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Crítica cinematográfica: Ben-Hur, de Timur Bekmambetov

ben-hur_2El pasado 2 de septiembre se estrenó en las pantallas españolas la nueva versión de Ben-Hur, un film dirigido por el kajazo-ruso Timur Bekmambetov e interpretado por Jack Huston, Toby Kebbell, Nazanin Boniadi y Morgan Freeman, una película que actualiza la historia escrita por Lewis Wallace en 1880 y llevada magistralmente al cine en el año 1959 por William Wyler.

Y vale la pena citar, así de primeras, a su precedente, ya que cuando pensamos en Ben-Hur la memoria de la mayoría de nosotros nos dirige inexorablemente a una de las gestas cinematográficas más espectaculares de la historia, aquella interpretada por Charlton Heston y Stephen Boyd. Una gran sombra de la que la nueva versión de Bekmambetov no consigue zafarse nunca, salvo y como era de esperar, en la escena de la carrera de cuadrigas. Pero bueno, comencemos por el principio.

Judah Ben-Hur (Jack Huston) es un príncipe judío falsamente acusado de traición por su hermano adoptivo Messala (Toby Kebbell), un oficial del ejército romano. Desposeído de su título y separado de su familia y de la mujer que ama (Nazanin Boniadi), Judah es condenado a la esclavitud en las galeras. Después de varios años, Judah regresa a su tierra natal en busca de venganza, para hallar finalmente su propia redención”.

La nueva versión de Ben-Hur es, como no podía ser de otra forma, una historia adaptada a los gustos de los públicos actuales. De ahí que se interese por ciertos aspectos de la trama original (la tiranía romana y el ansia de venganza de Judah Ben-Hur) y menoscabe otros como la relación entre Judah y el general romano Quinto Arrio o el nacimiento del cristianismo, tan relevante en la versión de Wyler pero un tema del que huye el espectador joven actual. Así, pues, la producción de la película simplifica la historia para adaptarse a los cánones de éxito cinematográfico contemporáneo, centrándose en la rivalidad y el odio surgido entre Messala y Judah, los personajes principales del film.

De esta forma la película desaprovecha una riqueza argumental que podría haberla salvado, pero cuya ausencia hace difícil diferenciar a Ben-Hur de cualquier otra propuesta del cine actual. De ahí pasamos a un segundo error, el del casting. Comparar la presencia en pantalla de Charlton Heston y Stephen Boyd con la de Jack Huston y Toby Kebbell es querer aspirar a demasiado. Y si a eso le sumamos la dirección de Bekmambetov que, aunque responsable de destacables éxitos de taquilla en Rusia y de películas de acción fantástica como Guardianes de la noche (2004), Guardianes del día (2006), Wanted – Se busca (2008) o Abraham Lincoln: Cazador de vampiros (2012), no parece estar interesado o capacitado para transmitir el vigor de la historia original.

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Cabe destacar, también, la pérdida de fuerza de la trama secundaria centrada en la figura de Jesucristo, debido a la voluntad desacralizadora que tiene la producción (fenómeno tan moderno en el cine actual que evita como la sarna cualquier elemento religioso que pueda molestar a la generación pokemon-go), que además se traiciona a sí misma con el final de la película. Y esta es seguramente la peor parte de la propuesta. La producción y la dirección del film destrozan una historia con un final in-creíble que le roba el bien justito que había alcanzado en su desarrollo. Posiblemente el final de Ben-Hur sea uno de los peores finales que conozco, trance este potenciado por el hecho de conocer el final “correcto” de la historia.

Ben-Hur es una película más que salvo el título tiene que ver poco con la magnificencia de su predecesora, aunque ha contado con un presupuesto de 100 millones de dólares. En ningún momento los actores te hacen creer casi nada de lo que dicen o hacen, algo debido, sobre todo, a una adaptación a la que le falta espíritu y a unos diálogos pobres. En consecuencia, lo único que destaca de la propuesta son, tan solo, los efectos especiales y los escenarios. El primero de ellos, las vistas de la Jerusalén antigua, destacan por su voluntad de realismo. El segundo la batalla naval, está rodada principalmente desde la perspectiva de los galeotes, por lo que pierde algo de su espectacularidad y como no, la secuencia de la carrera de cuadrigas, la cual parece absorber gran parte de los esfuerzos de producción, y que es posiblemente lo mejor de toda la película, si bien, parece bastante exagerada en su desarrollo.

Ben-Hur es una película maltratada por una producción y una dirección erróneas, por una elección de casting que no está a la altura de las expectativas y por un desarrollo que se muestra poco maduro en algunos momentos de la trama. Una versión innecesaria de un clásico de los “buenos de verdad” (posiblemente la versión de Wyler del 59 sea una de las mejores películas de todos los tiempos) que no se ha estrenado en la mejor época del año para una película de este estilo. Algo que nos demuestra que en la mayoría de los casos las nuevas versiones de las películas “de antes” se quedan muy por debajo de los méritos de aquellas. Como muestra un botón: la película obtiene una nota de 5,7 en imdb y alcanza un mísero 26% de aceptación por parte de la crítica en rottentomatoes, aunque obtiene un 65% de aceptación por parte de los usuarios del mismo portal.

Así que ya lo saben, si quieren ver una versión descafeinada, desacralizada en gran parte y llevada al campo de lo que un espectador joven acostumbrado al cine comercial quiere ver, esta es su película. Si quieren disfrutar con el cine “de verdad”, vean el Ben-Hur de William Wyler. Seguro que esta última sí les dejará con un buen sabor de boca.

Título: Ben-Hur
Género: Histórico
Director: Timur Bekmambetov
Reparto: Jack Huston, Morgan Freeman, Toby Kebbell, Nazanin Boniadi, Rodrigo Santoro, Sofia Black D’Elia, Ayelet Zurer, Moises Arias, Pilou Asbæk
Música: Metro Goldwyn Mayer
Guión: Keith R. Clarke, John Ridley (Novela: Lewis Wallace)
Fotografía: Oliver Wood
Nacionalidad: USA
Año: 2016
Fecha de Estreno: Viernes 2 de Septiembre de 2016

NOTA CULTURALIA: 4.5
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Jorge Pisa

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Charla radiofónica: Los errores históricos en las “películas de romanos”.

Os dejamos con una charla grabada en el programa de radio Luces en la oscuridad de Punto radio/Onda Rambla y que trata de una forma veraz pero distendida del cine histórico y muy concretamente del llamado “cine de romanos”.

En ella Pedro Riba habla con Jordi Mata, licenciado en Historia contemporánea y escritor, y con un servidor de películas como Los Diez mandamientos, Troya, Espartaco, Ben-Hur, Gladiator, La caída del Imperio romano, Quo Vadis, El Cid, Robin Hood o El tercer hombre.

Una charla muy digna de ser escuchada y de ser colgada en nuestro blog Culturalia. Espero que la disfrutéis…

Los errores históricos en el cine de romanos

El Sueño de la Literatura??

Hace unos días, durante una de esas tardes en la que te reúnes con tus amigos con el objetivo de hablar sobre cualquier tema, comenzamos a discutir sobre el papel de la literatura y de los libros en un mundo visual como el que vivimos hoy en día, donde el cine, el deporte, las nuevas tecnologías de la comunicación, y, sobretodo, la televisión, están consiguiendo captar, en gran medida, la atención y la adoración de gran parte de la población, sobretodo, la más joven.

Después de un buen rato lamentándonos de lo que se lee y de las obras que se leen hoy en día, alguno de nosotros comenzó a descubrir la importancia, que incluso algo como una novela o cualquier tipo de libro, puede tener en la vida visual de hoy en día. Solo hace falta pensar en la gran cantidad de grandes películas que desde hace mucho tiempo, se basan, y se han basado, en los libros, grandes y pequeños, para explicarnos, en imágenes, alguna historia. Uno de los ejemplos más recientes e importantes, en el caso del cine español, no es, ni más ni menos, que la adaptación de las aventuras del capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte (si no me equivoco, la película con mayor presupuesto en la historia del cine español). Así, gracias al texto literario, hemos podido sumergirnos, en el patio de butacas, en la España de los Austrias del siglo XVII y vivir, con nuestro héroe, los días de decadencia del poder de la Monarquía Española en el mundo.

No sólo eso, sino que, desde que éramos niños, hemos podido vivir en los tiempos de la Guerra de Secesión Americana, acompañando a Escarlata Ohara y su familia, a través de los duros tiempos en los que su autora, Margaret Mitchell, los situó; pudimos horrorizarnos con los mundos compuestos por autores como Edgar Allan Poe o H. P. Lovecraft, convertidos, una y otra vez, en escenarios cinematográficos; hemos vivido grandes aventuras viajando en el tiempo con la maquina ideada por H. G. Wells; hemos reflexionado sobre el futuro con las adaptaciones de las obras de Julio Verne; nos hemos muerto de miedo con varias de las películas y series basadas en los libros de Stephen King como Misery, It o Christine; hemos retrocedido en el tiempo a un mundo antediluviano con la adaptación del libro de Michael Crichton Parque Jurásico; hemos desarticulado grandes tramas con las películas basadas en las obras de John Grisham como La Firma; hemos retrocedido en el tiempo a la época del dominio romano de la mano de Charlton Heston en Ben-Hur, al mundo medieval con Ivanhoe y al mundo moderno con la versión fílmica de Los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas. Por no hablar de las películas de ciencia ficción que se basan en grandes novelas del genero: dos de mis preferidas, si me permiten que se lo diga, son Mensajero del futuro de David Brin y Contacto del gran Carl Sagan (siempre hay gustos para todo). Por no olvidar el reciente gran éxito de la película basada en la novela El Código Davinci.

Después de recordar parte de lo que el cine, la televisión y también, en gran medida, Internet (no hace falta más que ver la gran cantidad de páginas web dedicadas a la literatura y también a diversos autores) deben a la literatura, no tuvimos otra alternativa más que confirmar que, sea como fuere, aunque tengamos que leer en el futuro sin páginas de papel en un libro-pantalla o en un ordenador, la literatura y la satisfacción que se puede obtener a través de su lectura, nunca dejarán de acompañarnos. Solo hace falta saber en que formato nos llegará toda su magia. Por mi parte, si me permiten de nuevo, dudo que ninguna presentación de un texto que nos depare el futuro, y creo que nos sorprenderán varias, nunca podrá imponerse a la belleza y a las sensaciones de un libro escrito con sus entrañas de papel y sus letras impresas en tinta negra, no lo creen así??
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez