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“Cabaret Victoria” en la Sala Fènix: Piratas de un Mar Sublime

La vida no es isla alguna en la que recalar. La vida es la bravura del oleaje. La vida es el naufragio cuando el océano decide ocupar el lugar que merece. Y la vida, además, es agarrarse al mástil aunque sea tronco flotante.

En la Sala Fènix de Barcelona lo saben y hasta el día 21 de junio nos instan a ir al abordaje con ellos rumbo a un destino nada seguro: su “Cabaret Victoria”. Y llegaremos a nado porque las criaturas que moran en él no admiten pasaje seco ni aburguesado.

Con esta peligrosa propuesta, Felipe Cabezas persiste en su empeño de hacernos desfilar por parajes lejanos a fin de asumir que ni somos tan contemporáneos ni podremos serlo jamás mientras no reconozcamos que nuestro lado oscuro halló su mejor análisis en tiempos pretéritos.

Cabezas saquea sin pudor algunas de las figuras literarias más inquietantes del siglo XIXy las enfrenta ante nuestra timidez aséptica. Al hacernos participar de sus historias horripilantes, cede el puritanismo del respetable. Y entonces el espacio adopta los tintes de una fascinante orgía de romanticismo sangrante (el de verdad), depravación moral esperpéntica (con permiso de Valle-Inclán), poético misterio y hermosísima ambigüedad.

La tripulación de la Fènix reúne en su espectáculo episodios de un lirismo tenebroso sobrecogedor por la belleza de su puesta en escena (el monólogo del cadáver perseguido por los cuervos de Edgar Allan Poe tras un telón que es auténtica piel de su atormentada Elena Visus), grotescos con generosidad escénica (las maravillas del «Elixir de larga vida» de Balzac con un arrollador Nelo Sebastian y la sensualidad cautivadora de Alba Valldaura y de la citada Visus), amén de elegantes homenajes a estandartes de la ciencia ficción, el horror y su vampirización por el cine más artesanal hermanados con júbilo en la disparatada y deliciosa búsqueda por Jules Verne de su cabeza, que le llevará a pedir hora al eficiente Dr. Frankenstein.

Este “Cabaret” es un excepcional ejercicio de sangre, sudor y lágrimas.

Porque fluye por sus venas un repertorio valiente que recupera desde el Gran Guiñol hasta el relato de folletín, con gotitas de humor sardónico.

Porque sus intérpretes se entregan hasta el paroxismo: una grandilocuente Valldaura (con amenaza seria a los que no apaguen su aparatito menos silencioso al empezar la función), un dinámico Sebastian (desconcertante titiritero, aguerrido pirata), una grácil Visus (irresistible muñeca articulada), un maquiavélico Pere Cabaret (como ácido Monsieur Ídem que también toca y con placenteros resultados) y avivando el furor escénico de todos ellos, el propio Felipe, capitán consumado de enérgico porte y sabio látigo.

Y porque provoca el llanto de nuestra coraza al ver cómo nos desprendemos de ella en cuanto empieza el show.

Añado además una estupenda puesta en escena aprovechando con inteligencia el espacio escénico desde el subyugante telón de fondo hasta la parte trasera de la platea, más un vestuario exquisito, una música desasosegante y una utilización de los complementos escénicos sublime.

Solo dos peros: las partes cantadas del espectáculo, que crean cierta indefensión a sus ejecutantes por sus limitaciones vocales. Y las concesiones cómicas a la contemporaneidad del espectador, que resultan forzadas y, por ello, desdibujan de manera esporádica la magia de esta travesía.

Y ahora sí, cierro con la consigna completa de la Compañía: “¡Al abordaje sin equipaje!”. Que se hundiría inevitablemente y en el fondo del mar de poco nos serviría.

Por Juan Marea

“Cabaret Victoria” se representa en la Sala Fènix de Barcelona hasta el 21 de junio y también en Barts desde el 18 de junio.
http://www.salafenix.com/teatro/cabaret-victoria-tercera-temporada
http://www.barts.cat/es/e-261/CABARET-VICTORIA

ImagePiratas al acecho artístico

“El hombre visible” de Loscorderos.sc: Con los ojos vidriosos

Hay misántropos consecuentes y pasean su desapego social por las aristas hirientes de sus domicilios.

Otros son auténticos farsantes. Porque a quienes en realidad no soportan es a ellos mismos. Y entonces convierten sus hogares en presidios infernales.

El hombre que vemos en La Seca-Espai Brossa va a vencer su patología a lo largo de la función. El tratamiento consistirá en vehicular tanta frustración existencial mediante piruetas coreográficas, la performance intelectual y el recital de aforismos poéticos.

Los riesgos que se encuentran David Climent y Pablo Molinero en el camino se manifiestan pronto y sin rubor: el virtuosismo, lo críptico y la pretenciosidad. Triple desafío: Superar la tentación de la perfección técnica, apartar la ambición de ser más listo que nadie, desistir del deseo de demostrar que uno debe aleccionar a los demás. Climent juega con todo ello en un escenario donde se eleva (cuando baila de forma vehemente y enardeciendo el mecanicismo de ese personaje que le toca interpretar), empequeñece (bajo la retahíla de reflexiones de Fernando Pessoa y Oliverio Girondo) y hasta queda sepultado (bajo ese túnel de libros en los que no logra encontrar respuesta válida a su aliento vital, recurso ya algo recurrente).

David no se amilana y da su mejor reacción ante el caos doméstico con electricidad corporal. Tampoco le supone un gran escollo la poesía oficial de la dramaturgia: David sabe verbalizarla aireándola y alejando oportunamente la enfatización de su camino. Entonces, su visibilidad es emocionante y mágica. Pero el espectáculo empaña nuestra mirada por un excesivo afán de reunir tantos apuntes trascendentales sobre los temas que pretende tratar: la cobardía del individuo frente a la vida que no espera (el ocurrente relato de su tardanza vistiéndose); la soledad como refugio (la facilona ironía sobre su antisociabilidad y la sociología y otras extravagancias ingeniosas); la enajenación como huida (la obsesión por la transmigración); el impulso de expresar emociones que domina el cuerpo por entero (la posibilidad de escucharle y recordar cómo se puede “llorar por las rodillas, por el ombligo…llorarlo todo” desde ese poema fascinante «Llorar a lágrima viva» de Girondo); y, al fin, la agradecida moraleja servida con el esteticismo esencial del acto de devorar con fruición la cebolla impregnándose sin prejuicios de la tierra que la hacía crecer a modo de lamento sin consuelo posible mientras pronuncia “dadme la celda que queráis, que yo me acordaré de la vida”.

Este hombre, farsante y genuino, visible e invisible, se curará en el momento en que caiga el telón. Porque su tremendo optimismo se vislumbra tras cada fracaso, que siempre precede a un nuevo intento.

Por Juan Marea

“El hombre visible” se representa en La Seca-Espai Brossa hasta el 22 de junio.
http://www.laseca.cat/es/obra/71/elhombrevisible–loscorderossc/

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 Climent se viste porque tiene invitados.

“Els homes són de Mart i les dones, de Venus” al Teatre Poliorama: Que la pau interplanetària sigui amb vosaltres!

Hi ha un planeta amb les condicions idònies per a què éssers de diferent procedència puguin repostar-hi combustible. Un cop que hi aterren, és obligat fer-hi una passejada. I llavors apareixen les dificultats: Ja no te’n pots anar.

Quan els ingenus marcians van descobrir-lo, decidiren ràpidament convertir-lo en el seu hàbitat. La notícia es va escampar com pólvora intergalàctica. I, tot seguit, van atansar-s’hi les nadives de Venus.

El que va passar després ens ho detalla amb afany pedagògic en Jordi Martínez al Teatre Poliorama de Barcelona aquests dies. Des que comprem l’entrada, ens convertim en alumnes seus. I, sense esma ja de rondinar, tot seguit ocupem la nostra localitatamb el quadern obert, el bolígraf frisós per lliscar-hi i la valentia de copiar allò que la pissarra sintetitzarà. Perquè ens hem matriculat en un “curs bàsic per suportar la parella”.

La nostra docilitat és aprofitada vilment pel Jordi, que oblida qualsevol posat escènic a l’hora d’establir un vincle comunicacional amb el seu auditori. Del que aquí es tracta és de donar la cara per poder tornar-la a abaixar quan tornem a la llar. I si volem ser honestos, reconeixerem el seu triomf: La frescor que en Martínez desprèn encobreix aquesta mera translació del best-seller d’en John Gray en conferència de pa sucat amb oli. No hi ha rastre en l’espectacle en qüestió de cap dramatúrgia que el pugui acostar a una peça teatral. Sí que hi ha, en canvi, un actor que sense histrionismes i amb astúcia interpretativa obté del seu públic una col·laboració distesa des del primer moment per a ser tractat con a carn d’activitat extraescolar adulta.

A “Els homes són de Mart i les dones, de Venus”, homes i dones poden emmirallar-se si estan disposats a acceptar amb resignació alleujadora allò que sempre els va separar: les seves diferències. Per superar amb facilitat aquest prejudici comú entre ells i elles, marcians guerrers i maules de Venus, trobem aquí un nou (si em permeteu la llicència) episodi del subgènere anomenat monòleg còmic tan agraït per ments poc pensants i espectadors gens avesats al fet teatral que, malgrat tot, són capaços de substituir la pantalla televisiva de tant en tant per imaginar que una platea pot ser el sofà de casa. Encara que no hi puguin beure una cervesa ells ni compartir-hi la safata amb el sopar recent escalfat elles. Tant li fa! Perquè el planeta Terra els garanteix que, al capdavall, dins els seus límits sempre hi haurà espai per al conflicte.

Per Juan Marea

“Els homes són de Mart i les dones, de Venus” es representa al Teatre Poliorama de Barcelona
http://www.teatrepoliorama.com/es/homesmart/

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L’Evangeli segons en Jordi 

“La dama de les camèlies”: Jardí poc perfumat

O viure o fer morir als altres de desig. Aquest és el dilema de la Dama. I també el punt de partida de la seva història escènica a La Seca.

Les camèlies són l’exigència de la Dama als seus amants, resposta a la intransigència del seu temperament. Però resulta que poc després de la seva presentació com a personatge alterós, l’espectacle començarà a demostrar una fragilitat tan palpable com despullada esdevé la posada en escena.

Hermann Bonnín dirigeix “La dama de les camèlies” amb vocació de clavar el bisturí fins a les arrels. Potser perquè aquestes flors són de creixement lent i gens oloroses, Bonnín mira de purgar qualsevol detall anecdòtic que pogués interrompre el cicle vital del seu jardí. I centra el seu cultiu escènic en la degeneració progressiva d’una dona que només “és una criatura de l’atzar”. Posats a radiografiar-la, explorarà també la seva indefensió davant per davant de l’entrega il·limitada quan decideix estimar per primera vegada.

El jardiner Bonnín aparta la fullaraca de la vista. I mostra un escenari on només hi ha terra per a què hi malvisquin els personatges. Amb aquesta admirable valentia, els fa ensopegar els uns amb els altres i n’extreu la seva vulnerabilitat fefaent.

L’adaptació del text d’Alexandre Dumas, Fill a càrrec de Sabine Dufrenoy, es converteix llavors en el millor adob: Les reflexions sobre amor i mercantilisme emocional són aquí celebradament contemporànies per la seva frescor i l’estil depurat. També hi desfilen l’opressió social carronyera que ronda de manera implacable l’amor moribund de la Marguerite i l’Armand.

Però Bonnín falla en canvi a l’hora de guiar el seu repartiment. Els actors queden colgats sota la rigidesa de la tija aparent (exquisit vestuari) sense poder dinamitzar l’evolució dels personatges: Una histriònica Nausicaa Bonnín resulta molt encarcarada quan es presenta com a Senyora De Plaers i massa tova a l’hora de llevar-se la pell de llop; l’Albert Prat,excessivament acadèmic,batalla amb un pocdefinit Duval. La resta del jardí està poblat per flors pàl·lides amb certes espurnes de vida a càrrec d’una Montse Guallar múrria i ambigua. A més de Pep Jové, que mostra amb saviesa els seus pètals en els pocs moments en què apareix.

 Per Juan Marea

“La dama de les camèlies” es representa a La Seca-Espai Brossa de Barcelona fins a l’1 de juny.

http://www.laseca.cat/ca/obra/66/la-dama-de-les-camelies–alexandre-dumas-fill/

ImageElegant camèlia a punt de marcir-se

Crítica teatral: El zoo de vidre, en el Teatre Goya.

image(1)Uno siempre se considera afortunado cuando tiene la posibilidad de asistir a la representación de una obra de Tennessee Williams, y más cuando es una tan representativa de la dramaturgia del autor estadounidense como lo es El zoo de vidre, que nos provee, además, de elementos autobiográficos. Si a esto le sumamos la dirección de Josep Maria Pou, la creación de una magnífica escenografía y la interpretación de Míriam Iscla, Dafnis Balduz, Meritxell Calvo y Peter Vives, el resultado se convierte en un exquisitez teatral que apela a la fibra emocional del público asistente.

La obra nos traslada al Saint Louis de finales de los años 30 del siglo XX. En la casa de los Wingfield las cosas no van demasiado bien. Amanda Wingfield ha de hacer frente sola a las penalidades de la familia desde que la abandonó su marido. La economía familiar se ha encogido desde entonces. Laura, su hija, sufre desde pequeña un defecto físico en la pierna. Tom, su otro hijo, trabaja a desgana en una zapatería y es el único sustento de la familia, aunque su sueño es poder dedicarse a la poesía y abandonar de una vez por todas, como hizo su padre, un hogar con una atmósfera casi irrespirable. Amanda vive, además, obsesionada por la falta de pretendientes de su hija en edad de merecer y por el futuro desdichado que le espera si no consigue encontrar un buen esposo, un nuevo elemento de presión que provocará la ruptura final de la familia.

El Goya nos deleita de nuevo con la programación de una obra que aunque está ambientada en otro país y en otra época, es el claro reflejo del alma humana, y que por eso nos habla de situaciones que, seguro, quien más quien menos, hemos vivido o vivimos en nuestra realidad más cercana. Una de ellas es el espíritu de supervivencia de la familia Wingfield, que se ha de enfrentar a una dura realidad. Las riendas del hogar han quedado en manos de Amanda Wingfield, que se protege mentalmente de la lacerante situación por la que pasa la familia rememorando su feliz juventud, cuando innumerables pretendientes contendían por ganar sus favores. La segunda es la situación de discapacitación mental, y no tanto física, que sufre su hija, provocada, sin duda, por la sobreprotección recibida y que la mantiene reducida en un mundo infantil y hogareño. La tercera es el infierno que vive Tom, atrapado en una realidad que no le permite desarrollar todo su potencial y que le obliga a ir cada noche al cine para saciar su sed de aventuras y libertad.

Todo ello rematado por el carácter autobiográfico que Williams le da a la obra y que nos remite a los orígenes familiares del dramaturgo, a su lucha por hacerse un lugar en el teatro y a su voluntad de abandonar un hogar marcado por la figura materna, la mezquina indiferencia que recibió por parte de su padre y los problemas mentales de su hermana, ingredientes todos ellos que de una forma u otra veremos en la obra.

image(7)El Zoo de vidre, comienza con la presentación del propio Williams / Tom Wingfield, quien además de ser uno de los personajes principales de la obra, hará las veces de narrador y romperá, en diversos momentos, la representación de la obra para dirigirse directamente al público. Poco después se nos hará evidente el conflicto familiar y asistiremos afectados a la evolución del mismo.

Pou ha dado a luz un producto teatral con una envoltura escénica de gran calibre, que sabe aglutinar la suma de toda una serie de magnificas interpretaciones y que posee un touch teatral que respeta el espíritu de la obra y del autor. Así, pues, en el apartado de las interpretaciones destacan las de los caracteres principales: Míriam Iscla borda el papel de madre «obsesiva y controladora» que ha llevado a la familia a la situación opresiva en la que vive, si bien en algunos momentos pesa más la frecuencia cómica que la dramática en su caracterización; por su parte Dafnis Balduz hace lo propio al interpretar a Tom Wingfield (y en parte al propio Williams), y se sale con la suya al agenciarse gran parte del éxito de la obra. Meritxell Calvo interpreta a Laura Wingfield, la dulce e infantil muchacha que se convierte en la piedra de toque de la prisión familiar, y lo hace con una gran dulzura y naturalidad. Por último Peter Vives encarna a Jim O’Connor, amigo de Tom que éste presenta como un posible pretendiente a su madre y que disfrutará de una de las escenas más hermosas de la obra, aquella en la que lleva a cabo un ejercicio de coaching con Amanda y analiza cuál es exactamente la naturaleza de su carácter apocado.

El escenario sobre el que se desarrolla la acción es perfecto, ni demasiado exquisito ni demasiado minimalista, y posee un toque sudista que le proporciona a la obra más puntos positivos, lo mismo que el vestuario, magníficamente adaptado al tono de la historia que nos es narrada.

El zoo de vidre es, se lo aseguro, una magnífica ocasión para disfrutar del buen teatro, de majestuosas interpretaciones y de una dirección clara y precisa. Además nos desvela parte de la vida del propio Williams y nos permite reflexionar sobre la naturaleza del alma humana, y de los flujos y los reflujos que nos mueven a todos, tanto a aquellos que aspiran a algo mejor en sus vidas, sea esto lo que sea, como a los que se recluyen en su interior admirando bellos zoos de figuras de cristal, y crean sus propios espacios íntimos al verse incapaces de sobreponerse al mundo a veces anodino que descubren en el exterior.

«El zoo de vidre» se representa en el Teatre Goya del 21 de mayo al 6 de julio de 2014.

Autor: Tennessee Williams
Traducción: Emili Teixidor
Dirección: Josep Maria Pou
Reparto: Míriam Iscla, Dafnis Balduz, Meritxell Calvo y Peter Vives
Escenografía: Sebastià Brosa
Iluminación: Albert Faura
Vestuario: Maria Araujo
Espacio sonoro: Àlex Polls
Caracteritzación: Toni Santos

Horarios: de martes a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 18:00 y a las 21:30 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: web del Teatre Goya
Idioma: catalán
Duración: 2 horas y 15 minutos (entreacto incluido)

«Aquellos días azules» al Círcol Maldà: Criatures quarantines

El Círcol Maldà s’apunta aquests dies a l’operació de recuperar icones i estampes (tan eficaç des de fa una dècada) per aplegar un públic gens avergonyit de reconèixer que entre finals dels anys setanta i començaments dels vuitanta eren marrecs i ara no aconsegueixen ser adults a jornada completa.

En aquesta ocasió, el pretext és l’espectacle «Aquellos días azules» on Marc Artigau i Queralt confecciona un àlbum de tendresa un pèl rància i episòdica lluminositat. Prenent com a referent allargassat el darrer vers d’Antonio Machado, la proposta encadena un reguitzell d’esquetxos, un cançoner per a tres veus excepcionals, i una pila de reflexions solemnes sobre la idolatrada infància.

Com sol succeir en aquest tipus d’experiments, la fórmula peca d’un esgotament prematur per manca d’un fil conductor suficientment consistent a l’hora de propulsar la fluència dels diferents episodis dramatúrgics. Artigau comet l’error de creure que la nostàlgia de l’espectador serà element prou valuós per contrarestar la feblesa del seu treball, que funciona més per acumulació de recursos que per disposar d’una vertadera columna vertebral. Tanmateix, en Marc compensa amb habilitat les limitacions del seu text amb una direcció d’actors impecable: Tres actors brillen amb encís escènic i demostren rèplica rere rèplica ua compenentració destacable: Jordi Llovet o la ironia elegant; Robert Gonzàlez i la seva ingenuïtat captivadora; i Joan Solé amb la seva insultant naturalitat.

Els tres intèrprets recorren multitud d’espais comuns on troben racons còmics (com el partit de futbol proposat per la crueltat d’uns entramaliats nens fulminada finalment per la tendresa de la seva víctima), cantonades poètiques (la història del Nen Sucre que és feliç perquè pel fet de ser ignorat dels altres no pateix la pressió de «perdre els trens») i moments musicals (com l’aplicat assaig de la primera sardana escatològica) d’especial distinció per la versatilitat vocal i instrumental dels artistes.

Quan Machado morí a l’exili, van trobar al seu gavany un paper enlluernat pel vers “Estos días azules y este sol de la infancia”. Ara el Círcol Maldà pinta el seu escenari amb un blau de reposat ritme i li encén un astre de groc entusiasme dramàtic. A nosaltres correspon després airejar aquesta alenada de teatre refrescant.

per Juan Marea

«Aquellos días azules» es representa al Círcol Maldà de Barcelona fins al 8 de juny.
http://circolmalda.cat/

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Blau per a tres pinzells ben ensinistrats 

“El loco y la camisa” en el Teatre Romea: Irresistible cordura

Cuando decían que el Mundo era un Valle de Lágrimas, los bufones desempeñaban una tarea privilegiada: Solo a ellos permitía el Monarca decir lo que pensaban. Y, encima, se les recompensaba con carcajadas.

Hoy el Mundo sigue siendo un derrame continuo de pesares. Y seguimos necesitando quien nos obligue a abrir los ojos. Ahora les llamamos “locos”. Pero andémonos con tiento porque pueden aparecer en cualquier parte.

Nelson Valente ha vuelto con su compañía Banfield Teatro Ensamble para dar una nueva oportunidad al público barcelonés de escuchar (quizás también aprender) la lección. Después de su brillante intervención en el Festival Grec del verano pasado, queríamos más. Y tendremos nuestro merecido. Hasta el 8 de junio.

Valente encierra a una familia humilde argentina y suelta entre ellos al hijo menor para que haga de pepitogrillo y desfigure al resto de miembros, pinochos entrañables por lo cercanos que nos resultan y también patéticos por la dificultad de reivindicarse como seres humanos.

 

Beck

Beck sobrevuela el conformismo castrador.

 

El loco y la camisa” es una comedia negrísima. Tanto que en realidad se trata de una tragedia. Pero en lugar de perderse por veredas de manierismos folletinescos viaja siempre por un camino muy transitable. El desarrollo de su trama es impecable: Fluye con tanta gracia que los personajes se convierten en nadadores; la presentación de los protagonistas, admirable por su precisión y verosimilitud; la dosificación de la intriga, hitchcockiana (el espectador anticipa la trama y sufre al comprobar cómo se va ejecutando su pronóstico); y la dirección de actores, extraordinaria: Exceptuando algún histrionismo de Carlos Rosas y de Gabriel Beck, el reparto se comporta con tal desenvoltura que recrea algo muy parecido a la vida cotidiana.

Con esta “locura descamisada”, Valente equilibra hábilmente el acontecer de sus monigotes obligándoles a desmenuzar su reseñable humanidad: El padre autoritario vive aislado en un hermetismo atroz; la madre sumisa logra hacer acopio de una rebeldía incipiente defendiendo a su hijo; la hija avergonzada no quiere bajo ningún medio saber quién es; el yerno sin escrúpulos no esperará a subir al trono para imponer a los demás su ley. Y todos ellos, a merced de la mosca cojonera de la función, ese cuerdo tan clarividente responsable de momentos inolvidables como cuando denuncia “Tuve que pegar un tiro para generar una charla en esta casa” después de un disparo imposible o propone jugar a buscar temas de conversación que interesen a todos los presentes, asunto pendiente en casi todas las casas de vecino que se ven “obligadas” a recibir visitas de vez en cuando…

 

Por Juan Marea

El loco y la camisa” se representa en el Teatre Romea de Barcelona hasta el 8 de junio.
http://www.teatreromea.com/es/season/977/el-loco-y-la-camisa

el_loco_y_la_camisa_en_el_teatre_romea_de_barcelona

La familia mal, gracias

Second chance: Al galop, en el Teatre Akadèmia.

al-galop_cartell448-451Si les he de ser sincero la obra Al galop me interesó inicialmente por dos razones. La primera por ver a Carme Elias defendiendo un personaje y una propuesta muy diferentes a las que estoy acostumbrado a ver de ella. Y la segunda por conocer el Teatre Akadèmia, una sala escénica que inició su andadura en marzo del 2010 y a la que aún no había tenido la ocasión de asistir. Y la oportunidad era de las que prometían un goce teatral de gran intensidad.

Al galop nos propone un biopic de la vida de Diana Vreeland, columnista y editora de la sección de moda de revistas como Harper’s Bazaar y Vogue, en la que ella misma se nos ofrece como cicerone narrativo. La obra da inicio con el regreso de la protagonista de un largo viaje por Europa, tras haber sido despedida como redactora jefe de la revista Vogue. Diana está preparando una importante cena con amigos y conocidos para esa misma noche, en la que quiere dar un último empujón a su carrera profesional. Aún así tendrá tiempo para compartir algo de tiempo con los espectadores en el salón de su piso en Nueva York y narrarnos su peculiar experiencia vital y profesional.

Al galop es un espectáculo de muchas estrellas, tanto en la elección de la temática, como en la presentación del espectáculo y, por supuesto, por la caracterización y la interpretación de Carme Elias, su única protagonista. Con los ingredientes propios de una obra de pequeño formato, el público recorre no solo la vida, o mejor dicho, los recuerdos, de una gran dama de la moda, sino también la época en la que vivió. De esta forma el espectáculo nos permite rememorar el mundo de la primera y parte de la segunda mitad del siglo XX, justo hasta el momento en el que Vreeland fue despedida en Vogue, desde el punto de vista de la moda y de una visión chic de la realidad.

La representación se lleva a cabo de una forma muy próxima en la que el espectador mantiene una conversación muda con Vreeland, en donde nos hablará de su infancia, de su familia, de la relación con su marido, de sus primeros flirteos con las revistas, de su actividad profesional y de su situación emocional tras el despido en Vogue.

_dra6779jpg-12513Carme Elias se convierte, así, en Vreeland, salvando con dificultad la diferencia de edad entre la actriz y el personaje en el momento en el que se sitúa temporalmente la obra, y nos recibe en un escenario transformado en el barroco y decadente salón del piso que aquella atesoraba en Nueva York. Un trabajo de escenografía excelente que nos transmite la singularidad del personaje. Sobre él Elias se transforma y realiza un auténtico tour de force no solo para convertirse en un espíritu libre y batallador como era el de Vreeland, sino para echarse sobre sus espaldas la representación del espectáculo. Y Elias lo hace muy bien, magníficamente bien, ayudada por el excelente texto escrito por Mark Hampton y Mary Louise Wilson y dirigido por Guido Torlonia, que le sabe dar al espectáculo y a la interpretación de Elias el toque íntimo, tragicómico y elegante que la obra necesita.

Así pues las ensoñaciones y los recuerdos de la Vreeland se irán entretejiendo con la triste realidad que la rodea: un despido ¿injustificado?; una cena con visos de ser un fracaso y una serie de relaciones afectivas que evidencian que el personaje protagonista lo dio todo por su visión de la vida y por su trabajo como columnista y editora de moda en algunas de las revistas más importantes del momento y, lo más importante, que aún no ha tirado la toalla y que está dispuesta a rehacer su carrera cueste lo que cueste.

La obra nos traslada además, a los escenarios glamurosos de las soft-comedies americanas, aunque en este caso algo más tupidos y barrocos, en las que personajes como Frank Sinatra, Dean Martin, Rock Hudson o Doris Day nos mostraban unas vidas apacibles y despreocupadas, acompañadas de algunas de las melodías de más éxito de aquellos años. Una vinculación esta que se constata en la obra cuando Elias – Vreeland hace sonar en el tocadiscos uno de los temas de Sinatra, permitiendo a La voz apoderarse durante unos breves instantes del escario el Teatre Akadèmia. Un verdadero deleite escénico y musical.

Al galop es una pequeña joya teatral que pueden gozar hasta el próximo 25 de mayo y que nos permite conocer la vida de una fashion-maker que vivió una vida intensa y acalorada; y nos vuelve a demostrar el magnífico trabajo escénico de Carme Elias, a la que cuesta ver en personajes principales en el teatro, pero que demuestra un adn interpretativo de primer orden.

«Al galop» se representa en el Teatre Akadèmia del 6 al 25 de mayo de 2014.

Autores: Mark Hampton y Mary Louise Wilson
Dirección: Guido Torlonia
Intérprete: Carme Elias
Traducción: Joan Sellent
Diseño de escenografía: Ramon B. Ivars
Diseño de vestuario: Andrés Andreu
Diseño de iluminación: David Bofarull
Caracterización: Eva Fernández

Horarios: de miércoles a sábado a las 20:30 horas y domingos a las 18:30 horas.
Precio: miércoles y jueves 18 €; de viernes a domingo 22 €. disponibles decuentos.
Idioma: catalán.

“Al galop”: Història d’una euga amb brides resplendents

El glamur és una temptació a l’abast de tothom. Des de lluny, ens sedueix sense excepció. Però quan li volem clavar queixalada, s’esmuny capritxosament. No som capaços llavors de reconèixer el que hauria de ser evident: Que només una minoria podrà atrapar-lo.

Quan l’atractiu personal que provoca admiració general ve motivat per l’elegància, llavors la cosa es complica encara més. Perquè l’esmentada virtut no adjectiva una peça de roba, ni un lloc on deixar-se caure, ni un ritme de vida. No: L’elegància és una virtut inherent a la persona. A aquella que la té, s’entén.

La Carme Elias és elegant. I aquests dies interpreta Diana Vreeland al Teatre Akadèmia, l’editora de “Vogue” que del 1962 al 1971 fantasiejava i encisava ensems mentre el Món girava al seu voltant. I el miracle es produeix: L’espectacle resplendeix de màgia escènica.

Al galop” és una peça que analitza amb detall l’ascens, caiguda i ressorgiment d’una criatura que lloava el brogit mundà (“crec fermament en la vulgaritat” prtoclama amb desinhibició). No només això: La Diana, sent vulgar quant a la seva percepció de les relacions socials, aprengué amb intel·ligència a fer bon ús de la seva frivolitat.

Mark Hampton i Mary Louise Wilson, autors, vesteixen la Vreeland amb aquesta encisadora lleugeresa tot combinant-la oportunament amb el complement del seu entusiasme vital i maquillant-la de la seva sensibilitat artística (“vull veure allò que ni tan sols jo veig”). Abillant-la així, perfilen un homenatge exquisit que converteix la tal Diana en una mena d’heroïna contemporània. I després (només en el sentit cronològic) arriba la Carme. Amb un recorregut fascinant que va de la crònica tafanera a la reflexió pragmàtica, l’actriu s’erigeix en emperadriu de l’escena. La modulació de la seva veu és admirable, i d’una humanitat exemplar la corporalitat del seu moviment. Quan, a més, Elias recorre al seu vessant seductor, llavors la història deixa de ser terrenal: El somrís maliciós, la mirada entremaliada i la seva gràcia dansaire l’enlairen al firmament de la glòria escènica. Però sobretot el seu perfil, posat que vertebra aquesta Diana tan expositiva i que emfasitza La seva actitud en guàrdia permanent, sempre pendent de la mirada de l’altri.

Quant a la direcció escènica, en Guido Torlonia aposta amb astúcia pel “charme” (ho escriurem així perquè les circumstàncies contextuals de l’obra hi obliguen) de la seva actriu embolcallat d’un suport audiovisual lluent encara que innecessari (la col·lecció d’estampetes biogràfiques de l’afectada). Torlonia segueix encertant-la quan enclota la protagonista absoluta de la funció en el luxe de la seva sala d’estar. D’aquesta manera, la converteix en presonera del seu fulgurant passat. Amb l’ajut de la dramatúrgia, la Diana esdevé també gladiadora d’un futur que serà seu també. I aquesta galopada és tan estimulant que no voldríem que el trot frenés.

Per Juan Marea

“Al galop” es representa al Teatre Akadèmia fins al 25 de maig.
http://www.teatreakademia.cat/espectacles/en-cartell/al-galop/

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La Carme galopa i sua estil sense aturador.

“Mares! Maternitat a crits” al Teatre Condal: El dia de les ídems

El Dia de la Mare no vaig fer cap regal a la meva. Ella m’ho va agrair preparant-me el meu plat favorit. Sí, ho sé: No sóc un bon fill. I com que no vaig tenir prou amb aquesta evidència, vaig anar al Teatre Condal a veure com quatre actrius i un actor desfilaven al llarg de gairebé hora i mitja exhibint a l’escenari amb generositat i encert un catàleg complet de mares prototípiques. Fins i tot, alguna d’excepcional. Al final de la funció, em vaig sentir encara més culpable: Jo hi sortia retratat. Però novament la intel·ligència genètica femenina em va revelar el camí: Ara tampoc no es tractava d’acaparar cap protagonisme de part d’elles. No. En aquest cas, l’objectiu era demostrar-me que aquests dies puc gaudir a Barcelona d’un producte comercial concebut amb enginy, prenyat amb elegància i parit amb molta gràcia.

 

A “Mares! Maternitat a crits””, sentim una munió d’ídems voltant pel món amb determinació (excel·lent Vanessa Segura com a musulmana agressora-impostora dels seus occidentalitzats fills), trencant el binomi “vellesa-mauleria” (irresistible Lloll Bertran com a besàvia molt trempada), impartint sessions magistrals sobre la doma de les temibles filles polítiques (deliciosa Mireia Gubianas), aprenent a estimar amb coneixement de causa els seus fills diferents (superba Sandra Monclús en un monòleg antològic per la seva conjunció modèlica de comicitat, pedagogia i emotivitat amb llicó moral inclosa molt escaient) i avançant amb il·lusió cap al replantejament actual de la figura ja no necessàriament femenina (refrescant Óscar Jarque com a “papi-mami”).

Tot plegat en mans d’un sensible Oriol Tarrasón, que enfila un seguit d’esquetxos amb una posada en escena refinada (música exquisida, escenografia funcionalment moderna, llum distingida), unes eficaces transicions i l’afany de divertir sense més pretensions que la de caricaturitzar aquest cosmos tan ridícul en què s’ha convertit avui dia la Família palesant (tot i que qui podria haver-ho oblidat?) l’obligació de demanar disculpes als altres per tenir-la.

És cert que el to general de les històries és convencional, però també que la subtilesa s’escapa per algunes escletxes i, a més, el número final resulta tan encisador i festiu que, a la sortida de la funció, vaig frisar per trucar a ma mare i li vaig preguntar si havia quedat per sopar…

Per Juan Marea

“Mares! Maternitat a crits” es representa al Teatre Condal de Barcelona fins a l’1 de juny.
http://www.teatrecondal.cat/ca/ex/966/mares-maternitat-a-crits

disfresses

Heu sortit terriblement afavorits!

(Fotografia de David Ruano)