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Crítica literaria, El mapa del cielo, Félix J. Palma, Debolsillo.

P320488Son pocos los libros que sorprenden a un ávido lector. Normalmente uno ya sabe o cree saber por dónde “irán los tiros” de una lectura que él mismo escoge. Si bien existe un número de libros, bastante reducido por cierto, que desarma y sorprende al lector a lo largo de su lectura, lo que conlleva un disfrute de mayor calidad que adereza la experiencia lectora.

Este es el caso de El mapa del cielo, la segunda novela de la trilogía victoriana escrita por Félix J. Palma, en la cual, como ya ocurre en la primera entrega, El mapa del tiempo, el autor se dedica a jugar con el mundo literario y fantástico creado por H. G. Wells, precursor del género de la ciencia-ficción a finales del siglo XIX y principios del XX. En esta ocasión Palma lleva a cabo una reelaboración de historias como La guerra de los mundos o La máquina del tiempo en las que, y esto es más sorprendente aún, al menos para el que estas líneas escribe, el propio Wells es uno de los protagonistas.

Pero empecemos por el principio. La novela está organizada en tres partes que poseen tramas relativamente independientes. En todas ellas Wells y su mundo fantástico están muy presentes: una expedición al ártico en busca del centro hueco de la Tierra interrumpida por un avistamiento ovni en la primera mitad del siglo XIX; el intento de un magnate de los negocios por enamorar a una joven y bella mujer y los estragos provocados por una invasión extraterrestre del Londres victoriano enigmáticamente parecida a la descrita por Wells. Por si esto no fuera poco Palma utiliza en su “puesta en escena” narrativa ideas extraídas del cine de ciencia-ficción, entre las que son reconocibles trazos de La cosa (John Carpenter, 1982) o de La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956).

Félix J. Palma
Félix J. Palma

Con todos estos ingredientes el autor diseña una historia, o mejor dicho varias historias, en las que sobresale su creatividad a la hora de generar situaciones a lo que suma una gran capacidad para vertebrar las tramas y una formidable destreza literaria para jugar con el lenguaje y con el estilo que impregnan cada una de las páginas del libro. De esta forma lo que nos presenta Palma es una exquisitez literaria, no solo por las aventuras que se desarrollan en la novela, de descontado origen wellsiano e impregnadas de buena ciencia-ficción victoriana, sino también por el talento literario que muestra el autor en el desarrollo de la/s historia/s.

El resultado es un libro de aventuras fantásticas que no deja de sorprender en ningún momento y que nos lleva a revisitar escenarios de la literatura y el cine de ciencia-ficción por el que transitará el avezado lector siendo testigo de nuevas historias en las que la fantasía, la intriga y el humor están muy presentes.

Hace falta destacar, además, que en nuestro trayecto estaremos guiados por la mano del propio autor, que emerge constantemente y a su antojo de la trama no solo para informarnos de hacia dónde se dirige el relato, sino para jugar con los tiempos, los escenarios y las formas e incluso con el propio comportamientos del lector, convirtiendo en muchos casos el texto en una conversación entre lector y escritor.

Les puedo asegurar que hacía tiempo que no leía una novela tan singular y original, tanto en lo que respecta al género de la fantasía y la ciencia-ficción, como en lo relativo al uso de los recursos literarios con los que el autor juega como en un ejercicio de malabares para relatarnos un disfrute apto para todas las edades y gustos. Sin olvidar, claro está, el placer que supone re-introducirse en el mundo literario de H. G. Wells y que el propio escritor británico se convierta en uno de los personajes de la novela, una muestra más del genio literario de Palma y de su capacidad para re-crear y re-elaborar tramas dotándolas de una magnificencia que sin duda, está a la altura de los originales.

Comentado todo esto no me queda otra que urgir al lector de esta reseña (¡¡si, tú, el que estás leyendo estas líneas!!) a hacerse con un ejemplar de la novela; conseguir de la misma forma la primera entrega de la trilogía victoriana, El mapa del tiempo y que una vez leídas las dos novelas, en el orden que le venga en gana, refrene sus ansias de hacerse con la tercera parte, la cual aún no existe, y de cuya trama el autor ha avanzado que seguramente girará en torno a otra de las grandes novelas de Wells, El hombre invisible.

Les puedo asegurar que no será tiempo perdido!!

Título: El mapa del cielo
Autor: Félix J. Palma

Sello: Plaza & Janés
Fecha publicación: 02/2012
Precio: 21,90 €

Sello: Debolsillo
Fecha publicación: 02/2013
Precio: 9,95 €

Sello: Ebook Epub / Plaza & Janés
Fecha publicación: 02/2012
Precio: 6,99 €

Crítica literaria: El Hospital de la transfiguración. Stanislaw Lem, editorial Impedimenta.

Es siempre difícil iniciar la crítica de un libro, y más si es uno tan atípico a la producción del autor que lo escribe o a la imagen que de él tenemos. Y más, todavía, si este autor es Stanislaw Lem y nos ofrece una locuaz e inquietante visión del mundo y de las realidades que lo componen.

Mucho de todo esto lo posee El hospital de la transfiguración, una obra cuyo ritmo tranquilo permite al lector emprender un recorrido por los infiernos, y más concretamente por aquellos situados en el interior de un sanatorio mental (el que da nombre a la novela) en la Polonia invadida por las fuerzas nazis.

El hospital de la transfiguración nos propone un viaje en el tiempo, y no al futuro, como es habitual en Lem, sino al pasado, a sus primeros escarceos como autor y en la historia de su país, Polonia. La novela se inicia con el trayecto en tren que Stefan Trzyniecki, joven médico recién licenciado, realiza para acudir al entierro de un familiar en su pueblo natal. Una situación incómoda y extraña que le hace sentir fuera de lugar. Aún así, y tras celebrarse la ceremonia, Stefan se reencuentra con un antiguo compañero de estudios que le ofrece trabajo en el sanatorio mental de Bierzyniec. Stefan, algo desubicado, acepta la propuesta de su amigo en un momento, poco más allá del año 39, en el que Polonia ha sido invadida por el ejército alemán y el infierno de la Segunda Guerra Mundial ha iniciado su desbordamiento por el viejo continente, y en breve por todo el mundo.

Stefan inicia su trabajo en el sanatorio en el que descubrirá tanto a los enfermos como a los doctores especialistas y los métodos que allí utilizan, todo un catálogo de tratamientos y procedimientos que, en algunos casos, rayan la irracionalidad e incluso la brutalida. No se olviden, empero, que la novela nos sitúa en la primera mitad del siglo XX.

La transfiguración a la que hace referencia el título de la obra se puede referenciar a diversas realidades: el traspaso de la cordura a la locura, estados mentales y espirituales que, como veremos, no están excesivamente alejados; la transfiguración del protagonista marcada por el conocimiento de la realidad; la transformación del mundo y la degradación política y militar que comportó el último gran enfrentamiento mundial…

Lem nos presenta un fresco histórico de la época donde se permite, ya en una forma embrionaria y que daría grandes resultados en el futuro, reflexionar sobre el hombre y la bestia, si bien es difícil, a veces, diferenciar quién es quién. En este lienzo su protagonista se transfigurará (y nosotros de su mano) al conocer la esencia de la humanidad. En algunos casos son terribles las condiciones y las técnicas médicas que, de tanto en tanto, el autor nos detalla y el comportamiento de algunos doctores que se preocupan más de su propio avance profesional que de los mismos enfermos. A la par veremos como la locura es, a veces, una defensa ante la crueldad y la pobreza en una época en la que la vileza y la inhumanidad se extendían peligrosamente.

Lem nos narra su historia, sin embargo, con una gran naturalidad y frescura, propia solo de una mano (joven) que en el futuro dominaría la técnica literaria como un domador domina a una fiera en el circo. Su sencilla narración del día a día en el sanatorio y de la actividad médica se complementa con la descripción de los internos y de sus situaciones y desvaríos. Aunque Lem no se centra en los detalles ominosos sino que lo que le importa es la esencia del hombre, del loco encerrado y del loco que no lo está. Le interesan las personas, las situaciones, y el devenir del hospital y de una realidad que poco a poco se iría consumiendo en la hoguera de la historia.

El mundo externo al hospital también estará presente en la relación que mantendrá Stefan con los partisanos polacos o en el capítulo final en el que la locura nazi y su obsesión por la perfección aria afectará de forma catastrófica a la actividad del sanatorio. Si bien este último capítulo queda algo alejado de la línea general del libro, que nos muestra un componente algo más reflexivo y humanista.

Uno de los aspectos más interesantes de la novela es la relación que Stefan establece con uno de los internos del hospital, el poeta Sekulowski, que como alma pensadora, reflexiva y creadora, está internada en el centro, uno no sabe bien si por el miedo que todas las sociedades sienten por lo extraño o por la locura propia de la poesía y el pensamiento. La relación entre Stefan y Sekulowski prefiguran, sin duda, los grandes debates morales, históricos y científicos que Lem desarrollará en novelas posteriores y que lo llevan a reflexionar sobre los límites del hombre a la hora de comprenderse a sí mismo y de entender el mundo y nos permite ser conscientes de su escepticismo sobre el presente (para nosotros el pasado) y el futuro de la humanidad.

Sin duda El hospital de la transfiguración deja notar, también, las grandes presiones que sufrió el autor durante su redacción, ya que no olvidemos que fue escrito en el año 1948 bajo la férrea censura comunista soviética instalada en el bloque oriental europeo tras la derrota del nazismo, si bien no fue publicada hasta el año 1956 y después de haber sufrido varias reescrituras.

Aún así, El hospital de la transfiguración representa un buen ejemplo de lo que Lem puede transmitir a través de los manchones de tinta negra que ensucian el fondo blanco de las hojas de sus libros y nos permite reflexionar sobre el mundo y sobre lo humano, y sobre la especial e intrínseca relación que existe entre ambos elementos que se dan forma mutuamente en una relación inquebrantable y orgánica.

El Hospital de la transfiguración es un viaje, el que iniciamos con el protagonista en su trayecto en tren al entierro familiar, y que proseguiremos a través de un mundo rasgado por la barbarie, la de la medicina, la de la locura, la de la guerra y la de la aniquilación, para que nos hagamos las preguntas ¿Quién está más loco? ¿Qué nos ha llevado a la locura? y la más importante aún y la que más miedo nos puede provocar ¿Hemos dejado atrás la locura del siglo XX, sin duda alguna la centuria más salvaje y monstruosa de la historia humana, o está latente en cada uno de nosotros, esperando tan solo a que las condiciones sean las adecuadas para que su fuerza destructiva y creadora a la vez aflore de nuevo? A eso, sin duda, tendrán que responder ustedes mismos, aunque para hacerlo dispondrán de la guía que les proporcionará la maestría de Lem y el acierto de la editorial Impedimenta, que, sin duda ha hecho blanco en la diana a la hora de traducir por primera vez al castellano la que se considera la primera obra literaria del autor. Todo un acierto…

Título: El hospital de la transfiguración
Autor: Stanislaw Lem
Traducción: Joanna Bardzinska
Año de publicación: 2008
ISBN: 978-84-935927-6-9
Encuadernación: Rústica
Formato: 13 x 20 cm
Páginas: 331
Precio: 21,95 €

Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Crítica literaria: Los ladrones de cuerpos, de Jack Finney. Editorial Bibliópolis.


Estamos muy acostumbrados, en el mundo de la ciencia-ficción y de la fantasía, tanto sea en su vertiente literaria como cinematográfica, a leer y a contemplar obras de una magnificencia y ostentación que hacen que el producto del que disfrutamos se vea obligado a exhibir una complejidad y una artificiosidad digna de grandes producciones y de inacabables momentos de creación, necesarios para poder sorprender y cautivar a un público literario y cinematográfico acostumbrado a ellas. Por lo que en muchos casos, más de los deseados, el afán de lograr este efecto de asombro y admiración redunda negativamente en la trama y en el planteamiento de la novela o del film que estamos “consumiendo”.

Este no es el caso de Los ladrones de cuerpos, un clásico de la ciencia ficción americana de los años 50, en la que su autor Jack Finney nos ofrece una lección de maestría en el género y nos demuestra como la sencillez y la contundencia pueden ir de la mano en la creación de una pequeña obra maestra.

El argumento de la novela es de todos conocido, aunque siempre va bien hacer un breve resumen para aquellos más despistados. La trama se sitúa en un pequeño pueblo americano, Santa Mira, en el norte de California. Allí la vida del doctor Miles Bennell sufrirá un vuelco radical al comenzar a investigar las causas de un “pequeño” trastorno psicológico de diversos de sus pacientes, que acuden a él indicándole que algunos de sus familiares y amigos no son las personas que dicen ser, aunque nada permite suponer que se haya producido ningún cambio en ellos. Las indagaciones del médico de Santa Mira lo involucrarán pronto en la lucha por la supervivencia de toda la especie humana ante la llegada a la Tierra de unas malvadas semillas extraterrestres, que suplantan las personalidades y los cuerpos de aquellos que mimetizan y que pretenden duplicar toda la vida existente sobre la superficie del planeta, acabando, claro está, con los originales.

Finney nos presenta, así, una trama más de invasión extraterrestre de la época, pero no un argumento típico ni tópico más. El autor abandona la idea de los marcianos, de seres verdes invasores, de monstruos con o sin forma y de animales e insectos de tamaños agigantados para hablarnos del hombre, de la humanidad y de la supervivencia. En Los ladrones de cuerpos el enemigo no son los otros, sino los propios, la familia, los amigos y los conciudadanos. En Santa Mira se inicia una invasión silenciosa e invisible y que por ello se convierte en el peor peligro para la humanidad.

Asistiremos, pues, junto al doctor Miles Bennell; Becky, una antigua conocida y amor de juventud y los Belicec, una pareja de amigos, a una lucha por la vida y por la subsistencia de la raza humana. Finney nos propuso un thriller de ciencia-ficción en la que la tensión no desaparece durante un solo minuto, donde el miedo y la paranoia están presentes a lo largo de todas las páginas de la novela. Poco a poco, iremos conociendo las claves y los propósitos de la invasión a través de las pesquisas de los protagonistas. Descubriremos la llegada casual de vida extraterrestre a la Tierra en forma de semillas y la forma de suplantación llevada a cabo a través de algo parecido a grandes vainas; Iremos averiguando, o creeremos averiguar, quién es un posible suplantado y quién no, y cómo delante de nuestros propios ojos, una familia, un pueblo y una ciudad pueden ser invadidos por extraterrestres invisible y pacíficamente.

Esta trama tan sencilla y este tipo de invasión más “íntima” dieron mucho que hablar en la época de la publicación de Los ladrones de cuerpos. De ella se comentó que hacía referencia, como la mayoría de las novelas y películas de invasión extraterrestre realizadas durante el periodo, a la coyuntura política propia de la Tierra en el momento, a la Guerra Fría, a la lucha por las consciencias que el comunismo y el capitalismo estaban llevando a cabo después de su victoria de ambos contra el nazismo alemán. La trágica “suplantación” de la libertad de las personas y de aquello mejor que las caracteriza, las emociones, los deseos y los anhelos que los empujan a ser quienes son, en favor de una subsistencia pacífica e igualitaria (el comunismo), pero sin futuro, como la misma novela revela al final, en la que el fundamento humano, lo mejor y, sin duda, lo peor del hombre desaparecen.

El autor

Como decía, la novela de Finney se puede considerar un thriller de ciencia-ficción, o mejor dicho una novela negra de ciencia-ficción, en la que el grupo de “supervivientes” humanos de Santa Mira tendrán que moverse ocultándose, cada vez más, de sus propios conciudadanos y amigos, como si de espías, gánster o de convictos se tratara. De la obra, como también dije, están ausentes todos los artificios, trucos y disfraces que acompañan al género en la actualidad. Todo lo que contiene, y no es poco, es una idea genial, la buena pluma de su autor y una trama que nos dejará, poco a poco, helado el corazón, a medida que el avance de los descubrimientos se haga manifiesto.

De los momentos a destacar de la novela, que son muchos, personalmente me quedo con tres. El primero el descubrimiento de las vainas extraterrestres y la descripción del autor de su forma de funcionar (realmente terrorífica); la sensación, a lo largo de algunas de las escenas plasmadas en la novela, de ser alguien extraño en tu propio pueblo, ciudad o país, rodeado de enemigos “disfrazados” con los cuerpos de tus amigos, conocidos y familiares; y finalmente, y el mejor pasaje de Los ladrones de cuerpos, la conversación entre humanos y extraterrestres que se produce casi al final de la novela, donde seremos testigos del duelo por la vida, de la realidad de la existencia que rige el destino de cualquier forma de vida, ya sea sobre el planeta Tierra o fuera de él, en el caso de que esta última exista.

Para no alargarme más solo me queda hacer una breve referencia a las adaptaciones cinematográficas de la novela, cuatro en total, síntoma claro del interés que la novela ha suscitado a lo largo de los años. La primera de ellas, La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956), es, sin duda, la más fiel al original. A esta le siguieron La invasión de los ultracuerpos (Philip Kaufman, 1978), film que contiene uno de los finales más terroríficos que uno recuerda; Secuestradores de cuerpos, (Abel Ferrara, 1993), ambientada, si no me equivoco, en una base militar norteamericana, hecho que le daba más trascendencia, si cabe, a todo el asunto, y finalmente Invasión (Oliver Hirschbiegel, 2007), la más reciente y también, según mi opinión personal, la adaptación más endeble.

Quede, pues, indicado que Los ladrones de cuerpos, de Jack Finney, es una novela de ciencia-ficción total, en la que gozaremos, o mejor dicho, sufriremos junto a sus protagonistas ante una invasión extraterrestre “pacífica” durante la cual, y sin duda esto es lo más terrorífico de la ficción, no podremos pedir ayuda a nadie  (¿cómo explicar lo que está pasando?) y en la que tendremos que luchar por la supervivencia de la raza humana, e incluso de toda la vida del planeta, contra unos enemigos que no solo quieren conquistar y dominar nuestro mundo sino que se quieren apoderar de lo más íntimo del ser humano. Escalofriante!!

Título: Los ladrones de cuerpos
Autor: Jack Finney
Título original: The Body Snatchers
Colección: Bibliópolis Fantástica
Páginas: 256
Precio: 16,95 €
Fecha de publicación: Octubre de 2007.
ISBN: 84-932836-2-2

Enlace ficha editorial: http://www.bibliopolis.org/editorial/bibliofan/ladronescuerpos.htm
Enlace editorial Bibliópolis: http://www.bibliopolis.org/editorial/bibliofan.htm
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Crítica literaria: Marciano, Go Home, de Fredric Brown

¿Qué pasaría si de pronto y sin motivo aparente millones de marcianos decidieran invadir la tierra? ¿Y si para poder llevar a cabo esta invasión no necesitarán ningún sistema de transporte físico sino tan solo una teletransportación (o mejor dicho, kwimmaran), apareciendo a su voluntad allá donde les apeteciera sin ningún respeto por las personas, sus actividades diarias o sus vidas? ¿Y por último, como puede afectar a la humanidad una invasión de este tipo?

Esta es la propuesta que el bueno de Fredric Brown presentó en el año 1955 con la publicación de Marciano vete a casa, una novela de ciencia ficción cargada de tintes trágicos, de ligeros toques de comedia y de grandes caricias catastrofistas. Un nuevo ejemplo de la originalidad de las aportaciones de los grandes y pequeños clásicos de la literatura de ciencia ficción.

La trama es clara: Una noche cualquiera Luke Devereaux, autor de novelas de ciencia-ficción, ve su soledad creativa en una cabaña en medio del desierto americano perturbada por la llegada de un pequeño marciano, inmaterial pero con una educación y unas formas que dejan mucho que desear. Las primeras páginas de la novela nos dejarán claro que el caso de Luke no es el único, sino que millones de odiosos marcianos han llegado a la tierra kwimmando con el único objetivo, o eso parece, de pasar un buen rato estudiando y riéndose de las diferentes y bárbaras costumbres humanas.
Lo que podría ser una mera comedia se transforma en breve en una tragedia mundial, ya que la actividad y el menosprecio alienígena llevarán a la sociedad humana al caos más profundo, en el que nuestro héroe deberá sobrevivir manteniendo, al menos algo de cordura.
Brown nos presenta de nuevo un protagonista de género, es decir, un escritor de novelas de ciencia-ficción. Parece que al autor americano le apetecía disponer de alter egos de él mismo en sus novelas. Quien mejor que un autor de novelas de ciencia-ficción para luchar contra una invasión tan rocambolesca y tan irreal como la de Marciano vete a casa. Los invasores, pequeños seres de tez verdosa, son propietarios de un cuerpo insustancial, pueden teletransportarse desde su planeta hasta cualquier lugar de la Tierra, pueden ver en la oscuridad y a través de los más diversos materiales y parece que la han tomado contra los terrícolas. Nunca sabremos cual es el objetivo o la razón de la visita marciana, ya que los invasores son especialmente ariscos y maleducados y parece que lo único que les interesa es reírse de los humanos. Ninguna conversación provechosa se puede mantener con ellos, mientras que la humanidad sufre la más catastrófica crisis de su historia.
Brown nos hace pasar un muy buen rato con su novela en la que no hay auténticos invasores (con objetivos malévolos) y tampoco auténticos protagonistas-héroes. Parece que su novela sufre también de la rareza y las contingencias de la historia que nos narra. Personajes vencidos en su mayor parte por una realidad que les supera, e intentos infructuosos de poner fin a la actividad dañina de unos seres extraños. Y no solo eso, ¿es real la invasión que está sufriendo la Tierra o es tan solo el deseo irracional de alguno de los protagonistas de la trama? ¿Conseguirá la humanidad vencer a tan indeseable enemigo contra el que no se puede luchar con las técnicas convencionales debido a su inmaterial esencia?
Marciano vete a casa es, como su nombre indica, un intento en clave de comedia trágica y catastrofista de relatar una invasión extraterrestre, pero saliéndose de los cauces habituales. En eso Brown se nos muestra original, desviándose de los caminos establecidos en el siglo XIX por el clásico de H. G. Wells, La guerra de los mundos, que otros muchos autores tomarían como modelo a seguir.

Una forma curiosa la de Brown de relatarnos una invasión extraterrestre, en la cual la tecnología más desarrollada y las concepciones ideológicas, políticas y religiosas humanas más audaces (y las menos audaces también) se muestran inútiles para hacer frente a la amenaza marciana, ¿o no?

Título: Marcianos, Go Home
Autor: Fredric Brown
Editorial: Bibliopolis
Fecha de publicación: junio 2003
Colección: Bibliopolis fantastica
Páginas: 256
Precio: 17,95 €

Ficha editorial: http://www.bibliopolis.org/editorial/bibliofan/marcianosgohome.htm

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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez