El pasado 16 de septiembre dieron inicio las representaciones de Cabaret el musical, la adaptación a los escenarios del film del mismo nombre dirigido por Bob Fosse (a su vez basada en una novela y un musical anteriores) e interpretado por Liza Minnelli, Michael York y Joel Grey, una radiografía en clave musical del Berlín de los años 30 en pleno ascenso del nazismo.
La propuesta del Teatre Victòria se estrenó originalmente en el año 2015 en el Teatro Rialto de Madrid, en el que cosechó un éxito admirable y estuvo nueve meses en cartelera, y llega a Barcelona mudando a los protagonistas, recayendo los caracteres principales en Iván Lavanda, Elena Gadel y Bernat Mestre.
Un espectáculo, sin embargo, desequilibrado en algunos de sus elementos constitutivos. Comencemos si un caso, por la dirección y la adaptación de la obra, de Jaime Azpilicueta, en la que aunque la adaptación y el relato escénico están muy logrados, la dirección de los actores no está al mismo nivel. Era de esperar una refulgencia especial de Labanda en el papel de maestro de ceremonias, hecho este que se consigue con creces, si bien es detectable una falta de intensidad tanto en la interpretación de Gadel como en la de la mayoría de los secundarios, que no acaban de dotar a la historia de la intensidad que esta necesita. No hace falta recordar aquí que la época que nos narra el musical es la del ascenso del nazismo en el Berlín de los años 30.
Por lo que respecta a la escenografía, esta destaca sobre todo en la plasmación del interior del Kit Kat Club, que nos presenta un espacio en el que, siguiendo el leitmotiv musical principal de la obra, los problemas del día a día de los personajes desaparecen. Donde también destaca la propuesta es en la realización de las coreografías y los números musicales, interpretados con música en diurecto, en donde sí que se consigue una tensión, a veces dramática e intensa. En ellos, como no podía ser de otra forma, destacan la interpretación musical de los temas Willkommen, The Money Song o Tomorrow Belongs to Me, esta última con una coreografía que llega incluso a helar la sangre.
Cabaret el musical, es una propuesta, como decía, que aún no ha alcanzado ese punto de tensión que necesita, y que es el cometido de la dirección escénica, en esta ocasión en manos de Azpilicueta. El espectáculo posee los ingredientes necesarios para triunfar: una historia atractiva, actores capacitados, una trama impactante y coreografías de aquellas conocidas y reconocidas por todos, sin embargo, le falta algo, tensión y ritmo en algunos momentos y desenvolvimiento actoral en otros, hechos estos que no le permite brillar como debería.
Esperemos, como siempre, que las sesiones previas y el propio rodaje acaben de dar el punto necesario al espectáculo. Argumentos a favor de ello los tiene, y el mejor de todos, la brillante interpretación de Labanda como el maestro de ceremonias del Kit Kat Club, una trabajo actoral que consolida la tenacidad teatral en ascenso que ha demostrado en sus últimas interpretaciones.
«Cabaret el musical» se representa en el Teatre Victòria del 16 de septiembre al 3 de diciembre de 2017
Reparto: Elena Gadel, Ivan Labanda, Bernat Mestre, Alejandro Tous, Amparo Saizar, Enrique del Portal, Víctor Díaz, Teresa Abarca, Anna Coll, José Carlos Campos…
Músicos: Raúl Patiño, Marta Muñoz, Ivó Oller, Josep Gomáriz, Jorge Pastor, Miguel Moisés…
Autor: Joe Masteroff
Música: John Kander
Dirección: Jaime Azpilicueta
Dirección musical: Raul Patiño
Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda
Iluminación: Juanjo Llorens
Sonido: Gaston Briski
Maquillaje: Antonio Belart y Laura Rodríguez
Vestuario: Antonio Belart
Coreografía: Federico Barrios
Producción: 3XTR3S, SOM Produce, Robin de Levita, B2B y Anexa
Horarios y precios: web Teatre Victòria
Duración: 2 horas y 30 minutos (entreacto incluido)
Idioma: castellano
NOTA CULTURALIA: 7,8
——
Jorge Pisa










Si hay una revista de ciencia-ficción que ha estado presente en casa desde siempre, esta no es otra que Nueva Dimensión. Ejemplares de la revista, que inició su singladura en el año 1968, estuvieron siempre, mejor o peor guardados, en la casa de veraneo familiar en Pinedes de l’Armengol. Eran propiedad de mi padre, un adicto a la lectura cuando yo era chaval.
Sí había alguna característica de la revista que impactaba visualmente eran sus portadas. Sus motivos eran una suma de arte, ciencia-ficción o fantasía y cierta psicodelia excelentemente integrados. Uno no podía abrir un ejemplar sin dedicarle unos momentos de atención a las portadas, en los que contemplar la maestría de los ilustradores e intentar descifrar, en algunos casos, su sentido más íntimo. Las dimensiones de los ejemplares tampoco eran las habituales, ya que tenían un formato entre una revista y un libro, algo debido, según parece, a la imposición de la distribuidora.
Luis Vigil, Sebastián Martínez y Pedro Domingo Mutiño, alias Domingo Santos, fueron los editores que dieron forma a la revista, para lo que crearon la editorial Dronte. La publicación de la cabecera estuvo activa desde 1968 hasta 1982, cuando los problemas de distribución y liquidación pudieron finalmente con ella. Por el camino, sin embargo, la revista hizo las delicias de los lectores de ciencia-ficción de habla hispana, en la penumbra antes de la edición de la revista y dio un color especial a los revisteros y los diversos rincones de la casa donde los volúmenes se almacenaban.



