Crítica cinematográfica: Terrados, de Demian Sabini

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Día tras día aparecen en los medios de comunicación numerosos expertos en economía vaticinando un futuro desalentador para todos nosotros, palabras que, quizás sin pretenderlo, consiguen arrebatarle al ciudadano de a pie lo único que aún le queda: la esperanza. Sin embargo, también los hay que utilizan tópicos optimistas, frases como “la crisis agudiza las ideas” para animarnos a probar suerte y llevar a buen puerto, con mucha voluntad, nuestros proyectos sin que esta situación ponga trabas a nuestras ilusiones. Demian Sabini forma parte del segundo grupo, del que intenta hacer realidad su sueño al margen de la difícil coyuntura económica que azota al país en la actualidad; así, pensó que la desocupación que padecen los jóvenes alrededor de la treintena (como él mismo), una generación sobradamente preparada –carreras universitarias, masters, doctorados,…– que pierde su empleo y no encuentra otro a pesar de presentar un currículum impecable, merecía ser denunciada utilizando una buena película como altavoz. El resultado es Terrados, un film en el que Sabini ejerce de productor, director, guionista y actor con apenas 12.000 € de presupuesto –rodada en 21 días con actores que no cobraron– en el que esos jóvenes en paro buscan refugio en los terrados de Barcelona, lugares que les sirven para huir de la realidad y tomar distancia de sus dramas personales.

La idea de la película surgió de una anécdota real de Carolina Cabrerizo (Elsa en la película), quien comentó a Sabini como, en sus tiempos de estudiante y de vuelta a casa tras una noche de juerga, se colaba en algunos terrados para ver amanecer. Al director le pareció que ese escenario sería un refugio ideal para aquellos jóvenes en paro que no saben a qué dedicar las horas muertas mientras esperan que alguna empresa responda a los currículums enviados. De esta manera nacieron en su imaginación los protagonistas de la historia: Leo, Mario, Elsa, Pablo y Nachete, cinco muchachos –que bien podríamos ser cualquiera de nosotros– que no encuentran trabajo a pesar de su experiencia laboral, así que recorren la ciudad en busca de un terrado en el que pasar el rato, jóvenes sin posibilidades reales de formar una familia (alguno se ve obligado a vivir con sus padres), con uno de sus protagonistas (Leo, interpretado por Sabini) confuso al ver tambalear su relación de pareja al mismo tiempo que el desencanto se apodera de su realidad diaria.

Fotograma de la película
Fotograma de la película

Sin recrearse en dramatismos (de hecho, también hay lugar para el humor), Terrados muestra de forma sincera la realidad de una generación que ve cómo el presente se le escapa de las manos sin poder evitarlo, jóvenes abrumados por las continuas noticias negativas y tan desanimados que apenas prestan atención a su aspecto. Además, para ellos la calle se ha vuelto un lugar hostil en el que solo encuentran incomprensión (incluso por parte del entorno más cercano, que les acusa de no afrontar los problemas como correspondería a un adulto) en contraposición a los terrados, donde nadie les juzga, el grupo se muestra unido y solidario con sus compañeros de penurias, aquellos que sí entienden realmente lo que les atormenta, una extraña situación laboral que les ha arrebatado su razón de ser ya que, en palabras de Elsa, “… el derecho al trabajo sea el derecho de la ciudadanía por excelencia, el primer derecho. Por ello, quien pierde el trabajo ve mermado su derecho”, algo que nuestros gobernantes han olvidado por completo.

Lejos de ser una exaltación del dolce far niente, con esas reuniones pretenden sentirse menos solos y encontrar, así, la manera de salir de esa espiral de negatividad en la que se hallan. En su discurso encontramos una crítica al capitalismo –parece que nuestro presente inevitablemente deba reducirse al “gasto, luego existo”–, a la poca utilidad de la universidad –“estudia una carrera y no te faltará nunca el trabajo”, decían nuestros padres sin imaginar que, en un momento como el actual, aquello no sería más que un papel mojado–, a quienes piensan que los meses de paro son unas vacaciones pagadas –siempre que tengas un buen colchón monetario detrás, claro– y, por qué no, a una parte de esta generación que, frágil e idealista, cuando las cosas no salen como lo había planeado se ofusca en la negatividad y no encuentra salida. Sin embargo, en la película se vislumbra algo de esperanza en el futuro, la vida siempre nos depara una segunda oportunidad y hay que aprovecharla, aunque sea reinventándose y dejando atrás lo que, hasta el momento, consideraban que era lo suyo.

Rodada poco antes de que se iniciara la acampada del movimiento 15-M en Plaça Catalunya –finalmente el desencanto de los jóvenes se transformó en indignación–, Terrados es una buena muestra de cine necesario, aquel que no ignora los problemas de la gente y que considera que una película debe ser algo más que un mero entretenimiento; además, es el ejemplo de que una buena historia y las ideas claras compensan con creces la falta de recursos –si no fuera así hubiera sido imposible contar con una canción de Macaco en su banda sonora, “Con la mano levantá”, un tema publicado hace más de seis años que ya advertía que “el futuro pende de un hilo”–, de tal forma que incluso recibió el premio del público del Seminci de Valladolid, que valoró su compromiso con la cruda realidad del momento. Con todo, Demian Sabini no lo tuvo fácil para proyectar en los cines su obra: tan solo el Maldà de Barcelona programó su estreno el 19 de octubre, por lo que debemos felicitar a BTV por emitir en televisión el pasado 30 de noviembre esta excelente película, especialmente recomendada, tal y como refleja la dedicatoria final, para “todo el que, en algún momento de su vida, no ha sabido quién era”.

Título: Terrados
Director: Demian Sabini
Intérpretes: Demian Sabini, Alain Hernández, Carla Pérez, Carolina Cabrerizo, David Resplandí, Pablo Molinero, Jessica Alonso, Álex Molero, Anna Bertran, José María Blanco, Carol Groot, Jesús Rodríguez, Magda Puig, Óscar Aragonés, Jesús Comaposada, Pablo Sola
País: España
Año: 2011
Duración: 76 minutos

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Escrito por: Robert Martínez Colomé

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