del mundo actual.
Rufin lleva a cabo un fino trabajo de remache entre la realidad política internacional y una novela distópica, en la que el lector se irá sorprendiendo a la vez que va reconociendo un mundo que no es tan lejano y diferente al suyo. Aunque este remachado está conseguido, no se puede decir lo mismo de la trama, a la que le pesa la escenografía finamente elabora por el autor. Por desgracia al relato le falta las más de las veces la intensidad necesaria para interesar verdaderamente al lector.
Uno espera que al final de cada capítulo la narración acabe adquiriendo la intensidad necesaria, ya sea como un thriller distópico, como un relato de ciencia-ficción o como una novela de aventuras, acción y misterio. Aún así, el lector queda huérfano en su búsqueda ya que en ningún caso la intensidad se hará presente, perjudicando con ello la empatía con los personajes.
Rufin se dedica más a fortalecer la tramoya de su historia que a darle una verdadera intención, lo que hace que el esfuerzo final quede afectado y que incluso decepcione al lector. Una lástima porqué la historia y la definición del relato es interesante en un principio, aunque este se vaya lastrando a medida que avanzan las páginas y se lastre definitivamente en un final decepcionante.
Título: Globalia Autor: Jean-Christophe Rufin
Editor: Círculo de Lectores Formato: Tapa dura Páginas: 444 Año de publicación: 2005 Idioma: Español NOTA CULTURALIA: 5,5 ——
La resaca de la Semana Santa televisiva extiende su sombra sobre BlogCulturalia con la crítica de la miniserie San Agustín, otra de las producciones ambientadas en la antigua Roma que pueblan innumerables canales durante este periodo festivo.
San Agustín es la quinta entrega de una serie titulada Imperium, que consta de otros capítulos dedicados a Augusto, el primer emperador (2003), Nerón (2004), San Pedro (2005) y Pompeya (20. La miniserie dedicada a san Agustín está dirigida por el canadiense Christian Duguay con experiencia en biopics como Juana de Arco (1999), Hitler: El reinado del mal (2003), Pío XII, bajo el cielo de Roma (2010), Anna Karenina (2013) o Los Medici: Señores de Florencia (2016 -2019).
La miniserie se centra tan solo en algunos episodios de la biografía de san Agustín ya que esta es muy amplia, de ahí que se divida en tres tramas. La primera está ambientada en el año 430 d.C., cuando la ciudad de Hipona es asediada por los vándalos de Geiserico; la segunda se ubica en la juventud de Agustín y su aprendizaje como abogado en Cartago, su posterior actividad política y su conversión al cristianismo de la mano de San Ambrosio en Milán, capital en aquel momento del Imperio romano; la tercera se sitúa también en Cartago y relata, de una forma más breve, el debate público que se lleva a cabo entre cristianos y los (considerados) herejes donatistas.
Lo primero que destaca de la serie es la época en la que está ambientada. Salimos del Alto Imperio romano y de la omnipresente dinastía Julio-Claudia y nos trasladamos a los siglos IV y V d.C., al Bajo Imperio. Ya solo por eso la serie tiene mérito y más si pensamos que aspira a un relato realista e histórico del período, aunque a veces no lo consiga del todo.
Como la serie relata varias etapas de la vida de san Agustín, el personaje está interpretado por diversos actores. Matteo Urzia encarna a un joven Agustín; Alessandro Preziosi da vida a un Agustín más maduro y finalmente el gran Franco Nero interpreta a un Agustín de avanzada edad.
Como os decía, la miniserie se interesa por la juventud de San Agustín y sobre todo por su evolución personal y espiritual, o lo que es lo mismo, su progreso desde creencias paganas hasta su conversión al cristianismo. En este relato el papel de su madre Mónica (Monica Guerritore) es el contrapunto intensamente cristiano al personaje principal, una relación que marcó profundamente la vida de san Agustín. La serie también muestra la relación de este con la esclava Khalida, interpretada por la atractiva Serena Rossi. Entre estos dos personajes femeninos se construye la vida personal de Agustín.
La segunda trama importante de la serie es la que nos sitúa en la ciudad norteafricana de Hipona, de la que Agustín era obispo en el año 430, en el momento de la llegada de los invasores vándalos. Esta es seguramente la trama más imaginativa de la serie. Del enfrentamiento militar entre romanos y vándalos casi no se nos muestra nada, debido esto seguramente a la falta de presupuesto de la producción. Pero es que además la historia de amor entre Lucila (Katy Louise Saunders), sobrina de Agustín y Fabio Domicio (Sebastian Ströbel), centurión romano a cargo de las defensas de Hipona además de ser poco creíble y algo presentista, hace tensionar la trama de forma poco realista. Tampoco es demasiado creíble la defensa de Agustín de la colaboración entre romanos y vándalos, motivada, seguramente, por el énfasis de la serie en la idea de la multiculturalidaden la Antigua Roma (hemos de pensar que es una serie europea). En esta segunda trama destaca, también, la actuación de Alexander Held, que interpreta a Valerio, el gobernador de la provincia que mantiene una relación de amistad y odio con San Agustín.
La propuesta es, sin embargo, demasiado extensa en su duración y el ritmo no es el más adecuado, si bien, es entendible ya que la serie se interesa por la evolución íntima y espiritual de san Agustín, un tema que requiere un tempo propio de narración algo más lento. Por esa razón los diálogos adquieren relevancia, ya que nos permiten entender la evolución del pensamiento de san Agustín. Sin embargo, sobra, por ejemplo, el episodio del debate entre cristianos y donatistas, ya que no aporta nada a la serie, tan solo el motivo del enfrentamiento entreAgustín y el centurión Fabio Domicio y aumenta la tensión dramática en la relación entre este y Lucila.
Como decía, la serie hace un esfuerzo por mostrarnos la época de forma realista, en la que no aparecen las escenas con tintes de decadencia moral y espiritual a las que estamos tan acostumbrados cuando el cine y la televisión tratan estas épocas, por lo que se ha de felicitar a la producción. De ahí que la serie no haga excesivo hincapié en las omnipresentes escenas de orgías y bacanales para mostrarnos la decadencia romana. Aparecen, sí, en la época de juventud de san Agustín, pero parece que el aspirante a santo y Padre de la Iglesia llevó una vida algo disoluta en esa etapa de su vida.
También destaca la magnificencia de la ambientación con escenarios que, si bien no son muy variados, sí que están muy conseguidos y un vestuario que ayuda al espectador a introducirse bien en la época.
San Agustín es una mini-serie que vale la pena ver si te interesa este género y la época en la que transcurre su relato, es decir, la historia del Bajo Imperio y los primeros tiempos del cristianismo. San Agustín narra al espectador la vida de un santo destacadísimo de la Iglesia Cristiana de aquella época sin vapulear la historia y sin fantasear en demasía. Una buena oportunidad, y las hay más bien pocas, de disfrutar de una historia ubicada temporalmente en la tardo antigüedad que nos permite conocer una época muy desconocida por el amplio público.
Título:San Agustín Año: 2010 Duración: 200 min (2 capítulos) País: Italia, Alemania, Polonia Dirección: Christian Duguay Guión: Francesco Arlanch, Sebastian Henckel-Donnersmarck Música: Andrea Guerra Fotografía: Fabrizio Lucci Reparto: Alessandro Preziosi, Monica Guerritore, Gerald Alexander Held, Johannes Brandrup, Wenanty Nosul, Katy Louise Saunders, Serena Rossi, Sebastian Ströbel, Dietrich Hollinderbäumer, Aglaia Szyszkowitz, Götz Otto, Franco Nero, Vincenzo Alfieri, Sonia Aquino, Dominic Atherton Producción: Lux Vide, Rai Fiction, EOS Entertainment, Grupa Filmowa Baltmedia Género: Mini-serie de TV | Drama | Antigua Roma | Cristianismo NOTA CULTURALIA: 6,9 —— Jorge Pisa
Hace ya algunos día RTVE se sumó a la convocatoria #YoMeQuedoenCasa abriendo su fondo de producción propia para que todos y todas podamos disfrutar de él desde nuestras pantallas y de forma gratuita.
El portal Somos Cine incluye más de 60 de las mejores películas del cine español reciente, entre ellas cintas galardonadas en los premios Goya como Campeones, Tarde para la ira o Truman y otras de directores consagrados, como Julieta de Pedro Almodóvar o Un día perfecto de Fernando León de Aranoa. También ofrece películas con actores premiados con el Goya, como El olivo, A cambio de nada o Verano del 93 y algunas de las películas de más éxito de taquilla como La llamada, 1898: Los últimos de Filipinas o Verónica.
Es importante evitar el contagio del coronavirus y por eso tenemos que quedarnos en casa. Los días se hacen más largos y parece que el reloj no avanza y por eso hay que buscar vías de escape. El cine, nuestro cine, es una buena opción porque nos abre la puerta a otros mundos y a otras historias.
Si ya empieza a hacer mella el cansancio por el confinamiento puedes disfrutar de las películas participadas por TVE gratis y online en el portal Somos Cine, con propuestas para toda la familia sin coste alguno.
Ya lo sabéis, una oportunidad estos días para disfrutar con nuestro cine desde casa y protegernos a nosotros mismos y a todos!!
Vivir los parques es una plataforma web creada para que todos los usuarios puedan descubrir los parques y jardines españoles de forma global, ordenada y veraz con el fin de difundir el tesoro ambiental, cultural, y social en torno a los parques urbanos.
Vivir los parques (#VivirlosParques) ofrece información sobre la cultura, riqueza botánica, arquitectónica o cultural de 65 parques y jardines de 30 ciudades de España, con paseos virtuales, fichas descriptivas, catálogos artísticos y de especies o yinkanas.
Entre los espacios verdes que se pueden ver en la plataforma, figura el Parque del Retiro en Madrid, el Parque de la Ciudadela en Barcelona, el Parque de Europa en Bilbao o los parques galardonados con Green Flag Award, como el Parque del Agua en Zaragozao el Parque Universidad de Huesca.
Todos ellos son presentados junto a una ficha completa en la que se incluye la información de su localización, puntos de interés, infraestructuras, elementos artísticos y un catálogo de especies de forma georreferenciada, entre otras curiosidades.
La plataforma incluye también un Catálogo de árboles, un completo inventario de vegetación y fauna de los parques y jardines, con fichas descriptivas “de todo lo que podrías encontrar si fueras físicamente allí y todo lo que sin ir puedes disfrutar”.
Además, el proyecto Vivir los parques contribuye a la educación ambiental con nuevas tecnologías al servicio del conocimiento y el ocio, yinkanas participativas y actividades lúdico-didácticas para escolares.
Una oportunidad de visitar algunos de los más populares parques españoles sin salir de casa y una excusa para desafiar el confinamiento en el hogar provocado por el COVID-19.
En Culturalia nos hacemos eco de la propuesta de 33 El Musical, que ponen su granito de arena para ayudar en todo lo posible a superar la situación de crisis mundial en la que estamos inmersos por la pandemis del COVID-19.
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Es bien curioso que en un mismo año dos productoras se interesen en la producción de la misma historia para la televisión. Esto es lo que pasó el año pasado con La guerra de los mundos, novela escrita por H. G. Wells en el año 1890, y que ya ha tenido diversas adaptaciones cinematográficas, seguramente la más conocida la dirigida por Byron Haskins en el año 1953 y la versión interpretada por Tom Cruise en el año 2005. El año pasado tanto FOX como la BBC se interesaron de nuevo por la materia, estrenando la primera una serie y la segunda una miniserie de tres capítulos, que es la que hoy criticamos aquí.
«La nueva adaptación de ‘La guerra de los mundos’, el clásico de H.G. Wells está mbientada en la época eduardiana, como la novela original, y narra la historia de una pareja formada por Amy y George que son testigos del terror desatado por la llegada de los extraterrestres mientras luchan por sus vidas ante una amenaza que escapa a su comprensión».
Adaptar una obra de H. G. Wells siempre es una buena noticia. El autor inglés es un seguro de calidad en la fuente de inspiración, ya que sus novelas son un cúmulo de ciencia-ficción, aventura y reflexión social. Si bien la miniserie de la BBC, dirigida por Craig Viveiros e interpretada por Eleanor Tomlinson, Rafe Spall, Robert Carlyle y Rupert Graves, no ha alcanzado las alturas requeridas.
La serie, para variar, se divide en dos subtramas, una situada en el año 1906 y que nos narra la llegada de los invasores marcianos a Inglaterra y su campaña de invasión y martización de la Tierra. La segunda se sitúa varios años más tarde, cuando los supervivientes de la invasión malviven en un mundo mutado por los marcianos.
La guerra de los mundos es una serie oscura, tanto en lo que respecta a la fotografía como a su contenido. La mayor parte de la serie está plasmada en una óptica oscura que le da un toque más terrorífico que de ciencia-ficción al relato. Algo acentuado por en los últimos capítulos, en los que la acción se reduce a un enfrentamiento directo y casi físico entre humanos y marcianos.
La serie ha pretendido, también, llevar a cabo una crítica social a la Gran Bretaña de la época, no solo por el implacable imperialismo que ese país llevaba a cabo a principios del siglo XX, sino también por lo estricto de las relaciones sociales de la época (la pareja protagonista no está casada) y también por la reflexión que se hace sobre la situación de pobreza de la mayoría de la población de por aquel entonces.
Por lo que se refiere a la acción, si en el primer capítulo se nos presenta a los personajes y la trama se centra en la llegada de los invasores, el segundo y tercer capítulo cede más espacio al apocalíptico mundo de después de la «victoria» sobre los marcianos y el intento de superar los efectos de la invasión, un argumento este último no presente en la novela de H. G. Wells.
Por lo que respecta a las actuaciones, la presencia masculina cede ante Amy, la verdadera protagonista de la serie, interpretada por la resolutiva Eleanor Tomlinson, que desde el inicio se irá imponiendo al resto de personajes. A Amy la acompaña su marido George (Rafe Spall) y Frederick (Rupert Graves) el hermano de este, que tendrán que solventar una relación familiar bastante fría. El cuarteto principal se completa con Robert Carlyle que interpreta a Ogilvy, un científico que será de los primeros en confirmar la amenaza marciana.
La serie, demasiado oscura, se degasta con una doble trama temporal que da menos espacio del merecido a la acción de la invasión marciana. Esta, a veces, tiene el aspecto de una obra de teatro, por los escenarios y los escasos personajes que aparecen en ellos. Seguramente lo que destaca más es la contextualización de la época, principios del siglo XX y las escenas de los trípodes, tanto la llegada de los invasores como las escenas de ataque y acción.
Aún así, La guerra de los mundos de la BBC no consigue una trama intensa y con ritmo y desperdicia parte del relato de H. G. Wells en disquisiciones sobre el «después» de la invasión. Veremos si la FOX ha conseguido darle a la historia de la invasión marciana un temple más vivo.
Título:La guerra de los mundos Año: 2019 Duración: 163 min. País: Reino Unido Dirección: Craig Viveiros Guion: Peter Harness Basado en: H.G. Wells, La guerra de los mundos Fotografía: James Friend Reparto: Eleanor Tomlinson, Rafe Spall, Robert Carlyle, Rupert Graves, Freya Allan, Craig Thomas Lambert, Jonathan Aris y Taliyah Blair Productora: BBC Género: Ciencia ficción | Drama | Extraterrestres | Miniserie de TV NOTA CULTURALIA: 5,5 ——
Maximino el Tracio (235-238) fue el primer emperador de origen humilde que accedió al poder en Roma. Su reinado, si bien de corta duración, dio inicio a la etapa de la historia romana conocida como la Crisis del Siglo III (235-284), «en la cual se hicieron patentes todas las contradicciones políticas, económicas y sociales que arrastraba desde sus inicios el Estado romano».
Busto Maximino el Tracio
Su figura, como la de muchos de los emperadores de este período, no ha suscitado demasiado interés por parte de los estudiosos de la historia romana ni por parte del público en general. Es por eso que vale la pena profundizar, al menos un poco, en una época que si bien es ampliamente desconocida por aquellos interesados, de alguna forma, en la historia de la antigua Roma, nos muestra la evolución de uno de los mayores imperios del pasado y sin duda alguna uno de los más duraderos, en un momento de transición y de profundos cambios que llevarían, tras un largo y penoso trayecto, a la instauración del dominado bajo imperial (284-476 d.C.) que marcaría la fase final de la historia del Imperio romano.
El reinado de Maximino estuvo precedido, por otra parte, por el final de la dinastía severiana, que gobernó el Imperio romano entre los años 193 y 235, por lo que iniciaremos este artículo exponiendo los acontecimientos que llevaron a la muerte de Alejandro Severo, su último representante, y a la proclamación de Maximino como emperador.
El final del gobierno de Alejandro Severo.
Los últimos años de reinado del joven emperador Alejandro Severo (222-235) se caracterizaron por un aumento de la inestabilidad en las fronteras del Imperio romano, tanto en el limes reno-danubiano como en Oriente.
En el año 230 Ardashir, el rey persa sasánida atacó territorio romano, invadiendo Armenia y las provincias de Siria y Capadocia. El último enfrentamiento en Oriente se había producido hacía más de diez años (216-218), cuando el emperador Caracalla invadió territorio parto. La ofensiva romana acabó con la muerte del propio emperador y la firma de una paz vergonzosa por parte de su sucesor Macrino, que comportó el pago de una indemnización de doscientos millones de sestercios a los persas.
El ataque de Ardashir obligó, pues, a Alejandro Severo a dirigirse en el año 232 hacia Oriente para reorganizar las defensas romanas e iniciar un contraataque. El fin de las hostilidades se produjo en el verano del año 233, abandonando los persas los territorios que habían invadido y recuperándose el status quo anterior a la guerra. Aunque las fuentes históricas no son unánimes al respecto, parece que no hubo un claro vencedor de este primer enfrentamiento entre romanos y sasánidas.
Busto Alejandro Severo
El ejército romano se retiró entonces a Antioquía, en la provincia de Siria, con la voluntad de pasar en esa ciudad el invierno. Allí le llegaron a Alejandro noticias de que «los germanos habían cruzado el Rin y el Danubio y estaban devastando el imperio romano; atacaban las guarniciones de las riberas y las ciudades y aldeas con numerosas fuerzas. Por ello los territorios ilirios, limítrofes y vecinos de Italia, estaban en una situación de extremo peligro». Estas incursiones en la frontera norte del imperio estaban protagonizadas por la confederación tribal germánica de los alamanes (alamanni) que, debido al traslado de parte de las tropas romanas que defendían el limes del Rin y el Danubio hacia Oriente, aprovechaban para devastar y saquear territorio imperial. Estas noticias indignaron a las tropas ilirias que integraban parte el ejército de Alejandro Severo, angustiadas por la suerte sufrida por sus familias y sus tierras, indefensas tras su marcha.
Ante este nuevo peligro el emperador decidió volver a Occidente, no sin antes organizar la defensa de la frontera oriental, ya que aunque se había expulsado a los persas de territorio romano, aún no se había firmado ningún acuerdo de paz con ellos. Alejandro regresó a Roma en el año 233, ciudad donde celebró un triunfo por sus campañas en Oriente. No fue hasta finales de ese mismo año o principios del siguiente cuando el emperador inició su campaña contra los alamanes, concentrando las fuerzas romanas en la ciudad de Moguntiacum (Mainz). y ponteando el río «Rin con barcos encadenados unos a otros a modo de puente con la idea de facilitar el paso a los soldados».
A finales del mismo año 233 el ejército imperial había conseguido expulsar a los invasores alamanes de territorio romano. Las cosas, sin embargo, se complicaban para Alejandro ya que entre las tropas corrieron rumores de que el emperador no quería proseguir la campaña en territorio germano, sino que estaba dispuesto a pagar a los bárbaros a cambio de la paz. Hemos de entender, sin embargo, la intención de la autoridad imperial como la aplicación de la tradicional política romana en la zona, la cual a través del pago de subsidios y de la entrega de víveres intentaba sacar provecho de la desunión y de las diferencias entre las tribus germanas, estableciendo, asimismo, la supremacía romana más allá de sus fronteras sin necesidad de arriesgar grandes cantidades de hombres y de recursos en el intento.
Según Herodiano, las tropas romanas no lo entendieron así. Parece que el ejército ya había mostrado su disgusto por la forma tan poco meritoria en la que el emperador había conducido la campaña contra los persas, y por la gran influencia que sobre él tenía su madre Julia Mamea, que acompañaba a su hijo en el campo de batalla. A todo ello se sumaba el hecho de que entre las tropas de Alejandro se hallaban los contingentes ilirios cuyo territorio había sufrido las incursiones de los germanos, y que se sentían traicionados por el hecho de que el emperador quisiera llegar a un acuerdo con ellos en vez de luchar.
Esta situación provocó malestar entre las tropas, lo que llevó al amotinamiento de parte del ejército y al nombramiento de un nuevo emperador en la persona de Julio Vero Maximino, el oficial a cargo de los reclutas. La acción cogió desprevenido a Alejandro y a su séquito que no supo reaccionar a tiempo y calmar los ánimos de los soldados. Maximino, después de haber sido aclamado por todo el ejército, envió a un tribuno y a varios centuriones a la tienda de Alejandro Severo que acabaron con la vida del joven augusto, de su madre y de aquellos acompañantes que se resistieron.
Mapa Imperio romano 230 d.C.
Maximino. El primer emperador soldado.
Maximino era de origen humilde. Su familia era descendiente, seguramente, de soldados romanos asentados en la región del Danubio a principios del siglo II. Herodiano y la Historia Augusta nos informan de que en su adolescencia Maximino había sido pastor. Al destacar de joven por su estatura y su fuerza se alistó en el ejército, según la Historia Augusta, en una unidad de caballería. Las fuentes antiguas, claramente prosenatoriales, hacen referencia, no obstante, a los orígenes bárbaros o semibárbaros de Maximino, una falsa acusación que nos muestra el desprecio que el Senado siempre mostró hacia él, que no podemos olvidar, fue el primer emperador que no pertenecía a las clases superiores de la sociedad romana.
Aunque Maximino no llegaba al poder en un momento apacible, tampoco dio muestras de estar capacitado para hacer frente a los diversos problemas que afrontaba el imperio en aquellos momentos. A partir del estudio de sus efigies en las monedas se ha determinado que Maximino debería de estar cerca de los 50 años cuando accedió al poder, por lo que seguramente habría iniciado su carrera militar en tiempos de Septimio Severo (193-211), ascendiendo a la oficialidad a través de diversos cargos ecuestres. En el momento de su proclamación como emperador Maximino detentaba el cargo de praefectus tironibus, o encargado de supervisar el entrenamiento de los reclutas. Hasta entonces solo el emperador Macrino (217-218) había accedido al poder imperial con una carrera de rango ecuestre. Su gobierno había durado poco más de un año. El resto de emperadores pertenecían al rango senatorial. Este hecho, sumado a los pretendidos orígenes bárbaros de Maximino, permitía a los senadores considerar con cierto desprecio al nuevo augusto.
Maximino, consciente del rechazo que su condición humilde y que su acceso al poder de forma violenta le podían ocasionar, decidió no acudir a Roma tras su proclamación como augusto para obtener el reconocimiento oficial por parte del Senado, un procedimiento, por otra parte, habitual, sino que optó por continuar con la campaña en el norte contra las bandas de invasores alamanes, cuyos ataques habían motivado la reunión del ejército por parte de Alejandro Severo. Por el contrario Maximino decidió enviar a la capital cuadros que mostraban el desarrollo de la guerra, para que fueran expuestos públicamente frente a la Curia, el edificio donde se reunía el Senado. Algunos historiadores han detectado en esta actitud de Maximino el desdén que el emperador sentía hacia una cámara que, integrada por los miembros de la élite política y social romana, no lo consideraban, como sabemos, el candidato idóneo. Aún así, a finales del año 235 y en su ausencia, Maximino fue reconocido oficialmente por el Senado, obligado, en definitiva, debido a que no existían ni en Roma ni en Italia tropas suficientes con las que oponerse al nuevo emperador.
El cambio de régimen comportó la muerte o el relevo del séquito imperial, si bien parece que en esta ocasión no se produjo una matanza generalizada del entorno de Alejandro Severo, ya que algunos de sus consejeros más próximos sobrevivieron, aunque fueron relegados del poder. La proclamación de Maximino, sin embargo, no aglutinó en torno a la figura del nuevo emperador la adhesión de todo el ejército, hecho que se materializó en la trama de dos conspiraciones en contra su persona. La primera de ellas la lideró C. Petronio Magno, noble de rango consular que apoyado por un grupo de oficiales y senadores persuadió a parte de las tropas para acabar con Maximino. Los conspiradores pretendían utilizar para ello el puente de barcos que Alejandro Severo había ordenado construir sobre el Rin. Según parece Magno había convencido a un grupo de soldados encargados de la protección del puente para destruirlo después de que Maximino lo cruzara en su avance contra los germanos. De esta forma se podría acabar fácilmente con él en la otra orilla o dejarlo a merced del enemigo, mientras el propio Magno ocupaba el poder. La conspiración llegó, no obstante, a oídos de Maximino, que condenó a muerte a aquellos implicados en la conjura sin juicio previo, confiscando sus propiedades.
La segunda conspiración estuvo protagonizada por la unidad de arqueros osroenos que Alejandro Severo había traído consigo desde Oriente. Estos, apenados por la muerte del joven emperador y dirigidos por un tal Macedón, nombraron augusto, según parece en contra de su voluntad, a Titio Cuartino, el cual había sido licenciado del ejército por el propio Maximino. Parece que Macedón cambió súbitamente de parecer y aprovechando que Cuartino estaba durmiendo en su tienda, lo asesinó, pensando que así sería recompensado por el emperador. Por desgracia para Macedón la respuesta de Maximino fue la contraria, ya que fue ejecutado acusado de capitanear el motín y de asesinar al propio Cuartino.
Estas dos conspiraciones contra su persona afectaron al carácter de Maximino, que a partir de entonces aumentó su desconfianza hacia los demás, especialmente hacia los senadores. Según Herodiano y la Historia Augusta el carácter del emperador fue a partir de entonces más feroz y cruel «como les ocurre a las fieras, que se irritan más cuando son heridas».
Senado romano
Finalmente, mediado el verano del año 235, Maximino inició la campaña contra los alamanes. Las fuerzas romanas cruzaron el Rin al sur de la ciudad de Mainz y atravesaron la zona de los Agri Decumates enfrentándose a los germanos en su propio terreno. Herodiano nos informa de que Maximino devastó el territorio enemigo, destruyendo las cosechas e incendiando las aldeas tras permitir que el ejército las saqueara. Según este mismo autor romanos y germanos se enfrentaron en una zona pantanosa. El combate comportó importantes bajas para ambos bandos, si bien, según Herodiano, las germanas fueron superiores.
Las operaciones militares contra los alamanes se prolongaron durante los años 235 y 236, y fueron dirigidas, seguramente, desde la base de Castra Regina (Regensburg), en la provincia de Recia (Raetia). El emperador recibió a finales del año 235 el título de Germanicus Maximus. Al año siguiente Maximino se dirigió hacia la provincia de Panonia, donde luchó contra dacios y sármatas, estableciendo su nueva base de operaciones en la ciudad de Sirmio (Sirmium). En el año 236 obtuvo los títulos de Sarmaticus y Dacicus. Fue entonces cuando nombró césar a su hijo, Cayo Julio VeroMáximo, aunque aún era muy joven, con el objetivo de consolidar y dar continuidad a su régimen. La lucha contra sármatas y dacios continuó en el año 237, mientras que la campaña militar del 238 parece que iba a ser dirigida contra godos y carpos, pueblos que durante ese año habían atacado las ciudades griegas de Olbia y Tiras, ambas en territorio romano, causando allí graves daños.
Aunque no existe unanimidad al respecto, la prolongada actividad militar desarrollada por Maximino en la frontera del Riny el Danubio, ha permitido a algunos historiadores confirmar la gravedad de la amenaza germana a la que se había visto obligado a hacer frente Alejandro Severo antes de ser asesinado en el año 235. Las cosas, sin embargo, no mejoraban para el imperio, ya que en el año 236 los persas reanudaron sus ataques sobre territorio romano, tomando importantes ciudades como Nisibis, Carrhae o Hatra.
Estas, sin embargo, no fueron las únicas dificultades a las que tuvo que hacer frente Maximino. Según Herodiano el emperador había prometido a las tropas que promovieron inicialmente su acceso al poder no tan solo un cuantioso donativo, sino también el aumento de su paga, medidas que, seguramente, extendió más tarde al resto del ejército, una pesada carga económica que acabaría comprometiendo su breve reinado.
El ofrecimiento de Maximino no era, no obstante, diferente a las concesiones realizadas por emperadores anteriores. Era habitual, así, que un nuevo augusto concediese un donativo a los soldados como celebración de su acceso al poder. Tampoco era extraño que se aumentara la paga a los soldados, ya que la ley de las monedas hacía tiempo que se estaba devaluando. Ambas medidas servían, además, para que el emperador se ganara la fidelidad del ejército, un requisito de capital importancia para asegurar su permanencia en el poder.
Así, pues, los problemas financieros de Maximino comenzaron a la hora de cumplir la promesa que había contraído con sus propios soldados. Hacía tiempo que el tesoro imperial arrastraba una situación bastante delicada. A los enormes gastos militares del reinado de Marco Aurelio y las reducidas conquistas llevadas a cabo por Septimio Severo, se sumaban las exigencias económicas de la campaña militar de Alejandro Severo en Oriente, que no habían comportado ni grandes victorias ni cuantiosos botines, y las poco lucrativas operaciones militares de Maximino dirigidas contra los germanos que comportaban, por el contrario, un elevado gasto para el tesoro imperial.
Esta comprometida situación económica obligó a Maximino a aumentar la presión fiscal sobre los habitantes del imperio, de lo cual lo acusan las fuentes antiguas. Como era previsible algunas de las medidas que Maximino puso en marcha para aumentar los ingresos con los que hacer frente a sus obligaciones al frente del imperio afectaron negativamente a su imagen. Entre ellas se halla la reducción de las distribuciones gratuitas en Roma de grano y de otros productos, decisión que sin duda hizo aumentar el rencor entre la población de la capital con menos recursos. Parece, además, que Maximino fue incapaz o bien de cumplir sus promesas con los soldados o al menos de hacerlo de la forma inmediata que estos esperaban, por lo que su popularidad en el ejército y, por tanto, la lealtad entre sus hombres, también disminuyó. No hemos de olvidar, tampoco, que la consideración de Maximino en el Senado no era, ni mucho menos, la más idónea, por lo que su posición se fue haciendo cada vez más precaria.
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