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Estreno teatral: Lugares extrañamente Desastrosos, en el SAT! Teatre.


El SAT! Teatre presenta mañana Lugares extrañamente Desastrosos la nueva creación de la compañía de danza Thomas Noone Dance.

En el escenario tres parejas y un músico que toca varios instrumentos. Cada una de las parejas baila su relación, sus emociones. Comparten cierto sentido de un inminente desastre, una danza dinámica y explosiva y un intenso lenguaje expresivo. Con música original del compositor e intérprete inglés Jim Pinchen, Lugares extrañamente Desastrosos es la nueva creación de Thomas Noone Dance, con la que festeja su 10º aniversario en los escenarios.

Los elementos escenográficos eluden esta ruta hacia el desastre emprendida por los seis bailarines. Thomas Noone ha querido con esta pieza centrarse en aquellas situaciones que irrevocablemente nos dirigen hacia el caos, aunque Lugares… no es una pieza melancólica sino mas bien irónica e impregnada del humor que caracteriza sus obras. Una danza de múltiples riquezas, con un dinámico sentido del ritmo, un uso extremo de los recursos del cuerpo y con la precisión habitual de las propuestas del coreógrafo y bailarín británico, residente en Barcelona desde hace 15 años.

La obra se estrena el 28 de julio en el SAT! Teatre donde Thomas Noone Dance es compañía residente desde 2005.

Próximos proyectos:

Además de esta nueva obra, TND estrenará el próximo 27 de octubre en La Sala Teatre de Sabadell su primera producción para el público familiar. Balbir, el meu avi, obra que se inspira en los cuentos de la mitología hindú que Noone escuchaba de niño a su abuelo.

“Lugares extrañamente Desastrosos” se representará en el SAT! Teatre los días 28 y 29 de julio de 2011.

Coreógrafo: Thomas Noone
Ayudante coreográfico: Nuria Martínez
Música: Jim Pinchen
Iluminación: Enric Alarcón
Bailarines: Silvia Albanese, Javier G. Arozena, Alba Barral, Arnau Castro, Jerónimo Forteza y Elena Montes

Horarios: 21:00 horas.
Precio: 14 €.
Duración: 50 minutos.

Relato: La leyenda del último rey godo.

La leyenda de Rodrigo, el último rey godo se sitúa en una época muy remota, mucho, incluso demasiado, cuando el mundo no se regía por las normas del conocimiento y de las ciencias, sino por las de las creencias, la fe y por la admiración hacia todo aquello que era fantástico y mágico al mismo tiempo.

Dicen que cuando este rey visigodo ascendió al trono de España, según la opinión de algunos de una forma no muy legítima, muchos prodigios y señales anunciaron grandes desgracias para el futuro del reino.

Las gentes del país habían tenido que sobrevivir a gran número de enfrentamientos y rivalidades entre las diversas facciones de los nobles de sangre goda, que no solo se disputaban el poder en la capital, Toledo, sino que sumían a las provincias en graves conflictos y desdichas.

Un día llegó a los oídos del nuevo rey la noticia de un gran prodigio que se ocultaba, desde hacia siglos, en la misma capital de su reino. Algunos de los cortesanos más viejos le habían hablado de una de las tradiciones que todo nuevo monarca debía de cumplir. Cerca de una de las iglesias más antiguas de la ciudad existía un edificio singular, no tan solo por sus extrañas formas, sino por el gran secreto que ocultaba. El recinto, al que se conocía comúnmente como La casa del Reino, tenía una planta circular y estaba rodeado por cuatro leones de bronce, situados sobre sendos pedestales. La altura del tejado era tal que se decía que no había nacido hombre aún con la fuerza necesaria para poder lanzar una piedra sobre él. La fachada de tan singular edificio reproducía toda una serie de escenas pintadas, que mostraban los hechos y gestas más importantes, no tan solo del reino de los godos, sino incluso, de los tiempos en los que los antiguos emperadores de Roma habían dominado todas las tierras que rodeaban el Mar Mediterráneo.

Pero el hecho, aquello que daba más singularidad al edificio, eran sus puertas, y la leyenda que durante tantos años las había mantenido cerradas. Desde antiguo se decía que aquel gran edificio lo había construido el propio Hércules, cuando, hacía mucho tiempo, había enseñoreado toda Hispania. El gran héroe había emprendido su construcción cierto día que, gracias a la ayuda de los dioses, había sido poseído por el poder de una revelación, que le había mostrado el futuro de su reino. Hércules, sorprendido y aterrorizado, decidiose a edificar un recinto donde poder ocultar tal presagio. Una vez construida la prisión y cerradas sus grandes puertas, forjadas con el material más duro y resistente que pudo localizar, protegió su entrada con un gran candado y ordenó que todos y cada uno de los futuros reyes de sus tierras dispusiera lo mismo que él, sumando al suyo, un nuevo candado. Desde entonces, y con el paso de los años, la población de Toledo no había hecho otra cosa que narrar y acrecentar la leyenda, imaginando los grandes tesoros que el mayor de los héroes griegos habría podido encerrar en tal recinto fortificado.

El rey Rodrigo.

Al conocer Rodrigo la leyenda de “La casa del Reino” su avidez y sus ansias por descubrir y apoderarse de lo que desde hacía tanto tiempo estaba oculto no hicieron más que aumentar día a día. Los reparos y la oposición de todos los dignatarios, consejeros e incluso amigos, no hicieron efecto en la voluntad del rey, y el día llegó en que este se dirigió al recinto para satisfacer su gran curiosidad y avaricia, sin tener en cuenta ni respetar las prescripciones que desde antiguo vetaban su entrada.

Cuando el rey llegó a las puertas del edificio encontró que estas estaban selladas por veintiséis candados, uno mayor, que se decía que era el que cerró el propio Hércules, y otros veinticinco más pequeños, uno por cada rey que había reinado en España. Rodrigo ordenó a sus hombres que abrieran con tenazas, si hacía falta, cada uno de los candados, obligándolos a hacerlo a pesar de las lágrimas que el temor les hacía brotar de sus angustiados ojos.

Una vez destruidos uno a uno todos los candados, se necesitó la fuerza de muchos animales para poder abrir las puertas, que habían estado cerradas durante épocas enteras. La oscuridad más cerrada emanó entonces del interior del edificio, envolviendo con sus frías y tenebrosas manos a todos los congregados ante ellas. Incluso el chirrido de la puerta pareciose a un grito de angustia, que el tiempo y las edades vociferaban a modo de advertencia. Aún así, el rey Rodrigo no se acobardó y acompañado de los nobles más valientes y de algunos portadores de antorchas, se introdujo en las entrañas del edificio.

La poca luz que acompañaba a los intrusos también parecía acobardada, pues parecía que no se atreviera a adentrarse demasiado en un espacio tan sagrado y prohibido. Pronto el rey pudo vislumbrar el contorno de una pequeña estancia alargada, con una inscripción escrita en griego que señoreaba en el dintel de su puerta. Tras observarla detenidamente leyeron su mensaje: “El que sea tan osado como para leer este escrito traerá desgracias sin número a los pueblos de España”. Aquella inscripción atemorizó al resto del grupo que había entrado junto al rey, e intentaron hacerle cambiar de opinión, pues que más pruebas necesitaba para reconocer la gran falta que estaba cometiendo. Sin embargo el rey no se amedrentó y obligó a los portadores a entrar en la estancia para iluminar su interior. Cuando todos estuvieron dentro se oyeron nuevos gemidos y lamentaciones y parecioles a todos que sombras de figuras humanas se revolvían alrededor de ellos e incluso intentaban asirlos por sus ropajes, a la vez que la visión se hacía cada vez más dificultosa y menos precisa.

El reino visigodo de Toledo.

La estancia estaba dominada en su centro por una arca hecha en oro decorada con las piedras más preciosas que uno pudiera haber visto antes. Los ojos del rey Rodrigo, y su vista detrás de ellos, se apoderaron rápidamente de ella y, vencido ya todo él por la codicia, ordenó al más distinguido noble que le acompañaba que abriera tan magnífica arca. Este negose a hacerlo intentando de nuevo hacer renunciar al rey de tan obstinada idea. El monarca, siendo consciente del temor de los demás, se dirigió hacia la arca, se arrodilló ante ella y la abrió. En su interior encontró varias figuras que representaban a guerreros con pendones, espadas y ballestas. Justo debajo de las figuras se encontraba un pergamino que decía de esta manera: “Cuando este paño fuere extendido y aparezcan estas figuras, hombres así armados conquistaran España y de ella serán señores”.

Una vez leído esto todos los que estaban alrededor del rey se alarmaron y atemorizaron grandemente, más aún cuando notaron que el suelo y las paredes de la estancia comenzaban a temblar. Al salir corriendo hacia el exterior la gente que se agolpaba entorno al edificio pudo observar, atemorizada, como una águila que se acercaba en vuelo desde la lejanía, lanzaba un gran tizón sobre el edificio, que pronto comenzó a arder, consumiéndose todo él en el fuego atizado por el mover de sus grandes alas.

Al momento llegó un número casi infinito de aves de todo tipo que nublaron el cielo y comenzaron a volar sobre las cenizas del gran edificio, haciéndolas desaparecer todas, con el aleteo de sus alas y haciéndolas subir hacia las nubes.

Se dice que el rey Rodrigo se arrepintió mucho de lo que su avaricia irrefrenable le había obligado a hacer. También se dice que, poco después, de que “La Casa del Reino” fuera violada, Tariq, con un pequeño ejército, desembarcaba en Gibraltar, gracias a la ayuda del conde Julián que, partidario del noble visigodo Agila, se había rebelado contra el poder del rey Rodrigo, dando comienzo así la conquista musulmana del Reino Visigodo de Toledo.
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Charla radiofónica: Los errores históricos en las «películas de romanos».

Os dejamos con una charla grabada en el programa de radio Luces en la oscuridad de Punto radio/Onda Rambla y que trata de una forma veraz pero distendida del cine histórico y muy concretamente del llamado “cine de romanos”.

En ella Pedro Riba habla con Jordi Mata, licenciado en Historia contemporánea y escritor, y con un servidor de películas como Los Diez mandamientos, Troya, Espartaco, Ben-Hur, Gladiator, La caída del Imperio romano, Quo Vadis, El Cid, Robin Hood o El tercer hombre.

Una charla muy digna de ser escuchada y de ser colgada en nuestro blog Culturalia. Espero que la disfrutéis…

Los errores históricos en el cine de romanos

Publicación: La ruina del imperio romano, de James O´Donnell.


El año pasado Ediciones B publicó La ruina del imperio romano la última monografía escrita por el historiador James O’Donnell, un análisis sobre las causas de la caída del Imperio romano y sus consecuencias en el inicio de la Edad Media.

Ésta es la historia de cómo uno de los mayores imperios de nuestra historia acabó de desmoronarse y con él el sueño de Alejandro Magno y Julio César de unificar Europa, el Mediterráneo y Oriente Medio en una sola comunidad. Durante el siglo VI, en el año 532 y en pleno centro del Imperio romano, el emperador Justiniano, en su palacio de Constantinopla, trataba de recuperar la antigua gloria de una potencia que estaba moribunda. Pero todo se fue a pique por culpa de las guerras religiosas, la peste y las migraciones ilegales de personas que, paradójicamente, buscaban defenderse de ese mismo imperio. Todo ello tiró por tierra el intento de Justianiano y el imperio se colapsó, para dejar paso al auge del Islam.

James O’Donnell es un distinguido clasicista e historiador educado en Princeton y Yale. Autor de una aclamada biografía de san Agustín, miembro de la Academia Americana de Medievalistas y presidente de la Asociación Filológica Americana, imparte Historia en la Universidad de Georgetown desde 2002.

Título: La ruina del imperio romano
Autor:
James O’Donnell
Editorial:
Ediciones B
Colección: No ficción histórica
Fecha de publicación en España: marzo de 2010
Paginas: 528
Formato: 15 x 23 cm
Precio: 15.00 €

Otros libros del autor:

Avatares de la palabra: del papiro al ciberespacio, Ed. Paidós Ibérica, 2000.
Augustine: A New Biography, Ecco, 2005.

Estreno teatral: El hombre de las mil voces (3D), en el Versus Teatre.


En un mundo de karaoke… Un hombre. Un micro. Mil voces. Su misión: cantar… El músico y showman Niko Costello da vida a El hombre de las mil voces (3D), en un unipersonal humorístico-musical en el cual interpreta clásicos de la música de todos los tiempos. Un verdadero antihéroe, capaz de imitar a veinticinco artistas diferentes en una sola canción ó hacer música con cucharas, globos o su propio cuerpo. Un hilarante y sorprendente viaje musical para todas las edades.

Aterriza a Barcelona un auténtico showman, músico, cantante, artista y sobre todo el hombre con más registros vocales que se ha visto nunca. Ahora, durante 5 únicas semanas, el Versus Teatre presenta el espectáculo de Niko Costello, El hombre de las 1000 Voces (3D).

Una oportunidad única para ver a esta máquina de imitar cantantes en potencia. Niko Costello es Gloria Gaynor, Frank Sinatra, Roy Orbison, Bee Gees, Michael Jackson, Queen, Louis Armstrong o Elvis Presley. A lo largo de 60 intensos minutos, el joven talento, realiza un viaje espectacular por la historia del cine y la música. Su equipaje es ligero: Un micrófono, pequeños elementos de atrezo y una gran imaginación. El resultado: una auténtica explosión de ironía, habilidad y sobre todo muy buena música.

Uno de los números estrella del joven cantante es la interpretación en directo del conocido tema We are The World. 6 minutos intensos de música donde Niko Costello interpreta en riguroso directo, cada una de las más de 20 voces que salen en el famoso tema producido por Quincy Jones. Una puesta en escena que a buen seguro pondrá los pelos de punta a todos los asistentes.

Niko Costello apenas acaba de darse a conocer al gran público y allá donde va arrasa y consigue arrancar los aplausos de todos los asistentes. Con tan sólo 37 años ya ha ganado varios concursos de televisión gracias a su capacidad de imitar voces. Además, ha participado en la grabación de la BSO de la película Torrente 3.

“El hombre de las mil voces (3D)» se representa en el Versus Teatre del 16 de julio al 21 de agosto de 2011.

Creación, dirección e interpretación: Niko Costello

Horarios: de miércoles a sábado a las 21:00 horas y domingos a las 19:00 horas.
Viernes 22 de julio NO HAY FUNCIÓN
Precio: 16 €

Estreno teatral: The Lonesome West, en la Nau Ivanow.


Llega a el espacio escénico de la Nau Ivanow la adaptación de la compañía Ras Teatre de la obra de Martin McDonagh The Lonesome West, dirigida por Pepa Fluvià e interpretada por Eduard Buch, Isidre Montserrat, Sergio Alfonso y Aida Oset.

En el pequeño pueblo irlandés de Leenane, los hermanos solteros Coleman y Valene Connor, que acaban de enterrar su padre, muerto «accidentalmente», mantienen una violenta relación llena de reproches. Parece que la convivencia entre ellos es imposible pero un pacto los mantiene ligados. El padre Welsh, mosén de la comunidad, busca restablecer la paz en el pueblo y particularmente entre los hermanos, pero sus crisis de fe lo mantienen sumergido en el alcoholismo que sólo remite ante la presencia de Girleen, una joven que trafica con alcohol para conseguir sus sueños y que oculta sus verdaderos sentimientos.

Martin McDonagh, nacido en Londres de padres irlandeses, está considerado el autor irlandés más destacado de las últimas décadas. El 1996 escribe su primera obra, The Beauty Queen, que inicia la “Trilogía de Leenane” formada también por Skull in Connemara y The Lonesome West. McDonagh se ha convertido en el dramaturgo anglosajón más representado en Norteamérica, después de Shakespeare. Su teatro cultiva una vertiente extrema: el teatro de la crueldad, conocido como in your face, basado en acentuar los aspectos violentos y groseros de las obras para captar la atención del espectador, con situaciones impactantes que no lo pueden dejar indiferente.

La compañía Ras Teatre desarrolla su tarea escénica en el ámbito del teatro contemporáneo, que habla de las relaciones humanas, que trata temas que preocupan, que inquietan o que pueden conmover a cualquier persona. Un teatro donde los personajes están vivos en todos el sentidos de la palabra: vivos en el escenario, vivos en sus conflictos, vivos en sus contradicciones y vivos en sus instintos.

Más información: www.rasteatre.com

“The Lonesome West” se representará en la Nau Ivanow del 21 al 24 de julio de 2011.

Dirección: Pepa Fluvià
Intérpretes: Eduard Buch, Isidre Montserrat, Sergio Alfonso y Aida Oset
Escenografía y atrezo: Elisenda Rodríguez y GRUP SISTERART (Laia Sisteró, Maria Josep Subirachs y Marc Parés)
Diseño de iluminación: Bernat Tresserra
Diseño de sonido: Toni Farran
Música: Aida Oset, Marc Ortiz y Toni Farran
Compañía: Ras Teatre

Horarios: de jueves a sábado a las 21:00 horas y domingo a las 18:00 horas.
Precio: 15 €, Amics de la Nau 12 €.
Duración de la obra: 100 minutos aproximadamente.

Estreno teatral: Mors moris, en La Riereta Teatre.


La compañía de teatro postdramático PVZ os propone una radiografía de cuerpos y vidas atrofiadas con el estreno el próximo viernes 29 de julio de Mors Moris.

Mors Moris es una poesía con alambre de espinos, un testimonio de la disolución del ser humano. Los protagonistas inician una trayectoria en los sentidos más profundos de lo que es conciencia, ser, devenir, en un conflicto entre sus vicios y la necesidad de auto salvación. ¿Qué es la vida sino una muerte diaria?”

El mundo es un cementerio decadente de cuerpos y almas agotadas. Me alimento del éxtasis social y respiro muerte. Compro, compro, compro, pago facturas, tasas del banco, hipoteca, coche, aparcamiento, asistencia social, colegio, universidad, máster, impuestos, comisiones, sgae. Durante el día engullo mi cuerpo con cafeína, bebidas energéticas, quemador de calorías, cola zero zero zero, durante la noche compro mi sueño con somníferos y pongo la tele para cubrir el silencio. Compro, compro. Mi alma esta agotada. La engaño en encuentros carnales, pero fallo en llenar el vacío con amor. Decadente. Aún tengo esperanza. Que mi vida es más que un sacrificio con fines efímeros y vuelo roto entre cuatro paredes. Mi alma esta agotada. Respiro muerte.

PVZ no está subvencionada por ninguna administración.

“Mors Moris” se representará en La Riereta Teatre los días 29 y 30 de julio de 2011.

Autor y director: Mad Pirvan
Reparto: Maria Griñó, Marta Sanz, Montse Jiménez, Oscar Vinilo y Mad Pirvan
Compañía: PVZ

Horarios: 21:30 horas
Precio: 9 €; 7 € en Atrápalo

MÁS INFORMACIÓN:

www.pvcpvc.org
http://lariereta.es/

Estreno teatral: Carmen de Bizet, en el Gran Teatre del Liceu.


El Gran Teatre del Liceu presenta este mes de julio en siete únicas funciones la adaptación de la opera Carmen de Bizet realizada por Calixto Bieito e interpretada por Béatrice Uria-Monzon, Fabio Armiliato, María Bayo, Jossie Pérez, Neil Shicoff y Ainhoa Arteta.

Carmenes un verdadero arquetipo del género, de una popularidad sin parangón, objeto de admiración de músicos y artistas, y base de un gran número de adaptaciones. Innovadora por su concepción, tiene la grandeza que le proporciona una historia muy bien trabada y la extraordinaria inventiva melódica, armónica e instrumental de su música.

El enfrentamiento entre, por un lado, la gitana que defiende con pasión su personal sentido de la libertad, y por el otro, la mentalidad posesiva y convencionalmente masculina del soldado navarro, desemboca en una tragedia que supera con mucho el contexto argumental, que fácilmente habría podido hacerlo caer en el tópico de una Andalucía de toreros y castañuelas. La nueva puesta en escena que dirige Calixto Bieito está basada en la creación que presentó en el Festival de Peralada.

“Carmen” Opéra-comique en cuatro actos. Libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy basado en la novela de Prosper Mérimée. Música de Georges Bizet. Estrenada el 3 de marzo de 1875 en la Opéra Comique de París.

Estrenada en Barcelona en el Teatre Líric el 2 de agosto de 1881. Estrenada en el Gran Teatre del Liceu el 26 de enero de 1888.

Retransmisión de una función en julio en la playa y en el Palau Robert.

“Carmen” se representará los días 21, 22, 24, 25, 27, 28 y 30 de julio de 2011.

Dirección musical: Marc Piollet
Dirección de escena: Calixto Bieito
Reparto: Béatrice Uria-Monzon, Fabio Armiliato, María Bayo, Jossie Pérez, Neil Shicoff, Ainhoa Arteta y otros.
Escenografía: Alfons Flores
Vestuario: Mercè Paloma
Iluminación: Xavier Clot
Nueva coproducción: Gran Teatre del Liceu / Teatro Massimo (Palermo) / Teatro Reggio (Turín)
Orquesta Sinfónica y Coro del Gran Teatre del Liceu
Cor Vivaldi-Petits Cantors de Catalunya

Horarios: los días 21, 22, 25, 27 y 28 de julio a las 20:00 y el día 24 de julio a las 17:00 horas.
Precio: de 9,50 a 194 €.

Crítica musical: Recital Una veu per a la Sibil·la, de Maria del Mar Bonet.


El pasado 4 de julio Maria del Mar Bonet actuó en el escenario del Teatre Grec de Barcelona, presentando su adaptación de el Cant de la Sibil·la, declarado el año pasado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un canto litúrgico medieval del siglo X que se representa cada año en la noche de Navidad en gran parte de las iglesias de la isla de Mallorca.

Una celebración que permitió a los espectadores que asistieron al concierto volver a gozar de la magia, de la voz y del encanto de «la Bonet”, todo un lujo acompañado, como no de un escenario sin par en la ciudad de Barcelona.

Una noche casi perfecta, y utilizo el “casi” porque en este mundo nada puede llegar a ser perfecto del todo. Maria del Marc Bonet se instaló en el escenario acompañada de su formación habitual de músicos y sin demasiados cumplidos, algo habitual en la cantante, inició un recital que, además de incluir la adaptación de “El cant de la Sibil·la” hizo un repaso por parte del repertorio isleño, punteado por la interpretación de algunos de sus éxitos, los cuales el público recibía con una ovación compartida que acompañaba los primeros acordes de cada tema y que finalizaba con un solemne e imponente aplauso final.

Temas como Penyora (Lluís Llach) Blau i sol de roses blanques (Blai Bonet y Antoni Parera Fons), La dansa de la primavera (Maria del Mar Bonet y Gregorio Paniagua), Des de Mallorca a l’Alguer (Albert Garcia /Popular Sarda), tots dos ens equivocàrem (Isidor Marí y Zülfu Livaneli) o Mons apart (Bruce Springsteen) fueron los encargados de delimitar un recorrido musical idóneo para una fresca noche de principios de julio.

Y es que (perdón, pero este inicio de parágrafo no me gusta y lo cambiaré por algo así como La música de…). La música de Bonet nos traslada con su voz a los rincones más sentimentales y conmemorativos de nuestras almas. Sus temas evocan la tierra; la sensualidad de la voz; el folclore (en el buen sentido de una palabra a veces lacerada por los usos y los sub-usos que se hacen de ella); la resistencia de la memoria ante el olvido impuesto por las exigencias de lo nuevo; la historia; el frescor recalentado del tomillo y del romero y del Mediterráneo y de la supervivencia exhausta de sus pobladores (hombres y mujeres, animales y plantas) decididos a perdurar en el tiempo sean cuales sean las condiciones.

Ya sabía yo, y disculpen de nuevo, que la reseña del recital se me iba a encaminar, un poco al menos, hacia lo poético, pero no he podido evitarlo, teniendo en cuenta que la voz de “la Bonet” se entremezclaba con uno de los escenarios más bucólicos y líricos de que dispone Barcelona, el Teatre Grec, y que obliga al espectador, aún sin quererlo, a realizar un viaje en el tiempo para revivir la sensación que los antiguos griegos experimentarían a la hora de deleitarse, por ejemplo, con la representación de las tragedias de Eurípides o las comedias de Aristófanes. Toda una experiencia musical que une lo antiguo con lo moderno, lo viejo con lo nuevo y la tierra con el cielo.

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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Crítica literaria: El usurpador del Imperio, de Rosemary Sutcliff.


Como si se tratara de un itinerario marcado en cada una de sus etapas por indicativos de color, el estreno el pasado 8 de abril del film La legión del águila, la versión cinematográfica de la novela El águila de la Novena legión escrita por Rosemary Sutcliff, nos ha permitido a muchos conocer la obra literaria de esta autora británica especializada en la ficción histórica ambientada en época romana y medieval.

De esta forma, y en referencia al itinerario arriba indicado, la lectura de la primera novela de la saga dedicada a la historia de la familia Aquila, nos lleva directamente a la crítica del segundo capítulo de la serie titulado en castellano El usurpador del Imperio (1957) y nos dispone a completar el trabajo con la futura lectura y reseña de Los guardianes de la luz (1959), la tercera y última novela que cierra la trilogía Aquila, ambas obras publicadas también por editorial Plataforma.

Centrémonos, pues, en este segundo capítulo, El usurpador del Imperio, que nos traslada de nuevo a la historia de la Britania romana, en este caso a una etapa un poco más avanzada, para recuperar la historia de la familia de los Aquila descendiente de aquel Marco que en tiempos del emperador Trajano consiguió retornar (recuerden que solo según la leyenda, que no la historia) a territorio romano el emblema de la legión desaparecida, la IX hispana, caída, según la tradición, ante un ataque de las fieras tribus del norte.

El usurpador del Imperio nos sitúa unos 150 años después de las hazañas narradas en la primera novela, esto es, entre los años 286 y 293. El imperio está pasando por uno de los peores periodos de su historia, conocido como la Crisis del siglo III o el período de la Anarquía militar, durante la cual la autoridad imperial central se hundió agredida tanto por las amenazas exteriores, materializadas por el inicio de las invasiones germánicas a gran escala por Europa y el desafío persa en Oriente y por los problemas internos entre los cuales las continuas usurpaciones del poder y los enfrentamientos entre los diferentes emperadores y sus rivales al trono, llevaron al Imperio casi a una situación de colapso.

Y es en este ambiente en el que se mueve la novela que se centra en las aventuras de Tiberio Lucio Justiniano (Justino) y Marcelo Flavio Aquila (Flavio) dos primos lejanos pertenecientes a dos linajes que derivan del creado por aquel Marco Aquila de la primera novela. Justino, un joven cirujano militar es trasladado a Britania para servir a las órdenes de Carausio, un usurpador que de alguna forma ha conseguido si no la plena aceptación por parte de los coemperadores Diocleciano y Maximiano, si su reconocimiento “temporal” ante la situación de total inseguridad en la que vive el imperio. Al llegar a su nueva destinación Justino conocerá a Flavio, un familiar del que se hará amigo inseparable a lo largo de la novela.

Ambos protagonistas descubrirán una conspiración tramada contra Carausio desde la oficialidad de sus tropas liderada por su lugarteniente Alecto, el cual, con la ayuda de los sajones, pretende hacerse con el poder en la isla. Aunque Flavio y Justino consiguen alertar al propio Carausio lo único que obtienen es una nueva destinación en uno de los fuertes defensivos de la muralla de Adriano lejos del cuartel general romano en Britania.

El asesinato de Carausio y la usurpación de Alecto les obligará a abandonar las filas del ejercito para salvar sus vidas y les llevará a formar parte de una organización clandestina que pretende ayudar a todos aquellos que se oponen a las injustas y duras medidas impuestas por el nuevo emperador y por sus secuaces y bárbaros aliados sajones, trabajando en la sombra con el objetivo de favorecer la llegada de las tropas lideradas por el césar Constancio Cloro y enviadas desde Roma para recuperar el control de la isla .

Sutcliff nos introduce con la segunda novela de la saga en una época no demasiado conocida por el lector habitual de novela histórica y por ello arriesgándose en la elección de la trama. Hemos de olvidarnos en estos momentos de la Roma del Alto Imperio y situarnos a finales del siglo III, en los inicios del Bajo Imperio, en el cual las grandes figuras imperiales como Augusto, Nerón o Trajano hacía ya mucho tiempo que habían desaparecido y el imperio se encaminaba hacia una etapa en la que el absolutismo y el militarismo se imponían a marchas forzadas. Es por ello que nos topamos con usurpadores, pueblos germanos e incluso coemperadores. No hemos de olvidar que Diocleciano, el emperador y hombre fuerte del momento intentó durante su reinado establecer un estructura imperial conocida como la Tetrarquía con la cual pretendía sustituir la figura única del emperador por un sistema en el que coexistían dos emperadores sénior o Augustos y dos emperadores junior o Césares que se dividían el territorio dominado por Roma. De aquí que no nos extrañemos de que en la novela se cite a más de un emperador compartiendo al mismo tiempo el poder. Una situación, como ven, muy alejada de la clásica Roma de los Julio-Claudios.

El usurpador del Imperio nos ofrece, pues, una aventura de dos jóvenes militares en un mundo roto que comienza a dirigirse hacia el caos político que llevó al final de la Edad Antigua. Un centurión y un cirujano que se verán obligados a abandonar el ejército y trabajar para, podíamos decir, la “resistencia” favorable a Diocleciano y Maximiano. Sutcliff nos ofrece una trama interesante que nos permite transitar por una Britania amenazada por los germanos y en la que queda bien plasmado la situación de crisis política y militar (por no decir económica y social) que vivía el Imperio por aquel entonces.

Podríamos decir que Sutcliff mezcla dos géneros en El usurpador del Imperio: la novela negra y policiaca que le permite inmiscuirse en los tejemanejes políticos y militares por los que atravesaba Roma en la segunda mitad del siglo III. Muy interesante, en este aspecto, la trama que crea la autora en relación a las luchas de poder ya fueran entre Roma y Britania (Diocleciano/Constancio Cloro y Carausio/Alecto) como a las propias de la isla (conspiración de Alecto en contra de Carausio). Este género negro también le sirve para crear la trama principal que convierte a Flavio y Justino en dos “fuera de la ley” que trabajan a favor del poder central romano. Todo ello se envuelve en un ámbito temporal de novela histórica extraño y difícil, sí, pero que no por eso carece de la grandiosidad y la épica propia de unos tiempos que aunque desconocidos (o no tan familiares para muchos) obligaron a sus protagonistas a reinventar y reestructurar una experiencia vital y política materializada en Roma y su imperio existente desde hacia ya más de 1.000 años y que sobreviviría, al menos, 250 años más.

Y de ejemplo que sirvan dos botones (como se dice coloquialmente). El primero de ellos es la ligazón que la autora lleva a cabo para enlazar la primera novela de la saga con la segunda. Aunque el tema está en el aire a lo largo de todas sus páginas (no olvidemos que Justino y Flavio son descendientes de Marco Aquila), el descubrimiento del emblema de la IX legión Hispana ocultado en el hipocausto de la casa familiar de los Aquila en Calleva y la reintroducción del mismo en la unidad militar reclutada por los dos protagonistas es todo un acierto narrativo.

Aunque, y a estas alturas de la reseña me veo obligado a hacer aparecer la parte más sentimental de mi persona, la última escena en la que se produce la conflagración final entre los ejércitos de Alecto y Constancio Cloro y la lucha que le sigue en el centro de la ciudad de Calleva en la que Justino y Flavio intentan salvar a su población del ataque y del saqueo de las huestes sajonas en retirada casi hicieron saltar las lágrimas de emoción al que estas líneas redacta. Pocas veces he notado ese “sentido de la historia” tan a flor de piel durante la lectura de una novela histórica: brillante y apasionante.

Aunque la novela no esté a este tan alto nivel a lo largo de todas sus páginas y se haga notar la no formación histórica de su autora, pues esquiva y trata muy de pasada algunos aspectos de la trama que se podrían abordar de una forma mucho más interesante y palpitante, El usurpador del Imperio es una buena muestra de la pluma de una autora especializada en las sagas ambientadas en la Roma imperial y en los primeros tiempos del Medievo, o lo que es lo mismo, un seguro de disfrute para aquellos que quieran proseguir la historia iniciada por Marco Aquila en El águila de la novena legión, llevada a la pantalla grande en el año 2010 de la mano de Kevin Macdonald y estrenada en nuestro país en abril de este mismo año.

Título: El usurpador del Imperio
Autora: Rosemary Sutcliff
Editorial: Plataforma
Colección: Novela HistóricaHistórica
Fecha de publicación: octubre de 2009
ISBN: 978-84-96981-64-5
Páginas: 315
Precio: € 19.95

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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez