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Crítica teatral: Pàtria, en el Teatre Lliure de Gràcia.

Cuando uno hace una crítica teatral siempre tiende a considerar, aunque a veces la tarea sea harto complicada, la contemporaneidad de la obra que se somete a su examen. De ahí que hasta la performance más exótica o el aquelarre teatral más acrobático sean analizados y explicados en clave de actualidad.

Pues bien, con Pàtria, la obra dirigida por Jordi Casanovas y estrenada el pasado 18 de octubre en el Teatre Lliure de Gràcia, todo esto que les acabo de explicar no es necesario. No es que el propósito de la obra no se deba llevar a la actualidad, sino que, por el contrario, la actualidad que vivimos hoy mismo ha sido trasplantada sobre el escenario del Lliure, lo que convierte en algo fútil el intento del reseñador.

Pàtria nos invita a una reflexión sobre la situación política que vive Cataluña y España en la actualidad. Todo comienza con la noticia de la muerte de la madre de Miquel Raventós, presentador de televisión y moderador del debate político previo a las elecciones autonómicas catalanas. Las últimas palabras de la madre de Miquel lo dejan afligido y bajo de defensas ante las falacias y las mentiras de los representantes políticos, lo que le obliga a expresar claramente su opinión sobre la situación del país ante las pantallas y a hacer pública su proclama: Bona Nit y Llibertat!

Las afirmaciones manifestadas por Raventós en directo asombran a conocidos y familiares y conectan espontáneamente con una sociedad necesitada de argumentos e ideas auténticas que seguir y que la saquen de la grave situación de crisis económica, política y moral en la que vive. La aparición de una ambiciosa asesora de campaña política (Rosa Vila), hará decidirse al periodista a pasar al mundo de la política con un programa y una propuesta rupturista: la independencia de Catalunya.

Casanovas nos presenta, en el segundo capítulo de su trilogía sobre la realidad catalana inaugurada el año pasado con Una història catalana, un juego poliédrico de verdades y mentiras en el que aparecen todos los temas que, seguro, discutimos en familia, entre amigos o en los descansos en la oficina: la mentira engañosa de los políticos; los intereses económicos ocultos tras las siglas de los partidos políticos; la acción oscura y poco ética de los grandes grupos financieros y las corporaciones multinacionales; la utilización por parte de los políticos de proclamas y slogans más o menos fraudulentos para conseguir más votos, el desgastado y mezquino, a veces, papel de la prensa…

Lo que nos propone Casanovas es una reflexión sobre la realidad política, económica y social en la que vivimos inmersos, justo en un momento en el que el debate sobre la complicada relación entre España y Cataluña está más presente y en un panorama en el que parecen consolidadas las propuestas rupturistas, como las imaginadas en Pàtria. En medio de esta vorágine de voluntades y atrevimientos, Casanovas nos viene a confirmar una cosa importante: hasta las verdades políticas están basadas en la mentira.

La trama de Pàtria se fabrica en el escenario a partir de la labor de seis actores que irán mutando de apariencia y de personalidad para narrarnos una historia de ambición y de renovación política. Francesc Orella está magnifico, como de costumbre, en su papel de candidato capaz, por primera vez en la historia, de conseguir el poder en Cataluña como líder de una fuerza política independentista. Su contrincante principal, Alex Casanovas, traza firmemente un personaje antiestético, el de un político capaz de cualquier acto o traición que le permita mantenerse en el poder y mejorar la intención de voto de su partido. Aquí se halla, pues, la base del enfrentamiento teatral de la obra: la pugna entre el intento honesto de hacer política, que, como no podía ser de otra forma, proviene de fuera del mundo de la política y el empeño de las clases gobernantes, corruptas y ambiciosas, de mantenerse en el poder y conservar sus privilegios cueste lo que cueste. ¿Les suena esto de algo?

Este desafío teatral entre Orella y Casanovas, el actor, se acaba de construir gracias a la interpretación del resto del reparto, en el que Marcel Borràs, Lluïsa Castell, Fermí Reixach i Rosa Vila tejen con sus actuaciones una tela de araña interpretativa resistente y flexible, sin la cual la trama de la obra no podría avanzar, y menos de una forma tan convincente.

Pero Casanovas, el director, va más allá de la mera transposición de la actualidad al escenario, y pretende analizar, bajo el formato de una obra de trasfondo político y social, la realidad que subyace tras los símbolos, esos con los que se juega siempre, y que se convierten en sólidos referentes no solo de ideas sino también de acciones. Símbolos como Moragues, Macià o Companys, a los que podríamos sumar El Cid o los Reyes Católicos en España (la Patria a la que hace referencia el título de la obra) y que las más de las veces, por no decir siempre, están construidos artificiosamente sobre verdades a medias, pero que sirven muy bien para movilizar, en base a la emoción y los sentimientos “de tripa”, a las personas y a las comunidades en función de intereses invariablemente particulares.

Este es el meollo, a mi parecer, de lo que quiere tratar Casanovas, y para ello construye una trama interesante, actual y con ritmo, en la que la vida repleta de mentiras se enfrenta a la verdad, materializada en el síndrome de Asperger que sufre Marcel Borràs, el hijo de Raventós, que le impide mentir. Un tipo de autismo que se puede considerar como una enfermedad o como una bendición, dependiendo del punto de vista des del que se mire. Y a Casanovas le interesa dejar su opinión en suspenso, para generar un debate ligado al juego político, que no podría sobrevivir sin la mentira y donde el verdadero autista es aquel que dice la verdad.

Casanovas nos propone una reto interesante sobre la realidad más cercana, aquella que inunda nuestro día a día y aquella que habla sobre la veracidad de nuestros referentes históricos y culturales. Por medio nos quiere hacer reflexionar sobre nosotros mismos. ¿Son las mentiras y la perfidia de los políticos un síntoma de una clase corrupta y amoral, o sus defectos son los mismos que sufrimos nosotros? ¿Los políticos están hechos de la misma pasta que la sociedad? Yo por desgracia me decanto por esta última opción, y suelo pensar que los problemas que sufrimos como sociedad, como país, como cultura y si me fuerzan incluso como humanidad, se deben a que, como personas, nos dejamos llevar habitualmente por nuestros intereses más privativos. Un combustible este, que por desgracia ha hecho mover, mueve y moverá durante mucho tiempo, puede incluso que de forma indefinida, el destino del planeta y de las sociedades que en él se desarrollen.

Pàtria” se representa en el Teatre Lliure Gràcia del 18 de octubre al 11 de noviembre de 2012.

Pàtria prolonga su temporada en Barcelona en el teatre Poliorama hasta el 16 de diciembre de 2012.

Dramaturgia y dirección: Jordi Casanovas
Reparto: Marcel Borràs, Àlex Casanovas, Lluïsa Castell, Francesc Orella, Fermí Reixach y Rosa Vila
Escenografía: Jordi Soler Prim
Vestuario: Albert Pascual
Caracterización: Lucho Soriano y Mariona Trias
Iluminación: David Bofarull (a.a.i.)
Sonido: Damien Bazin
Producción: Teatre Lliure y EL CANAL – Centre d’Arts Escèniques Salt/Girona

Horarios: de martes a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 21:00 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: 30,25 €; miércoles, día del espectador 21,30 €; 25,75€ con descuento
Idioma: catalán
Duración de la obra: 2 horas sin pausa

Espectáculo recomendado por el Servei Educatiu del Teatre Lliure

Escrito por Jorge Pisa Sánchez

Crítica teatral: Som una noció, en el Club Capitol.


El pasado 16 de marzo se estrenó en la sala Pepe Rubianes del Club Capitol una obra de teatro que repasa la historia de Cataluña en clave de comedia, un ejercicio de humor histórico recomendable para todos los públicos.

Siempre se ha dicho que en el teatro se narran historias, todas ellas revestidas por un envoltorio escénico compuesto de actuaciones, luces y de sonido. En el caso de Som una noció el tópico va más allá de las palabras ya que la obra se propone realizar un periplo histórico por la historia de Cataluña. Y no me dirán que la historia de cualquier país o de cualquier nación no nos proporciona una gran cantidad de situaciones y personajes a los que poder tratar con sentido del humor. Y más si de la historia de la que hablamos es la de Cataluña.

Pues bien, este es el objetivo de Som una noció, un repaso de algunas escenas de la historia de Cataluña repensadas y revisitadas con una visión cómica. La obra nos permitirá ser testigos de la concesión por parte del rey franco Luis el Piadoso de la insignia condal que dio origen a la señera; realizaremos un paseo turístico por los extensos dominios mediterráneos de la Corona de Aragón; testimoniaremos los acuerdos draconianos que llevaron a la unión entre Castilla y la Corona de Aragón; asistiremos a un celebración en un ateneo de finales del siglo XIX o veremos como una pareja de ancianos catalanes “celebran” el final de la dictadura franquista.

Toda la obra está recorrida por un latente sentido del humor que nos permitirá revivir nuestra historia bañada por un humor benevolente que establece constantes relaciones entre pasado y presente. Si bien a la representación le cuesta algo arrancar y mantenerse en vuelo “teatral”, pero una vez que lo consigue serán constantes los gags y las risas del público.

Todo ello se consigue con un concienzudo trabajo de guión y de adaptación teatral. Hemos de tener en cuenta que toda la representación se basa en el trabajo de dos jóvenes actores, Oscar Orbezo y Mariona Blanch, y de dos músicos-monjes, Xevi Capdevila y Oriol Pidelaserra, que le darán al asunto un toque musical y cómico. En este aspecto se ha de destacar el intenso esfuerzo actoral de los protagonistas que entrando y saliendo del escenario irán representado a todos y cada uno de los “personajes históricos” a los que hacen referencia. Y lo hacen además con un acertado grado de humor socarrón (y como les he dicho antes, algo soft, no se me vayan a asustar!!) que proporciona a la obra ese toque humorístico tan catalán.

La obra se subdivide en escenas o episodios históricos, hecho que le da una mayor amplitud al espectáculo, pero que ralentiza el ritmo de la representación, ya que las transiciones entre una y otra se hacen un poco largas. Una problemática que se intenta solucionar con un touch musical que se llega a hacer algo repetitivo.

Som una noció, obra que intenta incluso hacer un chiste con su título, es un buen ejemplo de cómo desmilitarizar la historia en estos días en el que cualquier declaración o comentario que hacen los políticos, y aquellos que no lo son, devalúan, tergiversan y convierten el pasado en una arma arrojadiza. Una historia, la de cualquier país, ya sea una gran potencia o una pequeña nación sin estado (como es el caso) que puede legitimar todas y cada una de nuestras ideas y lo que es peor, cualquiera de nuestras acciones, por más viles e inhumanas que éstas sean, y que el espectáculo teatral se esfuerza por relativizar y “comicizar”, con el objetivo de reírnos de nosotros mismos y de nuestra historia.

Así que ya sabe, si quiere rememorar algunos de los episodios históricos más destacados de la historia de Cataluña, tiene una cita en la sala Pepe Rubianes del Club Capitol. Pero recuerde, una mirada histórica enriquecida por un generalizado sentido del humor. Un espectáculo no recomendado para aquellos que sufran de o posean una idea de la historia demasiado seria y reverenciada.


Som una noció” se representa en la Sala Pepe Rubianes del Club Capitol del 16 de marzo al 6 de mayo de 2012.

Director: Jordi Purtí
Reparto: Oscar Orbezo y Mariona Blanch
Música: Xevi Capdevila y Oriol Pidelaserra

Horarios: miércoles, jueves, viernes a las 21:00 horas; sábado a las 18:00 y a las 21:00 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: 20-25 €