“Natta” del Teatro del Velador: ¡Que no pare su música!

Contigo, pan y cebolla. Pero no me faltes nunca. Ahora bien: ¿Qué pasará entonces cuando perdamos el hambre?

Entre Renato y Michelle, el pan es la perseverancia de él; y la apatía de ella, la cebolla. Uno y otra les confieren la condición de concertistas (pianista aporreador él, violinista polvorienta ella) únicos: En poco más de una hora, asistiremos a la exposición de sus entrañas desde su entrañable humanidad (la sensacional alopecia de él, el furor intestinal de ella) y temblaremos con su enfrentamiento a muerte, resurrección y final reconciliación. Pero el nuestro será un sufrimiento placentero: Porque los síntomas se concretarán en la sonrisa permanente, la curiosidad por conocerles más y más e, incluso, la carcajada frecuente.

El Teatro del Velador actuó en la Sala Cero de Sevilla este pasado fin de semana y dejó un poso de amargura existencialista ribeteado de magia escénica gracias a la elegancia de sus intérpretes, a la ambigüedad de su propuesta y a su dominio del mimo.

Natta” es un espectáculo que juega continuamente a dar la vuelta a lo macabro tiñéndolo de “naïf”. De este modo, puede contar sin tapujos la historia más cruel. Basta con disfrazarla de cuento protagonizado por dos criaturas decadentes que queremos desde el primer momento por la ternura de su forma de expresarse.

Él (carismático Manuel Solano) irrumpe en el escenario con arrolladora actitud grotesca, de la que saca partido maravillosamente estableciendo con el espectador una complicidad casi inmediata. Porque, a pesar de que arremete contra él, lo hace con la gracia del payaso que, en lugar de dejarse dominar por los elementos domésticos, los reutiliza para relacionarse con su público: Así, nos dará una lección de sabiduría sociológica tratándonos de muebles a los que hay que limpiar concienzudamente.

Ella (mayestática Eva Rubio) explora hasta las últimas consecuencias la posibilidad humana de cosificarse, creando con deliciosa gracia y concienzuda técnica una muñeca cuyo aliento vital vence el disparo más letal. Y, además, ofrece una chispeante caricatura de una ridícula diva instrumentista.

Ambos, movidos por la decidida mano y el delicado imaginario de su director y autor Juan Dolores Caballero, protagonizan una historia que empieza como episodio costumbrista, sigue como sinfonía de terror, deriva en trama policíaca y finaliza como exultante capítulo de amor. Todo ello haciendo de lo grotesco reconfortante divertimento y, satisfaciendo la necesidad de la Compañía de exhibir todo aquello que les avergüenza, obtienen un resultado que trata de lo que más nos asusta a los adultos para que podamos gozar con nuestros niños: la soledad.

Por Juan Marea

“Natta” se representó en la Sala Cero de Sevilla los días 14, 15 y 16 de noviembre.
http://www.teatroelvelador.com/index.php/producciones-en-gira/teatro/natta
http://salacero.com/

 

 

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