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“Els músics del silenci“ de la Compañía Mummenschanz: El patio de mi casa es universal.

¿Cómo se explica un patio de butacas lleno de niños después del crepúsculo?
¿Quién entiende que a los pocos instantes de iluminarse el escenario la platea estalle en carcajadas sin que los actores hayan dicho ni una palabra?
Intentaremos averiguarlo.

El impacto visual de este espectáculo es tal que le bastará desplegarse en una retahíla de “sketchs” por los que se paseen los personajes más disparatados sin venir al caso.
Pero no, no es así exactamente.

El caso es que los suizos Mummenschanz convocan con generosidad en el escenario del Barts de Barcelona un grupo de criaturas escénicas encantadoras: Manos gigantescas que descorren con encantadora desenvoltura el telón para disparar poco después al público hechizado. Tubos interminables que se contraen y dilatan ante las adversidades del trayecto. Seres enmascarados de facciones infinitamente cambiantes en un duelo gestual sin piedad. Un juego constante de figuras y formas que se cruzan, se oponen y felizmente se combinan para celebrar sin rubor alguno los cuarenta años de la Compañía.

Este universo delirante nos resulta muy fácil de transitar por su cercana poética. La belleza del espectáculo emana de una equilibrada plasmación de emociones a partir del recurso al color, la geometría espectacular de los personajes y su movimiento en escena en un constante impulso acrobático.

Dichos “músicos silentes” no son tímidos en absoluto. Más bien sabios a la hora de probar cómo el lenguaje universal de signos y símbolos abre en canal la comunicación. Y que multitud de consignas pueden ser entonces invocadas.
¿Y qué pasa con el fondo? Pues que se desdibuja tras el desfile constante de escenas. Ello lastra parcialmente el valor sugestivo de esta propuesta, obcecada en demostrar una y otra vez el “más difícil todavía”.

Lo que ya hemos averiguado unos párrafos más arriba ahora debemos constatar: El espectador, embelesado, se siente mimado. Sin apenas azote a su conciencia, la ternura y el humor inmaculado le sumen en un agradecido recreo.

Por Juan Marea

M 1

Si somos flexibles, podremos jugar.

“Els músics del silenci” se representa en el Barts de Barcelona hasta el domingo 29 de septiembre.
http://www.barts.cat/
http://www.mummenschanz.com/

Marc Crehuet, autor y director de El Rei Borni: “Gracias al tuerto los demás pueden abrir los ojos”

Sale acelerado de un plató a ritmo de “Pop Ràpid” (serie sobre modernos de manual de la que es director y guionista y cuya segunda temporada emite actualmente Televisió de Catalunya). No contento con eso, se trae a rastras a sus actores para servir a un monarca tuerto, contradictorio y desternillante. ¡Larga vida a Marc!

ImageLa búsqueda de Marc

 ¿Quién es el Rey Tuerto de esta función y quiénes los ciegos?

El “Rey Tuerto” es Ignasi, un manifestante que pierde un ojo a causa de una bola de goma y que se reencuentra casualmente con el agente antidisturbios que le disparó.
A raíz de su accidente, este “Rey” provoca que los demás reflexionen y duden. Gracias a ser tuerto el resto de personajes puede abrir los ojos.

 Sientas a cenar juntos a un “mosso d’esquadra” tirador y a un activista herido. ¿Serán capaces de comer en la misma mesa?

Al principio no saben quién es quién. En un momento dado, la verdad sale a la luz. Digamos que la comida no les sienta muy bien.

 ¿Cuál es el tono de este espectáculo?

La obra empieza siendo una comedia costumbrista pero se va oscureciendo y agriando hasta convertirse en una comedia negra. También tiene un aspecto crudo que remite al western por el enfrentamiento entre los dos protagonistas masculinos.

 ¿Qué te llevó a concebir “El Rei Borni”?

Empecé a escribir esta historia a partir de un suceso que me impactó especialmente: el caso de un chico italiano a quien le ocurrió lo mismo. Pensar en ello me provocó una serie de preguntas. Escribiendo me surgieron más. Quería saber cómo era una persona que se dedica a esta violencia institucional, que puede causar accidentes como este y que aquí son tristemente familiares.

 ¿Qué tal ha resultado la experiencia de parirlo?

Pues muy difícil porque yo nunca me había enfrentado a un componente social de esta índole. Además me resultaba algo muy cercano puesto que la obra se refiere a hechos ocurridos en la ciudad en la que vivo. Tenía miedo al abordar el tema. Estoy acostumbrado a la comedia y tenía claro que quería moverme dentro de ese género pero no quería obviar el aspecto dramático y social de la historia, así que tuve que encontrar un fino equilibrio para poder integrar todos estos aspectos.

¿Cómo fue el proceso de dramaturgia?

Empecé a escribir la obra un poco desde la indignación. Quería decir muchas cosas y la primera versión quedó demasiado discursiva. Conforme la iba escribiendo, descubrí que no se podían decir las cosas de una manera tan clara y por eso fui apostando cada vez más por el humor y los gags. He intentado mantener el equilibrio entre lo serio, lo trascendente y lo cómico huyendo del riesgo de frivolizar. A pesar de todo, el hecho de haber escrito esa primera versión es lo que hace que la obra esté cargada de ideas y no se quede solo en un conjunto de situaciones cómicas.

 Los personajes son ambiguos y, por consiguiente, ricos.

Sus claroscuros se van descubriendo a medida que avanza la obra. Te van llevando a sitios distintos con sus diferentes puntos de vista sobre la misma cuestión. Te hacen reír y también pensar.

 También aparece en “El Rei Borni” un político omnipresente.

Ese personaje me gusta especialmente porque abre una segunda línea narrativa, de carácter conceptual, paralela a la principal, que tiene un cariz más realista. Son como dos obras de teatro en una. Me pareció interesante que las dos historias se fusionaran después en una.

¿Se llevaría bien ese político con el resto de personajes si tuvieran que convivir?

Lo dudo porque pertenecen a mundos opuestos. A pesar de todo, nuestro político vive un proceso de humanización: empieza con un discurso frío, distante y abstracto y evoluciona hasta el punto de que quizás podría llegar a entender a otro ser humano. El político representa un discurso desgastado de los medios de comunicación y de muchas instituciones, que pierde sentido cuando hay problemas como los actuales.

 Hablas de la frustración y el descontento que siente la gente. ¿Cuáles son los que sientes tú como creador?

Escribir sirve para entender las cosas. Pensé que llegaría a alguna conclusión. Como autor, me siento satisfecho del resultado. Pero como individuo se me plantearon muchos interrogantes y no he conseguido averiguar las respuestas. Es difícil acercarse a la verdad en estos temas.

 ¿Salvas a alguna de tus criaturas al final de la función?

Yo creo que se salvan todos. No condeno del todo a ninguno. O condeno a cada uno, que viene a ser lo mismo: Todos somos personas y todos tenemos nuestros motivos para actuar, por muy absurdo que pueda parecernos.

Eres autor y director de esta propuesta escénica. ¿Cómo consigues que no se entrometa uno en la esfera del otro?

Hitchcock decía que “hay que rodar en contra del guión y montar en contra del rodaje”. Si no, te aburres trabajando. Aunque el texto (que es el resultado de un trabajo de varios meses) constituye la estructura férrea de la puesta en escena y previo a los ensayos, con los actores me gusta después probar, escucharles, incorporar los gags que se les ocurran.

Estrenasteis en la diminuta Sala Flyhard. Después de haber pasado por Madrid, volvéis a Barcelona y pasáis fugazmente por la flamante Sala Barts.

En el Barts estrenamos escenografía, que responde a algo de lo que habla la obra: el “valor de la austeridad”. Con poco presupuesto, los escenógrafos Pablo Sánchez y Manu Pagès han construido el esqueleto de la casa en la que transcurre la acción. A pesar de las grandes dimensiones de la Barts, hemos intentado mantener la atmósfera creada en la Flyhard para que el público tenga la sensación de hallarse en el escenario. Como espectador, me parece interesantísimo el poder estar tan cerca de la ficción. Si en el cine se busca atraer a más espectadores con el efecto “3D”, no hay nada más parecido a ello que una sala de teatro de pequeño o mediano formato, donde puedes casi tocar a los actores.

¿Cómo acaba este “Rey”?

El desenlace es potente, permite varias lecturas. Pero prefiero no seguir hablando de él porque es uno de los grandes momentos de la obra. Muchos espectadores nos han dicho que les ha parecido muy impactante.

¿Quién no debería ver “El Rei Borni”?

Esta obra la vio un chico a quien habían reventado un ojo en una manifestación, que vino acompañado de su madre y nos felicitó: Se había sentido muy identificado con el personaje central y se divirtió mucho. ¡Excepto en aquellos momentos en que el actor que interpreta al “mosso d’esquadra” adoptaba una actitud desafiante! Me gustaría saber qué opinan los que están al otro lado. No creo que hubiera ningún problema a menos que vinieran cuarenta de golpe…

 por Juan Marea

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Miki Esparbé, Betsy Túrnez, Alain Hernández y Ruth Llopis en la Corte

“El Rei Borni” se representa hasta el jueves 12 de septiembre
http://www.barts.cat/ca/e-120/EL-REI-BORNI

Crónica concierto: Pedro Guerra, presentación disco 30 años.

ep004915_1La última vez que asistí a un concierto de Pedro Guerra fue el que ofreció en el año 2002 en el Auditori de Barcelona, en su gira de presentación del disco Hijas de Eva. Fui al concierto junto a uno de mis mejores amigos, y disfrutamos tanto de los temas que presentó entonces como del repaso que hizo de sus “grandes temas”, con el que nos deleitó en la segunda parte del concierto. Mi amigo, poco después, se marchó a vivir a Madrid, a iniciar una nueva vida junto a la que ahora es su mujer, si bien nuestra amistad ha permanecido a lo largo del tiempo, más de diez años, gracias al uso de las nuevas tecnologías y de constantes, aunque ya no tanto, viajes de ida y vuelta.

Les digo esto porque Pedro Guerra es, para mí, como un buen amigo que aunque no tengas cerca y accesible, se mantiene a tu lado, igual que su música, haciéndote compañía y reconfortándote desde la distancia a través del recuerdo de sus canciones y la escucha de sus discos.

Pues bien, el pasado viernes 17 de mayo, Pedro Guerra regresó a Barcelona, esta vez en el Barts (Barcelona Arts on Stage), el reconvertido Arteria Paral·lel y en esta ocasión para presentar su disco de recopilación 30 años, en el que repasa su carrera como compositor y cantautor a toque de guitarra, micrófono y pies descalzos. Una velada musical que de nuevo destaca por la sensibilidad humana y artística del cantante.

La actuación de Pedro Guerra transcurre en un ambiente de intimidad que nace del propio escenario, en el que solo le acompaña, como es habitual, una silla, un micrófono, una mesa, algunos pequeños instrumentos y una débil iluminación. En esta atmósfera Pedro, con su habitual simpatía y delicadeza, la que siempre muestra en directo, repasa no solo los temas de su dilatada carrera musical sino también las peripecias artísticas y vitales que los acompañan. Anécdotas que van desde la correcta pronunciación del nombre del pueblo donde creció (Güímar, con diéresis sobre la u y acento en la i); la música que cantada por su padre hacía suya desde pequeño en su hogar; o su traslado y establecimiento en una gran ciudad como Madrid.

20130416063753El concierto fue pues un itinerario musical en el que Guerra realizó una selección equilibrada entre sus grandes temas y otras canciones no tan populares. Entre los primeros Siete Puertas, Contamíname, Ofrenda, Pasa, Debajo del puente, El marido de la peluquera, canción a través de la cual le conocimos muchos, o Deseo. Entre las segundas Caperucita Roja, Cuna vacía, Mar de Mármara, La maestra o la contestataria Contra el poder.

Y es que con Pedro Guerra cada espectador, cada seguidor y cada fan construye de una forma interior y personalizada su propio ranking de canciones, a través de la emotivización de sus ritmos y, sobre todo, de sus letras. Al ser estas tan cotidianas y cercanas, cada uno las acomoda fácilmente a su experiencia personal e íntima. En mi caso se llevan la palma canciones como Deseo, El reencuentro de Viola y el Barón, El marido de la Peluquera o Tan cerca de mí, canciones que hice mías en la época en que las oía por la radio, en un mítico programa como La Gramola de M80 Radio, y que vuelvo a gozar cada vez que las oigo asociadas a momentos, recuerdos o situaciones concretas.

Explico esto porque es muy habitual que en los conciertos de Pedro Guerra al inicio de la interpretación de los temas suene un murmullo de aprobación entre el público, con una ligera tonalidad femenina, que muestra como las canciones de Guerra acarician la sensibilidad de los asistentes. Y de estos runruneos, se lo aseguro, el pasado viernes se oyeron muchos, más pronunciados, evidentemente, en el momento de interpretar los grandes temas del cantante.

Fue así una velada musical especial e íntima la que se vivió a lo largo de dos horas/dos horas y media que duró el concierto de Pedro Guerra, algo por lo que hay que felicitar al propio cantante y compositor, solo faltaría, pero también al magnífico espacio en el que se celebró y a los esfuerzos de gestión de The Project, que ha permitido de nuevo la actuación del artista canario en Barcelona.

PRÓXIMOS CONCIERTOS:

24 de mayo – Madrid – Teatro Fernán Gómez
30 de mayo – Ceutí (Murcia) – Auditorio
15 de junio – Gandía (Valencia) – Recinto por confirmar
28 de junio – La Orotava (S/C de Tenerife) – Liceo Taoro

Más información:

http://www.pedroguerra.com/
http://www.theproject.es/es/
http://www.barts.cat/


Escrito por Jorge Pisa Sánchez