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Toti Toronell, payaso: “Podemos jugar con nuestros propios problemas.”

Soy ingenuo cuando me propongo decir lo que siento. Soy pícaro al reprimirlo. Y las dos cosas como espectador de Toti.

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 Fragmento de Toti  listo para pintar

¿Qué es “Naïf”?

Un espectáculo a medio camino del Circo y el Teatro a través del humor. Y una colección de momentos de poesía visual. Como nuestro trabajo se nutre de las emociones, pretendemos transmitirlas con esta propuesta.

“Naïf” es como ese picor que te viene a la nariz antes de estornudar.

Es la sensación de que te pasará algo. El picor te hace entrar ganas de rascarte pero sabes que tras él viene algo bueno porque estornudas. Es agradable y desagradable a la vez porque te sitúa entre dos emociones. Estás sintiendo una y sabes que está a punto de llegar otra. Con “Naïf” intentamos que haya un contraste de emociones muy alegres a otras muy tristes para el espectador.

¿Qué es la inocencia? ¿Para qué sirve?

Nos hemos basado en el naíf, un movimiento pictórico impulsado por artistas sin experiencia y cuyos trazos eran muy sencillos por su falta de técnica. Pero que pintaban porque les salía de dentro. En nuestro espectáculo intentamos que todo salga de dentro, desde la parte más primaria. Para mí, la inocencia es todo lo verdadero que sale de uno y que hace espontáneamente, sin mala uva.

El espectáculo tiene un estilo gamberro y otro delicado.

Lo gamberro empieza en el mismo momento en que nos atrevemos a hacer el espectáculo. Y también está en algunos gags, con los que buscamos la complicidad del espectador. Aquellos en que el payaso se da cuenta de que si da la vuelta a lo que le pasa, se volverán las tornas. Entonces, grita al público: “Sé que estáis aquí, no hay cuarta pared así que ¡juguemos!” Incluso al músico se le va la cabeza en un momento dado y empieza a interpretar un bolero.

Son delicados los tiempos, lentos, que hemos cuidado mucho, las pausas, los silencios y la música.

¿De dónde salieron los payasos?

La condición del payaso viene motivada muchas veces por una desgracia: Lo es por no haber podido hacer otra cosa. Los primeros payasos eran artistas circenses impedidos: acróbatas que se habían roto una pierna y que no podían seguir actuando. Se dice que sus antecesores eran los que llevaban la paja de los animales de los circos arriba y abajo, normalmente oriundos del lugar donde se instalaban las carpas y que solían ir bebidos (de ahí lo de la nariz roja). Por ello, al caérseles la paja, hacían reír al público.

La acción sucede cuando las máquinas dejaron de cantar poco a poco.  

Nosotros ensayamos en una fábrica textil en desuso. Y decidimos basarnos en la decadencia de la industrialización, cuando empezaban a cerrar las fábricas. La idea de estar fuera de los engranajes. Al payaso protagonista lo situamos atrapado en ese momento: Estaba trabajando en una fábrica moribunda. Lo último que se le encargó fue que tirara la basura y aún está en ello.

¿En qué se ha convertido el mundo después?

Ahora una máquina puede hacer lo que antes hacían quince personas. También han cambiado las cosas que entretienen. Cuando yo era pequeño me lo pasaba bomba con un videojuego y hace poco, al jugar de nuevo con él, ¡lo encontré tan aburrido! Hoy tenemos mucho más acceso a la información y la imagen pero por otra parte estamos mucho más controlados y eso es una sensación extraña. “Facebook”, las redes sociales y los teléfonos móviles nos hacen perder privacidad de nuestro día a día, nuestro yo propio.

Háblanos del yo del personaje que interpretas.

Este payaso, el “excéntrico”, es melancólico y nostálgico. Vive ensimismado. Todo lo que le ocurre es muy grande para él y cada solución al problema surgido es nueva para él. Le obsesiona la bolsa de basura, lo único que le mantiene vivo y ocupado. El día que finalmente la tire al contenedor quizás nunca más nadie le dará ninguna otra tarea. Y entonces, ¿qué será de su vida?

¿Podemos identificarnos con él?

Esa bolsa de basura simboliza la “mochila” que cargamos sin atrevernos a dejar atrás porque tememos que haciéndolo perdiéramos algo. El payaso se mantiene aferrado a su bolsa, que es lo único que le une a un mundo pasado, a sus recuerdos. O eso es lo que él cree. Es la única que lleva treinta años con ella. Conviven: Ha tenido que defenderla, que mimarla, han dormido juntos… Y acaba cogiéndole afecto. Por eso cuando aparece el cubo donde tirarla, no puede deshacerse de ella sin más.

Hay otra historia de amor en “Naïf”: la de coqueteo y seducción entre la fregona y el payaso.

A mí me gusta trabajar desde los clásicos y recuperar su esencia. Este momento está basado en un número clásico. Y viene causado por el gag previo de las goteras. Habíamos pensado centrar la atención en las dificultades del personaje mientras fregaba con el papel de diario que iba esparciendo por el suelo desde el cubo. Pero jugando con la fregona se nos ocurrió todo eso. Aunque ese amor que aparece nuevamente con el objeto luego desaparece de nuevo. Porque formaba parte de la propia fantasía del payaso.

También combináis fantasía con tecnología.

Nos gusta trabajar desde la esencia, que son las emociones, pero llevada a la actualidad para que la gente reaccione. En “Naïf” aparece proyectada la imagen del álter ego del protagonista, lo que le ronda por la cabeza. Soy yo mismo “animado” con mis propios movimientos. Y con mi imaginación, una de las riquezas que tenemos los payasos para transmitir y que tiene que hacerse presente en el escenario.

Y hacéis participar al espectador.

Siempre me ha gustado trabajar con él. Me tomo el tiempo necesario antes de elegirlo. Tengo que haberle preguntado y contestarme él tres veces que sí sin palabras. Y entonces empieza el juego. Busco pasarlo bien con ese espectador: Reírnos y emocionarnos. En Corea, donde el trato con el público es diferente porque no tienen tan cercana la cultura del tacto, una espectadora a la que hice participar me saludó llorando al final de la función. En otra ocasión, un espectador mayor de Torelló me estuvo abrazando durante unos diez minutos…

¿Qué aprende Toti del público?

A ser humilde. Cada espectador que viene a verme actuar lo hace porque ha decidido dedicarme una hora de su vida. Una hora de la vida de una persona es mucho tiempo. Y esa es una de las cosas que valoro más. Si hay cien personas en la sala, ¡son cien horas! Yo, a cambio, tendré que ser lo suficientemente generoso como para darles algo que valga la pena.

La música de Albert Dondarza es uno de los elementos principales de “Naïf”.

De hecho, ¡es la mitad del espectáculo! Y la interpreta el mismo Albert en directo. Su personaje representa el sonido de las máquinas. Y está en la mente del payaso. Música y juego escénico van íntimamente relacionados en nuestra pieza. Así jugamos ambos también en el escenario sin saber nunca exactamente qué pasará y siempre bajo la sensible iluminación de Nino Costa.

Habéis llevado “Naïf» por Aviñón, Corea del Sur, Finlandia, Alemania y Francia. Y ahora actuáis en Barcelona.

Actuar aquí nos permite hacer temporada y un rodaje diario del espectáculo. Los medios de comunicación suelen estar concentrados en las capitales pero a nosotros también nos gusta mucho actuar por el resto de Cataluña.

Recomiéndame algún espectáculo.

La “Operetta”, actualmente de gira por Francia, de Jordi Purtí y Cor de Teatre. Y en el ámbito circense, Pepa Plana. También “Ovni” de Farrés Brothers, una propuesta muy delicada. Y los espectáculos de La Baldufa Companyia de Comediants.

¿Qué hay dentro de esa bolsa de basura de la que no quiere desprenderse Toti?

De forma ficticia, mi pasado y mis miedos. ¡Y debería ser más grande de lo que veis! En la que usamos en el espectáculo está la suma de todas las bolsas que hemos ido añadiendo función tras función desde la primera. Y cuando en un momento de la obra hago malabares con un montón de bolsas diferentes, lo que pretendo contar es que podemos acabar jugando con nuestros propios problemas.

¡Bienvenidos entonces los problemas!

por Juan Marea

«Naïf» se representa en La Seca Espai Brossa de Barcelona hasta el 8 de diciembre.
http://www.laseca.cat/

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“Ego” de Marc Angelet: Sin vela en este entierro.

Ya no necesitamos imaginar. Nos lo recuerda continuamente el Avance Tecnológico con la creación de mundos artificiales paralelos.

¿Para qué dar forma a los sentimientos? El Consumismo los lava, plancha, dobla y precinta para que podamos llevárnoslos bien envueltos después de haber aceptado pagarlos en cómodos plazos.

El teatro, que afortunadamente no pierde comba, recupera su misión de denuncia y para no ser desterrado de pleno por sus adormilados destinatarios nos está acostumbrando a tomar conciencia de todo ello sin hacer mucho ruido.

Después de los interesantes complots mediáticos de “George Kaplan” en la Sala Beckett, y de los felices escarceos sentimentales de “Smiley” a golpe de “uasap”, ahora llega a la Sala FlyhardEgo”, una “comedia tecnológica” que no contenta con mezclar con soltura humor y suspense a ratos escalofriante, logra trascender su condición de digno entretenimiento. Y lo hace gracias a la habilidad del autor Marc Angelet para tratar un tema tan preocupante como apasionante hoy día: La progresiva vampirización del ser humano por los medios de comunicación virtuales inalámbricos (seguro que ya sabéis a qué me refiero) a la hora de dirigir el rumbo de su vida.

TEATRE_BARCELONA-EgoOriol Casals y Xavi Francès a punto de disolverse.

Con “Ego”, no solo entramos en un ameno encuentro entre un encantador “freak” (celebrado Xavi Francès), la sabionda novia de su socio y el desequilibrado policía encargado de investigar la desaparición del tercero en discordia. Además (y aquí radica el gran logro de esta propuesta), “Ego” tiene como gran leitmotiv una letal aplicación informática impulsora de la trama, conquistadora del ritmo, dueña absoluta del espectáculo y casi abductora final de los atentos espectadores bajo una cómplice atmósfera inquietante que roza con ingenio la incomodidad.

Angelet estructura su juguetona pieza a base de ir superponiendo los diferentes tiempos narrativos y cuando pasado y presente se confunden la obra alcanza sus momentos más estimulantes por su notable ensamblaje. La propuesta, no obstante, se inclina hacia la comercialidad convencional (lícita y meritoria también), que resta singularidad al todo. A ello coadyuvan la oportunista pero eficaz inclusión de escenas de agradable eco “retro” (Francès cantando con el Dúo Dinámico; el flash-back como superhéroe felador del impávido desaparecido) y los guiños a unos personajes caricaturizados con gracia (el malo es “periquito”; el único personaje femenino es listo pero ligero de cascos). No tan acertada resulta la dirección de actores, algo apagados y con interpretaciones poco matizadas, y el desarrollo de la historia acusa ciertos desajustes en el ritmo. Pero nada de ello ensombrece la contundencia del mensaje: Para ser alguien tienes que dejar de ser. Pon un teléfono inteligente en tu vida y ya no tendrás que latir más.

 Por Juan Marea

ImageCuatro egoposeídos

«Ego» se representa hasta el 30 de diciembre
http://www.flyhard.org/?p=3636

“Naïf” de Toti Toronell: Como en casa, en ningún sitio.

Una jaula sirve para atrapar moscas cojoneras. Un músico puede ser muy útil para rasgar con un arco un serrucho y extraer de él hipnóticas melodías. Y el payaso Toti Toronell lo usaré para ejemplificar la magia de la cotidianidad.

La Seca Espai Brossa de Barcelona es estos días un catálogo de tiernos momentos escénicos para recordarnos a público y artistas que el arte no es más que percibir la emoción uniendo ilusiones y dándoles forma escénica.

Naïf” ofrece a Toronell la posibilidad de medirse alternando gags íntimos que rehuyen la pretenciosidad subrayando el poder de la sencillez. Tomando como punto de partida al payaso ingenuo pero perseverante, de encantador desaliño y silencio sosegador, Toti vence con deportividad los enojosos obstáculos de la vida doméstica (una gotera desquiciante que desaparece cuando el aplicado manitas logra por fin llegar al techo), se entrega apasionadamente al “amour fou” de su fregona (precioso episodio de títere y clown) y vive el desengaño de la “ruptura” con su bolsa de basura, que no quiere separarse de su generador y se resiste a asumir su triste destino en el contenedor.

Esto no es todo: El osado artista emula la danza clásica y la contemporánea sin solución de continuidad, pasando por un ejercicio múltiple malabar con la versátil bolsa.

Y cuando ya asume que el escenario no es solo suyo, lo convierte en prometedor punto de llegada para dos espectadores a los que elige tan cuidadosamente que les construye un camino desconcertante e hilarante a través del patio de butacas. Con ello, se acaba de meter al público en el bolsillo. O mejor dicho, en su nariz enrojecida.

Albert Dondarza, segundo de a bordo y exquisito recreando burbujas de música que acarician nuestra sensibilidad, es cómplice inseparable de Toronell a la hora de afinar, entonar y cautivar.

Ocurre, no obstante, que son tantos los recursos que el espectáculo exhibe y desplegándose de manera tan entusiasta, que llegan a perjudicar parcialmente el resultado final. En este sentido, momentos como el del bolero o el duelo entre el clown humano y el animado resultan prescindibles por romper con la línea principal recorrida, la que conduce al abono con mimo de ese pequeño canto a la inocencia sensitiva.

Y una cinta métrica sirve para acercar a tímidos amantes. Y una rueda es muy valiosa para sentirse uno atascado en el camino. Y “Naïf” abre recovecos en nuestra ceguera adulta.

 Por Juan Marea

«Naïf» se representa hasta el 8 de diciembre.
http://www.laseca.cat/ca/obra/23/naif–toti-toronell/

ImageLa inocencia es voladora.

“Nedant cap a la Mar de la Xina” en el Almeria Teatre: La iguana mató a la estrella teatral.

Parece ser que no hay pareja si no somos uno y uno sumando.
Hasta aquí la aritmética emocional comúnmente aceptada.
Veamos cuál es el resultado si el cálculo se alarga en el tiempo a causa de la incapacidad de los sumandos de “mejorar adecuadamente”.

Paul Berrondo anuncia su llegada al tentador binomio de la dirección escénica y la dramaturgia con un apetitoso bocado de realidad cotidiana roído por la pasión confesa hacia “La noche de la Iguana” de Tennessee Williams.

Y lo que cuenta en este ilusionado debut resplandece al inicio del espectáculo con un impacto deslumbrante: Sus criaturas son bulliciosas (un Borja Espinosa de generosa prestancia carismática; Maria Ribera transpirando una mosquita muerta que zumba con gracia) y la forma de relacionarse ambas es directa, refrescante y natural. Berrondo se aplica a fondo en esta parte y nos da un escenario conjunto donde público y actores convivimos pagando facturas a medias, haciendo planes y postergando cenas por dejadez doméstica. La historia de una pareja de actores que se irá desmembrando al no saber combinar triunfo profesional y oscuridad sentimental no por ser de lo más trillada tiene que parecernos prescindible cuando está contada desde la autenticidad y haciendo del desenfado escénico (los personajes se llaman igual que los actores que los interpretan; sus primeros encuentros rebosan agradecida espontaneidad producto del trabajo concienzudo; el músico ejerce como maestro de ceremonias a la vez que de comparsa constante) el gran mérito de “Nedant cap a la Mar de la Xina”.

Sucede, empero, que cuando Berrondo decide valerse del trágico y perverso Tennessee, el fulgor narrativo va apagándose al no alcanzar los intérpretes el nivel que requiere este nuevo contexto dramatúrgico. Si bien él logra mantener el tipo, ella va hundiéndose paulatinamente por una insipidez emergente.

Inclinándose la balanza entonces por las concesiones a esa “Iguana” castradora, la parte más cercana de esta “natación orientalista” va diluyéndose en la lejanía. Y es que esa porción de pequeñas vidas que nos ofrece la tropa de Paul para hincar el diente es tan sabrosa que no les perdonamos ni que nos la envuelvan ni que pretendan que nos la comamos en casa.

Por Juan Marea

“Nedant cap a la Mar de la Xina” se representa en el Almeria Teatre de Barcelona hasta el 17 de noviembre.
http://www.almeriateatre.com/

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 Maria y Borja a punto de restar.

Paul Berrondo, director y autor de “Nedant cap a la Mar de la Xina”: “Uno debe atarse a sí mismo poniéndose límites.”

Paul se confiesa un gran cinéfilo. A Paul le fascina Tennessee Williams. Y, además, Paul hace teatro.

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Paul mirando a Oriente. (Fotografía: Nuria Gómez)

¿Qué es “Nadando hacia el Mar de China”?

Pues una historia de amor y desamor como las que vivimos todos continuamente hecha muy artesanalmente y con mucho cariño. Desde la honestidad y el amor con el que entendemos nosotros el teatro.

¿Dónde lleva ese mar?

A un lugar al que se llega después de un arduo trabajo consigo mismo habiendo pasado por sitios propios muy oscuros. El último donde uno puede acceder. Y es muy inhóspito. Es como cuando los elefantes acuden a su cementerio. Dejo a la imaginación del espectador situarlo donde desee.

En esta obra, tus personajes interpretan “La noche de la iguana” de Tennessee Williams y el argumento es muy similar al de “Ha nacido una estrella” de George Cukor.

Para escribir el texto, leí una docena de obras de teatro en las que inspirarme pero no encontraba lo que buscaba. Hasta que una noche vi “Ha nacido una estrella” (“A Star is born”) y se me ocurrió contar la relación de una pareja que se quiere muchísimo pero que nunca podrá llegar a encontrarse. En la película, los dos personajes eran actores de cine. Yo los trasladé al mundo del teatro, que conozco perfectamente. Por otra parte, “La noche de la iguana” (“The Night of the Iguana”) me rondaba muy cerca y me pareció que el personaje del Reverendo Shannon (interpretado por Richard Burton) tenía un paralelismo brutal con el personaje de «Norman Maine» (James Mason) de la película de Cukor. Ambos son totalmente destructivos y los uní.

¿Es responsable el otro de nuestros problemas?

En absoluto. No podemos culpar a la pareja de nuestros males porque en realidad todo parte de uno mismo. Por mucho que Borja, el protagonista, quiera nunca podrá salir de ese demonio que tiene: su carácter autodestructivo.

Pero Borja es quien da precisamente a Maria su gran oportunidad laboral. ¿Esa lucidez no es capaz de aplicarla a su propia vida?

Él es un tío muy lúcido en lo suyo, muy intuitivo en su trabajo. Pero no sabe usar la razón. También tiene una gran carencia de inteligencia emocional. El drama de esta historia es que le ganan sus circunstancias, su propio carácter.

La obra se estructura en dos niveles narrativos: la historia de una pareja y cómo sus integrantes representan en el escenario fragmentos de “La noche de la iguana”.

Alternamos la relación de ambos, contada de una forma “casual”, con la puesta en escena de “La iguana”, que es más clásica. El personaje de “Hannah Jelkes” que interpreta Maria es la antítesis de ella misma. Eso me gustaba porque me permitía remarcar la diferencia entre su mundo real y el metateatral en el que también se mueve con él. En cambio el personaje que interpreta Borja, que es “Shannon”, es tan cercano a él mismo que ambos parecen uno. Algunos espectadores llegan a confundirlos.

El arranque del espectáculo tiene un aire espontáneo que hace que el público se sienta muy a gusto.

Necesitábamos esa frescura y ligereza iniciales para poder meternos luego en un terreno mucho más pantanoso. Así los personajes podían calar en el espectador y este empatizar con ellos y entrar en el juego teatral que los dibuja.

El reverendo está capturado. ¿Es un requisito previo para que pueda finalmente nadar hacia el Mar de China?

Hay un momento de la obra en que él pregunta a ella. “¿Por qué hay que atar a la gente? ¿Por qué no dejar que las cosas fluyan y sean como tienen que ser?” Y ella, desde la razón, le contesta que a veces hay que poner límites aunque no queramos. Uno se ata a sí mismo poniéndose límites y pasándose las cuerdas que necesita para no poder irse corriendo a ese mar.

¿Qué límites te has puesto como creador a la hora de llevar a cabo este proyecto?

Me he dejado llevar mucho por mis impulsos y por cómo entiendo yo el teatro. Solo me he puesto los límites que me atraen como espectador. Lo único que he pretendido ha sido explicar una historia y que se entendiera. Que fuese un espectáculo o no era una cuestión secundaria. Luego descubrí que este último aspecto era necesario para que el producto resultase más agradable a la mente del público.

Habéis trabajado el texto a partir de las improvisaciones del reparto. ¿Ha sido fácil nadar todos en una misma dirección?

Esa ha sido mi labor. Yo escribí la base, dibujé cada escena, por dónde los actores debían navegar. Así pudimos después reescribir la obra entre todos.

¿Qué destacas de los actores, Borja Espinosa y Maria Ribera?

Esta es la primera obra que dirijo y los dos se me han abierto en canal. Ha sido muy gratificante para mí y me ha dado mucha confianza. Ambos trabajan de manera muy diferente pero hemos conseguido encontrar un nexo de unión basado en la escucha del uno por el otro.

Hay un tercer personaje, el músico Jordi Busquets.

Propuse a Jordi que participara en nuestro proyecto como músico y como me gusta mucho la energía que desprende en el escenario decidimos incorporarlo también como actor. Es el juglar que da los “titulares” de la historia y con su soplido indica a los protagonistas que los desarrollen. Como un mago que, después de colocar a los personajes en su sitio, les insufla de un aire de vida.

¿Qué es el Teatro para ti?

El alimento del alma. Lo que te permite realmente alimentar el estómago porque te da una capacidad de búsqueda de vida que hace que puedas ir más allá.

¿Cómo ves el panorama teatral actual?

En él proliferan propuestas de pequeño formato como la nuestra producidas con muy pocos medios. El público dice que son muy ingeniosas porque en ellas se aprieta la imaginación pero eso tiene un doble rasero: ¡Acaba siendo teatro amateur porque acabamos haciéndolo por amor al teatro sin poder comer de ello! Y los artistas deberíamos poder comer con nuestro arte.

En la escena final, ella cierra una puerta, la misma por la que entró al principio.

Ese momento es mágico: acaba la obra y es un falso final. Me encanta que cada uno se imagine algo distinto sobre lo que aguarda a Maria tras esa puerta. Todo creador, una vez que ha hecho su obra, debería poder dejarla a la imaginación del espectador que la mira.

Paul recibe a sus compañeros. Y China queda lejísimos.

por Juan Marea

“Nedant cap a la Mar de la Xina” se representa en el Almeria Teatre de Barcelona hasta el 17 de noviembre.

http://www.almeriateatre.com/

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La iguana es crepuscular y apasionada. (Fotografía de Alba Aránega)

«Cosmètica de l’enemic» en la Sala Muntaner de Barcelona: Despedid a vuestro abogado.

«El culpable va hacia el castigo como el agua va al mar.»
Lo que en esta pieza teatral suena a amenaza puede camuflarse de advertencia.
Pero en la función de la Sala Muntaner no se detendrá aquí. Sino que acabará suponiendo un alivio para su protagonista. Aclaremos, no obstante, que no sin tener que pagar un precio al alcance de pocos bolsillos.


«Cosmètica de l’enemic» consiste, pues, en un juicio inesperado para su acusado, que primero rechaza y finalmente se erige en liberador. El fiscal es un despiadado avasallador que con su discurso relleno de amistosas intenciones destruye la calma del anónimo transeúnte. Esto no es más que el punto de partida de un proceso cuyo objetivo fundamental es averiguar si la impunidad social constituye una buena compensación para quien no puede garantizar su derecho a formar parte del grupo.

Magda Puyo, la instructora penal (y desde su posición de directora escénica) limpia casi por completo el escenario de artificios para dejar reposar en él los tres elementos esenciales del espectáculo, a los que saca lustre: la pareja de actores y el suspense.

Como cabezas visibles, Xavier Ripoll y Lluís Soler. El primero, objeto de martirio del segundo. Ripoll juega su papel de víctima combinando su diminuta presencia con un autoritario timbre. Ante el rechazo frontal del héroe, Soler contraataca con su esbelta figura y encantadora expresión demente.

Ambos personajes descifran la trama mediante un diálogo sin marcha atrás cuyo gran logro radica en la habilidad con que maneja los intrincados resortes de la ambigüedad, la sugestión en la manipulación y una estimulante insistencia en la creación de interrogantes. La ejecución por ambos intérpretes de sus réplicas adolece de cierta aceleración y alcanza sus cotas más altas cuando se ve bruscamente interrumpida. En esos momentos en que los dos personajes llegan a arañarse con los ojos y a salvaguardar su más celosa intimidad a escasos centímetros de distancia el uno del otro, reina un silencio inteligente que acrecenta la tensión y dota a los actores de una mayor entidad escénica. Y los aspavientos de Xavier que resquebrajan a su agredido «Jérôme» son tan estremecedores como la narración juguetona de Lluís al filosofar su «Textor» sobre los límites morales entre deseo, dominio y pasión amorosa.

El público, forzado a dictar sentencia, devora con mórbido interés el desarrollo de la trama. Y cuando llega el desenlace, los efectismos empleados resultarán tan acertados que no solo se nos congela la sangre. También temblamos al asumir nuestra misión de Jurado mientras aplaudimos y nos disponemos a abandonar la sala sumidos en una confusión tan atractiva que saldremos más imperfectos y bellos.

 por Juan Marea

 Image¿Xavier Soler y Lluís Ripoll?

http://www.salamuntaner.com/

Magda Puyo, directora de “Cosmètica de l’enemic”: “La cultura es incomodidad.”

Magda ríe a mandíbula batiente y dispara pasión por su trabajo. Ni la grabadora está segura. Pero no seré yo quien consiga evitarlo.

 ¿Qué es “Cosmètica de l’enemic”?

Es la historia de un hombre que encuentra a su álter ego y este le ayudará a conocerse. Siente pánico porque tiene un lado oscuro. Al igual que hace Amélie Nothomb en su novela homónima, nuestra propuesta combina comedia y thriller psicológico.

¿Al público actual, en estos momentos, le gusta que le mostremos este lado?

Sí y mucho. Porque todos lo tenemos. Si alguien nos tirase un poco de la lengua, seguramente saldrían aspectos de nuestra personalidad mucho más negros que el blanco que enseñamos aparentemente. La obra habla de emociones fuertes y la gente las necesita. Aunque sean de ficción, las puede contrastar con sus propios miedos, con su angustia. Así dejamos escapar nuestra parte negativa. Y ello nos permite descansar. También es una forma de reírnos de nosotros mismos, de ironizar sobre la realidad. Y es que la vida es una tragicomedia grotesca.

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Magda claroscura

Lo que tenemos dentro no podemos rechazarlo. Lo importante es saber que lo tenemos y no negarlo. No te escondas de lo que tú también eres.

Definís la obra como un “juego ambiguo y seductor entre el Bien y el Mal”. ¿Por qué es tan tentador el Mal?

¿Por qué nos atraen los acantilados? Pues porque sabemos que si los traspasamos ocurrirá algo absolutamente desconocido y quizás descubriremos cosas de nosotros mismos que nos asusten mucho y que prefiramos ocultar. De todas maneras, el Mal es muy relativo: Muchas cosas que calificamos socialmente como buenas son malas en realidad. Y al revés.

La obra transcurre en la sala de espera un aeropuerto. ¿Es relevante que los hechos sucedan allí?

Por supuesto. En primer lugar, porque la sala de espera es tierra de nadie y en ella no estás protegido. En segundo lugar, mientras esperas tu mente puede estar en blanco porque no estás haciendo nada en concreto. Y finalmente porque no puedes escaparte de allí. Solo tienes una salida: Subir al avión. Después de encontrarse Jérôme Angust, el ejecutivo protagonista, con Textor Texel en dicho aeropuerto, el primero solo podrá dirigirse hacia una puerta, la del abismo.

La obra se centra en dos personajes antagonistas que “se oponen, se cruzan y finalmente se confunden”. Eso también ocurría en “Alma i Elisabeth”, la obra que estrenaste el pasado mes de junio adaptando “Persona” de Ingmar Bergman.

Es curioso pero no lo busqué intencionadamente. Ambas propuestas me las hizo Carles Manrique, el productor ejecutivo. En ambas se plantea la dualidad del ser humano. ¡Quizás fue mi subconsciente el que me llevó a ellas!. Mi hijo, al ver las dos obras, me preguntó si me pasaba algo, si tenía algún problema… Yo le contesté como hace todo el mundo: que no. Tanto Amélie Nothomb como Ingmar Bergman son personas muy contradictorias, en lucha constante consigo mismos y con la realidad y la sociedad. Sus obras son también muy complejas. Últimamente me divierto mucho haciendo cosas tan duras.

El título de la obra, “Cosmètica de l’enemic”, es extraño.

La “cosmética” (que viene de “cosmos”) es la ciencia que estudia el equilibrio del cosmos, es el “arte del equilibrio”. Textor equilibrará a esa persona que es Jérôme y su dualidad.

Te enfrentas al estilo de Nothomb, íntimo y hermético.

Amélie es muy dual. Nunca es tan hermética o grotesca como para llegar al límite. Siempre te permite volver. Lo combina muy bien. Algunos elementos de su obra, como cuando habla del jansenismo, de Pascal o incluso cierta influencia freudiana, podrían resultar herméticos. Pero al mismo tiempo es una novelista popular por su forma clara y diáfana de hacer que corra la acción y su capacidad de seducir al público. Además, Amélie tiene un sentido del humor negro. Y eso gusta mucho por la perversidad que todos llevamos dentro.

¿Cómo adaptasteis Pablo Ley y tú la novela?

La literatura de Amélie es muy teatral. Nos limitamos prácticamente a sintetizar su texto. A medida que avanza la obra, se abren puertas falsas repentinas que te llevan por otro lado. Intentamos no dejarnos ninguna de esas puertas. Quisimos mantener ese suspense, elemento frecuente en la obra de Nothomb. Nosotros solo hemos intentado no perder el equilibrio que su obra ya tiene.

Los actores, Lluís Soler y Xavier Ripoll, destacan por la gravedad de sus voces.

Sus voces contrastan muy bien. La de Xavier es algo volátil mientras que la de Lluís es más profunda, rasgo muy apropiado ya que él interpreta precisamente al enemigo interior. De ambos actores, destaco además su capacidad de hacer verdadero todo lo que aquí interpretan.

El espacio escénico es tuyo y de Martí Torras.

Yo quería contar la metáfora de la mente humana. Representarlo con algo que recordara al cerebro mediante formas organizadas. Y que el público formara parte del espectáculo de modo que puntualmente se sintiera en un aeropuerto abriendo una ventana hacia la mente de alguien para poder mirar adentro.

¿Cuáles son tus inquietudes como directora?

A mí me gusta crear espacios poéticos. Hacer una propuesta estética que incluya una complejidad ideológica. No me interesa hacer una copia de la realidad. Y me encanta trabajar la corporalidad de los actores. El cuerpo explica cosas irracionales mientras que la palabra siempre es racional. Por ello, el cuerpo lleva a lugares personales mucho más profundos.

¿Es la ambigüedad una forma de no mojarse?

El teatro es hacer preguntas. La respuesta debe darla el público formulándose más preguntas. El arte causa incógnitas. Cuando miramos un cuadro de Pollock, lo entendemos desde la emoción y la sensación, y no desde la razón. No obstante, a veces los directores y dramaturgos no sabemos explicar lo que queremos decir.

¿A quién va dirigida vuestra propuesta?

Es una obra con diversos niveles de lectura. Nos está sorprendiendo que venga a verla gente muy joven, que es un sector social poco habituado al teatro. Los domingos por la tarde, en cambio, el patio de butacas se llena de gente mayor. El público que estamos teniendo es un buen reflejo de la combinación que “Cosmètica de l’enemic” ofrece de lo popular y lo ambiguo. Estaremos en la Sala Muntaner hasta el 9 de noviembre y después tenemos catorce “bolos” por Catalunya.

Recomiéndame una obra que hayas visto recientemente.

La marquesa de Sade” dirigida por Emilià Carilla y protagonizada por Agnès Romeu, Muntsa Alcañiz, Àngels Bassas, Andrea Montero, Laura Fité y Enka Alonso en el Teatre Akadèmia de Barcelona. El trabajo de las actrices es muy interesante.

¿Cómo ves el panorama teatral catalán actual?

Hiperconservador y muy acomodaticio. Es necesario iniciar un proceso de liberación. La cultura y el arte de este país son un patrimonio muy rico: Por un lado, somos cuatro gatos y en cambio tenemos muchos artistas. Este proceso se inició en un momento dado pero ha quedado paralizado. Lo que tenemos ahora es un localismo patético.

¿A qué se debe esta situación?

Hace mucho tiempo que las instituciones públicas siguen un camino equivocado potenciando una serie de propuestas insuficientes para crear un tejido cultural pero que lucen mucho en el aparador. Esto pasa ahora más que nunca. Los proyectos mueren donde se estrenan y fundamentalmente en Barcelona: No hay una red de exhibición, solo edificios con sus focos. Todo son ladrillos y ordenadores. Y lo importante es que los artistas estén en el escenario. Por otra parte, los profesionales tenemos que depender menos de las instituciones.

¿Qué es la cultura para ti?

Un espacio de placer y reflexión. Un lugar donde buscarse como persona y como país. Es una de las pocas cosas que te hacen avanzar humanamente. Y empieza en la esfera más privada. Si la cultura local no es potente, nunca podrá dar el salto hacia lo universal. Y lo universal nace de la potenciación de aquello que proviene del territorio propio. Cuando lo que se promueve es una colección de obviedades, los saltos son fuegos artificiales. La cultura es incomodidad. Solo así es posible la búsqueda de algo mejor.

Apago la grabadora. Ahora soy yo el que debe responder a Magda.

por Juan Marea

trio
Magda, Xavier y Lluís, cosmonautas

“La Sed” en Carro de Baco: ¡Malditos roedores!

El teatro es un buen remedio para hacer terapia. Pero solo cuando somos incapaces de distinguir quién es el terapeuta y quién el paciente. De este modo, público y artífices van de la mano a la hora de ahondar en la raíz del desequilibrio.

La Sed” es el espectáculo que en esta ocasión utilizaremos para aplacar nuestros conflictos internos. Con “La Sed”, estaremos primero muy atentos, después sufriremos al enrarecerse su atmósfera y finalmente habremos bebido lo que nos merecemos.

Germán Madrid escribe una historia para dos personajes que se retroalimentan en el escenario. Son gato y ratón en continua convivencia porque les vamos a ver persiguiéndose a lo largo de tres actos de suspense creciente y notable recital interpretativo.

Partiendo de un pretexto argumental primo hermano de “La huella”, aquella maravilla de juego escénico pensada por Anthony Shaffer y a la que sacaron punta afilada Laurence Olivier y Michael Caine en 1972 bajo la atenta cuchilla de Joseph L. Mankiewicz, ahora el Espai Escènic Carro de Baco de Santa Coloma de Gramenet añade a ello una reflexión que subraya la importancia del arte interpretativo como sucedáneo de esa vida tan difícil de vivir por (casi) todos encontrando en el folletín de cine negro el modo de ejemplificarlo antes que llevándolo a sus últimas consecuencias.

“La Sed” bebe con control en cuanto a la exquisita puesta en escena de Antonia Castillo disfrutando de la copa y brindando con la platea. El equilibrio entre la dirección de actores (encantador en su arrogancia Àlex Brull, carismático como pobre diablo el propio Germán; estupendo el brío de ambos cuando fingen una pelea a muerte), el espacio escénico (majestuoso desde la simplicidad, muy sugerente utilización del rojo burdeos), la iluminación (bellísima la transición en que el supuesto felino es entronizado miserablemente con mordaza y cinta de carrocero) y la música (cumpliendo una acertada misión narrativa) nos desequilibra de emoción escénica.

A la hora de llenarnos las copas con una dramaturgia obligada a ofrecer la sorpresa constante es cuando pasamos del “puntito” al riesgo de acabar beodos: en su afán por apuntalar bien la sorpresa del espectador, Madrid acomete una recta final curvada por el solapamiento de la revelación del enigma (y vil sacrificio de quien se mostró desde el inicio como irresistible roedor) y la descripción de una terrible historia culebronesca sobre ratitas de vida alegre y trágico final. Y la inverosimilitud se ve obligada a hacer acto de presencia.

Esta noche no podré volver a casa en coche. Lo dejaré aparcado cerca. Voy a seguir bebiendo.

Por Juan Marea

la.sed
Germán enciende la llama de una gran amistad con Àlex.

“La Sed” se representa el 15 de diciembre.
http://saladeteatro.wordpress.com/

“El acompañamiento” en Cincómonos Espai d’Art: Música, ¡aprendices!

Las penas compartidas son menos penas.
Pero, ¿qué hay de las alegrías? ¿Estamos preparados para que nos trasciendan? ¿Pueden contagiarnos cuando es otro el que las consiguió con su propio esfuerzo?
Cincómonos Espai D’Art de Barcelona tiene una respuesta. Y podemos conocerla acudiendo a su llamada los sábados a las 21 h.

Para ello, disponen un escenario atiborrado de cachivaches. El amontonamiento, prodigioso a la hora de mantener el equilibrio físico, es la prueba evidente de que nos hemos trasladado a un lugar en el que moraremos bien encerrados.

Pero no se trata esta de una historia de claustrofobia emocional. Más bien todo lo contrario.

Asistiremos de la mano de Lucía Jurjo a un cara a cara entre dos amigos que hace tiempo que no practican. Pero impacientes por recuperar el tiempo que no estuvieron disponibles. Y el público será árbitro a lo largo del espectáculo a la hora de valorar la fidelidad y la evolución de su relación.

Jurjo acaricia el texto de Carlos Gorostiza con suma cautela: Sabe que pertenece casi por entero a sus intérpretes. Y lo que sobre, esas migajas en que consiste lo que no está escrito ni escenificado y que suele proseguir a los aplausos, nos lo llevamos los espectadores. Para intentar ser mejores personas. Para reconocer al regresar a casa que también nosotros fuimos sus personajes.

Este “Acompañamiento” opone a Jorge Salinas (entusiasta, arrollador, histrión encantador) bajo la piel de Tuco, empeñado en “cumplir su sueño día a día”, a Hector Grimber (cauto, gracioso, considerable en su contención), cuyo Sebastián aparece como conciencia políticamente correcta y que saldrá convenientemente ajusticiado del lance.

Lo demás es una excusa para abrir el debate: ¿Qué debe prevalecer en nuestra vida, la felicidad individual o bien la satisfacción del bienestar del entorno social?. Ese “demás” incluye una trama deliciosamente disparatada (un hombre decide enclaustrarse en la buhardilla de su casa para dar rienda suelta a su fantasía de juventud); un puñado de momentos entrañables (las gárgaras con vino para aclarar la voz musical; la soledad del quisquero de fondo ante la despreciable tipología de su clientela; el concierto desafinado por fin de ambos compinches de sueños no más rotos puesto que acaban de empezar a pegar; la guitarra imaginaria que acompaña los mejores deseos del aspirante a cantor) y algún que otro desbarajuste de ritmo (la compenetración de los actores sobrepasa a veces la identidad de los personajes).

 Por Juan Marea

ImageHector y Jorge, rozando su concierto 

http://www.cincomonos.org/index.html
http://www.cincomonos.org/el-acompanamiento.html

“Desiertos” en el Almeria Teatre: Perdidos y sin poder saciar la sed.

¿Cuántas veces hemos necesitado que un profeta viniera a casa a sacarnos de nuestro encarcelamiento voluntario?
¿A que le hemos abierto la puerta de par en par cuando ha soltado su discurso tendencioso espiritual?
¿Y qué sucede entonces cuando ello conlleva que se hundan los cimientos de la comodidad doméstica?

La directora Anna Sarrablo acampa en el escenario del Almeria Teatre hasta el 27 de este mes intentando crear un oasis escénico para tres personajes a punto de la insolación por el caluroso consumismo, que se arrastran entre dunas de hermetismo emocional y sin más empuje que el espejismo de una nueva forma de vida supuestamente más auténtica y, por extensión, redentora.

Desiertos” es el panorama dramatúrgico que constituye la arena de este espectáculo. Y en él, el dramaturgo Josep Pere Peyró juega de manera algo artificiosa con una pareja socialmente respetable pero que se desprecia en la intimidad por cuanto solo les une pagar unas facturas a medias. Él es un Xàvier Pàmies dinámico en sus soliloquios manipuladores iniciales, y patéticamente creíble al soltar una y otra vez su discurso de pragmatismo materialista. Ella, una Carla Ricart perseverante en su repulsa a romper el modus vivendi y cansina en su histrionismo. Y el recién llegado (Òscar Bosch), poco seguro en el alelamiento mental de su personaje, la luz que cegará a tan desquiciada pareja y también evidencia de los efectos secundarios de haber alcanzado la cima del éxito laboral.

La obra discurre por las vías de la tragicomedia más grotesca y logra sus momentos más insólitos cuando suelta amarre hacia una vertiente surrealista. Pero la condición marciana de la propuesta (y su mayor baza) se ve malograda por una dirección muy poco arriesgada al encorsetar la naturaleza alienante del texto dentro de los parámetros de la funcional comedia situacional (incluso vodevilesca). Tampoco ayuda la pobre dirección de actores, incapaces de escapar del estereotipo con que deben lidiar a lo largo de la función.

Pero algunos apuntes de la puesta en escena nos advierten de lo que estos “Desiertos” podrían haber llegado a sofocar la impasibilidad del público: la contundencia de los fogonazos visuales que introducen las diferentes escenas; el recurso a la cámara lenta cuando el ritmo es más enloquecido; el acierto de un decorado que resalta en las impersonales paredes del piso donde sucede el cataclismo argumental el vacío cotidiano de sus moradores; y ese dormitorio entrevisto a través de una cuarta pared superpuesta a la que separa a las criaturas escénicas de los desconcertados espectadores, y que señala con timidez la preocupante incomunicación de sus protagonistas durmientes.

 Por Juan Marea

Imagedecidida Ricart, iluminado Bosch y traicionado Pàmies

http://www.almeriateatre.com/desiertos.htm