Archivo de la etiqueta: Sala Fènix

“El nen mort damunt la vorera” de la Cia. La Fil·loxera : Sota el solet sagnant

Els infants i els ancians, els primers a l’hora de desallotjar espais en perill. No ho qüestionem pas: Són els individus amb menys autonomia. Però ¿què passaria si tanquéssim a uns i altres en un mateix recinte i els deixéssim sols? Sols amb els seus egoismes, és clar.

Al paràgraf anterior us he presentat el punt de partida del “nen mort damunt la vorera”. I veurem a partir d’aquesta frase on ens porta la proposta de Pere Farran.

 

Amb un inici d’una bellesa extraordinària, en Pere dóna indicis clars d’un talent especial per a combinar sensibilitat escènica, crueltat dramàtica i humor subtil. El director presenta els personatges amb delicadesa, identificant-los amb meticulositat en un lloc molt proper i, alhora, a anys llum dels nostres paràmetres quotidians: Un to grotesc embolcalla les dues iaies que han decidit irrompre a escena per a passar una tarda assolellada praticant amb vocació el “dolce far niente”. I emergeixen del terra, com si fossin despulles humanes. És el que són: No trigarem a saber-ho. Els planta cara un tercer personatge, l’element de la discòrdia, que resplendeix de manera insultant com a cadàver. I, enmig de tots tres, i sempre tenint molt a dir (i a tocar), un pianista (meravellós Carles Marigó) persistent que enlaira el duel a celebrades coordenades de surrealisme voraç, de la tendresa a la inquietud, i de l’alarma a l’horror.

Un altre gran encert de la posada en escena és el ritme amb què se succeeix el fenomen escènic: suau i segur, evitant sempre l’atropellament i, per tant, contribuint a fer circular la intriga amb elegància. Les interpretacions d’elles són un prodigi de matís i ambdues actrius formen una parella deliciosament letal: el seny ambigu de Marina Collado s’avé de manera admirable amb la ingenuïtat de Iona Balcells malgrat cert histrionisme anecdòtic d’aquesta i alguns moments de dubte d’aquella.

L’única pega la podem atribuir al propi text de Guy Foissy, que manca de prou entitat i no troba la manera de progressar més enllà de la sorpresa inicial i del malson posterior. L’impacte que causa al començament no arriba a fer esclatar l’àcida crítica latent al llarg de tota la història. Tanmateix, aquesta comèdia negra sobre l’hedonisme social i la insolidaritat humana és una petita joia que aquests darrers caps de setmana ha espurnejat a la Sala Fènix.

Per Juan Marea

EL NEN MORT DAMUNT LA VORERA es va representar a la Sala Fènix de Barcelona del 23 de gener a l’1 de febrer.
http://www.salafenix.com/

“Menut Cabaret” en la Sala Fènix: Dedos salpicando ternura

Dejemos que los niños se acerquen a él. Y que le ayuden a perfilar la etérea sutileza de su propuesta. Porque el “Menut Cabaret” es tan diminuto que sus espectadores podrán agigantarlo. Con su imaginación. Y con sus temores. Con su concentración. Y su sorpresa.

Sola &Tully juegan con su pequeño público a recordarle que combinando utensilios semidomésticos, juguetes de los que ya no se anuncian en la tele y las manos inquietas tenemos un espectáculo. Y que la capacidad de sugestión es la suma del artista rompiendo el hielo y la ocurrencia del público exclamando qué es lo que está viendo.

“Menut Cabaret” adolece de un hilo argumental recto. Más bien lo contrario. Busca que deshagamos el ovillo de su ambigua ternura: Recreando ambientes de carácter festivo con un tinte trágico como una celebración de cumpleaños con un patito feo que en realidad es un dinosaurio animoso entre gallinas hostiles (epíteto donde los haya); o el seguimiento de un funámbulopoco ducho que acaba en el fondo del mar y enaltecido por una mordedura certera de escualo predispuesto.

También se detiene en espacios fuertemente influidos por la meteorología que derivan de lo deseado a lo temible: la refrescante lluvia adulterada en tormenta que hace zozobrar al barquito persistente; el aire liberador ahogado por la ventisca arrasadora que impide avanzar.

Y localiza en los dedos de una mano el proceso de aprendizaje de una persona que se descubre una y maravillosa pero que mejora al intuir que no está sola en el mundo al descubrir los dedos de la otra mano (el número precioso del espejo que atrapa a dos seres distintos) preparando a su indefinido protagonista para amar en cuanto reconozca poco después a la persona que también le amará.

“Menut Cabaret” esboza y ofrece borrones. Las cuentas nuevas llegarán: Las hace con encantadora timidez el público y Helena de Sola y Ronan Tully se ruborizan, frágil titiritera ella, evocador de melodías rompedoras él.

Por Juan Marea

“Menut Cabaret” se representa en la Sala Fènix de Barcelona hasta el 29 de junio.
http://www.salafenix.com/teatro/menut-cabaret

 _Menut_Cabaret__llega_a_la_Sala_F_nix_de_Barcelona

“Cabaret Victoria” en la Sala Fènix: Piratas de un Mar Sublime

La vida no es isla alguna en la que recalar. La vida es la bravura del oleaje. La vida es el naufragio cuando el océano decide ocupar el lugar que merece. Y la vida, además, es agarrarse al mástil aunque sea tronco flotante.

En la Sala Fènix de Barcelona lo saben y hasta el día 21 de junio nos instan a ir al abordaje con ellos rumbo a un destino nada seguro: su “Cabaret Victoria”. Y llegaremos a nado porque las criaturas que moran en él no admiten pasaje seco ni aburguesado.

Con esta peligrosa propuesta, Felipe Cabezas persiste en su empeño de hacernos desfilar por parajes lejanos a fin de asumir que ni somos tan contemporáneos ni podremos serlo jamás mientras no reconozcamos que nuestro lado oscuro halló su mejor análisis en tiempos pretéritos.

Cabezas saquea sin pudor algunas de las figuras literarias más inquietantes del siglo XIXy las enfrenta ante nuestra timidez aséptica. Al hacernos participar de sus historias horripilantes, cede el puritanismo del respetable. Y entonces el espacio adopta los tintes de una fascinante orgía de romanticismo sangrante (el de verdad), depravación moral esperpéntica (con permiso de Valle-Inclán), poético misterio y hermosísima ambigüedad.

La tripulación de la Fènix reúne en su espectáculo episodios de un lirismo tenebroso sobrecogedor por la belleza de su puesta en escena (el monólogo del cadáver perseguido por los cuervos de Edgar Allan Poe tras un telón que es auténtica piel de su atormentada Elena Visus), grotescos con generosidad escénica (las maravillas del “Elixir de larga vida” de Balzac con un arrollador Nelo Sebastian y la sensualidad cautivadora de Alba Valldaura y de la citada Visus), amén de elegantes homenajes a estandartes de la ciencia ficción, el horror y su vampirización por el cine más artesanal hermanados con júbilo en la disparatada y deliciosa búsqueda por Jules Verne de su cabeza, que le llevará a pedir hora al eficiente Dr. Frankenstein.

Este “Cabaret” es un excepcional ejercicio de sangre, sudor y lágrimas.

Porque fluye por sus venas un repertorio valiente que recupera desde el Gran Guiñol hasta el relato de folletín, con gotitas de humor sardónico.

Porque sus intérpretes se entregan hasta el paroxismo: una grandilocuente Valldaura (con amenaza seria a los que no apaguen su aparatito menos silencioso al empezar la función), un dinámico Sebastian (desconcertante titiritero, aguerrido pirata), una grácil Visus (irresistible muñeca articulada), un maquiavélico Pere Cabaret (como ácido Monsieur Ídem que también toca y con placenteros resultados) y avivando el furor escénico de todos ellos, el propio Felipe, capitán consumado de enérgico porte y sabio látigo.

Y porque provoca el llanto de nuestra coraza al ver cómo nos desprendemos de ella en cuanto empieza el show.

Añado además una estupenda puesta en escena aprovechando con inteligencia el espacio escénico desde el subyugante telón de fondo hasta la parte trasera de la platea, más un vestuario exquisito, una música desasosegante y una utilización de los complementos escénicos sublime.

Solo dos peros: las partes cantadas del espectáculo, que crean cierta indefensión a sus ejecutantes por sus limitaciones vocales. Y las concesiones cómicas a la contemporaneidad del espectador, que resultan forzadas y, por ello, desdibujan de manera esporádica la magia de esta travesía.

Y ahora sí, cierro con la consigna completa de la Compañía: “¡Al abordaje sin equipaje!”. Que se hundiría inevitablemente y en el fondo del mar de poco nos serviría.

Por Juan Marea

“Cabaret Victoria” se representa en la Sala Fènix de Barcelona hasta el 21 de junio y también en Barts desde el 18 de junio.
http://www.salafenix.com/teatro/cabaret-victoria-tercera-temporada
http://www.barts.cat/es/e-261/CABARET-VICTORIA

ImagePiratas al acecho artístico

Felipe Cabezas, autor y protagonista de “Inferno”: “El Cielo es el público, entrar en su corazón y vivir en su memoria.”

Felipe es entusiasta y expansivo. Ante tal panorama, mi Grabadora se ve obligada a improvisar.

 Imagen

¿Qué es “Inferno”?

Un “clásico” contemporáneo sobre Tristano Martinelli, creador de “Arlequín” en el siglo XVI. El personaje más famoso del teatro junto a Hamlet.

¿Cómo era Martinelli?

 Pasó hambre y tuvo que limpiar la mierda de los caballos. Pero a través de su talento personal, trabajo y deseo logró salir de allí. Acabó siendo el primer divo de la historia del teatro y el primero en hacerse millonario: ¡Llegó a robar el anillo al Rey de Francia en plena actuación!

¿Qué representa Arlequín?

 Es el pobre diablo, el inmigrante, los bajos fondos, el pueblo en definitiva. En “Inferno”, rescato del olvido este personaje que todos deberían conocer.

 En la obra, el protagonista abre el fuego diciendo: “Hasta que morí, viajé mucho en este infierno infinito”.

 La acción empieza en un mundo infernal que es el olvido. El infierno del actor es ser ignorado.

 ¿Dónde está el Cielo para Martinelli?

 El Cielo es el público, entrar en su corazón y vivir en su memoria. Lo duradero y eterno del recuerdo de la comunicación entre actor y espectador. “Inferno” te gana por KO: ¡Estoy sin parar durante hora y cuarto y pierdo casi dos kilos por función!

En la obra, es tentado por Arlequín, que le ofrece fama, dinero y vida eterna si a cambio le da su cuerpo.

 Arlequín necesita que un actor le dé vida y con su astucia gana la batalla porque Martinelli se dejará llevar por él.

Martinelli sufre, no lo ve claro.

Pues no. De hecho, Arlequín le consumirá del todo. Paga el precio de la fama. Como Chaplin y su Charlot: Llega un momento en que ya no pueden vivir el uno sin el otro. Chaplin no era nada sin Charlot. El uno se comía al otro.

La obra tiene una vertiente tenebrosa en su ambientación y música pero por otro lado es muy optimista porque cuenta el ascenso de un pícaro.

 Es como pasa en la vida. Y la historia, que debería ser trágica porque empieza hablando de gente que huye de la peste, la guerra, la hambruna, la miseria y la explotación infantil, la contamos de manera alegre. De este modo, la gente te escucha más. El gran poder de la sátira, del humor y de la comedia del arte consiste en que permiten desnudar al espectador, penetrar más allá. Como hacía el bufón, que se reía del rey en su propia cara.

 ¿Qué referentes tenías a la hora de preparar el personaje?

Berty Tovías, el director, me propuso partir del Pepe Rubianes de los inicios, cuando interpretó su primer monólogo de éxito, “Ño“. Por aquel entonces era una auténtica bestia escénica: Daba vida a un montón de personajes, con un sinfín de onomatopeyas y gestos. En la línea del Dario Fo joven del “Misterio Bufo“.

¿El artificio característico de la comedia del arte ayuda a conocer mejor la esencia del ser humano?

 Sí. Antonio Fava explica en su libro “Máscara Cómica en la Commedia Dell’Arte” que se trata de un elemento liberador con efectos casi terapéuticos porque si bien en la forma hay afectación, el fondo que oculta se compone de ideas y conceptos muy claros y básicos. Ahí está la belleza del trabajo de máscara: Todo se enmascara y se recrea de una manera distinta para expresar lo que uno quiere decir realmente. Como cuando la gente va a una fiesta y, de repente, se siente con derecho a hacer de todo, esto es, lo que siempre quiso hacer porque no hizo nunca antes.

 “Inferno” no es tu primera incursión en la recuperación de artistas de la comedia del arte.

Ya antes representé L’ultima notte del Capitano”, acerca de la vida del actor Francesco Andreini, autor del personaje del Capitán Spavento. Con este monólogo inauguramos La Sala Fènix, en el Raval barcelonés, que gestionamos desde hace casi un año.

¿En qué se distingue dicha sala?

La Fènix es un espacio dedicado básicamente al mundo de las máscaras y, a partir de ahí, programamos marionetas (para niños y adultos), sombras y objetos y cabaret, con el punto de mira en Jacques Lecoq. Nos centramos en el artificio: el cuerpo, la voz, el movimiento. Aquí han actuado Christian Atanasiu con su humor gestual y absurdo; Jordi Bertran y su teatro de objetos en “La sucrera diabètica“; Loco Brusca y su teatro provocador y crítico; Toni Rumbau y sus marionetas y sombras, entre muchos otros. Ahora, los martes ofrecemos “Paisajes de Chéjov“, performance de 7 horas “non stop” de María Stoyanova.

¿Es cierto eso de que la gente no va al teatro?

 En absoluto. La gente va mucho más al fútbol, o a los centros comerciales, pero los amantes del teatro siguen siendo espectadores. Evidentemente, existe una gran cantidad de gente que busca evadirse de la realidad con productos vacíos y desechables. Esos productos los encuentran en los templos del ocio, cuya oferta es amplia. Lo más grave es que acaban mezclándose ocio y cultura.

¿En qué se diferencian?

 La cultura incita al pensamiento crítico, apunta al debate. Se caracteriza, además, por la sensibilidad artística y el cultivo de la estética. El ocio, en cambio, es puro divertimento, se propone matar el tiempo. Nosotros no queremos matar el tiempo, queremos disfrutar de él

Dame un ejemplo de buen teatro.

Sa història des senyor Sommer” con Pep Tosar. Lo más bonito que he visto en mucho tiempo. Reí y lloré.

Felipe sigue estimulando a mi Grabadora y yo me veo obligado a carraspear.

por Juan Marea

“Inferno” se representa en la sala Fènix hasta el 16 de febrero.
http://www.salafenix.com/teatre

Imagen