Archivo de la etiqueta: Alain Hernández

Crítica teatral: Magical History Club, en el teatro Coliseum.

magical-history-club_cartel¿Qué pasaría si diversas de las figuras clave de la historia volvieran a la vida en la Barcelona de hoy? ¿Y si por falta de trabajo crearan un espectáculo de monólogos históricos? ¿Y si detrás de todo ello estuviera la producción de Minoria Absoluta? Seguro que les garantizaría una hora y media de humor y de pasárselo bien.

Minoria Absoluta se atreve, gracias a los avances tecnológicos, a rescatar del pasado a cinco figuras de relieve como son Adolf Hitler, María Magdalena, Sigmund Freud, Mahatma Gandhi y Cleopatra. Como ven, personajes que pueden dar mucho de sí encima del escenario y en un espectáculo de humor al estilo El Club de la Comedia.

El espectáculo se organiza en dos líneas o niveles. La primera es la actuación de cada uno de los personajes, en las que se les da la vuelta a su naturaleza histórica: Adolf Hitler (Alain Hernández) buscando trabajo con un mancillado currículo de genocida; María Magdalena (Betsy Túrnez), relatándonos lo complicado de su relación amorosa con Jesucristo; Mahatma Gandhi (Lluís Villanueva) estallando en un ataque de ira debido al trato que recibe de sus compañeros de sonido; Cleopatra (Mireia Portas) dando muestras de que en la antigüedad las morenas podían ser, también, algo bobas y Sigmund Freud (Queco Novell) realizando un espectáculo basado en sus teorías sobre la influencia que tienen en la vida de los adultos sus traumas sexuales infantiles. Todo ello bajo la batuta de la dirección de Marc Crehuet.

La segunda línea narrativa del espectáculo nos permite observar el interior de los camerinos, donde se desarrolla una acción que normalmente no es visible en el teatro. Algo parecido a lo que algunos programas de televisión realizan al conectar durante su horario de emisión con las salas de espera de sus invitados, con el objetivo de que ellos se presenten a sí mismos. Aunque en esta ocasión la estratégia sirve para desarrollar una trama de humor complementaria a la que vemos sobre el escenario. Y es que uno se imagina que debe ser extraña y complicada la relación entre personajes tan diferentes y de periodos tan diversos.

magical-history-club_repartoMagical History Club es por tanto una oportunidad para pasárselo bien, sin muchas más aspiraciones, con una nueva propuesta de los de Minoria Absoluta, que persiste con olfato en su trayectoria previa, ya sea en la radio, en programas de humor televisivo como Polònia y Crackòvia, o en sus aventuras sobre los escenarios, y que se basa en la imitación de personajes y en el análisis por parte de estos de la realidad que les rodea, de donde se extrae el humor blando que caracteriza a la productora.

Respecto a los diferentes monólogos cabe destacar los interpretados por María Magdalena, una stripper muy choni que nos hará reír al relatarnos las minucias de su relación con un hombre-Dios (una estupenda Betsy Túrnez que domina los papeles cómicos a la perfección) y Adolf Hitler (Alain Hernández) que nos helará la sangre al atreverse a hacer humor con los símbolos nazis y con algunos de los episodios más oscuros de la historia del siglo XX. Sin embargo el monólogo de Cleopatra (Mireia Portas), necesita un poco más de desarrollo, que seguro que ha experimentado con el paso de las funciones. Como ven el acierto de la obra es variable, tanto como los monólogos que forman parte de ella.

Una propuesta de la que el público puede gozar consumiendo bebidas y aprovechando la disposición de las mesas y butacas de la platea al estilo de un club nocturno, una distribución heredera del espectáculo The Hole y que el teatro Capitol ha aprovechado desde entonces.

Minoría absoluta vuelve a apoderarse de los escenarios con la fórmula del éxito que ha ido desarrollando en los últimos años en diversos medios y nos permite constatar que se puede hablar y tratar sobre cualquier tema siempre que se haga desde el humor y sin ganas de generar polémica, al menos no más que la necesaria para atraer a los espectadores al teatro y hacer que disfruten de una velada histórica. Y si se puede hacer todo esto a través de la historia, pues mucho mejor!!

Magical History Club” se representa en el Teatre Coliseum a partir del 17 de marzo de 2014.

Idea original: Minoria Absoluta y El Cansancio
Autores: Marc Crehuet, Rafel Barceló, Jaume Buixó, Pau Escribano y Toni Soler
Dirección: Marc Crehuet
Reparto: Alain Hernández, Queco Novell, Mireia Portas, Betsy Túrnez, Lluís Villanueva y Berto Romero
Escenografía: Hamo Studio y Manu Pagès
Vestuario: Catou Verdier
Diseño iluminación y efectos sonoros: Xavi Gardés
Caracterización: Helena Fenoy
Producción: Minoria Absoluta

Horarios: miércoles y jueves a las 20:30 horas; viernes a las 21:00 horas; sábados a las 18:00 y a las 21:00 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: de 22 a 29 €
Idioma: catalán
Duración: 1 hora y media aproximadamente
——

Jorge Pisa Sánchez

Anuncios

Marc Crehuet, autor y director de El Rei Borni: “Gracias al tuerto los demás pueden abrir los ojos”

Sale acelerado de un plató a ritmo de “Pop Ràpid” (serie sobre modernos de manual de la que es director y guionista y cuya segunda temporada emite actualmente Televisió de Catalunya). No contento con eso, se trae a rastras a sus actores para servir a un monarca tuerto, contradictorio y desternillante. ¡Larga vida a Marc!

ImageLa búsqueda de Marc

 ¿Quién es el Rey Tuerto de esta función y quiénes los ciegos?

El “Rey Tuerto” es Ignasi, un manifestante que pierde un ojo a causa de una bola de goma y que se reencuentra casualmente con el agente antidisturbios que le disparó.
A raíz de su accidente, este “Rey” provoca que los demás reflexionen y duden. Gracias a ser tuerto el resto de personajes puede abrir los ojos.

 Sientas a cenar juntos a un “mosso d’esquadra” tirador y a un activista herido. ¿Serán capaces de comer en la misma mesa?

Al principio no saben quién es quién. En un momento dado, la verdad sale a la luz. Digamos que la comida no les sienta muy bien.

 ¿Cuál es el tono de este espectáculo?

La obra empieza siendo una comedia costumbrista pero se va oscureciendo y agriando hasta convertirse en una comedia negra. También tiene un aspecto crudo que remite al western por el enfrentamiento entre los dos protagonistas masculinos.

 ¿Qué te llevó a concebir “El Rei Borni”?

Empecé a escribir esta historia a partir de un suceso que me impactó especialmente: el caso de un chico italiano a quien le ocurrió lo mismo. Pensar en ello me provocó una serie de preguntas. Escribiendo me surgieron más. Quería saber cómo era una persona que se dedica a esta violencia institucional, que puede causar accidentes como este y que aquí son tristemente familiares.

 ¿Qué tal ha resultado la experiencia de parirlo?

Pues muy difícil porque yo nunca me había enfrentado a un componente social de esta índole. Además me resultaba algo muy cercano puesto que la obra se refiere a hechos ocurridos en la ciudad en la que vivo. Tenía miedo al abordar el tema. Estoy acostumbrado a la comedia y tenía claro que quería moverme dentro de ese género pero no quería obviar el aspecto dramático y social de la historia, así que tuve que encontrar un fino equilibrio para poder integrar todos estos aspectos.

¿Cómo fue el proceso de dramaturgia?

Empecé a escribir la obra un poco desde la indignación. Quería decir muchas cosas y la primera versión quedó demasiado discursiva. Conforme la iba escribiendo, descubrí que no se podían decir las cosas de una manera tan clara y por eso fui apostando cada vez más por el humor y los gags. He intentado mantener el equilibrio entre lo serio, lo trascendente y lo cómico huyendo del riesgo de frivolizar. A pesar de todo, el hecho de haber escrito esa primera versión es lo que hace que la obra esté cargada de ideas y no se quede solo en un conjunto de situaciones cómicas.

 Los personajes son ambiguos y, por consiguiente, ricos.

Sus claroscuros se van descubriendo a medida que avanza la obra. Te van llevando a sitios distintos con sus diferentes puntos de vista sobre la misma cuestión. Te hacen reír y también pensar.

 También aparece en “El Rei Borni” un político omnipresente.

Ese personaje me gusta especialmente porque abre una segunda línea narrativa, de carácter conceptual, paralela a la principal, que tiene un cariz más realista. Son como dos obras de teatro en una. Me pareció interesante que las dos historias se fusionaran después en una.

¿Se llevaría bien ese político con el resto de personajes si tuvieran que convivir?

Lo dudo porque pertenecen a mundos opuestos. A pesar de todo, nuestro político vive un proceso de humanización: empieza con un discurso frío, distante y abstracto y evoluciona hasta el punto de que quizás podría llegar a entender a otro ser humano. El político representa un discurso desgastado de los medios de comunicación y de muchas instituciones, que pierde sentido cuando hay problemas como los actuales.

 Hablas de la frustración y el descontento que siente la gente. ¿Cuáles son los que sientes tú como creador?

Escribir sirve para entender las cosas. Pensé que llegaría a alguna conclusión. Como autor, me siento satisfecho del resultado. Pero como individuo se me plantearon muchos interrogantes y no he conseguido averiguar las respuestas. Es difícil acercarse a la verdad en estos temas.

 ¿Salvas a alguna de tus criaturas al final de la función?

Yo creo que se salvan todos. No condeno del todo a ninguno. O condeno a cada uno, que viene a ser lo mismo: Todos somos personas y todos tenemos nuestros motivos para actuar, por muy absurdo que pueda parecernos.

Eres autor y director de esta propuesta escénica. ¿Cómo consigues que no se entrometa uno en la esfera del otro?

Hitchcock decía que “hay que rodar en contra del guión y montar en contra del rodaje”. Si no, te aburres trabajando. Aunque el texto (que es el resultado de un trabajo de varios meses) constituye la estructura férrea de la puesta en escena y previo a los ensayos, con los actores me gusta después probar, escucharles, incorporar los gags que se les ocurran.

Estrenasteis en la diminuta Sala Flyhard. Después de haber pasado por Madrid, volvéis a Barcelona y pasáis fugazmente por la flamante Sala Barts.

En el Barts estrenamos escenografía, que responde a algo de lo que habla la obra: el “valor de la austeridad”. Con poco presupuesto, los escenógrafos Pablo Sánchez y Manu Pagès han construido el esqueleto de la casa en la que transcurre la acción. A pesar de las grandes dimensiones de la Barts, hemos intentado mantener la atmósfera creada en la Flyhard para que el público tenga la sensación de hallarse en el escenario. Como espectador, me parece interesantísimo el poder estar tan cerca de la ficción. Si en el cine se busca atraer a más espectadores con el efecto “3D”, no hay nada más parecido a ello que una sala de teatro de pequeño o mediano formato, donde puedes casi tocar a los actores.

¿Cómo acaba este “Rey”?

El desenlace es potente, permite varias lecturas. Pero prefiero no seguir hablando de él porque es uno de los grandes momentos de la obra. Muchos espectadores nos han dicho que les ha parecido muy impactante.

¿Quién no debería ver “El Rei Borni”?

Esta obra la vio un chico a quien habían reventado un ojo en una manifestación, que vino acompañado de su madre y nos felicitó: Se había sentido muy identificado con el personaje central y se divirtió mucho. ¡Excepto en aquellos momentos en que el actor que interpreta al “mosso d’esquadra” adoptaba una actitud desafiante! Me gustaría saber qué opinan los que están al otro lado. No creo que hubiera ningún problema a menos que vinieran cuarenta de golpe…

 por Juan Marea

Image

Miki Esparbé, Betsy Túrnez, Alain Hernández y Ruth Llopis en la Corte

“El Rei Borni” se representa hasta el jueves 12 de septiembre
http://www.barts.cat/ca/e-120/EL-REI-BORNI

“El Rei Borni” de Marc Crehuet: Tuertos de risa

El Reino de los Cielos a menudo nos queda lejos. Pero como somos miméticos por naturaleza social, nos empeñamos en intentar reproducirlo siempre que tenemos ocasión de coincidir unos y otros. Y a la sazón el autor y director Marc Crehuet corona a un indignado para ajusticiar al verdugo que le dejó sin un ojo en el transcurso de una manifestación cuando el último ejercía impecablemente su labor de gestión de masas al dispararle con balas de goma. Eso creía el orgulloso agente antidisturbios hasta que las circunstancias le ponen de nuevo frente al objeto de su celo profesional. Momento ese de resolver apresuradamente quién de ambos tiene derecho a ostentar el cetro.

Pero bajemos un poco el nivel. Os presento una comedia ácida sobre cuatro jóvenes confundidos en un panorama donde la pasividad solidaria y la cobardía existencial saltan de un mitin político televisado al comedor extrarradial de una pareja que por un momento pensó recuperar la vigencia de su deseo de ser felices al invitar a otra a cenar. La tensión ante la evidencia de no tener ni querer nada que compartir unos y otros se adueña del lugar. Y Crehuet nos lo sirve en forma de comedia de situación salpimentada de escenas jocosas ocurrentes, intérpretes carismáticos y un hilo conductor políticamente incorrecto: ¿puede alguien abandonar su ceguera sin preocuparse del prójimo? ¿sirve de algo la cantinela de la clase política de alto standing al proclamar el conato de austeridad si ni siquiera somos capaces de compartir con nuestra pareja o con los amigos de antaño? El ágape se sucede sin el menor entusiasmo por parte de los forzados comensales. Y cuando se descubra el pastel, no habrá quien apague sus velas incendiarias.

Image

¿Larga vida al Rey?

El drama entonces no solo pasaba por allí sino que precipita una acelerada caída de estos chispeantes antihéroes para elevarlos a la gloria del absurdo cuando se descubren cómplices de un secuestro de primer orden. Y el delirio de la trama se convierte en su mejor baza porque se nos sirve con unos diálogos frescos y deliciosamente verosímiles. El juego de equívocos potencia la habilidad de un reparto acertado y ecléctico que impone unos personajes estupendamente dibujados. Pues la ambigüedad con que su autor los lanza al escenario permite que superen la caricatura y los acerca peligrosamente a contrafiguras de los desarmados espectadores, a los que corresponderá ser “tuertos” en un desenlace escalofriante cuyo efectismo no molesta sino que congela hábilmente las carcajadas pulverizando por unos instantes la ficción.

Por Juan Marea

Image

Un trío vasallo

EL REI BORNI
Teatre Barts
http://www.barts.cat/ca/e-120/EL-REI-BORNI
Avinguda del Paral·lel,62, de Barcelona
Del 31 de agosto al 12 de septiembre
Horario: de martes a sábado, a las 21 horas; domingo, a las 20 h
Precios: de 15 a 18 euros
En catalán

Autor y director: Marc Crehuet
Reparto: Xesc Cabot, Miki Esparbé, Alain Hernández, Ruth Llopis y Betsy Túrnez
Escenografía: Pablo Sánchez, Noelia Güerri y Jaime Cavero
Diseño de luces y sonido : Xavi Gardés
Vestuario: Mar Muñoz y Mar Guixé
Coreografía: Tuixén Benet

Crítica cinematográfica: Terrados, de Demian Sabini

Poster_Terrados_01

Día tras día aparecen en los medios de comunicación numerosos expertos en economía vaticinando un futuro desalentador para todos nosotros, palabras que, quizás sin pretenderlo, consiguen arrebatarle al ciudadano de a pie lo único que aún le queda: la esperanza. Sin embargo, también los hay que utilizan tópicos optimistas, frases como “la crisis agudiza las ideas” para animarnos a probar suerte y llevar a buen puerto, con mucha voluntad, nuestros proyectos sin que esta situación ponga trabas a nuestras ilusiones. Demian Sabini forma parte del segundo grupo, del que intenta hacer realidad su sueño al margen de la difícil coyuntura económica que azota al país en la actualidad; así, pensó que la desocupación que padecen los jóvenes alrededor de la treintena (como él mismo), una generación sobradamente preparada –carreras universitarias, masters, doctorados,…– que pierde su empleo y no encuentra otro a pesar de presentar un currículum impecable, merecía ser denunciada utilizando una buena película como altavoz. El resultado es Terrados, un film en el que Sabini ejerce de productor, director, guionista y actor con apenas 12.000 € de presupuesto –rodada en 21 días con actores que no cobraron– en el que esos jóvenes en paro buscan refugio en los terrados de Barcelona, lugares que les sirven para huir de la realidad y tomar distancia de sus dramas personales.

La idea de la película surgió de una anécdota real de Carolina Cabrerizo (Elsa en la película), quien comentó a Sabini como, en sus tiempos de estudiante y de vuelta a casa tras una noche de juerga, se colaba en algunos terrados para ver amanecer. Al director le pareció que ese escenario sería un refugio ideal para aquellos jóvenes en paro que no saben a qué dedicar las horas muertas mientras esperan que alguna empresa responda a los currículums enviados. De esta manera nacieron en su imaginación los protagonistas de la historia: Leo, Mario, Elsa, Pablo y Nachete, cinco muchachos –que bien podríamos ser cualquiera de nosotros– que no encuentran trabajo a pesar de su experiencia laboral, así que recorren la ciudad en busca de un terrado en el que pasar el rato, jóvenes sin posibilidades reales de formar una familia (alguno se ve obligado a vivir con sus padres), con uno de sus protagonistas (Leo, interpretado por Sabini) confuso al ver tambalear su relación de pareja al mismo tiempo que el desencanto se apodera de su realidad diaria.

Fotograma de la película
Fotograma de la película

Sin recrearse en dramatismos (de hecho, también hay lugar para el humor), Terrados muestra de forma sincera la realidad de una generación que ve cómo el presente se le escapa de las manos sin poder evitarlo, jóvenes abrumados por las continuas noticias negativas y tan desanimados que apenas prestan atención a su aspecto. Además, para ellos la calle se ha vuelto un lugar hostil en el que solo encuentran incomprensión (incluso por parte del entorno más cercano, que les acusa de no afrontar los problemas como correspondería a un adulto) en contraposición a los terrados, donde nadie les juzga, el grupo se muestra unido y solidario con sus compañeros de penurias, aquellos que sí entienden realmente lo que les atormenta, una extraña situación laboral que les ha arrebatado su razón de ser ya que, en palabras de Elsa, “… el derecho al trabajo sea el derecho de la ciudadanía por excelencia, el primer derecho. Por ello, quien pierde el trabajo ve mermado su derecho”, algo que nuestros gobernantes han olvidado por completo.

Lejos de ser una exaltación del dolce far niente, con esas reuniones pretenden sentirse menos solos y encontrar, así, la manera de salir de esa espiral de negatividad en la que se hallan. En su discurso encontramos una crítica al capitalismo –parece que nuestro presente inevitablemente deba reducirse al “gasto, luego existo”–, a la poca utilidad de la universidad –“estudia una carrera y no te faltará nunca el trabajo”, decían nuestros padres sin imaginar que, en un momento como el actual, aquello no sería más que un papel mojado–, a quienes piensan que los meses de paro son unas vacaciones pagadas –siempre que tengas un buen colchón monetario detrás, claro– y, por qué no, a una parte de esta generación que, frágil e idealista, cuando las cosas no salen como lo había planeado se ofusca en la negatividad y no encuentra salida. Sin embargo, en la película se vislumbra algo de esperanza en el futuro, la vida siempre nos depara una segunda oportunidad y hay que aprovecharla, aunque sea reinventándose y dejando atrás lo que, hasta el momento, consideraban que era lo suyo.

Rodada poco antes de que se iniciara la acampada del movimiento 15-M en Plaça Catalunya –finalmente el desencanto de los jóvenes se transformó en indignación–, Terrados es una buena muestra de cine necesario, aquel que no ignora los problemas de la gente y que considera que una película debe ser algo más que un mero entretenimiento; además, es el ejemplo de que una buena historia y las ideas claras compensan con creces la falta de recursos –si no fuera así hubiera sido imposible contar con una canción de Macaco en su banda sonora, “Con la mano levantá”, un tema publicado hace más de seis años que ya advertía que “el futuro pende de un hilo”–, de tal forma que incluso recibió el premio del público del Seminci de Valladolid, que valoró su compromiso con la cruda realidad del momento. Con todo, Demian Sabini no lo tuvo fácil para proyectar en los cines su obra: tan solo el Maldà de Barcelona programó su estreno el 19 de octubre, por lo que debemos felicitar a BTV por emitir en televisión el pasado 30 de noviembre esta excelente película, especialmente recomendada, tal y como refleja la dedicatoria final, para “todo el que, en algún momento de su vida, no ha sabido quién era”.

Título: Terrados
Director: Demian Sabini
Intérpretes: Demian Sabini, Alain Hernández, Carla Pérez, Carolina Cabrerizo, David Resplandí, Pablo Molinero, Jessica Alonso, Álex Molero, Anna Bertran, José María Blanco, Carol Groot, Jesús Rodríguez, Magda Puig, Óscar Aragonés, Jesús Comaposada, Pablo Sola
País: España
Año: 2011
Duración: 76 minutos

____________________
Escrito por: Robert Martínez Colomé