“Montaldo” de Ernesto Collado en La Seca-Espai Brossa: Carretera que pierde

La dispersión es un motor potente que puede conducir a uno al caos. Basta con dejarle tomar la iniciativa. Pero cuando el afectado sabe emplearlo, entonces ofrece la posibilidad de comprenderse mejor y hasta de enderezarse.

Ernesto Collado es un bufón posmoderno que, con su verborrea delirante y sus andanzas escénicas, libera dispersión a raudales. Y, en medio de esa catarata de apuntes dramatúrgicos, algunos son certeros; otros, ambiguos y, los más, desenfadados.

Collado dedica estos días a recorrer con los espectadores de La Seca-Espai Brossa los Estados Unidos más salvajes (gracias a encantadores lugareños como Ed Gein y su álter ego Leatherface) tras el rastro de un socialista utópico catalán que perteneció a una secta nada proclive a la dispersión precisamente.

Y el viaje de Ernesto, a base de accidentadas paradas, es estimulante porque su equipaje incluye un sentido de la comunicación fresco y encantador. También mete en la maleta un espacio escénico conceptual y muy visual (ese scalextric por el que circula una y otra vez dándose cabezazos con lo grotesco del día a día yanqui) que es un goce para quien le sigue atónito desde la platea.

 

Ernesto, acostumbrado a comerse sus guisos cual palomo presto a volar, ironiza hábilmente una y otra vez con las contradicciones del individuo: La huida del compromiso familiar corriendo tras una búsqueda absurda de raíces ajenas; la belleza del horror propio de las deformidades humanas (esa niña prostituta cuyos abrazos pedestres alivian el alma); la torpeza del activismo político de proximidad (los armadillos reivindicativos en pugna que precipitan al voluntarioso Ernesto a un confort doméstico casi paradisíaco); y, sobre todo, la inquietud permanente por averiguar qué subyace en cada gesto pretendidamente inexplicable del otro (el idealizado retrato de Montaldo).

Con todo ello, apenas se perciben los tics inherentes a esta clase de propuestas experimentales: Collado logra pasar de puntillas por la autocomplacencia con su estudio sociológico y sus pizarras explicativas son tan anecdóticas que resultan simpáticas. Gracias a su apuesta por la comicidad directa, el artista se dirige a su público como si estuviese impartiendo una conferencia consiguiendo un espectáculo ameno, curioso e incluso desternillante con momentos mágicos, precisamente esos en los que queda bien fijado el objetivo narrativo.

Por Juan Marea

“Montaldo se representa en La Seca-Espai Brossa de Barcelona hasta el 2 de noviembre.
http://www.laseca.cat/es/obra/79/montaldo–ernesto-collado/

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