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Toti Toronell, payaso: “Podemos jugar con nuestros propios problemas.”

Soy ingenuo cuando me propongo decir lo que siento. Soy pícaro al reprimirlo. Y las dos cosas como espectador de Toti.

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 Fragmento de Toti  listo para pintar

¿Qué es “Naïf”?

Un espectáculo a medio camino del Circo y el Teatro a través del humor. Y una colección de momentos de poesía visual. Como nuestro trabajo se nutre de las emociones, pretendemos transmitirlas con esta propuesta.

“Naïf” es como ese picor que te viene a la nariz antes de estornudar.

Es la sensación de que te pasará algo. El picor te hace entrar ganas de rascarte pero sabes que tras él viene algo bueno porque estornudas. Es agradable y desagradable a la vez porque te sitúa entre dos emociones. Estás sintiendo una y sabes que está a punto de llegar otra. Con “Naïf” intentamos que haya un contraste de emociones muy alegres a otras muy tristes para el espectador.

¿Qué es la inocencia? ¿Para qué sirve?

Nos hemos basado en el naíf, un movimiento pictórico impulsado por artistas sin experiencia y cuyos trazos eran muy sencillos por su falta de técnica. Pero que pintaban porque les salía de dentro. En nuestro espectáculo intentamos que todo salga de dentro, desde la parte más primaria. Para mí, la inocencia es todo lo verdadero que sale de uno y que hace espontáneamente, sin mala uva.

El espectáculo tiene un estilo gamberro y otro delicado.

Lo gamberro empieza en el mismo momento en que nos atrevemos a hacer el espectáculo. Y también está en algunos gags, con los que buscamos la complicidad del espectador. Aquellos en que el payaso se da cuenta de que si da la vuelta a lo que le pasa, se volverán las tornas. Entonces, grita al público: “Sé que estáis aquí, no hay cuarta pared así que ¡juguemos!” Incluso al músico se le va la cabeza en un momento dado y empieza a interpretar un bolero.

Son delicados los tiempos, lentos, que hemos cuidado mucho, las pausas, los silencios y la música.

¿De dónde salieron los payasos?

La condición del payaso viene motivada muchas veces por una desgracia: Lo es por no haber podido hacer otra cosa. Los primeros payasos eran artistas circenses impedidos: acróbatas que se habían roto una pierna y que no podían seguir actuando. Se dice que sus antecesores eran los que llevaban la paja de los animales de los circos arriba y abajo, normalmente oriundos del lugar donde se instalaban las carpas y que solían ir bebidos (de ahí lo de la nariz roja). Por ello, al caérseles la paja, hacían reír al público.

La acción sucede cuando las máquinas dejaron de cantar poco a poco.  

Nosotros ensayamos en una fábrica textil en desuso. Y decidimos basarnos en la decadencia de la industrialización, cuando empezaban a cerrar las fábricas. La idea de estar fuera de los engranajes. Al payaso protagonista lo situamos atrapado en ese momento: Estaba trabajando en una fábrica moribunda. Lo último que se le encargó fue que tirara la basura y aún está en ello.

¿En qué se ha convertido el mundo después?

Ahora una máquina puede hacer lo que antes hacían quince personas. También han cambiado las cosas que entretienen. Cuando yo era pequeño me lo pasaba bomba con un videojuego y hace poco, al jugar de nuevo con él, ¡lo encontré tan aburrido! Hoy tenemos mucho más acceso a la información y la imagen pero por otra parte estamos mucho más controlados y eso es una sensación extraña. “Facebook”, las redes sociales y los teléfonos móviles nos hacen perder privacidad de nuestro día a día, nuestro yo propio.

Háblanos del yo del personaje que interpretas.

Este payaso, el “excéntrico”, es melancólico y nostálgico. Vive ensimismado. Todo lo que le ocurre es muy grande para él y cada solución al problema surgido es nueva para él. Le obsesiona la bolsa de basura, lo único que le mantiene vivo y ocupado. El día que finalmente la tire al contenedor quizás nunca más nadie le dará ninguna otra tarea. Y entonces, ¿qué será de su vida?

¿Podemos identificarnos con él?

Esa bolsa de basura simboliza la “mochila” que cargamos sin atrevernos a dejar atrás porque tememos que haciéndolo perdiéramos algo. El payaso se mantiene aferrado a su bolsa, que es lo único que le une a un mundo pasado, a sus recuerdos. O eso es lo que él cree. Es la única que lleva treinta años con ella. Conviven: Ha tenido que defenderla, que mimarla, han dormido juntos… Y acaba cogiéndole afecto. Por eso cuando aparece el cubo donde tirarla, no puede deshacerse de ella sin más.

Hay otra historia de amor en “Naïf”: la de coqueteo y seducción entre la fregona y el payaso.

A mí me gusta trabajar desde los clásicos y recuperar su esencia. Este momento está basado en un número clásico. Y viene causado por el gag previo de las goteras. Habíamos pensado centrar la atención en las dificultades del personaje mientras fregaba con el papel de diario que iba esparciendo por el suelo desde el cubo. Pero jugando con la fregona se nos ocurrió todo eso. Aunque ese amor que aparece nuevamente con el objeto luego desaparece de nuevo. Porque formaba parte de la propia fantasía del payaso.

También combináis fantasía con tecnología.

Nos gusta trabajar desde la esencia, que son las emociones, pero llevada a la actualidad para que la gente reaccione. En “Naïf” aparece proyectada la imagen del álter ego del protagonista, lo que le ronda por la cabeza. Soy yo mismo “animado” con mis propios movimientos. Y con mi imaginación, una de las riquezas que tenemos los payasos para transmitir y que tiene que hacerse presente en el escenario.

Y hacéis participar al espectador.

Siempre me ha gustado trabajar con él. Me tomo el tiempo necesario antes de elegirlo. Tengo que haberle preguntado y contestarme él tres veces que sí sin palabras. Y entonces empieza el juego. Busco pasarlo bien con ese espectador: Reírnos y emocionarnos. En Corea, donde el trato con el público es diferente porque no tienen tan cercana la cultura del tacto, una espectadora a la que hice participar me saludó llorando al final de la función. En otra ocasión, un espectador mayor de Torelló me estuvo abrazando durante unos diez minutos…

¿Qué aprende Toti del público?

A ser humilde. Cada espectador que viene a verme actuar lo hace porque ha decidido dedicarme una hora de su vida. Una hora de la vida de una persona es mucho tiempo. Y esa es una de las cosas que valoro más. Si hay cien personas en la sala, ¡son cien horas! Yo, a cambio, tendré que ser lo suficientemente generoso como para darles algo que valga la pena.

La música de Albert Dondarza es uno de los elementos principales de “Naïf”.

De hecho, ¡es la mitad del espectáculo! Y la interpreta el mismo Albert en directo. Su personaje representa el sonido de las máquinas. Y está en la mente del payaso. Música y juego escénico van íntimamente relacionados en nuestra pieza. Así jugamos ambos también en el escenario sin saber nunca exactamente qué pasará y siempre bajo la sensible iluminación de Nino Costa.

Habéis llevado “Naïf” por Aviñón, Corea del Sur, Finlandia, Alemania y Francia. Y ahora actuáis en Barcelona.

Actuar aquí nos permite hacer temporada y un rodaje diario del espectáculo. Los medios de comunicación suelen estar concentrados en las capitales pero a nosotros también nos gusta mucho actuar por el resto de Cataluña.

Recomiéndame algún espectáculo.

La “Operetta”, actualmente de gira por Francia, de Jordi Purtí y Cor de Teatre. Y en el ámbito circense, Pepa Plana. También “Ovni” de Farrés Brothers, una propuesta muy delicada. Y los espectáculos de La Baldufa Companyia de Comediants.

¿Qué hay dentro de esa bolsa de basura de la que no quiere desprenderse Toti?

De forma ficticia, mi pasado y mis miedos. ¡Y debería ser más grande de lo que veis! En la que usamos en el espectáculo está la suma de todas las bolsas que hemos ido añadiendo función tras función desde la primera. Y cuando en un momento de la obra hago malabares con un montón de bolsas diferentes, lo que pretendo contar es que podemos acabar jugando con nuestros propios problemas.

¡Bienvenidos entonces los problemas!

por Juan Marea

“Naïf” se representa en La Seca Espai Brossa de Barcelona hasta el 8 de diciembre.
http://www.laseca.cat/

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Crítica teatral: Som una noció, en el Club Capitol.


El pasado 16 de marzo se estrenó en la sala Pepe Rubianes del Club Capitol una obra de teatro que repasa la historia de Cataluña en clave de comedia, un ejercicio de humor histórico recomendable para todos los públicos.

Siempre se ha dicho que en el teatro se narran historias, todas ellas revestidas por un envoltorio escénico compuesto de actuaciones, luces y de sonido. En el caso de Som una noció el tópico va más allá de las palabras ya que la obra se propone realizar un periplo histórico por la historia de Cataluña. Y no me dirán que la historia de cualquier país o de cualquier nación no nos proporciona una gran cantidad de situaciones y personajes a los que poder tratar con sentido del humor. Y más si de la historia de la que hablamos es la de Cataluña.

Pues bien, este es el objetivo de Som una noció, un repaso de algunas escenas de la historia de Cataluña repensadas y revisitadas con una visión cómica. La obra nos permitirá ser testigos de la concesión por parte del rey franco Luis el Piadoso de la insignia condal que dio origen a la señera; realizaremos un paseo turístico por los extensos dominios mediterráneos de la Corona de Aragón; testimoniaremos los acuerdos draconianos que llevaron a la unión entre Castilla y la Corona de Aragón; asistiremos a un celebración en un ateneo de finales del siglo XIX o veremos como una pareja de ancianos catalanes “celebran” el final de la dictadura franquista.

Toda la obra está recorrida por un latente sentido del humor que nos permitirá revivir nuestra historia bañada por un humor benevolente que establece constantes relaciones entre pasado y presente. Si bien a la representación le cuesta algo arrancar y mantenerse en vuelo “teatral”, pero una vez que lo consigue serán constantes los gags y las risas del público.

Todo ello se consigue con un concienzudo trabajo de guión y de adaptación teatral. Hemos de tener en cuenta que toda la representación se basa en el trabajo de dos jóvenes actores, Oscar Orbezo y Mariona Blanch, y de dos músicos-monjes, Xevi Capdevila y Oriol Pidelaserra, que le darán al asunto un toque musical y cómico. En este aspecto se ha de destacar el intenso esfuerzo actoral de los protagonistas que entrando y saliendo del escenario irán representado a todos y cada uno de los “personajes históricos” a los que hacen referencia. Y lo hacen además con un acertado grado de humor socarrón (y como les he dicho antes, algo soft, no se me vayan a asustar!!) que proporciona a la obra ese toque humorístico tan catalán.

La obra se subdivide en escenas o episodios históricos, hecho que le da una mayor amplitud al espectáculo, pero que ralentiza el ritmo de la representación, ya que las transiciones entre una y otra se hacen un poco largas. Una problemática que se intenta solucionar con un touch musical que se llega a hacer algo repetitivo.

Som una noció, obra que intenta incluso hacer un chiste con su título, es un buen ejemplo de cómo desmilitarizar la historia en estos días en el que cualquier declaración o comentario que hacen los políticos, y aquellos que no lo son, devalúan, tergiversan y convierten el pasado en una arma arrojadiza. Una historia, la de cualquier país, ya sea una gran potencia o una pequeña nación sin estado (como es el caso) que puede legitimar todas y cada una de nuestras ideas y lo que es peor, cualquiera de nuestras acciones, por más viles e inhumanas que éstas sean, y que el espectáculo teatral se esfuerza por relativizar y “comicizar”, con el objetivo de reírnos de nosotros mismos y de nuestra historia.

Así que ya sabe, si quiere rememorar algunos de los episodios históricos más destacados de la historia de Cataluña, tiene una cita en la sala Pepe Rubianes del Club Capitol. Pero recuerde, una mirada histórica enriquecida por un generalizado sentido del humor. Un espectáculo no recomendado para aquellos que sufran de o posean una idea de la historia demasiado seria y reverenciada.


Som una noció” se representa en la Sala Pepe Rubianes del Club Capitol del 16 de marzo al 6 de mayo de 2012.

Director: Jordi Purtí
Reparto: Oscar Orbezo y Mariona Blanch
Música: Xevi Capdevila y Oriol Pidelaserra

Horarios: miércoles, jueves, viernes a las 21:00 horas; sábado a las 18:00 y a las 21:00 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: 20-25 €