El proper 21 d’abril comença un nou curs al Centre Cívic Casa Golferichs que tractarà sobre la Història d’Europa al segle XX. Us adjuntem el temari del curs, que començarà el proper 21 d’abril de 2015 i es desenvoluparà al llarg de 9 sessions.
Comprendre el segle XX. De les Guerres Mundials a la construcció d’Europa Del 21 d’abril de 2015 al 16 de juny de 2015 Horari: Dimarts de 20 a 21.30 hores Espai: Sala A Xalet Professor: Jordi Pisa Sànchez Preu: 67.14 € (IVA inclòs)
El segle XX ha estat testimoni d’alguns dels fets més tràgics que ha viscut la humanitat al llarg de la seva història. El desenvolupament tecnològic i les dues Grans Guerres Mundials van acabar amb l’opulència d’Europa i van permetre als EE.UU. convertir-se en una potència mundial. A partir de mitjans de segle el món es va dividir en dues grans esferes d’influència oposades, dominades pel Capitalisme i el Comunisme, ideologies que es van enfrontar fins a la dècada dels 90. La caiguda del Comunisme ha deixat pas a l’hegemonia nord-americana, ha possibilitat a Europa iniciar el camí de la unió i ha permès al capital apoderar-se del món. Un llegat, aquest, que amenaça el progrés als inicis del segle XXI.
TEMARI: 9 sessions
1. La Belle Époque. Un bon inici de segle.
2. Primera Guerra Mundial. El conflicte sacseja Europa.
3. La Crisi de 29. La consolidació del Feixisme i el Comunisme.
4. Segona Guerra Mundial. L’Holocaust d’Europa.
5. La Guerra Freda. Un món, dos bàndols.
6. Els anys 60 i 70. Un altre món és possible.
7. El final de la Guerra Freda. Un món lliure?
8. La Unió Europea. Un projecte amb futur?
9. Europa. Reptes del segle XXI.
Consciente de la dificultad que implica iniciar una carrera como escritor teniendo a un reconocido novelista por padre, Alejandro Corral (Zaragoza, 1989), hijo del historiador José Luis Corral, decidió mantener en secreto sus inquietudes literarias mientras escribía El cielo de Nueva York, un debut gestado en la clandestinidad para huir de la presión familiar. Ahora, la editorial Minotauro ha decidido desvelar el secreto de este joven prometedor, que mezcló elementos propios del género negro con el thriller psicológico y el fantástico para dar forma a su primera novela.
El narrador de El cielo de Nueva York es Hank Williams, un magnate de las finanzas, un triunfador a la manera de Jordan Belfort (el célebre broker de El lobo de Walt Street) que en las primeras páginas se encuentra recluido en un hospital psiquiátrico para resolver sus problemas con las drogas y el alcohol. A sus casi cuarenta años, Williams había pasado de disfrutar del éxito más dulce al infierno más absoluto, pero sus problemas seguirán a la salida del centro: no le será fácil reinsertarse en esta sociedad que él mismo rechaza (odia el elogio al materialismo tan habitual en la actualidad), tampoco asumir que ha perdido a su mujer, a su hija y a la empresa que él mismo fundó, ni que deberá codearse con lo peor de los bajos fondos para salir adelante. Sin embargo, en su aventura no estará solo: a su lado tendrá a Jeremy Lewis, su antiguo compañero de habitación en el psiquiátrico y por el que siente una simpatía y admiración inexplicables.
El escritor Alejandro Corral
En cierto modo la novela podría ser un ejemplo más del llamado “Sueño americano”, en el que el protagonista logra prosperar en un mundo tan complicado como el de los negocios a base de inteligencia y un instinto especial para aprovecharse de la confusa situación económica mundial, y qué mejor lugar para ambientar un relato como este que la ciudad de Nueva York, epicentro de ese submundo económico y que aquí ofrece sus dos caras más opuestas: del esplendor del Upper West Side a la miseria del Bronx, de los apartamentos lujosos a los edificios habitados por okupas.
En El cielo de Nueva York subyace una evidente crítica al capitalismo y a la ambición malentendida del ser humano, principalmente a los grandes hombres de negocios, para quienes no existe moral ni ética alguna que pueda detener sus ansias de poder. A ese tipo de personajes (secundarios algo desdibujados en contraste con los dos protagonistas) se enfrentarán Hank Williams y Jeremy Lewis, apenas dos idealistas insignificantes que pretenden «demostrar que este sistema es una mierda». Sin duda la novela resulta más interesante cuando se centra en esta idea (a pesar de que la sombra de Chuck Palahniuk planea sobre ella en todo momento), mientras que el relato pierde intensidad cuando ahonda en esos universos paralelos a los que inexorablemente se ve afectado Williams, una trama que desluce el resultado final. Sea como sea, debemos considerar que esta es la primera novela de su autor, y lo cierto es que en él intuimos un talento que, si logra pulir determinados aspectos en su escritura, logrará consolidarse en el futuro.
Título:El Cielo De Nueva York Autor: Alejandro Corral Editorial: Minotauro Páginas: 464 páginas Fecha de publicación: Febrero 2015 ISBN: 9788445002438 Precio: 19,95 €
La comunicació és la millor manera de baixar als inferns propis. Quan ens relacionem amb els altres i els prenem seriosament, quelcom dins nostre tremola: Ens adonem que ni som tan feliços, ni tan equilibrats ni molt menys sabem aparentar-ho tan bé als ulls aliens.
Per això, tendim a defugir el contacte amb aquells que podrien amenaçar-nos amb més garanties d’èxit: la parella, la família, els companys de feina i els veïns. De tots ells, ens quedarem amb els primers i amb els darrers.
Aquesta és una història sobre dos que no s’entenen i que trobaran una segona oportunitat quan obren la porta de la seva llar a uns altres dos que viuen justament a dalt i que vénen amb una bona nova.
En Cesc Gay, després d’explorar amb sensibilitat l’univers individual dels sers humans i el boicot propi a la seva realització personal a pel·lícules com “En la ciudad” o “Ficció”, es llença ara la piscina de la comèdia teatral comercial sobre parelletes en crisi seguint el rastre del seu altre film “V.O.S.”. I troba uns banyistes que neden amb bona tècnica: un quartet d’actors continguts (excepte algunes concessions d’en Pere Arquillué a la galeria), expressius i creïbles. L’aigua que els manté a la superficie és un text eficaç (malgrat la seva previsibilitat) perquè tracta novament com la llibertat sexual no només pot alleujar la crispació sentimental, sinó que a més pot arribar a refermar el vincle tan pesant de la parella. I, en aquest sentit, el públic torna a mossegar l’ham: Seguim sent criatures reprimides. No només al llit o sobre la catifa. També a l’hora d’expressar-nos emocionalment. Per tant, ens cal rebre contínues lliçons per aprendre a superar-ho.
Aquests “veïns de dalt” aposten molt encertadament per la vis còmica d’Àgata Roca (magnífica amb les seves onomatopeies i monosíl·labs i el seu tarannà liberal cada cop més destapat), la naturalitat de Nora Navas (graciosa i deliciosa com a progre llibertina), la frescor de Jordi Rico i el carisma de l’Arquillué. La història, plena de moments divertits, no aporta cap novetat al subgènere de la comèdia negra burgesa urbana però té un bon ritme, perquè ni resulta afectada ni barroera. I perd una mica el nord en la seva part final amb la teràpia improvisada, per un afany d’en Gay d’alliçonar un públic que podria arribar també a la mateixa conclusió sense tantes facilitats.
Ya saben que al teatro le gusta tratar sobre muchas cosas, a veces inmerecidas, y en no pocas ocasiones le place reflexionar sobre sí mismo y su acomodamiento en la vida política, social, y económica. Una de estas ocasiones la representa L’art de la comedia, de Eduardo de Filippo, que el TNC estrenó el pasado 12 de febrero, dirigida por Lluís Homar e interpretada por él mismo, Victòria Pagès, Joan Carreras, Lluís Villanueva y Andreu Benito entre otros.
«En una ciudad de provincias italiana, el nuevo prefecto se dispone a recibir a las visitas de su primer día de trabajo. Para distraerse un rato, aceptará escuchar al director de una troupe ambulante que ha perdido su teatrillo debido a un incendio, y que pretende invitarle a asistir a su espectáculo para que el nuevo dirigente, con su presencia, demuestre a la ciudadanía que ese arte aún tiene una gran importancia social. Tras una apasionada controversia en la que político y humorista harán patentes sus desavenencias, el artista se llevará por error la lista de visitas del prefecto, y saldrá por la puerta amenazando con hacer que su familia teatral convierta esa sala de audiencias en una zona de incertidumbre»
Como ven una idea bien labrada que permite a Filippo tratar sobre la ligazón entre la política y el teatro (intensa a veces, vilipendiada otras) y sobre las diferencias que existen entre la realidad y la figuración, en un momento en el que la relación en este país entre el gobierno y la cultura se ve contaminada por una política desubicada que incluye la subida del IVA cultural al 21% con las nocivas consecuencias que esta medida ha provocado en el sector. El TNC, Homar y Filippo se alían de esta forma para dar un espaldarazo al teatro igualándolo a la política y aún más, a la misma realidad, ya que nunca sabremos con certeza, aunque lo podamos intuir, si la retahíla de personajes y situaciones que desfilan ante el nuevo prefecto son personas reales o personajes ficticios, lo que crea la fuente de humor, crítica y reflexión que posee la obra.
Sin embargo, L’art de la comedia, que juega en su título con la inversión del término Commedia dell’arte, no es una obra equilibrada del todo, lo que la convierte en una propuesta irregular. La obra se divide, así de primeras, en dos grandes secciones. La primera, como presentación, nos permite presenciar la conversación entre Campese (un bravo Homar) y el prefecto De Caro (Carreras), en la que veremos cuál es la opinión de cada uno sobre la relación entre el teatro y la política. Un acto este que se extiende en demasía, es en parte iterativo y le roba parte del ritmo a la obra.
A lo largo de la segunda parte podremos observar como toda una serie de personajes hilarantes y/o con ideas descabelladas, se suceden al otro lado del escritorio del prefecto, desquiciando progresivamente a la autoridad, que no podrá saber nunca si lo que está pasando ante sus ojos es realidad o ficción, algo que en sí mismo habla de lo sublime del artificio teatral. En esta segunda parte, por desgracia, la representación es muy irregular y la comicidad a veces escasa, excepto en la historia narrada por Mosén Salvati (Andreu Benito) que le sabe dar a su historia el humor que necesita el personaje.
Como prueba del artificio teatral la propuesta de Homar ha optado por permitir al público ver el truco existente en la obra misma, a través de un escenario y de un vestuario que se van construyendo poco a poco con la ayuda de los integrantes de la compañía, una opción que sorprende inicialmente al espectador, pero que después se convierte en un recurso algo repetitivo y acaba dejando un escenario extraño y difuso. Por lo que respecta al trabajo de los actores y actrices, se debe destacar a Homar y Carreras en la primera parte de la representación, y a Benito en la segunda, aportando a la obra el único acto de verdadera comicidad a la representación.
L’art de la comedia es, por otra parte, una obra que se entiende en un autor como Filippo que vivió toda su vida en el seno del teatro, ya fuera en la compañía familiar o, posteriormente, en sus propias compañías, circunstancia que no solo le permitió dominar la ficción propia del teatro, sino conocer en su misma persona la relación de este con la política y con la vida.
Como ven L’art de la comedia nos permite, de nuevo, reflexionar sobre el teatro, en esta ocasión sobre su vinculación con la política y la subvención pública, y la consideración que la autoridad tiene de la cultura y, más concretamente, de la profesión teatral. Puede ser que muchas cosas hayan cambiado desde la redacción de esta obra en el año 1964, aunque parece que la cultura siempre queda en un segundo lugar en referencia a las cosas importantes de esta vida. Un acierto, un error… todo depende del punto de vista des del que se mire.
Autor: Eduardo de Filippo
Dirección: Lluís Homar
Traducción: Xavier Albertí
Reparto: Lluís Homar, Pau Viñals, Victòria Pagès, Joan Carreras, Lluís Villanueva, Roger Casamajor, Andreu Benito, Mar Ulldemolins, Oscar Valsecchi, Eduard Muntada y Quimet Pla
Escenografía: Lluc Castells y Jose Novoa
Vestuario: Nina Pawlowsky
Iluminación: Ignasi Camprodon
Sonido: Jordi Bonet
Caracterización: Toni Santos
Horarios: miércoles y viernes a las 20:00 horas; jueves a las 17:00 horas; sábados a las 17:00 y a las 21:30 horas y domingos a las 18:00 horas Precio: 28 € / Disponibilidad de descuentos Idioma: catalán Duración: 2 horas y 10 minutos
Pues muy fácil: Sacándolo con decisión y dejando pasmados a cajeros propios y extraños. Pero antes, habrá que ver cómo se nos ocurre. Eso es lo que Quique Culebras describe en su texto: El proceso de emancipación de una sujeta mediocre que no encuentra otro modo de escapar de la insatisfacción que convirtiéndose en delincuente.
Y no se trata de una cuestión crematística: El dinero no hace la felicidad. Porque la cortejada señorita reclama otra clase de mimos. Como el tener agallas para lanzarse al vacío desde el precipicio de lo cotidiano. Como el asumir que formar parte del rebaño no garantiza más que aprender a balar.
En “ATRACAR UN BANCO CON UN BOTE DE LACA”, nos reímos de lo inquietante que puede resultar sentirnos observados. Y hasta podríamos sentir lástima de nosotros mismos por ser poco más que el objetivo de quienes observan con ánimo fiscalizador. Pero, en resumidas cuentas, y a pesar de la pretenciosidad con que Culebras presenta su historia (como si se tratase de un experimento sociológico sobre miradas subjetivas conformando realidades plurales), la obra es un entretenido monólogo para actriz resultona y público impresionable.
En esta ocasión, Jorge Salinas revisita la propuesta y apuesta por la versatilidad de Sole Israel, cuya humanidad en escena es doblemente valiosa: enternecedora y cáustica. Cincómonos Espai d’Art se pone a los pies de la entrega de Israel y de una puesta en escena con matices a cargo de Salinas.
La Soledad que se redime en el escenario.
De todo el despliegue de capas que muestra y oculta la aspirante a limpiadora de sucursal bancaria protagonista, nos impactan sus enfoques televisados, de un halo seductor muy sugerente. Nos traslada a su espacio el momento en que llega al lugar de los hechos, haciendo una cola interminable que es un ejemplo de concisión escénica. Nos divierten los comentarios escépticos de la desdichada cuando se ve envuelta en una masturbación-homenaje a su triste figura. Y nos sobran los llantos existenciales por su poca verosimilitud sobre el papel.
Y es que a este divertimento a laca armada le basta y sobra su anécdota argumental: fresca como un fogonazo de aerosol; aparente como el efecto que causa sobre las cabelleras maltrechas; y con efecto de fijación relativa, la que agradecemos que se quede con nosotros durante la función y que luego se evapora alegremente cuando salimos de la sala para planear nuestros propios atracos…
Desde la eclosión del género zombi, las secciones de género de las librerías de nuestras ciudades se llenan con todo tipo de novelas cuya acción transcurre en escenarios apocalípticos, una moda literaria, a mi creer, muy relacionada con los grandes temores provocados por los avances de la ciencia y la tecnología y sus efectos sobre nuestra vida cotidiana. Siguiendo la estela de esta tendencia literaria Ediciones B publicó en septiembre de 2014 Cibertormenta de Matthew Mather, una historia que nos muestra en forma de diario novelizado, las graves consecuencias provocadas en Nueva York (y consiguientemente en América) por los efectos de una gran tormenta de nieve acompañada por una caída generalizada de la electricidad y las comunicaciones.
«Mike Mitchell y su familia son sorprendidos por los efectos de un temporal de nieve en Manhattan, Nueva York. Lo que en un principio parece una simple molestia, se irá convirtiendo con el paso del tiempo en un escenario apocalíptico en el que la población de Manhattan deberá luchar contra el frío, por los pocos recursos disponibles y contra la amenaza que constituyen conocidos y desconocidos. En su lucha por la supervivencia Mike hallará la ayuda de su amigo y vecino Chuck, obsesionado por las técnicas de supervivencia. Ambos se aliarán para proteger a sus familias y a los vecinos y amigos que viven en su mismo edificio».
Cibertormenta es una novela que por los temas que analiza (escenario apocalíptico, apagón digital y de las comunicaciones e incluso algo de terror) se podría considerar más que de ciencia-ficción como una novela de supervivencia, ya que esta es la idea que se impone a lo largo de la trama. Es decir, lo que nos narra el autor es el esfuerzo de supervivencia de un grupo de personas ante una catástrofe humanitaria: imaginaos atrapados en vuestras casas por la gran cantidad de nieve acumuladas en las calles tras una serie de grandes tormentas, con muy poco que echaros a la boca, la caída de los sistemas de comunicación (algo mucho más que vital hoy en día) y sin medio de calefacción alguno para luchar contra las bajas temperaturas.
A esto hemos de sumar un pequeño grado de terror, muy parecido al propio de la literatura Z, al tenerse que defender el grupo protagonista de la rapiña de sus convecinos, y un ligero toque de ciencia-ficción o, mejor dicho, de política-ficción, ya que parece que alguna potencia extranjera está aprovechando los problemas internos norteamericanos para iniciar una guerra con los EE.UU.
Estamos, pues, como os decía, ante una novela de supervivencia, a través de la cual iremos conociendo como la situación de los neoyorquinos se complica a medida que van pasando los días y la población no recibe la ayuda necesaria de las autoridades. Asistiremos, de esta forma, a episodios de violencia entre vecinos; evacuación de hospitales; excursiones en busca de alimento; ataques nocturnos por parte de hambrientos enemigos e intentos de fuga de la ciudad. Todo ello «amenizado» por todo un sinfín de argucias y tácticas de supervivencia solo conocidas por aquellos especialmente interesados en el tema, una actividad con bastante tirón en EE.UU.
El autor opta en esta ocasión por el género diario para proveer al relato de más veracidad, en el que el protagonista nos relatará como la convivencia se degrada con el paso de los días, con lo que consigue que la lectura se vaya enfriando y enfermizando a medida que avanza la numeración de las páginas.
Una recomendación para aquellos que disfrutan con las situaciones límite y quieran acompañar a Mike, a Chuck y a sus familias en una aventura de supervivencia que, seguramente, os dejará helado!!
Mirem per sentir-nos millor: La realitat se sotmet a la nostra pupil·la. Si tanquem, però, els ulls tornarem a estar perduts: Ens convertim en sers desvalguts a mercè del que la Realitat real vulgui fer-nos.
Fa uns cinquanta-cinc anys, un director de cinema va desafiar la vista dels espectadors que encara no entenien la importància de reunir-se en una sala de projeccions a les fosques amb el pretext de veure una pel·lícula. En Michael Powell va insultar la miopia del públic amb “Peeping Tom”, una obra que encegava amb un noi obsessionat per crear un entorn on la por fos la conseqüència directa de ser observat.
L’Alícia Gorina va presentar a La Seca-Espai Brossa un espectacle teatral que trasllada la premissa del protagonista de “Peeping Tom” a dues plataformes encara més estremidores que el Setè Art: el teatre i la reflexió crítica sobre aquest. Del que es tracta és de simular una reunió de treball entre un prestigiós crític (l’inacabable Àlex Gorina) i la directora que el farà debutar en un experiment artístic per parlar, precisament, del film de Powell. Tot plegat, que a priori podria semblar un exercici recargolat pretensiós, en mans de l’Alícia esdevé un magnífic exemple de fet escènic d’una riquesa semàntica admirable.
Primer de tot, perquè la directora demostra que el procés creatiu pot arribar a tenir tanta entitat per si mateix que no requereix mostrar un resultat final. La passió de l’Àlex i la desimboltura de la Patrícia Mendoza (la falsa directora) són elements actius de valor sorprenent.
Després, l’habilitat del dramaturg Ferran Dordal per a construir subtilment una història de suspens protagonitzada per uns personatges que semblava que només havien de ser uns instruments narratius és esfereïdora: L’espectador alterna els papers de víctima i botxí, segons si es limita a esguardar el que no succeeeix a l’escenari o si bé, en canvi, adopta el rol de “voyeur” sense embuts. Perquè, al capdavall, ¿hi ha res de més morbós que mirar com els altres es veuen obligats a prendre decisions que no afectaran el que els mira?
També ens ensenya l’Alícia la multitud de punts de vista per representar una ficció: Els seus actors es filmen entre ells i, fins i tot, destrueixen els límits del fals plató per a identificar-lo amb el propi espai escènic.
Deixo per al final la part més inquietant: La por novament es converteix en el personatge central: El temor de l’Àlex de quedar-se sol a escena sense haver assajat quan el que s’espera d’ell és que sigui ell mateix davant de la càmera; l’amenaça de l’Alícia que posa en perill un cop i un altre la confiança de l’Àlex; i el desconcert de nosaltres, que haurem d’acabar participant espiritualment en una litúrgia consagradora de la carn cinèfila i la sang que brolla d’aquells que fan, de l’anàlisi de la Realitat, Art joiós.
Per Juan Marea WATCHING PEEPING TOM es va representar el 10 de març a la Seca-Espai Brossa de Barcelona.
Como ya sabéis, las obras y los espectáculos de base histórica que se realizan en la actualidad, tanto en el cine, en la televisión, como en el teatro, pretenden revisar, normalmente sin los conocimientos y las aptitudes necesarias, figuras claves de la historia, para acercarlas y hacerlas más inteligibles a los públicos de hoy en día, ávidos de poca reflexión y mucho entretenimiento. Y sabéis también que en Culturalia nos gusta especialmente reseñar este tipo de espectáculos. Hoy es por tanto el día de El testamento de María, el monólogo teatral estrenado en el Teatre Lliure de Montjuïc, escrito por el irlandés Colm Tóibín, adaptado y dirigido por Agustí Villaronga e interpretado de forma magnífica, por Blanca Portillo.
Asistimos, pues, a un monólogo intenso que nos permite acceder a la mujer que existió tras la figura de la María «Madre de Dios» cristiana y que nos muestra cómo vivió los episodios mesiánicos protagonizados por su hijo. El Testamento de María es una pequeña gran obra. Pequeña por su formato, ya que, en verdad, tan solo necesita a Portillo para su realización, y grande porque hace bien lo que se propone, y os puedo asegurar que la reconstrucción histórica en general las más de las veces fracasa en sus intentos.
Y con eso no quiero decir que la obra sea un testimonio histórico real de la mujer, ni mucho menos (de la que, por cierto, fuera de la Biblia, una obra de carácter no histórico, no sabemos nada), pero el esfuerzo hecho en la escritura del texto es inteligente, consistente y en parte prudente, aunque en algunos momentos juegue con la polémica. La obra, además, está dirigida por Agustín Villaronga, autor de un éxito de cine histórico reciente como Pa negre (2010) ambientado en la posguerra española. De ahí que la construcción del personaje hecho entre él mismo y Blanca Portillo, nos permita acercarnos a una dimensión humana «posible» de la «Madre de Dios».
Por lo que respecta a Portillo, cabe decir que la actriz está esplendida, tanto en la interpretación como en la en la recitación del texto, trasladando al espectador a un drama que la «interfaz» católica nunca ha permitido que fuera visto. María teme, María duda, María llora y María huye, todo ello a través de la interpretación y del cuerpo, que aunque físicamente no se asemeje demasiado al estereotipo establecido en la imaginería cristina, invade de emotividad al público, sobre todo en algunos momentos del monólogo, como el de la Resurrección de Lázaro o la Crucifixión de Jesús.
La María de Portillo es un portento que nos permite conocer la «pretendida realidad» que existió detrás de la María del Nuevo Testamento, aunque la historicidad del personaje sea ficticia. Tóibín juega, además, con la polémica al tratar de una forma irreverente alguno de los episodios de la vida de la «Madre de Dios», ya sea la paternidad de Jesús, la huída de la propia María tras la muerte de este en la Cruz y sobre todo, su «apostasía», al acabar en la ciudad de Éfeso protegida por los apóstoles adorando una imagen de la diosa pagana Artemisa. Algo indemostrable, por otra parte, pero consistente si repensamos la vida de María desde un punto de vista más realista y actual como lo hace Tóibín. Son materia de reflexión, además, la acusaciones que realiza varias veces María a lo largo de la representación sobre la veracidad de los hechos narrados en el Nuevo Testamento, una crítica, sin duda al peso de la Iglesia a lo largo de la historia e incluso en la actualidad.
Un punto negativo de la propuesta es la composición de una escenografía, obra de Frederic Amat, que no acaba de conectar con el espíritu minimalista de la obra y con lo que quiere comunicar. Una des-conexión que le hurta más bien poco a la magnificencia de un texto esplendoroso, una dirección firme y considerada y una interpretación de una calidad que no hallamos habitualmente sobre los escenarios. Portillo es, por otra parte, el alma de la obra, y la que influye de forma decisiva en el resultado final de la misma, rompiendo en varios momentos la barrera entre público y actriz.
El Testamento de María es un intento atinado de acercarse a los contornos y los sentimientos de la Madre de Dios, algo de por sí imposible siquiera de imaginar para la mayoría, en un siglo, el XXI, que no acepta ninguna figura consagrada por la historia y/o la religión, y que se esfuerza por desvelar sus fueros internos aunque sea a partir de apuntes e hipótesis nimias. La diferencia, aquí, reside en la calidad del conjunto, el texto, la dirección y como envolviéndolo todo, la interpretación de Portillo.
Autor: Colm Tóibín
Adaptación y dirección: Agustí Villaronga
Intérpretes: Blanca Portillo
Traducción: Enrique Juncosa
Escenografía: Frederic Amat
Vestuario: Mercè Paloma
Iluminación: Josep Maria Civit
Sonido: Lucas Ariel
Música original: Lisa Gerrard
Producción: Testamento, Grec 2014 Festival de Barcelona, INAEM – Centro Dramático Nacional y Avance – Producciones Teatrales
Horarios: de martes a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 21:00 horas y domingos a las 18:00 horas. Precio: 29 € / existencia de descuentos Idioma: castellano Duración: 1 hora y 15 minutos (sin pausa)
El Circo Carrusel está deseoso de empezar la función. Lo malo es que no hay público que quiera girar con sus monstruos. Será que pasó su momento. Mas no por ello cejan en su empeño. El programa se nutre de la ternura con que malvive la compañía bajo una carpa aislante: El espectáculo debe continuar, sí, solo que no parece haber nadie dispuesto a motivar su arranque. ¿Nos aventuramos a dar un garbeo?
En esta obra de Alberto Rizzo, luce con alarmante peligro la historia de una iniciación. La de un joven de alma cándida preparado para encontrar su “grandiosidad”. Y lo hará en medio del patetismo de artistas olvidados. Probablemente arrinconados por las invencibles descargas de internet, las impertérritas series televisivas y las abductoras aplicaciones de teléfono móvil. ¿Qué más da? Rincones como CincómonosEspai d’art se prestan con generosidad a obrar el milagro.
Aquí se trata de convocar a los supervivientes de un arte otrora capaz de consolar con sus trucos a quienes no necesitaban la credibilidad. Alberto sitúa a su héroe (sensible David Ortiz) en medio de un despliegue de personajes paradigmáticos y, aunque no se atreve a ahondar en sus miserias, los sacude con sugestión en una exhibición de números entrañables. La sangre no llegará al río porque la propuesta funciona, sobre todo, como fresco costumbrista. Para que no perdamos de vista que hace algún tiempo los forzudos no lo eran tanto pero nos gustaba creer en sus bíceps. Que los ventrílocuos podían verse atemorizados por las ínfulas estelares de sus muñecos (inquietante Guillermo García). Que, por debajo de las barbas de la mujer vellosa, podía manar una melodía cautivadora (dulce Laia Pérez). Que para ser malabarista sonreír con esmero era condición casi suficiente. Y que las bailarinas (pizpireta Alba Mesa) se podían erigir en cálidas voces de la conciencia.
El montaje se ve malogrado por un ritmo irregular y la dirección de actores de Rizzo oscila entre el balbuceo y las buenas intenciones. Sin embargo, la atmósfera que envuelve la sala a lo largo de la representación constituye un tentador elemento para desear desdibujarnos en la platea: La mezcla de tiniebla, ensoñación y solidaridad que une al equipo de La Coquera la toman prestada de un lugar del que no logramos escapar por más que nos empeñemos.