Les paraules com a medecina contra la soledat. Sense prescripció mèdica i amb efectes secundaris: l’isolament aclaparant. Els tres individus que aquí les prenen no saben viure. Però el seu alè vital els arrossega cap a un desig de sentir amb altre. Com arbres, les arrels els impedeixen moure’s. I també com arbres, poden estirar les seves branques.
La Virgueria planta un bosc a la Sala Beckett i ens hi convida a vagarejar. De primer, quedem encisats per l’atmosfera que s´hi respira: L’espai escènic de Margherita Mantovani és un tros d’ecosistema que projecta un ambient a mig camí entre la malenconia dels arbres que l’habiten i l’onirisme del lloc on voldrien créixer. Al centre, un banc transparent que empresona i capgira les ganes de fer bona ombra. I la música de Cesc X. Mor contribueix a assegurar-hi el seu hàlit de misteri poètic. No sabrem si somiem el neguit d’un trio d’amants incapaços d’estimar-se o si bé es tracta d’una intriga sobre voyeurs a punt de tocar-se.
Les paraules de Marc Artigau i Queralt formen frases capaces de localitzar punts de trobada d’una història hitchcokiana (que uneix amb decisió “Rear window” i “Vertigo”) sobre la fascinació i el fetitxisme. I esdevenen paràgrafs consistents els que defineixen els dos personatges més passius: l’obsessiu Llorenç, encegat pels raigs lunars, que crema de passió l’expectant Alba. Les escenes que els relacionen creen una relació creïble i suggeridora entre ambdós. El text també apunta punts de partida prometedors (la tercera en discòrdia i el seu accident terrorífic) que no arriben a créixer bé per l’artificiositat en què cau l’autor i l’entossudiment de voler lligar caps (els vertaders vincles de tots tres) on haurien d’haver volat sense por seguint la seva ambigüitat.
El director Aleix Fauró aconsegueix polir una mica els defectes de la dramatúrgia amb els moments coreogràfics de la seva posada en escena: La presentació del personatge de la Lluna és hipnòtica per la seva màgia i bellesa. Els moviments compassats d’ella mateixa i de l’Alba con si fossin una mostren una sensibilitat rellevant. El diàleg que, ensems, fusiona dos fent alternar a tots tres actors és d’un ritme excepcional. A més, Aleix aconsegueix una escena de gran delicadesa: la d’amor entre el Llorenç i l’Alba, per la tendresa compartida de les mans d’ell i la mirada d’ella que gairebé obliden qui és el vertader objecte del desig. Malgrat tot això, Fauró s’enfonsa intentant guiar els actors en termes generals: Cap dels tres no fa clorofil·la per culpa de la seva escorça rígida.
Con el coño, se gana dinero reivindica Aina Sánchez en El Molino. Y, desde algún rincón de las profundidades (porque para las cupletistas no hay Cielo), se insinúa Esperança Dinamita. Los espectadores, lejos de quedarse atónitos, ningunean su sonrojo y tararean encandilados. Y, con todo ello, el Paralelo recupera estos días tímidamente su picardía escénica.
El grupo Le Croupier cuelga los hábitos del pop de cantautor para orquestar un homenaje a las varietés de principios del siglo pasado y les sale un espectáculo ameno, amable y casi aristocrático: El material que manejan desprende una golosa naftalina para modernos y viejos carrozones (que también los hay); sus artífices proyectan simpatía en el referencial teatro; y la elegancia con que se van ensamblando los números musicales y el documental pillín sobre la Ambigua Artificiera otorga a la propuesta una consideración de refinado producto.
Pocas veces una vedette que brilló por su ausencia da tanto que hablar: XavierAlbertí sienta cátedra sobre el embriagador veneno que exhalaban los cuplés de la época; Pep Anton Codina cotillea sobre la vocación demasiado artística de quienes los gemían y hasta el tal Chris McFly glosa la trasnacionalidad de la Esperancita Incendiaria.
En el escenario, la banda liderada por el resultón Carles Cors y bendecida por el encanto de Aina desgrana con generosidad todo un catálogo de odas a la fauna humana que por estos lugares merodeaba entonces: Mientras que Carles es mariquita distinguida, enanito superdotado o pastor de bastón bien firme, Aina aparece como rutilante starlette con su pícara mirada, su procaz lengua y una garganta de entusiastas gorgoritos (deliciosa en “Pastura, pastura, pastor”). Pero hasta que se planta en el escenario una volcánica Mont Plans poniéndonos a todos a raya de irresistibles polvitos mágicos no nos estremecemos: Esa mezcla de patetismo y erupción que invoca en su extraordinaria interpretación nos dan la mejor idea de lo que el music hall pudo ser a los que por aquel entonces distábamos mucho de poder estar aquí ahora… Y, para que la sangre no llegue al río, la entrañable Merche Mar nos lo suaviza con su honestidad escénica.
Tres mujeres trabajan y viven en diferentes plantas de un mismo gran edificio. No se conocen de nada y solo coinciden en el ascensor, un lugar cerrado y reducido que las irá cambiando y uniendo en una cruzada contra el mal en todas sus vertientes.
No ens fa falta tenir por nos presenta tres estereotipos de mujeres interpretadas por Gemma Olivas, Maria Jover e Irene Vila con sus trabajos, modos de vivir, relaciones, y preocupaciones cotidianas. Sus vidas, como las nuestras, “funcionan aceptablemente bien” si no piensas demasiado en toda la corrupción, los tejemanejes, los intereses nocivos de las empresas o los abusos de poder que nos rodean a diario. Para reaccionar ante todo ello, has de detenerte y pensar. Y esto es lo que propone Joan Gómez, el director de la obra, con un texto de creación propia. El trío de actrices protagonista consigue detenerse, ayudadas por el malfuncionamiento del ascensor del edificio, y decidirá actuar y cambiar de una manera muy comiquera y algo kafkiana, como indica el propio nombre de la compañía, la situación que están viviendo.
La obra explora los inicios de las relaciones de amistad que se crean entre las protagonistas a través de breves encuentros, así cómo lo desconfiados que somos frente a los desconocidos o ante aquellos diferentes a nosotros. Esta primera parte contiene un montaje original que requiere un alto grado de coordinación por parte de los técnicos de iluminación y sonido. Y aunque el montaje es ágil tal vez la introducción es algo repetitiva y lenta, más aún cuando el recurso visual va a ser utilizado a partir de la mitad de la obra.
Las tres mujeres analizarán en el espectáculo varios aspectos de sus vidas, pero mientras cambian de mentalidad una idea irá creciendo en su interior, la de no tener miedo, el no callar y el decidir enfrentarse como superheroínas a los malvados sinvergüenzas que embrutecen nuestras vidas. En un acto simbólico y triunfalista desnudaran sus cuerpos para enfundarse los trajes superheroicos. Según han afirmado las intérpretes, esta obra ha sido una experiencia potente y madura para ellas que las ha hecho crecer como actrices, siendo los tres papeles hechos a su medida, algo que se aprecia en la obra.
El espectáculo contiene un buen giro de 180 grados, magníficamente representado, que transforma la normal evolución de obra, descolocando al espectador y trasladando la acción a una película a lo Quentin Tarantino mezclada con elementos de Kick-Ass. La comedia de emociones desencantada da paso a la comedia negra con aires de thriller histriónico y violencia desencadenada. El contraste de los dos actos es una baza que eleva la intensidad de la función con el acierto en la interpretación de Genís Casals, como el maestro de ceremonias de esta parte de la representación y la de Loren Gómez como el sufrido y malvado criminal.
No ens fa falta tenir por nos muestra el descacharrante mundo de los superhéroes cuando se traslada al mundo real, empezando por los trajes y siguiendo por el comportamiento y las inseguridades de nuestras heroínas pop. Entre sus poses molonas y patéticas, las protagonistas lucharán por la libertad con todas las consecuencias que su decisión comporta. La obra es de pequeño formato aunque cuenta con músicos en el escenario. Esta es la cuarta producción de la Companyia de Comediants Kafkianafundada en 2004 a partir del grupo de mayores del Aula de Teatre de Banyoles.
Director y dramaturgo: Joan Gómez
Reparto: Gemma Olivas, Maria Jover, Irene Vila y Loren Gómez
Música: Adrià Dilmé, Jordi Torrent y Aleix Pagès
Composición musical: Adrià Dilmé
Videos y edición: Josep Sarquella
Diseño y técnico de iluminación: Jose Montilla (Gitano)
Diseño de sonido: Andreu Bramon
Diseño escenografía: canseixanta
Diseño y confección de vestuario: Sofia Marqués de Alós
Producción: Companyia de Comediants Kafkiana
Horarios: de jueves a sábado a las 22:00 horas y domingo a las 20:00 horas. Precio: 20 € Idioma: catalán Duración: 80 minutos
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Dos construyen si preservan su condición de ser uno más uno. Dos, en cambio, destruyen al jerarquizarse en pos de las necesidades del uno y de la poca autoestima del otro.
El Espacio CICUS de Sevilla presenta estos días a una pareja que, como peces en cautividad, reducirá su capacidad natatoria a un mero afán de supervivencia. Son dos extraños que, lejos de acercarse para poder dibujarse el uno con el otro, se emborronarán una y otra vez por su dependencia atroz.
Daniel y Violeta aprendiendo a nadar. (Fotografía de Marta Morera)
En “Desconocidos”, Sergio Baños desarrolla la historia de dos jóvenes desubicados y nos muestra cómo pueden encontrar una fórmula de alianza que les ayude a trascender su desnortamiento individual. Sin que nada de lo que acabo de contaros pretenda una lectura eufemística, empiezo por destacaros que uno de los méritos del texto es, precisamente, su voluntad de investigar una vía alternativa a la sentimental, desafiando así los convencionalismos de la previsibilidad de la comedia romántica. Para ello, Baños emplea elementos valiosos que le ayudarán a sembrar la inquietud en el respetable: la ambigüedad psicológica del personaje de ella (que no resuelve eficazmente); el suspense en la forma de ir repartiendo las pistas sobre el escenario; el existencialismo en la actitud de ambos a la hora de analizar su relación forzada; y los vaivenes entre la realidad y la ficción para acabar otorgando a la pieza su verdadera naturaleza: una alarmante disección del proceso creativo literario y los embates que provoca a quienes participan de él. El resultado de todo esto es un agradable trabajo que, a pesar de su tendencia a la pretenciosidad, propone momentos de ternura escénica y sugerentes apuntes sobre el precio de la convivencia.
Julio Fraga llena la pecera escénica y, recurriendo a un elegante minimalismo, logra una frescura que sienta bien a las reflexiones de Baños. La presentación del personaje masculino en la carretera haciendo autoestop es prometedora. Y la conversación inicial de él con la pizpireta conductora que le salva de la tormenta (y, más tarde, de su ostracismo vocacional) resulta encantadora por su sencillez anteponiendo los actores a su contexto espacial. Se le escapan en cambio, a Fraga, los actores, rígidos a pesar de su entusiasmo. Aun así, logra de ellos instantes estimulantes: la sensatez inicial de Daniel Morilla intentando hacer entrar en vereda a su contrincante; la fragilidad de Violeta Marchena cuando se rompe al constatar que él se opone a una realidad común. Y, al final, cuando emergen por fin de las aguas estancadas las orejas del lobo (que aquí escribe y será despiadado en su ambición), la conclusión es de un necesario desconcierto: Para triunfar uno, debe someter al otro. Pero nosotros nos quedamos con la frase que ella, sirena varada, pronuncia con hermosa ingenuidad: “Es maravilloso cuando alguien enseña algo a alguien sin darse cuenta.”
Por Juan Marea
“Desconocidos” se representa en el Espacio CICUS de Sevilla (c/ Madre de Dios, 1) a las 20 h del 19 al 23 de noviembre. http://cicus.us.es/
Pensemos ahora y durante el tiempo que nos va a llevar leer estos párrafos en una mujer cuyas manos no responden a su voluntad. Ella, lejos de desesperarse, acabará maniatada a un futuro no por anticipado menos castrador.
Conocer a esa criatura y dejarnos embelesar con sus juegos de manos nos llevará al experimento de Pau Vinyals, Pol López y Júlia Barceló, los miembros de la Companyia Solitària, sobre la disección de Marta, el personaje femenino central de la tragedia catalana canónica “Terra Baixa” de Àngel Guimerà.
“Quietud salvatge” persigue, además, dotar a la protagonista de una dimensión pretendidamente contemporánea. Seguramente por ello, Aleix Aguilà adapta el texto original acercando a la heroína (a veces con imprudencia temeraria, como cuando se declara “culé” convencida, o imita a la Julie Andrews más campestre) a un público que quizás no la conociera lo bastante (lo dudo: Guimerà la apuntaló con firmeza hace ya más de cien años) y, en su empeño, la operación acaba siendo más pedagógica que teatral.
Pero como no hay mal que por bien no venga (y más aún en el caso presente, que detalla el “vía crucis” de una víctima “protegida por el demonio para no caer en manos de Dios”), en medio de tanta explicación gratuita conocemos a una actriz magnífica, capaz (y voraz) de pasar de pajarillo asustado (su recibimiento al entrar en la sala) a halcón rabioso (su intento de fuga del espacio escénico o su propósito de movilizarnos para la revolución social), que suplica que alguien le ayude a alcanzar las altas cumbres porque ella es incapaz de alzar el vuelo por sí misma. La misma Júlia Barceló se transforma en ave sin más ayuda que su expresividad mesurada, su elegancia escénica y una voz dulce que contrasta con la amargura subyacente en su personaje.
¡Lástima que el hermoso escenario de Mariona Signes (un mar de maravillosos y crujientes hidratos de carbono fulgurantemente iluminados), el desenfadado acompañamiento musical (animoso y ameno Vidal Soler) y un puñado de agudas reflexiones dramatúrgicas tengan que limitarse, junto a la clase de Júlia, a una sesión de “mitin-cabaret” que da vueltas y vueltas a lo que viajaba rápidamente en la obra originaria!
Uno tiene la sensación de que el tiempo no avanza igual para todos, y que a veces un acontecimiento intenso puede paralizar su normal fluir y hacer que ese suceso vague como un espectro a partir de entonces e interfiera en el normal acontecer de la vida de una persona cualquiera. Sobre esta especulación se estructura la trama de L’última trobada, una obra de Christopher Hampton, basada en la obra de Sándor Márai, dirigida por Abel Folk e interpretada por él mismo junto a Jordi Brau y Rosa Novell.
“Un pequeño castillo de caza en Hungría, al pie de los Cárpatos, donde alguna vez se celebraron elegantes veladas en salones decorados al estilo francés llenos de música de Chopin, ha cambiado radicalmente de aspecto. El esplendor de antes ya no existe, todo anuncia el final de una época. Dos hombres que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se reencuentran después de 41 años sin haberse visto. Uno de ellos ha pasado mucho tiempo viviendo en el Extremo Oriente, el otro, en cambio, no se ha movido de su propiedad. Pero ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una singular fuerza.”
L’última trobada es una obra en la que su intensidad y su acierto residen, principalmente, en el texto sobre el que se construye. De ahí que la maestría a la hora de tratarlo sea crucial en el resultado final del proyecto. Partimos de una obra del literato, periodista y dramaturgo húngaro Sándor Márai, de una admirable adaptación para el teatro de la mano de Christopher Hampton y de una translúcida dirección por parte de Abel Folk, en la que la novela se convierte casi en un monólogo en el que la amistad, la lealtad, la fidelidad y como no, sus opuestos, se manifiestan con vigor.
Todo comienza con los preparativos de la recepción de Konrad (Jordi Brau) en el castillo de Henrik (Abel Folk). Algo trascendente está a punto de ocurrir y será el texto, solemnemente interpretado por Folk y Brau, el que guiará la intensidad de la obra grado a grado hacia una erupción final inevitable, en la que la verdad se materializa de forma funesta para el espectador. Así, la primera enhorabuena se la lleva una adaptación afilada y meticulosa que se construye paso a paso sobre el escenario.
La segunda felicitación se la merece la dirección y la puesta en escena de la obra. Folk apuesta por una transparencia que muestra al espectador la “intimidad” de la obra de teatro desde el minuto uno. De ahí que los que accedan pronto a la sala podrán ver cómo se prepara el escenario y cómo los actores son maquillados minutos antes del inicio de la obra. Esta transparencia y el desvanecimiento de la cuarta pared se mantienen a lo largo de la representación a través de las continuas indicaciones que los actores realizan al cuerpo técnico del teatro y de su propia interpretación.
Y no puedo finalizar con los enhorabuenas sin señalar la fortaleza y el coraje de la actriz Rosa Novell, que tras una dura enfermedad regresa a los escenario con problemas de visión y ayudada por una asistente, pero que demuestra hasta dónde puede llegar la valentía de una actriz de teatro. Quede manifiesto que donde no llega la fragilidad del cuerpo alcanza la profesionalidad y el esfuerzo de la actriz.
La acción que se nos narra sobre el escenario toca de pleno los sentimientos y las emociones y nos habla de otras épocas, de otras formas de pensar y de entender la vida. De ahí que se sitúe en el periodo entre los dos grandes conflictos armados que afectaron al mundo y lo transformaron para siempre. Y es de eso y de los efectos de nuestras propias acciones de lo que nos habla la obra. Los tres personajes principales de la historia formaron en el pasado un triángulo amoroso, que no se pudo o no se supo finalizar apropiadamente. De ahí que la marcha de uno de ellos a Oriente no solo comportara un cúmulo de tristeza y añoranza, sino que provocó que las existencias de todos ellos quedaran afectadas para siempre. Por eso sus vidas requieren de un encuentro final en el que la verdad se destape y la realidad se haga evidente para todos, tanto para los personajes como para el público asistente.
L’última trobada es un tour de force en el que destaca la actuación de Folk, que asume el auténtico protagonismo de la obra que está diseñada para hacer brillar su carácter interpretativo. Junto a él Jordi Brau ejerce de “sparring” actoral. Novell, como indicábamos, reaparece sobre el escenario y se apodera de los minutos en los que está sobre él. Una propuesta que nos permite reflexionar sobre nuestras emociones y nuestros sentimientos a medida que las emociones y los sentimientos de los personajes se van materializando sobre el escenario y nos permite ser testigos del fin de una forma de entender el mundo y el inicio de la modernidad que comportó la llegada, definitiva, del siglo XX.
“L’última trobada” se representa en el Teatre Romea hasta el 23 de noviembre de 2014.
ESPECTÁCULO PRORROGADO hasta el 24 de mayo en La Villarroel.
Autor: Christopher Hampton (Obra basada en la novela de Sándor Márai)
Dirección: Abel Folk
Reparto: Abel Folk, Jordi Brau y Rosa Novell
Espacio escénico y diseño de luces: Paco Azorín
Vestuario: Maria Araujo
Diseño de sonido: Jordi Bonet
Caracterización: Toni Santos
Ayudante de dirección: Pep Planas
Producción: Teatre Romea y Faig Produccions
Horarios: martes, miércoles y jueves a las 20:30 horas; viernes a las 21:00 horas; sábados a las 18:00 y a las 20:30 horas y domingos a las 18:00 horas. Precio: de 24 a 28 € Idioma: catalán
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Contigo, pan y cebolla. Pero no me faltes nunca. Ahora bien: ¿Qué pasará entonces cuando perdamos el hambre?
Entre Renato y Michelle, el pan es la perseverancia de él; y la apatía de ella, la cebolla. Uno y otra les confieren la condición de concertistas (pianista aporreador él, violinista polvorienta ella) únicos: En poco más de una hora, asistiremos a la exposición de sus entrañas desde su entrañable humanidad (la sensacional alopecia de él, el furor intestinal de ella) y temblaremos con su enfrentamiento a muerte, resurrección y final reconciliación. Pero el nuestro será un sufrimiento placentero: Porque los síntomas se concretarán en la sonrisa permanente, la curiosidad por conocerles más y más e, incluso, la carcajada frecuente.
El Teatro del Velador actuó en la Sala Cero de Sevilla este pasado fin de semana y dejó un poso de amargura existencialista ribeteado de magia escénica gracias a la elegancia de sus intérpretes, a la ambigüedad de su propuesta y a su dominio del mimo.
“Natta” es un espectáculo que juega continuamente a dar la vuelta a lo macabro tiñéndolo de “naïf”. De este modo, puede contar sin tapujos la historia más cruel. Basta con disfrazarla de cuento protagonizado por dos criaturas decadentes que queremos desde el primer momento por la ternura de su forma de expresarse.
Él (carismático Manuel Solano) irrumpe en el escenario con arrolladora actitud grotesca, de la que saca partido maravillosamente estableciendo con el espectador una complicidad casi inmediata. Porque, a pesar de que arremete contra él, lo hace con la gracia del payaso que, en lugar de dejarse dominar por los elementos domésticos, los reutiliza para relacionarse con su público: Así, nos dará una lección de sabiduría sociológica tratándonos de muebles a los que hay que limpiar concienzudamente.
Ella (mayestática Eva Rubio) explora hasta las últimas consecuencias la posibilidad humana de cosificarse, creando con deliciosa gracia y concienzuda técnica una muñeca cuyo aliento vital vence el disparo más letal. Y, además, ofrece una chispeante caricatura de una ridícula diva instrumentista.
Ambos, movidos por la decidida mano y el delicado imaginario de su director y autor Juan Dolores Caballero, protagonizan una historia que empieza como episodio costumbrista, sigue como sinfonía de terror, deriva en trama policíaca y finaliza como exultante capítulo de amor. Todo ello haciendo de lo grotesco reconfortante divertimento y, satisfaciendo la necesidad de la Compañía de exhibir todo aquello que les avergüenza, obtienen un resultado que trata de lo que más nos asusta a los adultos para que podamos gozar con nuestros niños: la soledad.
Els Pirates a l’abordatge a la Biblioteca de Catalunya! Al màstil sobre la coberta de l’XIFestival Shakespeare, bramaven amb ferotgia “que els folls facin servir el seu talent i que Déu doni seny als qui ja en tenen”.
Deixem-nos abordar: No pensen saquejar-nos als temorencs espectadors que els esperem des de les aigües calmades de la platea. Ans al contrari: Són pirates solidaris. Volen compartir un tresor lluent i molt solvent: la “Nit de Reis” de Shakespeare, que ja és una festa sobre el paper i ara torna a escenificar-se amb alegria contagiosa.
Aubert, Puig i la cursa per l’amor escènic (Fotografia de Marina Raurell)
L’obra enfronta amants vergonyosos (expressiva Mònica Barrio, serena Queralt Casasayas, radiant Ricard Farré) amb amants desvergonyits (sensacional Arnau Puig, esvalotador Bernat Cot, eixerida Núria Cuyàs) sota la mirada entremaliada d’una encisadora Laura Aubert. En William els confon i barreja perquè, al capdavall, què els mou amb més convicció que la il·lusió d’estimar-se plegats?
Aquesta peça és un divertiment que ara Adrià Aubert esprem amb deliciosos apunts musicals i retaules plens d’esvalot escènic. I entre gags còmics i reflexions saboroses, Els Pirates gaudeixen de l’assalt.
El vers ennuega els que més seriosament se’l prenen (molt rígids Xavi Frau i Cot com a nàufrag retornat) però la “joie de vivre” de la Companyia encén la metxa de la pirotècnia escènica, que enlluerna un espai sobri interromput graciosament per les corredisses dels incendiaris actors. Potser per això quan arriba el moment d’airejar els capítols més fulletonescos (el retrobament dels dos germans, el turment del duc incapaç de fer volar el seu amor idealitzat) ensopeguen exhausts. No hem de patir: Amb prou feines es fan alguna rascada al genoll i, al final, oneja amenaçadora la calavera, que no és senyal de mort segura, sinó el símbol del triomf de les entranyes!
Focus ens presenta una magnífica adaptació de l’obra de l’argentí Santiago Carlos Oves “Conversaciones con mamá” realitzada per Jordi Galceran, que ens explica la tendra relació entre un fill i la seva mare (Juan Echanove i María Galiana). La conversa entre els dos personatges va destapant els secrets que aquests tenen, del passat i del present. Innocents confessions que canviaran la vida dels protagonistes.
El factor clau de la història és la seva senzillesa. “Conversaciones con mamá” ens explica una trobada entre mare i fill, dos persones que tot i estar presents en el mateix lloc es nota que viuen distanciades. La visita del fill l’ha desencadenat la pèrdua de la feina per part d’aquest, qui demana a la seva mare que vagi a viure amb ell i la seva dona per poder vendre la casa familiar on ella ha viscut des de sempre. Això ens portarà moments de sublim bellesa en el text, que emociona i alhora et fa riure.
Echanove a més, és posa de nou en el paper de director teatral després de “Visitant al Senyor Green”, i sembla que el seu talent no es limita solament a la interpretació. Amb “Conversaciones con mamá” no hem d’esperar diàlegs llargs, hi trobarem més aviat la interpretació d’una conversa qualsevol a la cuina de casa on hi ha moments en els que els silencis llargs i els gestos donen més informació sobre la psique dels personatges que no pas les paraules. Amb una escenografia amb poques complicacions i que ens permet gaudir amb un espectacle rodó.
La posada és escena ens ajuda a situar-nos i gaudir d’una conversa de vegades d’allò més quotidiana i de vegades transcendental entre una mare, que vol seguir a casa seva tot i els problemes econòmics del seu fill. Galiana s’enfronta als desitjos del seu fill, amb un to burleta, com si d’un arlequí és tractés, i tot i la transcendència dels fets que s’expliquen arriba a arrencar més d’una rialla al públic.
Aquest tipus de text necessita de dos actors que el facin créixer, s’impliquin i apostin per ell. És per això que cal agrair molt les interpretacions sinceres de Juan Echanove i María Galiana que desprenen naturalitat i sensibilitat a dojo. A la seva interpretació hem de sumar la elegant posada en escena d’Ana Garay, on destaca un majestuós arbre que apareix a l’escenografia darrera la finestra de la cuina on transcorre l’acció, i ens fa pensar si no fa referència a la genealogia dels dos personatges, tant aparentment distants, com les branques i les arrels, però alhora units en el seu tronc. Galiana interpreta a una mare que coneix al seu fill, Echanove, millor que ell mateix. Els dos ens donen una lliçó d’ofici i mesura. Arrancant al públic més d’una rialla i alguna llàgrima.
El ritme de l’obra està al servei de l’acció dramàtica dels personatges, i ens trobem amb dos ritmes ben diferenciats. El de la primera part, on se’ns dibuixen els dos personatges, on hi ha retrets, i fins i tots crits. I la segona part, amb un ritme més pausat, que ens descobrirà algun gir inesperat. María Galiana i Juan Echanove ens impliquen tant en la trama que aconsegueixen que el públic és vegi reflectit en ells.
L’hora i mitja que dura l’obra, sembla esvair-se ràpidament entre els retrets i els secrets dels dos personatges. L’espectador es fa tant seus als personatges que gairebé voldria deixar el seient i entrar a la cuina per fer un tè amb ells.
Aquesta comèdia agredolça t’arriba al cor i et fa aflorar sentiments, a la vegada que et dona espai per reflexionar sobre la teva pròpia vida. L’espectacle té aquell toc de realisme, d’humor, de tristesa i de poesia que aconsegueixen que l’espectador s’alci de la butaca quan s’encenen els llums. “Conversaciones con mamÁ” és una obra tendra, commovedora i amb grans professionals dalt i darrere d’escena, és una proposta que segur no et penediràs de veure.
Autor: Santiago Carlos Oves
Direcció: Juan Echanove
Adaptació: Jordi Galceran
Intèrprets: María Galiana i Juan Echanove
Escenografia i vestuari: Ana Garay
Il·luminació: Juan Gómez Cornejo
Producció: Pentación Espectacles
La dispersión es un motor potente que puede conducir a uno al caos. Basta con dejarle tomar la iniciativa. Pero cuando el afectado sabe emplearlo, entonces ofrece la posibilidad de comprenderse mejor y hasta de enderezarse.
Ernesto Collado es un bufón posmoderno que, con su verborrea delirante y sus andanzas escénicas, libera dispersión a raudales. Y, en medio de esa catarata de apuntes dramatúrgicos, algunos son certeros; otros, ambiguos y, los más, desenfadados.
Collado dedica estos días a recorrer con los espectadores de LaSeca-Espai Brossa los Estados Unidos más salvajes (gracias a encantadores lugareños como Ed Gein y su álter ego Leatherface) tras el rastro de un socialista utópico catalán que perteneció a una secta nada proclive a la dispersión precisamente.
Y el viaje de Ernesto, a base de accidentadas paradas, es estimulante porque su equipaje incluye un sentido de la comunicación fresco y encantador. También mete en la maleta un espacio escénico conceptual y muy visual (ese scalextric por el que circula una y otra vez dándose cabezazos con lo grotesco del día a día yanqui) que es un goce para quien le sigue atónito desde la platea.
Ernesto, acostumbrado a comerse sus guisos cual palomo presto a volar, ironiza hábilmente una y otra vez con las contradicciones del individuo: La huida del compromiso familiar corriendo tras una búsqueda absurda de raíces ajenas; la belleza del horror propio de las deformidades humanas (esa niña prostituta cuyos abrazos pedestres alivian el alma); la torpeza del activismo político de proximidad (los armadillos reivindicativos en pugna que precipitan al voluntarioso Ernesto a un confort doméstico casi paradisíaco); y, sobre todo, la inquietud permanente por averiguar qué subyace en cada gesto pretendidamente inexplicable del otro (el idealizado retrato de Montaldo).
Con todo ello, apenas se perciben los tics inherentes a esta clase de propuestas experimentales: Collado logra pasar de puntillas por la autocomplacencia con su estudio sociológico y sus pizarras explicativas son tan anecdóticas que resultan simpáticas. Gracias a su apuesta por la comicidad directa, el artista se dirige a su público como si estuviese impartiendo una conferencia consiguiendo un espectáculo ameno, curioso e incluso desternillante con momentos mágicos, precisamente esos en los que queda bien fijado el objetivo narrativo.