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“El llarg dinar de Nadal” de la Cia. La Ruta 40: Postres agredolces

L’esplendor d’una família es mesura per la consistència dels seus vincles afectius. Així es com ens agrada pensar que es fa. Però en realitat cal anar molt més endins. I és per això que la majoria de nissagues acaben convertint-se en una caricatura, en un grapat d’estampes malmeses per la convenció social i el bloqueig emocional.

Al Círcol Maldà paren una taula opulenta i hi instal·len tot seguit els Bayard, que cada cop que comparteixen àpat respiren assossegats a la “zona de confort”. Però la solemnitat de senyors i criats teixeix amb paciència infinita una teranyina on s’agita atrapada la tendresa, que quedarà engolida voraçment pel temps.

El llarg dinar de Nadal” suposa una proposta molt oportuna aquests dies i, malgrat el seu alè de fulletó familiar (o desfilada incessant de generacions descendent els uns dels altres), resulta exemplar per la delicadesa amb què el seu autor, Thornton Wilder, exposa la dificultat d’expressar-nos emocionalment i d’acceptar la individualitat de cada membre del clan i, finalment, la importància de l’herència sentimental per a assumir la pròpia personalitat. Tot plegat, sense caure en la trampa del discurs moralista ni el transcendentalisme indigest. En aquest sopar, els plats són plens de poesia quotidiana i els coberts, les ganes dels comensals d’equilibrar els seus neguits vitals amb els imperatius contextuals.

 

Alberto Díaz dirigeix una feina digna reproduint amb sensibilitat el luxe que demana l’ocasió i, malgrat algunes incoherències en la posada en escena (la carn es talla amb el ganivet del peix), assoleix, al capdavant de la Cia. La Ruta 40, una elegància escènica combinant el recurs a la suggestió amb una eficaç delimitació de l’espai: El camí que recorren els personatges quan agonitzen resulta tan bell que els nostres ulls lamenten que s’esborri en la llunyania. Després hi ha l’entusiasme interpretatiu: Tot i que la major part del repartiment és poc creïble quan li toca donar vida als personatges en les seves etapes més joves, a mesura que van madurant al llarg de la representació creix també la seva convicció. I entre els seus companys, Maria Rodriguez Soto exhibeix una classe excepcional i destil·la matisos encisadors; Magda Puig ensenya amb gràcia les dents de la covardia que arriba a rebel·lar-se; i Ignasi Guasch inquieta amb la seva autoritat patriarcal.

I ara, a desparar la taula, que les restes del banquet no valen res soles.

per Juan Marea

El llarg dinar de Nadales representa al Círcol Maldà de Barcelona fins al 7 de desembre.
http://circolmalda.cat/el-llarg-dinar-de-nadal/

 

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“Vaques Sagrades” en el Almeria Teatre: Leche nutritiva

Mugir o no mugir.
Esa también es la cuestión.
Si nos toca hacerlo a cuatro patas, intentemos al menos quitarnos el cencerro.
Y podremos percibir mejor el olor de la libertad.
He aquí la historia de una evasión y las inevitables consecuencias por parte de un trío de sabias prosaicas contada con ternura, humor y cierta pretenciosidad.

teatro-vaques-sagrades-almeria-teatre-barcelona_img-184861¡Qué hermoso será su prado!

Vaques sagrades” nos deja boquiabiertos porque Joan Arqué dirige con personalidad, sensibilidad y habilidad. Y su rebaño le devuelve generosamente la confianza depositada: Magda Puig y el temperamental tesón; Juan Pablo Mirando exhibiendo gracejo resultón; y Lavinia Vila con su chispeante ingenuidad.

Vaques sagrades” nos maravilla por la descripción de los tres protagonistas desde la elegante caracterización de Rosa Lugo Fábregas a la acertada expresión corporal de los intérpretes en manos de Marta Hervàs.

La fórmula dramatúrgica empleada por Denise Duncan es, además, seductora: Consiste en alternar una narración verbal a tres voces con la escenificación a modo de cuadro plástico intercalando incluso momentos agradecidos de “club de la comedia”. Todo ello impregna el espectáculo de un ritmo ágil, juguetón y muy desenfadado.

El goce se amortigua, no obstante, cuando el texto entra sin previo aviso en un registro más combativo, aquel mediante el cual la autora intenta articular a retazos un mensaje de militancia existencialista democrática. Porque entonces se desequilibra la fábula planteada perdiendo la frescura.

Y es que la obra funciona muy bien cuando no se aparta del derrotero más suave y contundente (dicen que las palabras se las lleva el viento y estas criaturas rumiantes son más bien gente de acción) de la aventura argumental (un paseo por Barcelona en pos de un Shangri-La de Verdes Pastos) donde no chirrían algunas sentencias estupendas (“hay que estar solo en la montaña para ver” dice la acosada Puig al acosador Mirando; “la libertad ya no huele a musgo, ¡la libertad apesta!” concluye una de las fugitivas en unos instantes de duda y crisis).

Si George Orwell prendió fuego hace casi setenta años con “Rebelión en la granja”, ahora el Almeria Teatre enciende sugerentes chispas diciéndonos que sienta bien salir a dar una vuelta antes de aceptar nuestro inevitable destino en el mostrador de la carnicería.

 Por Juan Marea

 “Vaques sagrades” se representa en el Almeria Teatre hasta el 26 de enero.

teatro-vaques-sagrades-teatre-ponent-granollers_img-170879No habrá hierba para los soñadores.

Crítica cinematográfica: Terrados, de Demian Sabini

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Día tras día aparecen en los medios de comunicación numerosos expertos en economía vaticinando un futuro desalentador para todos nosotros, palabras que, quizás sin pretenderlo, consiguen arrebatarle al ciudadano de a pie lo único que aún le queda: la esperanza. Sin embargo, también los hay que utilizan tópicos optimistas, frases como “la crisis agudiza las ideas” para animarnos a probar suerte y llevar a buen puerto, con mucha voluntad, nuestros proyectos sin que esta situación ponga trabas a nuestras ilusiones. Demian Sabini forma parte del segundo grupo, del que intenta hacer realidad su sueño al margen de la difícil coyuntura económica que azota al país en la actualidad; así, pensó que la desocupación que padecen los jóvenes alrededor de la treintena (como él mismo), una generación sobradamente preparada –carreras universitarias, masters, doctorados,…– que pierde su empleo y no encuentra otro a pesar de presentar un currículum impecable, merecía ser denunciada utilizando una buena película como altavoz. El resultado es Terrados, un film en el que Sabini ejerce de productor, director, guionista y actor con apenas 12.000 € de presupuesto –rodada en 21 días con actores que no cobraron– en el que esos jóvenes en paro buscan refugio en los terrados de Barcelona, lugares que les sirven para huir de la realidad y tomar distancia de sus dramas personales.

La idea de la película surgió de una anécdota real de Carolina Cabrerizo (Elsa en la película), quien comentó a Sabini como, en sus tiempos de estudiante y de vuelta a casa tras una noche de juerga, se colaba en algunos terrados para ver amanecer. Al director le pareció que ese escenario sería un refugio ideal para aquellos jóvenes en paro que no saben a qué dedicar las horas muertas mientras esperan que alguna empresa responda a los currículums enviados. De esta manera nacieron en su imaginación los protagonistas de la historia: Leo, Mario, Elsa, Pablo y Nachete, cinco muchachos –que bien podríamos ser cualquiera de nosotros– que no encuentran trabajo a pesar de su experiencia laboral, así que recorren la ciudad en busca de un terrado en el que pasar el rato, jóvenes sin posibilidades reales de formar una familia (alguno se ve obligado a vivir con sus padres), con uno de sus protagonistas (Leo, interpretado por Sabini) confuso al ver tambalear su relación de pareja al mismo tiempo que el desencanto se apodera de su realidad diaria.

Fotograma de la película
Fotograma de la película

Sin recrearse en dramatismos (de hecho, también hay lugar para el humor), Terrados muestra de forma sincera la realidad de una generación que ve cómo el presente se le escapa de las manos sin poder evitarlo, jóvenes abrumados por las continuas noticias negativas y tan desanimados que apenas prestan atención a su aspecto. Además, para ellos la calle se ha vuelto un lugar hostil en el que solo encuentran incomprensión (incluso por parte del entorno más cercano, que les acusa de no afrontar los problemas como correspondería a un adulto) en contraposición a los terrados, donde nadie les juzga, el grupo se muestra unido y solidario con sus compañeros de penurias, aquellos que sí entienden realmente lo que les atormenta, una extraña situación laboral que les ha arrebatado su razón de ser ya que, en palabras de Elsa, “… el derecho al trabajo sea el derecho de la ciudadanía por excelencia, el primer derecho. Por ello, quien pierde el trabajo ve mermado su derecho”, algo que nuestros gobernantes han olvidado por completo.

Lejos de ser una exaltación del dolce far niente, con esas reuniones pretenden sentirse menos solos y encontrar, así, la manera de salir de esa espiral de negatividad en la que se hallan. En su discurso encontramos una crítica al capitalismo –parece que nuestro presente inevitablemente deba reducirse al “gasto, luego existo”–, a la poca utilidad de la universidad –“estudia una carrera y no te faltará nunca el trabajo”, decían nuestros padres sin imaginar que, en un momento como el actual, aquello no sería más que un papel mojado–, a quienes piensan que los meses de paro son unas vacaciones pagadas –siempre que tengas un buen colchón monetario detrás, claro– y, por qué no, a una parte de esta generación que, frágil e idealista, cuando las cosas no salen como lo había planeado se ofusca en la negatividad y no encuentra salida. Sin embargo, en la película se vislumbra algo de esperanza en el futuro, la vida siempre nos depara una segunda oportunidad y hay que aprovecharla, aunque sea reinventándose y dejando atrás lo que, hasta el momento, consideraban que era lo suyo.

Rodada poco antes de que se iniciara la acampada del movimiento 15-M en Plaça Catalunya –finalmente el desencanto de los jóvenes se transformó en indignación–, Terrados es una buena muestra de cine necesario, aquel que no ignora los problemas de la gente y que considera que una película debe ser algo más que un mero entretenimiento; además, es el ejemplo de que una buena historia y las ideas claras compensan con creces la falta de recursos –si no fuera así hubiera sido imposible contar con una canción de Macaco en su banda sonora, “Con la mano levantá”, un tema publicado hace más de seis años que ya advertía que “el futuro pende de un hilo”–, de tal forma que incluso recibió el premio del público del Seminci de Valladolid, que valoró su compromiso con la cruda realidad del momento. Con todo, Demian Sabini no lo tuvo fácil para proyectar en los cines su obra: tan solo el Maldà de Barcelona programó su estreno el 19 de octubre, por lo que debemos felicitar a BTV por emitir en televisión el pasado 30 de noviembre esta excelente película, especialmente recomendada, tal y como refleja la dedicatoria final, para “todo el que, en algún momento de su vida, no ha sabido quién era”.

Título: Terrados
Director: Demian Sabini
Intérpretes: Demian Sabini, Alain Hernández, Carla Pérez, Carolina Cabrerizo, David Resplandí, Pablo Molinero, Jessica Alonso, Álex Molero, Anna Bertran, José María Blanco, Carol Groot, Jesús Rodríguez, Magda Puig, Óscar Aragonés, Jesús Comaposada, Pablo Sola
País: España
Año: 2011
Duración: 76 minutos

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Escrito por: Robert Martínez Colomé

Crítica teatral: Hamlet és mort, no hi ha força de gravetat, en el Versus Teatre.

Hasta el próximo 27 de abril el Versus Teatre programa Hamlet és mort, no hi ha força de gravetat, una solución química de teatro dirigida por Judith Pujol e interpretada, entre otros, por Isabelle Bres, Òscar Mas, Xavier Álvarez i Mireia Illamola.

Hamlet és mort es, seguramente, una obra difícil de reseñar. Difícil porque no posee una trama unidimensional y porque no contiene en sus límites teatrales unos personajes que respeten la organización y la jerarquía normal y habitual en una obra de teatro. Es, así, un nuevo ejemplo de buen quehacer teatral, ideado por el austríaco Ewald Palmetshofer, que nos dirige hacia una vorágine de ideas, tiempos, conceptos, actuaciones y sobre todo café, mucho café. Éste está presente a lo largo de la obra ya que son los propios actores los que se encargan de repartirlo entre los espectadores desde el mismo inicio de la representación. Una situación extraña, cuando menos, que nos muestra bien pronto lo diferente que va ser la obra representada.

Y cuál es la trama de Hamlet es mort. Pues uno se arriesga a decir que la trama de la obra es la anarquía provocada por la insatisfacción. La capacidad de explicar una historia a través de recortes, avances y retrocesos en la trama y también, la capacidad del texto y de las actuaciones de maravillar al público. Pero intentaré resumir, en lo que pueda, la trama de la obra: Dani y Manu regresan a la casa de sus padres para celebrar el aniversario de la abuela, y para acudir al entierro de Hannes, un amigo de la adolescencia. En dicho sepelio se reencontrarán con dos viejos amigos, Bine y Oli. Será a partir de este encuentro, si no antes, cuando la anarquía narrativa se apoderará de la representación, hecho que obligará a los espectadores a iniciar un recorrido en una montaña rusa teatral para avanzar en la trama de la obra.

De esta forma Hamlet és mort nos habla de una forma entrecortada de la vida actual y de la vida anterior de los seis personajes de la obra. Podremos ver las relaciones que se establecen entre los cuatro jóvenes que, aunque las formas y los modales les obligan a aparentar, parece que no se llevaron ni se llevan muy bien. Seremos testigos de los secretos de una familia que esconde demasiadas cosas, más incluso de las que nos permite presenciar. Nos parecerá estar presentes en un lugar donde la vida ha dejado de tener sentido y donde algo parecido a la muerte, de todo, de todos y de cualquier orden domina la situación.

Un desorden que impera y que nos obliga a existir, a los personajes y al público también, bajo sus propias directrices. De aquí que el tiempo, el espacio y las situaciones no respeten las normas lineales establecidas, las más de las veces, por la vida. Un lugar donde los límites del teatro (la cuarta pared) desaparece y donde los personajes se apoderan tanto del tempo como de las formas teatrales para mostrarnos el desorden de la misma vida, de la familia, de sus fracasos y de sus desaciertos.

Tanto el conjunto de las interpretaciones como cada una de ellas en particular llegan a adquirir momentos histriónicos memorables en los que destacan, sin duda alguna, las actuaciones y los monólogos evasivos de Mireia Illamola y Xavi Álvarez, los cuales nos sorprenderán a lo largo de la obra. A estas dos actuaciones les siguen la de Òscar Mas y Isabelle Bres como los angustiosos y enajenados padres de los hermanos protagonistas y las de Albert Boronat y Magda Puig en el papel de sus dos envidiosos y competitivos amigos. Todo ello envuelto y ajazminado por la música de Moisès Queralt.

Casi se podría considerar la obra como una tragicomedia, ya sea por lo trágico de los temas tratados e inferidos por los espectadores, como por la acidez y el humor de los monólogos que los diversos actores y actrices desarrollan a lo largo de la trama, y que la dejan, así,  suspendida en el tiempo.

¿Es la vida algo valioso en cualquier de los casos y de los estados? ¿La familia y la sociedad actuales son elementos organizativos o desorganizativos? ¿Vivimos la vida como si estuviéramos muertos en ella? ¿Es capaz el teatro de reflejar todas las situaciones que afectan al ser humano? ¿Y es capaz de reflejarlas si nos saltamos el orden y los flujos normales en él?

Hamlet és mort es una delicia por su originalidad y por su puesta en escena. Como se podría decir, un soplo de aire fresco y de creatividad de la que podemos gozar en el Versus Teatre. Y por eso, solo por eso, vale la pena entrar en el teatro, acercarse a la taquilla, adquirir un par de entradas (siempre que usted vaya acompañado) y disfrutar con la representación de Hamlet es mort. Y luego piense, reflexione, intente imaginarse de qué es de lo que se ha hablado encima del escenario. Y podrá ser consciente de la amplia gama de ideas que un buen texto bien interpretado puede hacer llegar hasta su mente. Y si es así agradézcaselo a la originalidad y la valentía de la programación del Versus Teatre.

Hamlet és mort, no hi ha força de gravetat” se representa en el Versus Teatre del 22 de marzo al 27 de mayo de 2011.

Autor: Ewald Palmetshofer
Dirección: Judith Pujol
Traducción: Kàtia Pago
Intérpretes: Òscar Mas, Isabelle Bres, Mireia Ilamola, Xavier Álvarez, Magda Puig y Albert Boronat
Escenografía: Víctor Peralta
Vestuario: Giulia Grumi
Producció: Gemma Cortés
Compañía: Obskené

Horarios: martes y miércoles a las 21:00 horas.
Precio: 12 €.
Idioma: catalán
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Escrito por: Jorge Pisa Sánchez