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Artículo: El emperador Didio Juliano. La subasta de un Imperio.

Didio Juliano

Son normalmente los grandes emperadores de Roma, aquellos que no solo gobernaron durante muchos años sino que realizaron una gran y diversa actividad política, los que atraen la atención tanto del gran público como de los historiadores acostumbrados a reconstruir sus vidas a través del estudio de una gran variedad de fuentes históricas que incluyen las obras de los autores antiguos, la arqueología, la epigrafía, la numismática…

A la sombra de estos gigantes se mueven (y se remueven) otra serie de personajes que, aunque nombrados también emperadores y a pesar de gobernar sobre las mismas ciudades y los mismos territorios en los que lo hicieron Augusto, Trajano, Marco Aurelio, Constantino o Teodosio no tuvieron la capacidad, la suerte o la destreza de emular el camino y las hazañas trazadas y realizadas por ellos.

Estos “otros” emperadores han sido desplazados de la historia y del conocimiento más general incluso por aquellos de sus semejantes que atemorizaron, sobresaltaron y ofendieron (esto siempre según las fuentes escritas partidistas, subjetivas y parciales) la autoridad y la dignidad de uno de los mayores imperios conocidos de la Antigüedad, y con él a una gran parte de su población, que sufrió los efectos de su malsana y perturbada actividad.

Este texto pretende analizar el breve reinado de uno de esos “otros” emperadores, de uno que gobernó Roma menos de tres meses (más exactamente dos meses y 5 días) y que alcanzó el poder imperial a través de una subasta, una simple puja organizada por la Guardia Pretoriana. Su nombre, Didio Juliano, seguro que no te sonará, aunque, como te decía antes, alcanzó la máxima dignidad que una persona podía conseguir por entonces, a finales del siglo II d.C., en el Imperio romano.

Nos disponemos, pues, a internarnos en el mundo regido por Roma y narrar brevemente cómo Didio Juliano accedió al poder y lo qué sucedió durante su corto aunque significativo reinado, con lo que podremos adquirir una visión más real y amplia de la historia de un Imperio que, aunque a veces no lo parezca, existió más allá de la dinastía Julio-Claudia y cuyo acontecer fue, en ocasiones, mucho más trágico y aciago de lo que el cine y la literatura nos puede hacer creer.

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Didio Juliano inició su carrera política durante el gobierno de Antonino Pío (138-161) y la continuó bajo el reinado de los últimos Antoninos, esto es, Marco Aurelio (161-180), Lucio Vero (161-169) y Cómodo (180-192), el final de un periodo considerado por diversos historiadores y especialistas como el más feliz y próspero que vivió el Imperio romano.

Fue, por otra parte, el gobierno de Cómodo y el escenario político que originó su muerte en el año 192 lo que permitió el ascenso al poder primero de Helvio Pertinax (193) y más tarde de Didio Juliano (193). Es por ello que iniciaremos estas páginas con el breve repaso al final del emperador Cómodo y con el relato del asimismo breve reinado de Pertinax, sin lo cual no podríamos entender, en su justa medida, la figura y el gobierno de Didio Juliano.

El final de Cómodo y el reinado de Helvio Pertinax.

Tras la muerte de Marco Aurelio en el año 180 a causa, seguramente, de la peste, le sucedió su hijo Cómodo (180-192), uno de los emperadores que con más mala fama ha llegado hasta nosotros, debido a la imagen que de él nos han transmitido las fuentes antiguas pro-senatoriales y, mucho más recientemente, a causa de la deformación narrativa que películas como La caída del Imperio romano (Anthony Mann, 1964) o Gladiator (Ridley Scott, 2000) nos han proporcionado de su reinado.

En consecuencia, lo que conocemos de Cómodo a través de los autores antiguos trascurre plagado de acontecimientos y situaciones presuntamente reprobables y propias de un comportamiento megalomaníaco, entre las que destacan diversas conspiraciones contra su persona (una de ellas tramada por Lucila, su propia hermana); delaciones, juicios y ejecuciones de un gran número de miembros de la clase senatorial; la delegación del poder imperial en manos de los favoritos del emperador, en muchos casos, según las fuentes, indignos de tal potestad; la oposición en el Senado y en el ejército a su persona; el condenable intento de sustituir el nombre de la ciudad de Roma por el de Colonia Comodiana e incluso la acusación de locura y de una voluntad manifiesta de autodivinización. Todo ello llevó a Cómodo a ser objeto de una última y certera conspiración que acabó con su vida la noche del 31 de diciembre del año 192, finalizando con él la dinastía antonina, que llevaba en el poder desde el año 98 d.C.

El emperador Cómodo.

Una vez muerto Cómodo, los principales instigadores de su muerte, el prefecto del pretorio Emilio Leto y el cubiculario o chambelán del palacio imperial Eclecto, ofrecieron el poder a Publio Helvio Pertinax, general de gran prestigio y de óptima reputación, que ejercía en aquellos momentos el cargo de prefecto de Roma, esto es, el encargado de mantener el orden en la ciudad.

Pertinax, del que los historiadores albergan dudas acerca de su posible participación en la conspiración que llevó a la muerte de Cómodo, tenía 66 años por aquel entonces. Era hijo de un liberto y había ejercido de joven como profesor de gramática. Más tarde desarrolló una amplia y provechosa carrera política que incluyó diversos destinos militares, el gobierno de varias provincias y el nombramiento como cónsul en dos ocasiones, en los años 175 y 192.

El nuevo emperador fue aclamado primero en el campamento pretoriano y confirmado más tarde en el Senado, no sin antes verse obligado a disipar ciertas dudas iniciales ante la nueva situación y sobre su futuro gobierno. Una de las primeras medidas que tomó el Senado tras el nombramiento de Pertinax fue la aprobación de la damnatio memoriae o condena de la memoria de Cómodo, lo que comportó la destrucción de sus estatuas y la eliminación de su nombre de todos los registros públicos.

Pertinax dispuso de muy poco tiempo para poner en práctica nuevas medidas políticas destinadas a afianzar el Estado tras el reinado de Cómodo y a consolidar su recién adquirida posición. Así, por ejemplo, sabemos que prohibió los procesos judiciales por traición iniciados contra los senadores; permitió el regreso a Roma a los exiliados políticos y restituyó el buen nombre de aquellos injustamente ejecutados durante el gobierno de su predecesor.

Para hacer frente a la ruinosa situación de las arcas públicas, el nuevo augusto se vio obligado a subastar las pertenencias de Cómodo que incluían, entre otras, sus “extravagantes” vestiduras, los carruajes imperiales, concubinas e incluso diversos bufones, en un momento en el que Pertinax tenía que hacer frente a grandes dispendios, que incluían los obligados donativos debidos al ejército y a la plebe por su ascensión al trono. Se esforzó, también, en mejorar la ley de la moneda de plata que había sido devaluada durante el reinado anterior; ideó un programa para impulsar la producción agrícola y eliminó diversos impuestos de aduana instituidos por su predecesor. Por último también intentó poner orden en las filas del Senado, aplicando una serie de medidas que provocaron malestar entre muchos de sus miembros.

De los pocos nombramientos que sabemos que realizó Pertinax destaca el de su suegro Flavio Sulpiciano como prefecto de la ciudad de Roma, cargo que el mismo Pertinax había ocupado antes de ser nombrado emperador y que, por ésta misma razón había quedado vacante.

Por desgracia para Pertinax, su relación con la Guardia Pretoriana, la fuerza militar más cercana a Roma y a la que el propio emperador debía, en parte, su nombramiento, fue deteriorándose con el paso del tiempo, llegando a producirse, incluso, dos tentativas conspiratorias organizadas en su contra des del mismo campamento pretoriano. Esta relación empeoró, tal como nos explica Dión Casio, historiador romano de origen minorasiático del siglo III, tras hacer evidente Pertinax, durante una reunión del Senado, la ingratitud de los soldados a los cuales había concedido, aseguró, el mismo donativo que emperadores predecesores tras su ascensión al trono, aunque los recursos económicos de aquéllos fueran superiores a los suyos. Parece ser que la aseveración del emperador no fue del agrado de los pretorianos, sobre todo si tenemos en cuenta que no era del todo cierta.

Poco después de este hecho, la Guardia Pretoriana organizó un nuevo motín en contra del emperador que, esta vez sí, pondría fin a su vida. El alzamiento se produjo el día 28 de marzo del año 193. Parece que Pertinax tuvo aún tiempo de enviar a Sulpiciano al campamento pretoriano para tranquilizar allí los ánimos. Aún así unos 200 o 300 soldados se dirigieron al palacio imperial donde se hallaba el emperador. Aunque inicialmente el arrojo y las palabras de éste pudieron aplacar el ánimo de los insubordinados, la voluntad de estos últimos acabó por prevalecer, iniciándose una escaramuza que acabó con la vida de Pertinax y con la de su chambelán Eclecto. Por el contrario, Leto, que también se hallaba en el palacio en aquellos momentos, consiguió escapar, según la Historia augusta, colección de biografías de diversos emperadores romanos escrita a finales del siglo IV, abandonando a su suerte al emperador.

La muerte de Pertinax tras 87 días de gobierno evidenciaba el poder que por aquel entonces poseía el ejército, en este caso más concretamente las cohortes pretorianas, ya que su favor o su desafección podían causar, como hemos visto, tanto el auge como la caída de un emperador.

La subasta del Imperio.

Los hechos se sucedieron rápidamente tras la muerte de Pertinax. Sulpiciano, que se hallaba como sabemos en el campamento pretoriano, trató de convencer a las tropas allí acuarteladas de que le proclamaran emperador tras conocer la noticia del asesinato de Pertinax. Parece, por el contrario, que los soldados no estaban muy convencidos a la hora de nombrar al suegro del emperador asesinado como nuevo augusto, por lo que algunos tribunos se dirigieron a la ciudad con el objetivo de hallar en ella a un candidato mejor. En su búsqueda hallaron a Didio Juliano, senador de larga carrera política que, junto a su yerno Cornelio Repentino, había acudido al Senado para atender a la reunión de la cámara que Pertinax había convocado poco antes de morir.

Aunque Juliano rechazó, en un principio, la púrpura que le ofrecían los tribunos, finalmente cedió a sus proposiciones y se dirigió hacia el campamento pretoriano, del que halló las puertas cerradas. Fue entonces cuando se produjo uno de los hechos más notorios y sorprendentes en la historia de Roma, la tristemente célebre subasta del poder imperial, que es, seguramente, el hecho más destacado del reinado de Didio Juliano.

Según parece éste no se amedrentó al hallar vedado su acceso al campamento. Consciente de lo que se decidía en su interior, no dudó en subirse a la muralla del cuartel pretoriano para recordar a los soldados allí reunidos lo peligroso que podía resultar para ellos la elección de Sulpiciano y escribió en una tablilla la promesa de que él restauraría el buen nombre del emperador Cómodo. La pugna por el poder del Imperio entre Sulpiciano y Juliano llevó al primero de ellos a ofrecer 20.000 sestercios por su nombramiento a cada uno de los soldados, a lo que Juliano respondió aumentando la puja en 5.000 sestercios más, según Dión Casio, gritando en voz alta la suma e indicándola con los cinco dedos de la mano en alto, una temeraria apuesta que le permitió, finalmente, ser reconocido emperador por los pretorianos la noche del 28 de marzo del año 193. Sin duda alguna este no era el mejor ejemplo que dar a las tropas ya que evidenciaba la dependencia del poder político con respecto al ejército o a una parte de él, que podía, así, nombrar y deponer emperadores a cambio de la promesa del pago de una determinada cantidad de monedas.

Sin embargo, no todo el trabajo estaba hecho. Una vez ganado el ejército, o al menos aquel más cercano a Roma, Juliano necesitaba ser reconocido emperador por el Senado, cámara que aunque había perdido gran parte de su poder real en esta época, aún era considerada un estamento de representación y de legitimidad capital en la política romana.

Así, pues, Juliano se dirigió al Senado escoltado por los propios pretorianos que, con el objetivo de presionar a los senadores, rodearon el edificio de la curia Julia donde se reunían, y en el que Juliano fue reconocido emperador con el nombre oficial de Marco Didio Severo Juliano.

La Curia Julia en Roma, lugar donde se reunía el Senado.

Fue la plebe de Roma, sin embargo, la que mostró un mayor descontento ante la proclamación de Juliano. Ya al día siguiente, el 29 de marzo, injurió al nuevo emperador en su camino al Senado, e incluso se atrevió a lanzarle piedras. Dión Casio nos informa de que la plebe acusó a Juliano de “ladrón del Imperio” y parricida, viéndose éste obligado al uso de la fuerza para acabar con aquella situación. No contenta con esto, la plebe se dirigió al Circo Máximo donde permaneció reunida toda la noche y durante el día siguiente, pronunciándose a favor de que Pescenio Niger, gobernador de la provincia de Siria, regresara a Roma con su ejército para asistirla.

Parecía, pues, que las cosas se le complicaban a Juliano desde un buen principio, aunque el nuevo emperador poseía una larga carrera al servicio del Estado que le convertía en una persona capacitada para tal nombramiento y que incluía el mando de una legión en Germania, la curatela de los alimentos en Italia y el gobierno de diversas provincias, entre ellas Bélgica, Dalmacia, Bitinia, África y Asia. Juliano era además uno de los miembros del Senado de mayor edad y rango. Aún así fue la forma en la que se había producido su ascenso al poder lo que desacreditó al nuevo augusto ante el resto de senadores, que aceptaron la situación, en gran medida, debido a la presión ejercida por los pretorianos, los causantes de la muerte de su predecesor Pertinax.

Fuera como fuese, la principal oposición ante el nombramiento como emperador de Juliano no se produjo en la ciudad de Roma sino en las provincias y más concretamente en aquellas donde estaban concentradas las legiones romanas. Como ya se había demostrado anteriormente, el verdadero poder no residía, entonces, en el Senado, en la ciudad de Roma o en las tropas pretorianas, sino en la amenaza que constituían los ejércitos provinciales que podían apoyar a sus generales en la lucha por el poder imponiendo, con la desnuda fuerza de las armas, a sus propios candidatos en aquellas ocasiones en las que la autoridad en Roma diera muestras de debilidad, como era ahora el caso tras la muerte violenta de dos emperadores, Cómodo y Pertinax. La situación no se hizo, pues, esperar, y no pasó demasiado tiempo para que aparecieran diversos pretendientes al “trono” imperial apoyados por sus respectivas legiones.

El primero de ellos fue Septimio Severo, gobernador de origen africano de la provincia de Panonia Superior, que fue proclamado emperador el 9 de abril del año 193 en Carnuntum (la actual Petronell-Carnuntum, en el noreste de Austria) y al que le apoyaban dieciséis legiones: las tres bajo sus órdenes y otras seis establecidas en las provincias de Moesia y Dacia, a las que se sumaron más tarde las legiones del Rin. Severo se presentó ante sus tropas como el vengador del difunto Pertinax.
Poco más tarde, Clodio Albino fue asimismo aclamado emperador en la provincia de Britania con el apoyo de las tres legiones establecidas allí y un gran número de fuerzas auxiliares.
El último en proclamarse emperador fue el propio Pescenio Níger, gobernador de la provincia de Siria, que lo hizo hacia finales de abril respaldado por las tropas orientales que sumaban un total de diez legiones.

La situación se complicaba para Juliano, sobre todo si tenemos en cuenta que para hacer frente a tales amenazas militares apenas contaba con el apoyo de los pretorianos, una fuerza que ascendía a unos 8.000-15.000 hombres que, con la muerte de Pertinax y el insólito nombramiento de él mismo como emperador demostraba la poca confianza que se podía depositar en ellos. Juliano no había llegado tampoco a decantar plenamente al Senado a su favor y mucho menos a la plebe, que había mostrado de forma clara su oposición al nuevo augusto.

Consciente de su precaria posición y a nivel de propaganda política, Juliano acuñó diversas series de monedas proclamándose Rector Orbis (‘regidor del mundo’) y manifestando la ‘unidad del ejército’ (Concordia militaris), unas afirmaciones, para su desgracia, bastante alejadas de la realidad.

Áureo de Juliano.

Más tarde, al llegar a Roma las noticias de la rebelión de las tropas en la provincia de Panonia, sin duda alguna la amenaza militar más cercana a la capital, el Senado, a instancias de Juliano,

declaró a Severo enemigo público, haciendo, seguramente, lo mismo con respecto a Níger. Juliano inició, además, las tareas para mejorar la defensa de la capital en el caso de que las tropas de Severo se dirigieran hacia ella. Para tal fin se sirvió de los pretorianos e incluso de los marineros de la flota de Miseno, la base naval romana establecida en la bahía de Nápoles.

reverso: leyenda Rector Orbis.

Juliano intentó, incluso, el reclutamiento con fines defensivos de los elefantes utilizados en los juegos y espectáculos de la ciudad de Roma. Sin embargo, tal y como nos informan nuestras fuentes, y en especial Dión Casio, que fue testigo presencial de los hechos, parece que ni los pretorianos ni los marineros se tomaron muy en serio sus tareas asignadas. Fue, además, imposible adiestrar a los elefantes para sostener sobre sus lomos las torres militares que tenían que dar cabida a los soldados.

La Historia Augusta nos indica que fue en estos momentos cuando Juliano ordenó la muerte del antiguo prefecto del pretorio, Leto, que había sido substituido en el cargo tras la muerte de Pertinax, y de Marcia, la concubina de Cómodo y una de las instigadoras de su asesinato, ya que sospechaba que aquél podía tomar partido por Severo.

Esta misma fuente nos informa de otras de las medidas que llevó a cabo Juliano con el objetivo de reconducir la situación en su favor. Una de ellas fue la concesión de una amnistía general a los soldados que habían tomado partido a favor de Severo, estableciendo, eso sí, una fecha límite para hacerla efectiva, de lo contrario ellos mismos serían declarados, también, enemigos públicos. Juliano nombró, además, a Valerio Catulino para que reemplazara en el cargo a Severo, provocando la sorpresa en el autor de su biografía en la Historia Augusta pues, como éste indica, el emperador actuaba “como si fuera posible sustituir a alguien que se había granjeado ya el favor del ejército”. Otra de las osadas medidas llevadas a cabo por Juliano fue el envío de Aquilio Felix, frumentarius (oficial de la “policía secreta” del ejército romano) especializado en el asesinato de senadores, con la misión de dar muerte al propio Severo.

Por su parte, éste último se dio prisa en iniciar su marcha hacia Italia y, aprovechándose de la aparente incapacidad de Juliano, alcanzó los pasos de los Alpes sin encontrar allí resistencia alguna, según Herodiano, historiador que vivió entre los siglos II y III d.C, porque Juliano no se atrevió a salir de la ciudad con las tropas pretorianas. Severo se adelantó también a su rival a la hora de conseguir el apoyo de la flota del Adriático estacionada en Rávena.

Por el contrario, los esfuerzos diplomáticos y militares llevados a cabo por Juliano no alcanzaban los resultados esperados, ya fuera por el fracaso en las negociones, como en el caso del envío de Vespronio Cándido a la frontera del Rin con el objetivo de conseguir el apoyo militar de las legiones allí establecidas, o por la deserción de diversos de sus emisarios, como fue el caso de la delegación senatorial enviada a Severo o la defección del mismo Aquilio Felix.

Juliano, consciente de su trágica situación, optó todavía por una nueva estratagema. Reunió de nuevo al Senado instándole a enviar a Severo una delegación constituida por sacerdotes, vestales y los propios miembros de la cámara en acto de súplica. La propuesta, sin embargo, fue rechazada tras el parlamento de Plaucio Quintilo, senador y augur, que según la Historia augusta objetó al propio Juliano que “no debería regir el Imperio un individuo que fuera incapaz de enfrentarse con las armas a su enemigo”, opinión a la que se sumaron la mayoría de los senadores.

La negativa del Senado a acceder a la solicitud de Juliano le obligó a elaborar un nuevo plan que contemplaba nombrar a Severo co-emperador. Para ello envió al prefecto del pretorio Tulio Crispino para hacerle llegar la propuesta a su rival, aunque fatídicamente éste fue interceptado por las tropas severianas y resultó, poco más tarde, ejecutado.

Imagen de Septimio Severo acompañado por su mujer, Julia Domna y sus dos hijos Caracala y Geta.

Severo, que ya poseía, según Herodiano, agentes en las cercanías y en el interior de la ciudad de Roma, escribió, de nuevo si seguimos la Historia augusta, a un gran número de personas en la capital y elaboró proclamas que fueron expuestas públicamente en su interior.

Nuestras fuentes nos informan de que llegado este momento y siendo tal la desesperación de Juliano, pues su propia vida le iba en ello, el emperador sucumbió ante la desazón, y llegó a realizar algún tipo de ritual que comportaba, según parece, sacrificios humanos.

Según la Historia augusta, “Juliano tuvo además la insensatez de utilizar a los magos para celebrar muchos ritos con los que pensaba aplacar el odio del pueblo o apaciguar la exaltación bélica de los soldados. En efecto, los magos sacrificaron algunas víctimas que no eran adecuadas para los ritos romanos y cantaron himnos profanos y Juliano hizo los ensalmos que, según las prescripciones, se hacen ante un espejo, en el que dicen que los niños ven el futuro, después de haber vendado sus ojos y haber pronunciado fórmulas mágicas sobre su cabeza, y en aquella ocasión se dice que un niño vio la llegada de Severo y la retirada de Juliano”.

Por su parte, Dión Casio nos informa de que Juliano “mató a muchos niños en un ritual mágico, creyendo que podría evitar algunas desgracias futuras si era capaz de conocerlas de antemano”.

Otra medida desesperada aunque con más fundamento político que la anterior, de la que también nos informa la Historia augusta, fue la nueva propuesta que Juliano presentó al Senado tras anular los anteriores decretos en relación al nombramiento de Severo como co-emperador y que contemplaba la llamada a las armas de los gladiadores de las escuelas de Capua y la decisión de compartir el poder con el viejo senador Claudio Pompeyano, general de Marco Aurelio y emparentado con este emperador al haberse casado en segundas nupcias con su hija Lucila. Pompeyano, que ya había rehusado la púrpura imperial al ofrecérsela Pertinax tras la muerte de Cómodo, volvió a rechazarla ahora aduciendo, de nuevo, su avanzada edad y “que tenía ya la vista cansada”.

Fue Severo el que dio el siguiente paso, solicitando a través del envío de cartas a los pretorianos el arresto de los responsables de la muerte de Pertinax, asegurándoles que si cumplían su requerimiento no tomaría ninguna represalia contra ellos. Los pretorianos, la base primordial del poder de Juliano, se declararon, entonces, a favor de Severo al responder positivamente a su solicitud e informando de ello al cónsul Silio Messala, que reunió de nuevo al Senado en el Ateneo, edificio construido por el emperador Adriano, e informó al resto de los senadores de la acción llevada a cabo por la guardia pretoriana. El Senado, consciente de la situación, condenó a muerte a Juliano, nombró emperador a Severo y deificó al asesinado Pertinax.

De la muerte de Didio Juliano, que se produjo el día 1 de julio del año 193, poseemos tres narraciones que, aunque muy similares, nos permiten conocer un poco mejor los últimos momentos de vida de este emperador, por lo que las reproduciremos íntegramente aquí.

Según Dión Casio, “Juliano fue asesinado mientras estaba descansando en el palacio imperial; sus únicas palabras fueron ‘¿Pero qué daño he hecho? ¿A quién he matado?’”.

Según la Historia augusta, “el Senado envió a unos individuos por cuya intervención, con la ayuda de un simple soldado, Juliano fue asesinado en Palacio, a pesar de que imploraba clemencia del César, es decir, de Severo […]. Severo entregó el cadáver a su esposa Manlia Escantila y a su hija, para que le dieran sepultura, y ellas le llevaron a enterrar a la tumba de su bisabuelo situada a cinco millas de la vía Labicana”.

Finalmente, según Herodiano: “Cuando el Senado supo que Juliano estaba tan asustado y que la guardia imperial lo había abandonado por temor a Severo, votó la muerte para Juliano y que Severo fuera proclamado emperador único. […] Entretanto un tribuno militar fue enviado a Juliano con la misión de matar al cobarde y miserable anciano que había comprado, así, con su propio dinero, un final tan desdichado. Fue encontrado solo y abandonado por todos y vergonzosamente, entre súplicas y lágrimas, fue ejecutado.

La Historia augusta, al final de la biografía dedicada a Juliano, nos ofrece una breve descripción del carácter de éste efímero emperador, que vale la pena, también, citar aquí como colofón.

“Se le echaron en cara a Juliano estos vicios: que había sido goloso y jugador, que se había entregado a los ejercicios gladiatorios y que todas estas pasiones las había adquirido de anciano, ya que durante su juventud jamás se le había acusado de ellas. Se le reprochó también su orgullo, aunque fue muy humilde, incluso cuando ejerció el poder. Por el contrario, fue muy afable en los banquetes, muy bondadoso ante las peticiones que le hacían y muy comedido respecto a la concesión de la libertad.

Vivió cincuenta y seis años y cuatro meses. Ostentó el poder imperial durante dos meses y cinco días. Se le reprochó principalmente que hubiera nombrado como lugartenientes suyos para gobernar la república a personas a las que tenía que haber controlado con su autoridad”.

La muerte de Juliano no supuso, sin embargo, la consolidación definitiva del poder de Severo, ya que una vez aquél estuvo fuera de combate aún tendría el nuevo hombre fuerte de Roma que enfrentarse a sus rivales Pescenio Níger primero y a Clodio Albino más tarde, no siendo hasta el año 197 cuando se impuso definitivamente a sus dos oponentes.

Lo que sí que dejaba claro la crisis política del año 193 (el año de los cinco emperadores) como antes habían demostrado los enfrentamientos militares originados tras la muerte de Nerón en el año 68 o el asesinato de Domiciano en el año 96, era que la principal fuente de poder ya no residía en Roma y mucho menos en el Senado que, aunque mantenía su prestigio como cámara en la que se reunía la aristocracia más rica y distinguida del Imperio, había perdido todas o la mayoría de sus atribuciones políticas reales y había quedado reducida a una herramienta administrativa que, aunque superior, dependía totalmente del emperador, el cual había ido apropiándose lenta per irremisiblemente del gobierno efectivo del Estado romano desde la época de Augusto.

El único estamento que mantenía su influencia en el acontecer político de Roma era, pues, el ejército, y sobre todo aquellas fuerzas concentradas en gran número en las fronteras del Imperio, que por su cuantía y su actuación bajo las órdenes de diferentes gobernadores provinciales, se podían convertir en el apoyo principal de cualquier general ambicioso que pretendiera la autoridad suprema.

La crisis del año 193 también dejaba claro el peligro que representaba la Guardia Pretoriana para aquél que detentaba el poder, que aunque menor, por el tipo de fuerzas de las que estaba constituida y de su número reducido, también se podía mostrar como una seria amenaza ante la autoridad del emperador. Su importancia residía en el hecho de ser las únicas fuerzas existentes en la provincia de Italia (establecidas en las afueras de la ciudad de Roma desde el reinado de Tiberio), condición que les otorgaba la capacidad de hacer y deshacer emperadores en base a sus propios intereses, como ya se había demostrado con la muerte del emperador Calígula y el nombramiento como augusto de su tío Claudio en el año 41 d.C., dos hechos en los que estuvo implicada la Guardia Pretoriana.

Didio Juliano pagaba así, con su vida, su atrevimiento político y dejaba claro para el futuro que a estas alturas de la historia de Roma se necesitaba algo más que el mero ofrecimiento de dinero y la realización de una más que digna carrera al servicio del Estado para optar a la más alta dignidad política del Imperio, premio reservado solo para aquellos que además de ello dispusieran de una amplia red de contactos y del apoyo de fuerzas militares capaces de secundar sus pretensiones a la púrpura imperial.

Entrevista radiofónica: EL EMPERADOR DIDIO JULIANO Y SU ASCENSO AL PODER (193 d.c.) – Luces en la Oscuridad

Fuentes primarias:

– Historia romana, Dion Casio.

– Historia del Imperio romano después de Marco Aurelio, Herodiano.

– Historia Augusta.

Bibliografía:

– Birley, A. R., Septimius Severus, The African Emperor, ed. Routledge, Londres, 1999.

– Bowman, A. K., Garnsey, P., Cameron, A. (editores), Cambridge Ancient History, The Crisis of Empire, AD 193-337, vol. 12, Cambridge University Press, Cambridge, 2008

– Fredouille, J-C., Diccionario de la civilización romana, ed. Larousse, Barcelona, 1995.

– Jerphagnon, L., Historia de la Roma antigua, ed. Edhasa, 2007.

– Potter, D. S., The Roman Empire at Bay AD 180-395, ed. Routledge, Londres, 2004

– Roldán Hervás, J. M., Historia de Roma, Ediciones Universidad de Salmanca, Salamanca, 1995.

– Roldán, J. M., Blázquez, J. M. y del Castillo, A., El Imperio romano (siglos I-III), col. Historia de Roma, ed. Cátedra, Madrid, 1989.

– Southern, P., The Roman Empire from Severus to Constantine, Routledge, Londres, 2001.
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Publicación: La ruina del imperio romano, de James O´Donnell.


El año pasado Ediciones B publicó La ruina del imperio romano la última monografía escrita por el historiador James O’Donnell, un análisis sobre las causas de la caída del Imperio romano y sus consecuencias en el inicio de la Edad Media.

Ésta es la historia de cómo uno de los mayores imperios de nuestra historia acabó de desmoronarse y con él el sueño de Alejandro Magno y Julio César de unificar Europa, el Mediterráneo y Oriente Medio en una sola comunidad. Durante el siglo VI, en el año 532 y en pleno centro del Imperio romano, el emperador Justiniano, en su palacio de Constantinopla, trataba de recuperar la antigua gloria de una potencia que estaba moribunda. Pero todo se fue a pique por culpa de las guerras religiosas, la peste y las migraciones ilegales de personas que, paradójicamente, buscaban defenderse de ese mismo imperio. Todo ello tiró por tierra el intento de Justianiano y el imperio se colapsó, para dejar paso al auge del Islam.

James O’Donnell es un distinguido clasicista e historiador educado en Princeton y Yale. Autor de una aclamada biografía de san Agustín, miembro de la Academia Americana de Medievalistas y presidente de la Asociación Filológica Americana, imparte Historia en la Universidad de Georgetown desde 2002.

Título: La ruina del imperio romano
Autor:
James O’Donnell
Editorial:
Ediciones B
Colección: No ficción histórica
Fecha de publicación en España: marzo de 2010
Paginas: 528
Formato: 15 x 23 cm
Precio: 15.00 €

Otros libros del autor:

Avatares de la palabra: del papiro al ciberespacio, Ed. Paidós Ibérica, 2000.
Augustine: A New Biography, Ecco, 2005.

Article: Arnau Bargués, un mestre d’obres «professional».

La Història està plena de noms sobradament coneguts per tots, personatges que han escrit el seu nom en lletres majúscules. Sovint, però, trobem noms a qui no s’ha donat el reconeixement que mereixen; aquest és el cas d’Arnau Bargués, una de les figures clau en el desenvolupament de l’art gòtic català, estil emprat a l’hora de realitzar els edificis més importants del segle XIV pel gran atractiu que suposaven les seves refinades i luxoses formes.

En aquest sentit, cal destacar que el segle XIV va significar un canvi de mentalitat entre els nobles catalans: fins aquell moment, les seves residències estaven fixades en turons de difícil accés per tal d’assegurar-ne la defensa; a partir d’aquell instant van preferir establir-se en luxosos palaus edificats a les ciutats, guanyant així en comoditat i permetent fer ostentació de la riquesa atresorada pel llinatge. A l’hora de confiar el projecte de cada nou palau, els nobles buscaven noms de reconegut prestigi, i, en aquest sentit, un dels arquitectes més importants de finals de segle va ser Bargués, considerat pels historiadors el darrer gran arquitecte gòtic de Barcelona, i que no només va passejar el seu talent per la Ciutat Comtal, sinó que també va ser requerit en altres poblacions del Principat, com Poblet o Blanes, on encara podem gaudir d’un magnífic castell-palau, exemple del gòtic civil català.

Seguidament, farem un repàs a diversos aspectes de la figura d’Arnau Bargués, exemple d’allò que es va anomenar «mestre d’obres professional», qualificació emprada per Xavier Barral per tal de definir aquells qui «establien relacions purament contractuals amb els seus clients, treballaven en diversos encàrrecs alhora (civils o religiosos, indistintament), viatjaven a llarga distància per assumir noves obres o fins i tot per estudiar-les, etc.»: en primer lloc, coneixerem diversos detalls de la vida d’aquest arquitecte català; després centrarem el text en la seva feina a Blanes; finalment, clourem aquest repàs coneixent altres obres d’interès que van ser realitzades per les seves expertes mans.

 4.1. Una vida dedicada al treball
Arnau Bargués va ser un home dedicat exclusivament al treball, tal i com podem comprovar si ens fixem en la seva extensa activitat polifacètica, on trobarem des d’obres molt importants i de prestigi (com el Palau Reial de Martí L’Humà) fins a feines més humils (com la reparació d’una font barcelonina).

Desconeixem les dades d’on i quan va néixer Bargués; la primera notícia que ens ha arribat d’ell és de l’any 1386, moment en què el van fer viatjar fins a Girona, juntament amb altres dos arquitectes de Barcelona, per tal de donar la seva opinió en relació als diversos avantatges i inconvenients de continuar la construcció de la catedral gironina amb una única nau. Ser convocat a una reunió d’arquitectes tant important com aquesta ens permet deduir que ja era un mestre de cases reputat a la Barcelona del moment.

L’any 1394 va ésser contractat per realitzar diversos treballs a l’alberg d’en Pere Bergadà, mercader i ciutadà barceloní. En aquesta època també el trobem associat a un altre mestre, de nom Ramon Vilardell, qui probablement seria el seu soci capitalista.

Tres anys després ja es parla d’ell com a mestre major de la catedral de Barcelona, realitzant la tasca que uns anys abans havia fet Bernat Roca (mort l’any 1388), arquitecte gòtic que va realitzar diverses obres a Barcelona (com per exemple el sagrari de l’església dels Sants Just i Pastor, l’altar major de l’església de la Mercè,…) i que, gairebé amb tota seguretat, va ser de qui Bargués va aprendre l’ofici d’arquitecte.

A partir d’aquest instant, la seva vida professional va canviar: començà a rebre diversos encàrrecs importants, com ara la direcció de les obres reials; d’aquesta manera, va passar a ser l’arquitecte més sol•licitat d’entre tots els que estaven establerts al Principat entre els anys 1398 i el 1403.

Les seves obres arquitectòniques, d’estil gòtic, elegants i proporcionades, van esdevenir molt preuades entre els promotors artístics; és per aquest motiu que Arnau Bargués va treballar en tota classe d’obres, ja fossin aquestes obres civils, religioses o encarregades per particulars. Cal destacar que els seus clients van quedar totalment seduïts pels diversos complements d’escultura decorativa que el mestre Bargués introduïa en la seva obra, una escultura que hem de situar dins l’estil gòtic internacional, i que va resultar essencial a l’hora de fer d’ell un dels millors mestres d’obres de l’època.

Frontal de la Casa de la Ciutat de Barcelona

A l’any 1399, Bargués va rebre l’encàrrec de construir la façana de la Casa de la Ciutat de Barcelona; d’aquesta manera va ingressar dins el selecte grup dels arquitectes municipals de Barcelona.

En aquesta atrafegada època, Arnau Bargués va comprovar com el treball el començava a desbordar; es va veure obligat a simultaniejar la seva feina en els treballs de diversos edificis importants: el palau que el rei Martí I L’Humà li va encomanar fer al monestir de Poblet, la construcció del monestir barceloní de Sant Jerònim de la Vall d’Hebron, el projecte del castell-palau dels Cabrera (iniciat l’any 1391, però que es va allargar en el temps més del que en principi s’esperava), la Catedral de Barcelona i la façana de la Casa del Consell de Barcelona. Aquesta gran quantitat de feina el va fer replantejar-se la seva situació, arribant a la conclusió de que, si bé abans ja tenia alguns col•laboradors, ara ja li eren totalment imprescindibles (en aquest instant ja apareix associat a un altre mestre de cases, anomenat Francesc Marenyà). És per això que Bargués va decidir envoltar-se d’una companyia de picapedrers i escultors qualificats, els quals es feien càrrec de la tasca decorativa de les construccions ideades pel mestre, fent-les encara més belles.

A més d’aquests obrers, que es dedicaven exclusivament a fer allò que el seu cap els demanava, Arnau Bargués va haver de trobar gent capaç de substituir-lo com a director dels treballs quan ell no hi podia ser present. Per aquest motiu, sovint trobem a lloctinents al seu servei que s’encarregaven del control i la supervisió de les obres, tal i com ho faria el seu capitost; un dels homes que van ocupar el càrrec de lloctinent va ser Françoi Salau, a qui la documentació conservada qualifica com a «piquer de Barchinona», i que s’encarregava de dirigir els treballs que es realitzaven al monestir de Poblet quan el nostre arquitecte no hi podia ser.

De totes maneres, i malgrat que s’havia envoltat de gent prou qualificada per a les feines que havien de realitzar, aquells qui reclamaven els seus serveis (recordem: el rei Martí I, les autoritats municipals i eclesiàstiques barcelonines i diversos particulars) volien tenir a Bargués més vinculat a les seves obres, així que l’arquitecte aviat va rebre més diners dels que estaven estipulats al seu sou per aconseguir que dediqués més temps a uns projectes que als altres; en aquest sentit, sabem que l’any 1402 els consellers de Barcelona van afegir 55 lliures barcelonines al preu que havien pactat amb l’arquitecte en el moment en què va acceptar l’encàrrec.

Tota aquesta intensa vida dedicada al treball va anar incidint de forma negativa en la seva salut, motiu pel qual es va veure obligat a abandonar, progressivament, la seva frenètica activitat com a mestre d’obres «professional». La darrera dada que tenim d’ell relacionada amb la seva feina és de l’any 1407, moment en el qual trobem citat a Bargués com a «mestre major de Barcelona» en les obres de construcció que es van fer al mur barceloní.

Pel que fa a la seva vida privada, amb prou feines en coneixem res; únicament sabem que Bargués va tenir un fill i una filla, i que aquesta estava casada amb Arnau Buscarons, mestre de cases també.

Per finalitzar aquest breu repàs a la vida del nostre protagonista, cal afegir que tampoc sabem amb exactitud la data en què es va succeir la seva mort; de totes maneres, hem pogut deduir que es va produir entre el 16 de setembre i el 27 d’octubre de l’any 1413, a la ciutat de Barcelona. Així, amb la mort d’aquest mestre d’obres va desaparèixer el «darrer representant de l’escola palatina d’arquitectes nascuda a l’entorn de la gran figura de Pere el Cerimoniós«.

 4.2. Bargués a Blanes
L’àmplia obra gòtica realitzada per Arnau Bargués no l’hem de reduir només a la ciutat de Barcelona, tot i que va ser en ella on més va treballar; sabem que els mestres d’obres «professionals» no treballaven únicament a les seves ciutats de residència, ja que una de les seves principals característiques és que sovint realitzaven feines fora d’elles, i en Bargués tenim un clar exemple.

El nostre arquitecte va portar a terme un dels seus projectes fora de Barcelona a Blanes; allà va treballar en les feines de construcció del castell-palau de la família Cabrera i de la font que hi ha a la vila, unes obres que va iniciar l’any 1391.

Reconstruccio castell-palau Cabrera

El mestre Bargués va ser l’”home de confiança de la casa de Cabrera”, confiança que es va guanyar en el moment en què va acceptar l’encàrrec de construir la nova mansió de la família dins la vila. Segurament, el bon tracte que l’arquitecte mantenia amb el noble Bernat IV li va permetre deixar la seva feina a Blanes durant una temporada per tal d’atendre la comanda que, des de Barcelona, li havien fet els consellers de la ciutat: la construcció de la nova façana de la Casa de la Ciutat.

Cal dir que, per a Arnau Bargués, el fet d’acceptar la direcció d’aquest projecte a Barcelona no va ser tant beneficiós com en un principi havia imaginat: l’any 1401, l’arquitecte es queixava davant els consellers de Barcelona del sou que rebia per la seva feina, ja que «amb un major guany que el que ells li donaven hauria pogut treballar al monestir de Poblet i al castell de Blanes». Sembla ser que el retret efectuat pel mestre d’obres va fer efecte, ja que, un any més tard, rebia de mans del clavari de la ciutat 55 lliures barcelonines més de les que havien estat acordades en el contracte.

Quan els encàrrecs li ho van permetre, Bargués va reprendre les feines que un temps abans havia iniciat a la vila de Blanes; allà hi va continuar l’obra del palau senyorial, magnífic exemplar del gòtic civil que albergà al llinatge dels Cabrera durant molts anys, i al qual l’arquitecte va integrar la nova església parroquial, situada just al costat de la nova edificació; a més, cal afegir que també es va encarregar de fer la font pública de la vila.

Per tot això, hem de destacar la gran tasca que va portar a terme el mestre Arnau Bargués a Blanes des dels darrers anys del segle XIV i els primers dels segle XV, vila on va idear una modèlica ciutat gòtica, tot sota l’imprescindible mecenatge de la família dels Cabrera.

a) El castell-palau
Bernat IV de Cabrera va confiar en Bargués la construcció del seu nou palau senyorial, qui el va edificar seguint un traçat rectangular, gairebé quadrat, i alineat en una mateixa façana amb la veïna església parroquial.

Castell-palau Cabrera a Blanes

L’entrada al noble habitatge es feia a través d’una porta de gran dovellatge, una porta amb una singularitat: la seva construcció no es va fer centrada en la façana, com era habitual, sinó que la trobem situada en un dels seus extrems, a tocar de l’església.

A la façana de l’edifici s’hi van construir unes finestres, amb llindes retallades (que no tenim conservades), formant triples arquets lobulars; a més, cal afegir que aquest no és l’únic tipus de finestra que es va fer en l’edifici: al costat n’hi ha una altra, que té un sol buit i és d’una altura menor. Segurament, la façana estava acabada en merlets, a modus de decoració, com la façana de l’església.

Les sales d’aquest castell-palau van ser distribuïdes en dues plantes i a l’entorn d’un pati central. Per pujar al segon pis de l’edifici hi havia una solemne escala, situada en el mateix pati central. Les seves habitacions interiors estaven cobertes amb voltes de creueria simple. Actualment, es conserven els dos trams de volta d’una sala, que estava situada en la cruixia del fons de l’edifici, i que per la seva proximitat al presbiteri fou reconvertida en sagristia de l’església quan, a partir de l’any 1622, es va decidir emprendre l’ampliació de l’església. A més, també tenim conservades dues mènsules que havien estat utilitzades en el palau; aquestes peces estan fetes en pedra esculpida, i una d’elles té per decoració l’escut d’armes de la família Cabrera. En aquest sentit, cal dir que ambdues es troben conservades al museu de Mataró.

Mènsula del castell-palau Cabrera

L’esplendor d’aquest luxós habitatge nobiliari, típic exemplar de castell-palau baix medieval, es va allargar durant uns tres-cents anys des de la seva construcció. Durant tot aquest temps, aquesta gran mansió fou hospici de diversos personatges importants, a més de ser l’habitatge habitual de la majoria dels Cabrera. Sobirans com Martí I L’Humà i Carles I s’hi van allotjar, el primer ho va fer el 21 de maig del 1397, el segon el 2 de maig de 1545; fins i tot s’ha especulat amb la presència en la residència dels Cabrera del papa Benet XIII (El Papa Luna) l’any 1415, afirmació mai corroborada en cap document.

A partir del segle XVII, el castell-palau va anar caient progressivament en l’oblit, segle en què va començar a patir un important deteriorament a causa de les batusses amb els francesos, i la quantitat de pedra que s’hi anava amuntegant es va reutilitzar en obres properes. Actualment, tota la part dreta de l’edifici ha desaparegut, precisament allà on el desnivell que feia el terreny havia obligat als constructors a fer un edifici més alt i imponent.

b) La font gòtica
Instal•lada al carrer de l’Ample, aquesta font va ésser construïda per Bargués (qui anteriorment ja havia participat en la construcció i reparació d’altres fonts a Barcelona) seguint la forma d’un edicle de planta octogonal, amb coronament de gàrgoles, una cresteria calada i pinacles; a més, també hi podem veure una agulla piramidal de vuit costats, lleugerament còncaus, amb una estètica que recorda la Torre Eiffel. Tots aquests petits detalls escultòrics, encara ara conservats, serveixen de referència a l’hora d’estudiar els elements que van fer de l’estil gòtic realitzat al nostre país quelcom d’especial.

Font publica de Blanes

Dels diversos elements escultòrics que formen part d’aquesta font, no podem deixar de citar l’escut decoratiu que la presideix amb magnificència: es tracta d’una elegant reproducció de l’escut d’armes dels Cabrera, i hi va ésser col•locat a mode d’homenatge a la nissaga de nobles blanencs que va encarregar la construcció d’aquesta sumptuosa peça gòtica.

Aquesta obra monumental es va realitzar, aproximadament, en la mateixa època en què va ésser edificat l’esplèndid castell-palau gòtic de la vila, just al llindar del canvi de segle, i va ser donada a la població per Violant de Prades, esposa de Bernat Joan de Cabrera i nora de Bernat IV, passant així a ser una font pública a l’abast de tots els vilatans.

 4.3. Altres obres conegudes
Com ja hem dit abans, Arnau Bargués va realitzar diversos projectes arquitectònics; per aquest motiu podem afirmar que la seva vida era el treball, els seus projectes, pels quals va portar un dur ritme de vida fins que, cansat, es va veure obligat a retirar-se. Abans, però, va treballar en alguns dels edificis més importants bastits a Catalunya vers el 1400.

La seva extensa obra ens obliga a fer-ne aquí un repàs. Tot seguit, presentem les obres que el mestre Arnau Bargués va realitzar al llarg de la seva vida professional.

a) El Palau Reial de Poblet
L’any 1398, Arnau Bargués va ésser sol•licitat pel rei Martí I per tal que iniciés els treballs de construcció del seu palau particular al monestir de Poblet; amb tot, el rei no va tenir oportunitat de veure’l totalment edificat, ja que a l’any 1406 es van aturar les obres sense que hagués estat acabat.

En les obres que Bargués va portar a terme, i que en l’actualitat encara conservem, hi trobem reflectit el seu particular estil: grans panys de paret llisos i «una delicada decoració escultòrica que apareix concentrada en uns punts determinats, seguint una clara seqüència rítmica».

Bargués va construir una part del Palau Reial, descrit amb més detall per A. Cirici en la seva obra. Per a realitzar el palau va necessitar la col•laboració de diversos ajudants: un cop arribat al monestir, l’arquitecte va sol•licitar els serveis, entre d’altres, de Jaume Cabré i Guerau Aguiló, ambdós piquers de Barcelona; a més, també va cridar a Françoi Salau, a qui deixà com a lloctinent de les obres quan el mestre tornava a Barcelona, i que sembla ser que es va encarregar de realitzar la decoració esculpida del palau, que hem d’emmarcar dins l’estil gòtic internacional.

Per acabar, hem de destacar la construcció del cimbori que el propi Bargués va fer al monestir de Poblet, en el mateix moment que el de la Seu de Barcelona.

b) La Catedral de Barcelona
L’any 1397 trobem a Bargués amb el títol de mestre major de l’obra de la Catedral de Barcelona, ocupant el lloc que, uns anys abans, havia deixat el seu mestre, Bernat Roca.

Uns anys més tard, al 1405, l’arquitecte va iniciar, junt a la porta principal de la Catedral, l’erecció del gran cimbori, gairebé idèntic al de Poblet. D’aquest cimbori hem de destacar la seva posició: es troba situat als peus del temple, en una disposició original i poques vegades utilitzada.

Al mateix temps que el cimbori, el mestre Bargués va bastir, també a la catedral, la Sala Capitular Antiga, actualment anomenada capella de Lepant, que va ser finalitzada l’any 1407.

Malgrat la seva predisposició per acabar-lo, Arnau Bargués no va poder completar el cimbori ja que, com bé sabem, l’any 1407 deixava l’ofici d’arquitecte i es retirava.

c) La Casa de la Ciutat de Barcelona

Figura de l'arcangel Sant Rafael

El desenvolupament de la corporació municipal de Barcelona va fer necessària la construcció d’un palau durant el Tres-cents. Ja a finals del segle XIV, els consellers de la ciutat van pretendre donar al palau corporatiu una façana monumental ricament ornada, com era habitual en els edificis d’aquella època. Així van sol•licitar el treball expert d’Arnau Bargués, a qui van contractar l’any 1399, moment en què l’arquitecte ja era un dels més prestigiosos i reclamats del Principat, per tal que edifiqués la façana de la Casa del Consell i, possiblement, també algunes de les dependències annexes.

La façana va ésser bastida entre el 1400 i 1402. La característica principal d’aquesta obra és l ‘asimetria que l’autor donà voluntàriament a la seva estructura, similar a la de la façana del palau de Martí L’Humà.

Per cloure aquest apartat, és necessari fer un breu apunt sobre les escultures que decoren la façana; una bona part d’elles van ser encarregades pel mestre Bargués a l’escultor Jordi de Déu, l’antic esclau grec de Jaume Cascalls. De Déu, artista d’estil gòtic internacional, va fer gàrgoles, capitells i sanefes d’extraordinària qualitat, però no pas l’arcàngel Sant Rafael, una majestuosa donació d’un particular, de la qual desconeixem l’autor, però sí sabem el nom de l’artista encarregat de fer les seves ales de bronze: Pere Ça Anglada.

d) El monestir de Sant Jeroni
El monestir de Sant Jeroni de la vall d’Hebron va ésser fundat i fet construir per Violant de Bar, la reina vídua de Joan I El Caçador, a l’any 1393. Ella mateixa va fer iniciar l’edificació de l’església i de la residència pels frares, vinguts de Cotalba (Safor).

D’aquest monestir no n’han quedat restes, però de les cròniques escrites per l’orde Jerònima de Catalunya podem deduir que Arnau Bargués va participar en la construcció de la seva església, edifici que va ser el primer en construir-se.

e) El mur de Barcelona
L’arquitecte Arnau Bargués és citat en la documentació de l’any 1407, segurament el seu darrer any en actiu, com a «mestre major de la ciutat», títol que va rebre com a conseqüència de la seva participació en la construcció del mur que estava situat al sector marítim de Barcelona; malgrat tot, la «muralla de la Mar», tal i com s’anomenava a aquell sector, no va ser acabada fins l’any 1454.

En relació al mur de Barcelona, el mestre Bargués no va treballar únicament en el sector marítim, abans esmentat, ja que tenim documentada la seva participació en altres zones de l’emmurallament de la ciutat.

Per acabar cal afegir que, actualment, no tenim conservada la part de les muralles que ell va construir.

f) Obres d’enginyeria
Arnau Bargués va realitzar diverses obres d’enginyeria a Barcelona; en aquest sentit, cal destacar la seva participació en les canalitzacions fetes al riu Besós i al Rec Comtal.

L’any 1390 va treballar en la reparació i la conservació del Rec Comtal des de Montcada.

Finalment, sabem que uns anys més tard, concretament al 1403, el mestre Bargués va cobrar per haver treballat en l’anivellament de les aigües del riu Llobregat, fetes per tal d’evitar inundacions.

g) Obres menors
Arnau Bargués va ser un mestre d’obres que va rebre molts encàrrecs importants, com fins ara hem pogut comprovar, però també va fer treballs més humils. Tot seguit presentem algunes d’aquestes obres menors.

Entre 1391 i 1393, Bargués va participar en l’empedrat de l’anomenat «porxo nou», treballant conjuntament amb Ramon Vilardell.

L’any 1394 va treballar en l’alberg d’en Pere Bergadà, mercader i ciutadà barceloní. Per aquella mateixa època, Bargués també va participar en les feines de construcció de la capella de Nostra Senyora del Canal, capella situada al Portal Nou, dins el recinte dels murs medievals de Barcelona.

Font situada a la plaça de Santa Maria del Mar

L’any 1406 tenim documentada la seva participació en les modificacions d’algunes fonts de la ciutat, realitzades per tal de millorar les seves condicions higièniques.

En relació a les fonts, sabem que Bargués també és l’autor de la font que hi ha a la plaça de Santa Maria del Mar, feta l’any 1402, en la qual trobem un òcul calat i dues peces d’heràldica com a ornament.

Bargués també va intervenir en les constants obres exigides pel camí de Sant Boi, en l’abeurador construït al costat de la Llotja dels Mercaders, en el pont del Portal Jonqueres i en l’adob de la riera del Portal de Ferro.

Per tot això hem de destacar la tasca realitzada pel mestre Arnau Bargués, qui no només va utilitzar la seva excel•lent tècnica en grans i prestigioses obres, sinó que també va fer treballs més senzills i humils que avui dia s’encarregarien a discrets mestres d’obres.

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Escrit per: Robert Martínez Colomé

 
Versió pdf de l’article. Arnau Bargués, un mestre d’obres «professional».

Crítica: Césares, de José Manuel Roldán.

Es seguramente la dinastía de los Julio-Claudios, los primeros emperadores romanos, la que ha centrado el interés general del público, ya sea en su vertiente histórica, simbólica, literaria, o cinematográfica… convirtiéndose en la etapa de la historia del Imperio romano más tratada, analizada y reconstruida, de tal forma que, aunque no sepamos situarla cronológicamente en un marco temporal claro, conocemos no solo a sus integrantes, esto es, Julio César, Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, sino que podemos trazar, aunque sea de una forma borrosa, las líneas generales ya sea de su reinado o de su personalidad.

No obstante, la celebridad de los miembros de la dinastía Julio-Claudia ha supuesto, también, una “deuda histórica”, no solo a la fama de los primeros emperadores de la Roma imperial, sino a la imagen que de la Antigüedad ha llegado a nosotros, compuesta, gracias sobre todo a el influjo del cine, de grandeza, poder, lujo debilidad, tiranía, perversidad, vileza e inhumanidad, unas características que, de forma injusta, se han contagiado no tan solo al resto de los emperadores romanos (no olvidemos que, al menos oficialmente, se cuentan unos 53) sino también a toda una época, la romana, vista en la actualidad como un período donde el lujo, la codicia y la perversidad (regado, todo ello, como no, por un deseo sexual incontrolado materializado en las ya clásicas escenas de orgia y de bacanales) de los emperadores, dueños absolutos del imperio, se imponían al resto de la población que habitaba el territorio dominado por ellos, ya fueran estos senadores, caballeros, comerciantes, artesanos, hombres libres, campesinos o esclavos.

Pues bien, todo ello, o la mayoría, no es ni más ni menos que una representación tópica y estereotipada de una época que ni mucho menos se puede reducir a lo escrito anteriormente (y si no es así ¿dónde tendríamos que situar a los grandes emperadores como Trajano, Adriano, Marco Aurelio o Constantino?) sino que es una imagen creada, en gran medida, tras mil setecientos años de dominio cultural en Europa en manos de la Iglesia católica, institución que anatemizó el periodo romano como una etapa diabólica, perversa (y pagana) previa a la aparición y consolidación del credo cristiano en Europa. Todo ello fue popularizado, más tarde, por la literatura y el cine que, con la adaptación de diversas novelas históricas ambientadas en la época y la creación de guiones cinematográficos basados en los tópicos conocidos y esperados (y deseados) por el público (comprador de entradas) acabó por consolidar una visión subjetiva, parcial y simplista de una de las épocas más asombrosa y apasionante de la historia del hombre.

Pues bien, la editorial La esfera de los libros ha publicado Césares, de José Manuel Roldán, una de esas obras que son y han de servir de referencia para conocer un poco más profundamente y con mayor fundamento un período y unos personajes vilipendiados, en muchos casos, por la historia. Como decíamos y como su título advierte, Roldán realiza un recorrido por las vidas y los reinados de los primeros emperadores romanos, aquellos que pertenecieron a la dinastía Julio-Claudia. En su viaje, que al leerlo también será el nuestro, el autor se empeña en situar a cada uno de los emperadores reseñados en el lugar que le pertenece y en la época en la que vivieron. No pretende repetir todo aquello que ya se ha dicho de cada uno de los césares sino que, acompañado de las fuentes antiguas siempre que éstas hagan falta, de un amplio conocimiento de la temática, avalado por largos años de docencia universitaria e innumerables obras escritas (algunas de las cuales honra el que estas líneas escribe) y de una magistral y esplendida pluma, Roldán consigue acercarnos, un poco más, al periodo histórico y a las “personas” reales que configuraron y dieron forma a una época.

José Manuel Roldan

El autor aúna en la obra, como decía anteriormente, un dominio absoluto del período histórico y la voluntad de “acabar” con ciertas visiones del pasado. Y esto lo hace de una forma amena, rigurosa e impecable. Y con esto quiero decir que Césares no es solo una obra con la que vayan a gozar aquéllos que conocen y se interesan por la historia, sino que el estilo en el que está escrito el libro invita al lector a interesarse y a avanzar en la lectura. Son pocas las veces en las que el contenido y el contenedor tienen la misma categoría, sobre todo en libros de historia, escritos, no olvidemos, por historiadores, no por literatos. Pues este es uno de ellos, en los que la delicadeza y el rigor (y creo hablar sin exagerar) de la forma en la que el libro está escrito envuelve la belleza y fastuosidad de una época lejana ya de nosotros.

Así, pues, podremos descubrir la transformación política que sufrió Roma durante la última etapa de la República y que llevó, en los tiempos de Julio Cesar y de Augusto, a la creación del Imperio; podremos presenciar la evolución del mismo durante el reinado de Tiberio y el terror desatado en la capital por su mano derecha el prefecto del pretorio Sejano; conocer qué hay de cierto en la acusación de perversidad y crueldad achacada al viejo Tiberio; analizar en clave histórica el reinado de Calígula y Nerón, dos de los emperadores, sin duda, más famosos y que peor ha tratado la historia y seremos testigos, también, del gobierno del “cojo y tartamudo” Claudio o de las ávidas y codiciosas mujeres que influenciaron su vida y su reinado: Mesalina y Agripina.

¿Incendio Nerón Roma? ¿Fue la enfermedad la que trastornó al joven Calígula? ¿Cuáles fueron los motivos de Augusto para materializar la transformación de la República en un Imperio? ¿Cuál fue el legado de Julio César? ¿Participó Claudio en la conspiración que llevó a la muerte de su sobrino Calígula? ¿Fue Tiberio la mano que ordenó la muerte de Germánico, su presunto sucesor en el poder? Roldán nos responde a estas y otras preguntas introduciéndonos en los tejemanejes de una de las dinastías más famosas de la historia, no solo por su importancia política sino también por los supuestos excesos y abusos que, según las fuentes, llegaron a cometer. Y es a través del estudio y la reflexión sobre estas fuentes como José Manuel Roldán nos permite ser testigos “de primera” de un período de la historia importantísimo para entender la evolución del mundo occidental posterior. Una utilización de las obras de los autores antiguos que veremos plasmada en el texto allí cuando haga falta, sin evitar, claro está, la reflexión y la crítica de las mismas, necesaria para entender por qué fueron escritas y con qué objetivo, una práctica pertinente para lograr conocer mejor la época y los personajes históricos a los que hacen referencia.

Roldán consigue crear una imagen realista e histórica de la Roma imperial del momento (siglos I a.C. y I d.C.) y de la primera dinastía que gobernó sobre ella alejada, pues, de todos los tópicos y “errores” fundamentados que la cultura de masas y los media han creado y reproducido de ella. Toda una oportunidad no solo para intentar comprender una época maltratada por la propia historia y de viajar por un período histórico apasionante (y emocionante) sino de dejarse llevar por un texto y un estilo que pertenecen, sin duda, a uno de los historiadores más prolíficos que “campean” por tierras hispanas. Todo acompañado, al final de cada capítulo/reinado de una breve bibliografía actualizada que permitirá, a aquellos que así lo deseen, profundizar y dar un paso más en el conocimiento de uno de los capítulos más importantes de la historia de la humanidad, al menos de aquella que nació y que deriva del mundo en el que gobernaron los sucesores de Julio César y Augusto.

Título: Césares
Autor: José Manuel Roldán
Editorial:
La esfera de los libros
Precio:
29,00 €
Páginas: 528
ISBN: 9788497347211
Fecha de publicación: 08/4/2008
Colección: Historia Divulgativa
Formato: 16×24 Cartoné
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez

Artículo: El misterio de la IX legión Hispana.


La historia y el pasado están plagados de misterios y de leyendas que abarcan todo aquello que la ciencia histórica desconoce o de lo que no ha sabido dar explicación. El misterio también envuelve con su poderosa aureola la historia de Roma, la época en la que un gran imperio y sus legiones dominaban todos los territorios ribereños del Mediterráneo y proveía al mundo moderno de la base cultural y política que forma su armazón actual.

Y es acerca de una de estas legiones, y más en concreto de la IX Hispana, sobre la que se cierne uno de los misterios, y como no, una de las leyendas más duradera de la historia militar romana: el enigma de su desaparición. Si como lo leen, la desaparición de una unidad completa del ejército romano. Un misterio sobre el cual los historiadores no han podido dar una explicación concluyente.

De la IX Hispana disponemos de información, más o menos certera, acerca de su creación en la primera mitad del siglo I a.C. y de su evolución hasta las últimas noticias seguras que poseemos de ella, que algunos sitúan en el año 107/108 d.C.; durante los primeros años del gobierno del emperador Adriano; en la década de los años 20, 30 o incluso 40 del siglo II y otros, los más atrevidos, cerca del año 161 d.C.

Sin embargo en un momento u otro nuestra información sobre la legión IX Hispana desaparece, siendo la fecha límite para ello el año 162 d.C, en el cual se erigió en Roma una inscripción que enumera, en orden geográfico, las legiones romanas activas en ese momento (inicios del reinado de Marco Aurelio), y en cuyo listado no aparece la IX Hispana. Una inequívoca indicación de que la legión había sido o bien disuelta o bien destruida antes de esa fecha.

Veamos, pues, en un breve recorrido histórico, cuál fue la historia de la legión IX Hispana, cuál es el misterio de su desaparición y qué leyendas surgieron a raíz de ésta.

La creación de la legión IX Hispana y sus primeros años.

La legión IX Hispana tiene su origen, como en el caso de la mayoría de las legiones que estuvieron activas en época imperial, en el periodo de guerras civiles que fueron causa del final de la República romana.

Parece que la IX Hispana desciende de la legión IX, una de las unidades que integró el ejército con el cual Julio César llevó a cabo su famosa conquista de las Galias entre los años 58 y 51 a.C., aunque esta filiación no se ha podido confirmar documentalmente. La IX sirvió, más tarde, en las campañas militares que en época del emperador Augusto llevaron al sometimiento, por parte de Roma, del territorio noroccidental de la península Ibérica (29-19 a.C.) habitado por cántabros y astures.

La finalización de estas operaciones militares en el año 19 a.C. comportó la marcha de la legión IX hacia una destinación fronteriza en Panonia (provincia romana que incluía territorios de las actuales Hungría, Austria, Croacia, Serbia, Eslovenia, Eslovaquia y Bosnia-Herzegovina). De su estancia en el Danubio destaca la participación de la IX en el amotinamiento de tres legiones estacionadas allí tras el ascenso al trono del emperador Tiberio en el año 14 d.C.

En el año 20 d.C. la IX Hispana fue transferida a la provincia de África como refuerzo de la legión III Augusta para reforzar el contingente militar romano allí presente durante la rebelión del númida Tacfarinas (20-24 d.C.). Su estancia allí se prolongó hasta el año 24 d.C. tras lo cual regresó a la provincia de Panonia.

Los títulos y el emblema de la legión IX.

La legión IX dispuso de diversos títulos a lo largo de su historia. Así sabemos, a través de diferentes inscripciones y noticias, que esta unidad tuvo primero el epíteto de IX Triumphalis derivado, seguramente, de su participación en un triunfo militar celebrado en Roma por Julio Cesar en el año 46 a.C. Esta designación fue sustituida más tarde por el título de IX Macedónica, debido, posiblemente, a la intervención de la unidad en la batalla de Farsalia en el año 48 a.C. o en la de Filipos en el año 42 a.C. Fue durante su estancia en Hispania cuando la legión IX adoptó el título de Hispaniensis (=estacionada en Hispania), designación que fue alterada por la de IX Hispana (oriunda de Hispania) seguramente tras su marcha de esta provincia hacia Panonia.

Por lo que respecta al emblema de la legión, aunque no poseemos ninguna evidencia acerca de cuál pudo ser el distintivo utilizado por la IX Hispana, es posible que éste fuera el del toro, un animal asociado con la diosa Venus, el ancestro legendario de los Julios.

Formación de tortuga representada en la Columna de Trajano.

La conquista de Britania.

La legión IX abandonó de nuevo la provincia de Panonia hacia el año 42/43 d.C. para unirse a las fuerzas que el emperador Claudio estaba reuniendo con el objetivo de iniciar la conquista de Britania. El mando de este ejército de invasión fue concedido a Aulo Plautio, hasta entonces gobernador de la provincia de Panonia, el cual se dirigió a su nuevo destino militar acompañado de la legión IX.

La campaña de conquista no supuso un gran reto para las tropas romanas si tenemos en cuenta que, como parece, su objetivo no era apoderarse de toda la isla sino, más bien, acabar con el poderío de la tribu de los trinobantes, situada en la costa oriental britana, cuya actividad anti-romana llegó a amenazar, incluso, el territorio romano continental. La IX Hispana fue una de las cuatro legiones, junto a la II Augusta, la XIV Gemina y la XX Valeria Victrix, que participó en esta primera fase de la conquista de Britania actuando, también, en las subsiguientes campañas de consolidación y ampliación del dominio romano.

En el año 60 d.C. el poder romano en Britania sufrió un importante revés con la rebelión de la reina Boudica (60-61 d.C.), alzamiento provocado, entre otras razones, por la pésima gestión de la administración romana en la isla. Boudica era la viuda de Prasutago, rey de la tribu britana de los icenos, pueblo aliado de los romanos. Al morir su esposo sin descendencia masculina, los romanos se negaron a reconocer los derechos de su viuda y de sus hijas al trono iceno. El despiadado trato recibido por ellas llevó a Boudica a rebelarse contra el poder romano, insurrección a la que se sumaron tribus vecinas como la de los trinovantes.

La legión IX Hispana fue la primera que luchó contra los rebeldes britanos, enfrentamiento en el que sufrió fuertes bajas, llegando a perder hasta 2.000 hombres, tras lo cual tuvo que retirarse a su campamento base en Lincoln (Lindum). Los rebeldes fueron finalmente derrotados por las fuerzas romanas cerca de la ciudad de Londres (Londinium), tras lo cual la provincia fue nuevamente pacificada. Las bajas sufridas por la IX Hispana fueron reemplazadas con soldados provenientes de las guarniciones establecidas en las provincias germanas.

Todas las legiones estacionadas en Britania se vieron afectadas por el enfrentamiento militar que siguió a la muerte de Nerón en el año 68 d.C. Cuatro fueron los emperadores que se sucedieron en Roma en menos de un año (Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano). Las tres legiones estacionadas en aquellos momentos en Britania contribuyeron con contingentes o vexilaciones al ejército reunido por Vitelio para enfrentarse primero a Otón, su rival en Italia y más tarde a Vespasiano. Fue éste último el que acabó imponiéndose a los otros candidatos, tras lo cual fue nombrado nuevo emperador en el año 69 d.C.

Durante el periodo de gobierno de Vespasiano (69-79 d.C.), la IX Hispana participó, junto al resto de las legiones establecidas en Britania, en el nuevo avance de la conquista en el norte y el oeste de la isla, que permitió a las fuerzas romanas someter los territorios de Gales y parte de Escocia, aunque ésta última tan solo temporalmente. Esta actividad militar obligó a modificar el emplazamiento de la legión IX Hispana, que hacia el año 70 d.C. abandonó su campamento base en Lincoln por el de York (Eburacum).

Sin embargo parece que el interés por Britania decayó durante los reinados de sus hijos Tito (79-81 d.C.) y Domiciano (81-96 d.C.) al prevalecer en esos momentos la defensa y consolidación de la frontera del Rin. Para ello, ya en el año 83 d.C., el emperador Domiciano reclamó importantes contingentes de la legión IX Hispana para luchar en Germania contra los catos, a los que venció en ese mismo año. Contribución a la que se sumaron nuevas vexilaciones que, un poco más tarde, las unidades legionarias estacionadas en Britania tuvieron que suministrar para hacer frente a la constante amenaza en las fronteras del Rin y del Danubio, un movimiento éste que incluyó el traslado de la legión II Adiutrix de Britania en el año 87 d.C.

La última noticia que poseemos de la presencia de la IX Hispana en Britania es del año 107/108. Ésta no es otra que una inscripción hallada en York que nos informa de la participación de la legión en la reconstrucción de una de las puertas del campamento en el que la legión estaba asentada.

El misterio del final de la IX Hispana.

Es a partir de esta fecha que disminuyen, en gran medida, los testimonios que poseemos de la existencia de la IX Hispana, lo que nos impide disponer de información histórica precisa sobre la legión. Solo algunos datos dispersos nos indican que la unidad siguió activa algunos años más, aunque no podamos establecer con certeza cuál fue su final. A esto se suma el hecho de que la IX Hispana no aparece citada en la inscripción del año 162 citada anteriormente (ILS 2288; CIL VI 3492, A, B.) en la cual se enumeraban, en orden geográfico, las 28/30 legiones activas en esos momentos.

La desaparición de la IX Hispana de los registros históricos ha generado un vivo interés tanto en el mundo académico, deseoso de situar en un marco histórico el fin de la legión, como en escritores y, más recientemente, en la industria del cine, que han hallado en este “misterio britano” una fuente de inspiración en la que centrar su ánimo creativo en busca de un final épico para la legión perdida.

De esta forma, ya a principios del siglo XX, el historiador y arqueólogo británico Francis J. Haverfield avanzó la idea de que la legión IX Hispana podría haber sido destruida o disuelta tras algún desastre militar acaecido en el norte de Britania o incluso en Escocia (Haverfield, F.J., The Roman Ocupation of Britain, Oxford, 1924.). Esta idea fue posteriormente desarrollada por la escritora Rosemary Sutcliff en la novela que escribió sobre el tema (El Águila de la novena legión, 1954). La inspiración de Sutcliff a la hora de escribir la obra fue el descubrimiento, en el siglo XIX, de un águila de bronce en las excavaciones arqueológicas en la ciudad de Silchester. Un poco más tarde, en el año 1955, el arqueólogo e historiador Ian Richmond defendió la idea de que la IX legión Hispana fuera disuelta por Adriano durante su visita a la provincia britana en el año 122 tras haber sufrido la unidad diversas derrotas.

Águila de bronce hallada en las excavaciones arqueológicas en la ciudad de Silchester.

Es, sin duda alguna, la versión de Rosemary Sutcliff de la destrucción de la IX Hispana en su marcha hacia el norte de Britania la que ha quedado grabada en la imaginación popular como un hecho histórico contrastado. Veamos, pues, lo que la historia puede decir acerca de ello.

El final de la IX Hispana. Los datos históricos.

Uno de los primeros escenarios donde se ubicó el final de la legión IX Hispana fue en la propia Britania. Allí se produjo, durante los primeros años del reinado de Adriano (117-119) cierta agitación de la que no estamos muy bien informados. Algunas indicaciones de la Historia Augusta y del De Bello Parthico de Frontón y la leyendas de varias monedas acuñadas por el propio Adriano, nos informan de problemas militares en Britania, aunque desconocemos su entidad y características. Sería, pues, en este conflicto donde la IX Hispana hallaría su fin al ser derrotada por los britanos en el norte de la isla, hecho, del que, por otra parte, no disponemos de ninguna prueba histórica. De la misma forma la inseguridad en la zona provocaría, en el año 122, la llegada del propio emperador y el inicio de la construcción, en el norte de la isla, del muro que lleva su nombre.

Pocas son las evidencias sobre la existencia de la IX Hispana a partir del año 107/108. Entre ellas están un mortero (mortarium) hallado en Holdeurn, cerca de Nimega, (la antigua ciudad de Noviomagus) en el este de los Países Bajos, que posee un sello de la legión IX Hispana; dos tejas estampadas con una inscripción parecida a la anterior halladas en la propia ciudad de Nimega; un altar dedicado a Apolo erigido por el prefecto de la IX Hispana hallado en la ciudad alemana de Aquisgrán; una inscripción anónima de un tribuno de la legión IX que sirvió en ella estando ésta asentada en la Baja Germania y diversas inscripciones de oficiales que sirvieron en la legión en años posteriores al 120 d.C. La datación de algunos de estos hallazgos, al menos de aquellos con una cronología más segura, ha puesto en duda la destrucción o disolución de la unidad en una fecha anterior a la década de los años 20 del siglo II. Si esto fuera cierto refutaría la idea de la destrucción de la legión en Britania durante los primeros años del reinado de Adriano (117-119).

Otros datos epigráficos han puesto en duda este final de la legión. Entre ellos se hallan las carreras militares y políticas (cursus honorum) de diversos oficiales que sirvieron en la IX Hispana en fechas posteriores. He aquí la información que poseemos sobre ellos:

1-    L. Emilio Caro, tribuno laticlavii (o primer tribuno) de la legión a mediados de la década de los años 20 del siglo II.
2-    L. Novio Crispino, laticlavii que sirvió en la legión no antes del 130 d.C.
3-    Annio Sextio Florentino, legado de la IX en el año 123 d.C.
4-    M. Cocceio Severo, que sirvió como primipilo (el centurión de la primera centuria de la primera cohorte de una legión romana ) de la unidad hacia el año 126 d.C.

Estas carreras militares rebaten de nuevo la idea de la desaparición de la IX Hispana a principios del reinado de Adriano en Britania y prolongan su existencia varios años más. De ahí que los especialistas hayan buscado algún otro escenario histórico en el que situar la desaparición de la legión, situado éste entre el año 107/108, en el que poseemos la última información contrastada de su existencia, y el año 162, fecha de la inscripción erigida en tiempos del emperador Marco Aurelio.

Uno de estos escenarios es la rebelión judía de Bar-Kokhba, enfrentamiento conocido como la II Guerra judeo-romana (132-135). Este conflicto obligó al emperador Adriano a desplazar unidades militares de otras provincias a Judea para hacer frente a los rebeldes, otorgando la dirección de las operaciones al gobernador de Britania Julio Severo. Algunos historiadores han defendido la idea de que la IX Hispana hubiera podido partir en el año 134 hacia Judea junto con el gobernador de la provincia, en la que tras sufrir numerosas bajas la unidad sería disuelta. Sin embargo, aunque el traslado de Julio Severo sí que está documentado por las fuentes, no pasa lo mismo con la posible marcha de la IX Hispana, de la que no tenemos noticia alguna. Más aún, esta posibilidad no se adecua demasiado a la situación militar del conflicto tras la llegada de Julio Severo a Judea en el año 134, momento en el cual los rebeldes judíos estaban demasiado debilitados para hacer frente al contingente militar romano y, mucho menos, para infligirle una derrota de esas características.

Una nueva hipótesis sobre el final de la IX Hispana se generó tras el descubrimiento en el año 1972 de un diploma militar datado el 8 de febrero del año 161 d.C. durante el consulado de Quinto Numisio Junior. Este cónsul se creyó que era el mismo que el conocido por otra inscripción con el nombre de Q. Camurio Numisio Junior, del cual sabemos que fue tribuno de la IX legión Hispana, aunque no los años exactos en los que ejerció este cargo.

Si estas dos inscripciones pertenecen al mismo individuo, es decir, si podemos integrar la información proveniente de ambas en base al año en el que Quinto Numisio Junior fue nombrado cónsul y establecer para él una carrera militar y política normal para su época, se podría suponer que Q. Camurio Numisio Junior fue tribuno de la IX no antes de los años 135 o 140, retrasando aún más en el tiempo la fecha de desaparición de la IX Hispana.

Esta hipótesis ha llevado a los historiadores a buscar un nuevo escenario temporal adecuado para ubicar el final de la legión, esta vez entre el año 140, data fijada con el cursus honorum de Numisio Junior y el 162 d.C., fecha de la inscripción erigida en tiempos de  Marco Aurelio. Este nuevo escenario se ha situado en el desastre de Elegeia (Armenia) del año 161, donde, según Dión Casio una legión romana fue destruida a manos de las tropas partas dirigidas por el general Cosroes.

Sin embargo no todos los especialistas aceptan esta teoría, ya que algunos pretenden diferenciar entre Quinto Numisio Junior, mencionado en el diploma militar, y Q. Camurio Numisio Junior, citado en la inscripción sin fecha, haciendo del primero el hijo del segundo, por lo cual la fecha del consulado y, por tanto, también la del tribunado de la legión IX Hispana se avanzaría en el tiempo, descartando, así, la fecha del año 140 como la última de la que tenemos información de la existencia de la legión.

De ahí que, aunque conozcamos algo más sobre historia de la legión IX Hispana, no hayamos podido determinar cuál fue su destino final. A pesar de que sabemos que la legión no fue destruida ni disuelta en Britania en época del emperador Adriano desconocemos si halló su final en Judea durante la revuelta de Bar-Kokhba bajo las órdenes del general Julio Severo o si fue destruida por las tropas partas en la batalla de Elegeia en el año 161. De lo que único de lo que estamos seguros es de que la legión IX Hispana ya no estaba activa al inicio del reinado de Marco Aurelio, ya que no aparece en la famosa inscripción del año 162. De ahí que aún no se haya desvelado el secreto de la IX Hispana y que por lo tanto el misterio acerca de su final siga abatiéndose sobre la historia de Roma y siga proveyendo de una temática apasionante a todo aquel que se acerque a ella.

Bibliografía específica:

Birley, A. R., The Roman Government of Britain, Oxford-Nueva York, 2005.

Erdkamp, P. (Edi.), A Companion to the Roman Army, Malden-Oxford-Carlton, 2007.

Goldsworthy, A., El ejército romano, Madrid, 2005

Ireland, S.Roman Britain. A Sourcebook, Abingdon-Nueva York, 2008.

Keppie, L., “The fate of the Ninth Legion. A problem for the esatren provinces?, en The Eastern Frontier of the Roman Empire, 1989, págs. 247-255.

Keppie. L., “Legio VIIII in Britain: The Beginning and the End”, en Legions and Veterans. Roman Army Papers, Stuttgart, 2000, págs. 201-218.

Keppie, L., “Legiones II Augusta, VI Victrix, IX Hispana, XX Valeria Victrix”, en Les Légions de Rome sous le Haut-Empire, Lyon, 2000, págs. 25-35.

Mor,  M., “Two legions – the same fate? The disappearance of the legions IX hispana and XXII Deiotariana” en Zeitschrift für papyrologie und epigraphik, nº 62, Bonn, 1986.

Shotter, D., Roman Britain, Abingdon-Nueva York, 2004.

Ficción:

Literatura:

El águila de la IX legión
, Rosemary Sutcliff (1955)

Cine:

http://www.plataformaeditorial.com/cont/novedades/novedades_sola_es.php?idField=52&table=novedades

La última legión, de  Doug Lefler (2007)

http://www.imdb.es/title/tt0462396/

Centurión, de Neil Marshall (2010)

http://www.imdb.es/title/tt1020558/

La legión del águila, de Kevin Macdonald (2011)

http://www.imdb.es/title/tt1034389/Añadir objeto

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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez


Versión pdf artículo El misterio de la IX legión Hispana

Publicación: Año 69. El año de los cuatro emperadores, de Juan Luis Posadas.

Os presentamos aquí Año 69. El año de los cuatro emperadores de Juan Luis Posadas, una novedad del año 2009 de Ediciones del Laberinto, una oportunidad inmejorable para conocer el final de la dinastía de emperadores más famosa de la historia de Roma, los Julio-Claudios, y para descubrir uno de los años, sin duda alguna, más turbulentos de la historia del Imperio romano.

El Imperio romano en la época en que nació Jesús, era poco más que el patrimonio personal de una serie de gobernantes más o menos autocráticos nacidos o conectados por vía adoptiva con la familia de Julio César y de su sobrino-nieto Augusto. Ambos políticos, probablemente dos de las personas más influyentes de la Historia universal, fundaron un Estado que mantenía las apariencias institucionales de la vieja República oligárquica romana, pero que en el fondo funcionaba como una autocracia férreamente dirigida por emperadores que sustentaban su poder en el dominio de las legiones romanas y la manipulación de los deseos del pueblo y del Senado.

Cuando murió Nerón, en el año 68 d.C., el último representante de los Julios-Claudios, la dinastía fundada por Augusto, se puso en entredicho la Constitución romana en su vertiente imperial: una sucesión de generales intentaron hacerse con el poder y fundar sus propias dinastías, durante un año, el 69 d. C.: desde generales que se habían rebelado contra Nerón, como Galba, perteneciente a una antigua familia republicana, a Otón, que reivindicaba el nombre de Nerón y sobre todo su forma de gobernar. A ellos sucedieron después Vitelio, de familia también antigua, pero que había menguado con los Julio-Claudios, y Vespasiano, el hombre nuevo, de baja extracción, que fue el que finalmente triunfó. En esta crisis del año 69 d. C. se pueden, pues, observar las características del poder romano, la composición y fuerza de sus legiones, y el carácter y principios políticos de los diferentes emperadores.

Título: Año 69. El año de los cuatro emperadores
Autor: Juan Luis Posadas
Editorial: Ediciones del Laberinto S.L.
Colección: Años decisivos en la historia
Formato: 15,5 x 23,5 cm
Encuadernación: Cartoné
Nº páginas: 256
Precio: 18,85 €
Fecha de publicación: octubre 2009
ISBN: 9788484833871

Novedad editorial: Breve historia de los persas, de Jorge Pisa Sánchez.


Os presentamos en CULTURALIA una de las últimas novedades de la editorial Nowtilus, Breve Historia de los Persas, escrito por Jorge Pisa Sánchez, un viaje a través de la historia de uno de los Estados más importantes de la Antigüedad.

Breve Historia de los persas recorre la historia del imperio Persa desde la aparición de los primeros estados en la zona del Creciente Fértil (circa 2.700 a.C.) hasta la conquista musulmana de Persia en el siglo VII d.C. La obra analiza los diversos periodos de la historia de Persia: los orígenes de la civilización, Elam, la hegemonía Meda, el Imperio Aqueménida, la conquista de Alejandro Magno, el imperio Parto y el período Sasánida. El texto también nos presenta la cultura, la arqueología y el mundo religioso del Oriente persa antiguo y las contribuciones que más de tres mil años de historia aportaron a la cultura y al patrimonio universal.

Jorge Pisa es historiador especializado en Historia Antigua y Antigüedad Tardía. Ha dedicado varios años a la Arqueología excavando en yacimientos de época ibérica, romana y medieval. Ha publicado diversos artículos históricos y ha colaborado en la publicación de libros de Historia como Visión Histórica de Caldes de Montbui, Los Layetanos, los íberos de la Torre Roja o El termalismo en Caldes de Montbui. Además de su experiencia en el ámbito de la divulgación histórica colabora con el sitio web www.revistadeletras.net y dirige el blog Culturalia.

En Ediciones Nowtilus ha publicado Breve historia de Hispania (2009).

¿Sabías que…
…el origen de la prueba olímpica del maratón está en el enfrentamiento entre persas y griegos?
…los persas aqueménidas crearon el primer servicio postal de la Historia?
…el rey macedonio Alejandro Magno conquistó todo el territorio persa antes de morir a los 33 años?
…en el Cáucaso existió un territorio llamado Iberia?
…el avance de las conquistas musulmanas puso fin a uno de los imperios más extensos de la
Antigüedad?

Entrevista con el autor:

¿Qué le ha impulsado a escribir la historia de esta civilización?

Los persas (aqueménidas, partos y sasánidas) son unos grandes desconocidos de la historia, al menos en nuestro país. Sin embargo tuvieron una gran importancia no solo en la historia de Asia sino también en la historia del Occidente europeo. Se enfrentaron a griegos (Guerras Médicas), romanos y bizantinos y fue el único Estado organizado que igualó e incluso superó en diversas ocasiones y ámbitos al Imperio romano. Este libro pretende acercar la historia de los persas al público interesado en la historia y devolverles, un poco, al lugar central en la literatura histórica y de difusión que posee en otros países.

¿Cree que había un vacío editorial sobre los persas?

Un vacío editorial grandioso en castellano. Posiblemente existía algún libro sobre los persas aqueménidas, pero ninguno que repase la historia de Irán incluyendo a elamitas, medos, aqueménidas, partos y sasánidas y menos con la rigurosidad y alcance de Breve Historia de los persas. Un recorrido por la Historia Antigua y por parte de la Edad Media.

¿Qué van a descubrir los lectores sobre los persas leyendo esta obra?

Un gran e importante episodio de la historia; Un territorio fascinante; La contrapartida irania (oriental) al pasado antiguo greco-romano; la historia de unos grandes reyes y una cultura atractiva, misteriosa y sorprendente. La grandeza de una gran civilización olvidada y poco valorada (hasta ahora) en nuestro país. Una historia única y maravillosa.

¿Podría explicarnos el proceso que lleva a cabo para redactar una obra de estas características (documentación, fuentes empleadas, contrastación de datos, escritura, revisión)?

Recopilación de la documentación (libros) más actuales sobre el tema (solo existente en otras lenguas, no en la española) y de los autores especializados sobre el tema. Recopilación de fuentes escritas de la época basadas en obras de autores griegos, romanos y árabes; documentación arqueológica. Una vez recopilada toda esta información realizo un estudio profundo de su contenido y de sus filum histórico, lo que me hace comparar las ideas, teorías, y hechos relatados en las fuentes y en la bibliografía secundaria. Una vez decidido que es lo más veraz y auténtico (careo de las fuentes y de la bibliografía secundaria) escribo el resultado, consiguiendo un texto veraz y actualizado. Éste es revisado en múltiples ocasiones hasta conseguir el texto definitivo con un alto grado de difusión.

Usted es conocido principalmente como autor de ensayo divulgativo, ya que dentro de esta colección ha publicado otros título sobre Hispania, ¿cómo espera que acojan sus lectores esta nueva obra divulgativa?

Espero que se acoja con gran sorpresa (por la temática tratada (única, si no me equivoco en lengua española) y con gran interés. Aquellos interesados en el tema (Irán antiguo) no han podido gozar de una historia de los persas como la presentada por la colección Breve Historia. Espero que lo acojan también con entusiasmo y con las ganas de leerlo lo antes posible

Os dejamos un enlace a la editorial Nowtilus donde podréis encontrar la ficha del libro, información sobre el mismo, podréis leer la introducción de la obra y el primer capítulo y escuchar una entrevista al autor.

Ediciones Nowtilus_Ficha editorial Breve historia de los persas

Publicación: Los espartanos. Una historia épica, de Paul Cartledge, editorial Ariel.


Aquí os reseñamos un libro que merece la pena, Los espartanos. Una historia épica de Paul Cartledge, una viaje a través de la historia una de las ciudades-estado griegas más complejas e interesantes de la Antigüedad y la gran rival de Atenas en los siglos V y IV a.C.

Id y decid a los espartanos… Los espartanos son nuestros antepasados exactamente igual que los atenienses. Pero mientras que los éstos fomentaron la democracia, el individualismo y la alta cultura, su gran rival, Esparta, encarnó el militarismo, el centralismo autoritario, la segregación y una brutal represión. Las selectivas matanzas anuales de esclavos y el asesinato de sus recién nacidos débiles aportan también su granito de arena a ese espíritu despiadado. Los espartanos personificaban la superioridad física y la organización eficiente. Tan implacables como abnegados, sus rituales guerreros hicieron de ellos la fuerza de combate por excelencia: la legendaria batalla de las Termópilas resume todo lo que es Esparta.

Paul Cartledge

Formado en la Universidad de Oxford, Paul Cartledge, es profesor de Historia Griega en la Universidad de Cambridge. Es autor de numerosos libros sobre historia de la Antigua Grecia, entre ellos Termópilas (2008), Los griegos (2004) o Alejandro Magno (2008).

Más allá de los mitos, Paul Cartledge nos presenta la absorbente historia de un pueblo extraordinario, desde su condición de gran potencia hasta su desaparición final. ¡Esparta vive!

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«El eminente historiador Paul Cartledge nos regala una admirable crónica del ascenso y caída de Esparta… La prosa cristalina de Cartledge, su vivaz capacidad narrativa y sus lúcidas indagaciones históricas dan como resultado una historia de primera magnitud de los espartanos», PublishersWeekly.

«En su panorama sobre la verdadera Esparta, Cartledge fusiona su erudición con una agilidad y entusiasmo que estimulará a los lectores desde la primera página», Booklist.

«Una lúcida y elegante historia de una sociedad legendaria… El autor destaca los logros y la bravura de sus héroes guerreros, pero también muestra las zonas más oscuras de la vida espartana», Kirkus Reviews.

Título: Los espartanos. Una historia épica
Autor: Paul Cartledge
Fecha de publicación: Febrero de 2009
Editorial: Ariel  Páginas: 300
Precio: 21,90 €
Colección: Ariel Historia
Páginas: 288
ISBN: 978-84-344-8793-2
Formato: 14,5 x 23 cm.
Encuadernación: Rústica con solapas

Ficha editorial: http://www.planetadelibros.com/los-espartanos-libro-14602.html

Novedad editorial: La nación inventada, de Arsenio e Ignacio Escolar, Ediciones Península.


La Editorial Península nos presenta un análisis de la historia medieval de Castilla que se centra en el repaso de los mitos, verdades y leyendas que recorren la formación de la identidad nacional castellana.

La historia la escriben los vencedores, y la Castilla victoriosa no fue una excepción. En el siglo XIII, tras ganar la batalla de Las Navas de Tolosa y conquistar gran parte de al-Ándalus, cuando sólo faltaba la pieza del reino nazarí de Granada para completar el mapa de la llamada Reconquista, Castilla era sin duda la nación más pujante de la península Ibérica y una de las nuevas potencias europeas. Su pasado, sin embargo, no era tan brillante como su presente: «no había logrado la independencia de León hasta el siglo XI, había sido uno de los últimos reinos cristianos en nacer y en comenzar la guerra contra el islam». Fue en ese momento, durante los reinados de Fernando III y de Alfonso X, cuando toda una serie de falsos mitos, exageraciones y medias verdades —de los jueces de Castilla a Fernán González o El Cid—, entran en la corriente histórica. Han estado ahí hasta hace muy poco y aún forman parte de la cultura popular.

La nación inventada es un repaso divulgativo a la historia de esos siglos en los que se formó la identidad nacional castellana, la nación sobre la que después se edificó el casón de España. Escrito con rigor y un variado anecdotario, ideas e historia, Arsenio e Ignacio Escolar han conseguido repasar de forma amena la historia de Castilla separando, para siempre, realidad y leyenda.

Título: La nación inventada. Una historia diferente de Castilla.
Autores: Arsenio Escolar e Ignacio Escolar
Editorial: Ediciones Península
Colección: Atalaya
Género: No ficción o ensayo
Fecha de publicación: 30/09/2010
ISBN: 978-84-9942-047-9
Páginas: 344 pgs.
Precio: 24,90€
Formato: tapa dura con sobrecubierta; 16×23.8×2.6cm

Ficha editorial: http://www.edicionespeninsula.com/es/llibre/la-nacion-inventada_12096.html

Qué leer sobre Viriato y la Hispania romana

Aprovechando la inminnete llegada de Sus Majestades los Reyes de Oriente y que Antena3 ha decidido realizar un pequeño descanso en la emisión de los capítulos de la serie Hispania, la leyenda, aquí os reseñamos algunas obras de referencia con las cuales podréis conocer mejor la figura de Viriato y la época en la que vivió. Un grupo de obras que van desde la novela histórica hasta los estudios históricos que seguro que hará las delicias de los seguidores de la serie.

Viriato. El héroe hispano que luchó por la libertad de su pueblo, de Mauricio Pastor Muñoz, La Esfera de los Libros

Viriato El héroe hispano que lucho por la libertad de su pueblo_Mauricio Pastor MuñozExcelente estratega y líder carismático, Viriato ha pasado a la historia envuelto en los ropajes del mito. Poco después de sobrevivir a la horrible matanza ordenada por el pretor Galba, a mediados del siglo II a. C., este héroe milenario -apodado por algunos «Rómulo de Hispania»- comenzó su andadura como jefe de un grupo de guerreros lusitanos y dedicó su vida a hostigar al ejército romano, supliendo la inferioridad numérica y técnica de sus tropas con grandes dosis de astucia: convirtió la llamada «guerra de guerrillas» en una perfecta maquinaria de lucha y sus tácticas revolucionaron para siempre la concepción de la estrategia militar. Sus continuas victorias sobre el poderoso ejército imperial terminaron con un acuerdo de paz, por el que el Senado romano reconocía su condición de «rey de los lusitanos». Sólo la traición de tres de sus colaboradores más cercanos conseguiría poner fin a la exitosa carrera política y militar del héroe, cuyas magníficas exequias fueron el preludio de múltiples leyendas inmortales.

Fruto del análisis riguroso de las fuentes antiguas y de la revisión de los distintos mitos que han adornado la trayectoria de Viriato a lo largo de los siglos, el historiador Mauricio Pastor, profesor de Historia Antigua en la Universidad de Granada, nos ofrece en estas vibrantes páginas no sólo la biografía definitiva de uno de los grandes héroes de la historia de la península Ibérica, sino también el retrato de una época y un mundo en permanente convulsión, así como las pruebas inequívocas de que el valor de unos pocos puede hacer tambalear hasta al más arrogante de los imperios.

Título: Viriato: El héroe hispano que luchó por la libertad de su pueblo
Autor: Mauricio Pastor Muñoz
Lengua: castellano
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788497341783
Año de edición: 2004
Precio: 22 €

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Breve Historia de Hispania, de Jorge Pisa Sánchez, Editorial Nowtilus

Breve Historia de Hispanioa_Jorge Pisa SanchezBreve Historia de Hispania narra la llegada de Roma a la península Ibérica y la creación en su territorio de las primeras provincias romanas fuera de Italia. Se describen los episodios más apasionantes de la conquista romana, las grandes transformaciones que sufrió la península, los personajes que fraguaron su historia, el esplendor que alcanzaron las provincias hispanas bajo dominio romano y las causas que, a partir del siglo IV d.C., iniciaron la decadencia del poder de Roma no solo en Hispania sino en todo el Occidente mediterráneo y que posibilitó el establecimiento en su suelo de los diferentes reinos germánicos.

Título: Breve Historia de Hispania
Autor:
Jorge Pisa Sánchez
ISBN: 9788497637688
Formato: 13×19 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
Páginas: 256
Fecha de publicación: Septiembre 2009
Precio: 9,95 €

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Viriato, de Joao Aguiar, editoriales Quinteto y Edhasa

Viriato_de Joao AguilarLa epopeya del caudillo lusitano que intentó unir a todos los pueblos de Iberia contra el invasor romano. Una trepidante historia de batallas, amores y traiciones. La novela que convirtió a Aguiar en un autor de referencia de la literatura portuguesa.

Hispania, entre 150 y 75 a.C., es la auténtica protagonista de esta excelente novela que marca la lucha de resistencia contra el poder romano encabezada por Viriato.

Viriato ha pasado a la historia sobre todo como el defensor de un mundo que corría el riesgo de morir asfixiado por el poderío romano; el mundo en que se hunden las raíces más profundas de Portugal y España. Y es ese mundo, entonces en declive, el que con asombrosa fuerza y dramatismo evoca esta novela

Título: Viriato
Autor: Joao Aguiar
Editorial: Edhasa
Fecha de publicación: noviembre 2010
Colección: Narrativas históricas
ISBN: 9788435005876
Precio: 20,90 €

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Viriato, rey de los celtas, de M. D’Obrheravt, editorial Celya

Celtiké, 147-130 a. C). Representación dialogada de algunos momentos de la vida de un hombre al que los celtas dieron «Las virias», sólo concedido a los héroes- y los romanos reconocieron como «Amicus populi romani» -sólo concedido a los reyes-.

Título: Viriato, rey de los celtas
Autor: M. D’Obrheravt
Editorial: Celya.
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788496482166
Año de publicación: 2006
Precio: 9,99 €

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Hispania antigua, de Domingo Placido, editorial Crítica-Marcial Pons

Este primer volumen de los doce de que consta la Historia de España dirigida por los profesores Fontana y Villares nos presenta la Hispania Antigua en su unidad y su diversidad, en la dinámica diacrónica de una larga época repleta de cambios, desde los límites con la Prehistoria hasta los inicios de los reinos cristianos. El profesor Domingo Plácido inicia su exposición con los pueblos que describen las fuentes grecolatinas y con las colonizaciones de griegos y fenicios, para abordar la conquista romana desde la exigencia de que «historia local» e «historia universal» aparezcan como un todo. «Sin duda, nos dice el autor, a partir de las guerras púnicas la historia de la Península Ibérica es parte de la historia de Roma», y por ello analiza con todo rigor una doble proyección: la de los itálicos en Hispania y la de los hispanos en la guerra y en la administración del Imperio

Título: Hispania Antigua. Historia de España vol. 1
Autor: Domingo Plácido
Editor: Critica-marcial pons
Fecha de publicación: mayo 2009
Colección: Historia de España 1
ISBN: 9788474239157
Precio: 33 €

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Hispania, de Gonzalo Bravo, editorial La Esfera de los libros

Desde que Escipión el Africano desembarcó en Ampurias en el año 218 a.C. para combatir a los cartagineses hasta la caída del Imperio Romano occidental, en 476 d.C., la península Ibérica estuvo ligada estrechamente a los destinos de Roma. Más de seiscientos años de historia compartida, muchas veces turbulenta, en los que Hispania se convirtió en uno de los ejes principales del Mediterráneo.

Aníbal, los Escipiones, Viriato, Catón, Sertorio, Pompeyo, César, Augusto, Séneca, Trajano, Adriano o Teodosio son algunos de los grandes personajes vinculados de una forma u otra con Hispania. Mientras que Mérida, Zaragoza, Tarragona, Sevilla, Cádiz, León, Lisboa o Lugo forman parte de las grandes urbes cuyos orígenes se remontan a la presencia de las legiones romanas.

Gonzalo Bravo ofrece una visión rigurosa y completa de la romanización de la Península. Con gran amenidad, logra sumergir al lector en la conquista, no siempre pacífica, de los pueblos autóctonos; analiza la evolución de los sistemas políticos, la integración de las religiones, el desarrollo del comercio con el resto del Imperio o la construcción de obras públicas y, en definitiva, la transformación de la sociedad hispanorromana, para dar vida a uno de los periodos más apasionantes de la historia de España y Portugal.

Título: Hispania
Autor: Gonzalo Bravo
Editorial: La esfera de los libros
Fecha de publicación: agosto 2007
Colección: Historia
Páginas: 408
Precio: 26 €

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Historia de la Hispania romana, de Juan José Ferrer y Pedro Barceló

Los romanos llamaron Hispania a la península Ibérica, nombre derivado del topónimo I-sepha-im con el que la identificaron los fenicios; los bizantinos usarán Spania para referirse a ella, y con el tiempo acabará originándose el término moderno España. Esta prolongación toponímica es un ejemplo sutil del profundo arraigo de los patrones de toda clase que los casi siete siglos de presencia romana en la Península proporcionaron. Aunando el análisis del procedimiento de conquista e incorporación de Hispania en el amplio marco político y territorial dominado por Roma con el diseño de la dinámica económica y social inherente a dicho proceso, Pedro Barceló y Juan José Ferrer ofrecen en esta Historia de la Hispania romana una obra regida por un enfoque tan riguroso como moderno que está llamada a ser referencia indispensable en la materia.

Título: Historia de la Hispania romana
Autores: Juan José Ferrer, Pedro Barceló
Editorial: Alianza
Fecha de publicación: enero de 2008
Precio: 13,5 €